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Posesión

POV Bella

–¡Rose! – Chillé con las manos pegadas a la pared y apuñando los ojos–. ¿Qué demonios te pasa? ¡Un vestido no puede ser tan doloroso de usar!

–No seas una nena, Isabella Swan – Refunfuñó mi rubia–. Es una boda ¿qué demonios esperabas usar? ¿Falda y saco de oficina?

–La idea no me parece descabellada – Contesté tratando de respirar dentro del apretado corset que acompañaba el vestido.

–¡Estás loca! ¿Quieres que Alice te linche? Deberías ser agradecida de que no estuviese ella aquí ayudándote con esto.

–¡Las escuché!– Vociferó mi delgada y alegre amiga desde la otra habitación–. No hagas que salga de aquí y quite a Rosalie de sus ocupaciones.

Puse los ojos en blanco y me senté esperando que aquella prenda no me dejara de color morado el torso a falta de respiración. La verdad es que sentía que era una reverenda tontería. No era necesario en lo más mínimo, pero con tal de complacer a mi adorada Alice, haría cualquier cosa, pero esto era demasiado.

–¡Basta ya!– Grité quitándome los hilos que sujetaban mi cintura firmemente–. No necesito esta horrenda faja– Y me quedé en sostén y ropa interior. A Edward no le gustará verme así.

–Eres un caso perdido de la moda – Comentó Rose–. ¿Qué te hace pensar que no te verás más atractiva con un lindo corcet?

–¿El hecho de que pueda verme como si estuviese igual que Barney, no te dice algo?

–Que exagerada– Refunfuñó la rubia–. Por fin es la boda y tú estás que ni sola te aguantas.

Y le saqué la lengua infantilmente a mi rubia favorita de toda la vida, la cual, lucía un hermoso vestido de caída suelta y largo de color rosa pálido, haciendo notable su pequeña barriga de tres meses de embarazo.

–Ojala pudieses usarlo tú, a ver si el pequeño Emm pueda soportar tanta presión.

–Yo no soy la madrina – Dijo batiendo pestañas–. Pero si tuviese mi cintura delgada, ¡Madre mía! Me pondría un escote tan pronunciado que dejaría boquiabiertos a todos.

–Nunca cambiaras, ¿cierto?

—Genio y figura hasta la sepultura, nena – Y me guiñó un ojo cómplice.

–Pues estoy decidida a usar el vestido sin el corcet– Dictaminé–. No será necesario usarlo, además, el color negro me favorece mucho.

–Eso no te lo discuto pero, ¿alguien me puede decir quién demonios usa color negro en una boda?

–¡La madrina!– Grita Alice saliendo radiante de la habitación de al lado.

Lucía un hermoso y entallado vestido blanco de novia. Su cabello estaba bastante largo y ondulado que se veía hermosa con el simple hecho de portarlo suelto. Llevaba en su cabello una pequeña tiara de plata y tacones altos blancos con bisutería, su cola de novia era tan romántica como infinita y no pudo faltar el lado chic de la hermosa duendecilla que amaba con el corazón. También portaba una delgada gargantilla de oro blanco que se lucía con el color de su piel y un maquillaje fresco que le había hecho Rose, para después ser ayudada por Esme y Renée con el vestido, las cuales se habían marchado para cambiar de atuendo en sus habitaciones.

–¡Te ves hermosa, Al!– Gritó Rose emocionada.

–Lo sé – Dijo con orgullo–. Pete estará enamorado incluso más.

–Él es un afortunado por tenerte – Y la abracé con fuerza.

–Gracias chicas, me alegra que estén presentes el día de mi boda.

Pues sí, mi dulce Alice se estaba casando ya. Al parecer, Pete estaba más que enamorado de ella. Después de un tiempo de estar juntos y toda aquella odisea que habían vivido, se comprometieron y quisieron casarse en Estados Unidos lo más pronto posible. Todos nos sorprendimos un poco aunque sabíamos ya de la noticia de estaban comprometidos, pero eso de "es una semana",nos hizo perder la cabeza. Había pensado que quizás estaban apresurando las cosas porque quizás había engendrado a algún pequeño y posible hiperactivo angelito, pero mi amiga me había asegurado que no era así, hasta que en realidad… Si había sido cierto.

Demonios, ¿estás embarazada?

Oh vamos, Bella. Sabías que Pete y yo somos super activos

Oh por Dios, ¿podrías callarte?

¿Qué querías que pasara después de hacer el amor como locos? ¡¿Qué llegara una maldita estufa?!

No soy tonta Alice Dije poniendo los ojos en blanco –. Sé qué pasa cuando haces… Eso…

Sexo, Bella. Es S-E-X-O. Repite conmigo.

Ya entendí, ya entendí.

Y se rio de mis gestos extraños.

¿Y qué harás, Alice?

Nos casaremos, Bella. Amamos a este bebé, como nos amamos nosotros mismos, incluso más. Quiero que Pete esté conmigo siempre, yo lo amo de verdad.

Estoy tan feliz por ti, Al. ¿Y qué harás?

Nos vamos a casar pronto.

Bien Contesté sorbiendo de una café que nos había preparado–. Eso ya lo sabía, pero ¿cuándo?

Y di un gran sorbo.

Dentro de una semana.

Y el líquido salió de mis labios mojando el piso y parte de la mesa.

Y ese había sido el primer día de mi entrenamiento militar, es decir… De la preparación de la boda de Alice. Habíamos pasado comprando todo el día en el centro comercial de un lado a otro, incluso, Alice, había mandado a llamar a Rose, la cual a regañadientes cedió después de su "segunda luna de miel" con Emmet. Cuando por fin la localizó, nos había dicho que estaban en Grecia un tanto "ocupados". Cuando por fin volvió, Rose estaba embarazada de tres meses y lucía una hermosa sonrisa en el rostro. El poco tiempo que tuvimos para charlar y mediocomer, nos había dicho que había buscado a Emmet para resolver las cosas.

Cuando se encontraron por vez primera después de tanto tiempo, discutieron como desquiciados casi toda la noche, hasta que terminaron haciendo el amor por más de una semana consecutiva en Grecia. Tiempo después, descubrió que estaba embarazada por esa maratónica forma de reconciliarse y por ende, había decidido no separarse por el amor que se tenían y el bebé que esperaban. Fueron a terapia de pareja y después de casi dos meses de haber ido, juntos superaron sus problemas de pareja haciendo aún más unido su matrimonio.

Emmet estaba completamente fascinado con la idea del bebé en casa. Parecía niño pequeño comprando un montón de cosas para su pequeño "campeón" y fue entonces, que la familia de Rosalie y Emmet floreció.

