Temporada 3

CAPÍTULO 29: PERDICIÓN

En cuanto L colgó el teléfono, se hizo un silencio largo en el cuartel. El detective no parecía inmutarse por ello, ignorando por completo la curiosidad de sus amigos.

Encendió el ordenador, y descargó algunos archivos que le acababan de enviar. Light se aclaró la garganta, esperando llamar la atención de L.

-¿Y bien? ¿Has aceptado un caso?- preguntó el castaño de brazos cruzados.

-Pues sí. El que me ha llamado, es un policía ruso del FBI con el que he trabajado alguna vez. Al parecer, le preocupa un caso que tiene muy alarmada a la jefatura de Moscú- explicó L con tranquilidad.

-¿Y tienes ya la información?- preguntó Stella acercándose al monitor que estaba frente al detective.

-Me lo acaban de enviar- respondió L abriendo varios documentos con fotografías.

El joven leyó algunos informes rápidamente- Bueno, al parecer se trata de un secuestrador, pero lo más seguro es que se trate de una gran mafia. No han encontrado ningún cuerpo, por lo tanto, todas las víctimas están declaradas desaparecidas.

El canon que siguen los secuestros es de una joven de entre veinte y veinticinco años, actrices o modelos, de tez clara y occidentales.

Las desapariciones atribuidas a este caso son una veintena, pero puede que sean más- terminó de relatar el detective, observando algunas de las fotos de las jóvenes secuestradas- ¿Alguna conclusión Light?- preguntó mirando al castaño de reojo.

Light apoyó un codo en la mesa pensativo, acariciándose la barbilla.

-Por el tipo de mujer que secuestran, yo apostaría a que es trata de blancas, aunque también podría ser un loco obseso, pero me parece poco probable. Hacer desaparecer completamente a una persona, es muy difícil, y mucho más, a tantas mujeres- concluyó Light con seguridad.

-Sí, yo pienso lo mismo- sentenció el detective mirando a Light- ¿Y vosotras qué opináis?- preguntó L interesado también en la respuesta de las chicas.

-Yo también estoy segura de que es una mafia- contestó Stella convencida- Pero, si todas las chicas se movían por el mundo del teatro y las pasarelas, sólo puede significar que quien se encarga de captarlas, es alguien que pertenece a ese mundo- con las conclusiones de Stella, ambos chicos asintieron.

-Sí, lo de que estamos ante una trata de blancas, está bastante claro. Pero seguro que los responsables tienen una mafia mucho más extendida que la capital rusa. Puede que si tiramos del hilo, desmantelemos más organizaciones de otros países- dijo Leyre analizando la situación.

-Es muy probable que sea así. Este tipo de organizaciones tiene muchas ramificaciones en diversos países. No es el típico caso que suelo aceptar, pero creo que esta vez haré una excepción- dijo L engullendo un dulce de un solo bocado.

-Bien, ¿entonces por fin tenemos algo que hacer?- preguntó Light con una sonrisa confiada.

-Me alegra verte con tantas ganas Light. Porque sí, tenemos mucho trabajo que hacer- finalizó L.

Por fin el cuartel estaba de nuevo repleto de energía. Stella y Leyre tenían que revisar los casos de todas las chicas desaparecidas y encontrar más similitudes entre ellas, para intentar hallar a la persona u organización que conectaba todos los secuestros.

Light y L intentaban encontrar casos similares en ciudades y países cercanos para comprobar qué alcance podía tener esa mafia.

Incluso Watari tuvo que utilizar alguno de sus contactos en Rusia, para conseguir información confidencial de la Policía.

En ese mismo día, L ya tenía un sospechoso sobre la mesa. Se trataba de un hombre de unos cincuenta años, de nacionalidad rusa, que trabajaba como director de teatro.

Habían encontrado a este sujeto, ya que el registro de la factura de teléfonos móviles de todas las secuestradas, contenía un número de teléfono, que aunque en cada desaparecida, cambiaba, todos estaban a nombre de la misma persona: Sergei Korsakov.

