Just Nature


CAPÍTULO XXIX: ¿ES UNA BROMA?


Entró en la cafetería paseando la mirada de manera aparentemente tranquila entre todas las personas que había desayunando. Después frunció el ceño, poniendo los brazos en jarra, y se giró hacia la barra debatiéndose sobre qué hacer primero.

- Desayuno – murmuró con aire perezoso.

Se acercó al mostrador ocultando un bostezo tras su mano, pidió un par de cosas para llevar, y mientras se las preparaban se tiró de la chaqueta de su uniforme, acomodándosela, y se giró después apoyándose sobre la barra con los codos, observando a Squall y Rinoa desayunando con Aura y Selphie en la mesa de siempre. Algo más lejos podía ver a Zell hablando animadamente con Jo, y también la forma de los hombros de Seifer casi al fondo del todo.

Llenó los pulmones de aire, e inclinó un poco la cabeza hacia un lado haciendo un leve balance de lo que le esperaba a partir de ahí.

- Aquí tienes – dijo una voz tras ella, y Quistis se giró con una sonrisa para recoger su desayuno. Después se giró de nuevo hacia el resto de la sala, de nuevo cogió aire, y comenzó a caminar hacia la mesa de siempre.

Selphie fue la primera en verla, y la miró sorprendida antes de saludarla.

- ¿Vuelves de alguna misión o algo oficial? – le dijo sonriendo, haciendo un gesto hacia su uniforme.

Squall dejó escapar una risa seca y malhumorada sin levantar los ojos hacia ella, y Quistis caminó junto a ellos y directa hacia Aura para saludarla permitiendo que rodease su cintura con ambos brazos y besar su cabeza.

- He tenido un pequeño accidente en la lavandería – mintió. Después Rinoa movió su silla para hacerle hueco, y ella negó con la cabeza sonriendo amablemente -. Lo he pedido para llevar, tengo que hacer algo antes – le dijo, levantando en el aire la bolsita de papel que le habían dado las camareras.

- ¡Desayunar juntos y tranquilos es importante, Quisty! - le recordó Aura en su mejor tono de niña responsable.

- Lo sé, cielo. Mañana desayunaremos todos juntos – le prometió, y después se giró hacia su padre -. Squall, ¿tienes alguna reunión o algo después?

Squall la miró aún con cara de pocos amigos, y le aguantó la mirada un instante antes de negar con la cabeza.

- Vale, tengo que ir a llevarte unas cosas, pasaré antes de almorzar – le dijo.

- ¿Qué cosas? - le preguntó él frunciendo el ceño un poco más antes de volver a beber de su taza de café.

Ella también lo miró frunciendo el ceño, y se encogió de hombros.

- Cosas – dijo simplemente - ¿Te pasa algo?

Sabía perfectamente lo que le pasaba, pero prefería llevar su atención hacia aquello antes de que se quedasen con el detalle de que no quisiera decirle a qué iba a ir a verlo.

- Has rechazado las últimas... ¿quince misiones? - preguntó, como si hubiese perdido la cuenta – Y sabes que solo puedes rechazar un máximo del veinte por ciento del mes anterior.

- ¡Uau! – exclamó Selphie con la boca llena de cereales - ¿El mes pasado hiciste más de cien misiones?

Los tres la miraron en silencio, y Rinoa dejó escapar una risilla en voz baja.

- Quince no es el veinte por ciento de más de cien, si no de 75... - le dijo Quistis, apoyando un puño en su cadera -. Y no, tampoco hice 75 misiones.

- Menos mal que aún me quedan SeeDs más responsables y formales en los que confiar – dijo Squall alzando la barbilla y dejando la taza vacía sobre la mesa.

Miraba al frente, más allá de Quistis, y ella pudo imaginar a quién se refería antes de que Seifer pasase a su lado sin tocarla ni decir nada, como si ni siquiera la hubiese visto. Paró un segundo ante Squall, y le dio algunos papeles un poco arrugados. Después se metió las manos en los bolsillos de la gabardina y continuó caminando hacia la salida sin decir nada a nadie.

- ¡Podrías tratar un poco mejor los informes! - le dijo Squall alzando la voz mientras lo observaba alejarse.

Seifer levantó un puño junto a su cabeza del que tan solo sobresalía el dedo corazón, y Quistis dejó escapar una risa escueta.

- Sí, menos mal que aún te quedan SeeDs responsables y formales... – comentó mirando a Squall de manera burlona.

