Hola a todos y aunque me considero a mi misma un jodido Grinch, Feliz Navidad para los que la celebren y feliz ALGO para todos los demás. Por culpa de las jodidas fiestas he estado a punto de no poder actualizar y he de avisar que no se si podre tener el siguiente capítulo para el fin de semana que viene. (Gruñido de agobio)
En fin ahora si os dejo eso… por que en la isla también van a tener su navidad… a su manera por supuesto.
Un beso a (Cani HP. Ysabel Granger, Igna HP, Lobo-moon, Fairly, Extrem, Megumisakura, Chiiocullen, MissLuppi, Melissa Granger, Wirnya, Ayra 16, LylaSnape, Sasamii, Isabella Domi, Liz House, Grake Malfoy, Hannah Abbot GHRS, Alejandra, Ms Psique, Strangelet, G, Dulceysnape, Sirenitus, Mrs V, Areusa, Elentari, Lunnaris, Yue Yuna, Wiiii, Karlivirys, Allelu, Nick-sith y JanSev, Salinesadako, Yila, Mc Snape, Vlakat, Moon Granger, Yuee, Sucubos, LilandraBlack, LithiumGraham, Loretitokinomoto, SoloParaTi, Heloisa, Mack Snape, Dextera, Miss Vile, Aqua Ootori, Natalia920906,Tre, Jem de Potter, Lizzy2983, Kibikino, Sely Cat, Minerva91, Tercy_s_s=Cloe, Amelia Badguy, Kallilunatica, Lecaosm, Yasmina 33, Ben Barnes Fan, Oh my God, Kallilunatica, Lina Snape, ItrustSeverus, .…)Por los casi 600 Reviews… Vosotros haceis que merezca la pena.
Y otro a mi Beta June Magic, que ya tiene suficiente con lo suyo y además me aguanta ^^ (¡eres la mejor mi gemela benigna!), a Yasna (mi hermana menor a la que adoro) y a Amia (mi hermana mayor a la que quiero mucho, mucho, mucho)
Una Navidad Diferente.
Los días y las semanas iban pasando con relativa tranquilidad para los dos magos desterrados. Durante ese tiempo pudieron concluir con relativo éxito la ampliación de su pequeño refugio y a aquello ahora sí se le podía llamar una cabaña decente.
Y eso de la tranquilidad era solo relativo, ya que desde que ambos habían sido plenamente conscientes del estado de la Gryffindor, Snape se había tornado en mucho más delicado y protector. A veces excesivamente sobreprotector, cosa que resultaba tremendamente desesperante para la chica, y para su alterado estado hormonal. Fueron numerosas las discusiones entre ambos, durante los días que duraron las reformas de su "hogar". De hecho cada vez que ella trataba de ayudar en alguna labor que Severus consideraba inapropiada para su estado y él se lo impedía… poco importaba lo mucho que ella protestara y replicara:" ¡Estoy preñada, no invalida!", una y otra vez.
Snape siempre terminaba usando métodos "persuasivos" para hacerla entrar en razón, incluso llegaba a amarrarla si lo consideraba necesario. Cosa que traía como consecuencias que el mago tuviera que escuchar toda serie de "lindezas" por parte de la enfurecida leona, y a parte volver a "disfrutar" de la sensación de volver a dormir al raso, con la compañía de su mascota. Pero como buena serpiente, terminaba deslizándose sigilosamente hasta su cálido lecho y nunca era mal recibido, todo lo contrario.
Si al conocer el estado de su pareja había pensado con resignación que le esperaba un largo periodo de abstinencia, andaba del todo equivocado. Sus ganas no se habían reducido, al contrario, y todo gracias a esos acaloramientos hormonales. Pero si algo había cambiado entre ellos era que la desbordante pasión de esos momentos íntimos se había tornado en delicadeza y suavidad.
Para Hermione, y pese a lo mucho que protestara y se enojara con él por esa actitud, la hacia sentirse feliz… feliz por ser consciente de lo mucho que ellos le importaban, por como se preocupaba por su bienestar y el de su futuro hijo. No podía evitar reír cuando se quedaba a solas, pensando en lo mucho que se equivocaba al decir que nunca sería un buen padre, sus actos demostraban más bien todo lo contrario, y desde luego ya no necesitaba oírle decir esas palabras que tanto le costaba decir, su mirada, su delicadeza, su preocupación por ella lo decían todo por él.
Casi sin darse cuenta, los meses habían ido pasando y con ellos los signos externos del estado de la leona iban siendo cada vez más patentes. Aunque ambos tenían la esperanza de que tal vez las náuseas disminuyeran a medida que su cuerpo se acostumbrara, pero para el desespero de la joven no habían remitido ni un ápice, al contrario, prácticamente vomitaba a diario al amanecer, incluso varias veces durante el día.
