XXIX. Reencuentro
-Tengo la Llave, Padre Cuervo.- dijo Muerte acercándose al anciano mientras Leafe le seguía de cerca. Habían llegado al Árbol de la Vida.
-Pues ya puedes entrar en el Poza de las Almas. Pero si tomas ese camino, ya no habrá retorno posible.
La determinación podía verse claramente en los ojos de ambos. El apremio les estrujaba el corazón, pero estaban convencidos de estar haciendo lo que debían.
-Si he llegado tan lejos, no voy a retroceder ahora…
Padre Cuervo alzó la voz con indescifrable sentimiento.
-Cuidado, Jinete de la Muerte. Una oscura presencia guarda el Pozo, y en él pululan las semillas de la Corrupción.
-El Pozo está corrupto…- murmuró Leafe más para sí que para los demás.
-Sí. Pero no de la forma anónima que han visto hasta ahora. La Corrupción ha elegido un campeón, una voz para lanzar su desafío.
-Entonces acabaré con esto, aquí y ahora.- Muerte avanzó un tramo sintiéndose impaciente, Leafe lo miraba con tristeza en los ojos.
-Recuerda lo que has aprendido, Jinete. La Corrupción es el fin de todas las cosas, incluso la muerte…- Padre Cuervo sonaba como un viejo que aconsejara a un hijo temperamental, el sentimiento de intranquilidad se agudizaba en el pecho de Leafe.
El Jinete se giró bruscamente y su tono sonó molesto.
-El Árbol, las Llaves, el Pozo… Algo me dice que me estás poniendo a prueba.
-Te pones a prueba tú, amigo.- el semblante del anciano conservó la tranquilidad impasible que siempre había tenido.- Por lo que has hecho, por lo que tuviste que hacer. Ahora… afronta tu última prueba…
Muerte asintió y se adelantó hacia el Árbol. Leafe se detuvo al sentir el agarre de Padre Cuervo en su brazo.
-Tú sabes lo que viene… ¿cierto?
-Lo imagino…- suspiró ella.
-¿Estás lista para soportarlo?
-Eso no tiene mayor importancia. Sólo quiero salvar a Cecil…
-¿Estás segura de que ese es el único motivo por el que estás aquí?- la chica no respondió, sólo meditó internamente su respuesta.- Ve. Te necesitará
Asintió y tomó el lugar que le correspondía, frente a la Cerradura del Ángel en la Puerta del Árbol. Muerte le entregó la Llave pertinente sin mirarla y juntos las empujaron hasta que la Puerta cedió y comenzó a abrirse por sí misma. Detrás de ella se encontraba un pasillo corto que daba a una sala más amplia. Leafe sintió escalofríos y una inminente necesidad de retroceder. Se calmó al sentir la mano del Jinete sobre su hombro y continuaron hacia la sala.
Un silencio sepulcral la invadía, pero fue interrumpido por aquella horrible voz que habían escuchado anteriormente, la primera vez que fueron transportados a través del Árbol.
-¿Te has preguntado, Muerte, por qué sigues intacto mientras la Corrupción pudre y consume a todos los que te rodean?- una figura enorme y amenazadora bajó desde la bóveda de la cámara hasta posarse en el suelo.- ¿No será que ya estás contaminado por el pecado de la traición?- Muerte sintió arder los fragmentos del amuleto que llevaba incrustados en el pecho.- ¿Cómo puedes derrotar a lo que anida en tu propio corazón?- miró a Leafe y ella tenía una expresión inescrutable.- Has sido tan caprichoso… Tan necio. ¡No puedes detenerme sin condenar para siempre tu alma!- y alzó una enorme hacha salida de la Corrupción que manaba en forma de tentáculos de su espalda.
-Bien, así sea.- zanjó escuetamente el Jinete lanzándole una mirada a Leafe que ella interpretó como una orden de que se mantuviera fuera de la zona de peligro.