- Por lo menos acepta cada uno de los trabajos que le propongo – murmuró, estirando aquellos folios sobre la mesa e intentando alisarlos.

Era cierto que Seifer se había lanzado sin pensárselo a por cualquier misión en los últimos casi dos meses, y Quistis debía reconocer que gracias a eso había conseguido un mínimo de tranquilidad después de la última conversación que habían tenido. Sin embargo aquella tranquilidad también le había proporcionado mucho tiempo para pensar en demasiadas cosas.

- Bueno, te veo luego – le dijo, pasando junto a ellos y poniendo una mano sobre el hombro de Squall antes de irse.

Caminó en silencio hacia la salida, viendo aún la forma de Seifer andando a varios metros de distancia, y se quedó parada en mitad del pasillo principal de la planta baja, viendo cómo se alejaba en dirección a los dormitorios. Dejó escapar un suspiro resignado, y después se giró en dirección a la enfermería.


Cuando entró no vio a nadie, y Quistis miró a su alrededor preguntándose donde estaría Kadowaki.

- ¿Hola? - dijo en voz alta, y oyó un golpecito bajo la mesa y un gemidillo molesto. Después aquella mujer salió de debajo de la mesa murmurando alguna que otra palabrota.

- ¡Quistis! - exclamó cuando la vio, con una amplia sonrisa en los labios.

- ¿Qué hacías ahí abajo? - le preguntó frunciendo el ceño, mientras aquella mujer se sacudía las rodillas y se estiraba la bata blanca.

- Algo no hace contacto como toca, el monitor de este trasto se apaga cada dos por tres – dijo malhumorada -. ¡Como si no tuviese suficientes cosas que hacer!

Después la miró volviendo a sonreír, y le hizo un gesto con la mano como invitándola a que se pusiese cómoda.

- Hace tiempo que no pasas a verme – le comentó, sentándose en su silla - ¿Va todo bien?

- Bueno, ¿si alguien no viene a la enfermería no significa precisamente que todo va bien? - preguntó Quistis sonriendo y sentándose también frente a ella, al otro lado de su escritorio.

Kadowaki hizo un gesto alzando las cejas y asintiendo, como dándole la razón.

- Pero a veces pasas a saludar o a ver si necesito una ayuda – le dijo -. No eres de las que viene solo cuando hay problemas.

- He estado liada – le mintió encogiéndose de hombros.

Kadowaki dejó escapar una carcajada sarcástica, y removió algunos papeles y manuales que tenía sobre la mesa, entre un caos y desorden bastante descontrolado.

- ¿Me lo dices o me lo cuentas? - le preguntó – Ha habido un brote súper tonto de intoxicación química entre el personal de mantenimiento, he tenido a Zell tres veces con indigestión en las últimas dos semanas, toca campaña de vacunación para los cadetes nuevos en dos días, ...

- ¿Y si pides que contraten a alguien más para echarte una mano? - le preguntó Quistis, observando el montón de informes que se acumulaban sobre el escritorio.

- Cid ya está buscando a alguien, pero quieren que esté especializado en pediatría – refunfuñó - ¿Hay algo menos necesario en una academia militar? Me da en la nariz que Rinoa y Squall han tenido mucho que ver en el asunto.

- Auri no es la única menor en el Jardín, cada año llegan cadetes muy jóvenes – le recordó Quistis -. Y Squall y Rinoa no son los únicos que han tenido hijos en estos diez años. Si no recuerdo mal hubo un par de SeeDs que se fueron hace años porque esperaban un bebé, y una de las chicas de la cafetería también tuvo una niña no hace mucho.

- Esa chica vive en la ciudad aunque trabaje aquí – le recordó Kadowaki -, y yo creo que hasta la fecha lo hemos hecho bastante bien con Auri y con los cadetes más jóvenes.

Quistis la miró de manera extraña, y sonrió. Después se encogió de hombros.

- Yo no creo que sea mala idea – dijo en un tono casual.

Kadowaki negó en silencio, y después cogió varios de los informes que tenía en frente.

- Aquí no hay ni un solo parte de ningún menor – le aseguró -. Lo que necesitamos es alguien capaz de tratar a adultos. Eso y cruzar los dedos para que las mujeres de esta academia no se vuelvan locas y empiecen a traer niños al mundo como si no hubiese un mañana.

Quistis no pudo evitar reír en voz baja, y decidió que sería mejor ahorrarle a aquella mujer seguir haciendo comentarios de los que seguramente se arrepentiría tarde o temprano. Se metió una mano en un bolsillo, sacó una pequeña pieza alargada y cilíndrica de plástico, y la dejó sobre su mesa.