–Escuché que no querías ponerte el corcet– Me acusó Al con el dedo delgado–. Debes estar perfecta, Bella.

–Me siento linda así – Dije cruzándome de brazos.

–Deberías acostumbrarte más a usar vestidos, la directora general y dueña de Financiamiento S. CO. Debe estar pulcra y presentable– Apuntó Rose.

Y era verdad, con el dinero de mis padres en la herencia, el dinero que había trabajado durante las empresas en Estados Unidos, la liquidación de Francia y el de mi ex jefe, Alfredo Rodríguez, me había dejado una cuantiosa cantidad que me había permitido abrir mi propia empresa.

Aún estaba trabajando en la expansión pero tan pronto como había llegado en el mercado, los trabajos había aumentado hasta un 78% al saber de las experiencias que tenía en el campo, aunque la idea de que Edward me apoyase no me gustara, el hecho de haber trabajado con él por más de un año, me daba un pase seguro entre los grandes.

Por lo que estaba completamente complacida de ser mi propia jefa, además de no depender económicamente de nadie. Los contratos llovían y más de alguna vez, tenía que ir a fiestas y presentaciones formales que me posicionaban entre gente más allegada y que por ende beneficiaba mi empresa, por lo que los vestidos eran parte de mi clóset.

–¿Estás bien?– Pregunté notando la pequeña arruga que se formaba en la rente de Al con frustración.

–Solo nerviosa– Respondió moviendo los dedos copulsivamente–. Si no estuviese embarazada ya me habría bebido todo el tequila.

–¡Oye! Relájate, novia coyote–uggly – Rio Rose–. Tranquila, nena. Solo relájate.

–Lo intentaré – Y sacó pesadamente el aire de sus pulmones–. Pero no ayuda demasiado el hecho de que, ¡Bella no está lista!

Comenzaron a cambiarme entre las dos, incluso Alice participó gustosa en mi transformación aunque ella ya estuviese cambiada. Cuando menos me di cuenta, ya estaba lista con mí vestido negro como segunda piel, mis tacones infinitos y mi cabellera ondulada, mi maquillaje "sexy" y lista para entrar en acción.

–Chicas, ¿están listas?– Preguntó mi madre tocando la puerta.

– Sí – dijimos en unísono y comenzamos a reír juntas. Nos tomamos de la mano y sonreímos.

Estábamos listas para salir y entregar a Alice junto a Charlie, para que fuese el responsable de escoltarla hasta el altar para entregarla a Peter. Mi padre y ella, habían creado un vínculo paternal que se hacía cada día más fuerte y conociendo a mi amiga, cualquiera podía enamorarse de ella, ¿quién iba a pensar que al principio esta mujer me odiaba?

–Sólo se feliz, nena– Le dije besándole la mejilla.

–Gracias, Bella, Rose. Son las mejores.

Y así salimos al patio del jardín del pequeño salón. Era un lugar de cuentos de hadas o al menos así lo veía yo. El lugar estaba cerca del bosque, se había realizado todo gracias a las maravillosas y esplendidas manos de Esme, Renée y Rose, las cuales, se habían tomado el suficiente tiempo para lograr que el lugar se convirtiese en algo completamente mágico y maravilloso. Las sillas de los invitados eran blancas, con lazos en la espalda de color beige y plata, miles de flores blancas y un arco de rosas para recibir a los novios. La vegetación era verde y espesa y al final del pasillo, se encontraban el atril del sacerdote, el novio y el padrino más jodidamente sexy de la historia: Edward.

–Estoy nerviosa – Comentó Al rompiendo mis pensamientos.

–Todo estará bien, pequeña– La animó mi padre–. Verás que sí.

–Gracias, señor Black.

Y Charlie le sonrió.

Y la marcha nupcial comenzó, para mi mala suerte, yo era la primera que entraba, demonios, ¿cómo había terminado siendo la madrina de esta mujer? Pero no había podido negarme en lo absoluto, ella y yo habíamos construido un lazo demasiado fuerte junto con Rose, pero esta, al saber el tanque de guerra que era la pequeña, se dio por retirada justificando la negación por su embarazo, alegando que no podía tener tanto movimiento ni demasiadas emociones fuertes, Rose era una mentirosa, así que no tuve más remedio que aceptar. Y Edward, había aceptado ser el padrino del novio debido a que este, no tenía alguien cercano a quién pedírselo, así que mi novio, accedió sin más sabiendo cual era mi situación.

De acuerdo – Me dije a mi misma–. Respira, Isabella. No estés nerviosa, no lo estés.

Y mi padre comenzó a hablar.

–Es tu turno, hermosa. Tienes que entrar.

Y abrí los ojos obedeciendo sus palabras. Comencé a caminar lentamente por el pasillo escoltando a mi padre y a la hermosa novia. Mi vestido mostraba una sensual abertura de la pierna, el mismo que ella había diseñado en modelo y color. Miré hacia mis pies, las piernas me temblaban como gelatina, demonios, odiaba ser el centro de atención de todos mientras llevaba mi ramo de rosas rojas en la mano. A los lados había gente conocida, a la derecha estaba Jake y su nueva esposa Laia, si era como una epidemia eso de casarse, la cual tenía un mes de embarazo y lucía apenas su pequeño vientre abultado.

Como había dicho, Jake se había ido a buscarla a Francia y allá mismo, se habían casado. Su trabajo había progresado de lo mejor, no les faltaba absolutamente nada y aquello hizo prosperar su bienestar económico, así como el impulso de la carrera de ambos. Ahora vivían en Washington, donde mi hermano había conseguido un contrato permanente que le permitiría quedarse con su esposa mucho más tiempo, ambos estaban felices.

Al lado izquierdo estaba Carlisle y Esme, ambos se veían tan felices y jóvenes. Después de haber pasado una temporada viajando, Carlisle había conseguido descubrir y patentar una nueva medicina que ayudaba a las enfermedades cardiovasculares, aquel viaje le había enseñado también que antes que el trabajo estaba la familia y había decidido que después de todo y algunos años más; se jubilaría para pasar más tiempo junto a Esme, la cual se había decidido a tener un pequeño trabajo de florista cerca de la ciudad de New York. Al poco tiempo de ver sus creaciones, de las muestras que tenía en su jardín, la florería había sido todo un éxito.

También ahí, estaba Rose abrazado por la espalda de su esposo. Emmet había crecido como inversionista en International a tal grado, que había comenzado a invertir en empresas americanas y europeas para así, comenzar un proyecto de expansión en Emiratos Árabes.

