¡Hola queridos Terrafofans!
Finalizando con el arco de la fiesta de cumpleaños aquí venimos con el despertar y resaca de uno de los personajes que más cosas tiene que explicar, Michelle. Como habréis podido deducir por el anterior capítulo y su pregunta a Keiji hay ciertas cosas que no recuerda con mucha claridad pero...
¿De qué se acuerda exactamente? ¿Dónde despertará? ¿Le aclarará alguien dudas?...si queréis saberlo tendréis que leer este capítulo ;P
La semana que viene las cosas se van a poner calentitas entre dos personajes, os adelantamos que no serán Akari y Michelle, pero sí sobre dos personas que en los reviews también nos habéis dejado ver que os interesan ¿quiénes serán?
- Título: El despertar de la marabunta
- Autora: Eme sylvestris
- Palabras: 6433
- Personajes: Shokichi y Michelle
¡Gracias a todos por seguir con nosotras! ¡Sois amor!
Para más información al respecto podéis consultar nuestro tumblr: cockroacheswetdreams
EL DESPERTAR DE LA MARABUNTA
No habían llegado a casa especialmente tarde, pero aun así cuando su cuerpo de despertó esa mañana a las 9:00 se sentía hecho un despojo. Bueno, quizás no tanto, pero cansado sí estaba. Ni siquiera tenía sueño dado que a las 12 y pico ya estaba en la cama y había dormido sus 8 horas, simple y llanamente, ya no tenía edad para esas cosas. Aunque es necesario decir que en realidad no es que fuese viejo, sobre todo teniendo en cuenta que era un hombre atlético y que se cuidaba, pero de ahí a seguirle el ritmo a gente a la que le sacaba más de 20 años hay un buen trecho.
Afortunadamente y pese a ser miércoles no le tocaba trabajar. Gracias a que al día siguiente era Acción de Gracias, esa celebración que pese a llevar más de 10 años viviendo en EEUU no llegaba a comprender, no le tocaba ir a la universidad en toda la semana porque estaba cerrada. Siendo correctos eso era una verdad a medias, a algunos investigadores les tocaba ir a controlar sus experimentos por lo que algunas facultades se mantenían abiertas, pero por fortuna las cosas con las que él trabajaba no estaban vivas así que podía esperar. Se rió…¡JA,JA pringados!
Salió del baño bostezando y se puso el pijama. Aunque le gustaba bajar a desayunar tal y como salía de la ducha con tan sólo su albornoz encima, hoy tenía invitados en casa y no era plan pasearse por ahí tan destapado. Los albornoces podían ser traicioneros y dejar al aire partes de su anatomía que preferiría que siguiesen siendo un misterio para la mayoría de las personas que conocía, entre ellas, la que supuso que estaría en esos instantes en su cocina o en el salón. La borrachera que se había pillado Michelle la noche anterior era de las memorables. Habitualmente controlaba mucho más y no pasaba de alcanzar un punto en el cual estaba más contenta de lo normal, y muchas veces ni eso, pero se había superado con creces. Había sido divertido verla en ese estado, eso no podía negarlo, pero le preocupaba la causa subyacente a su ingestión descontrolada de alcohol, algo la debía estar molestando o preocupando para actuar de forma tan inconsciente. Y el pobre Akari se había llevado la peor parte, o la mejor, según se viese; el caso es que dudaba que ambos fuesen capaces de mirarse a la cara durante una temporada. Evidentemente, dado el estado en el que se encontraba no la dejó irse sola a casa, así que tras acompañar a Eva y Sheila a la parada de taxis se subieron ellos dos en uno y en unos 20 minutos se plantaron en su lujoso loft. Durante el trayecto la joven se adormiló apoyada contra la ventanilla del vehículo, así que al llegar a casa estaba bastante más sobria, por lo menos lo suficiente como para ponerse el pijama y meterse en la cama sin provocar más percances.
Bajó las escaleras hasta la cocina con el teléfono móvil en la mano y la cámara preparada. Pese a que había pasado ya casi un mes desde entonces, seguía clamando venganza por el reportaje fotográfico sobre su decadencia cuando él mismo se emborrachó en Halloween. Por fin había llegado su oportunidad, si se levantaba con la mitad de resaca que había tenido él en su momento, su aspecto sería lo suficientemente lamentable como para poder estar en igualdad de condiciones a la hora de chantajearla.
