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GOTAS DE FUEGO

-Banky me matará cuando sepa que te ayude a escoger su ropa junto con la de Kagome, ambos saben que mis gustos son algo exagerados… –Jakotsu se acercaba a su tío con dos maletas sumamente grandes; Naraku le sonrió cuando su sobrino se dejó caer en la silla frente a su escritorio -¡Puff! Después de esto necesitare un masajito en mi huesito feliz.

-Él sabrá que fue por ayudarlo –se apresuró a decir su tío.

-Si me hace ceviche al salir de la condenada casa, te voy a buscar y yo mismo te quito los huevos –Naraku negaba con la cabeza pero con una sonrisa de lado a lado.

-¿No me odias? –le pregunto al fin.

-Un poco –admitió sincero –pero sé que estas arrepentido, sino, no harías todo esto por él –ambos se vieron a los ojos –padre estaría agradecido contigo.

-Mi hermano estaría revolcándose en su tumba –compuso –lo que hice no tiene nombre.

-De nada sirve que te estas autocastigando, eres más de ayuda ahora para Banky que antes y eso es lo que cuenta.

-Solo espero que las cosas salgan como las e planeado.

-¿Planeado?

-Sí, que Kagome pueda darle otra oportunidad.

-Pues mi hermanito la tiene difícil –suspiro llevándose las manos al pecho –ruego a Kami porque el dios griego de Sesshomaru quede libre y así yo pueda consolarlo –Naraku volvió a reír –bueno Nary... me voy antes de que me encuentren aquí.

-Gracias Jakotsu.

-A ti por incluirme en esta travesura romántica –un silencio amargo se prolongó –iras a prisión después de esto ¿verdad?

-Esa es una factura que estoy dispuesto a pagar.

Se miraron a los ojos una última vez, después Jakotsu abandono el lugar caminando de esa manera exagerada que lo caracterizaba. Todo tendría que salir bien.

IIOIIO

Al separarse, juntaron sus frentes; con los ojos cerrados respiraban muy cerca uno del otro y por primera vez en mucho tiempo los embriago una paz que era audible al escuchar sus corazones latir al mismo tiempo, se estremecieron al sentir en sus cuerpos esa corriente que creían perdida.

-Sesshomaru… -dijo de repente Kagome al separarse del contacto, echarse hacia atrás, y verlo con miedo, en algún punto el moreno pudo notar remordimiento en sus ojos, reafirmándolo cuando ella intento huir de su contacto.

Pero en esta ocasión Bankotsu actuó más rápido, había pasado de sentir un máximo alivio al coraje; escucharla decir aquel maldito nombre no fue precisamente lo que esperaba, así que la detuvo justo antes de que ella lo pasara de largo.

-Aún no terminamos –musitó, con el entre cejo fruncido.

Kagome lo perforo con sus ojos celestes, comenzaban a cristalizarse y él no se sabía la puta razón. Si quería salir huyendo a su habitación primero tenían que terminar lo que habían comenzado y eso sería al concluir las dichosas actividades que su desgraciado tío les impuso, de verdad que su odio hacia su pariente empezaba a adquirir dimensiones exageradas sin embargo ahora lo que ocupaba su mente era la furia que le puso a hervir la sangre.

-Siéntate –le ordeno al jalarla y obligarle a sentarse junto a él; Kagome lo veía con miedo -¿comienzas tú o yo? –ella parpadeo varias veces, llevándose las manos al pecho, Bankotsu se encabrono más –perfecto, lo haré yo… ¿Te acostaste con él? –soltó, sin medir ni siquiera el tono de su pregunta.

-¿Qué? –adujo Kagome al abrir mucho los ojos; Bankotsu apretó los puños ¡Carajo! pensó en sus adentros, intentaba leer sus facciones pero la rabia no le dejaba ver la realidad a la respuesta de su pregunta, tomo aire mostrándole en cada facción de su cara su increíble enojo.

-¿Qué si ya te cogió? –pregunto sin más. Kagome se puso de pie de un salto, él la imito.

-No tengo porque responder a eso –contesto firme.

-Debes de contarme que es lo que hiciste en el tiempo que estuvimos separados –le recordó con un tono agresivo y seco.

-Te estas comportando como un imbécil –espeto cuando también la rabia empezaba hacer estragos en sus emociones –mi padre murió –siseo con fuerza.

-Eso no te impide coger –repuso con fuerza –el luto no te quita las ganas.

