No suelo poner comentarios al principio pero es necesario, advertencia por tema ligeramente subidito de tono… ok, muy subido de tono… bien, hay insinuación sexual ¬.¬'
Sukiyaki Ramen
De cómo los Uchiha decaen
—Ayame-chan.
Su hija miró de reojo sin descuidar su deber con los champiñones que cortaba en finas rodajas cuidando de no separar las dos piezas que conformaban al hongo. Sin embargo, no hubo continuación a ese llamado matizado con algo de preocupación que no pasó desapercibido por la joven. El hombre se había relamido los labios dos veces, tenía una frase o palabra en la punta de la legua pero sencillamente no era capaz de sacarlo.
—Ayame-chan. — volvió a repetir como si con eso fuera a aparecer el valor en su garganta.
— ¿Sabías que Itachi-san ya es Jōnin? — preguntó haciendo muy evidente por su tono que no era eso lo que en realidad quería decir.
—… Algo así escuché— dijo ella restándole importancia, pues no venía al caso más allá de lo curioso por su edad, los lazos que pudo haber tenido con él habían sido cortados por Shisui muchos años atrás y no pretendía presentarse en su casa con un regalo de felicitación así como no iría con el hijo de la señora de la tienda de antigüedades a felicitarle por terminar de mudar los dientes de leche… tal vez mala comparación, pero el sentimiento era el mismo.
El cocinero tragó grueso recibiendo el cuenco donde Ayame había puesto los champiñones entregándole las zanahorias limpias para que también las cortara.
—También sé que Shisui presentó a su prometida oficial con el líder del clan. — agregó ella para cortar de cuajo la tensión que recaía sobre su papá.
Pero la ausencia de honorífico, el estupor con que lo dijo y el monótono ruido de su cuchillo sobre la tabla de picar causaron una impresión bastante deprimente para su padre, pues si había algo que conocía perfectamente el hombre, era ese recuerdo celosamente guardado en el corazón de su hija que se manifestaba algunas veces cuando acallaba con educadas y convenientes interrupciones, conversaciones referentes al rechazo que causaba el clan en el resto de la aldea.
Los Uchiha por su parte habían optado por el hermetismo. Si bien antes no se trataba de personas particularmente emotivas y sociales, solo se veía a los niños salir rumbo a la academia y de regreso. Incluso en la jefatura de policía, tan renuente a aceptar miembros que no pertenecieran al clan, había optado por reivindicaciones de oficiales abriendo las puertas a otros candidatos sobre quienes los habitantes de la aldea pudieran depositar su confianza plenamente, ostentación con la que ya no podían contar.
Pero no eran esos los motivos de la incomodidad de Teuchi, el tabú que representaba hablar de aquellos que era mejor ignorar mientras seguían descendiendo en popularidad que llevaba inmediatamente a zanjar las pláticas que inmiscuyeran personas de esa casa, no, no era por aquello sino los acérrimos enfados con los que Ayame durante los primeros años luego de su rompimiento se lanzaba contra todo aquel, o aquella, que metiera a Shisui como tema, ya fuera por su talento, por ser considerado casi capitán demasiado joven, por fungir como escolta de importantes personalidades que visitaban la aldea, siempre considerársele en misiones de alto rango… Porque es que en sus palabras, solo hacía lo que muchos otros ninjas también, nada especial.
Sabía también que a veces extrañaba la academia, sentía perfectamente que acariciaba la idea de regresar pero la desechaba junto con el agua en que se hervían los fideos. Y eso le causaba ciertos remordimientos a él como su padre, estar en el restaurante todo el día había disminuido demasiado su tiempo para reunirse con los amigos que había hecho, pues estos tenían otras obligaciones como entrenar, practicar y estudiar mientras ella debía servir mesas y cortar verduras. No era como si él ansiara verla en un campo de batalla recibiendo golpes, cortadas y llamas sobre el cuerpo, pero la espinita en su conciencia que le gritaba que ella se sentía comprometida a estar en la barra, y que no era realmente feliz por ello.
No obstante, al encararla, negaba rotundamente todo, enseguida lo ignoraba y luego fingía olvidarlo, enterrando todo de nuevo en la tumba de su madre.
—También ella es Uchiha, pertenece a una rama algo baja de la familia, pero se graduó como primera de su clase en esta última promoción. — agregó la muchacha regresando de servir a dos mesas.
Su padre colocó en una olla aparte de soya, mirin, algo de caldo dashi que había preparado con anterioridad, una pizca de glutamato monosódico y miel de maíz, dejándolo hervir mientras untaba el recipiente hondo con aceite vegetal.