Renée estaba sonriente mirándome con ternura, después de un tiempo, se colocó como socia de Esme en la florería y así, pasaba gran parte del tiempo junto a ella fungiendo una hermosa amistad, además de pensar en un pequeño proyecto de una cafetería cerca del negocio que tenía con la señora Cullen.

Y al frente, junto al novio, estaba él, el gran amor de mi vida. Vestido de un impecable negro con corbata y camisa blanca que lo hacía ver tan elegante como siempre. Jamás me cansaría de verlo, él era tan hermoso y perfecto e increíblemente mío. Edward y yo habíamos decidido decirnos la verdad, del verdadero amor que sentíamos el uno por el otro. Y sobre todo, habíamos decidido ser para siempre uno solo, ser para siempre nuestros.

Nos queríamos casar y aún recordaba el día en que se lo habíamos dicho a Charlie.

–Papá…

–No me asustes, Isabella.

–No, no te preocupes por favor. Es que, daré un gran paso en mi vida y quiero tu apoyo.

–Te escucho.

Y entonces entendí que era el momento de decir la verdad, miré los ojos verdes y no sentí miedo.

–Estoy enamorada, papá y me voy a casar con Edward Cullen.

¿Qué dijiste Isabella Marie Black?

–Lo que escuchaste papá– Dije con seguridad–. Me casaré con él.

–Pero, ¿cuándo?, ¿cómo?

Edward me miraba sonriente mientras jugaba con los mechones de mis cabellos sueltos después de la salvaje mañana que habíamos tenido haciendo el amor. Estuvo conmigo en todo momento y pude jurar que escuchaba lo que decía mi padre.

–No lo sabemos aún– Contesté un poco menos nerviosa.

–No voy apoyarte hasta que ese hombre pida tu mano en matrimonio, Isabella– Y Colgó enojado.

Estaba completamente segura de que todo lo que ocurría es que mi padre estaba completamente celoso del hecho que yo ya me casaba, pero como sabía cómo era, no tenía más remedio que viajar a New York para poder calmar las aguas.

–No me quiere, ¿cierto?– Preguntó Edward tras probar un bocado.

–Ese no es el problema. Lo que pasa es que es un papá oso, eso es todo.

–Yo también estaría molesto si me quisieran arrancar a tu lado.

–Nadie nunca lo hará – Y me acerqué casi rozándole los labios–. Yo quiero estar contigo siempre.

–Eso es lo que haremos, mi flor. Eso haremos.

Después de hablar con los padres de Edward, decidimos ponerle fin a la situación que teníamos con Charlie por el bien de todos. Días antes de nuestra partida, habíamos hablado con Renée y nos había explicado un poco como estaba la situación en casa. Le pedí de favor que visitara mi departamento y lo preparada para mi llegada con algunos paquetes de alimentos para dos personas.

Al escucharme se sorprendió demasiado y le dije que iría con Edward para hablar con Charlie de nuestro matrimonio. Casi me deja sorda cuando gritó de la alegría tras la noticia, no había escuchado tan feliz a mi madre después de tanto tiempo y al finalizar, le comenté a qué hora arribaríamos. Edward por su parte, había dejado a cargo a uno de los socios más viejos y expertos de la empresa, por el tiempo que estaría ausente.

–¿Estás seguro que quieres ir?

–Nena, no puedo dejarte sola. Ahora estamos juntos, ¿recuerdas? Tú y yo contra el mundo – Y rio–. Y contra Charlie.

Llegamos incluso más rápido desde el avión privado de Edward. Juntos llegamos hacia mi departamento casi a las 11:00 pm y era demasiado tarde como para ir a casa de mis padres.

Renée había hecho un excelente trabajo. Las cosas estaban perfectas, e incluso, había comida refrigerada que me dispuse a calentar para cenar. Edward se quedó quieto mientras desamarraba su corbata y veía cuidadosamente toda la habitación, me sentía un poco intimidada referente al hecho que mi hogar era mucho más pequeño que su enorme casa en Francia.

–Sé que es pequeña – Me disculpé –. Pero es…

Y antes de que pudiese decir algo más, atacó mis labios con fervor y pasión. Me alzó de las piernas a tal grado de que mis zapatos de tacón salieron volando y me sentó en la barra de la cocina con un poco de fuerza. Mi falda quedo abierta al par de mis piernas, haciendo que, sus caderas quedaran exactamente posicionadas sobre mi sexo. Yo jadeaba con los brazos alrededor de su cuello y sentía como una de sus manos me acariciaba lentamente los senos por debajo de la ropa.

–No me importa donde vivamos, mi amor… Mientras ahí pueda hacerte el amor – Y el listón que llevaba sujetando mi cabello, cayó.

Mi melena se quedó sobre mi espalda con pesadez y rápidamente, me comenzó a desvestir succionando con los labios cada parte de mi cuerpo y mordiéndola suavemente. Su lengua caliente me hacía cerrar los ojos y apretar las piernas y así como él, no pude evitar comenzar a desvestirlo. Su camisa de lino blanco se despidió, quedando con el torso desnudo. Después su cinturón el cual, incluso antes de soltarlo al completo, me alzó entre sus brazos y me llevó a tientas hasta la habitación para arrojarme suavemente a la cama.

Me mordí los labios apoyándome sobre mis codos y comencé a hiperventilar por la excitación.

–Edward…

–Shh – Dijo coquetamente quitándose el pantalón con lentitud–. Hoy quiero solo escuchar tres cosas: que me amas, tus gemidos– Y se mordió los labios–. Y que quieres más.

–Oh…

Se abalanzó hacia mis piernas abriéndolas lentamente y con los dientes, me comenzó a jalar las bragas hasta quitármelas al completo. Yo estaba contando los segundos para que todo comenzara, pero tan malvado como era, me comenzó a torturar lentamente mientras se cernía sobre mí, pasando su lengua en mi sexo con demasiada lentitud.

Sentía que iba a explotar, mis terminaciones nerviosas cobraban vida en cada caricia húmeda y yo gemía descontroladamente mientras apuñaba a mi costado, el grosor de las sábanas de mi cama, y la velocidad no aumentaba. Sentía que iba a estallar si seguía así, no quería eso pero era tan placentero.

–Por favor…

Pero Edward ignoraba mis suplicas haciéndome gemir aún más.

–Por favor– Le volví a pedir.

Y seguía arremetiendo tan húmedo y lento sobre mi sexo que pude jurar, que introdujo su lengua en mí llevándome a la locura. Mis caderas se comenzaron a mover por mera mecánica, clamándolo y pidiéndolo a gritos.

–¡POR FAVOR MI AMOR!

–¿Qué, mi vida? ¿Qué quieres?