Kadowaki la miró en silencio, y se incorporó un poco sobre la silla para cogerla. Observó en silencio aquel aparatito, reconociendo lo que era y lo que significaba de inmediato.

- ¿Es una broma? - le preguntó muy seria, frunciendo el ceño.

Quistis sonrió, y simplemente negó con la cabeza.

Kadowaki volvió a mirar aquel test de embarazo, y después se movió sobre la silla como acomodándose, dejando escapar un suspiro cansado.

- ¿Dónde lo has encontrado? - le preguntó mirándola a los ojos - ¿Es de una cadete? Dime por lo menos que es mayor de edad...

Quistis volvió a reír en voz baja, y se puso de pie mientras comenzaba a aflojarse la corbata del uniforme.

- Es mío – dijo con tranquilidad, desabrochándose la chaqueta después.

Kadowaki la observó en silencio, muy seria, como si no acabase de entenderla. Después volvió a mirar el test pensativa, y se apartó un poco de la mesa haciendo rodar su silla hacia atrás.

- Espera, espera... - le dijo, poniendo una mano entre ambas. Después volvió a quedarse un buen rato pensando, mirado hacia el suelo - ¿Como que es tuyo?

Era más que obvio que lo último que Kadowaki parecía esperar era una noticia así viniendo de alguien como ella.

- Pues eso, que es mío, y hecho a propósito, así que deja de mirarme así – le pidió, dejando la chaqueta de su uniforme sobre el respaldo de la silla y apoyando sus manos sobre sus caderas.

- ¿Como que hecho a propósito? - le preguntó Kadowaki después, claramente más confusa.

- Vengo a solicitar una analítica más completa y el informe médico – le dijo, desabrochándose el puño de la manga de la camisa y empezando a arremangársela enrollándola hacia arriba.

- A ver, que estas cosas a veces fallan... no nos pongamos en lo peor. - comenzó a decir Kadowaki, mirando aquel test como si aún no terminase de entender la situación.

- Ya te lo he dicho, no ha sido ningún accidente – le aseguró Quistis -. Hace meses que lo estoy intentando y ese es el segundo test que he hecho. Solo vengo a por el informe médico para pedir a Squall una reubicación dentro del Jardín.

- ¿El segundo? - le preguntó, ella asintió, y después la mujer tragó saliva y la miró frunciendo el ceño - ¿Y desde cuando...?

- Casi tres meses – dijo con aire distraído. Después la miró cruzándose de brazos - ¿Tan extraño te parece?

- ¡No, por Xian! - dijo Kadowaki de repente, poniéndose de pie y acercándose a ella – Es solo que...

Volvió a mirar a su alrededor, pensativa, y después la miró a los ojos y le sonrió con cierto aire avergonzado mientras le ponía una mano sobre un hombro.

- Perdona, es solo que no me lo esperaba – dijo con sinceridad. Después miró a su alrededor, y le hizo un gesto hacia el fondo de la consulta -. Pasa, será un pinchacito de nada.


Se ajustó la corbata mirándose en el reflejo de las puertas acristaladas del ascensor, y después se rascó el brazo justo en el punto en que se doblaba el codo, sintiendo la tirita que Kadowaki le había puesto. Repasó los datos de aquel informe, y cogió aire mientras esperaba que el ascensor llegase a su destino.

Después de haberle asegurado a Rinoa que no había ocurrido nada más con Seifer, ella insistió un par de veces en hablar del tema, y no desaprovechaba cualquier ocasión para recordarle lo que había ocurrido, y también que debía significar algo. Squall sin embargo no le había dicho nada al respecto, y siempre que Rinoa intentaba hacer algún comentario sobre Seifer él solía ignorarlas por completo.

Sin embargo, sabía que ninguno de los dos era lo suficientemente idiota como para poder convencerlos de que no había relación alguna entre aquel informe médico y él.

La cabina de metal se paró, y las puertas se abrieron.

Frente al despacho de Squall, Edea y Cid hablaban distraídamente con el comandante. Los tres miraron hacia ella, y Cid y Edea le sonrieron, mientras que Squall mantuvo su famosa cara de póquer. De póquer enfadado.

- Quisty, cielo – la saludó Edea, abrazándola y acariciando después su cara.

- Pensaba que no tenías ninguna reunión – dijo Quistis mirando hacia Squall -. ¿Vuelvo luego?