Absalom dio el primer golpe, Muerte lo esquivó con agilidad hacia un lado y Leafe corrió a la orilla de la sala preparando el arco mientras buscaba un punto débil. Era un enemigo formidable, sus ataques difícilmente eran esquivados y contra atacados por el Jinete y la chica corría de un lado a otro tratando de evitar las raíces de Corrupción que brotaban del suelo por momentos. Sin embargo, conforme Muerte iba golpeando a aquella mole ésta se movía más lentamente, era un cambio casi imperceptible pero fue beneficioso para Leafe, que identificó un punto de color amarillo brillante que aparentaba ser parte de las entrañas mientras destacaba del resto de piel azul. Tensó el arco preparando una flecha pero perdió la concentración al verse atrapada en un matorral de Corrupción que la estrujaba y que le hacía sentir que le quebraría los huesos en cualquier momento. Muerte soltó un gruñido de frustración y al querer ir a auxiliarla recibió un puñetazo de Absalom que lo envió al otro lado de la sala. Leafe tomó con dificultad la flecha entre los dedos de la mano que le quedaba libre y la encajó con fuerza en una de las ramas. La maraña de ramas se tensó y luego la soltó. Recuperando el aliento apuntó rápidamente y disparó, la flecha dio en el blanco y Absalom cayó de rodillas. El Jinete lo dio por vencido y preparó su golpe de gracia uniendo sus guadañas en una sola y al intentar dar ese último toque uno de los tentáculos de Corrupción lo empujó hacia atrás y le hizo perder el equilibrio. Absalom se levantó y alzó el hacha, Leafe disparó una nueva flecha que le dio en el dorso de la mano de modo que falló el golpe que iba dirigido a Muerte por muy poco. Con un bramido de ira, el corrupto Nephilim se abalanzó hacia Leafe, momento que Muerte aprovechó para darle un tajo en una pierna, regresando su atención hacia él mismo. Absalom intentó hacer un nuevo corte con el hacha pero Muerte lo esquivó y con un salto le clavó la guadaña de lleno en el pecho para después impulsarse con otro salto hacia atrás. Los dos oponentes se miraron un instante, desafiándose y Absalom fue el primero en correr hacia Muerte, éste tomó su temida forma de Segador, desvió el ataque de su hacha y, con un movimiento elegante, le cortó el brazo izquierdo, recobró su forma normal y le lanzó la guadaña, que nuevamente se clavó en su pecho. El Nephilim corrió hacia él y el Jinete saltó y tomó la empuñadura de sus guadañas y, haciendo una especie de palanca, le dejó un gran corte en el pecho. Absalom se puso de pie, casi derrotado, y al encarar al Jinete éste le clavó nuevamente la guadaña en el pecho. Muerte dejó que la empuñadura se le resbalara entre los dedos y Absalom cayó de espaldas, frente a él. Se había terminado.
-Toma mi mano una vez más, hermano…- dijo el derrotado extendiendo su brazo.
Muerte se acercó y Leafe contuvo la respiración cuando creyó que sí se la tomaría y se relajó al ver que tomaba la guadaña y la extraía con un último tajo.
Todo volvió a ser silencio. Muerte se encaminó hacia la orilla de la plataforma de la sala ignorando a Leafe, que había hecho un ademán de tomarle el brazo cuando pasó junto a ella y se detuvo mirando el Pozo de las Almas que se extendía debajo de ellos. Su voz sonó seca y distante.
-He matado a Absalom, detenido la Corrupción… Y por fin estoy en el Pozo de las Almas… Sin saber qué debo hacer ahora.- concluyó con una risa irónica. Leafe se abrazó a sí misma con los ojos anegados en lágrimas.
La figura de Padre Cuervo apareció junto a Leafe. Le colocó una mano en el hombro y le dirigió una mirada sincera antes de aparecer junto al Jinete.
-Es muy sencillo- habló con suavidad.- Aunque muy complicado.
-No estoy de humor para acertijos, Padre Cuervo.
El anciano lo miró a los ojos.
-Puedes usar el poder del Pozo para restablecer el Reino de los Hombres… o puedes resucitar a los Nephilim. Y has de saber que una opción condena por siempre a la otra.- y le señaló con un dedo.