–A ti…– Jadee excitada–. A ti…

–De acuerdo mi amor – Me dijo–. Tienes todo de mí, hermosa, eso jamás lo dudes.

No vi exactamente en cuando se colocó el preservativo, pero de una estocada entró a mí haciéndome arquear la espalda y aruñar la suya. Se quedó quieto un segundo y buscó mis ojos mientras acariciaba mi cabeza con dulzura.

–¿Te dañé?

Negué con la cabeza con lentitud.

–Te amo, Bella.

–Te amo – Suspiré.

Y se comenzó a mover lentamente dentro de mí. Mis paredes comenzaron a contraerse indolentemente, y el cuerpo de Edward derramaba dulce sudor mojándome aún más. Su piel era fuerte y suave a la vez contra la mía y de alguna manera, perfecta. Enrede la pierna derecha a sus caderas haciendo que la penetración fuese más profunda e increíblemente poderosa.

Mi hombre comenzó a temblar y yo con él. Sabíamos que nuestros cuerpos colapsarían a la par haciéndonos ver nuestros organismos en la cama, mientras nuestras almas flotarían juntas en la habitación.

–Te amo… Te amo…

–Te amo, Bella… Te amo…

–Oh – Gemí–. Más Edward…

Y sonrió sardónico por mis plegarias, aunque mi cuerpo se estaba cansando yo quería muchísimo más de él, de mi hombre, de mi Edward. Solo él había entrado con tanta fuerza a mi corazón que dolía el simple hecho de pensar que ya no estaría a mi lado, aunque fuese el menos tiempo posible; y amaba cada parte de él, no comprendía cómo había llegado a ser lo suficientemente idiota como para creer que podía estar alejada de él, si todo era mi mundo.

Cada día, desde que nos habíamos encontrado, habíamos estado más que unidos en todos los sentidos. Llegaba a casa llenándome de rosas y besos, comíamos en la terraza, hacíamos en el amor en todas las habitaciones, nos duchábamos el uno al otro, nos vestíamos y desnudábamos a la par como reflejos y nos amábamos con tanta intensidad que parecía imposible. Y así al par de mis palabras, nuestras respiraciones y toda aquella sencilla forma de amarnos, nos hacía pensar que después de todo, nuestra relación era tan natural como respirar.

Lo sentía en ese preciso instante, mientras nuestros sexos se confundían fundiendo algo más allá que nuestros cuerpos. Yo lo amaba y él a mí. Su espalda sudada, su frente aperlada, sus orbes verdes penetrantes, sus manos gruesas y fuertes, su pecho ligero de vello sensual y sus labios gruesos que clamaban mi boca con violencia, me hacía caer en un torbellino de placer y amor…

Y juntos explotamos.

–¡Bella!– Gritó vaciando todo dentro de mí.

Las convulsiones placenteras me hicieron sisar su nombre pegada a su frente y cuando todo termino, mi cuerpo con flacidez, se dejó caer en sueños.

Solo recordaba que sus piernas me aprisionaban el cuerpo con dulzura y posesión, porque así era, Edward me poseía al completo, haciéndome suya más allá de mi cuerpo, mi corazón y mi alma.

A la mañana siguiente, después de volver a hacer el amor mientras nos "duchábamos", Edward me cargó en brazos hasta la cama para volver a entrar en mí de golpe haciéndome sentir completamente plena y satisfecha. Sentía como jamás nos saciábamos el uno del otro, por lo que era casi imposible mantener nuestras manos lejos de nuestros cuerpos.

–Demonios, nena – Dijo cayendo a mi lado mientras miraba el techo y su pecho subía y bajaba con violencia –. Eso fue increíble.

Mi frente estaba perlada en sudor, aún después de la ducha.

–Lo sé – Dije honesta ya que no sabíamos cómo lográbamos complacernos aún más que las veces anteriores, y sobre todo dejándonos más sedientos.

–Nunca tengo suficiente de ti – Comentó apoyándose sobre su codo izquierdo–. ¿Qué me has hecho, Isabella Swan?

–Amarte – Respondí tocando su rostro.

–Entonces no dejes de hacerlo – Me pidió con el corazón, sellando nuestra dulce promesa con un beso.

Cuando por fin nos habíamos dignado a salir de la cama, Edward condujo hasta la casa de Charlie Black para poder reunirnos. Sabíamos que la visita le tomaría de sorpresa, pero al menos sabía que "papá oso" daría en visto bueno acerca de la responsabilidad de mi prometido.

Prometido.

Amaba esa palabra.

–Llegamos, mi bella americana.

Sonreí como una tonta.

–¿Algún día dejarás de llamarme así?– Pregunté moviendo las manos.

–Es difícil despegarse de las viejas costumbres – Dijo coquetamente guiñándome un ojo y saliendo del auto para abrirme la puerta.

Mi cara debió ser un poema quizás. El hecho de recordar a Edward como mi "acosador", hacía que las noches de pasión fuesen más interesantes, aunque claramente, la fantasía de hacer el amor con mi caballero de armadura de hierro, era un tema que jamás habíamos comentado. Quizás algún día, con un poco de suerte y algo de lencería podría lograrlo.

Caminamos a la puerta tomados de la mano. Ahora el nerviosismo hacía sentir que mi dedo corazón pesara casi literalmente una tonelada a causa de mi anillo de compromiso. Yo era una de esas chicas que jamás había llevado un novio a casa. El hecho de vestir como vieja bibliotecaria no era un anzuelo exacto para atraer muchachos en la preparatoria y mucho menos en la universidad, así que prácticamente, me casaba con mi primer novio, amante, compañero de trabajo, compañero de habitación, entre otras muchas cosas.

Vaya, eran muchas primeras veces.

–¿Estás bien?– Me preguntó de manera seria.

–Claro, estoy bien.

–De acuerdo – Y sonrió–. Vamos a hacer esto de una vez por todas, futura señor Cullen.

Yo traté de sonreír mientras un trago de saliva se depositaba pesadamente en las paredes de mi estómago.

Y el timbre sonó.

La cara de Charlie Black era un poema cuando nos vio parados a ambos, tomados de la mano. No podía leer la mente de Charlie, pero si podía al menos intentar adivinar algunos de sus pensamientos.

–"¿Este es Edward Cullen? No es tan perfecto como presumen", "¿Qué carajos hace tomándote de la mano? ¡Están enfrente de mí! ¡POR DIOS!", "Debí dejar la pistola cerca de la mesa de estar", "Solo buscaré el mínimo pretexto para hacerlo sentir menos", "¡QUIERO PATEARLE EL CULO POR QUERER LLEVARSE A MI NIÑA!"

–Hola – Nos saludó seriamente.

