Los siguientes segundos se hicieron eternos para todos los presentes. El rayo de luz verde, claro y preciso, golpeó al director en medio del pecho, elevándolo durante unos momentos en el aire y paralizándolo en una posición casi angelical, como una estatua. Por unos segundos, en los labios de Dumbledore se dibujó una leve sonrisa de paz y su rostro recuperó la vitalidad y energía juvenil. Por último, un brillo fugaz se dibujó en sus ojos, iluminando de felicidad a quien sabía que, en unos instantes, se encontraría de nuevo con su hermana y sus padres.
Y luego, el tiempo recuperó su velocidad normal y el cuerpo del director, que había estado suspendido sobre el vacío, se precipitó velozmente hacia los jardines del colegio. Unos segundos más tarde, desde la torre se oyó un ruido sordo y los mortífagos, hasta entonces en silencio, prorrumpieron en gritos de felicidad. Bellatrix incluso se tomó la libertad de correr hasta la barandilla y asomarse para luego, con sus dientes cariados y negros exhibiendo una terrorífica sonrisa, confirmar a los demás:
- ¡Está muerto! ¡El viejo está muerto!
Solo Draco y Snape parecían no participar en la celebración, ajenos a toda felicidad e intentando pasar desapercibidos. El profesor parecía turbado y Draco, asustado. Harry, aun bajo la capa invisible, sintió la tentación de atacar a Bellatrix pero se contuvo, sabiendo que no habría hecho más que empeorar las cosas. Aunque su consciencia le decía que Dumbledore había muerto, su corazón se negaba a creerlo e insistía en que estaba vivo. El mago más poderoso de todos los tiempos no podía morir así sin más… ¿O sí? Sintió una lágrima deslizarse por su mejilla y, cuando se volvió, observó que los mortífagos ya se alejaban de la torre, probablemente a reunirse con sus compañeros e iniciar la escapada. Y ahí era donde tenía pensado capturarlos.
Fred daba vueltas en medio del hall, aturdido. Acababa de dejar fuera de combate a un encapuchado y ahora intentaba encontrar a su gemelo, pues hacía un rato que no lo veía. No solía preocuparse rápido, pero sintió como la presión le oprimía el pecho y le fallaban las fuerzas. ¿Y si…? No, no podía ser. Si a George le hubiera pasado algo, lo sabría, ¿no? Notaría algo diferente. Pero en ese momento, se sentía incompleto, sin su hermano a su lado para alentarlo con alguna broma o, simplemente, tranquilizarlo con su presencia. Notaba como si algo le faltara y esa sensación no le gustaba nada.
Decidió apartar todos los pensamientos negativos de su cabeza y volver al combate antes de que algún mortífago se diera cuenta de que estaba solo. Si quería que la guerra terminara y encontrar a su hermano y al resto de su familia al completo, debía ponerse manos a la obra. Justo cuando iba a lanzar un hechizo a McNair, que intentaba atacar a Tonks, los hermanos Carrow y Bellatrix prorrumpieron en el hall, riendo terroríficamente y haciendo que todos los presentes se volvieran a mirarlos. Por unos momentos, los hechizos cesaron y el silencio se hizo.
- ¿Conseguido? – preguntó Dolohov, que lucía un tajo bastante profundo en la frente tras su combate con Kingsley. Como respuesta a su pregunta, la recién llegada soltó otra risotada que parecía confirmarlo.
Los encapuchados no necesitaron más pretextos para, tras lanzar un hechizo que tiñó el hall de negro, escapar por la puerta principal. Los miembros de la Orden, alumnos y profesores corrieron tras ellos, pero los otros eran más rápidos. Pronto estuvieron muy por delante y sacaron demasiada ventaja al resto como para que pudieran alcanzarles. Cuando comprendieron que no alcanzarían a los mortífagos, fueron parando lentamente, agotados por la pelea y agradecidos de seguir con vida, aunque temerosos de volver al castillo y conocer el parte de heridos o el de fallecidos.
Solo uno siguió adelante, corriendo junto a los magos tenebrosos y cubierto, hasta ese momento, con la capa de invisibilidad. Consiguió lanzar un hechizo a Bellatrix, pero el rayo de luz pasó rozándola sin afectarle. Snape, sin embargo, logró volverse y, con un brazo, atrapar a Harry que pasaba corriendo junto a él en ese momento.
- Potter, estate quieto debajo de la capa o te verán – susurró -. Mira, no sé qué intentas, pero…
- ¡Lo ha matado! ¡Usted lo ha matado! ¡Está de su parte, lo ha estado desde el principio! – gritó el joven con voz desgarrada y furiosa. Sentía la ira hervir en cada uno de sus poros y la magia recorrerle el cuerpo.