L enseguida llamó con número oculto a la jefatura de policía de Moscú.

Explicó la situación en perfecto ruso, asegurando que ya tenía un sospechoso que debían investigar de cerca.

El jefe de policía comenzó a ponerle pegas sobre asignarle un policía del FBI que pudiera estar bajo las órdenes directas de L, ya que ese mismo fin de semana, se celebraba una fiesta nacional rusa y la seguridad estaba muy refozada para evitar cualquier tipo de ataque terrorista.

L colgó el teléfono sin haber conseguido un agente capacitado para estar a su mando.

-Pues parece que estamos estancados- dijo L con algo de decepción.

-¿Y no podemos hacer nada?- preguntó Light pensativo.

-Como no quieras ir tú a Rusia...- contestó L con ironía.

En ese momento se hizo un silencio en la sala mientras todos se miraban mutuamente.

-Oye, pues no es mala idea- dijo Leyre mirando al detective.

-Podríamos hacer nosotros mismos el trabajo de campo- sugirió Stella.

-Eso sería muy arriesgado, ¿no creéis?- preguntó el detective.

-Pero es la única forma de avanzar con este caso. Tenemos que interrogar a este hombre como sea- rebatió Light con firmeza, sabiendo que aunque era peligroso, debían interrogarlo- Pero, por supuesto las chicas tendrían que quedarse aquí- sentenció sin duda.

Ambas pelirrojas miraron al castaño con incredulidad. L se dio la vuelta, saliéndose con la tangente. No quería tener nada que ver con lo que acababa de decir Light. A Stella le entró la risa floja.

-A ver Light, que ya es mucho tiempo conociéndonos. ¿Tú de verdad te crees que no vamos a ir? Anda, no me vaciles- rió Stella como si le acabaran de contar el mejor chiste del mundo.

-Bueno, a ti no te lo puedo prohibir. Pero a ella sí- dijo Light señalando a Leyre.

-¿Cómo? ¿Pretendes que me quede aquí sola?- preguntó Leyre indignada.

-Pretendo que no te pase nada, ¿tan raro es eso?- contestó Light preocupado por la chica.

-Pero que no Light, que ella se viene. No sé qué estamos discutiendo- reafirmó Stella como si no entendiese a qué venía tanta insistencia.

L se acercó por la espalda de Light, y le habló al oído.

-Light, déjalo. Si no vas a ganar. Sólo conseguirás que se enfade más- susurró L sabiendo de lo que hablaba.

Light observó a las dos chicas. Leyre con un puchero y Stella con el ceño fruncido y de brazos cruzados, esperando a que Light dijese una sola palabra más para atacar.

El castaño se lo pensó dos veces y suspiró. Sería mejor dejarlas ir, y encargarse personalmente de que no las pasase nada.

Esa misma tarde, prepararon todo para salir hacia Rusia en el avión privado de L a la mañana siguiente.

Watari también iría con ellos, por lo que al amanecer, el hombre cogió la limusina con Stella y L para ir a buscar a Light y Leyre a su casa y llevarlos al aeródromo.

Tras cinco horas, los policías llegaron a Moscú, y Watari se había encargado de que llevasen ropa de abrigo adecuada.

Un amigo de Watari fue a recogerles al aeropuerto, y les llevó al hotel donde se alojarían.

Como aún era por la mañana, los chicos pudieron preparar la suite que habían cogido a modo de pequeño cuartel.

El plan era conseguir una identidad falsa para Watari y hacerle pasar por un importante productor de una compañía cinematográfica internacional. Iría a hacer negocios con el sospechoso e intentaría recopilar toda la información posible, y si era necesario, colarse en el despacho del hombre.

El nuevo nombre de Watari sería Christian Bellamy. Su nacionalidad era americana.

En menos de una hora, L tenía todos los papeles preparados, y una cita para esa misma tarde con Sergei Korsakov.