–Hola, papá.

–Señor Black – Saludó sonriente Edward –. ¿Cómo le va?

—Deja ya de retorcer los dedos, Bella. Por favor, intenta recordar que no vas a confesar un asesinato— Me comentó tan bajo para solo escucharlo yo.

—Qué fácil es decirlo para ti— Respondí apenas moviendo la boca.

Mi padre nos invitó a entrar con apenas un movimiento de manos y noté como mi madre nos miraba sonriente. Mi novio apretó mi mano con dulzura dándome apoyo.

—Tranquilízate, Bella —susurró Edward, escuchando cómo se me aceleraba el corazón.

La puerta golpeó contra el batiente, y me encogí como si me hubieran dado una descarga eléctrica.

—Hola, Charlie, Renée—saludó Edward, completamente relajado.

—¡No! —protesté en voz baja.

—¿Qué? —replicó Edward con un hilo de voz.

—¡Espera hasta que cuelgue la pistola!

Edward se echó a reír y se pasó la mano libre entre la mano libre entre los alborotados cabellos del color del bronce.

Mi padre nos miró ceñudo mientras de vez en vez, miraba a mi madre la cual nos veía con atención. Todavía con el uniforme puesto, aún armado, e intentó no poner mala cara cuando nos vio aun tomados de la mano y sentados en el sofá después de haber entrado en la casa.

—Hola,¿Qué hay?

—Queríamos hablar contigo —comenzó Edward, muy sereno—. Tenemos buenas noticias.

La expresión de Charlie cambió en un segundo desde la amabilidad forzada a la negra sospecha, aunque todos los presentes sabíamos que en realidad estaba de más enterado que era lo que en realidad ocurría.

—¿Buenas noticias? —gruñó Charlie, mirándome a mí directamente.

—Claro que sí, papá.

Él alzó una ceja y me observó con fijeza durante cinco segundos. Después se sentó haciendo ruido justo al borde del asiento abatible, con la espalda tiesa cómo una escoba.

—No te agobies, papá —le dije después de un momento de tenso silencio—. Todo va bien.

Edward hizo una mueca, y supe que tenía algunas objeciones a la palabra «bien». Él probablemente habría usado algo más parecido a «maravilloso», «perfecto» o «glorioso».

—Entonces te escucho, hija.

Pero yo me quedé petrificada ante la idea de que mi padre se negara al completo con la repentina decisión de casarme con Edward. Todo apuntaba a que algo malo ocurría y mi nerviosismo hablaba más que nada en el lugar. Yo estaba sudando y mi corazón se desbocaba de los nervios.

—¡Estás embarazada! — Explotó Charlie—. Estás embarazada, ¿a que sí?

Aunque la afirmación iba claramente dirigida a mí, ahora miraba con verdadera hostilidad a Edward, y habría jurado que vi su mano deslizarse hacia la pistola.

—¡No! ¡Claro que no!

La cara de pocos amigos de Charlie se relajó un poco. Siempre había quedado bien claro en mi cara cuándo decía la verdad y cuándo no, por lo que en ese momento me creyó.

—Ah, vale.

—Acepto tus disculpas.

Se hizo una pausa larga. Después de un momento, me di cuenta de que todos esperaban que yo dijera algo. Alcé la mirada hacia Edward, paralizada por el pánico, pues no había forma de que me salieran las palabras.

Él me sonrió, después cuadró los hombros y se volvió hacia mi padre.

—Charlie, me doy cuenta de que no he hecho esto de la manera apropiada. Según la tradición, tendría que haber hablado antes contigo. No deseo que esto sea una falta de respeto, pero cuando Bella me dijo que sí, no quise disminuir el valor de su elección; así que en vez de pedirte su mano, te solicito tu bendición. Nos vamos a casar, Charlie. La amo más que a nada en el mundo, más que a mi propia vida, y, por algún extraño milagro, ella también me ama a mí del mismo modo. ¿Nos darás tu bendición?

Sonaba tan seguro, tan tranquilo. Durante sólo un instante, al escuchar la absoluta confianza que destilaba su voz, experimenté una extraña intuición. Pude ver, aunque fuera de forma muy fugaz, el modo en que él comprendía el mundo. Durante el tiempo que dura un latido, todo encajó y adquirió sentido por completo. Y entonces capté la expresión en el rostro de Charlie, cuyos ojos estaban ahora clavados en el anillo.

Aguanté el aliento mientras su piel cambiaba de color, de su tono pálido natural al rojo, del rojo al púrpura, y del púrpura al azul. Mi madre nos observaba a lo lejos desde el umbral con una enorme sonrisa en los labios para después acercarse lentamente hasta el recargo de los brazos del sillón de donde se encontraba mi padre. Comencé a levantarme, aunque no estaba segura de lo que planeaba hacer, quizás hacer uso de la maniobra de Heimlich para asegurarme de que no se ahogara, pero Edward me apretó fuertemente la mano y murmuró «dale un minuto», en voz tan baja que sólo yo pude oírle.

El silencio se hizo mucho más largo esta vez. Entonces, de forma gradual, poco a poco, el color del rostro de Charlie volvió a la normalidad. Frunció los labios y el ceño y reconocí esa expresión que ponía cuando se «hundía en sus pensamientos».

Nos estudió a los dos durante un buen rato, y sentí que Edward se relajaba a mi lado.

—Diría que no me he sorprendido en absoluto —gruñó Charlie—. Sabía que me las tendría que ver con algo como esto antes de lo que pensaba— Y su rostro se relajó aún más—. Todos esos viajes tenían nombre y apellido, ¿no es así, Bella?

Exhalé el aire que había contenido.

—¿Y tú estás segura? —me preguntó de forma exigente, mirándome con cara de pocos amigos.

—Estoy segura de Edward al cien por cien —le contesté sin dejar pasar ni un segundo.

—Entonces, ¿quieren casarse? ¿Por qué tanta prisa? —me miró, nuevamente con ojos suspicaces.

Edward me miró fijamente. No podía leerle la mente pero todo lo que había en los dos, a pesar de ser personas totalmente independientes, apuntaba a que estábamos total y completamente enamorados el uno del otro, pero después de hacer el amor como desquiciados los últimos días, no podíamos simplemente llegar a la casa de mi padre con la noticia de que, mi ahora prometido, me había acosado en todo el contexto de la palabra, de que nos habíamos enamorado en cada uno de los encuentros que habíamos tenido y más de un encuentro íntimo mientras vivíamos juntos en Francia.

Pero había cosas que no le podía explicar a Charlie.

