Amor de verano
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 29 Vida nueva
Advertencia: Este capítulo contiene algunas escenas de carácter sexual y lenguaje adulto, precaución al leer.
Albert voló hacia el apartamento de Candy con Paula y Rossy, comiéndose todas las luces de los semáforos y casi pasando por encima de los demás carros. Cuando al fin entraron en el apartamento, Candy ni los saludó, le soltaron a Jeremy en los brazos de Albert y Terry la llevó corriendo a su carro para dirigirse al hospital que por suerte aún no había roto fuente y eso les hizo ganar más tiempo.
-Vamos, Candice. ¡Puja! Ya sabes cómo es.
-¡aaahhh! ¡Ufff!
Candy respiraba profundo y volvía a pujar. Su cara estaba brillando de sudor y el dolor era intenso, pero ella estaba loca por conocer a su bebé, moría por tenerlo en sus brazos al igual que Jeremy.
-¡Sigue pujando! ¡Más fuerte! ¡Otra vez!
-¡AAAhhh! Ya... no puedo más... ¡Ahhh!
-Ya casi, Candice. Ya está casi afuera. ¡Un poco más!
Terry apretaba su mano y ni se atrevía a sugerirle que siguiera, le daba pena verla pasando por eso, aunque al final la alegría era inmensa. Al fin se atrevió hablar para darle ánimo:
-Princesa, no te rindas ahora, vamos, se valiente.
-¿Valiente? ¿Por qué no lo pujas tú? ¡Tú me hiciste esto!
Le dijo ella tomándolo por el cuello de la camisa con coraje y el pobre Terry casi le dio ganas de llorar.
-Candice, otra más y ya lo tendrás. ¡Vamos!
Animaba el doctor ignorando la graciosa escena en donde Candy casi estrangula a Terry.
-¡AAAhh! ¡Ahhhhahhhhh!
Con su último aliento, finalmente el llanto se escuchó. Ahí estaba su bebé.
-Aquí está, chicos. Delen un beso.
Candy fue la primera en abrazar y besar su bebé y lloró de dicha y emoción, olvidando su coraje y que casi mata a Terry. Terry también cargó a su bebé con adoración por unos instantes y le dio un beso en la frente a Candy. Con dolor, entregaron a su bebé a las enfermeras para que puedieran preparar a Candy y que luego toda la familia pudiera conocer quién sería su próximo integrante.
-¡Terry! ¿Ya?
-Sí, mamá, está todo bien.
-¡Que bueno! ¿Cuando podremos conocer al bebé?
-Calma, papá, muy pronto.
En la salita se encontraban Eleanor, Richard, Alisson, Jimmy y Heidi. Todos ansiosos por conocer al misterioso bebé del que Terry aún no les había dicho si era niño o niña.
-Hola. ¿Cómo están todos?
-William, Rosemary. Cuando Candy los vea brincará de alegría..
Dijo Jimmy que después de varios meses, finalmente Rosemary pudo dejar el hospital y aunque no estaba del todo sana, al menos podía volver a su vida normal otra vez hasta que Dios quisiera y ella estaba agradecida por eso, de vivir cada minuto y poder conocer a su tercer nieto como pudo hacerlo con el primero. A Rossy no la pudo ver nacer, pero tan pronto estuvo fuera del hospital, no se desprendió de la niña jamás. El pobre Jeremy tenía unos celos que lo estaban matando.
- Hola, buenos días. ¿Familiares de Candice White?
-Sí, Somos nosotros.
Respondió Terry a la enfermera y todos miraron con el rostro expectativo.
-Ya pueden pasar a verla. Por aquí, por favor.
Indicó la mujer amablemente y todos la siguieron obedientemente y ansiosos. Cuando al fin llegaron vieron la imagen más hermosa. Ahí estaba Candy hermosa y radiante. Su pelo estaba lindo y ya no quedaba rastro del sudor y el sacrificio con que su bebé llegó al mundo.
-Hola, otra vez, aquí está tu papi.
Dijo Terry con orgullo sosteniendo a su bebé. Todos veían la escena enternecidos.
-Pero que precioso eres, mi amor. Otro bebé guapísimo.
Dijo Eleanor sosteniendo a Kyle Grandchester White, un hermoso rubio de ojos verdes, únicos rasgos que heredó de su madre, que de no haber sido por eso, sería el gemelo de Jeremy. Su pelo era lacio como el de su padre, su nariz, boca y mentón, todo era Grandchester. Un hermoso niño de veintidós pulgadas y ocho libras y media.
-Ven aquí, cielo, tu abu Rose te va a engordar muy pronto, ¿verdad que sí, guapo?
Dijo Rose con lágrimas en sus ojos viendo a su hermoso nieto. Tan adorable.
-Ya, déjenme cargarlo, me toca a mí.
Alisson casi le arranca el niño a Rosemary y lo cargó con todo el amor del mundo.
-Hola rubio hermoso. Vas a tener muchas chicas a tus pies, sí.
Jimmy sintió mucha ternura al ver como ella sostenía a Kyle, pensó que ella estaba hecha para ser madre y moría por verla con Gigi en brazos.
-Pero estas mujeres qué se creen, falto yo de cargarlo. Ven aquí, pequeñín.
Esta vez fue William que le arrebató el niño a Alisson y todos se rieron.
-Eres tan guapo como tu abuelo, con esos mismos ojos puse a tu abuela a mirar mariposas cantando.
-¡William!