Snape dirigió una mirada medio dolida medio furiosa a Harry o, al menos, hacia donde imaginaba que estaba el chico.
- Sabes perfectamente que eso no es ciert…
- ¡Miente! – Snape lo agarró más fuerte del brazo.
- Mira Potter, no tengo tiempo para tonterías. Sabíamos que las cosas iban a ser así y es muy importante que el plan siga. Dumbledore te mandó una tarea, algo que, al parecer, era de máximo secreto. Tienes que seguir con ella y cumplirla.
- No me toque – la voz de Harry ya no era fuerte y decidida, sino un simple gemido lastimero. Tenía ganas de perder al profesor de vista de una vez, estuviera o no de su parte. Eso ya no le importaba. Solo quería ir a ver a Dumbledore y a sus amigos.
- Cumple la tarea, Potter. Yo intentaré jugar mi papel lo mejor que pueda. Pero es de máxima importancia que tú…
- Lo intentaré.
- Intentarlo no es suficiente.
- Mire, no es tan fácil.
- Quizás si supiera de qué trata…
Harry, bajo la capa, miró al hombre con asco y, de un tirón, se soltó de su agarre.
- Sus amiguitos le esperan – Snape se volvió y observó a los mortífagos, que se divertían en el limbo entre Hogwarts y el exterior. Una cabellera platino, destacando entre las capuchas negras, permanecía un poco apartada, intentando refugiarse de cualquier mirada, amiga o enemiga.
- Recuerda Potter, todo lo que hagas nos afecta a los demás, a bien o a mal. Así que intenta no hacer ninguna tontería.
Harry no tuvo tiempo (ni ganas) de responder algo ingenioso, porque el profesor se dio la vuelta y echó a correr, desapareciéndose tras los límites de Hogwarts.
El moreno se quedó quieto durante unos instantes, intentando asimilar todo lo que acababa de pasar en la última hora: la batalla había tenido lugar, pillándolos totalmente desprevenidos. Había perdido a sus amigos y Dumbledore estaba, probablemente, muerto. Se levantó con dificultad del césped y se quitó la capa de invisibilidad, ya sin ningún temor de ser visto. La noche había caído sobre el cielo de Escocia, pero podía divisar a lo lejos, junto a los muros del castillo, un tumulto de gente.
Echó a correr, al principio de forma más torpe y patosa, como desacompasado y desorientado. Pero cuando se imaginó en torno a qué estaba apiñada la multitud, aceleró el paso con el corazón latiéndole a mil por hora. Llegó rápidamente junto al resto y se abrió paso a empujones y sin ningún miramiento entre la gente, demasiado nervioso como para pararse a disculparse.
Cuando Harry llegó al centro, sintió todas sus esperanzas desvanecerse y notó como el cielo se le caía a los pies. Allí en medio, tumbado en la hierba como si de un niño dormido se tratara, se encontraba el cadáver del director, con las gafas torcidas y un hilillo de sangre resbalándole por la barbilla. El chico se quedó quieto durante unos momentos, sintiendo que todo a su alrededor se desvanecía y que lo único que existía en ese instante era el cuerpo del hombre al que había considerado como un padre. Al final, se arrodilló lentamente, notando como sus piernas no soportaban más peso y, temblando significativamente, le colocó las gafas rectas sobre su torcida nariz. Notó que el nudo de su garganta se deshacía, liberando una mar de lágrimas que no se molestó en ocultar. El dolor lo rompía por dentro, notaba como si miles de Cruciatus estuvieran acertándole. Segundos después, una cabellera pelirroja se agachó junto a él y lo acogió entre sus brazos. Harry ni siquiera miró, reconocería a Ginny en cualquier parte. Dejó que su novia lo tranquilizara durante un tiempo interminable. Primero sus padres, luego Sirius y ahora Dumbledore. ¿Cuántas personas más tendrían que morir en esa estúpida guerra? Se sentía idiota y estúpido por comportarse como un niño y no saber llevar la situación, pero en ese momento lo único que sentía era dolor. La chica siguió acariciándole la espalda y susurrándole palabras tranquilizadoras hasta que Harry dejó de temblar, se secó las lágrimas y se apartó unos centímetros para darle un beso en la frente.
