Atención, violencia explícita... ya les avisé.
Capitulo 29
—ya se de donde saque lo bipolar— susurro mientras Severus le curaba el labio mordido, hizo más presión de la necesaria con la mano mientras aplicaba la poción curativa provocándole mucho dolor, por fin la chica pudo liberar algunas lagrimas de impotencia, rabia y dolor.
—debes controlar mas tu carácter Wilhemina— susurro preocupado, sus ojos la miraron fijamente, había una mezcla de dulzura y preocupación, y muy al fondo estaba enojado con ella.
—pero…no voy a mentir, no voy a serle hipócrita— reclamo y quito el trozo de gasa empapada que contenía el sangrado que ya se había detenido, Severus se alejó mientras guardaba su botiquín –Sev ¿estas enojado conmigo?—
—te debería preocupar más que tu padre esté enojado contigo— contestó sin siquiera voltear a verla, eso si le dolió a la muchacha y tontamente sus ojos comenzaron a derramar lagrimas.
— ¡a mi me importa que no te enojes conmigo! – contesto en un puchero y se encerró en el baño, estaba hecha un desastre, no recordaba nada del castigo pero su cabello está alborotado, una fea marca en el cuello amoratado y el labio ya menos hinchado, se arreglo lo mejor que pudo, cuando salió a la recamara la esperaba de pie en la puerta, avanzo hacia él buscando un abrazo, la evito abriendo y cediéndole el paso, con pasos rápidos la hizo seguirlo hasta unos pasillos fríos y húmedos, entraron por una puerta de madera y un enorme calabozo adecuado como área de combate domino su perspectiva, al lado izquierdo, unas gradas, y más al fondo unas jaulas con personas dentro; sin tocarla le indico que camino seguir, ahí estaban Nagi y su padre como si nada hubiera pasado, Wilhemina tomó asiento al lado de la semidiosa todavía enojada con su padre que la miro e hizo un gesto de fastidio.
— ¿Siempre es así Severus?— pregunto claramente molesto.
—Por ahora está tranquila mi Señor— contestó con su típico tono enfadado –a veces es peor— Voldemort volteo a mirarla incrédulo.
—Te lo dije— susurro arriesgándose a otro crucio pero en ese momento no pasó nada.
Las gradas poco a poco se fueron ocupando, magos y brujas que previamente estuvieron en la sala de juntas o en los jardines entraron, muchos de ellos emocionados, sin duda sabían de que se trataba pero Mina seguía sin entender nada.
—Estos son sus prisioneros— dijo en voz alta su padre cuando las gradas se encontraban ocupadas en su totalidad –esos traidores a la sangre se atrevieron a levantar sus varitas en contra de ustedes, de nuestra causa— la jaula que mantenía a los prisioneros encerrados comenzó a avanzar quedando frente a las gradas, los mortífagos comenzaron a arrojarles cosas que la pelirroja no supo de donde sacaron –la vida de esos traidores está en sus manos… Bellatrix— siseo y la bruja se levantó de inmediato –dime quien de ellos te pertenece—
— ¡Esa traidora!— grito la mujer señalando a una chica aparentemente de la edad de Mina que la miraba aterrada – ¡se atrevió a levantar su varita en mi contra cuando por órdenes de usted destruía barricadas y celdas de seguridad!—
— ¡Mataste a mi hermana!— grito desgarradoramente la muchacha – ¡la mataste aunque ella te pedía piedad!— Voldemort miro a Bellatrix.
—su gemela mi Amo y Señor, la probaba con un crucio pero esta traidora intervino— los negros ojos de la Sra. Lestrange centelleaban – ¡la hermana me pidió clemencia, que pidiera por ella ante usted…!— señalo furiosa a la chica – ¡pero esta maldita intervino, por ella tuve que matar a una servidora potencial mi señor!—
—Haz lo que debas hacer— siseo y Bellatrix bajo casi de un salto, un par de mortífagos sacaron a tirones a la chica y la arrojaron al piso.
—Mira y aprende— ordenó el Lord a su hija, que solo bufó desparramándose en el asiento con gesto de fastidio.
Era obvio que la bruja pretendía lucirse frente a todos, primero hizo levitar a la chica, la pobrecilla daba gritos desgarradores mientras giraba velozmente en el aire como si estuviera atada a las aspas de un ventilador, su verdugo la detuvo repentinamente y la muchacha se retorcía como queriendo zafarse de unas cuerdas invisibles que la ataban por la cintura, un golpe invisible la pego contra el techo del calabozo, el hechizo usado por Bellatrix la hizo abrir piernas y brazos como si se encontrara encadenada, por el lugar donde estaban no podía escuchar los conjuros usados, pero hubiera sido inútil, la turba de seguidores del Lord gritaban enardecidos, a excepción de Severus y otros dos magos que solo miraban la dantesca imagen, Nagi sonreía discreta y su padre miraba todo en silencio, con un brillo diabólico en sus ojos de serpiente, la chica debía esconder la repugnancia que le causaba el espectáculo.