Se vieron a los ojos directamente, ambos ahora inyectados en una furia que embriago toda la sala, desafiándose y removiendo recuerdos que no debían de moverse.

-Tú cogiste con Kikyou –respondió Kagome firme y con los puños apretados.

-¿Qué clase de respuesta es esa, Kagome? –demando a saber ahora fuera de sus cabales.

-¡Que sí! –azuzo fuerte y claro –me acosté con él.

Lo imagino, miles de veces quiso hacerse el pendejo de que Kagome iba a mantenerse fuera de las manos de esa cabrón pero ahora, ahora que lo escuchaba de su boca sabía que le había hecho caso a los putos consejos de mierda de Jakotsu, no pudo evitar odiarlo, no puedo evitar verla a ella con reproche y mucho menos pudo evitar explotar. Dio dos pasos al frente y sin que se lo esperara la sujeto por los hombros mirándola fijamente.

-¿Y te gusto? –la vena de su sien palpitaba, su cara estaba roja y juraba por Kami perdería el control de un momento a otro cuando Kagome entrecerró sus ojos y lo empujo -¿Te gusto ser de otro? ¿Te gusto que te abriera las piernas?

Su mejilla ardió cuando la mano de Kagome choco contra su mejilla fuertemente, ladeando su rostro y haciéndolo reaccionar.

-Eres un pendejo –comenzó a decirle con los ojos cristalizados, era claro que se estaba aguantando las ganas de llorar –no eres nadie para reprocharme, menos a un después de la porquería que me hiciste –Bankotsu se acarició la mejilla que ahora estaba roja, escuchando en las palabras de la mujer un dolor en cada una de ellas -¿pensabas que iba a mantenerme llorando por ti? ¿Tan estúpida me crees para sufrir por ti? –su voz comenzaba a elevarse -¿¡Y tú qué?! ¿¡A cuantas te cogiste en mi ausencia!? –su pregunta lo disloco un poco, eso si no se lo esperaba -¡Anda Bankotsu, contéstame! ¿Cuántas? –quiso callarse, intento medirse pero simplemente su coraje era mucho más fuerte que su autocontrol pues también quería herirla de la misma forma que ella lo estaba haciendo.

-Una –contesto sin medirse.

Kagome se quedó en blanco y entonces las lágrimas desbordaron; el moreno entonces sintió un feo hueco formarse en la boca de su estómago cuando ella se dio la media vuelta; se marchaba.

-Me iré a dormir –y caminando firme desapareciendo por el pasillo que la conduciría a su recamara.

La frustración hizo de las suyas una vez que se quedó solo en la sala; odio a Naraku por mentirle durante todos esos años, odio a Sesshomaru por robarle algo que era de él y odio a Kagome por no esperarlo. Se revolvió los cabellos antes de dejarse caer en el sillón y adivinar su total derrota.

IIOIIO

Era la primera vez que la desesperación invadía su mente; horas, horas en las que estuvo releyendo una y otra vez el maldito contrato en sus manos, horas que se pasó estudiando todo y cada uno de los movimientos que hizo Naraku y no había logrado encontrar un maldito error.

-Deberías ir a dormir –Inuyasha entraba al estudio –mañana podrás pensar con claridad.

-Estoy bien –siseo sin verlo, rebuscando entre las hojas esparcidas en su escritorio.

-Padre también está moviéndose, no creo que…

-Cállate –ordeno ahora viéndolo a los ojos –todo esto no hubiese pasado por ti –Inuyasha se quedó clavado en su sitio.

-Ya te explique que yo no tuve intenciones de lanzarlos a los dos juntos, intente separarlos pero Kagome se aferró a él –y su respuesta solo provoco que su hermano se levantara completamente recto; daba miedo –debes de hacerte a la idea de que ella puede volver a él, al finalizar esto.

-Largo –siseo al fin –no quiero ver a nadie.

-Como quieras –sentención el menor al acercarse y lanzarse al escritorio un paquete de hojas –son los papeles que debe de firmar Sango.

Sesshomaru no los vio, sino que espero a que la silueta de Inuyasha desapareciera en el marco de la puerta que ahora se cerraba, entonces paso con coraje sus brazos por encima del escritorio, haciendo volar un sinfín de hojas que se esparcieron a su alrededor. Se dejó caer en la silla con la cabeza hacia atrás, intentando calmar su frustración. Inuyasha tenía razón.