Llegada la hora de la reunión, el policía que había pedido ayuda a L junto con otro compañero también se unieron a la investigación, por supuesto, este último policía no sabía la verdadera identidad de L, ya que creía que era un detective amigo del comisario. Todos estaban observando los monitores, ya que Watari llevaba en su chaqueta una microcámara de video y audio que retransmitía en directo al improvisado cuartel.

El hombre mayor fue recibido por la secretaria de Sergei Korsakov en las oficinas del susodicho.

El sospechoso tardó quince minutos en poder atenderle. Watari entró en un amplio despacho, con grandes ventanales, sofás de cuero en la esquina, y una mesa de cristal. Y en el centro del despacho, una gran mesa de madera tras la que se sentaba un hombre maduro de ojos azules.

-Supongo que usted es Christian Bellamy- dijo el hombre en un forzado inglés. Watari controlaba perfectamente ese idioma, por lo que no habría problema en mantener la tapadera.

-Encantado de conocerle señor Korsakov- respondió Watari con educación.

-Bien, siéntese, hablemos de negocios- Watari tomó asiento frente al ruso, sacando del maletín algunos papeles en los que indicaba el tipo de actriz que estaba buscando su compañero, por supuesto todos falsos. Sergei les echó un vistazo con interés.

-Contamos con muchas chicas con el perfil que buscan- aseguró el hombre con una medio sonrisa.

-Estupendo, ¿podría mostrarme un catálogo?- preguntó Watari con interés.

-Por supuesto. Aquí tiene- contestó Sergei sacando de uno de los cajones de su mesa, un álbum lleno de fotos de actrices rusas.

Watari fingió bien el interés en esas mujeres. Pero tras un minuto, cerró el álbum.

-Algunas son bastante interesantes, pero el perfil que buscaba, es para una película de un director bastante especial. La joven debe rondar los veinte años, no más. Y gran parte de las escenas, serán eróticas. Por tanto, el físico es bastante importante. La cantidad de dinero a gastar no es un problema- dijo Watari intentando orientar el tema hacia las chicas secuestradas. Sergei pareció pensárselo.

-Bueno, en el catálogo que le he enseñado, creo que hay alguna chica con esas características- contestó el sospechoso. Parecía que no iba a dejarse engañar tan fácilmente.

-Tiene razón. Pero no creo que ninguna de ellas aceptase este papel- explicó Watari continuando con la investigación.

El ruso volvió a quedarse en silencio.

-Puede que ustedes necesiten otro tipo de actriz- insinuó Sergei.

-¿Y ustedes podrían proporcionarnos ese tipo de actriz?- preguntó Watari sonsacando información.

-Es posible. Pero seguramente será más caro de lo que ustedes estarán acostumbrados. El sábado haremos un nuevo casting. Puede que allí encontremos algo de lo que ustedes necesitan. ¿Tiene alguna preferencia más sobre la actriz que buscan? Color de pelo, ojos, piel...- dijo el ruso.

-Nos gustaría que fuese occidental, de piel clara y buen físico. Las escenas que rodaremos, aveces podrían ser algo intensas- avisó Watari para ver la reacción del hombre. El ruso sólo sonrió de forma depravada.

-No se preocupe. La mujer que le proporcionaremos, podría realizar lo que usted quiera. Sin excepción- aseguró Sergei con confianza, sabiendo que la chica que le darían a la compañía, estaría drogada y haría lo que le pidiesen.

Todos, en la sala de cámaras del hotel, veían como poco a poco el sospechoso dejaba caer de forma evidente, que él estaba vinculado a la trata de blancas. Pero por desgracia, la grabación que había conseguido Watari, no le inculpaba completamente, y aún menos, le relacionaba con las desapariciones. Pero para los policías, era más que seguro que él era quien había captado a esas jóvenes.

Una vez que Watari había vuelto de hacer negocios con ese hombre, todos, incluidos los policías rusos, se reunieron para decidir cuál sería el siguiente paso.