—Su familia administra el negocio de la forja, tiene amplias recomendaciones para entrar al departamento de decodificación…
Ignorando el triste hecho de que Ayame parecía estar bien informada respecto a la chica, puso la carne en finas tiras dejando que se friera por un par de minutos sin dar vueltas.
—Va a presentar examen para promoción a Ch ūnin a finales año así que pasa casi todo el día entrenando con Hana Inuzuka en la zona norte…
Y ahí salía el otro hilo, dejándole claro al hombre el porqué tanta amargura.
Agregó las cebolletas y la cebolla dejando escapar un suspiro, vertiendo luego la mitad de la mezcla de salsa de soya sobre la carne a la que ya había agregado los fideos, tofu en dados, brotes de bambú en diagonales, champiñones en rodajas y zanahorias en flor dejarlos freír.
Su hija volvió a ingresar en la cocina dejando el importe de una mesa que se había retirado, dentro de la caja a la par que soltaba dos o tres detalles más sobre la desafortunada muchacha Uchiha.
Un cliente nuevo llegaba, la joven tomo una carta y con su mejor sonrisa los recibió girando sobre sus talones casi enseguida para tomar aire y nuevamente dar la vuelta para acomodar a los comensales, que eran por desgracia para el tema de conversación, Shisui y su novia.
El muchacho tenía una expresión de poco amigos, algo relativamente usual junto con las pocas palabras que había pronunciado para pedir su orden, que había optado por algo del día siendo imitado por su acompañante que agregó como comentario, era la primera vez que visitaba el lugar, pero que tenía muchas ganas de probar "el mejor ramen de Konoha". La mesera sonrió reafirmando las palabras pero asegurando que sería el plato quien daría la razón al que recomendó el negocio.
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—Estoy satisfecha. — inquirió la joven ante la mirada incrédula de su acompañante.
—No terminaste ni la mitad… te dije que una orden para dos era suficiente. Vámonos antes de que mi tío sienta que desertamos.
Dejaron el importe, la propina que no era necesaria, agradecieron la comida y se fueron… él ni siquiera miró atrás.
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Shisui se había cortado el cabello, la larga coleta que antes tenía había sido reemplazada por un corte en la parte baja dejando mechones rizados y revueltos en la alta de donde bajaban algunos cubriendo solo un poco el hitai ate que lo identificaba como ninja activo. La expresión ruda de su rostro parecía contrariarse con las espesas y largas pestañas de sus ojos negros.
Bajo los ojos unas pequeñas líneas, marcas de ojeras que recién aparecían, no como las de Itachi, pero la sombra estaba presente como legado de su arduo trabajo militar.
Más alto, mucho más alto de lo que recordaba, y también tenía los músculos marcados aprovechando que ya había dejado la pubertad produciendo mayor cantidad de hormonas, no solo se dejaban entre ver en su delgada figura, la masa muscular había aumentado, especialmente la de sus brazos, su espalda amplia…
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—De la que se salvó Ayame-chan— dijo una señora entrando al tiempo en que la pareja Uchiha salía del lugar.
—Una niña tan linda no podía quedarse en esa madriguera.
—Señora, no hay que ser extremistas.
—Si no son extremos, es la verdad, no me la imagino conviviendo con ellos, por eso mismo los asuntos de clan se quedan con el clan, así han sido las cosas desde la fundación de la villa y para que funcionen así deben seguir.
El cocinero bajó la mirada mientras envolvía la porción par llevar. Efectivamente tal como lo sospechaba, los clanes ninja consentían matrimonios entre familiares, al menos para las líneas directas.
—Por cierto, ¿En dónde está Ayame-chan? Se está poniendo monísima— dijo emocionada como si de su nieta se tratase.
—Mi nieto tiene su edad ¿Sabe?
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La noche era cálida, el cielo despejado permitía contar las estrellas a quien se animara con tan anodina tarea. La mayoría blancas, algunas azules, en menor cantidad se distinguían muy a lo lejos rojas o amarillas. El bullicio de la aldea moría lentamente dando paso al concierto nocturno de cigarras y susurros de viento, ramas meciéndose con alguna lechuza y su ulular cansino.
En medio de esa joven noche Ayame no pudo evitar exclamar un ahogado "Oh" cuando al inclinarse sobre ella aquel muchacho de facciones casi adultas la tomó por sorpresa abriéndole los labios con la lengua, ella no lo esperaba, aunque no por eso se resistió corresponderle con el mismo o mayor ímpetu. Solo hasta que falto el aire se separaron por unos momentos.
Con las mejillas encendidas, los labios hinchados y los ojos brillantes, emitió un suspiro en súplica por continuar.
