Hola.
No me puedo creer que de verdad me encuentre en esta situación.
Estoy terminando con esta historia, le estoy dando un final, quizá no el final perfecto pero sí el que yo quería, el que llevaba en mi mente desde el primer momento en que esta historia se cruzó conmigo.
Pero no estoy aquí para decir esto, estoy aquí para contaros que esta historia, por ahora, es mi último longfic DE, no puedo amargarme con algo que me encanta, pero es lo que está pasando, está fallando la inspiración para con el DE, así que me centraré en terminar SM que es más "variable" y después me concentraré en otras historias propias, pero tranquilos, ¡no me marcho! seguiré por aquí con algún que otro one-shot o historia corta.
No es un "adiós", es un "hasta pronto".
COMBATIENDO CONTRA EL AMOR.
CAPÍTULO FINAL: SIEMPRE
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Conversación rescatada del 25/01/2016, a las 13h:37m.
"¿Qué está pasando, Parker? E ha venido a busca clase". -L
"Ni idea. El director ha sacado a D de la clase". -K
"¿¡Ni idea!? ¡ESPABILA, IDIOTA!" -L.
"Nadie me llama idiota y sobrevive, ¿lo entiendes? Vas a maldecir el día que decidí fijarme en ti para este plan maestro. Si te digo "ni idea" lo que quiero decirte ¡es que me da igual! esto no interfiere en nuestras planes, todo lo contrario". -K.
"Tiempo es lo que no tenemos. Las bandas se han disuelto y el trío está tan tranquilo. Tienen que pagar, los tres". -L.
Conversación rescatada del 25/01/2016, a las 20h:40m.
"He visto el coche de S, ¿adivina quien va dentro?". -L.
"Eres un puto genio ¡y un puto psicópata!" -L.
"Seguir a E no es sinónimo de psicopatía, L. Hacer lo que voy a hacer a continuación, eso sí que se acerca a mi definición de psicópata. Prepárate para la acción". -K
Damon se despertó dolorido, le costó bastante orientarse, pues al principio no sabía dónde estaba y cuando reconoció el lugar se tuvo que decir así mismo que no tenía que salir corriendo de esa casa, que Lily ya no iba a volver, no después de recibir una orden de alejamiento, que le impedía, incluso, estar en el pueblo.
Quiso volver acostarse, dormir un par de horas más, pero entonces se acordó de Elena y de lo que vivieron ayer, tan deprisa pero al mismo tiempo con una gran intensidad, por lo que buscó a tientas su teléfono.
Su novia llevaba sin conectarse desde ayer, pero no le dio mucha importancia, la chica era una dormilona, y con la tontería de pasar una noche con Stefan, se le olvidó mandarle un mensaje de "buenas noches".
"Buenos días, princesa. Siento muchísimo lo de ayer, te prometo que lo voy a compensar, dame unos días, prepararé la mejor noche de tu vida. Un beso, ¡o todos los que quieras, ya sabes que soy todo tuyo!". -D.
Estaba a punto de enviarle otro cuando Stefan entró en su habitación sin llamar, el chico llevaba una bandeja con comida basura y estaba haciendo malabares para no derramar nada en el suelo mientras intentaba cerrar la puerta, era tan graciosa la escena, que Damon abandonó el teléfono a un lado.
—¿Servicio de habitaciones? —bromeó con una pícara sonrisa en los labios, se deshizo de las sábanas y se levantó para ayudar a su hermano.
—He llamado a Tristan.
Damon le quitó la jarra de zumo y los dos vasos de cristal, que era lo único que se podía romper si Stefan hacía un movimiento brusco.
—¿Y a qué hora va a venir?
Tristan era el abogado que iba a ayudarles con el papeleo para librarse completamente de Lily Salvatore y acceder así a la herencia de la familia sin ningún tipo de obstáculo, pues Giuseppe, años atrás, había dejado por escrito que la persona encargada de controlar el dinero debía ser la tutora, y que los chicos no podrían acceder al dinero ni a las tierras hasta que fueran mayores de edad, Damon había pasado de todo cuando cumplió los dieciocho, pues no quería saber nada del apellido Salvatore, pero ahora que Stefan también era mayor de edad y que ambos necesitaban un sustento para seguir adelante, lo mejor era ir firmando papeles cuanto antes.