-Tras conseguir esta información y tener a un sospechoso tan claro, la jefatura de policía de Moscú, ha relegado el caso completamente a mis órdenes. Por tanto, tenemos vía libre para seguir la investigación como queramos- informó L al resto del equipo, tomando una taza de café.

-Y supongo que ya tienes una idea de cómo continuar- dijo Light.

-Supones bien Light. Como todos supondréis, es bastante evidente que ese hombre es la pieza que relaciona todas las desapariciones. Y estoy seguro de que la manera de captar a esas chicas es a través de esos castings que ha mencionado Watari. Por supuesto, todo estará tapado para que parezca algo oficial, pero para lo único que sirven esos castings, es para fijarse en chicas jóvenes y después secuestrarlas- explicó el detective con total seguridad.

La conclusión a la que había llegado L, les cuadraba a todos.

-Entonces, ¿lo que sugieres es desmantelar ese casting?- preguntó el policía conocido de L.

-Por supuesto que no. Eso sólo serviría para armar jaleo y alertar a la mafia de que vamos tras ellos. Y no conseguiríamos nada, porque estoy seguro de que lo tienen montado de tal forma que la luz pública parezca un casting de lo más normal- dijo L con simpleza.

-Pero hay que cortar esto de alguna forma, ¿qué piensas hacer?- preguntó el otro policía con curiosidad.

-Me parecería mejor infiltrar a alguna chica con las características que pidió Watari, para que sea un cebo fácil y la secuestren. Así averiguaríamos dónde lleva a las chicas y qué hacen con ellas- dijo el detective como si fuera lo más obvio del mundo.

-Pero si haces eso, estarías poniendo la vida de una inocente en peligro- rebatió Light con dureza.

-Pero si queremos resolver este caso y salvar más vidas, debemos arriesgar algo. Si lo hacemos de otra forma, no conseguiremos nada. Ya he tratado más veces con redes corruptas como esta- explicó el detective con paciencia.

Watari asintió junto a L corroborando su respuesta. Light suspiró aún sin estar de acuerdo.

-Aún así, Light tiene razón. No es justo meter en esto a alguien ajeno para usarle como cebo y que arriesgue su vida- dijo Leyre entendiendo la postura de Light.

-Por eso lo mejor sería, no meter a nadie ajeno- sentenció Stella con los brazos cruzados. L la miró sorprendido de que ella también le contradijese- Yo me ofrezco voluntaria. Soy policía y en el caso de estar en apuros, sabré cómo actuar- sugirió Stella con seriedad.

L la miró aún más sorprendido.

-¿Te arriesgarías para detener a la mafia?- preguntó el detective sin esperarse ese ofrecimiento.

-Si es por salvar a esas chicas, sí- contestó Stella con seguridad.

-Yo también quiero infiltrarme. No voy a dejar que vayas sola- dijo Leyre enseguida, dejando a Light patidifuso.

-Sí, siempre es mejor que vayan dos, por lo que pueda pasar- L corroboró la idea de Leyre.

-POR SUPUESTO QUE NO. LO QUE ME FALTABA YA. LEYRE VINO AQUÍ EN CONTRA DE MI VOLUNTAD, ¿Y AHORA PRETENDES USARLA DE CEBO? ¡OLVÍDATE DE ESO!- L ni se inmutó por los gritos de Light.

-Light no me gusta que no te impliques en el caso. Parece que no quieras resolverlo. Al final voy a empezar a pensar que eres un compinche de ellos- dijo el detective con normalidad.

Light apretó los dientes con rabia.

-Si las usas a ellas dos como cebo, olvídate de que continúe en este caso. No pienso meterme en esta locura- contestó levantándose enfadado.

-No sé por qué te pones así. Pero si te vas, que sepas que te lo descontaré de tu nómina- las últimas palabras de L fueron cortadas por un portazo. Light había salido de la sala.

-¿Vosotras dos estáis dispuestas a hacerlo?- preguntó el detective mirando a las jóvenes.

