CAPÍTULO XXIX: RALEIGH EN LA CAFETERÍA

Raleigh estaba en la cafetería, disfrutando de su desayuno. Eso significaba dos cosas, que por fin tenía fuerzas suficientes como para andar sin ayuda. Y que las fuertes náuseas que había padecido debido al haber estado tumbado tanto tiempo habían desaparecido.

Ciertamente las dos últimas semanas no habían sido fáciles. Cosas tan sencillas como levantarse de la cama, o darse una ducha habían resultado tareas ímprobas. El paseo de hoy hasta la cafetería era el más largo que había dado hasta la fecha sin ayuda. Era fantástico volver a sentirse independiente.

Pero, a pesar de que de todo, las náuseas, los mareos, la debilidad extrema, los últimos quince días habían sido los mejores que recordaba en mucho tiempo. Porque Mako y él volvían a estar juntos. No de la forma en que habían estado de que lo hubiera echado todo por la borda, pero juntos al fin y al cabo. Habían hablado sin cesar durante todo ese tiempo y aunque no había sido sencillo para ninguno de los dos, sin duda ahora tenían un conocimiento del otro mucho más profundo. Todavía quedaba bastante pero sentía que por primera vez en mucho tiempo no estaba perdido, sabía qué camino seguir. Aunque no supiera exactamente dónde le llevaría el camino. Ya no le daba miedo recorrerlo.

-Esa sonrisa es por el bacon- bromeó Herc sentándose con su propia bandeja de desayuno en frente de él.

-Este bacon se lo merece, es mucho mejor que el que había en Honk Kong. ¿Qué?- preguntó Raleigh al ver la cara de Herc.

-No, nada. Pero mejor no abuses, ya sabes, el colesterol.

-Es la misma cantidad de siempre y allí no me decías nada- protestó Raleigh

-¿No, verdad? Bueno, ¿y Mako?

-Está dando clase. Quería quedarse conmigo hoy también, pero la convencí para que fuera. Yo ya estoy mejor, y ella tiene mucho tiempo que recuperar con sus alumnos.

-Tal vez podrías ayudarla. Ya sabes, servir de ejemplo- surgirió Herc

-No sé si sería muy buena idea.- dijo Raleigh mientras removía sus huevos revueltos con el tenedor.

-¿Por qué no?

-Se me ocurren un par de razones- respondió Raleigh desechando la idea de comerse aquella masa amarilla.

-A mí se me ocurren un par de razones para que lo hagas. ¿Sabes? He estado un tiempo pensando en ello y creo que hay un error de base en el programa Jaeger. Nos hemos centrado demasiado en las habilidades innatas de los pilotos y no en su capacidad de mejora.

-¿Te refieres a aprender de los errores?

-Exacto

-Ya veo, ¿Y cuál es la otra razón?- preguntó Raleigh.

- Que los dos sabemos que no te vas a comer eso.