- No, ya hemos acabado – le dijo Squall, señalando hacia unos papeles que Cid tenía entre las manos -. Solo han venido a buscar algunos presupuestos de - la miró, y después se encogió de hombros -... Qué más da, pasa...

Entró a su despacho, y Cid y Edea se despidieron de ella y comenzaron a caminar hacia el ascensor. Sin embargo, justo antes de entrar Quistis se giró de nuevo hacia ellos, con la mano apoyada en el pomo de la puerta.

- Mamá Ede – dijo, haciendo que se girase hacia ella mientras las puertas del ascensor se abrían - ¿Recuerdas aquellas cositas que hiciste cuando Auri nació? Las mantas y los baberos y todas aquellas cosas...

- Claro – dijo Edea con una sonrisa dulce en los labios, subiendo al ascensor.

Quistis también le sonrió, y asintió después un par de veces.

- Pues prepara hilo y agujas – le dijo -. No me voy a conformar con menos que Rinoa.

Edea frunció el ceño, y Quistis le guiñó un ojo. Después aquella mujer la miró muy seria, empezando a entender más o menos por dónde iban los tiros, y las puertas del ascensor se cerraron justo cuando Quistis desapareció tras la del despacho de Squall.


Squall ya estaba sentado y reorganizando papeles para decidir su siguiente prioridad, y Quistis lo miró sintiendo un poco de pena. Aquella parecía ser su única función en los últimos años, y se preguntó si echaba de menos la emoción y el peligro de las misiones reales.

Se acercó a su escritorio, y tendió el informe ante él.

Squall lo cogió al mismo tiempo que con la otra mano apartaba otro papel, leyéndolo por encima, y dejó el que Quistis le había dado a un lado.

- ¿Y bien? - dijo Squall, aún con la mirada sobre aquel otro papel - ¿De qué se trata?

Evidentemente, esperaba que bastase con prestarle atención a medias para terminar con aquella especie de reunión y seguir con el resto de sus cosas.

- Quería hablar contigo sobre mi antigua licencia de instructora – le dijo ella simplemente, esperando captar su atención.

Cuando dijo eso, Squall la miró moviendo tan solo los ojos hacia ella, con el ceño fruncido.

- ¿Es eso? - le preguntó, soltando aquellos papeles y entrelazando los dedos de ambas manos ante él - ¿Ya no te interesa seguir siendo SeeD? Podrías haberlo dicho sin más.

- No es eso – le dijo moviendo la cabeza lentamente -. Sé que te he puesto en una situación incómoda con ese asunto.

- Debería haberte abierto un expediente disciplinario el mes pasado – le dijo con tono severo -. ¿Cuántos rangos has perdido desde entonces?

Quistis levantó ambas cejas, y suspiró sin hacer ruido.

- Doce – dijo, con aire resignado.

Después lo miró en silencio durante un instante, y se inclinó un poco hacia adelante, estirando una mano y moviendo el informe médico que él había ignorado para ponérselo justo delante.

- Te pido disculpas por no haberte dicho nada antes, pero después si quieres hablaremos sobre los rangos que he perdido y el expediente que deberías abrirme – le dijo -. Primero me gustaría hablar sobre las posibilidades de recuperar mi licencia de instrucción.

Squall bajó la mirada hacia aquel papel, y después volvió a mirarla antes de cogerlo y prestarle realmente atención. Comenzó a leer el primer párrafo, después frunció un poco el ceño, y volvió a releerlo prestando un poco más de atención, como si la primera vez no hubiese entendido lo que ponía.

- ¿Qué es esto...? - le preguntó frunciendo el ceño.

- Lo pone muy claro, Squall... - le dijo ella.

Squall la miró, y después buscó en aquel informe los datos del paciente a quien pertenecía, y la miró de nuevo muy serio.

- ¿Es una broma?

Quistis negó con la cabeza, cruzando una pierna sobre la otra.

- Como entenderás, no puedo seguir ejerciendo como SeeD, así que me gustaría volver a dar clase, o al menos un puesto administrativo – le dijo, encogiéndose de hombros.

Squall negó con la cabeza, volviendo a perder la mirada sobre aquellas letras, e hizo un gesto ante ella para que dejase de hablar. Se quedó pensando durante un instante, y volvió a mirarla a los ojos.

- Quistis... - murmuró.

Se inclinó sobre la mesa, extendiendo una mano como si se la ofreciese, pero dejando la palma apoyada sobre la mesa y no hacia arriba.

- Si necesitas algún tipo de ayuda... la que sea...