Pero pese a esos malestares, su apetito no había disminuido, al contrario, comía como una lima y esa ansia por comer se había acrecentado a partir del tercer mes. Justo cuando los cambios en su cuerpo comenzaron a ser más patentes. Ya no solo era el tamaño de sus pechos, su vientre había dejado de ser plano, para comenzar a abombarse por semanas, sus caderas también se iban redondeando, y sus piernas… eso era con mucho lo peor, se le hinchaban terriblemente, sobre todo por la noche, incluso a veces los tobillos se le amorataban provocándole un molesto hormigueo. Se miraba a sí misma con una mueca de hastío, quejándose continuamente de estarse convirtiendo en una vaca. "Dentro de poco seré como Molly." Gemía con fastidio una y otra vez, a lo que Snape no podía evitar esbozar una mueca divertida. Poco importaba todo lo que ella despotricara, para él ella se veía en ese momento como la mujer más hermosa y deseada de la tierra. Pero como tantas otras cosas no era capaz de decírselo con palabras, simplemente no estaba en su naturaleza.
Y lo más duro de todo, los calambres, ese dolor que al principio era similar al de una menstruación y que por su inexperiencia llegó a hacerles temer por la perdida de su bebe, no tardaron en comprender que no se trataba más que de otra de las "delicias" de su estado. Era en esos momentos y sobre todo en esas interminables noches de tortura cuando él más le demostraba esos sentimientos que tanto se obstinaba en ocultar.
— Aaaaaaauuuuuuucccchhhhhhhhhhh. — Se quejaba la muchacha, con una mueca entre el dolor y el fastidio. Severus solo dio un gruñido y aumentó levemente la presión.
—Aaaaa… siií… más, por favorrrr. — Gimoteaba la chica. — Sigue… Dios… siiií.
La ceja del profesor de pociones se disparó mientras sus finos labios se curvaban en una media sonrisa de satisfacción.
—Hmmmmm…. — Ronroneó con su voz sedosa mientras cambiaba levemente el ángulo de su presión. — Si, yo sé lo que te gusta, gatita. — Desde aquel día en que casi acabaron convertidos en el menú de un tiburón utilizaba solía llamarla así en sus momentos más íntimos.
La chica dio un largo suspiro. — Mmmmmm… si, si, si, siii… — Gimió de nuevo echando la cabeza hacia atrás.
—¿Sabes Granger? — Murmuró Snape con cierto tono socarrón. — Es una suerte relativa estar tan… solos.
Ella abrió sus ojos castaños y lo miró con un gesto de sorpresa. Sentado sobre sus talones a los pies del nuevo lecho ahora recubierto de las mullidas pieles que le proporcionaban sus presas de caza, vestido apenas con el boxer, mientras mantenía sus hinchados tobillos sobre su regazo.
—Cualquiera podría pensar que te estoy haciendo "otra cosa". — El mago oscuro le dedicó una sonrisa de suficiencia. — Aunque has de reconocer… que en "esos momentos" consigo que resultes aun más escandalosa.
Hermione echó de nuevo la cabeza hacia atrás y resopló con un gesto de fastidio.
—No tienes ni idea… — Gimió de nuevo, mientras llevaba sus manos a su ya redondeado vientre desnudo, calculaban que debía de estar de algo más de cuatro meses de embarazo. —… de lo que duelen estos condenados calambres. — Suspiró de nuevo. — Este hijo tuyo es…
Snape rió entre dientes. — Insufrible e insoportable… En eso creo que ya comienza a mostrar parecidos. — Sus hábiles dedos se deslizaron desde sus hinchados tobillos hasta sus pantorrillas presionando levemente. — Además, es un Snape, ya sabe hacerse notar.
—AAAAuuuuucchhh. — Se quejó de nuevo retorciéndose levemente. —¿Y no puede hacerse notar… de otra formaaa? — Bufó, los agudos dolores se extendían desde su bajo vientre hasta sus piernas. — Aaaaiiiiii… otroo mássss.
Las manos de Snape recorrieron las hinchadas pantorrillas llegando hasta las rodillas y bajando de nuevo, nada podía hacer contra esos malditos calambres, apenas tratar de que se encontrara lo más reconfortada posible.
—He de reconocer que el enano es… de lo más inoportuno. — Trato de evitar que ella notara el tono de preocupación en su voz, mientras sus dedos llegaban a las plantas de sus pies y los presionaban con delicadeza.