Rosemary estaba abochornada. Su marido salía siempre con cada cosa delante de la gente provocando la risa de todos, menos la de ella.
-Bueno, ya, suficiente. Ven con tu abuelo Richard. Yo soy más guapo.
Candy descubrió de dónde venía la arrogancia de Terry. Richard cargó al niño orgullosamente, con tantas niñas, nada lo hacía más feliz que sus dos machitos.
-Candy, ahora sí que tendrás que pedir refuerzos, tres Terrys en la casa, uyyy, no quisiera estar en tus zapatos...
-¿Qué insinúas, Allie?
Preguntó Terry levantado una ceja y Candy rió.
-Nada, hermanito hermoso, que no sé cómo ella le hará para convivir con tres hombres tan guapos.
Le dijo, pero ni ella misma se lo creía ya que el problema no era lo guapos que eran, sino lo arrogantes, engreídos, posesivos y celosos.
-Ya, no digan eso, yo soy feliz con mis tres hombres, cuando llegue a casa los quiero a los tres en mi cama.
Terry le dio un beso en los labios a Candy muy fascinado con la idea de dormir pronto con ella y de acurrucarse los cuatro en la cama. Ahora tres hombres competirían por su amor y atención. El niño comenzó a llorar de pronto muy desesperado.
-Creo que está hambriento. Bueno, Candy, yo te dejo para que lo alimentes.
-Pero papá, nunca me dejan cargarlos.
Se quejó la pobre Heidi que por alguna razón era la única que se quedaba sin cargar a sus sobrinos hasta que ya estaban de alta.
-Está bien, Richard, deja que ella lo cargue un momentito, ya la visita está por acabar y este glotón tendrá todo el tiempo del mundo para comer.
Dijo Candy y Heidi al fin pudo cargar a su sobrino. Dio una maravillosa sonrisa al mirarlo con sus ojitos verdes mirando todo curioso, aunque en ese entonces los bebés aún no ven muy bien. Por alguna razón el niño se calmó unos instantes mientras Heidi lo mecía cuidadosamente y sin descuidar su cabecita. Así estuvo el niño un par de minutos, mientras todos los observaban, en especial sus padres, que tenían fe de que su pequeña encontraría un joven que la amara, la aceptara y comprendiera con sus defectos y virtudes. Ella estaba convirtiéndose en una gran mujercita y tenía mucho amor y cariño para entregar. El niño hizo su primera perreta y todos sin más remedio se despidieron, dejando a la pareja sola con su bebé y quedando Eleanor en recoger a Jeremy para que Paula y Albert se pudieran ir a casa.
-Me encanta ver como lo alimentas, mi amor. Es un momento mágico. Eres la mami más linda y sexy del mundo.
-Y tú el papi más guapo. Sólo tú puedes hacer niños así de hermosos, mi amor.
-Que bueno, porque pienso seguírtelos haciendo.
-¡Terry! No tiene ni dos horas de haber nacido.
Daban gracia estos dos. Terry había pasado las de Caín cuando le tocó cuidar a Jeremy él sólo, acaba de tener a su segundo bebé, que volverían pronto a las desveladas y a turnarse para atenderlo y ya estaba pensando en hacerle otro.
-Lo sé, mi amor, pero... tú aún me debes una niña.
Le contestó descaradamente pellizcando su nariz y luego depositando un beso en la cabecita de Kyle que chupaba su pecho sin que nada lo perturbara.
-No te preocupes, cielo, ella está en mi lista de cosas por hacer, no voy a dejarte sin tu niña. Pero por el momento me basta con ustedes tres.
Le contestó ella y fue a sacarle el pecho un momento a Kyle para sacarle los gases en caso de que no se atragantara. A penas lo hubo despegado, Jeremy II hizo alarde de lo buenos que estaban sus pulmones.
-Mi vida, sólo es un momentito, eres igual a Jeremy... ¡Jeremy! ¿Terry, te comunicaste con Paula? Pobre Jeremy, debe extrañarme y...
-Tranquila, cielo, está muy bien. Paula me dijo que se aprovechó de ellos y casi no pudieron cargar a Rossy porque Jeremy quería toda la atención. Si Albert cargaba a la niña, él quería irse con él y si la cargaba Paula, él quería irse con ella. Creo que les hizo la vida imposible por un buen rato.
-Mi arrogantito hermoso.
Exclamó Candy con melancolía y extrañándolo horriblemente. Despegó a Kyle para cambiarlo de pecho y otra vez el mismo episodio.
-Ay, mi amor, no sé qué vas a hacer. Ya veo la guerra que se avecina entre Jeremy y él. Insisto en que le tienes que quitar el pecho a Jeremy. Ya debe comenzar a tomar leche fresca.
-¡Ay sí! Tú lo pones tan fácil. Parece que no conoces a Terry Jr.
Mientras ellos discutían, Kyle seguía pegado al pecho, como si con él no fuera la cosa. Cuando al fin se sintió satisfecho, botó sus gases y Candy se lo pasó a Terry.
-Hola, Kyle. Eres la versión rubia de tu hermanito. Juntos vamos hacer la vida de mami un caos, ¿verdad que sí?
La primera sonrisa angelical de Arrogante III fue para su padre. Ese era el sello oficial de los Grandchester y Candy no podía creerlo. ¡Dios, ten piedad! Pensó.
-¿Ustedes harán mi vida un caos? Te recuerdo, cariño, que yo no soy la que se pone celosa por atención, ni me pongo hacer competencias...