IIOIIO

Nunca en su vida había recurrido al alcohol para resolver sus problemas, mucho menos para olvidar el dolor, siempre se caracterizó por tener una temblé fuerte y estable, aun después de la muerte de sus padres no había existido cosa que fragmentara su espíritu sin embargo ahora, la sensación de tener la garganta seca y con los sentimientos a flor de piel lo hizo moverse hasta el mini bar de la casa, ese que estaba situado justo a un lado de la alberca; no tenía antojo de alcohol pero si de cerveza, necesitaba con ansiedad poder calmar toda la ira y frustración que lo carcomía como un cáncer, así que saco la primera lata del refrigerador y se la empino al mismo tiempo que prendía la música del estéreo. Quería olvidar, quería huir de ese lugar y no volver a verla, había sufrido tanto por su ausencia y su perdida que simplemente no podía digerir lo que acaba de escuchar, intento detener a su mente cuando viajo al imaginarse a esos dos en una cama y entonces destapo la siguiente lata… esa sería una larga noche.

Después de la doceava cerveza, lo admitió, era su culpa, todo esto lo había provocado él y el resultado era el cobro con intereses de su fechoría; era más que entendible que Kagome actuara así, hasta él lo hubiese hecho si las cosas hubieran sido al revés, aunque claro él se hubiese cogido a medio Japón en sus intenciones por olvidar a la mujer causante de sus sufrimientos, negó con la cabeza cuando se terminó la última lata, se tambaleo cuando al abrir el refrigerador no encontró más cerveza.

-¡Mierda! –exclamo y entonces sus ojos se posaron en el sinfín de botellas que perfectamente acomodadas en la cava lo tentaron a seguir con su borrachera, ahora cada vez más marcada.

Sabía que era una pendejada de su parte y más estando con ella en una puta casa lejos de todo contacto humano ¡Maldito seas, Naraku! pensó antes de llevarse la botella de whisky a sus labios pero antes de que hiciera contacto con el vidrio esta resbalo y cayó precipitadamente contra el piso, no supo porque pero se carcajeo al ver todos los vidrios esparcidos junto con el líquido ámbar; sin duda efectos del alcohol.

-¿Bank? –y fue su voz la que lo atrajo a la realidad.

La vio de pie, con las manos al cuello y mirándolo con esos ojos de preocupación que lo derritieron al instante; llevaba puesto ese maldito camisón de dormir que no dejaba nada a la imaginación, delineando aún más las curvas de su cuerpo y resaltando esas malditas tetas que ahora brillaban a contra luz con la luna. Por su respiración agitada se notaba que había salido apresuradamente de la cama porque también iba descalza.

No avances -le dijo cuándo noto sus intenciones por acercarse.

-Estás ebrio –afirmó al dar un paso al frente -¡Kyaaa! -gritó al llevarse la mano al pie y cojear.

Entonces la maldecida alarma sonó, haciendo un eco detestable; fueron escasos los segundos en los que tuvo que reaccionar porque Kagome caía a la alberca, se lanzó tras ella sin dudarlo y la sacó a flote cuando esta parecía hundirse, adivino el error cuando la escuchó toser y acurrucarse en sus brazos como si fuese un maldito salvavidas.

-Me corte -dijo al levantar la pierna y mostrar una pequeña cantidad del líquido rojo escurrir por su pie, Bankotsu comenzaba a avanzar hasta las escalinatas de la piscina, era obvio que tenía que llevarla a la sala para besarla otra vez… otra vez ¡Carajo! pensó cuando de reojo vio sus senos resaltar aún más.

-Por eso te dije que no te acercaras -repito con el ceño fruncido.

-Tal vez, sino se te hubiera ocurrido romper la botella…

-Yo no te dije que vinieras -escupió al salir, entonces Kagome le vio seriamente.

-Tampoco te pedí que me sacaras de la piscina -arremetió sin dejar de verlo.

En realidad aún seguía enojado, no solo con ella sino también consigo mismo. Todo se iba a la mierda a cada segundo que pasaba a su cercanía, camino lo más coherente hasta la sala y sin bajarla la beso en los labios sin prestar mucho atención al sonrojo de ella, la alarma dejo de sonar pero otra vez esa maldecida corriente lo invadió de arriba abajo y sin poder controlarlo una caliente erección se le formo al verla directamente empapada y con el camisón completamente adherido a su cuerpo: sus pezones estaban erectos y la tela se transparentaba, dejando nada a la imaginación… "¡era un jodido reto no ver!". Trago gordo al comenzar andar hasta los adentros de la casa, odiando a su cuerpo por desearla de esa forma y tratando de parecer lo menos ebrio posible.