Ambas asintieron. Stella con seguridad, y Leyre, más dudosa por la reacción de Light- Bien, no tendréis de qué preocuparos. Pondré tanta seguridad que será imposible que ocurra nada. Vosotras sólo tenéis que hacer el casting y dejaros secuestrar. Tendréis un GPS implantado, y os seguiremos allá dónde vayáis hasta que vosotras nos deis la señal. Y os rescataremos junto con las demás actrices- dijo L con un tono tranquilizador.

El agente del FBI que había trabajado ya antes con L, le aseguró que tendría todos los coches patrulla a su disposición.

Una vez que se habían ido los otros dos policías, Leyre fue a la habitación a hablar con Light.

-Light, no te enfades. Lo único que queremos es salvar a esas chicas- intentó explicar la chica con un tono dulce.

-Ya, pero enviaros a ese casting, no nos asegura salvar a las actrices. Sólo os pone en peligro- contestó el castaño ofuscado.

-No nos asegurará nada. Pero quedarnos aquí sentados, aún menos. Y en dos días, no vamos a poder encontrar a una chica con las características que puso Watari, con la experiencia suficiente para resolver este tipo de casos, y aún menos, que se preste a ello- explicó Leyre intentando que Light entrase en razón.

-Leyre, si salvando a esas chicas, puedo perderte a ti, no estaré dispuesto a pagar ese precio- dijo el castaño con ternura- Sabes que eres lo mejor que me ha pasado en la vida- susurró agarrando a la chica por los hombros. Entonces la besó en los labios con dulzura, haciendo que ella se replantease sus palabras.

-Pero no me va a pasar nada. Sacaremos esas chicas de ahí, y resolveremos este caso. Como siempre- contestó Leyre mirándole fijamente a los ojos.

Light bajó la mirada con un suspiro, viendo que no podría hacerla cambiar de opinión.

-Lo único que te pido, es que tengáis muchísimo cuidado. No hagáis tonterías. Y si algo sucede, llámanos- le aconsejó como si de un padre se tratase. Leyre asintió con una sonrisa y volvió a besar al joven.

Light seguía sin estar convencido con el plan, y a la mañana siguiente, no había cambiado de parecer. Pero confiaba en que su prometida saliese airosa de aquello.

Cuando las dos chicas estuvieron listas, L las incorporó una cámara con micrófono en la ropa, y un GPS en la piel para tenerlas localizadas las 24 horas.

En cuanto las chicas quisiesen, podrían avisar a los policías para que fuesen a buscarlas, a través de un reloj que con darle a un botón, mandaba una señal directa al ordenador de L. El reloj incluía otro GPS, por lo que si lo perdían, los policías lo sabrían al momento. En caso de perderlo, la misión sería abortada, y las patrullas irían a buscarlas, estuviesen donde estuviesen.

Un policía de incógnito, las llevó hasta donde se realizaba el casting, y así comenzó la misión de infiltración en la mafia.

Mientras tanto, en el pequeño cuartel del hotel, Light, L y algunos otros policías, se habían sentado frente a una amplia mesa llena de monitores con cámaras. En ellos se reflejaban, desde la posición actual de las chicas en el GPS, hasta las imágenes que transmitía la cámara que llevaban en la ropa.

Light estaba sentado con un codo en la mesa, mirando con el ceño fruncido, la posición en el mapa de Leyre. Se notaba de lejos que la situación no le agradaba. En ese momento, L cogió una silla y se sentó a su lado, observando lo mismo que miraba Light.

Hubo un silencio bastante cortante en el que el castaño ni siquiera miraba al detective.

-Light, he desplegado toda la seguridad que se podía desplegar. Es imposible que les pase nada. Te lo prometo, me ocuparé personalmente de que todo salga bien- aseguró el detective- Yo soy el primero que quiere que lleguen sanas y salvas- terminó de decir L sin esperar una respuesta por parte de Light.

Pero sorprendentemente, éste le contestó.

-Más te vale- fue lo único que dijo Light con la misma expresión de antes.