La susodicha se encontraba en la cocina, sentada en uno de los taburetes altos que Shokichi había comprado porque "era como tener un bar en casa" y sujetándose la cabeza con las manos, apoyando los codos en la mesa. Hacía tiempo que no tenía resaca y desgraciadamente estaba recordando de la peor manera posible qué era lo que se sentía. Por fortuna y pese a que había bebido hasta el punto de no recordar ciertas escenas de la noche, al tratarse de bebidas de una calidad decente y no la porquería que solían servir por ahí, su estado era menos lamentable de lo esperado, y sólo acusaba un intenso dolor de cabeza, sed, y cansancio fruto de la deshidratación. Frente a ella tenía una taza de té humeante, a su derecha descansaba su teléfono móvil, y a la izquierda sus gafas. Hacía ya más de hora y media que sus ojos se abrieron en cama extraña, provocándole un pequeño susto que se le pasó en cuanto reconoció los alrededores. Dado lo habitual que era el hecho de que por unas razones u otras se quedase a dormir en casa de su amigo, una de las habitaciones libres prácticamente era suya, y guardaba en ella un pijama, algo de ropa de recambio y enseres para su aseo personal.
Había estado remoloneando en la cama hasta que el hambre se volvió tan insoportable que se vio en la necesidad de asaltar la nevera de Shokichi. Huevos fritos, salchichas, tostadas…no parecía llenarse con nada a lo que le hincase el diente. Habitualmente su estómago era de por sí un pozo sin fondo, pero la resaca le daba hambre, y la ira también le daba hambre, y la ansiedad lo mismo. Y tenía resaca, estaba iracunda porque se había perdido su habitual sesión de boxeo matutino y además se estaba agobiando al rellenar las lagunas de la fiesta de Marcos. El haberle mandado un mensaje a Keiji preguntándole y que le respondiese casi al instante para decir que él prefería no decir nada, tampoco ayudaba a tranquilizarla. En resumen, parecía que tuviese escrito en la frente "No acercarse a más de 200 metros" con luces de neón…lamentablemente Shokichi se debió perder la clase en la que aprendían a leer cuando iba al colegio. Los pasos del hombre bajando las escaleras hasta la cocina retumbaban en su cabeza y apretó la mandíbula para contener el reproche que tenía ganas de hacerle ¿de verdad era necesario hacer tanto ruido? Emitió un quejido que sólo escuchó ella misma y se masajeó las sienes. Maldito alcohol.
Llevaba desde que se había despertado intentando hacer memoria de los acontecimientos de la noche. Llegó a casa de los chicos, era la primera vez que iba y no sabía qué podría encontrarse, pero le sorprendió gratamente la limpieza y el orden en el piso. Alex les recibió emocionado, explicó parte de lo que tenía planeado para la fiesta y se pusieron manos a la obra. Colocar decoraciones, preparar algo de comida, ir a comprar bebidas y aperitivos… Además de con Eva y Shokichi, había estado hablando bastante con el resto de las chicas, especialmente Kanako. La japonesa mostraba un más que evidente interés hacia Marcos que se negaba a reconocer, y varias habían sido las veces que consultaba la hora mirando hacia la puerta con una expresión de anticipación en la cara. Al cabo de un rato Marcos y Akari volvieron con una preciosidad de cabellos dorados llamada Max ante la cual no se pudo resistir. Hasta entonces bien, recordaba perfectamente todo lo ocurrido, mirada penetrante de su alumno mientras rascaba al perro incluida. Bebió algo de cerveza, algo de tequila y se notaba a sí misma menos cohibida así que se planteó el pasarse a las bebidas no alcohólicas.
Pero llegó el momento de los regalos, todo fue perfecto, parecía que realmente le había gustado lo que había preparado para él. Y entonces lo notó. Ni siquiera tuvo que mirarle para darse cuenta de que Shokichi repentinamente se puso muy tenso y, alejándose de ella le entregó a Marcos un paquete que no venía de su parte. Ese fue el momento en el que decidió mandarlo todo a la mierda. Joseph y su maldito regalo cayeron como plomo en su estómago y sintió como un escalofrío desagradable le recorrió el cuerpo. No había vuelto a hablar cara a cara salvo para detalles puntuales relacionados con su tesis desde su enfrentamiento en el despacho, y prefería que siguiese así. Y de repente volvía a su vida en forma de cazadora de cuero para un chaval que ni siquiera conocía ¿era así como iba a intentar convencerla para que aceptase su proposición? ¿Pasando de retar a mimar a sus amigos y conocidos? Se había contenido todo lo que había podido, pero aun así decidió beber para olvidar y fue cuando se le fue de las manos. Se recuerda a sí misma con Akari, que no se separó de su lado en casi toda la noche, y con las chicas, con las que por alguna razón que no recordaba había tenido comportamientos un tanto homosexuales. No es que le importase, pero sinceramente no había encogido el mejor momento ni el mejor lugar, ni particularmente el mejor público. Se acordaba también de que cada vez tenía más calor, y que había llegado a la fiesta con una chaqueta de punto y que a esa altura de la noche ya se la había quitado. Lo pudo notar también en su alumno favorito, que hizo aparición con una sudadera que se cambió por una muy favorecedora camiseta de color burdeos conforme avanzaba la noche.