—Bella y yo nos enamoramos perdidamente desde que nos vimos, Charlie —le confesó Edward sorprendiéndome del todo con sus palabras—. Me gustaría hacer bien las cosas, bueno, hacerlas como es debido. Así es como me educaron —advirtió Edward encogiéndose de hombros.

Charlie torció la boca hacia un lado, buscando un modo de abordar la discusión.

Pero ¿qué era lo que podía decir? ¿«Antes prefiero que vivas en pecado»? Era un padre y en ese punto estaba atado de pies y manos.

—Sabía que esto iba a pasar —masculló para sus adentros, frunciendo el ceño.

Entonces, de repente, su rostro se transformó en una expresión perfectamente inexpresiva e indiferente.

—¡Papá! —exclamé con ansiedad.

Le eché una ojeada a Edward, pero no le pude leer el rostro mientras él miraba a mi progenitor.

—¡Ja, ja! — Explotó Charlie y yo pegué un salto en mi asiento—, ¡ja, ja, ja!

Observé con incredulidad cómo mi padre se doblaba de risa, con el cuerpo sacudido por las carcajadas.

Miré a Edward para que me tradujera lo que pasaba, pero él tenía los labios apretados con firmeza, como si también estuviera conteniendo la risa.

—Vale, estupendo —replicó Charlie casi ahogado—, casaos —le dio otro ataque de carcajadas—. Sí, sí, pero...

—Pero ¿qué?

—Pues que se lo tendrás que dejar todo tú a tu madre, y yo ¡no le pienso decir ni una palabra a Renée! ¡Es toda tuya!

Y como acto reflexivo, mi madre comenzó a aplaudir como niña pequeña, haciéndome saber que la preparación de mi boda, sería el experimento exacto para escribir la tesis de: "Cómo enloquecer a Bella".

—¡Habrá boda!— Gritó mi madre—. Y Alice será mi mejor aliada.

Edward estaba que no soportaba la risa y traté de golpearlo con el codo sabiendo que no lograría infringirle el menor de los daños, a sabiendas también de que, Alice y mi madre, serían el castigo de Charlie por decidir casarme tan "inesperadamente".

Seguí caminando por el pasillo, mientras mantenía una pequeña sonrisa en el rostro y Edward me sonreí coqueta y lujuriosamente mediante la abertura de mi vestido.

—Hola —Me saludó apenas y moviendo los labios y guiñándome un ojo con las manos al frente.

—Hola — Lo saludé mordiéndome la boca lo que provocó que gruñera por lo bajo.

Me acomodé en mi lugar derecho del sacerdote y atrás de mí, mi padre y Alice venían desfilando a paso lento. La sonrisa de mi amiga era hermosa y estaba tan feliz que yo me sentía igual. Al llegar junto a Peter, Charlie entregó a Alice con un beso en la mejilla dándole la mano a Peter.

—Cuídala— Sentenció—. Ella es como mi hija.

—Con mi vida, señor— Contestó el novio sonriente para después alzar el velo de la novia.

Y la ceremonia comenzó.

Mientras escuchaba las palabras del sacerdote, me di cuenta de que en la vida, todos y cada uno de los seres humanos, nacíamos con el don y la gracia de amar. Algunos, desterrados de aquellos sentimientos, vivían en completa soledad y amargura, fue entonces cuando mi cara se fijó en la de Edward, el cual, me observaba meticulosamente sin perderme de vista.

Pude jurar que pensaba de mí, mejor dicho en nuestra intimidad. Sus ojos iban desde mis senos hasta mis piernas y yo me sentía quemar.

Y de la nada, mi teléfono celular vibró anunciándome que un mensaje había llegado.


Preciosa, estás para desnudarte aquí mismo. Demonios nena, sé que es sacrilegio pero me encantaría hacerte mía en este instante. Necesito sentirte apretada y yo dentro de ti, nena.

E.


Demonios amor, deja de mirarme así— Maldije leyendo disimuladamente mi celular mientras el padre seguía hablando, y al notar mi expresión, Edward se sonrió. Oh si, sabía leer mis expresiones.

Comencé a teclear mi respuesta sin que nadie lo notara.


Me perturbas con tus palabras amor, ¿qué pretendes? ¿Qué tenga una orgasmo, aquí mismo? Eres malvado.

B.


Y su sonrisa se intensificó.


Nena, estoy esperando a que esto termine. Estoy más duro que una roca por ti y ese endemoniado vestido tuyo no ayuda demasiado, ¿quién crees que está por venirse con solo verte? Si Pete y Alice se descuidan, estrenaremos la habitación nupcial tú y yo.

La deseo señorita Swan, deseo hacer que se derrita y solo escuchar tres cosas, ¿las recuerda?

E.


—¡Madre mía!— Exclamé alarmada leyendo el mensaje y por supuesto, llamando la atención de los demás.

Todos los presentes me miraron con cara de póker. Y en definitiva, Edward estaba al otro extremo con la mayor seriedad posible y mirándome ajena como si no supiese lo que en realidad pasaba. Mi cara estaba como un tomate y sentía las extremidades entumidas como si estuviese en un examen oral frente a 2000 personas y en calzoncillos.

—¿Se encuentra bien?— Preguntó el sacerdote.

—Sí. Discúlpeme— Le pedí—. Por favor, continúe.

El padre continúo haciendo caso omiso a mi intromisión y le lancé una mirada asesina al hombre más sexy del lugar, el cual se mordía los labios por ahogar una carcajada. La ceremonia fue hermosa de pies a cabeza. Edward y yo entregamos los anillos y casi lloré de felicidad al escuchar sus votos matrimoniales. Yo, que era una persona completamente desinteresada de este tipo de temas, ahora me sentía realmente conmovida con cada palabra dicha por los enamorados.

Y al final, una triunfante y hermosa frase.

—Y por el poder que me confiere la iglesia, yo los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.

Y una ova de aplausos se escuchó en el lugar mientras Al y Pete cerraban el acto con un teatral beso.

—Les presento al señor y la señora Duncan's.

Alice y Peter Duncan´s caminaron sonrientes por el pasillo que les conducía hasta la salida del lugar, ahí subieron a una limosina para que tuviesen un momento, juntos en privacidad y así, poder volver después de un rato a la recepción, que era en el mismo sitio.

Cuando pensé que se iban, mi mano fue sujetada por una gruesa que me atrajo con delicadeza.

—¿A dónde vas?— Preguntó con mi espalda pegada a su pecho.

—Yo…

—Usted y yo tenemos una cuenta pendiente— Dijo cerca de mi oído con su aliento caliente y dulce.

—Ed…-ward-d—Sisee tan lento cuando la gente pasaba a nuestro alrededor y me tocaba el trasero.