-Deja que nazca mi Leah, ya verás quién se pone celosa cuando ella me quiera más a mí que a tí, ¿verdad, Kyle?
Dijo Terry con su habitual arrogancia y ella sonrió. Terry por su parte, meció a Kyle hasta que se durmió y luego de darle un besito en la frente, lo puso en su cunita y ayudó a Candy a que descansara para luego hacerlo él en la camilla conjunta.
-¿Leah? Eso tenemos que discutirlo, caballero.
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Con su peluca de pelo largo y rojizo, que caía en pesados bucles por su espalda y su maquillaje exagerado y cargado, lloraba de humillación. Tambaleaba en unos tacones de aguja transparente, su minifalda negra de cuero y su top plateado, como una muñeca rota, lloraba como una niña. Sus lágrimas eran negras porque el rimel se corría, pero más negra estaba su alma que nunca pudo encontrar la paz. Sus labios estaban pintados de un rojo brillante y en sus pechos había relleno para hacerlos ver más grandes.
-Hola preciosa. Que culito tan lindo tienes. Awww, veo que estás muy asustada, ¿es tu primera vez?
Preguntó él con lascivia en su mirada y complacidos en esos ojos que lo miraban aterrados.
-Déjame en paz, maldito.
-¡A mí no me hables así! ¡Perra!
Le dijó propinándole un derechazó provocándole caerse. De mala gana, le tendió la mano para que se levantara nuevamente. Vinieron varios amigos más para observar y disfrutar del espectáculo.
-Te salió ruda la muñeca, eh.
Comentó uno de ellos con una sonrisa burlona y mirando hacia la desdichada víctima con la misma lascivia de su compañero.
-No te preocupes, que muy pronto la tendré mancita. ¿Verdad, putita?
Le dijo y le dio un jamaqueón haciendo que cayera al piso en cuatro pies.
-¡Que empieze la diversión!
Así mismo en la posición que había caído, le hizo permanecer, le corrió la tanga que le había obligado a ponerse y sin pena ni gloria comenzó la acción.
-¡Ahhhh! ¡Nooo! ¡Suéltame, cabrón!
Gritaba con gran desesperación, pero su depredador no cedía, muy por el contrario...
-Eso es, grita, grita más duro, como la perra que eres. Eso es, ahhh... ahh... vamos, grita más, linda.
Con los gritos desgarradores de su presa, culminó su acto y luego le ofreció el platillo a uno de sus compañeros.
-Ay, amor, no sabes como esperé este momento. Es que ese culito tuyo es de oro, ¿verdad, Carlos? Veamos si se siente tan bien como se ve.
Sin siquiera concederle un minuto de descanso, el otro sujeto inició su función, sólo que éste era más rudo aún. No tenía límites ni compación y comenzó sus embestidas con una brutalidad, haciendo que llorara como una niña.
-¡Suéltame, hijo de puta! ¡Arrrrhhh!
-Gritas más que una puta barata. Estás más rica de lo que pensé. Uff... ahhh... mmm... ahh...
El desagradable sujeto terminó su barbaridad y aún temblaba de placer y sastisfación, mientras su objeto sexual yacía en el suelo, sin fuerzas ni voluntad.
-Te lo dije que estaba divina la perrita esta, Fausto.
-Y no te equivocaste, uff...
-Creo que yo le entro otra vez. Vamos, nena, aún me queda un segundo round.
El primero que había iniciado la pesadilla, volvió a retomar lo que había dejado y más excitado que la vez anterior, comenzó sus embestidas con más brutalidad que su compañero arrancando gritos de puro terror a su receptor.
-¡Arrrrhhh! ¡Eres un cabrón! ¡Voy a matarte, hijo de puta!
-¡Ay sí! Me gusta cuando te pones agresiva, eso me calienta más. Vamos, dime más. Sé que eres bien guarra. Eso, grita... mmm... ahh..
Cuando estuvo satisfecho por completo, se salió y se acomodó el pantalón como si nada.
-Vas a pagarme esto, infeliz.
-Eso es para que la próxima vez, aprendas a no dejar caer el jabón en la ducha... Maarrkk. Hasta tu nombre me parece de maricón.
Le dijo el sujeto con una risa perversa dejándolo ahí humillado y ultrajado, se alejó, no sin antes propinarle una patada.
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En su pequeño apartamento, con sus manos abrazando sus piernas, se sentaba melancólica en el sofá en compañía de su nuevo amigo, pero la tristeza y la descofianza no cedían.
-Otra vez, triste, linda... Ya no pienses más en eso. Tienes que darte otra oportunidad e intentar ser feliz. Yo apuesto por tí.
-¡No es fácil! No es tan fácil, comenzar y olvidar todo... No sabes todo lo que he vivido, todo lo que me ha tocado.
Estalló ella en una crisis de llanto, pero él no se alarmó porque ya estaba acostumbrado y se había propuesto sacarla de ahí, de ese abismo que él conocía muy bien.
-Claro que lo sé, linda. Lo sé de memoria, pero con la autocompación no vas a ganar nada. Eres hermosa, joven, maravillosa. Tienes que seguir adelante. Te has hechado a morir, piensas que no vales, cuando en el fondo eres una gran mujer, deseosa de ser amada y escuchada, yo conosco muy bien esa necesidad.
-¿Maravillosa? ¡Ja! Eso es que tú me ves con los ojos del alma. Una cucaracha tiene más dignidad que yo.
