Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia pertenece a Simone Elkeles, yo solo la adapto.
Edward
Empujo un carrito en la tienda de comestibles, agradecido por la oportunidad de comprar alimentos que realmente puedo identificar. A medida que paso alrededor de los otros clientes en el pasillo de hortalizas, recojo un aguacate y se lo tiro a Bella. –Apuesto a que nunca has tenido comida mexicana de verdad.
–Claro que tenemos–, dice mientras lo coge y lo coloca en el carro. –Mi madre hace tacos todo el tiempo.
– ¿Qué tipo de carne le pone dentro?– Le pregunto, probándola. Apuesto a que la Sra. S. no sabe nada sobre auténticos tacos.
Bella murmura algo que no puedo entender.
– ¿Qué? No he podido oírte.
–Queso de soja. Admito que los tacos de queso de soja probablemente no sea el más auténtico plato mexicano, pero...
–Los tacos de queso de soja no son mexicanos. Creo que poner el queso de soja en cualquier cosa y llamarla mexicana es un insulto a mi pueblo.
–Dudo que eso sea cierto.
Ella camina por el pasillo, miro cómo coge tomates, cebollas, cilantro, chile poblano de limón, y chile jalapeño. El olor fresco de cada cosa me recuerda a la cocina de mi madre. Cojo algo que siempre había en nuestra cocina de vuelta en casa. –Se trata de un tomate de cáscara.
– ¿Qué haces con él?
–Puedo hacer una salsa verde con él.
–Me gusta la salsa roja.
–Eso es porque no has probado la mía.
–Ya veremos–, dice, convencida. Voy a tener que hacer un lote especial extra picante para que ella se acuerde de no desafiarme.
Bella me sigue por la tienda de comestibles. Compro todas las necesidades: frijoles, arroz y harina de masa, y diferentes tipos de carne (que Bella insiste en que sea orgánica a pesar de que cuesta casi el doble que la carne que no es orgánica). Entonces volvemos.
En la cocina de los Swan, saco la comida y me ofrezco voluntario para hacer la cena. La Sra. S. está agradecida porque Seth tiene un proyecto para la escuela.
Supuestamente ha intentado hacer un mapa en su cuerpo con marcadores permanentes, y no se va.
–Te ayudaré–, dice Bella cuando pongo los cuencos en el mostrador y las cacerolas en el fuego.
Por una vez creo que es una buena idea que Bella lleve una camiseta, así no tengo que subirle las mangas.
–Va a estar lleno de problemas–, le digo después de lavarnos las manos.
Ella se encoge de hombros. –Eso está bien.
Pongo la harina de masa en un bol y añado agua.
– ¿Lista? –Le pregunto.
Ella asiente con la cabeza.
Cavo con mis manos y amaso la masa en el agua. –Vamos, ayúdame.
Bella se pone a mi lado y se sumerge en el recipiente, aplastando la masa ahora húmeda y pegajosa entre los dedos. Nuestras manos se tocan un par de veces, y creo que una vez accidentalmente he confundido su dedo con la masa.
Añado más agua y doy un paso atrás, mirándola.
– ¿Qué consistencia quieres?–, Pregunta mientras sus manos están ocupadas trabajando en la masa.
–Te diré cuando parar. – no sé por qué estoy de pie como un idiota apoyado en el mostrador mirándola. Tal vez sea porque esta chica no se queja de hacer nada. Ella no tiene miedo de escalar montañas, arreglar coches, retar como yo, o ensuciarse las manos en la cocina. ¿Hay algo que esta chica no quiera o no pueda hacer?
Miro el recipiente. La mezcla de masa definitivamente se ve como una masa sólida. –Creo que así está bien. Ahora haz bolas y yo las removeré en la cacerola. Ya que estoy seguro de que no tenéis un creador de tortillas, vamos a encontrar algo mejor. Cuidado, no quisieras echar a perder esa ridícula camisa que llevas.
Mientras estoy buscando los armarios una envoltura de plástico para poner en entre la bandeja y la bola antes de romperla en una forma de tortilla, siento que algo me golpea la espalda. Miro en el suelo. Una de las bolas de masa está rodando lejos de mí.
Miro a Bella. En su mano hay otra bola, que está dirigida a mí.
–No me la has tirado, ¿verdad?– Le pregunto, con diversión mezclada en mi voz.
Ella tiene otra bola de masa en la otra mano. –Lo he hecho. Es el castigo por llamar a mi camiseta ridícula. –Ella sonríe en señal de triunfo, a continuación, me tira la bola, pero esta vez la capturo. En un movimiento recojo la del suelo por lo que ahora estoy sosteniendo dos bolas.
–Castigo, ¿eh?– digo cuando tiro la bola en el aire y la cojo de nuevo. –Y esta tiene tu nombre escrito en ella. La venganza es una perra, chica.
– ¿En serio?– pregunta.
–Sí. En serio.
–Vas a tener que pillarme primero. –Como un niño pequeño, me saca la lengua, entonces se precipita hacia el patio trasero. La dejo conseguir una ventaja, mientras cojo la taza entera de masa y voy tras ella. Mi arsenal se ha multiplicado drásticamente. –¡No arruines mis bolas!– Ella se ríe cuando las palabras salen de su boca. Estoy viendo la diversión cuando se apresura a coger una mesa auxiliar junto al patio y la utilizan como un escudo.
–Mejor el mío que el tuyo, chica. –Le lanzo las bolas de masa, una por una, hasta que tengo ninguna en la izquierda.
Nuestra guerra de masa continúa hasta que el patio trasero está lleno de pequeñas bolas.
Swan sale fuera con una mirada confusa en su cara. –Creo que estabais haciendo la cena.
–Estábamos–, le dice Bella.
–Mientras vosotros estáis jugando, el resto de nosotros estamos hambrientos. ¿Dónde está la cena?
Bella y yo miramos a su padre, después nos miramos entre nosotros. Sin decir una palabra, le lanzamos bolas de masa hasta que se une a la guerra. Al final, la Sra. E. y Seth entran en la guerra de la masa, también.
Estoy tentado a llamar a Emmett y Rosalie, porque no me importaría tirarles unas pocas. Tal vez debería sugerir a la señora Goff tener guerras de masa durante REACH. Es mejor que hacer terapia de grupo cada día de la semana.
Bueno pues aquí tenéis el siguiente capítulo. Espero que os haya gustado. Quiero daros las gracias a todos aquellos y aquellas que han comentado, que me han agregado a su lista de alertas y favoritos.
Nos vemos en el próximo capítulo.
Un beso desde Andalucía, España.