—Dentro de una media hora, más o menos —soltó la bandeja encima de la mesita de noche y tomó una de las tostadas con mermelada—. ¿Te pierdes algo interesante en clase?
"Elena".
—No, nada que no pueda esperar.
—¡Pues a desayunar, que el día que nos espera no va a ser agradable!
Damon soltó una carcajada al ver el entusiasmo que ponía Stefan a todo el asunto desde tan temprano, sabía que tenía que ser duro para él perder a su madre de la noche a la mañana y aunque Damon intentaba ser comprensivo, no le salía, no cuando se trataba de esa zorra que no había hecho otra cosa que joderles la vida a él, y a su madre antes del accidente.
Estaban terminando de desayunar cuando el teléfono de Stefan sonó con una melodía que bien podría haber sido creada para provocar una enfermedad auditiva, pues Damon a dejó con una muy mala cara quitándole incluso las ganas de seguir comiendo. Pero la cara de extrañeza de su hermano fue suficiente para que el ojiazul no hiciera ninguna broma al respecto.
—¿Quién es?
Stefan se levantó de la cama y se apartó de su hermano para poder descolgar y hablar con calma.
—¿Jenna? —dudó Stefan, como si no esperase una llamada así a esa hora del día o en cualquier otro momento.
Damon se quedó quieto, como paralizado e incluso se incorporó para poder alcanzar el teléfono de su hermano y ver qué había sucedido con sus propios ojos, pero no pudo hacerlo, ni siquiera agudizando el oído pudo escuchar algo de lo que estuviera diciendo la tía de Elena.
Tampoco es que hiciera falta, pues su propio teléfono dio señales de vida minutos después de que Stefan contestara a la llamada.
—Es Grayson…
El susurro de Damon quedó en el aire, pues Stefan no parecía escucharle. Ni tampoco hizo falta, pues Grayson no tardó en gritar lo que estaba sucediendo.
Damon se quedó pálido, solo una vez se había sentido como se estaba sintiendo ahora y fue el día en que su padre le informó de la muerte de su madre. En ese momento sintió que todo se quebraba a su alrededor, que un agujero negro aparecía ante sus ojos reclamando su alma, para torturarla muy lentamente durante toda la eternidad, para recordarle que había perdido la parte más importante de su vida y que sin ella, no había un futuro agradable para él, ni ahora ni nunca.
Sí, era la misma sensación, el mismo sentimiento formándose a su alrededor, pero esta vez no era un niño pequeño que se podía refugiar en los brazos de la nada y llorar como nunca hasta que el mundo decidiera tacharlo de un caso perdido, ahora no se podía permitir ese lujo, no cuando ya no era un niño pequeño, no cuando la vida que estaba en juego era la de Elena Gilbert, la única persona en ese asqueroso que le había dado una excusa para disfrutar de la vida.
—¡Damon!
Ahí fue cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando, su teléfono estaba tirado en el suelo, él estaba de rodillas agarrándose fuertemente del pelo, tirando de él, buscando una respuesta a las miles de preguntas que se formulan en su cabeza.
—¿Dónde está, Stef…? —exigió derrotado, incluso se agarró fuertemente a la camiseta de su hermano, pero antes de que este pudiera decir nada al respecto, Damon se incorporó y se dirigió a buscar la ropa que se había quitado la noche anterior, no podía quedarse ahí de brazos cruzados, no cuando Grayson le había dicho que Elena no había vuelto a casa, que si estaba con él.
No le había respondido, pero se imaginaba que Stefan lo habría hecho por él mientras se cambiaba de ropa en el cuarto de baño, y sino, bueno él iba a ir a la casa Gilbert de todos modos.
—Damon, ¿a dónde vas?