Dijo frustrada. Ya no habían palabras lindas que la hicieran suspirar, ni promesas que le dieran esperanza. Todo su mundo se había vuelto tinieblas. Ya no había metas ni sueños, ni ganas de vivir. Todo su ser había sido arrancado por completo, no quedaban ilusiones, era joven, pero llevaba en el alma la vejez. La vejez por tantos años de angustia, soledad y maldad. Tanta obesesión y no haber sabido tocar fondo hasta que fue tarde.
-Yo más que nadie, linda, sé lo que es perder. Quedarte sin nada, sin motivos, sin ganas de seguir. Sé lo que es sufrir y llorar lágrimas de sangre, desear lo que nunca será para mí, por más que lo fuerze. Mi orgullo y proceder me llevó a perder lo más valioso que tuve en la vida y no sabes cuánto dolió. Cuántas noches lloré y me desvelé... me sentí el ser más miserable y desdichado, pero no puedo dejar pasar mi vida en la amargura y el dolor. he decidido ser feliz, buscar con quién ser feliz y no hundirme más en este infierno que está acabando con tu juventud. No desperdicies todo lo que te queda por dar, linda. Déjame ayudarte...
Él estaba dispuesto a cambiar todo su mundo, y el de ella. Quería una segunda oportunidad en la vida, esta vez estaba dispuesto a luchar por ella.
Qué milagro tiene que pasar para que me ames
qué estrella del cielo ha de caer
para poderte convencer
que no siente mi alma sola
quiero escaparme de este eterno anochecer
Dice mucha gente
que los hombres nunca lloran
pero yo he tenido que volver a mi niñez
una vez más me sigo preguntando
por qué te sigo amando
y dejas desangrando mis heridas
-Todo lo que tú me dices, es muy bello, suena muy bello de tu boca. Pero la realidad es muy distinta. Quiero creerte, pero no puedo. Quisiera volverlo a intentar, volver amar, pero... la verdad es que tengo tanto miedo... ya estoy cansada de perder.
Ella ya tenía puras lágrimas que lo conmovieron. Él se había enamorado de ella en silencio, tal vez al verla herida, tan derrotada como él, su alma conectó con la suya sin poderlo evitar. Se enamoró de su melancolía y su belleza y aridez habían puesto todo su mundo del revez. Pensó que eso nunca le sucedería, que esa parte de su alma había quedado vacía, pero llegó ella... y sin darse cuenta la quería.
-Entonces, déjame demostrártelo con mis hechos. No me has querido dar la oportunidad de podértelo demostrar. Tengo mucho para dar, preciosa. Estoy ansioso por poderlo dar a quien lo merezca. Tú me necesitas y yo a tí, no sabes cuánta falta estás haciendo en mi vida. No me cierres las puertas, al menos déjame intentarlo.
No puedo colmarte de joyas ni dinero
pero puedo darte un corazón que es verdadero
mis alas en el viento necesitan de tus besos
acompáñame en el viaje
que volar solo no puedo
Y sabes que eres la princesa
de mis sueños encantados
cuántas guerras he librado
por tenerte aquí a mi lado
no me canso de buscarte
no me importaría arriesgarte
si al final de esta aventura
yo lograra conquistarte
-Es que yo... de verdad no me atrevo. Tengo miedo de arruinarlo como siempre hago y que al final, ni siquiera podamos ser amigos... ese es un error que no estoy dispuesta a repetir, perdóname, de verdad... pero creo que tú estás mejor sin mí...
-No, linda, ahí sí que te equivocas grandemente. Estoy mejor desde que te conocí. En ese entonces dejé de ser un egoísta, abrí mis ojos y vi que hay otros que sufren. No podía seguirme lamentando por mí mismo, si tenía en mis manos como hacerte feliz, conmigo...
Y he pintado a mi princesa
en un cuadro imaginario
le cantaba en el oído
susurrando muy despacio
tanto tiempo he naufragado
y yo sé que no fue en vano
no he dejado de intentarlo
porque creo en los milagros
Ella miraba sus hermosos ojos. Había una sinceridad, una transparencia y una seguridad que de pronto sus impulsos se quisieron disparar, mas la razón la volvía atacar. No negaba sus ganas inmensas de ser feliz, de sentirse amada y deseada... Ya había perdido demasiado, por un momento pensó que más podía perder.
-Yo... si te doy una oportunidad... sólo espero que no me falles, no confío en nadie y contigo estoy haciendo una excepción, así que por favor, no hagas que me arrepienta.
-¿Arrepentirme? Con todos los meses que he vivido esperando a que te decidas. No estoy con cuentos, ya te he dicho muchas veces lo que quiero, lo que ambos queremos y que nos hace tanta falta. Quiero un buen amor, un hogar, si es posible, una familia, he visto en ti un corazón tan solo como el mío, no puedo dejarte ir. Sólo quiero que aceptes todo lo que tengo para darte, porque a mi solo me sobra tanto y tengo muchas ganas de entregarlo.
Nadie le había hablado de esa manera antes. Nadie había mostrado tanto interés, al menos interés verdadero y desinteresado. Ya se le habían agotado las excusas. Sólo una última cosa...
-Antes de que me ofrezcas tanto, quiero que sepas qué es lo que hay, cuando termine de decirte todo, tal vez salgas corriendo, así que te lo diré de todas formas por si aún estás a tiempo...