-¡Bájame! -ordenó de repente.

-¿Qué?

-Que me bajes -repitió con fuerza al mismo tiempo que se movía.

-¡Cálmate! Nos harás caer a los dos.

-Entonces, bájame.

-No seas infantil, te llevare a tu habitación.

-Yo puedo sola.

-Lo dudo…

Se vieron a los ojos con desafío, si, estaba ebrio pero aún era consciente de lo que pasaba a su alrededor y eso era la aparente caricia que la chica le propició al deslizar su mano por sus pectorales. No dijo nada, es más, se hizo el tonto cuando noto sus mejillas encenderse o estaba muy borracho o ya estaba alucinando.

-Ya puedes bajarme aquí -dijo cuando llegaron al umbral de su habitación.

-Te dejare en tu cama -respondió sin verla.

Probablemente lo hizo al propósito o porque llevaba mucho tiempo intentando no perder el equilibrio pero justamente cuando se iba a inclinar para depositarla en el colchón, tropezó, cayendo ambos precipitadamente. ¿En qué punto se le bajó el coraje? A lo mejor cuando sintió los duros senos de la chica apretarse contra su pecho desnudo o posiblemente cuando ella no se movió ni un apéndice de su lugar, sino más bien clavó sus celestes en los de él, creando esa aura adictiva que ambos conocían.

-Bankot… -murmuró ella sin dejar de verle.

No la dejo terminar porque se aferró a sus labios antes de arrepentirse de lo que iba hacer pues la necesitaba con locura, quería hundirse en ella como las muchas veces que lo hizo anteriormente, deseaba su cuerpo pero también anhelaba esa magnífica unión que lo hacía sentir uno con Kagome, quería volver a probar la sensación de pertenencia, de saber que ambos eran el uno para el otro en ese magnífico acto que los complementaba aunque fuera efímero. Las dudas se despejaron y ambos de un momento a otro se entregaron a todo aquello que ahora sentían; Bankotsu deslizo sus manos a su cintura y sintió aquel tacto caliente que emanaba su cuerpo, beso sus labios, jalando con los suyos el inferior de ella hasta que sus lenguas comenzaron a jugar también al mismo ritmo, la correspondencia de Kagome solo lo incito a continuar y en el momento en que deslizo uno de los tirantes del camisón y logro descubrir uno de sus pezones fue la base de lo que iniciaría.

-Bank… -dijo Kagome casi en un susurro en el preciso momento en que él que se llevaba un pezón a la boca –no…

-Sssh… -silenció.

Besó entonces su cuello, su clavícula y termino por escurrí la única prenda que llevaba puesta aprovechando entonces para sujetarla por la cintura y levantarla solo un poco, se miraron a los ojos antes de continuar.

-Olvidemos de todo –sugirió él con una voz terriblemente tentadora –seamos en estos días tu y yo… –se inclinó a besar su cuello suavemente, Kagome echo su cabeza hacia atrás al mismo tiempo que inhalaba profundamente –entreguémonos a esto, Kag… -el moreno ahora se quitaba sus shorts mientras la mantenía sujeta contra su cuerpo –probemos el amor otra vez y después… -sus manos viajaron hacia la tanga de la muchacha, tentando aquella parte que la hizo estremecer –hay que llevarnos solo el recuerdo…

Y justo en el momento en que ella sentía con la cabeza, el moreno se colocó entre sus piernas y con un sumo cuidado tendió nuevamente su figura bajo su cuerpo.

-Déjame hacerte el amor… -noto un extraño brillo en sus ojos celestes cuando dijo aquello –te amo, Kagome.

No quiso darle tiempo de escuchar su respuesta porque en ese instante la penetró con fuerza, provocando que el cuerpo de Kagome se arquera, la sensación de unión se propago en todo su cuerpo como un maldito incendio, su miembro palpito y su corazón lo repitió al ser envuelto en esa calidez que extrañaba, entonces recargo su peso con sus brazos y sin dejar de verla la volvió a penetrar con más fuerza.

-Te amo –repitió.

Sin esperarlo los brazos de Kagome rodearon su cuello justo en el instante en que él se inclinaba, elevándola en la misma posición que él, creando un perfecto pilar.

-Yo también te amo, Bankotsu –dijo de repente sin dejar de verlo directamente.