Cuando el chico elevó la vista, se dio cuenta de que la multitud se había dispersado y había entrado en el castillo y de que el cuerpo del director ya no se encontraba tendido en el suelo. Probablemente se lo habían llevado al interior y habían comenzado a prepararlo para una sepultura digna. De pronto, miles de preguntas surgieron en su cabeza. Se aclaró la voz y dijo, con un tono algo más grave de lo que pretendía:
- ¿Dónde están Ron y Hermione? ¿Están todos los demás bien? ¿Hemos capturado a algún mortífago? ¿Ha habido más pérdidas? – Ginny lo miró apenada durante unos instantes y lo abrazó, sin saber muy bien qué debía responder primero.
- Todos los mortífagos han escapado antes de que tuviéramos tiempo de atrapar a ninguno. Ron y Hermione están bien, supongo que están en la enfermería atendiendo a los heridos. George y Bill… - por primera vez, Harry pudo observar como los ojos de Ginny se anegaban de lágrimas, que esta limpió rápidamente -. Están en la enfermería, deberías ir a verlos.
- ¿Qué les ha ocurrido? – preguntó el chico, preocupado.
Ginny negó con la cabeza.
- Nada demasiado grave, pero será mejor que los veas tú.
Harry la miró durante unos instantes y aceptó. Pero aún había una pregunta que no había respondido.
- Ginny, ¿ha habido algún muerto además de…? – no pudo terminar la frase.
- Solo uno más – contestó la pelirroja mientras le tendía la mano para dirigirse al interior. Harry sintió como un escalofrío le recorría de los pies a la cabeza.
- ¿Quién?
Ginny fijó sus ojos ámbar en los verdes del chico, apretándole la mano y suspirando con tristeza.
- Ojoloco.
Hermione y Ron permanecían sentados, en silencio, uno al lado del otro, en uno de los sillones que habían colocado en la enfermería. En la camilla del fondo se encontraba George, que en esos momentos conversaba con su gemelo. La castaña sonrió conmovida al recordar la preocupación de Fred al ver a su hermano por primera vez, con toda la mejilla izquierda cubierta de sangre y un agujero demasiado grande donde debería haber tenido una oreja. Por suerte, no había recibido ningún otro daño del que preocuparse y pronto estaría recuperado.
Bill era otra cosa. Ocupaba una de las camillas del fondo y, si bien su vida ya no corría peligro, era uno de los más graves de la batalla. El hombre lobo Greyback lo había atacado en su huida del castillo, provocándole una serie de cortes profundos en la cara y, sobre todo, en el pecho y los brazos. Por suerte, esa noche no había luna llena y el licántropo no estaba transformado, así que Bill no corría riesgo de convertirse en hombre lobo, como bien había explicado Lupin. Pero esas aclaraciones no habían hecho que Fleur cambiara su semblante preocupado ni que la señora Weasley dejara de lanzar miradas inquietas cada 20 segundos para asegurarse de que estaba bien. Al igual que hacía con George, que había tenido que tranquilizarla 3 veces porque la mujer no paraba de preguntarle qué tal se encontraba y de ir y venir por la enfermería.
Las puertas se abrieron en ese instante para dar paso a Ginny y Harry. Los señores Weasley enseguida fueron a su encuentro.
- Harry cariño, como me alegro de verte – dijo la señora Weasley mientras lo estrechaba entre sus brazos -. Ya empezaba a preocuparme. Al igual que de ti, Ginny. Deberías haber avisado cuando te has ido…
- Dumbledore ha muerto.
Todos los presentes se volvieron para mirar a Harry, incluso Bill trató de levantarse de la camilla, movimiento que Fleur le reprendió de inmediato.
- ¿Es cierto eso que dices? – preguntó Lupin, que acababa de saludar al chico, tras unos segundos de silencio.
- Los mortífagos lo mataron, ese era su plan desde el principio – tras esto, Harry se dejó caer en uno de los sillones vacíos y, suspirando, se frotó la cara. Nadie habló a continuación, pues todos los presentes estaban ocupados en intentar digerir la noticia.
- Puede ser que solo estuviera inconsciente – sugirió Fred, a lo que todos asintieron esperanzados.
- No, yo lo vi con mis propios ojos. Cayó desde la torre de Astronomía… no pude hacer nada para salvarlo.
- No podías hacer nada, Harry. No es culpa tuya – objetó Ron mientras se acercaba a él y le daba una palmada en la espalda -. Así que a eso te has ido. ¿Ya sabías que…? – Hermione le dirigió una mirada clara al pelirrojo: ya le contarían luego los demás detalles. Ese no era el mejor lugar si no querían que toda la Orden se enterara de su misión. Además, incluía a Draco y prefería no pensar en eso de momento.
