Juventud

La fogata en medio de la arena le daba a todo un aire muy... ¿melancólico? ¿Por qué era melancólico si jamás había hecho esto? Sería porque en la televisión siempre era "melancólico" cuando salían unos adolescentes en la playa con una hoguera. Pero no debía serlo cuando eran ellos esos mismos adolescentes de vacaciones.

Con un suspiro, Houtarou cogió un puñado de arena, tirándolo por los aires. La música era demasiado alegre para como se estaba empezando a sentir.

Como si hubiese notado el cambio de humor del otro, la morena se acercó, tendiéndole las manos.

- ¡Vamos a bailar, Oreki!

El moreno la miró desde donde estaba sentado, con la misma expresión en el rostro que si le hubiese dicho que era un ciempiés mutante.

- Yo no bailo.
- ¡Sólo se es joven una vez! ¡Vamos, anda!

Por algún motivo y, para qué negarlo, el motivo era que las mujeres siempre conseguían hacer con él lo que querían, se agarró a sus manos y se levantó.

- No se bailar.
- ¡Sí que sabes! Fukube me lo ha contado...
- Ayudarle y aprender a bailar el vals por su culpa no cuenta.
- Sólo muévete al ritmo de la música.

Lo intentó, pero no lo consiguió. Simplemente, bailar no era lo suyo, y se paró, cruzándose de brazos.

- ¿Estás de morros porque Fukube se ha quedado dormido?
- No. Pero si yo estoy aquí haciendo el imbécil él debería estar conmigo.

La morena rió segun venía Mayaka, cogiendo un vaso con algo -dios sabía qué- que le tendió la otra y dándole otro a él.

- ¡Todavía quedan días de vacaciones! Disfrútalos mientras puedas...

Algo poseyó al de ojos verdes, probablemente el alcohol, porque se terminó su vaso de golpe y levantó los brazos.

- ¿Sabéis qué? ¡Tenéis razón!

Dos horas y tres cubatas después, el moreno cayó de cara al colchón hinchable en el que estaba el castaño, haciéndole rebotar y caer. Satoshi se despertó sobresaltado por el golpe, intentando recordar dónde estaba, porque lo último que había en su mente era la arena enfrente del fuego.

- ¿Que dem... ? ¿Dónde... ? ¿Houtarou?
- ¡Satoshi!

La voz del más alto fue lo único que el otro necesitó para constatar que estaba irremediablemente borracho.

- No vamos a ser jóvenes para siempre...
- Eso es lógico.
- Enrollémonos aquí en medio de la playa por la noche.

Satoshi parpadeó una vez. Luego dos y luego tres. Después, su cerebro desconectó.

- Venga, vale.

Solo se era joven una vez y ¡qué demonios! ya había mucho tiempo después para ser romántico o arrepentirse o seguir o daba igual. Estaban algo borrachos, se querían y eran jóvenes. No necesitaban más.


Dejadme estoy mala.