Quistis se lo quedó mirando muy seria, sin aceptar aquel gesto, aunque sin sorprenderse demasiado ante la tontería que le estaba insinuando.

- Nadie va a juzgarte, ni siquiera tiene por qué saberlo nadie más... - añadió un instante después, viendo que ella no contestaba nada.

Ella lo miró algo molesta, y se cruzó de brazos.

- Squall, no necesito ese tipo de ayuda – le dijo -... Solo quiero-

- Piénsalo por lo menos – le pidió él, sin dejar que acabase de hablar.

La mirada de Quistis pasó de la simple molestia a la indignación, y se estiró un poco más sobre su silla, claramente enfadada.

- ¿Cómo te hubieses sentido si alguien le hubiese dado ese tipo de consejos a Rinoa hace seis años? - le preguntó. Y él se apartó un poco mirándola sin entenderla.

- Es distinto... - murmuró, confuso.

- ¿En qué? - le preguntó ella.

Squall abrió la boca, después miró a su alrededor. Parecía que no entendía como podía comparar ambas situaciones, pero al mismo tiempo no encontraba las palabras adecuadas para hacérselo ver.

- Bueno, Rinoa y yo... - comenzó a decir.

Se quedó callado de nuevo, mirándola como si de repente se diese cuenta de un detalle increíblemente importante.

- ¿Seifer lo sabe? - le preguntó.

Quistis cogió aire lentamente, y después asintió.

- Pero no queremos que nadie más lo sepa – dijo. La expresión de Squall le dejó bien claro que no entendía a qué se refería, así que Quistis dejó escapar un profundo suspiro antes de seguir hablando, consciente desde el principio de que habría de justificarse por lo menos ante él y Rinoa -. Squall, no hay nada entre Seifer y yo. Yo quería tener un hijo y él se ofreció voluntario. Ni más ni menos... Y si hubiésemos ido con más cuidado, ni siquiera vosotros sabríais que es de él.

Squall la observó atónito, como si tuviese ante él a un mumba cantando ópera, y ella suspiró una vez más.

- La versión oficial será que he ido a buscar algún donante anónimo a alguna clínica de cualquier sitio – le explicó encogiéndose de hombros -. Seifer no quiere saber nada, y yo no quiero complicaciones con él...

- Pero eso es imposible - le dijo Squall. Ella lo miró casi indignada, y él movió las manos entre ambos como si no hubiese más posibilidad que la que estaba imaginando -... Quistis, vivís en el mismo sitio, sois compañeros de trabajo, os conocéis desde que éramos niños... ¿Crees que puedes hacer como si no hubiese pasado nada con él mientras ves crecer a un niño que habéis hecho entre los dos?

Quistis intentaba aparentar tranquilidad, ignorando el hecho de que ella misma se había hecho aquella misma pregunta varias veces a lo largo de aquellos dos meses. No obstante, oír aquella misma duda saliendo de otro era como dejarle más claro todavía la importancia de aquella cuestión.

- Eso no es problema tuyo – le dijo a la defensiva.

Por un instante la miró como si aquel comentario le hubiese dolido, y negó con la cabeza suavemente.

- Claro que no, es problema tuyo y de Seifer – reconoció -... Pero eso no significa que a los demás no nos importe.

La vio apretar las mandíbulas y fruncir el ceño, y después se levantó y lo miró con indiferencia.

- Solicito mi baja inmediata como SeeD, y mi readmisión como instructora – dijo alzando la barbilla ante él -. Esta noche se lo diré a los demás, así que si pudieses pedirle a Rinoa que no ponga el grito en el cielo me harías un gran favor.

Se giró hacia la puerta, y Squall la llamó por su nombre sin alzar la voz, en un claro tono de disculpa. Cuando se giró hacia él, a medio camino de la salida, él la miró en silencio un segundo antes de hablar.

- ¿Qué le digo a Rinoa? - le preguntó con aire derrotado.

- Dile que no haga ningún comentario ni pregunta que involucre a Seifer, y que le explicaré todo cuando estemos a solas – le pidió.

Él guardó silencio, pensativo, y finalmente asintió. Quistis asintió también, y se giró nuevamente hacia la puerta.

- Quisty - murmuró Squall, obligándola a girarse una vez más antes de abrir -... Enhorabuena.

A pesar de sus palabras, su expresión seguía siendo de desacuerdo. Ella le devolvió la mirada con una muy parecida, y finalmente asintió.

- Gracias... - murmuró antes de salir.