Se sentía extraña. Triste y vacía, como si le faltara algo, pero a la vez contenta de que sus amigos estuvieran bien. Aunque…
- Ojoloco y Dumbledore – enumeró el señor Weasley, con tono pensativo y triste.
- Eran unos de los mejores – siguió George desde su camilla.
- Eran los mejores – corrigió su hermano.
La señora Weasley, con un pañuelo, se secó rápidamente las lágrimas de los ojos, mientras Remus le ponía la mano en el hombro.
- Ambos eran dos personas increíbles y no podemos fingir que todo va a seguir igual sin ellos. Pero debemos seguir luchando sin que eso interfiera. Tenemos que permanecer unidos para vencer a los mortífagos y a Voldemort – dijo Tonks con solemnidad, haciendo que todos la mirasen emocionados y asintieran -. Ganaremos esta guerra.
- No deberías haber venido – le reprocha Lupin -. ¿Qué habría pasado si te hubieran herido? – Tonks puso los ojos en blanco y torció las cejas.
- No he participado en la batalla, Remus. Solo me he quedado en la enfermería. Ya lo hablamos y…
- No, no lo hablamos. Tú tomaste la decisión.
- Tonks cariño, sabes que Remus lo dice por tu bien – dijo la señora Weasley intentando tranqulizarla.
- Que esté embarazada no quiere decir que sea inútil – argumentó la metamorfomaga cruzándose de brazos. Era perfectamente consciente de que correría peligro si entraba en la batalla y no pondría en riesgo a su bebé por nada del mundo.
Lupin suspiró y le cogió la mano.
- Sabes que no creo eso. Pero imagina que te hubieran dado… aunque fuera un simple Crucio.
Tonks retiró la vista y asintió. En el fondo, sabía que su marido tenía razón.
- No volveré a participar en una batalla, directa o indirectamente, hasta que dé a luz, ¿vale? Pero en cuanto este precioso bebé conozca el mundo, mi tía Bellatrix puede comenzar a temblar – Remus sonríe y la coge de la mano rodando los ojos. Tonks siempre tan tenaz.
La escena mueve algo en el interior de Hermione, que sonríe desde su sofá y nota como las lágrimas acuden a sus ojos mientras piensa en aquella persona en la que, precisamente en ese momento, evitaba recordar.
- ¿Estás bien, Hermione? – pregunta el pelirrojo preocupado -. ¿Es por lo de Dumbledore?
La chica enseguida se enjuga las lágrimas y trata, en vano, de sonreír.
- Supongo que es un poco por todo.
- Ya, eh… - Ron se aclara la voz -. ¿Has encontrado a esa persona que estabas buscando?
Hermione asiente con dificultad y aparta la mirada, dando a entender que no quiere hablar de eso. El pelirrojo evita bufar y se reclina contra su sofá. Ya estaba empezando a acostumbrarse a que le dieran largas.
Harry observó a sus dos amigos y se aclaró la voz, llamando su atención y la de Ginny, que seguía sentada a su lado.
- ¿A dónde vamos a ir ahora?
- Bueno, creo que es obvio, ¿no? – el trío de oro se giró hacia Ginny.
- ¿Qué es obvio? – preguntó Hermione.
- A dónde debéis ir.
- ¿Ah sí? ¿Y dónde, si se puede saber? – Ron lo preguntó con un tono duro, quizás demasiado.
Ginny sonrió misteriosamente, esforzándose por ignorar el tono burlón de su hermano.
- A la Madriguera.
Al día siguiente, tuvo lugar el funeral de Dumbledore en los amplios jardines del castillo. La mayoría de alumnos se habían ido a casa tras la batalla y no habían vuelto. Hogwarts seguía cerrado y los profesores se esforzaban por reconstruir las zonas dañadas e intentar reorganizarse tras la pérdida del director y la marcha de Snape, a quien todo el mundo creía culpable de su asesinato. Y aunque en el fondo Harry sabía que no era justo que se llevara la peor parte, era consciente de que no podían contar la verdad si no querían desenmascarar al profesor y perder así a su espía. No es que confiara en Snape, nunca lo había hecho, pero, aunque le doliera, sabía que Dumbledore era quien había aceptado su destino final y ordenado al profesor que lo ejecutara.
Pensaba en el director a todas horas y notaba en su interior que todo acababa de cambiar. Sabía que, aunque volviera a terminar séptimo tras la guerra, el colegio no sería lo mismo sin el hombre. Los comienzos de curso no valdrían la pena si no incluían un discurso disparatado, recibir la copa de las Casas no sería tan interesante si no la daba Dumbledore... Aunque no era eso lo que más le preocupaba, porque intuía que, ganaran o no, su tiempo de estudiante había concluido.