El moreno experimento su corazón estallar de felicidad al escuchar su declaración, la beso en respuesta y se aferró a su espalda al mismo tiempo en el que ella movía su cadera hacia fuera, un espasmo involuntario se reprodujo cuando otra embestida se reprodujo.

-Mía –dijo Bankotsu; se separó del beso y escondió su rostro en el cuello de está –solo mía.

De repente sujeto sus glúteos con fuerza, elevándola unos centímetros de la cama a la vez que se ponía de pie sobre de ella sin dejar de penetrarla.

-¿Qué haces? –pregunto cuando salió del lecho y camino con ella hasta la mesa que había frente a la cama.

-Cogerte, fuerte –respondió al dejarla caer en la superficie plana.

Kagome entonces comprendió porque en automático enrosco sus piernas alrededor de la cintura del moreno que ahora inclinándose un poco observaba la mitad de su miembro palpitar en los adentros de la mujer; ella recargo su peso en la mesa y cuando una nueva embestida llego sus pechos se movieron bruscamente.

-¡Aagh! –gimió –así… -agrego.

-¡Dímelo! –exigió de repente Bankotsu -¡Dime que eres mía! –la embistió con más fuerza -¡Anda!... ¡Dime que eres mía! –el cuerpo de Kagome se tensó.

-Si –dijo al fin con un hilo de voz –soy tuya, Bankotsu.

El choque entre los genitales se hizo más acusó, las embestidas se volvieron más bruscas y el cuerpo de ambos fue cubierto por esa capa de sudor que los hizo brillar, el tono canela del hombre y el durazno de la mujer se combinaron en perfecta sincronía.

-Te amo –dijeron los dos al unísono.

Los embriago el placer justo al tocar la cúspide de su excitación; el interior de Kagome fue bañada con el semen espeso del moreno y la pelvis de él cubierta por los jugos de ella.

-¡AAAAAH! –gritaron los dos al unísono.

Y recrearon sin querer la alarma de la casa, ambos se vieron a los ojos y rieron antes de fundirse en un beso.

IIOIIO

Miraba atento a través de la ventana, afuera Inuyasha jugaba con Rin al escondite, ambos reían cuando las manos de su hermano capturaban su cintura y se carcajeaban al chocar de sus miradas, mientras que él en la lejanía era carcomido poco a poco por los nervios.

-Señor –la voz de Jaken irrumpió en sus pensamientos –la junta directiva los espera.

-Voy –respondió aun dándole la espalda.

-La señora Irasue también lo busca, amo –agrego antes de salir.

-Dile que estaré con ella al terminar.

-Sí, amo.

Sus ojos entonces viajaron a la mesita que tenía enfrente y se detuvieron el jarrón; ahí en la base sobresalía un sobre blanco, la jaló y recordó la última vez que Kagome estuvo ahí, aquello era lo que leía el día en que se declaro el testamento del Sr. Higurashi y sin dudarlo lo abrió, releyendo una y otra vez las líneas impresas en el papel.

-Jaken –llamó.

-Ordene, mi señor – el hombrecillo aparecía agitado justo en el marco de la puerta.

-Hay un cambio de planes.

IIOIIO

-Tío… -murmuro Jakotsu al ser testigo de cómo era esposado y conducido hasta la patrulla.

-Asegúrate de que terminen juntos –dijo antes de subir al coche –quedas a cargo, Jakotsu.

El semblante de Naraku lucia sereno y decidido.

-Tío Nary…

-Dile, que me perdone… -y la puerta se cerró antes de ser trasladado a prisión.

IIOIIO

No habían desayunado ni comido porque ambos eran otra vez uno en la regadera de la habitación de él, las gotas caían precipitadamente sobre sus cuerpos, resbalando desde su cabeza hasta su cintura perdiéndose en aquellos lugares remotos.

-Bank…

-Kag…

La embistió por última vez antes de terminar, los dos, viéndose a los ojos directamente.

-Me gustaría jugar –dijo Bankotsu al separase de la unión.

-¿A qué?

-Verdad o reto

Minutos más tardes los dos estaban en la sala, uno frente al otro, con una botella vacía girando en la mesa; ambos ya algo bebidos, consecuencias de alguno que otro reto que no quisieron llevar a cabo y como castigo habían impuesto unos caballitos, era más que obvio que el tequila ya estaba haciendo estragos porque ambos no paraban de reír.

-Te reto a bailar desnuda en la cama de mi habitación –menciono Bankotsu cuando la boca de la botella apunto hacia la Kagome.