—No te atrevas a gemir— Me amenzaó con pasión apretándome —. O te juro que te hago mía en este mismo suelo.

Y noté como mi madre y mi padre se acercaba a nosotros. Quise despegarme del cuerpo de Edward pero su mano —que se mantenía dura en mi trasero— me mantenía fija a él, seduciéndome y acariciándome.

—Muy hermosa ceremonia, ¿no es así?— Preguntó Renée.

—S-íí— Respondí temblorosa.

Y en seguida, Laia y Jake llegaron junto a nosotros, ay por Dios que bochorno.

—Hola Bella — Me saludó mi cuñada—. ¿No fue fantástico? La señora Cullen, Black y Rose se lucieron.

—De eso no me cabe duda— Respondió mi padre con orgullo.

—Claro que si mamá— Comenté—. Todo está ¡PRECIOSO! — Grité a la par sintiendo como Edward pellizcaba sutilmente una nalga haciéndome vibrar.

Mi padre me miró asustado junto con los demás. De verdad que estaba actuando rara.

—¿Estás bien, Bella? —Me preguntó inocentemente Edward sobándome la parte afectada.

—Sí—Respondí inmediatamente—. Es que creo que me quiso dar un calambre.

—¿Quieres sentarte?

—Eso estaría bien.

Y Laia y Jale comenzaron a reír por lo bajo mientras mis padres sonreían.

—Deberíamos ir a sentarnos a la recepción para esperar a los novios — Comentó mi padre tomando la cintura de Renée.

—Eso estaría bien, ¿vienen con nosotros chicos?— Preguntó mi hermano.

Edward me miró sonriente y tomó la voz de mando.

—Creo que después los alcanzamos, Bella y yo iremos por el regalo de bodas de Alice y Peter.

—¿Regalo de bodas?— Preguntó mi padre ceñudo—. ¿Qué regalo?

—Es una sorpresa— Comentó Edward—. No tardaremos mucho, bueno… Lo suficiente— Dijo con su mano tocando suavemente mis caderas.

Y notamos con Esme y Carlisle se aproximaban hasta nuestro pequeño grupo y comenzaban a charlar entre ellos. Nuestras madres y padres se llevaban tan bien, así como Jake y Laia y la bella Rosalie y Emmet, dos parejas embarazados con dos matrimonios enamorados, definitivamente Edward y yo desencajábamos en el lugar.

—Pasemos a la mesa— Interrumpió Carlisle.

—Por supuesto— Respondió Carlisle de la mano de Esme.

—Nosotros volvemos en un momento— Comentó Edward halándome de la mano.

—No tarden mucho, chicos— Rio Emmet casi adivinando los pensamientos de Edward.

Edward hal+o de mi con fuerza y me llevó hasta la parte trasera del estacionamiento. Yo estaba realmente confundida, ¿hacia dónde iban los pensamientos de este hombre?

—Cariño, ¿hacia dónde vamos?—Pregunté confundida.

—A un lugar solos.

—¿Solos? El estacionamiento está solo…

Y la mirada de Edward se iluminó con malicia pero no dijo nada. Yo seguía caminando tras él como muñeca de trapo pero confiaba tanto en él que no me importó. Cuando llegamos, nos colocamos enfrente del Aston Martín y me abrió la puerta trasera con caballerosidad.

—¿Atrás?—Pregunté confundida.

—Oh Bella…— Dijo con malicia—. "Atrás" suena delicioso.

Yo me sonrojé, Dios ese hombre no tenía remedio alguno y yo lo amaba.

Entré sin percatarme de lo que verdaderamente pensaba y cerró la puerta de golpe dejándome sola y aún más confundida.

—¿Qué planeas Cullen?

Y la puerta de mi lado izquiero se abrió repetinamente, dándole paso al hombre más guapo del universo.

—Estás hermosa— Dijo acercándose peligrosamente hacia mi escote.

—Lo estoy para ti— Contesté cerrando los ojos.

Edward gruñó mientras besaba mi piel y yo mojaba mis labios.

—Eres tan malvada, Swan. Mira que provocarme frente al sacerdote… Y a los demás con tu figura.

Y yo reí como niña.

—No fue mi culpa, Alice me pidió que vistiera así.

—Y tú tan obediente, ¿no es así? Debería castigarme nena. Tú eres mía, quiero marcarte como mía como un maldito animal.

Y comenzó a subirme el vestido peligrosamente mucho más arriba de mis caderas, dejándome en la diminuta ropa interior que traía y haciéndome poner más roja que un tomate y subir mi adrenalina de golpe.

—Mira nada más, casi sin bragas— Y me dio una nalgada que me hizo sisear de placer.

—Edward…

Me sentía húmeda, dispuesta, deseada y amada, así que no me importó. Edward provocaba tantas cosas en mí, que era casi imposible no dejarme llevar. Me acostó sobre el cuero de piel negro y sonrío ante la vista que le daba, se relamió los labios y después los mordió con lujuria.

—Eres tan bella y tan perfecta, mi amor. Pero tan mala que debes pagar.

Yo gemí ante sus palabras, esto prometía ser realmente bueno y sobre todo… placenteramente castigador.

Bajó mis bragas con delicadeza y abrió mis piernas sin quitarme los tacones, el vestido negro casi estaba en mi cintura haciéndome sentir muy expuesta pero deseosa.

—Déjame degustarte mi amor…. Déjame beberte.

Yo asentí sin más pero incluso antes de decir algo, pasó su lengua por mi sexo haciéndome vibrar y jadear descontroladamente. Aruñé el material del asiento con fuerza provocando que mi espalda se arqueara de placer y logrando que una capa de sudor cubriera mi frente. Subía y bajaba dentro de mí con su lengua, su calor me derretía y los besos y gruñidos eran exasperadamente eróticos que sentía el orgasmo tocando el centro de mi vientre.

—Dios… Edward…

Pero él seguía degustándome lentamente, yo no pude evitar tomarlo del cabello y acercarlo más a piel, pero también necesitaba de él y de todo su cuerpo.

—Por favor…

—Bella… Eres tan deliciosa nena, bebería todo de ti aunque eso me condenara en el infierno. Pero tienes que esperar.

Y un dedo entro lentamente en mi interior, subiendo y bajando. Grité de placer aunque no me importaba si alguien afuera en el estacionamiento nos oía y si era así, no me importó. Otro dedo más dentro y quería estallar, liberarme, lo necesitaba con todas mis fuerzas. Edward jadeaba junto a mí, alcé mi cabeza y noté comos sus ojos esmeraldas se fundieron en un oscuro lago de lujuria y sostuve su mirada mordiéndome la boca.