—A buscar a Elena —apartó a su hermano y tomó su teléfono, probó a llamarla sabiendo que no obtendría respuesta—. Iré primero a su casa, a hablar con su padre. ¿Sabes si han llamado a la policía?
—No pueden hacer nada por una noche que no haya pasado en casa. Jenna creía que estaba contigo —tomó su propio teléfono y frunció el ceño al ver que tenía un mensaje de texto de Lexi—. No se habían dado cuenta de que no estaba hasta esta mañana, cuando Elena no ha cortado su despertador.
—¿Qué cojones…?
Stefan alzó la cabeza de su propio teléfono para encontrarse a Damon apretando el suyo con fuerza.
—¿Damon?
—Kai —gruñó cual animal salvaje—. Lo voy a matar. Con mis propias manos. Voy a matar a ese maldito hijo de puta —gritó mientras lanzaba el teléfono contra el marco de la cama, Stefan alucinando, dejó que Damon saliera de la habitación hecho una furia.
"Buenos días, príncipe. ¿Qué tal ha pasado la noche tu princesa? No sé ella, pero tu no vas a pasar un buen día, debes enfrentarte a Stefan. No hay alianza posible entre el B y el A. El duelo es inevitable, ¿no te parece?". -K.
Damon no podía dejar de recordar las palabras que había leído minutos atrás mientras conducía el coche de Stefan a toda velocidad, no tenía muy claro a donde iba a ir, sabía la dirección de Kai, por supuesto, pero también sabía que el chico no se estaría ocultando en su casa, sino que estaría a la vista de todo el mundo, en el mismo instituto donde sabía que era inalcanzable.
¿Qué iba a hacer cuando lo encontrase? ¿Matarlo? No parecía una opción muy segura, pues estaba claro que Kai no estaba haciendo esto solo, pero sino lo mataba, ¿qué haría? ¿decírselo a la policía?
Quizá lo mejor era hacer eso, dirigirse directamente a la comisaría y denunciar a esa sabandija, pero no había pruebas, solo un maldito mensaje de texto con doble sentido, ¿eso valdría? Lo dudaba.
Llegó al instituto, como había dado un gran rodeo, Stefan que había tomado la moto, ya estaba allí, esperándolo. Tal vez en otras circunstancias le habría regañado por coger la maldita moto con la que tuvo el accidente, pero Damon no estaba de humor para hacer de hermano sobreprotector.
—Apártate Stefan.
—He leído el mensaje de Lexi y después el de Kai, ¿se puede saber qué está pasando?
—¿Mi teléfono sigue vivo? —bromeó a regañadientes—. ¿Qué quieres que te diga? ¿No es obvio? Tienen a Elena.
—¡Quieto!
—Stefan, que me dejes de una puta… —no pudo terminar la frase, pues Kai apareció en su campo de visión, acompañado no solo de Lexi, sino también de gran parte del B y del A, que no parecían estar muy cómodos ahí, como si estuvieran en contra de su voluntad o lo que era peor, engañados por los bocazas de turno.
Damon se adelantó un paso, pero no hizo ningún movimiento.
—¡Llegáis tarde, chicos!
La voz cantarina de Kai era como un puñal en la espalda, doloroso pero inalcanzable. Kai se acercó a los recién llegados pero mantuvo una distancia de precaución.
—¿Qué está pasando…?
Damon apartó a su hermano de un empujón, antes que este decidiera actuar de hermano sobreprotector, y corrió en dirección a Parker sin ser consciente de los dos tipos duros que no conocía de nada que estaban a su alrededor. Estos no dudaron ni un segundo en atrapar a Damon.
Damon forcejeó todo lo que pudo, pero estaba inmovilizado.
—¿¡Dónde está Elena!?
—No sé de qué me hablas —sonrió burlón—. No me estoy saltando las clases para decirte dónde está tu novia. Eso es irrelevante, Salvatore.
—En cuanto me suelte, Parker, te mataré.