Sigo caminando en el desierto del deseo
tantas madrugadas me he perdido en el recuerdo
viviendo el desespero, muriendo de tristeza
por no ver cambiar ese destino
No puedo colmarte de joyas ni dinero
pero puedo darte un corazón que es verdadero
mis alas en el viento necesitan de tus besos
acompáñame en el viaje que volar solo no puedo
-No he sido buena persona ni compañía, ni siquiera una buena amiga. Fui un ser egoísta y caprichoso, hice daño con mi envidia y mi codicia. Amé con obsesión y no con el corazón, poniendo en juego la felicidad de quien fue mi gran amor. He estado con tantos hombres vacíos y sin escrúpulos... el último casi me mató en vida, me marcó. Tengo conflictos de abandono y secuelas de maltrato. Sólo si estás dispuesto a lidiar con todo eso, te daré la oportunidad, sino, déjame ir y no me ilusiones.
-Entiendo cómo te sientes, querida, pero me di cuenta de algo... Todo lo que me has contado, me lo has dicho en tiempo pasado, "fui", "hice"... Lo que importa es lo que eres ahora, en tu pasado yo no existí, me encuentro en tu presente, frente a tus ojos, estoy aquí. Me puedes ver, me puedes sentir, quiero de verdad que seas parte de mí. Déjate querer, por favor.
Esto se lo dijo acarcándose a sus labios y ella ya no pudo más. Quiso seguir haciéndole caso a la razón, pero su corazón estaba muy falto de amor, había demasiada necesidad, un hueco muy grande que se moría por llenar, así que dejando todas las dudas atrás, aceptó su boca y dejó que obrara en ella, dejó que la invadiera, que su lengua la explorara y la conociera. Después de tanto tiempo, se dejó llevar, comenzó a ver lo que era amar.
Y sabes que eres la princesa
de mis sueños encantados
cuántas guerras he librado
por tenerte aquí a mi lado
no me canso de buscarte
no me importaría arriesgarte
si al final de esta aventura
yo lograra conquistarte
Y he pintado a mi princesa
en un cuadro imaginario
le cantaba en el oído
susurrando muy despacio
tanto tiempo he naufragado
y yo sé que no fue en vano
no he dejado de intentarlo
porque creo en los milagros
-Prométemelo, Archie, por favor. Que nunca me vas a defraudar.
Le suplicó recuperando el aliento luego del beso tan intenso. Él también sin respiración y lleno de dicha le hizo hacer una promesa.
-Te lo prometo con toda mi alma que voy hacerte feliz. Tú prométeme que lo intentarás, sin importar tu pasado ni el mío. Prométemelo, Karen.
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Un año después
Un día tan ansiado por muchos al fin se hacía realidad. Las rosas y flores estaban en todo su esplendor. Junio brillaba con los más candentes rayos de sol. Las mesas estaban preciosas, todo lujoso, mas no ostentozo. Los manteles en blanco y amarillo, los centros de mesas eran todas unas obras de artes en floreros de cristal y vestían con glamour sus colores blancos y amarillos. El bizcocho de boda de cinco pisos era imponente y sobervio, blaco con sus cascadas de rosas amarillas y una piedrecillas plateadas incrustradas y en el centro dos hermosas parejas de novios. Había un hermoso camino de pétalos desde la entrata hasta el lugar donde ambos novios esperaban a sus novias. Unos muy nerviosos Terry y Albert veían desfilar a toda la corte. A Eliza que era la dama de honor de Candy con su finísimo vestido estilo espartano en blanco y amarillo como correspondía en la decoración, seguida de Alisson, dama de honor de Paula, en un muy juvenil vestido amarillo strapless y la falda era encima de las rodillas, abombachada, Heidi también estaba bellísima con su vestido de maguillos amarillo y blanco, con un discreto escote y ceñido en la cintura. Annie desfiló con una hermosa barriga de seis meses y para nada desafinaba con su vestido blanco en falda ancha encima de la rodillas, la parte superior era un poco escotada y amarilla con piedritas, le seguía Patty, su vestido era amarillo completo, escotado en la parte superior y caía en una sexy falda con una abertura en el costado, mostrando una pierna esbelta. Los anillos los portaba Dylan, adorable a sus cuatro añitos y con su smokin, una cosa bella, de verdad. Brianna, apesar de tener dos añitos y medio, desfiló arrojando pétalos de rosas. Era lo más tierno que se hubiera visto. Al lado de Albert y Terry se encontraban Jimmy y Tom, guapísimos con sus esmokins, pero sin opacar a los novios que mataban con sus trajes blancos y ambos peinados con una sexy y varonil coleta sujetada, todo era de ensueño. Sonó la marcha nupcial y ambas novias entraron de los brazos de sus padres. Candy con los ojos aguados, de la mano del orgulloso William White que la llevaba del brazo con mucho porte y elegancia. Candy estaba preciosa con su traje blanco y ceñido mostrando su cuerpo de sirena, el pelo lo tenía recogido, se veía muy guapa y sofisticada, caminaba sonriente, con su ramo en rosas blancas y amarillas, mirando a su guapísimo futuro esposo que la miraba con la misma devoción. Para nada se quedaba atrás Richard Grandchester, que era la elegancia personificada, todo un caballero inglés que llevaba con orgullo a su hija mayor, Paula, radiante con su traje de novia un poquito holgado pero que le quedaba a la perfección mostrando su barriga de cinco meses, ahí estaba William Albert Jr. Ella iba sonriente de la mano de su padre, con la ilusión y la dicha en toda su expresión, Albert la miraba y cada vez estaba más seguro de no arrepentirse de haber encontrado a esa mujer que lo trajo de vuelta a la vida, la que le había dado una hermosa hija que él adoraba y añoñaba a más no poder y que muy pronto le daría a su ansiado varoncito. Al fin ambas novias llegaron al lado de sus nerviosos e impacientes novios.