Aun así, siempre añoraría al director y lo evocaría en sus recuerdos como uno de los hombres más valientes que había conocido. Para él había sido como un padre tras la muerte de James y Sirius y no podía evitar suspirar cada vez que pensaba en él. Hasta que no lo había visto precipitarse al vacío desde la torre de Astronomía, había conservado las esperanzas de que se salvara y aun después, había una pequeña parte en él que se negaba a aceptar que hubiera muerto. Pero entonces lo había visto tendido en el césped y había debido aceptar lo evidente: Dumbledore se había ido.
El funeral de Ojoloco se había celebrado por la mañana y a él había acudido tan solo un puñado de gente: profesores, miembros de la Orden, el trío de oro, Ginny y algún que otro auror y exauror. Había sido una ceremonia triste, en la que a todos les costaba creer el estar allí. Era raro enterrar a alguien como Ojoloco, tan fuerte y de apariencia indestructible. En medio del funeral, Tonks se había echado a llorar y Remus había tenido que llevársela lejos, preocupado porque le diera un ataque de ansiedad. Harry sabía que Ojoloco había sido para la mujer como un segundo padre y su tutor desde siempre y comprendía a la perfección como se sentía. Un poco como se sentía él, a decir verdad.
El entierro de Dumbledore fue rápido, sin ninguna intervención. Solo se oían los sollozos sofocados de los presentes, amortiguados por los relámpagos que sonaban de fondo, anunciando una tormenta cercana. El día era gris, con un viento suave y frío que movía las hojas de los árboles y despeinaba a los magos y brujas. El tiempo parecía haberse puesto de acuerdo con la situación. Triste, desamparado.
Las primeras gotas de lluvia empezaron a caer cuando la tumba de Dumbledore, labrada en mármol blanco y con forma rectangular, comenzaba a alejarse por el agua del lago, rumbo a una islita lejana donde descansaría por siempre, velando a su querido Hogwarts. Harry no veía mucho, en parte por las lágrimas que comenzaban a acudir a sus ojos y en parte por las gotas de lluvia, pero fue capaz de distinguir, en la lejanía, una figura cojeante acercarse, protegida del agua por un paraguas negro. Y si bien esto le extrañó, todavía se asombró más cuando comprobó que era Scrimgeour, el primer ministro del mundo mágico. Y parecía dirigirse justo hacia él.
- Buenos días Potter. Siento llegar tarde al funeral, pero tenía unos asuntos que resolver ineludibles.
- ¿A qué ha venido? – Harry intentó parecer cortés, pero su voz sonó cortante. Y no le importó -. ¿A pedir perdón porque el Ministerio no comunicó a la gente que estábamos en guerra? – el rostro de Harry se tornó rojo de furia. No iba a andarse con rodeos porque fuera el primer ministro.
Scrimgeour intentó ignorar el tono enfadado e hiriente del chico y dijo con aplomo y sin inmutarse:
- Teóricamente, esto ha sido un simple ataque. Los mortífagos siempre han sido un pelígro y eso ya lo sabíamos. Pero no quiere decir que estemos en guerra.
Los ojos verdes de Harry se entrecerraron tras sus gafas redondas.
- O sea que aún no han declarado el estado de alerta.
- No lo creemos necesario.
- ¿Que no lo creen necesario? ¿Esos estúpidos mortífagos han conseguido matar a dos de los hombres más valiosos y poderosos en combate, entrando en Howgarts y arriesgando la vida de cientos de alumnos pero ustedes no creen que haya una amenaza real?
Scrimgeour se aclaró la garganta.
- Potter, entiendo cómo te sientes, pero eso que tú propones solo extendería el miedo entre la población mágica. Además, esos temas son confidenciales. Usted no tiene nada que opinar al respecto.
- ¿Entonces a qué ha venido?
El hombre levantó una ceja y lo observó extrañado.
- Pensaba que era obvio.
- No se me ocurre nada.
- A leer el testamento de Dumbledore. Os dejó a ti y a tus amigos algunas cosas bastante… interesantes.