En muy pocas ocasiones Lexi sentía miedo, pero esta era una de esas, pues la frialdad con la que Damon había lanzado su última amenaza, como si estuviera muy seguro de lo que iba a hacer en cuanto esos imbéciles lo soltaran, que le había hecho replantearse la situación, por un momento. Pero ella no era así, si tomaba una decisión, cargaba con todo hasta el último segundo, es por eso por lo que se acercó a Kai, para ser otro foco de atención, para que Stefan se fijara en ella.
Elena iba a pagar por todo.
—Stefan. Ya sabes lo que tienes que hacer. Dos bandas, dos personas y solo una quedará de pie.
—Estáis mal de la cabeza… No voy a luchar contra Damon, Alexia. No hay bandas, ¿es que no os queda claro?
Kai y Lexi sonrieron complacidos, como si hubiesen esperado que el bueno de Stefan dijera exactamente eso.
—Esta tarde. En el gimnasio, lucha a muerte.
—Tenéis hasta las las ocho de la tarde para asimilar esto.
—Claro que sí… —escupió Damon con ira—. Suéltame, me ha quedado muy claro…
—¿Crees que no sé lo que estás pensando? —se volvió Kai cabreado—. No vas a tocarme, ¡sabes muy bien lo que pasará si haces eso! ¡Nunca la encontrarás!
Gran parte de las personas empezaron a marcharse cuando escucharon las voces de uno o dos profesores, en el patio solo quedaron Damon, Stefan y esos dos malditos psicópatas, pues los dos gorilas que mantenían paralizado a Damon se marcharon también con los demás. Stefan no estaba muy seguro de porqué Damon se había quedado tan sumiso, pero seguramente sería porque su cabeza estaba planeando la mejor forma de matar a esa rata sin perjudicar a Elena.
—Ocho de la tarde. No hagáis ninguna tontería.
Todo estaba oscuro a su alrededor, pero Elena estaba segura de que no era de noche todavía, pues podía escuchar con claridad los sonidos que emitía el día en Mystic Falls: los coches yendo de un lado a otro, dejándole claro que se encontraba en el centro del pueblo y no en su casa, una televisión encendida de fondo y un olor un tanto cuestionable, pues Elena no estaba segura de sí debía resultar agradable o no.
No tardó mucho en darse cuenta de que algo andaba mal, pues no podía recordar con claridad lo que pasó la noche pasada, tenía vagos recuerdos de cuando se despidió de Damon, del mensaje que recibió y el encontronazo con…
El encontronazo con Lexi y la breve aparición de Kai Parker. Sí, estaba empezando a darse cuenta de lo que estaba sucediendo.
El sonido de unas pisadas devolvió a la realidad a la chica. Intentó mirar por todos lados pero lo único que encontró fue una oscuridad asfixiante, quiso moverse pero tampoco lo consiguió, pues estaba inmovilizada, gritar, simplemente no era viable, pues también notaba algo contra su boca, impidiéndole incluso respirar con claridad.
Era una rehén.
Estaba secuestrada.
—Buenos días, princesa.
Damon estaba desesperado y cuando uno está desesperado hace cosas desesperadas. Tras el enfrentamiento con Kai, Damon se había visto entre la espada y la pared, cuando unos cuantos profesores de turno se le echaron encima para saber qué estaba pasando, pero es que Damon no estaba de humor para fingir que todo estaba bien, por lo que al final acabó en la comisaría recibiendo una seria advertencia que tampoco terminó muy bien, pues Stefan decidió que era el momento perfecto para denunciar a Kai Parker.
Nadie en la comisaría quiso escuchar nada más, no cuando no había pruebas claras de que Elena Gilbert hubiera desaparecido, cosa que tampoco ayudó a que Damon se calmara, pues acabó encerrado por desacato de la autoridad. Fue el abogado de los Salvatore quien lo sacó de allí.
La mañana de los hermanos Salvatore no fue para nada aburrida, si a todo eso le añadimos también la intervención de Grayson Gilbert, el cual culpaba a Damon de la desaparición de su pequeña Elena.
—Damon, tenemos que hacer algo.