Iba a preguntar por su novia, la chica con la que había cenado, quería saber qué tal le había ido en todo ese tiempo, deseaba hacerle entender que aunque nadie quisiera algo que ver con el clan del abanico, ella siempre estaría ahí, para él, para la persona que fue y sería por siempre su primer amor. Sin embargo, prefirió callarse sin despegar la vista de él cuando se colocó a horcajadas encima suyo terminando de hacer que el cielo estrellado junto con la magnificencia cosmológica importaran nada en ese momento que se le antojo eterno.
Así sobre ella, así en silencio, con sus labios volviendo a rozarse con un leve matiz de pasión insólita que la embriago a ella por ser aquél el primer beso real que recibía y correspondía.
Shisui se olvidó de la sutileza, le levantó las rodillas separándolas para acomodarse entre ellas dejando caer el largo de la yukata blanca por las piernas de la joven hasta asomarse levemente su ropa interior. La castidad de su cuerpo nunca antes tocado se vio profanada casi al instante en que volvió a inclinarse sobre ella hundiéndola en el deseo entrañable de quedarse así por otro rato, cuan largo, cuan lento podría ser el recorrido que con la punta de los dedos él trazaba en sus muslos descubiertos. Él había dejado de besarla en la boca bajando al cuello dejando a su paso marcas enrojecidas, avanzando decididamente hasta su pecho apartando las mangas cruzadas para revelar el corpiño igualmente blanco.
Chasqueo la lengua un momento buscando la manera de apartarlo para finalmente llegar al busto que recién marcaba envergadura, tensa y erizada respondiendo al calor de la lengua que los recorría.
La vergüenza se apoderó de ella cerrando los brazos al frente para cubrir su desnudez.
—Shisui-kun…
—Tranquila...
Buscó sosegar su timidez con otro beso sin medirse metiendo la lengua para incitarla a entregarse, el ninja siguió moviendo las manos por las piernas finalmente acechando de cerca la zona que había estado dando vueltas en un juego apasionado hasta dejar de lado la pieza íntima que lo separaba de la piel de su compañera de la que se apostó aún con más ahínco usando sus dedos largos y delgados.
Ayame se revolvió entre las sábanas, abrió la boca y un soltó gemido que le pareció chocante por nunca antes haber escuchado uno, menos aún de su propia boca.
Sentía el aliento casi jadeante del chico muy cerca de su oído, mientras descansaba la cabeza en su hombro y regaba más besos en su cuello.
Trató de cerrar las piernas, pero al estar él acomodado justo entre ellas resultó imposible. Cierto era que no podía pensar claramente con el ardor que sentía recorriéndola el cuerpo, y más verdad resultaba que sentía el corazón oprimido, tenía miedo, estaba aún avergonzada y él debió sujetarle las muñecas para apartarlas de su pecho.
Quería a Shisui, quería que regresara, quería estar con él, lo quería a él y nada más. Pero…
—No…— gimió ya con lágrimas en los ojos.
—Para…— le pidió sabiendo que por la fuerza no se lo podría sacar de encima por la misma razón que no pudo hacer mucho cuando la arrastro al departamento cuando ella salió a "tomar aire" luego de tragarse el llanto viendo al muchacho acompañado de otra.
Otra.
Una que la reemplazaba.
¿Hacía eso con ella también? ¿Ella no habría querido y por eso la busco? ¿Notó cuanto le dolió verlo?
— ¡Por favor! — gritó cuando decididamente él bajó la prenda interior deslizándola hasta las rodillas.
Tantos años de no verlo siquiera y el día en que se dignaba en aparecerse era para algo tan íntimo y personal que por mucho amor que le tuviera, no se sentía lista para dar…
El muchacho detuvo todos sus movimientos respirando pesadamente con una breve pausa para regularizar su respiración. Se incorporó con lentitud y rápidamente salto hasta el marco de la ventana.
—A veces se me olvida cuán niña eres. — le dijo desapareciendo entre los ondeantes pliegues de la ventana.
Ayame entontes, al verse sola, con la ropa desacomodada, despeinada… ella tenía trece, él cumpliría quince. Él un ninja Jōnin, ella una camarera que no llegó ni a Genin. Entre lágrimas se miró con la ropa mal colocada, sintiéndose sucia… pero aún así con la culpa agolpándose en su pecho.
Cometarios y aclaraciones:
Bueno… no fue tan fuerte la escena… claro si consideramos la edad de Ayame en realidad pudo ser algo bastante feo -.-
En fin dejen sus comentarios!
¡Gracias por leer!