-Buenas tardes y bienvenidos todos. En esta maravillosa tarde queremos agradecer a Dios por permitirnos presenciar la unión de Terrence Richard Grandchester con Candice Jane White y William Albert White con Paula Marie Grandchester.
Cuando el pastor tomó la palabra, las emociones de las madres que estaban sentadas comenzaron aflorar. Tanto Rosemary como Eleanor veían con orgullo y lágrimas de felicidad a sus dos hijos, sus dos grandes tesoros uniéndose para siempre ante los ojos de Dios. Mientras cada una tenían a su encargo a los ataviados y hermosos Jeremy y Kyle en sus ropitas de gala, el rubio y el castaño, muy inquietos y haciendo de las suyas. Rossy en su año y medio era simplemente preciosa con su trajecito de gala blanco y amarillo y su finísimo lazo y graciosas zapatillitas. Elroy cargaba al pequeño de cinco meses de Stear y Patty, Alistear George Cornwell, mejor conocido como "Georgie" en honor a su abuelo materno. Tanto Elroy como George esperaban ansiosos la llegada de la bebé de Annie y John, Gabriella. La pequeña e inquieta Gianessa, hija de Alisson y Jimmy, retozaba con sus primitos Jeremy, Kyle y Rossy, ellos eran la chispa de ese lugar.
-Terrence, ¿aceptas por esposa a Candice, para amarla, cuidarla y respetarla en las buena y malas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza durante todos los días de tu vida?
-En esta y en otras vidas más la acepto como mi esposa.
Todos rieron y aplaudieron y emocionados por la contestación de Terry, Candy lo miró, si era posible, aún más enamorada.
-Candice, ¿aceptas a Terrence por esposo, para amarlo, cuidarlo y respetarlo en las buenas y en las malas, en salud y la enfermedad, en la riqueza y la pobreza durante todos los días de tu vida?
-Durante todo los días de mi vida y más allá de la muerte.
Había amor y pasión en esa pareja, algo muy grande que todos pudieron percivir. Terry estaba fascinado de su mujer, jamás podía cansarse de ella.
-William, ¿aceptas por esposa a Paula para amarla, cuidarla y respetarla en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza hasta que la muerte los separe?
-Sí, acepto. Para amarla con toda mi vida y todo mi ser.
Esta vez fue la sensible Paula la emocionada por las palabras que salían de su adorado marido.
-Paula, ¿aceptas por esposo a William, para amarlo, cuidarlo y respetarlo en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza hasta que la muerte los separe?
-Sí, acepto, ahora y siempre, William.
Le respondió con sus bellos ojos aguados y mirándolo con un amor tan grande, que todos pudieron notarlo, incluso la patadita que le dio su bebé en ese instante.
-Por el poder que me otorga las leyes de este país y con todos ustedes como testigos, yo los declaro marido y mujer. Pueden besar a sus respectivas novias.
Miles de flashes de las cámaras grabaron el maravilloso evento para siempre. Todos fueron abrazar y felicitar a las parejas.
-Mis principitos hermosos, ¿extrañaron a mami?
Jeremy y Kyle se lanzaron a los brazos de su madre, quien con habilidad los cargó a ambos.
Llegó el momento del vals y cuando Candy fue a bailar con Terry, que tuvo que soltar a los niños, se aferraron a ella como dos fierecillas con sus piernas, tuvo que abrir el baile con ellos dos que reían triunfantes por su capricho y Terry los miró muy serio, pero luego tuvo que reir, porque la verdad era que sus hijos y su mujer lo derretían. Albert y Paula bailaron tan románticos que conmovían. Terry, mientras Candy bailaba con sus hijos, bailó con Rosemary, quien Dios le había dado la dicha de gozar de salud estable para disfrutar el maravilloso momento. Luego intercambiaron parejas y Candy bailó con Albert y luego Terry con Paula, y así sucesivamente todo el mundo bailó y cambió de pareja.
-Hola a todas las solteras... ya saben, llegó el momento de tirar los ramos a ver quienes serás las próximas en echarse la soga al cuello, perdón, en casarse con estos chicos tan cueros.
Dijo Patty tomándo el micrófono, pues ella ya se había casado con Stear en una ceremonia sencilla. Todas las solteras se reunieron para para que Candy y Paula lanzaran los ramos. Ambas se pusieron de espalda y arrojaron los ramos. Uno fue atrapado por Alisson y el otro por Eliza. Todas aplaudieron emocionadas. Cuando llegó el turno de los chicos, los afortunados fueron John y graciosamente Neil, que no podía perderse ese evento. La fiesta comenzó y todos bailaron, comieron, cortaron el bizcocho, se tomaron todas las fotos que pudieron, algunas fueron subidas inmediatamente a facebook, todo estuvo increíble.
-Mis bebés hermosos, voy a extrañarlos tanto. Pero mami ahora tiene que estar con papi. Cuando yo vuelva los voy a consentir mucho a los dos. Ahora soy de papi.
Pero Engreído II y Engreído III no entendían esas razones y formaron su perreta uno en brazos de su madre y el otro en brazos de su padre hasta que Rosemary y William se las ingeniaron para convencerlos ofreciéndoles toda clase de cosas. Paula se despidió de su hija llorando, era la primera vez que no estarían junto a ella, pero Albert, aunque dolido también, la calmó y la convenció en caso de que se le ocurriera querer llevar a la niña.