—Vamos a ir a la cita, vamos a… —se pasó la mano por el cabello y tiró de él con fuerza mientras miraba a su alrededor, parecía que estaba a punto de estallar—. ¡Estamos contra la espada y la pared!
—Tenemos que pensar con la cabeza fría… tenemos que pensar como Kai.
—No se puede pensar como él. No sabemos como es en realidad. Nadie lo sabe.
—Estamos solos.
Damon dejó de escuchar a Stefan. Una sonrisa empezó a formarse en sus labios. No, no estaban completamente solos, ni tampoco estaban yendo a ciegas del todo, no cuando aún había un hilo del cual tirar. Fue a echar mano de su teléfono pero entonces se acordó de que lo había dejado en su casa, en un muy mal estado, por lo que paró a su hermano para pedirle el suyo.
—¿Para qué lo quieres?
—Para jugar —una sonrisa macabra decoró su imperfecto rostro, asustando a Stefan pero no haciéndolo dudar, pues le entregó el móvil casi sin pestañear—. ¿Kai quiere que peleemos? Pues pelearemos. ¿Kai quiere reírse de nosotros? Pues dejaremos que se ría… porque al final, seré yo quien gane.
—Damon…
—Confía en mí, vamos a matarnos esta tarde, hermanito, ¿quién ganará? Eso es lo único que debe importarte —le devolvió el teléfono y salió corriendo en dirección contraria.
Stefan lo miró marcharse para después comprobar que había hecho con su teléfono minutos atrás.
—La madre que te parió Damon…
"Soy Damon, tenemos que hablar en el mismo sitio de siempre. No me falles, por favor. Es sobre Kai. Urgente". -S.
Elena sabía que era tarde, que llevaba allí demasiadas horas para que nadie se hubiera dado cuenta de su desaparición, podía notarlo en cada músculo entumecido de su cuerpo, en la garganta reseca y en la humedad de sus ojos, había pasado demasiado allí encerrado, privada de su libertad, pero de una forma u otra, aún sabiendo que era una rehén, no estaba asustada, no cuando sabía quién era el culpable de todo lo que estaba sucediendo, Kai podía ser peligroso, mucho más que cualquiera que pudiera cruzarse en su camino, pero también era como un niño pequeño, que solo quería ganar en ese maldito juego que él había creado por lo que podría decirse que estaba casi a salvo, o por lo menos, lo más a salvo que se puede estar en las manos de un psicópata.
Elena intentaba no pensar en su familia, en sí estarían buscándola o en sí se habrían dado cuenta de su ausencia, en sus amigas y en los hermanos Salvatore, en estos últimos procuraba no pensar mucho o acabaría ahogándose, pues si Kai la había secuestrado era solo por ellos y no quería imaginarse lo mal que estaría Damon en esos momentos o en la locura en la que estaría pensando o en lo que podría estar haciendo.
Eso la estaba matando, porque lo único que veía con claridad eran sus ojos azules, ojos sumidos en una tormenta constante, en una oscuridad donde no había salida, quería salir de allí por muchas razones, pero la principal era Damon, no podía permitirse el lujo de ser salvada por el mayor de los Salvatore, no cuando era ella quien tenía que salvarlo a él, en primer lugar.
Escuchó un ruido de fondo, como el sonido de unas pisadas, pero esta vez había algo diferente en ellas, entre las pisadas pudo distinguir el sonido de unos tacones, ¿sería Lexi? pero, ¿con quién más iba?
—Oh, Dios mío… era verdad.
No conocía esa voz, no le sonaba de nada pero una parte de ella creía que sí, por eso estaba tan tensa, por eso se aferraba a todos sus recuerdos con Damon, en los buenos y en los malos, para poder calmarse, para poder sentirse a salvo, pues sabía o tenía muy claro que se había estado engañando cuando decía que Kai no era una amenaza verdadera para ella.
"Damon, te quiero".
Cuando su madre murió, Damon Salvatore dejó de verle sentido a la vida, por eso cometió innumerables locuras, todas ellas sin pies ni cabeza.