En el centro de la mesa había una botella de champán que Squall había pedido, y ninguno de los presentes sabía qué era más extraño, aquel detalle, o que no quisiera decir por qué la había pedido. Lo único que Selphie consiguió sacarle después de un buen rato acosándolo con la misma pregunta fue que tenía la sensación de que al final de la noche acabarían brindando por algo.

Quistis hablaba con Aura a ratos, mientras Selphie le enseñaba orgullosa su preciosa caligrafía escribiendo sobre una servilleta, y Rinoa no dejaba de mirar a la ex-instructora con aire suspicaz, observando la extraña sonrisa que aparecía de tanto en cuanto sobre su rostro, cuando pasaba más de cinco minutos sin decir nada, pensativa. A ratos, Rinoa también miraba hacia Squall con rencor, incapaz todavía de creer que no le hubiese contado nada más sobre eso que Quistis tenía que decirles y que evidentemente tenía que ver con Seifer.

Al pensar de nuevo en él Rinoa se giró hacia el fondo de la cafetería, y lo vio allí sentado con los pies apoyados sobre una mesa y las manos cruzadas tras su nuca, hablando animadamente con Viento y Trueno como si tal cosa, y se preguntó de qué podría ir todo aquello. Lo primero que pensó, ilusa de ella, era que finalmente habían decidido darse una oportunidad y Quistis quería hacerlo oficial entre ellos, pero Squall ya se había reído en su cara cuando se lo preguntó, así que llegado a aquel punto no sabía muy bien qué pensar.

Terminaron de cenar entre miradas extrañas por parte de Squall y Rinoa, y conversaciones y juegos amenos y animados por parte de Selphie, Quistis y Aura, mientras el recipiente de metal lleno de hielo en el que descansaba la misteriosa botella de champán formaba una mancha húmeda sobre la mesa.

En cierto punto Rinoa oyó la voz de Seifer a medida que se acercaba a ellos, regañando a Trueno por alguna tontería, y vio que la sonrisa de Quistis se tornaba algo tensa y poco natural mientras pasaba junto a su mesa. Un rato después, cuando habían pasado varios minutos después de que él se fuese, la vio moverse nerviosa.

- Bueno... - murmuró de repente.

Ni Aura ni Selphie le hicieron mucho caso, pero Rinoa puso los cinco sentidos en ella mientras la intriga se la comía por dentro.

- Chicas - dijo Squall, intentando que les prestasen un mínimo de atención, pero tan solo se giró Aura -... Selphie...

La muchacha no pareció oírlo, continuaba riendo en voz baja mientras dibujaba caritas graciosas en la servilleta. Después Squall pronunció su nombre una segunda vez, con algo más de volumen y de mal humor, y entonces sí que levantó la mirada hacia él, aun sonriendo.

Se hizo un silencio un tanto extraño, y Quistis se aclaró la garganta mientras se llevaba una mano a la solapa de su chaqueta, buscando alguna cosa en sus bolsillos.

- Bueno, sé que faltan Zell e Irvine – murmuró, sacando un sobrecito doblado que tenía el escudo del Jardín de Balamb impreso en una esquina -. Pero necesito quitarme este peso de encima de una vez.

Cogió aire, y no pudo evitar una sonrisilla extraña mirando aquel sobre.

- Antes de que empecéis a hacer conjeturas raras, esto ha sido una decisión personal – dijo lentamente, como si hubiese estudiado aquellas palabras con cuidado -, tomada con plena conciencia y sin un ápice de duda.

Selphie miró hacia Rinoa y Squall, y frunció el ceño al ver la extraña expresión de ambos. Squall se mantenía serio, aunque parecía algo nervioso mientras miraba de reojo a Rinoa, que parecía a punto de explotar.

- ¿De qué va esto? - preguntó la muchacha, sintiendo que era la única que no parecía sentir que ocurría algo extraño.

- Eso me gustaría saber... - murmuró Rinoa frunciendo también el ceño.

Quistis miró de una a otra, y finalmente abrió el sobrecito y dejó un trozo de papel sobre la mesa, en el centro. Una imagen en blanco y negro con más negro que blanco, sobre la que podía verse una forma prácticamente ininteligible, pero que todos reconocían perfectamente.

No era más que una fotocopia de la ecografía que Kadowaki le había hecho hacía tan solo unas horas, y no tenía la calidad de cualquier otra clínica con aparatos más caros y especializados que los que tenían en aquella enfermería, pero había servido para echar un primer vistazo algo burdo y borroso. Al menos, le permitiría dar aquella noticia con algo más de facilidad, o eso había pensado cuando se lo pidió después de la primera analítica.