Los días tras la batalla pasaban lentos y se hacían monótonos y odiosos para Hermione. Se dedicaba a asistir a las reuniones de la Orden sin prestar especial atención y a conversar con sus amigos cuando era necesario. Intentaba aparentar ser fuerte, porque sabía que era lo que debía hacer, pero en el fondo se notaba rota. Añoraba a sus padres, Hogwarts y, sobre todo, a Draco. No podía parar de pensar en él, preguntarse por su suerte e intentar convencerse a sí misma de que todo iría bien. Pero en realidad, nada iba bien. Dumbledore y Ojoloco habían muerto y no tenían ni idea de cuándo comenzar la búsqueda de horrocruxes ni de, en caso de que consiguieran el guardapelo de Umbridge sin ser capturados, qué hacer a continuación. Ella, que amaba tener las cosas planificadas y seguir un orden, que estaba orgullosa de lo metódica que era y de su capacidad para resolver problemas, de lo dura que podía ser. Se sentía perdida y aturdida.
Notaba un vacío interior que le impedía comer o dormir bien. Por las noches, lloraba hasta que sus párpados se cerraban, exhaustos. Se daba la vuelta en la cama, entre pesadillas, intentando buscar el consuelo de una persona que no se encontraba a su lado.
Era como si estuviera enferma y, de hecho, lo parecía. La asediaban dolores continuos, como pinchazos insistentes y notaba como si un bombo resonara dentro de su cráneo. Era prácticamente insoportable, pero tenía que seguir adelante. Debía hacerlo, le costara lo que le costase.
Draco, tumbado sobre las sábanas de lino verdes de su cama, observaba en silencio el techo alto de la habitación. Cerró los ojos y suspiró cansado, intentando evadirse por unos instantes. Pero, obviamente, no lo consiguió.
No podía dejar de darle vueltas a todo. Pensaba en la cantidad de barbaridades de las que se habló el día anterior en la primera reunión de los mortífagos a la que asistió; en su padre, ojeroso y más delgado que nunca, andando por los pasillos con la mirada perdida y evitando cruzarse con él; en su madre, preocupada e impenetrable, intentando crearse un muro que no reflejara sus sentimientos pero que no funcionaba para Draco, que notaba su dolor y su amargura; en la risa loca de su tía; en los ojos fríos y rojos de Voldemort clavados en él con malicia. Y también en Hermione. Por más que lo intentaba, no lograba dejar de pensar en ella a cada instante, preguntarse si estaría bien, suplicar porque no la capturaran. La echaba de menos, más de lo que creía que fuera posible. Y, sobre todas las cosas, le dolía abandonarla a su suerte y no saber nada sobre ella.
Llevaba tan solo dos días en Malfoy Manor y ya había comenzado a odiar la casa. Los mortífagos se paseaban por los pasillos a sus anchas, como si no fuera una residencia privada sino una sede común. El sitio olía a frío y crueldad, y los gritos de los prisioneros del sótano llegaban hasta su habitación y resonaban en sus pesadillas, sin que hubiera nada que él pudiera hacer para impedirlo. Detestaba con todas sus ansias la situación en la que se encontraba y esperaba que no durara mucho tiempo, porque notaba que empezaba a volverse loco. Tenía que fugarse y encontrar a la chica cuanto antes, pero sabía que no sería capaz de hacerlo hasta que su madre estuviera escondida y a salvo. Y eso no iba a ser tarea fácil.
La puerta de su habitación se abrió interrumpiendo sus cavilaciones y dio paso a Nott, vestido de negro completamente y mirándolo con una sonrisa burlona, pero con los ojos inexpresivos.
Con un movimiento de cabeza, Draco lo saludó y se levantó para reunirse con él, sin dejar de mirarlo detenidamente. Desde que se habían ido de Hogwarts, notaba algo raro en su amigo. Suponía que elestar continuamente cerca de su padre le estaba afectando demasiado.
- Están ya todos abajo. Nos están esperando – dijo el moreno. Draco reprimió un suspiró, cogió su capa negra del perchero y ambos se encaminaron al piso inferior, deseando con todas sus fuerzas poder estar en cualquier otro lugar del mundo.
Ron pulsó el botón lateral del iluminador y apagó la luz de la habitación, provocando un resoplido por parte de Ginny.
- Para de hacer esto o lo tiraré por la ventana.
- Sabes que no te atreverías – respondió su hermano, mientras devolvía la iluminación -. Es único en el mundo, inventado por el propio Dumbledore.
- Sí Ron, creo que eso ya lo habías dicho – masculló su hermana mientras se recostaba contra Harry, junto al que estaba apoyada en el cabecero de su cama.
- Me pregunto para qué me lo dejaría Dumbledore…
- Puede que no fuera por nada especial. Ya sabéis, simplemente como un recuerdo.
- Podría ser Harry, pero ¿qué me dices de la snitch y del libro de cuentos?
- Y no te olvides de la espada de Gryffindor. Si ese capullo de Scrimgeour nos la hubiera dado… - agregó Ron.