Los recuerdos se hacían más borrosos, pero algo llamado "tequila sexy" y la imagen de ella misma arremangándole la camiseta a Akari para pasar la lengua por su deltoides la golpearon por un momento...había lamido a su alumno. Sin ningún tipo de vergüenza además, el maldito tequila la había hecho perder lo suficiente la razón como para dejar un rastro de su saliva en el cuerpo de un chaval al que le tenía que dar clase el lunes ¿cómo demonios iba a mirarle a la cara? ¿Qué clase de respeto tendría ahora por ella? Cruzó los brazos sobre la mesa y apoyó la cabeza en ellos ¿en qué demonios estaba pensando? Bueno, la respuesta a esa pregunta era fácil, su cerebro estaba muy alcoholizado y lleno de rabia, así que probablemente no estaría pensando en nada. Y desde ese momento no recordaba nada más, salvo una imagen muy borrosa de Akari quitándole el vaso y rogándole que dejase de beber, y diciéndole no sé qué sobre que iba a coger frío.
- Buenos días-
No se podrá callar no…maldito viejo. Respondió de la manera que mejor supo. Con la cabeza aún apoyada en los brazos levantó una mano y le dedicó a su amigo un bonito corte de manga que hizo que el hombre de llevase la mano al pecho.
- Me ofendes
- Objetivo conseguido- rezongó con la boca seca y sintiendo como si algo le taladrase el cerebro cada vez que hablaba.
- No te pases, Michelle-
Vale, quizás se había pasado. Al fin y al cabo el pobre Shokichi sólo la había saludado. ¡Cómo odiaba la resaca! no sabía cuándo su irritación tenía fundamento y cuando era fruto de su odio generalizado hacia todo y todos a causa del dolor de cabeza. Bufó y no sin esfuerzo sacó la cabeza de entre los brazos y le miró.
- Perdona, no estoy de hum…
Su frase quedó cortada con un flashazo seguido de una risilla maliciosa de Shokichi, que exclamó algo que sonó como "Dulce venganza" mientras miraba la pantalla del teléfono. Tardó unos segundos en comprender qué había pasado y cuando lo hizo se incorporó de repente cucharilla de té en mano, provocando que el hombre gritase acongojado, ya que tenía toda la pinta de estar dispuesta a sacarle los ojos con ella. No obstante, le sobrevino un mareo que la hizo agarrarse a la mesa y volver a sentarse así que con un bufido soltó el cubierto que había doblado en un ángulo de 90º y hundió la cabeza en sus brazos de nuevo. Ya se tomaría la revancha más adelante.
- ¡No es justo!- le oyó quejarse como si de un niño grande se tratase
- Qué te pasa ahoooora
- Yo quería retratar la decadencia de tu resaca y mira ¡MIRA! Sales adorable
Michelle alargó la mano aceptado el teléfono de Shokichi, y levantó la cabeza de la mesa lo suficiente como para poder verse en la pantalla. Ella no se veía adorable; se veía despeinada, con cara de sueño, las mejillas rojas de haber estado apoyada sobre los brazos y el pijama arrugado y cayéndosele de un hombro. Estaba tan abotargada que ni siquiera se había percatado hasta verse en la fotografía, así que se lo colocó en ese momento y le devolvió el teléfono a su amigo. Nunca había entendido los gustos de Shokichi, pero teniendo en cuenta que consideraba adorable a un coral no la halagaba en exceso que lo pensase también de ella.
- Borra eso
- No, estás muy mona- contestó con una sonrisa- Además es raro verte con la defensa tan baja.
- No estoy mona. Borra eso- intentó quitarle el teléfono de la mano, sin éxito. Chascó la lengua y lo miró con todo el odio que fue capaz de reunir.
- ¿Quieres que le preguntemos a alguien más?- Michelle enarcó la ceja con curiosidad, no entendiendo a qué se refería- Puedo mandársela a...Akari por ejemplo a ver qué le parece.