Odiar a su familia adoptiva desde el primer momento que abrió los ojos después del accidente, aceptar el maltrato de Lily creyendo que se lo merecía, pagar todos sus problemas con Stefan Salvatore y liarla parda cada vez que tenía la oportunidad en el instituto, provocando que este se dividiera en dos grandes bandas y que se enfrentaran.
Aunque claro, si lo pensaba bien, tampoco eso era su culpa, la gente se aprovechó del odio de los Salvatore para dividir el instituto.
Sea como fuere, había hecho demasiadas locuras pero se ve que no eran las suficientes, pues ahí estaba, en mitad del gimnasio preparándose para un duelo, preparándose para luchar cuerpo a cuerpo contra su hermano pequeño, el cual había recuperado hacía relativamente poco, pero esta vez la locura estaba justificada, sí, tenía una razón para hacer lo que iba a hacer, y esa razón tenía nombre y apellidos.
Elena Gilbert.
—¡Sabía que no me fallarias, Damon! —Kai se acercó hasta él, incluso tuvo el atrevimiento de palmear su espalda, Damon tuvo que cerrar los ojos y concentrarse en su misión que no era golpear a Kai hasta dejarlo seco.
No estaban solos, era algo obvio. Kai había sido de las últimas personas en llegar al gimnasio, como si temiera encontrarse con Damon a solas, pero lo que Parker parecía no tener claro es que a Damon le daba igual si había o no testigos, si quería, acabaría con él allí mismo en vez de golpear a su hermano.
Y hablando de Stefan.
Su hermano había llegado unos minutos después que él, acompañado de la psicópata de Lexi. No miró en su dirección en ningún momento, pero tampoco le molestó, iban a luchar cuerpo a cuerpo, era natural que Stefan pasara de dirigirle una mirada.
—¡Damon Salvatore!
Tanto Kai como él miraron en la dirección de la voz, Damon se quedó quieto al reconocer a Klaus allí, ¿qué hacía en el pueblo? no podía creer que la universidad le permitiera saltarse las clases cada vez que le diera la gana.
—¿Qué mierda estás haciendo? —estalló al alcanzarlo—. No me puedo creer que me haya tenido que enterar por la boca de mi novia, ¿estás mal de la cabeza? ¿lucha a muerte? ¿¡tú estás tonto!?
—No ha sido idea mía.
—Que me da igual de quien haya sido la magnífica idea —ironizó, varias personas se centraron en el recién llegado, el antiguo líder del B—. Que no somos unos asesinos a sueldo, ¡que no peleamos a muerte! ¿No me habías dicho que había un acuerdo entre tú y Stefan?
—¡Basta de hablar! —gritó Lexi con un megáfono en la mano—. Las reglas son las mismas, el primero que caiga más de tres veces está fuera. ¡Todo está permitido menos el uso de armas!
Klaus intentó parar esa locura dos veces, pero le fue imposible, ni siquiera con la intervención de Enzo y unos pocos más consiguieron entrar en razón a Damon, ni tampoco a Stefan, el cual estaba sumido en un completo silencio más que aterrador, pero Damon sabía que su hermano estaba dando las gracias al cielo de que Rebekah no estuviera allí para presenciar esa locura de primera mano.
O quizá estaba rezando para que apareciera y tuviera una maldita excusa para acabar con toda esa mierda de idea.
Tanto Damon como Stefan estaban vestidos para la ocasión, la única prenda de ropa que llevaban era un pantalón de chándal negro, por lo demás, estaban completamente desnudos, ni camiseta ni tampoco calzado, porque según las normas de las bandas, así la lucha era algo justa.
Damon lo veía como una soberana estupidez y como una forma de morir de frío antes de dar el primer movimiento, pero no puso ninguna queja, se vistió y se vendó los nudillos para no hacerse polvo las manos. Stefan hizo exactamente lo mismo.