Ella apartó la mirada, que se perdió en el vacío, mientras sus manos seguían acariciando el lugar donde su hijo crecía, día a día.
—¿Qué pasará… —Musitó suavemente. Snape la miró con gesto grave. — …cuando llegue el momento?
Severus suspiró y bajó la vista hacia los hinchados pies su pareja, sus dedos continuaban masajeándolos con suavidad.
—Trata de no pensar en ello… aún falta mucho tiempo… pueden suceder muchas cosas. — Vaciló un instante antes de depositar con delicadeza sus pies en el lecho y gatear hasta ella para recostarse a su lado, sus ojos castaños continuaban mirando a la nada con expresión ausente y sus manos acariciaban su vientre. Dudó antes de que una de sus fuertes manos se posara sobre la suave piel de la joven junto a las de ella. Poco a poco se iba sintiendo menos incómodo a la hora de tener con ella esas pequeñas muestras de afecto.
Ella volvió su rostro hacia él, podía percibir algo de miedo en su mirada. Era normal que lo sintiera, él también lo tenía… miedo de perder aquello que nunca soñó tener, lo que había descubierto que era su más preciada posesión.
—No nos buscan, lo sé… — Murmuró Hermione, volviéndose hacia él y acurrucándose contra su pecho. — Nunca lo han hecho… para todos estamos muertos. — Los brazos del profesor la estrecharon con delicadeza. — Nunca saldremos de aquí.
Él la apartó y la miró con seriedad.
—Esa no es una actitud Gryffindor. — Murmuró, ella volvió a bajar la mirada mientras se abrazaba más fuerte a él. — Además ya sabes que no dejaré que nada os ocurra, a ninguno de los dos. Y lo sabes pequeña. — Deposito un suave beso en su frente, con una delicadeza como nunca antes le había mostrado. Ella alzó de nuevo su rostro hacia el, la miraba con una expresión de paz que la reconfortaba. La tomó delicadamente de la barbilla y depositó un suave beso en sus labios. —Eres un bien preciado para mí, Hermione Jane Granger.
Ella sonrió vagamente, aquello era lo más parecido a un "Te quiero" que le había oído decir, eso la hacia sentirse protegida y feliz. Acomodándose más contra su pecho cerró los ojos, adormilada…
—Severus…
— Mmmmm. — Gruñó fingiéndose medio adormilado.
— Esta tarde conté las marcas del árbol. — Snape abrió los ojos y miró al techo, eran las marcas que había venido haciendo desde que llegaron a ese maldito lugar, y le servían para llevar un control de los días que pasaban, ya sabía lo que iba a decirle, de hecho hacia días que venía pensando en ello. Llevaban allí desde primeros de mayo, luego… contando las semanas transcurridas… — …Y creo que…
— Sí, Granger…- Murmuró con desgana. — Sé que en unos días es…
— …Navidad. — Susurró la joven medio adormilada, mientras sus dedos acariciaban con parsimonia el fino vello de su pecho. Él solo asintió de mala gana mientras su mano continuaba acariciando el lugar donde seguía creciendo ese trocito de ambos. Permaneció en silencio, pensativo, notando como el sueño la vencían. Le gustaba mirarla mientras dormía, con ese rubor tiñendo sus mejillas, su boca entreabierta, con ese ligero brillo de saliva en sus labios, se la veía tan hermosa, tan frágil.
Esbozó una amarga sonrisa… La jodida Navidad, esos días que tanto había odiado desde su infancia. Todos cantando, riendo, mostrando abiertamente su felicidad… esa época en la que siempre se refugiaba en la soledad de su mazmorra, pese a la molesta insistencia de Dumbledore, que no paraba de azuzarle tachándole de insociable. ¡Y sí que lo era! Él nunca había tenido ningún motivo para sentirse feliz en esas fechas, ni aun siendo un niño en aquella odiada casa, es más solo servían para recordarle lo miserable y solitaria de su existencia…
Pero ahora…
Miró de nuevo el dulce rostro que descansaba sobre su pecho, su pulgar recorrió con delicadeza sus facciones haciendo que ella se removiera levemente, tomo uno de sus enmarañados rizos entre sus dedos y sonrío vagamente. Si, esta vez era diferente, la blanca arena de la playa sustituía a la nieve de Escocia, las palmeras y las flores de hibisco a los abetos y la decoración de la escuela, el canto de las aves exóticas a los villancicos de los condenados mocosos. Pero lo más importante… por primera vez en su vida sentía que tenía en ella y en ese pequeño ser que estaba por llegar algo a lo que jamás pensó tener derecho, una familia… su familia.