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Candy y Terry llegaron a su suite en su fabuloso hotel a disfrutar de su estadía y luna de miel en el mejor clima de verano. La habitación era lujosa y enorme. La cama estaba vestida de las más finas sábanas de seda en blanco perla roceada con pétalos de rosa rojos y blancos. Había una mesita para dos muy dispuesta y arreglada con románticas velas rojas y no podía faltar el champagne. Terry se quedaba mirando a su guapísima mujer que se había cambiado su traje de bodas por uno más sencillo cuando inició la fiesta. Ese era más sexy, blanco con plateado, strapless y a medio muslo con unos sensuales tacones de aguja. Sus embarazos sólo acentuaron su esbelta figura, de delgada e infantil a una más moldeada y curvada, sin que hubieran curvas de más.
-¿Te he dicho que hoy estás más apetecible que nunca?
-Sí, mi amor, cuando tuve que hecharte a empujones de la habitación porque no puedes ver a la novia con su vestido antes de la boda.
-Pero yo no quería ver el vestido, quería hacerte el amor para que tuvieras una idea de lo que vendría luego de la fiesta...
Terry la estaba abrazando por la espalda y le hablaba en el oído, pero Candy se la iba a poner un poco más difícil, cenarían primero, porque ella tenía una sorpresa para él.
-Vamos a comer, mi cielo, después tienes todo el resto de la noche para que me hagas tuya.
Le dijo besándolo ardientemente y dejándolo temblando. Se sentaron y se dispusieron a comer.
-Terry, mi amor, yo te voy a dar tu comidita.
Candy tomó el plato y el tenedor y se sentó a horcajadas en el regazo de Terry y él le sonrió con malicia.
-¿Habrá postre?
-El más fino que puedas probar jamás, mi vida.
Candy le dio un bocadito de la comida, seguido de un besito ligero en los labios y cada vez que se movía encima de él para tomar el plato o colocar la comida, Terry se excitaba más y no pudo tener sus manos quietas y la empezó acariciar por toda la espalda, cintura, le apretó las nalgas y los pechos y ella le sonreía seductoramente, llevándolo a la desesperación.
-¿Mi postre tendrá pelo rubio y pecas?
-Tu postre, cariño, tendrá eso junto con blanco y rojo.
Terry no entendió, pero esa fue la intención, pues Candy cumpliría esa noche una de sus fantasías, estaba dispuesta a complacerlo en todo. Cuando terminaron de comer y provocarse mutuamente, Terry intentó quitarle el vestido a Candy para mostrarle todas las formas en que se podía disfrutar de una luna de miel.
En mi mente estás como una adicción
que se siente dulce, tierna y natural
pasas el umbral de mi intimidad
llegas hasta el fondo de cada rincón
me tienes aquí como quieres tú
vienes y desplazas a mi soledad
me vas atrapando
-Mi amor, quiero disfrutar ya de mis postre.
Pidió Terry engreídamente y mirándola con esos ojitos que la derretían y a los que difícilmente podía negarles algo.
-Es que tu postre aún no está listo, cielo. Tienes que dejarme prepararlo para que te lo puedas comer con gusto.
Le respondió dándole otro beso ardiente y se fue al baño a "preparar el postre de Terry".
En mi mente estás palpitando a mil
y verte a mi lado es mi necesidad
el dejarte ir o decir adiós
es morirme en vida, es negarme a mí
y mi libertad se termina en tí
y sentirte cerca de nuevo es saber
que te estoy amando
Candy ya estaba lista y sólo estaba dando los últimos toques a su maquillaje, especialmente al brillante lipstick rojo que se puso.
-Aquí está tu postre, cariño, tienes que comértelo enterito.
Terry perdió el habla, el audio, el tacto, el olfato y sus papilas gustativas cuando vio a "su postre", si era un sueño mataría al que lo despertara. Ahí estaba Candy en su sexy disfraz de enfermera. El vestidito no llegaba ni a medio muslo en la parte del alfrente y en la de atrás cubría lo que se llama NADA, dejando al descubrierto todo su trasero en una sexy tanga roja de encaje. El escote en la parte de arriba era tan pronunciado, que apenas sus pezones quedaban cubiertos, los cuales estaban muy alterados ante la mirada ardiente de Terry. Se había puesto el sombrerito blanco con la cruz roja dejando su largo pelo en ondas definidas y el maquillaje, los tacones y las medias fishnet le daban un toque letal.
Tú y de nuevo tú
dejas que naufrague justamente en ti
tú, mi locura tú
me atas a tu cuerpo, no me dejas ir
tú, adherido aquí entre cada átomo
entre cada célula vives tú
todo lo llenas tú
que vienes y pasas como un huracán
tú, total y pleno tú
te has vuelto mi fuerza y mi talismán
Tú, silente y sutil, entre cada átomo
entre cada célula vives tú
-Pues espero que estés preparada porque no pienso guardar nada de para después.
Con esa sentencia, Terry se acercó a ella para contemplarla completamente y maravillarse con el cuerpo de su mujer en tan poca ropa y tan endemoniadamente sensual. Era un bombón que él saborearía muy lentamente en cada mordisco. Acercándola a él lo más que pudo, le devolvió los mismos besos ardientes que ella le había dado, sólo que esta vez, Terry estaba siendo preso de un deseo irracional que no había experimentado antes. Sabían qué cosas inventar siempre y cómo avivarle el fuego a su pasión.