La gente no hizo nada para frenar la pelea pero tampoco hizo nada para animar a los participantes, no estaban a favor de lo que estaba sucediendo pero ninguno se atrevía a llamar a la policía, porque aunque a Damon le jodiera, esa gente seguía siendo fiel a las bandas cuando él mismo, junto a Stefan, el mes anterior disolvió el asunto.
Damon empujó a Stefan antes de que este le golpeara de lleno en el estómago, pero aún así no consiguió que el chico perdiera el equilibrio y cayera al suelo, aunque tampoco había sido su intención en primer lugar, ahí no estaban para matar, sino para entretener a Lexi y a Kai.
Llevaban casi una hora encerrados en ese maldito gimnasio, casi media hora fingiendo que querían matarse delante de medio instituto y todavía no tenían la forma de salir ilesos de allí. Damon estaba cada vez más seguro de que había cometido un error confiando en Bonnie Bennet, era su mejor amiga, sí, pero también era la novia oficial de Kai Parker desde hacía demasiado tiempo y por más que quisiera engañarse así mismo en que si Bonnie tenía que elegir, lo elegiría a él, no servía de nada. Bonnie no había aparecido, el cuento no se había acabado.
Ni iba a acabarse.
Sumido en sus pensamientos no vio venir el derechazo de Stefan, el cual sabía que tenía que evitar pues habían practicado antes de venir aquí.
Damon acabó en el suelo.
—¡Uno a cero! ¡Va ganando el A! —gritó entusiasmada Lexi, incluso parecía estar dando saltos de alegría, Damon no podía jurarlo, ahora mismo lo único que veía era puntos de colores por todas partes, nunca le habían golpeado de esa forma, bueno, nunca se había dejado golpear así.
Pudo ver la cara de pánico de Stefan cuando dos del B ayudaron a Damon a incorporarse, estaba claro que su cara no había acabado muy bien después del golpe, pero aún así se atrevió a sonreír.
Y continúo el espectáculo, por lo menos ese error de cálculo había servido para que Kai se creyera del todo el teatro que estaban montando.
El sonido de las sirenas de los coches patrulla fue lo último que escucharon antes de que Damon se lanzara contra su hermano, hasta tirarlo al suelo. Ese sonido era la señal que ambos hermanos estaban esperando para acabar con esa pantomima de una vez por todas. Cosa que hicieron de inmediato.
—¡Alto policía!
Nadie se movió, no porque no se esperasen la entrada de la policía sino porque no había otra salida que no fuera atravesar a los agentes de policía y ninguno estaba dispuesto a hacer ninguna tontería para escapar de allí.
Damon se incorporó y ayudó a su hermano a levantarse, Kai como Lexi estaban en silencio, pues no podían imaginarse que si la policía estaba allí no era por el caos que estaban montando, sino por secuestro.
O eso esperaba Damon.
—Malachai Parker —se acercó la sheriff—. Queda detenido por secuestro y amenaza verbal, tiene derecho a permanecer en silencio, tiene derecho a un abogado…
Damon salió corriendo en cuanto escuchó la palabra "secuestro", sabía que Stefan le seguiría de cerca por lo que no comprobó si estaba a su alrededor. En cuanto salió al exterior reconoció a su amiga, Bonnie, que estaba junto a otras dos chicas, Katherine y Caroline, verlas allí era una buena señal, se dijo Damon, mientras las alcanzaba.
—¿Y Elena…?
—Está allí —le informó Bonnie—. En cuanto fuimos a comisaría nos retuvieron allí hasta que viniera su familia. Siento el retraso.
—No lo sientas, Bon.
Tiró de la chica para poder abrazarla con fuerza, odiaba ponerla en esa situación tan complicada, pero es que ella era su última esperanza, cuando quedó con ella y le dijo lo que estaba pasando sabía que podía pasar cualquier cosa, que su amiga no le creyese o que quisiera ir a matar a Kai personalmente, pero por suerte o por desgracia, se quedó totalmente paralizada, en estado de shock.
Aunque al final tuvo los ovarios de seguir su plan y comprobar con sus propios ojos como de hijo de puta era su novio.
—Anda suéltame, ve a por tu chica.