Muerte gruñó por lo bajo, escuchando los lamentos de las almas en el amuleto… Y los propios. Las lágrimas comenzaron a correr por el rostro de Leafe.
-Mi hermano, Guerra… Le protegería ante todo. Y…- miró de reojo a la chica que se hallaba a sus espaldas. Todo estaba ahora más que claro. Padre Cuervo le tomó el hombro.
-Devolver a los hombres a la Tierra requerirá sacrificio.
El Jinete se quitó la máscara y volvió hacia Leafe. Ella lloraba con la cabeza gacha e intentaba disimular sus sollozos cubriéndose la boca con la mano, apenas se había vuelto consciente de qué tanto le dolía el cuerpo, las heridas y el alma. Muerte sintió una dolorosa punzada en el pecho, mayor que ninguna otra que hubiera podido tener antes y le tomó una mano y le levantó el rostro. Le retiró el flequillo y la observó. Había cambiado tanto. Estaba delgada y pálida. Una digna mujer para la muerte, pero eso no era lo que él había esperado para ella y se aseguraría de que el rubor volviera a las mejillas y el color a los labios y la luz a sus ojos grisáceos que lo miraban con adoración… casi suplicando silenciosamente. Se inclinó y unió su frente con la de ella. Estaba temblando.
-Todo va a estar mejor. Te lo juro.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?- le replicó Leafe con la voz entrecortada por el llanto.
El Jinete le secó las mejillas.
-Alguien me enseñó a confiar.
Y la besó aferrando su cintura y su nuca como si fuera a ahogarse si la soltaba. Y ella se aferró a su cuello y dejó que él la alzara unos centímetros del suelo y sentía que en el beso se le iba la vida, quería suplicarle que se quedara allí por siempre. Con ella. La depositó de nuevo en el suelo y se separó lentamente de sus labios.
-Te amo, Leafe…- dijo en un susurro casi inaudible y se separó dolorosamente de ella y se encaminó hacia Padre Cuervo nuevamente.
-Envíala a Tripetra.
Leafe lloró con mayor fuerza sintiéndose desgarrar por dentro. No había conocido el verdadero dolor hasta ese instante. Padre Cuervo la tomó de los brazos y la obligó a salir del Árbol sin permitirle mirar atrás.
-Ahora, escúchame,- le dijo una vez la hubo transportado a través del Árbol al País de las Fraguas.- tienes que ir a Tripetra, quédate allí hasta que yo te busque, ¿entendido?
Leafe asintió levemente y Desesperación apareció frente a ella al tiempo que Padre Cuervo desaparecía. Se dejó invadir por el llanto nuevamente y cayó de rodillas, abrazándose a sí misma y maldiciendo su suerte. Casi deseó morir en aquél mismo instante. Desesperación bufó y agachó la cabeza metiendo el huesudo hocico entre sus brazos y le empujó el rostro intentando llamar su atención. La chica levantó la mirada y la cruzó con el corcel. Levantó una mano temblorosa y lo acarició y el caballo cerró los ojos ante el gesto. Ella le abrazó el cuello y Desesperación se alzó poniéndola de pie. Lo montó y la llevó sin parar hasta Tripetra.
XxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxX
Los dos años siguientes fueron eternos para Leafe. Al llegar les había contado a grandes rasgos lo que había ocurrido y los Hacedores la escuchaban con una mezcla de lástima y preocupación. En los meses siguientes, las cosas habían progresado medianamente bien. La Corrupción había desaparecido casi por completo y Leafe se había recuperado de sus heridas físicas, pero pasaba casi todo su tiempo sola, perdida entre ensoñaciones y recuerdos. Karn hacía bastante tratando de distraerla cuando la llevaba consigo en sus exploraciones, pero sin mucho éxito. De vez en cuanto sonreía levemente o hacía un comentario ácido, pero ellos tenían muy claro que la pequeña niña que ellos se habían encargado de cuidar se había perdido en algún punto de su viaje junto con toda la viveza que los humanos jóvenes suelen tener.