- Shokichi
- O a Joseph
- SHOKICHI
Verla levantada del taburete de nuevo y agarrando la mesa con tal fuerza que la madera estaba empezando a crujir, fue todo lo que el japonés necesitó para darse cuenta de que si seguía con la broma la cosa no iba a acabar bien. No borró la fotografía pero dejó el teléfono en la mesa para alivio de Michelle, que suspiró y se volvió a sentar, esta vez cogiendo la taza de té entre sus manos y dando un buen trago. Shokichi se acercó (no sin miedo) a ella para abrir la nevera. Aunque a juzgar por la cacharrada de platos, sartenes y utensilios de cocina que había en el fregadero, intuía que sus opciones para desayunar se iban a ver bastante limitadas.
Tienes arroz en la arrocera- anunció la rubia antes de darle tiempo a abrir la nevera- apoyó la taza en la mesa y se giró un poco señalando la encimera- Te he dejado un huevo a lado, y hay té.
La siempre dedicada y considerada Michelle hacía gala de sus encantos de nuevo. Puede que fuese dura, exigente y que le gustase divertirse a su costa, pero eran esos pequeños detalles los que demostraban que, pese a todo, era una persona mucho más cariñosa de lo que dejaba entrever. Pero cuando alguien había llevado una vida como la suya no era raro que se crease un muro alrededor.
Se sirvió un cuenco de arroz y echó el huevo por encima, era su desayuno favorito cundo había salido la noche anterior. Le ayudaba a recuperar energías, llenar el estómago y no le resultaba excesivamente pesado. Lo dejó junto con sus pallillos en la mesa, al lado de Michelle y se sirvió una taza de té caliente al que no le echó azúcar, estaba acostumbrado a tomarlo de la manera tradicional y de la otra forma le empalagaba demasiado. Tomó asiento junto a la rubia, que tenía otra vez la taza entre las manos y estaba un poco encogida en sí misma. Le frotó la espalda y ella le miró, interrogante.
- ¿Estás bien? ¿necesitas algo?- la chica negó con la cabeza mientras daba un trago al té.
- Respuestas- dijo finalmente
- ¿Respuestas?- empezó a mezclar el huevo con el arroz y dio un bocado, no entendía cómo algo tan simple podía estar tan rico, pero lo estaba. La vio por el rabillo del ojo masajearse las sientes y coger aire, algo la estaba preocupando.
- Shokichi…- no podía con esa cara, cuando le miraba con esos ojos azules llenos de desamparo se le caía el alma a los pies. Apoyó sus palillos en la mesa y le dedicó toda su atención
- Dime
- Es que…- desvió la vista al dobladillo del pijama, con el que jugueteaba ente sus manos- No me acuerdo de parte de lo ocurrido anoche, y de lo que me acuerdo es muy… ¿raro? Y me da un poco de miedo pensar en lo que pude llegar a hacer.
- Ooh Michelle- la agarró por los hombros y le dio un pequeño apretón afectuoso en ellos – Simplemente has conseguido que alumno probablemente tenga sueños eróticos contigo durante el resto de su vida, pero nada más allá- la oyó quejarse y sonrió - ¿Hasta dónde recuerdas?
- No me hagas decirlo…- Shokichi insistió- No debería haberte preguntado, con razón Keiji me dijo que prefería no decir nada- Michelle pudo oírle echándose a reír
- Normal, si te lo tiene que decir él se moriría de vergüenza- esperó a dejar de carcajearse ante la mirada asesina de la rubia y una vez se hubo calmado prosiguió- Si no me das pistas no te puedo ayudar
- Está bien…- resopló- Tequila sexy
- ¿Eso es lo último que recuerdas?
- Más o menos, a Akari quitándome el vaso también.
- El pobre lo intentó varias veces, pero te negabas a dárselo- Michelle se llevó las manos a la cabeza- Luego intentaste quitarte la camiseta
- Eso le iba sonando. Casi podía notar de nuevo el calor que sentía en ese momento y las ganas que tenía de quitarse la ropa, pero los acontecimientos posteriores seguía sin tenerlos nada claros. No obstante, no le sorprendía, tenía cierta tendencia a desnudarse cuando estaba muy borracha. De hecho un tiempo atrás había terminado con similar nivel de alcohol en sangre y esa vez sí que había llegado a quedarse en sujetador y algún gracioso le había sacado una serie de fotografías a punto estuvieron de acabar en manos de Joseph. Tuvo que amenazar de muerte a mucha gente para conseguir hacerlas desaparecer.