—Te quiero, Bon.
Tras un pequeño beso en la mejilla salió corriendo, toda la zona estaba rodeada de coches de policía, pero no tardó en reconocer a una persona entre los coches, una persona que también estaba desesperada buscando a alguien.
Elena estaba allí, rodeada por una especie de manta típica de las películas y con un aspecto ligeramente horrible, protegida por su padre y su tía, más dos agentes, pero estaba ahí, su princesa, a escasos metros de distancia. Una sonrisa apareció en su rostro cuando sus miradas se cruzaron, es como si el mundo a su alrededor no existiera, como si no hubiese pasado ni un segundo desde la última vez que estuvieron juntos. Iba a salir corriendo para abrazarla cuando le pareció escuchar los gritos de Stefan, no tuvo tiempo de reaccionar cuando oyó a Elena gritarle.
Lexi estaba allí con una navaja entre sus manos, quizá eso debería ser lo último que vio antes de perder el conocimiento, pero por estúpido que pareciera lo último que vio fue a Stefan corriendo para alcanzarlo y a Elena tirando del agarre de su padre para llegar hasta él.
Más tarde descubriría que Lexi nunca llegó a clavarle la navaja, que si se desmayó no era por eso, sino por el golpe que Stefan le dio en la cabeza un rato atrás, que le pasó factura en ese momento, donde toda la adrenalina acumulada desapareció.
—Damon…
"Damon"
"Damon"
"Damon, despierta…"
"Damon, te necesito".
—Estoy vivo…
—Claro que sí, tonto —todo estaba oscuro excepto por la luz que Elena emanaba o quizá es que el golpe le había afectado más de la cuenta—. Te has desmayado, pero todo está bien en ti.
—No, nada está bien. No si no estás en mi vida, Elena. No sabes lo mal que lo he pasado en estas horas.
—Pero ya ha acabado —le recordó con lágrimas en los ojos, no quería llorar pero ahora que Damon estaba bien, que todo había quedado en un susto se sentía muy frágil—. Y estamos juntos.
—Lo siento tanto…
—No te disculpes, Damon. No podías saberlo.
—No sabes lo impotente que me sentí. Quería morirme o matarlo. Sí, matarlo suena mejor.
—Kai no volverá a molestarnos —afirmó, pero Damon estaba segura de haber notado una nota de pánico, de duda, por lo que buscó la mano de Elena y la apretó con fuerza, para captar toda su atención.
—Lo prometo. Haré todo lo que esté en mi mano para que ese cerdo no vuelva a molestarnos.
Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro cansado de Elena, miró al frente un momento para reconocer la figura de su padre acompañado de otra persona que Elena tardó en reconocer, su madre.
—Tengo miedo…
—Elena, no va…
—No, no hablo de lo que ha pasado —le cortó sin mirarle—. Tengo miedo de que mis padres quieran llevarme lejos, Damon.
El chico no respondió de inmediato, pues no estaba en su mano elegir sobre lo que sus padres querían, pero lo que si podía hacer era demostrar al mundo entero que estaba enamorado de ella, que estaba dispuesto a dar su vida por la de la chica, ahora, mañana y siempre. Y su definición de siempre era "siempre".
Estaba dispuesto a combatir, no contra el amor como siempre se había dicho que haría, sino con el amor, porque a fin de cuentas, el amor de Elena era lo que le había hecho seguir viviendo, era lo que le había hecho replantearse todo lo que creía, le había hecho abrir los ojos, ver que el mundo le estaba dando una oportunidad maravillosa que no podía desperdiciar.
—Te amo, Elena Gilbert.
—Te amo, Damon Salvatore —sus palabras se perdieron contra los labios de Damon pero a ninguno de los dos le importó, porque ya habían luchado suficiente, ahora tocaba rendirse, no a la vida, sino al amor.
"¿Qué importa lo que piensen los demás si nuestros corazones van al unísono, princesa?"
FIN.
Toda historia merece un Epílogo, la nuestra también, ¿no, Damon?