- Esto... - dijo Selphie, alargando la mano y cogiendo aquella imagen para verla más de cerca.

Squall también alargó su mano, pero para coger la botella de champán, y comenzó a descorcharla respirando con algo más de tranquilidad, como si por fin pudiese dejar de fingir que no sabía lo que iba a ocurrir.

Rinoa sin embargo había vuelto a mirar a Quistis después de ver aquella imagen durante un par de segundos y no le quitaba ojo.

- ¿Es... una broma...? - murmuró Selphie, buscando en alguna parte algún nombre o dato que le diese más pistas para entender lo que aquello significaba.

- ¿Pedimos copas? - preguntó Squall como intentando quitar peso a la situación. Aún forcejeando con el tapón de la botella de champán.

Quistis continuaba mirando a Rinoa, y finalmente dibujó una sonrisa débil sobre sus labios y se encogió de hombros.

Después Rinoa se giró hacia la mesa en la que normalmente se sentaban Seifer y sus compinches, aunque lo había visto marcharse hacía escasos minutos, y Squall le puso una mano sobre la rodilla mientras la miraba de reojo y movía la cabeza hacia los lados.

- Pero... - murmuró de nuevo Selphie, mirando a Quistis.

Rinoa frunció el ceño, aparentemente consternada, y se inclinó sobre la mesa para quitarle aquel papel a Selphie. Observó la imagen en silencio, y después cerró los ojos sin saber muy bien qué debía hacer o decir.

- ¿Qué pasa? - preguntó Aura, mirando de unos a otros y asomándose junto a su madre para echar un vistazo a aquella imagen.

- Pues pasa que la tía Quisty va a darte un primito – dijo Squall con normalidad.

Rinoa se giró hacia él, y Selphie también lo miró con los ojos muy abiertos, como si hasta ese momento no hubiese terminado de entender nada.

Aura miró a Quistis, y sus cejas se juntaron un poco más de lo normal haciendo que un par de arruguitas confusas apareciesen en su frente.

- Pero si no... - dijo Selphie, aún un poco perdida.

- Hace tiempo que quería hacerlo – dijo Quistis encogiéndose de hombros -. Y ya que la situación no llegaba por sí sola, fui yo a buscarla.

- A ver, espera - dijo Selphie cerrando los ojos y moviendo las manos ante su cara -... ¿Nos estás diciendo que esto es tuyo?

Quistis simplemente asintió, mientras Squall iba llenando los vasos que todos tenían. Al llegar al de Quistis se la quedó mirando, apartó la botella, y cogió la botella de agua que había a medias sobre la mesa. Llenó aquel vaso, y también el de Aura.

- Osea que esto – dijo Selphie señalando la ecografía -... ¿está ahí?

Señaló después hacia el ombligo de Quistis, y esta asintió de nuevo. Selphie levantó ambas cejas y se recostó sobre el respaldo de su silla.

- ¿Pero con quien...? - dijo un instante después.

- Con nadie – dijo Quistis moviendo la cabeza hacia los lados.

La expresión de Rinoa, un tanto confusa y sorprendida al principio, fue pasando poco a poco a una algo más preocupada y levemente molesta. Aura sin embargo miraba de la cara de Quistis a su tripa, sin parecer comprender muy bien lo que su padre le había dicho.

- Ven, cielo – le dijo Squall, haciéndole un gesto con la mano para que se acercase.

- ¿Como que con nadie? - preguntó Selphie frunciendo el ceño – Esto no funciona así, Quisty. Por narices tiene que haber alguien.

- Exacto... - murmuró Rinoa, frunciendo también el ceño y cruzándose de brazos.

- La tía Quisty quería tener un bebé, así que va a tenerlo - le explicaba Squall a Aura, que se había sentado sobre sus rodillas -... Y nos está explicando como lo ha hecho ella sola.

- No se puede – dijo Aura, pensando en lo único y más básico que sabía sobre el tema -. Para hacer un bebé hacen falta un papá y una mamá...

Rinoa levantó ambas cejas, como dándole la razón a la pequeña, y Quistis sonrió y se acomodó sobre la silla.

- Fui a una clínica en Deling, pedí un donante anónimo medianamente parecido a mí y ya está – dijo sin más.

Aura miró a Squall sin entenderla, y él cogió aire y después miró hacia Rinoa.