El ruido de tela rasgada llego a sus oídos y trozos de tela cayeron sobre varios presentes, la muchacha ahora estaba totalmente desnuda y con movimientos de su varita, Bellatrix guiaba al petrificado cuerpo arrastrándolo por el techo irregular, provocándole a la muchacha gemidos de dolor; un rugido por parte de los mortífagos mas jóvenes distrajo a Wilhemina, cuando volvió a poner atención, la joven prisionera se encontraba de pie sobre el techo, sus pechos y el cabello colgaban por efecto de la gravedad, sus brazos también colgaban y el llanto era conmovedor, algo goteaba pero Mina no pudo apreciar bien sino hasta que enfoco la mirada, una gran cantidad de clavos mantenía a la muchacha pegada al techo, sus pies sangraban atravesados por decenas de clavos oxidados que Bellatrix conjuró de algún sitio insalubre.
— ¡piedad!— grito la muchacha con la garganta desgarrada, colgando como lámpara del techo, con sangre escurriendo desde sus pies, dejando un camino color carmesí por sus piernas, muslos, vientre, goteaba el rojo liquido por los senos, por los brazos y la sanguinaria bruja abría la boca atrapando algunas de las rojas gotas en sus labios, paladeándolos, degustando como si fuera un vampiro.
El grupo de mortífagos jóvenes comenzó a gritar "crucio", maldición por la cual era famosa Bellatrix, y no dudó en complacer a su publico… la pobre adolescente comenzó a retorcerse, clavaba sus uñas en sus brazos, en sus pálidos pechos haciéndolos sangrar, arranco trozos de piel de sus muslos, en una de esas convulsiones agonizantes arranco uno de sus pies del techo, dejando pedazos de hueso y carne, colgando del techo como muñeca en posición obscena, sangrando a chorros, gritando y pidiendo piedad… mordió su lengua y el trozo cayó a los pies de la mujer que la castigaba, de pronto la muchacha comenzó a convulsionar con más fuerza, apretó ambas manos en su pecho, su piel se tornó de pálida a azulosa y sus ojos comenzaron a salirse de sus orbitas, abrió la boca buscando absorber mas aire para sus pulmones, y sin más se quedo pendiendo de su lastimado pie, con los brazos colgando laxos, muerta; fastidiada Bellatrix la hizo caer zafando los clavos que la mantenían en el techo, el cuerpo cayó haciendo un ruido sordo.
—Mucho teatro— susurro y Nagi le dio un pellizco para que se callara, más su padre alcanzó a escuchar la critica.
— ¿Teatro?— le miro fijamente — ¿qué es lo que prefieres mi nena?— sonrió burlón, todas las miradas, incluida la de Severus estaban posadas en ella.
—Es muy fácil abusar de un indefenso— miro con asco a la pelinegra – no hay nada como un buen duelo, medir sus capacidades, demostrarle al enemigo que eres más poderoso que él— Severus entornó la mirada, la pelirroja se dio cuenta que habló de más.
—un duelo… ¿un duelo?— su padre susurraba, Nagi le dirigió una mirada de burla y los mortífagos comenzaron a gritar en una voz — ¡duelo!— Mina suspiro con fastidio y espero la orden de su padre.
—¿Has tenido que defenderte en un duelo para salvar tu vida?— negó en silencio sacudiendo sus cortos rizos –entonces mi pequeña, esta es tu primera vez, aquí perderás tu virginidad duelística— Mina torció los labios ante su comentario con doble sentido, él sonrió y se puso de pie –¡traigan a la auror!— ordeno y sacaron a una mujer como de treinta y tantos años, que se revolvía furiosa, era obvio que no le temía nada al Lord o a sus seguidores –ese precioso ejemplar, mi nenita… hirió a tu querido tutor— de reojo la joven miró a Severus que asintió y luego vio a la mujer que forcejeaba con sus captores –mátala o muere— una sonrisa torva floto en los labios de su padre, Wilhemina suspiro y bajo al campo de duelo, el cuerpo de la chica lo retiraban en ese momento y sintió el piso pegajoso por la sangre vertida.
—Así que tu heriste a mi tutor— aseguro mirando de frente a la auror que le devolvía la mirada con asco mientras levantaba una varita que le habían arrojado –no sabes con quien te metiste basura traidora— ocultar a su padre que deseaba destruir a la mujer por el simple hecho de haber lastimado a Snape costó mucho esfuerzo y concentración; señalo a la mujer con su varita, no se decidía entre darle un buen show a su padre o terminar pronto con el asunto.