—No se te ocurra correrte, hermosa.

Mi desafío lo excitó aún más, por lo que comenzó a bajar sus pantalones y a tocarse solo. Yo me disgusté, no quería que él lo hiciera, deseaba hacerlo yo, porque me pertenecía completo, Edward era mío.

—No te toques…—Pedí—. No lo hagas.

—¿Por qué?

—Quiero… Oh… Quiero… Hacerlo yo…—Gemí.

—Oh no nena— Sonrió sardónico—. Esta vez quiero castigarte a ti.

Y abrió más piernas dejándome expuesta. Yo solo quería besarlo, hacerlo sentir como yo, que fuésemos iguales pero ahora me encontraba totalmente excitada y sin poder liberarme por culpa de un jodido vestido… Alice me las pagaría, pero ante tal punto… Me volvería a poner.

—Necesito… De ti.

—Yo también, Bella… —Gruñó—. Pero fuiste mala, nena, muy mala.

—¿Qué hice? —Jadee sintiendo sus dedos en mi interior.

—No puedo soportar que todos esos hombres te miraran y te desearan— Y pasó su lengua por mi muslo interno haciéndome gritar—. Estoy celoso, tan celoso que podría matarlos a todos…

—Oh Edward… Solo soy de ti…

—¡Eres mía! ¡Dilo!— Y metió sus dedos dentro de mí haciendo jadear.

—¡TUYA!

—De nuevo Bella — Pidió con la frente perlada en sudor—. ¡Dilo!

—Tuya, Edward ¡TUYA!

—¡Oh! ¡A LA MIERDA EL CASTIGO!—Gritó con lujuria y entró de golpe a mí.

Sentí colmarme lentamente haciendo que mis piernas se irguieran por mera mecánica. Subí un poco más las caderas, logrando que su penetración llegase aún más dentro de mi interior y comenzó a menearse rápidamente.

Lo miré a los ojos en cada movimiento. Sentía que iba a morir con Edward dentro de mí y apretó mis manos fuertemente. Su cara se desfiguró con gestos de placer y apretaba los ojos sintiéndome plenamente en cada caricia. Nos amábamos como locos, aunque estuviese celoso de un estúpido vestido, amaba incondicionalmente a este hombre de las cavernas que me hacía el amor como los dioses…

—Bella… —Gruñó— Dime que me amas… Dime que eres mía.

—Te amo Edward, te amo… —Soy tuya… Siempre.

—No lo soporto— y entró de golpe en mí— No soporto estos malditos celos…

—Yo te amo, solo ¡oh! ¡TE DESEO A TI!

Y movió sus caderas más fuerte y rápidamente.

—Ámame, ámame, ámame, ámame— Susurró sobre mis labios.

Aruñé su espalda, ¿cómo era posible que me pidiera eso cuando él era todo para mí?

—Siempre… Siempre…

Y lo sentí vibrar sobre mi cuerpo pero lo soportó y siguió dentro de mí.

—Casémonos… Bella… Casémonos ya.

—Sí… Sí...—Gemí.

Y Edward jadeo como un animal, besándome con pasión y fuerza.

—Esta semana, Bella. Por favor, solo esta semana.

—Mañana mismo si quieres— Dije enroscando las piernas.

Y Edward sonrió.

—No me tientes, mi amor.

—¡Oh demonios! No puedo más… Edward… Ya no…

—Eres tan preciosa mi amor… Vente conmigo.

Sus palabras me dieron el si y los dos explotamos gruñendo y gritando nuestros nombres. Edward tembló mientras se liberaba, su cuerpo y el mío bañado en sudor nos hacía perfectos. Mi corazón latía frenéticamente y nos recostamos el uno junto al otro mientras yo caía en un profundo sueño.


—Bella— Dijo tocando mis mejillas con suavidad—. Despierta mi amor.

Yo abrí un ojo lentamente y lo vi despeinado y sonriente.

—¿Qué hora es?

—Ha pasado media hora desde que llegamos. Te veías cansada y no pude evitar dejarte dormir.

Y me despavilé estirando los brazos. Bajé mi vestido y busqué mis bragas.

—Deberíamos irnos, Charlie y los demás deben estar preocupados.

—Ya los llamé yo y les dije que estamos bien.

Y yo seguí en busca de mi ropa interior.

—¿Qué buscas?—Preguntó con inocencia.

—¿Dónde está mi ropa interior?

—¿Te refieres a esta?— Y alzó el pequeño pedazo de tela con el dedo índice y una sonrisa.

—Edward…—Lo regañé.

—Se quedará conmigo hoy, señorita Swan.

—¿Por qué?—Pregunté apenada.

—Es su castigo.

—¿Andar así es mi castigo?

Y Edward asintió.

—La próxima vez recordarás que no debes estar tan hermosa para los demás.

—Edward Anthony Cullen Masen… Eres un…

—Me excita que digas mi nombre completo—Gruñó guiñándome un ojo.

Abrí la puerta del auto y comencé acomodar mi cabello dejando a Edward atrás.

—Oye... Oye… ¿qué pasa?

—Nada— Respondí incómoda.

—Bella… Lo siento, soy un imbécil celoso… Yo— Y bajó la mirada avergonzado—. Me emputa que los demás te miren como yo, como si te desearan.

—¿Y qué pretendes? ¿Matar a quién me mire?

—Eso suena bien…—Y no se inmutó en decirlo—. Pero si no quieres puedo enviar a alguien.

—¡Edward!

—Nena, este animal te ama…—Y me acarició la cara con ternura—. Solo te protejo.

Y lo abracé por el cuello con amor.

—Deberías entender que te amo solo a ti.

—Te creo pero, quiero estar contigo siempre, Bella.

—Y lo estaremos.

—Entonces, ¿si te casarás conmigo?

—Yo quiero casarme contigo…

Y me sonrió para luego besarme.

—Siempre juntos, Swan.

—Es lo que más deseo.

Y me alzó en el aire por la cintura haciéndome girar. Yo chillé de risa y pegué su frente a la mía.

—Te amo.

—Te amo— Respondí.

—Nos casamos este sábado, nena.

—Pero Edward… Hoy es viernes…—Y abrí los ojos de golpe.

—Exacto— Y me besó los labios con ternura haciéndome perder la respiración y las ganas de seguir luchando contra mis propios deseos.


CHAN CHAN CHAN CHAN

JEJEJE ESE EDWARD CAVERNÍCOLA ;) YO LO AMO.

ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO Y EL PRÓXIMO CAPÍTULO SERÁ EL ÚLTIMO, GRACIAS POR EL APOYO Y LA ESPERA, LAS AMO