Suspiró acomodando ese cálido cuerpo contra el suyo y cerró cos ojos para dejarse envolver por el sueño. Esta vez la Navidad si que sería completamente diferente para Severus Snape.
Hermione suspiró mientras vigilaba el asado, un delicioso pollo que Snape había cazado y se doraba a fuego lento sazonado con sal marina que ella misma había desecado y unas deliciosas hierbas aromáticas, junto a este, sobre una roca que hacia las veces de improvisada plancha se cocían lentamente unas langostas. Ponía especial mimo en esa cena, era algo especial para esa noche especial.
No sólo era la cena, había decorado uno de los más altos arbustos con guirnaldas de flores de hibiscos y adornos de conchas marinas, creando una especie árbol de Navidad, también había decorado la entrada a la cabaña, y había preparado unos platos con hojas decorándolos con pequeñas flores, todo tratando de crear lo más parecido a un ambiente navideño.
Ella misma se había arreglado también lo mejor que había podido, el maltrecho y fino forro de la levita de Severus había servido para fabricarse un pareo negro que lucia cruzado sobre el pecho y anudado a la nuca. Se sentía mucho más cómoda con esa prenda que le cubría hasta la mitad del muslo que con sus desgastadas prendas, el pantalón ya no le abrochaba y la camiseta la hacia sentirse como un embutido. Unas guirnaldas de flores caían sobre su pecho y una flor roja de hibisco tras su oreja adornaba su encrespada cabellera, dándole un aire aún más hawaiano. Todo confiando en que fuera del agrado de Snape.
Él… los últimos días parecía haber vuelto a su antigua personalidad, solitaria y huraña, apenas estaba con ella más que durante las comidas y a la hora de dormir, aunque seguía siendo el amante atento, delicado, y pendiente de sus achaques. Recordaba las navidades en Hogwarts, cuando el humor del temido profesor de pociones empeoraba notablemente con la consiguiente sangría de puntos para el resto de las casas, era por todos conocido que odiaba la Navidad. Durante los últimos meses él le había ido contando a cuentagotas detalles de su infancia y su pasado, y comprendía como se podía sentir en esas fechas, podía entender que desapareciera para hacer Merlín sabe qué. Le había preguntado, y más viendo el penoso estado en que estaban sus manos, llenas de cortes y heridas, pero solo conseguía sacarle algún gruñido cuando le preguntaba.
Pero él no era el único en estar de humor extraño, ella también estaba melancólica, no podía evitar sentir tristeza al pensar en sus padres, en sus amigos, eran unas Navidades distintas, lejos de ellos, sin saber lo que había podido ocurrirles. ¿Podría volver a vivir una Navidad junto a ellos? Limpiando las lágrimas que brotaban de sus ojos volvió a remover el fuego con un largo palo.
— ¿Tenemos las hormonas alteradas?
Ella dio un pequeño salto. ¿Tenia que seguir siendo tan condenadamente silencioso? Se volvió hacia él, la observaba con una expresión extraña. En sus ojos se adivinaba cierta preocupación, al tiempo que sus labios se curvaban en una media sonrisa. Ella suspiró he hizo una mueca.
— No especialmente. — Comentó la joven. — Es sólo que…
Snape se arrodilló junto a ella, mirándola con gesto serio, su mano se poso sobre el rostro de la chica, ella le miró sorprendida al sentir como su pulgar le secaba las lágrimas con una caricia.
— Sé que debes extrañarlo todo… y que no debo ser la mejor compañía en estas fechas. — Murmuró secamente.
Ella negó con la cabeza al tiempo que atrapaba su mano entre las suyas.
— No… - Replicó. — Aunque ahora pudiera elegir otro sitio… — Los ojos de Snape brillaron levemente. — No elegiría otro que no fuera estar contigo. Pero no puedo evitar echar de menos a mi familia y amigos… ni siquiera sabemos si están vivos.
Snape suspiró y dirigió su oscura mirada hacia las llamas, con gesto pensativo bajó la vista al antebrazo izquierdo, hacia la borrosa marca tenebrosa, tragó saliva y lo extendió ante ella. Hermione la miró extrañada, ya se había percatado al principio de llegar a aquella isla que él solía vigilar esa marca con preocupación, pero ya hacia meses que ambos casi se habían olvidado de ella, o al menos esa impresión daba. Y es que a medida que transcurría el tiempo la antigua marca tenebrosa se había ido desdibujando hasta adoptar el aspecto de un tatuaje borroso en tonos rojizos, no la marca negra que era al llegar… la luz se hizo en la mente de la Gryffindor… su rostro se iluminó al ser consciente de lo que eso podía implicar.