—Niña imbécil— gruño y la apuntó con su arma, no dijo el conjuro, así que tuvo que moverse rápido, una serie de cortes hicieron brotar un poco de sangre del brazo, le costó caro ese segundo de duda.
— comenzamos a jugar rudo traidora— respondió sonriendo, al momento cuatro pelirrojas idénticas salieron detrás de ella –veamos como juegas con nosotras— siseo y las copias la rodearon, la auror lanzó un hechizo que hizo a una de las dobles caer, segmentó su rodilla y la bruja confundida vio como la doble de su contrincante se desvanecía en el aire mientras la pelirroja le ataco por la espalda y derribándola con un fuerte golpe en la espalda al mejor estilo del fútbol americano, cayo de frente y rodó mientras le lanzaba un silencioso Sectumsempra, las tres copias restantes convocaron un serpensortia cada una, tres enormes serpientes rodearon a la auror y una de ellas la aprisiono de las piernas, la pobre mujer se defendía furiosa, primero desvaneció a una de las serpientes, a otra la degolló y a la ultima le clavó la varita en el ojo, Mina y sus copias ataron a la mujer con un simple carpe retractum, separaron sus brazos y piernas dejándola indefensa; reflejando en su mente un odio que recién había comenzado a sentir hacia la humanidad Mina lanzó un fuerte crucio a su contrincante, esta comenzó a retorcerse, pero su espíritu fuerte y combativo la hizo aguantar un par de minutos, tiró con fuerza de uno de sus brazos haciendo tambalear a una copia, derribándola y tomándola por el cabello logro zafar su otro brazo, con un accio recuperó su varita y desapareció a las replicas.
— ¡no juegas nada mal!— dijo con voz entre cortada, escupió un poco de sangre –pero es hora de ponernos serias— Wilhemina sonrió satisfecha y pensó en darle a su padre una demostración en vivo de sus poderes utilizados en la prisión —por lo que escuché...eres la bastarda de la que todo mundo habla— hizo una mueca que intentó aparentar ser una sonrisa torcida —quiero ver la reacción de tu padre cuando acabe contigo ¡monstruo!—.
— ¡Dudo mucho que logres tocarme de nuevo!— grito— ¡eres una traidora a la sangre, a la herencia mágica y no mereces vivir! ¡Por ahora dime! … ¿cuales son tus pecados?— la bruja la miro confundida y Mina aprovecho ese segundo lanzándole un conjuro para desarmarla, un suave bombarda que le destrozo la mano y la varita saltó aun sujetada por la mano mutilada a un buen par de metros de ambas.
—¡maldita!— grito la mujer presionando el muñón sangrante, cuando se dio cuenta ya tenia encima de ella a la hija del Lord que la miro a los ojos, no era la primera vez que escuchaba ese conjuro, sabía de su existencia más nunca pudo realizarlo — Repercussus ex intueri — para ser auror tenia un pasado oscuro y truculento que la hizo gritar y revolverse entre los delgados brazos tratando de zafarse, cayeron al suelo, Mina la montó a horcajadas evitando que se liberara con los ojos violetas fijos en los de ella… comenzó a quemarse por dentro; Wilhemina se puso de inmediato de pie –aqua redemptio— grito lanzando un brillante rayo azul con su varita y la bruja comenzó con el ya conocido regurgitar de agua, no perdió la razón completamente por el primer hechizo, ya que se revolcaba y estiraba buscando aire, como un murmullo sordo escuchaba los gritos en la tribuna –finite— se detuvo y la bruja se quedo quieta, sentada en el piso esperando su muerte.
—te atreviste a lastimar a Severus Snape, y por él soy capaz de todo— murmuro tan bajo que solo la condenada a muerte podía escucharla, su cabeza comenzó a hincharse, a llenarse del agua que no podía sacar, dio un grito agudo clavando sus uñas en el cuero cabelludo buscando aliviar esa presión, olvidándose de que se desangraba por la mutilación de su mano.
—redemptio ignis— disparó Mina, tras el impacto de un rayo ahora rojo, salido de la varita de la pelirroja, un vapor maloliente brotó de la boca, nariz y oídos de la empleada del ministerio; se retorcía, gritaba palabras ininteligibles, comenzó a salir una flama de sus orejas; se convirtió en un montón de cenizas.
—y esto, querido padre… es un duelo para mi— avanzo petulante sacudiendo las pocas cenizas de la mujer que se adhirieron a la parte baja de la larga falda de su vestido – se que eres un gran duelista, y deseo nunca tener que comprobarlo— sonrió ante el gesto de los presentes –y si eso lo hice porque esta maldita se atrevió a lastimar a mi ex tutor… imagina que haré a quien se atreva intentar hacer algo en tu contra… papá— dulcificó su gesto y como una chica que recién cantó en el recital escolar, tomó asiento al lado de Nagi que la miraba sonriente y también satisfecha.
