Las suaves manos, comenzaron un lento recorrido subiendo desde la base del estómago, arrancando con cada caricia un gemido de placer, que demostraba que aunque con un inicio algo torpe iban por buen camino.
Esas manos la estaban volviendo loca, quizás todo iniciara como un ridículo ritual de invocación, pero en algún momento algo había forzado las cosas en una dirección completamente diferente — Ahhh — gimo la chica al sentir esas frías manos llegar a la base de sus senos, volviéndole arrancar otro gemido apagado, al instante que sus miradas se cruzaron.
El silencio y el rubor cubrieron por igual manera sus rostros, estaban dispuestas a dar ese paso, eran mejores amigas, incluso después de pasar a secundaria, se volvieron más unidas, siendo de las pocas de su grupo original que se seguían frecuentando.
Haiku sonrió tomando el rostro de su mejor amiga entre sus manos, cerrando de golpe los pocos centímetros que las separaba.
Los labios de Lucy tenían un sabor algo curioso, a dulce y amargo, mientras lo de Haiku podría decirse que eran salados y dulces por igual, el beso duro menos que un suspiro, pero más que la eternidad misma, logrando que la gótica de las hermanas Loud brillara intensamente debido a su rubor.
Volvieron a juntar sus labios, olvidándose del ritual, de todo lo demás, en especial olvidándose que estaban en la habitación del hermano mayor de la pequeña Loud, en ese momento solamente eran dos chicas dispuestas a explorar todo lo que significaba su sexualidad.