- Creo que tenemos que explicarle un poco mejor como funciona todo este tema – le dijo, y Rinoa rodó los ojos, incapaz de creer que Squall estuviese tan tranquilo después de que Quistis les estuviese contando algo así.

Selphie dejó escapar una risa corta y entusiasta, mientras perdía la mirada frente a ella.

- Irvine y Zell van a flipar... - murmuró, sonriendo y volviendo a coger la imagen de aquella ecografía.

- Esta mañana he pedido mi baja oficialmente como SeeD, y con un poco de suerte volveré a ser instructora – comentó Quistis, como intentando pasar a la siguiente parte de aquel asunto, esperando que la noticia en sí ya estuviese superada, pero Rinoa se inclinó un poco sobre la mesa y la miró fijamente a los ojos.

- Así que ese... donante – le dijo - ¿se parece a ti?

Quistis le devolvió la mirada bastante más seria que un segundo antes.

- No lo sé, no lo he visto – dijo encogiéndose de hombros -. Solo pedí que-

- ¿Fuese alto, rubio, con los ojos verdes...? - preguntó Rinoa achinando la mirada.

- Quistis los tiene azules – le recordó Selphie, mirando la ecografía con cara ilusionada - ¿Como se supone que se miran estas cosas? Yo aquí no veo nada...

- Rubio y de ojos claros, no especifiqué nada más – dijo Quistis frunciendo un poco el ceño.

Rinoa guardó un silencio extraño, mientras Squall le hacía un gesto a Selphie para que dejase aquella fotocopia en la mesa y comenzaba a señalar lo que supuestamente debía ver en ella.

- ¿Y si no se te parece en nada más? - preguntó Rinoa un instante después, aún con un tono molesto.

- Cruzaré los dedos para que la genética se ponga de mi parte y-

- ¿Y si se pone de la de ese donante? - la cortó Rinoa.

Squall la miró de reojo, frunciendo un poco el ceño, y Quistis apretó un poco las mandíbulas mientras se hacía un silencio tenso.

- ¿Qué pasa? - susurró Aura, sintiendo que ambas parecían enfadadas.

Squall la miró, y le hizo un gesto moviendo la cabeza como si le pidiese que no dijese nada más.

- ¿Qué más da a quien se parezca? - preguntó Selphie apoyándose con los codos sobre la mesa y mirando a Quistis con cara de ilusión – Seguro que será adorable.

Quistis sintió que Rinoa se relajaba un poco, dejando escapar un suspiro algo resignado, y después ella miró a Selphie sonriendo, mientras esta la observaba en silencio con cara de cachorrillo abandonado. Quistis cogió su vaso de agua, y bebió un sorbito, sintiéndose un poco más tranquila.

Ya ha pasado lo peor – se dijo a sí misma -. Ahora solo tendrás que aguantar la regañina de Rinoa cuando no haya nadie más, pero lo entenderá...

- ¿Puedo - comenzó a decir de repente Selphie, que aún la miraba apoyada sobre la mesa con cara suplicante -... tocarte la tripa?

Quistis miró hacia el frente frunciendo el ceño, y después a Selphie como si no la hubiese entendido. Entonces recordó como fue durante el embarazo de Rinoa, y al mirar a la joven bruja vio que la miraba con una sonrisa entretenida en los labios, como si disfrutase de lo que ahora le tocaría sufrir a ella.

- No – contestó con rotundidad, mirando a Selphie como si hubiese dicho una locura.

- ¿Como que no? - preguntó Selphie incorporándose - ¡Solo un poquito!

- Selphie, no voy a dejar que me toques la tripa – le dejó bien claro, dejando de nuevo el vaso sobre la mesa.

- Por eso llevas el uniforme, ¿verdad? - preguntó Selphie - ¿Se nota mucho?

Quistis se sonrojó un poco, y después negó levemente con la cabeza.

- Da igual, no me vas a tocar la-

- ¡Pero ahí dentro hay una personita! - exclamó Selphie, extendiendo una mano hacia su cintura.

- ¿Y yo puedo tocártela? - preguntó de repente Aura, apoyándose con ambas manos sobre la mesa y poniéndose de rodillas sobre el regazo de Squall.

Quistis la miró con cara de conflicto interno, y después miró de nuevo a Selphie con una expresión un poco más molesta. Dejó escapar un leve suspiro y cerró los ojos casi derrotada.

- Si la dejas a ella me tienes que dejar a mí – le advirtió Selphie con una sonrisa triunfante.

Con que ya había pasado lo peor... - pensó Quistis.