Harry se pasó las manos por la cara una vez más y dejó fluir sus ideas. Nada. Seguía en blanco. No tenía ni idea de que pretendía el director pero en el fondo, sabía que Hermione tenía razón. El director les había dejado esos objetos por algo y tenían que averiguarlo.
- Me abro al cierre – susurró Harry. Desde que descubrió la frase escondida en la snitch, no podía parar de pensar en ella -. Me abro al cierre… ¿Ninguna idea? ¿Nada con lo que pueda tener relación? Quizás son pistas para encontrar otro horrocrux pero… no, Dumbledore me habría dado la localización. Es demasiado importante, no se trata de la búsqueda del tesoro.
- Ten paciencia Harry. Estoy segura de que conseguiremos unir las piezas – Hermione lo observó durante unos instantes, suspiró y siguió con su lectura de los cuentos de Beedle el Bardo. Harry sabía que ya se había terminado el libro y que probablemente solo fingía estar concentrada mientras dejaba su mente vagar. Aunque no lo admitiera ni le hubiera dicho nada, era consciente de que su amiga lloraba cuando estaba sola y que, probablemente, fuera por Draco. Pero no podía hacer nada para ayudarla, no de momento.
Harry extendió su mano para apretar la de Hermione y esperó hasta que la castaña lo mirara a los ojos.
- Tienes razón. Todo saldrá bien, estoy seguro – un amago de sonrisa recorrió la expresión de Hermione que, tras asentir levemente, volvió a bajar la mirada hacia su libro. Ella no era tan positiva como su amigo.
La noche enseguida cayó sobre la Madriguera y el trío de oro se reunió en la habitación de los chicos para terminar sus planes.
- Tiene que ser mañana – anunció Harry.
- ¿Mañana? – preguntó Ron, con los ojos abiertos como platos -. Es demasiado pronto, tíos. Todavía no sabemos dónde están el resto de horrocruxes.
- Piénsalo bien, Ron. Sabemos que los mortífagos tratarán de inmiscuirse en el Ministerio en algún momento y, entonces, será casi imposible arrebatarle ese guardapelo a Umbridge. Además, la poción Multijugos ya está preparada y nosotros sabemos lo que tenemos que hacer. No creo que podamos esperar mucho más.
- Creo que Harry tiene razón. Después nos alojaremos en Grimmauld Place y pensaremos en nuestro siguiente paso, pero ahora hay que concentrarse en ese guardapelo.
El pelirrojo miró simultáneamente a sus amigos, para al final encogerse de hombros y dejarse caer en el colchón de su cama.
- Vale, puede que tengáis razón. Lo haremos así. Hermione, ¿está todo preparado?
- Sí, lo tengo todo en mi bolso. Ya sabéis, hechizo expandidor.
- Genial. Bueno, lo mejor será que nos vayamos a dormir ya porque… bueno, mañana tendremos que madrugar mucho si queremos no encontrarnos con nadie despierto.
- Tienes razón, Ron. Os dejo solos chicos. Estoy segura de que mañana saldrá todo bien – intentó sonreír pero no quedó real. Todavía no estaba preparada para volver a sonreír. Tras esto, se inclinó y besó al pelirrojo en la mejilla. Después se acercó hacia el moreno y antes de despedirse, le susurró: "Creo que voy a ir un rato a tomar el aire. Supongo que no iré a mi habitación hasta dentro de unas horas."
Harry miró a su amiga, agradecido y asintió levemente con la cabeza. Después, se quitó las gafas y se metió bajo las sábanas.
- Hasta mañana, Hermione.
Harry esperó media hora hasta que oyó a Ron roncar en la cama de al lado. Después, se colocó las zapatillas y las gafas y, con sigilo, cogió su varita y salió de la habitación. Bajó las escaleras con cuidado hasta llegar a la habitación de las chicas. Al parecer, era su día de suerte, pues no se encontró con nadie por el camino. Cuando llegó ante la puerta, tocó suavemente hasta que una voz suave le invitó a entrar desde el interior.
El moreno abrió la puerta y, tras pasar el umbral, la cerró con un hechizo a sus espaldas, para después volverse hacia la pelirroja que lo miraba con una sonrisa triste desde su cama.
- Pensaba que os quedaríais algún tiempo más – susurró mientras se ponía de pie y caminaba hacia su novio.
- Tenemos que actuar rápido y anticiparnos a los mortífagos. Yo… también querría quedarme más tiempo, pero no podemos dejar que pase más tiempo ni que haya más víctimas – le acarició la mejilla y le miró a los ojos -. Te prometo que cuando todo termine, las cosas volverán a la normalidad.