-Mi amor, ¿no te sientes enfermito? ¿Quieres que yo te cuide?
Le preguntó ella lamiéndole el cuello y llevando las manos de él a todo su cuerpo, que la memorizaban y marcaban en cada lugar con la posesión que sólo él sabe.
-Me siento muy mal, hace mucho rato no tengo besos, ni cariño... y tengo tanto frío... también me duele mucho aquí...
Le dijo él señalando una parte muy alterada de su cuerpo y que realmente dolía por tanta excitación.
Vas creciendo en mí, es inevitable
caigo en tu mirada, soy tan vulnerable
desprendes la luz de cada palabra
te has vuelto mi espada tras cada batalla
descubrí el amor al llegar a tí
y caigo de nuevo en esta conclución
que te estoy amando
-Awww, ¿te duele ahí, mi amor? ¿Crees que se te cure con un besito?
-Con uno no, pero con muchos besitos tal vez se me alivie un poco.
Le dijo Terry besando sus senos y cuello mientras sus manos moldeaban su figura. Ella se arrodilló y le bajó el pantalón y el calzoncillo para "atender" el dolor de su paciente. Le dio muchos besitos y lo que no era besitos también.
Tú y de nuevo tú
dejas que naufrague justamente en ti
tú, mi locura tú
me atas a tu cuerpo, no me dejas ir
tú, adherido aquí entre cada átomo
entre cada célula vives tú
todo lo llenas tú
que vienes y pasas como un huracán
tú, total y pleno tú
te has vuelto mi fuerza y mi talismán
Tú, silente y sutil, entre cada átomo
entre cada célula vives tú
-¿Te gusta, mi amor?
Le preguntó ella jadeante sin que su boca dejara de atender y curar a su "dolor". Él sólo podía sentir y dejarse llevar, ella no paraba y los ojos de él estaban dilatados, gemía sin poderlo evitar, estaba extaciado.
-Mi amor, ya quiero estar dentro de tí, si sigues.. así... no es ahí donde quiero correrme.
Le dijo él en palabras entrecortadas por la pasión.
-¿Dónde quieres hacerlo, amor?
-Esta noche, cariño, voy hacerte la niña, voy asegurarme de eso.
-Pues asegúrate de hacérmela muy hermosa, como sólo tú sabes, mi amor.
Terry la levantó y se la enganchó de modo que las piernas de ella lo rodearan, entró en ella inmediatamente, luego de correrle la tanguita hacia un lado. Su cabeza la enterró en los pechos de ella, de los cuales disfrutó hasta saciarse. La sostenía fuerte de las nalgas para tener más precisión y la embestía con fuerza y pasión desmesurada.
-Te amo, Candy... Nunca podré dejar de hacerte mía.
-Terry...ahhh... yo... mmm... ahh... te amo también y no hay nada que ahh... ahhh... disfrute más que ser tuya.
Y es que has hecho de mí lo que tú quieres
lo que sientes, lo que has deseado
a tu sexo, a tus ganas, a tu entorno,
tus afectos tú me has moldeado
y en todo vives tú...
Entre cada célula vives tú
todo lo llenas tú
que vienes y pasas como un huracán
tú, total y pleno tú
te has vuelto mi fuerza y mi talismán
Tú, silente y sutil, entre cada átomo
en todo vives tú...
Tú y de nuevo tú
dejas que naufrague justamente en ti
tú, mi locura tú
me atas a tu cuerpo, no me dejas ir
tú, adherido aquí entre cada átomo
entre cada célula vives tú...
Después que Candy y Terry se demostraron cuánto se amaban y deseaban y que juntos llegaran a la cima del cielo, se dieron un delicioso baño en el jacuzzi donde Terry le hizo el amor una vez más, según él, para asegurarse de que la niña estuviera bien hecha, finalmente fueron a la cama y Terry por el momento, disfrutó de su antigua posición encima de su mujer para dejarse mimar y acariciar hasta que el sueño lo venciera.
FIN
Hola, mis niñas lindas! Espero haberlas dejado complacidas a todas con este final. Quise subirlo antes, pero primero se me dañó el mouse y después me quedé sin internet por un buen rato. No piensen que esto es todo, aún falta el epílogo, ese estará de show. No piensen que las dejaré con la curiosidad sobre qué pasó con todos después de un par de añitos. Espero su opinión con un review. Recuerden, falta el epílogo, no se olviden. También les dejaré el primer capítulo de mi próxima historia, que como siempre, espero contar con su gran apoyo como lo han hecho hasta ahora.
Mis preguntas:
¿Qué les pareció los dos adorables arrogantitos?
Annie y John ya esperan su primera hija. Annie se tomó muy en serio lo de querer "todo" de él, ¿verdad?
¿Y qué me dicen de Archie y Karen? Se merecían ser felices después de todo... ¿o no?
¿El castigo de Mark en la cárcel... fue justo o me pasé? Creo que debí castigarlo peor. Jejeje yo y mi mente sádica... sorry.
La luna de miel de Candy y Terry... ¿cómo estuvo? ¿Le habrá salido la niña esta vez?
Aún nos queda Heidi soltera... ¿le buscamos novio?
Y Neil... ¿El también merece su media naranja? Vamos a conseguirle novio!
Me dejan sus respuestas por favor... en oraciones completas, si no es molestia. Recuerden que las quiero a todas, gracias por su inmenso apoyo.
Wendy
*Canción de Karen y Archie: "Mi princesa" David Bisbal
*Canción de Candy y Terry: "Tú" Noelia