Las chicas entraron a un edificio de varias plantas. El casting se realizaría en la quinta. Cuando salieron del ascensor, se encontraron con un amplio pasillo lleno de chicas jóvenes esperando a ser atendidas. La mayoría parecían de nacionalidad rusa. Aunque las policías se mimetizaban bien con el entorno.

Las jóvenes tenían que fingir que no se conocían, para no levantar sospechas, y por supuesto tenían nombres falsos.

Stella había adoptado el nombre de Katerina, y Leyre, el de Anya.

Tras media hora, la primera en entrar fue Stella. El casting consistía únicamente en decir algunas palabras de un guión bastante pobre, por lo que resultó bastante fácil.

A la joven le dijeron que la llamarían para hacer anuncios de cosméticos, pero que debía llenar algunos papeles en otra sala contigua, así que debía esperar en ella a que alguien le trajese los papeles y los firmase. Esto olía a que había entrado en el canon para el secuestro.

Poco después entró Leyre. Realizó la misma prueba que Stella, y la dijeron que la intentarían llamar para anuncios de moda. Al igual que a Stella, la mandaron a una sala vacía.

La cámara de Stella reflejaba como un hombre de mediana edad, se acercaba a ella con una carpeta y un boli, pidiéndola que firmase unos papeles. Ella lo cogió dispuesta a inventarse todos los datos que le pedían, pero de pronto, cuando iba a comenzar a escribir, un hombre de gran estatura, la cogió por la espalda y colocó un pañuelo con cloroformo sobre su rostro. Impidiéndole respirar.

En poco tiempo, Stella estaba completamente inconsciente, y se la llevaban hacia otra sala donde había tres chicas más en el mismo estado.

Con Leyre, se repitió una jugada muy parecida. También la durmieron con cloroformo y la llevaron a la misma sala que Stella.

L se puso algo nervioso al ver cómo dormían primero a Stella, preguntándose si de verdad había sido una buena idea. Exteriormente, aparentó tranquilidad. Light en cambio, si exteriorizó su preocupación al ver el secuestro de Leyre. Hasta ahí, todo parecía ir normal. A las jóvenes las iban introduciendo en un coche para llevarlas a donde se concentraba la mafia de prostitución. Pero entonces, cuando en la sala sólo quedaban Leyre y Stella, el hombre que se encargó de dormirlas, comenzó a registrar la ropa de una ellas, buscando algo concreto.

Light y L se quedaron patidifusos cuando el matón cogió la cámara que llevaba Stella. Después se acercó a Leyre, e hizo lo mismo.

Se hizo un completo silencio en la sala del hotel. Todos los policías se miraban entre sí, sin saber qué había ocurrido, y cómo ese hombre sabía que llevaban cámaras. Por tanto, las policías estaban incomunicadas de forma visual y sonora.

La señal GPS indicó que las habían metido en un coche, pero el mayor problema llegó cuando la señal GPS de los relojes que L les había dado, desapareció, indicando que también los habían indicado y los habían roto. Lo único que ligaba a las chicas con la policía, era ahora el GPS implantado en la piel.

Light y L estaban pálidos, sin entender lo que había ocurrido. Toda la misión se acababa de ir al garete, y las chicas estaban ya en serio peligro, ya que en el momento en que la mafia encontrase los GPS, las dos policías estarían completamente perdidas.

L no podía apartar la mirada de las cámaras, ahora en negro, sintiendo un punzante dolor en el estómago debido al miedo de perderlas.

Light se quitó los cascos con los que hasta ahora, había escuchado el sonido de las cámaras de las chicas.

Dejó los cascos sobre la mesa, y con un rápido movimiento que nadie se esperaba, le dio un puñetazo en la cara a L, tirándole al suelo.

Light cogió al detective del cuello de la camisa.

-¡Te das cuenta de lo que has hecho! ¿Ahora qué hacemos?- preguntó enfadado el policía- ¡No nos dará tiempo a ir por ellas! En cualquier momento les quitarán el GPS y perderemos la señal.