Ginny se encogió de hombros y le peinó dulcemente el flequillo hacia atrás.
- Salgo con Harry Potter. Supongo que las cosas nunca serán normales.
¡Y fin del capítulo!
Vale, antes de nada tengo que pedir perdón por el retraso. Sé que os dije que no tardaría más de tres semanas en subir, pero además de que no he tenido tiempo para escribir mucho debido a los exámenes de fin de curso (que por fin he terminado :D), perdí la inspiración y las ganas durante un par de semanas. No sé, es como que me quedé estancada sin saber que escribir y si me ponía, no me gustaba nada de lo que hacía. Porque cuando escribes, tienes que tener en cuenta que hay que saber qué vas a hacer en los siguientes capítulos, y yo no tenía ni idea. Pero ahora ya lo sé y creo que os va a sorprender ;P Estoy contenta con el capítulo aunque no tenga mucha acción en sí, pues es más un capítulo de transición. Espero que os haya gustado a vosotros también :)
En primer lugar, hemos visto que, aunque pareciera imposible, Dumbledore y Ojoloco han muerto :( Yo creo que se veía venir desde hace tiempo (al menos lo del director) pero puede que seamos como Harry y no hayamos perdido la esperanza hasta el último momento XD
La batalla ha terminado (dejando algunos heridos como Bill y George) y todos han ido a instalarse a la Madriguera durante un tiempo. Los funerales ya han tenido lugar y Scrimgeour se ha presentado por medio para entrometerse un poco. Al igual que en la historia original, les ha leído el testamento de Dumbledore y les ha dado lo que les legaba el director (excepto la espada de Gryffindor) y ahora el trío de oro está más desorientado que nunca. Aun así, saben que tienen que actuar rápido y están planeando su intrusión en el Ministerio para el día siguiente… así que puede que en el próximo capítulo lo veamos ;)
Los pobres Draco y Nott ya están con los mortífagos, aunque si por ellos fuera… XD Pero tienen que aguantarse y aceptarlo todo hasta que llegue su oportunidad… aunque nade les asegura que esa oportunidad vaya a presentarse. De momento, Draco y Hermione se conforman con saber que ambos están vivos.
El capítulo termina con Harry despidiéndose de Ginny, así que supongo que en unas semanas vamos a tener algo de acción… ya sabéis a qué me refiero ;D 😂
Por cierto, el título del capítulo es porque es como que todos han estado muy tranquilos y que no ha pasado gran cosa pero en el fondo, sabemos que están inquietos y que la acción no va a tardar en llegar. Se me ocurrió y me pareció que quedaba bien, no sé que os parecerá a vosotros :)
Hasta entonces me disculpo una vez más por tardar y espero que el capítulo compense. Voy a responder a las reviews de todos aquellos a los que no me deja responder por privado:
- Arosore: Sí, tienes razón, los exámenes nos consumen XD Siento haberte tenido tanto tiempo con la intriga, pero me ha sido imposible colgar nada bueno antes 😊 Muchas gracias por recomendarme amor, me hace muy feliz saber que compartís mi novela y poco a poco, crecemos en número :D Muchos besos y siento una vez más el retraso 😘❤
- Meg: Yo también os he echado de menos mucho 😊 Muchas gracias por los ánimos cariño, creo que los exámenes me han salido bien y ahora ya voy a estar centrada en la novela. Un besito cielo, espero que te haya gustado el capítulo y que perdones el retraso ❤😘
Antes de despedirme quería simplemente comentar que las lecturas han descendido mucho este último capítulo (más de la mitad) y no sé, supongo que por eso no tenía tampoco ganas de escribir. ¿Acaso no os gusta el camino que está tomando la historia? Si es así, sabéis que podéis poneros en contacto conmigo para hacerme sugerencias :) Solo quería comentarlo, por lo demás, mil gracias a todos los que seguís leyéndome 💗
Perdonad una vez más el retraso y espero que os haya encantado el capítulo, que le deis a GO y dejéis alguna de esas reviews que tanto me gustan (por favor XD) :)
Con cariño, un capítulo más;
- Daphnea ❤
P.D.: No sé cuándo subiré el próximo capítulo, si en una semana, dos o más (pero juro que no pasará de tres semanas), porque esto de llevar una rutina me absorbe y quiero disfrutar los primeros días de vacaciones. Espero que lo entendáis y no os moleste, intentaré subir en dos semanas de todas formas. GRACIAS POR TODO, OS QUIERO ❤