Cuando comenzaba el tercer año que habría pasado en Tripetra, salió en una búsqueda solitaria. ¿Qué era aquello que buscaba? No estaba segura, pero era mejor que sentarse a suspirar al viento. Por rumores de Vulgrim se había enterado que el Apocalipsis había terminado y que el Consejo Abrasado había sido derrocado. Si eso era así, ¿por qué no había vuelto a buscarla? Se temía lo peor, pero su ya anestesiado y fatigado corazón no era capaz de sentir más de lo que ya le atormentaba. Mientras andaba por el enorme valle que se extendía las afueras de Tripetra, Polvo apareció de la nada haciendo que Leafe se exaltara. Se posó un instante en su brazo, permitiendo que lo acariciara a modo de saludo y luego revoloteó frente a ella exigiendo que lo siguiera. Y Desesperación volvió a aparecer frente a ella. Nuevamente cabalgaron juntos de regreso al Árbol de la Vida. Se detuvieron al llegar al tronco y Polvo se posó en una rama cercana. La base resplandecía levemente y Leafe, como hipnotizada, lo tocó. Sintió la fuerte succión del portal y desapareció.
XxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxX
La luz del sol traspasaba los tablones que cegaban las ventanas de aquél edificio y le calaba en los ojos aún cerrados hasta que logró despertarla. Se levantó lentamente teniendo poquísima noción de dónde se encontraba. Se sacudió el polvo de la ropa y el pelo y miró alrededor. Había algunos escritorios, sillas ejecutivas y papeles de apariencia importante regados por todo el suelo. ¿Había vuelto a la Tierra? Estaba desarmada y no sabía que encontraría fuera. Forzó con dificultad las tablas de una puerta cercana y salió a la calle. Era un callejoncito a un lado del enorme edificio de oficinas abandonado y al final de este se observaba el ir y venir de un mundo de personas, algunas iban de traje distraídas en hablar por celular, otros eran jóvenes vivarachos que hacían bromas mientras cargaban sus mochilas y proyectos escolares. Continuó avanzando, incrédula. Salió a la concurrida avenida comercial. La misma avenida a la que iban cada día Cecil y ella a provisionarse de comida cuando tenían dinero suficiente para ello. Se giró intentando encontrar un modo de salir de la ilusión mientras las personas a su alrededor la miraban de forma extraña, con una mezcla de desprecio y curiosidad. Caminó despacio de espaldas, intentando razonar y chocó con alguien.
-Deberías tener más cuidado, ¿estás bien?- le dijo un joven alto y bien parecido, llevaba el cabello algo largo y ropa muy casual.- ¿Leafe?- le preguntó al mirarla a los ojos.
-Sí…- estaba adormecida por el entorno.
Ambos se miraron de pies a cabeza y una risa nerviosa brotó de los labios de Cecil. Leafe se echó a llorar y se sintió realmente aliviada después de tantos años. Cecil la abrazó con fuerza y le acarició el cabello.
-Gracias…- susurró levemente mirando a los cielos y sintiendo la paz que habían tenido hacía tiempo, cuando Leafe tenía 14 años. Cuando las cosas aún eran simples.
Leafe sonrió internamente. Él había cumplido su promesa.
FIN
¡Pues se acabó lo que se vendía! De verdad, este ha sido uno de los trabajos que más he disfrutado y que más cariño le tengo, más que nada por sus comentarios, que eran los que me animaban a continuar. Duele un poco saber que se terminó y todo esto, pero lo dejo feliz sabiendo que ustedes lo disfrutaron tanto como yo al escribirlo. A todas las personitas que siguieron esta historia de principio a fin y todo esto les tomé muchísimo cariño y espero tener la fortuna de seguirlos leyendo. Especialmente a tí, Deirdre que me sacaste carcajadas aún cuando pasaba por momentos complicados y a tí Erick que siempre sentí muy especial cada review tuyo.
De verdad, les agradezco muchísimo que me hayan acompañado en este viajecillo.
¡Los amo!
P.S. Aunque se haya terminado, aún tengo una pequeñita sorpresita que estoy pensándome si subirla. Tengo mis dudas respecto a si será demasiado agregar un pequeñín epílogo.