-Hecho…

Tomó su mano y lo guio a traspiés hasta su recamara, de repente ella lo empujo en el sillón más cercano, dejándolo sentado y abierto de piernas; Bankotsu se quedó quieto, observando atento lo que Kagome haría, una parte de él dudaba que fuera a cumplir el reto aunque todo cambio cuando Kagome se subió de un brinco a la cama.

"…dime que tu juego tiene una salida… " resonaba la canción al momento en que Kagome deslizaba sus manos por sus piernas hasta sus pies, agachándose hasta el límite de su resistencia mostrándole al moreno su voluminoso trasero… "dime que al final serás tú solo mía…" la muchacha se inclinó rápidamente, haciendo agitar su melena contra su espalda y mostrando al piel de canela su perfil "… choka, choka… pero muévete conmigo…" no resistió más y tomo de manera abrupta sus nalgas haciéndolas pegar contra su pelvis.

-Para… -ordeno con voz de hiel –no te muevas….

Saco su miembro de entre sus shorts y desesperado bajo sus bragas las cuales se perdieron en alguna parte de la habitación, entonces sujeto su pene, situándolo en la entra de su vagina.

-Kagome…

-Bankotsu…

La perforo nuevamente, hundiéndose en lo más hondo y deleitándose con esa magnífica corriente eléctrica…

IIOIIO

-Todo esta listo –dijo su madre al levantarse del asiento del despacho –al salir, Kagome ira directamente al altar.

-Bien –respondió Sesshomaru sin verla –puedes irte, madre.

-Sessh…

-No quiero hablar más del tema –interrumpió.

-Como digas –y la silueta de su madre salió.

Se quedó solo en el despacho, aspirado hondo sin ver a nadie.

-Deberías darte por vencido –la voz de Inuyasha taladro sus oídos –si la amas debes dejarla ir.

-Largo… -ordeno con voz de hiel.

-Kagome no te ama y amarrarla a ti es como cortarle las alas de por vida –Sesshomaru entrecerró sus ojos –te quiere, es verdad, pero al que ama es a Bankotsu y lo sabes.

-¡Sal de aquí!

-No la hagas infeliz –agrego antes de salir.

IIOIIO

Relámpagos, cielo negro y destellos blancos era lo que inundaba recamara mientras Kagome se hundía completamente en su miembro, lamiendo y absorbiendo a placer. Su fobia a las tormentas eléctricas había quedado atrás hacia minutos, él mismo se había encargado de desaparecerlo.

-¡Oh! Nena… así… sigue –murmuraba Bankotsu al verla bajar y subir… -sigue… -tomo sus cabellos y guio el paso… -más rápido…

Pero no pudo resistir más así que la recostó y se abalanzo contra su cuerpo.

-Se llama, la rusa…

Oprimió sus tetas a la vez que colocaba su pene entre ellas; penetro de manera invisible el hueco que se formaba entre el par y sonrió cuando Kagome gimió.

-Te gusta ¿preciosa? –le pregunto al deslizarse entre ellas más rápido –dime que te gusta.

-Sí, me gusta… me gusta.

-Entonces, esto te gustará más…

Haciendo gala de su fuerza, giro a Kagome boca abajo, recargando su peso con sus brazos, entonces bajo y delicadamente beso su espalda.

-¿Qué haces? –demando a saber al percibir sus besos en su cadera.

-Beso todo tu cuerpo –y sin darle tiempo de protestar levanto su cadera y paso su lengua por los pliegues de su vagina.

-¡Kami!

-Sabes, deliciosa… después me daré tiempo para probarte a fondo –metió una sola vez su lengua, recreando un en el cuerpo de la muchacha un estremecimiento que logro sentir en sus manos.

-Bank… deja de jugar…

-Eso es lo mejor de esto –se apresuró a decir cuando colocaba la cadera de ella en su entrepierna –jugar…

IIOIIO

-Amo, todo está listo.

-Bien, ahora –abrió una de los cajones de su escritorio y saco un sobre blanco –quiero que le des esto a Bankotsu después de la boda –su sirviente lo tomo con duda –debes de asegurarte que lo reciba él personalmente.

-Si amo.

-Ahora vete… mañana termina todo esto.

IIOIIOIIOIIOIIOIIOIIOIIO

El siguiente capitulo esta fragmento en tres partes y es el final de esta historia. ¡GRACIAS POR LEER!