- Tampoco le hacías caso – Shokichi se rió de nuevo- No hacía más que repetirte que ibas a coger frío y que te tapases. Te intentaba agarrar pero le dabas empujones- Michelle quería abofetearse a sí misma en ese momento- Keiji intervino y al final no te la quitaste – el hombre la miró con una sonrisa socarrona – Akari es un buen chico, podría haberse aprovechado pero en lugar de eso hizo lo posible por detenerte.
- No me digas que hay más, esto ya me parece lo suficientemente vergonzoso
- No sabes nada Michelle, no sabes nada- le dio unas palmaditas en el hombro y negó con la cabeza, lo estaba disfrutando- Como intentó pararte te empeñaste en que no le gustaban tus…- carraspeó, le costaba mencionar esas palabra al referirse a la anatomía de alguien que para él era como de su familia
- ¿Mis?- Shokichi hizo unos gestos incomprensibles con las manos y ella se encogió de hombros. Finalmente el hombre se llevó las manos a sus propios pectorales – Oh…
- Querías que te mirase, él intentaba no hacerlo. Lo cual es curioso teniendo en cuenta que llevaba haciéndolo toda la noche. Le preguntaste directamente si le gustaban y se quedó tan bloqueado que llegué a pensar que lo habías transformado en piedra- Michelle ya no era capaz de mirarle, tenía la cara oculta en las manos y no se atrevía a levantar la cabeza
- Dime que no hay más por favor- rogó de forma casi inaudible. A Shokichi le dio lástima, pero lo que restaba era demasiado jugoso como para guardárselo.
- Le cogiste de la nuca y digamos que…hiciste que lo viese en primer plano
- ¡NO!
- Sí- ella lo miró con pánico- Nunca he visto a nadie tan rojo en toda mi vida. Hasta se disculpó en japonés y todo y se fue corriendo al baño
- No voy a volver a beber en mi vida, no tanto desde luego.- resopló- ¿Cómo voy darle clase el lunes? ¿Qué hago?
- Lamentablemente con eso no te puedo ayudar
- Lo sé- se levantó, dejó la taza en el fregadero y se apoyó encimera durante unos segundo de tenso silencio que Shokichi aprovechó para seguir tomándose su desayuno, que se estaba enfriando.
- Necesito comer algo
- ¿No has comido ya demasiado?
- Probablemente- reconoció tras pensárselo durante unos segundos- Necesito golpear algo- Shokichi aun con el tazón en la mano se levantó del asiento y se alejó de la cocina, mirando a la rubia con miedo desde lejos- No te voy a peg…oh
El característico sonido de la sirena de Silent Hill la interrumpió. Algo tambaleante se acercó a la mesa y tras limpiar las gafas con la manga del pijama de las puso y cogió su teléfono móvil. Desbloqueó la pantalla, topándose con el símbolo que indicaba que había recibido una nueva notificación de su servicio de mensajería instantánea, y cuando ya tenía el dedo sobre él dispuesta a abrirlo, se detuvo… ¿Y si era Akari? No tenía idea de cómo demonios comportarse con él de ahora en adelante. Cuando por fin había aceptado que la tensión sexual que sentía hacia él era más que evidente, y cuando sus propias palabras la habían convencido de que debía liberarse un poco de su carcasa y animarse a hacer amigos, él incluido, llegaba ella y la tenía que cargar estrepitosamente. Y todo por culpa de Joseph, que aún sin estar presente la afectaba de tal manera que había perdido el control y había acabado haciendo cosas de las que se arrepentía. Suspiró. No podía seguir haciendo eso, no podía seguir culpando a Joseph de los pasos que ella misma no se atrevía a dar. Su oído excepcionalmente agudo, su fuerza, esa constitución que la llevó en su infancia a haber salido ilesa de un accidente que provocó lesiones de gravedad en los amigos con los que estaba…nunca se había considerado normal. Su ya de por sí desconfiada personalidad junto a cómo la había tratado la vida la había llevado a tener miedo a abrirse a los demás, y cuando por fin había decidido ceder un poco, lo mandaba todo al garete.
- Tierra llamando a Michelle- ni siquiera había oído a Shokichi acercarse de nuevo a ella hasta que chascó los dedos delante de su cara - ¿Quién es?
- ¿A ti que te importa?- tapó el móvil con su propio cuerpo no dejando que mirase la pantalla y finalmente abrió la conversación, no pudiendo evitar sonreír al hacerlo- Es papá. Que si vamos hoy o mañana- no obstante en cuestión de segundos frunció el ceño recolocándose las gafas- Mira que le tengo dicho que no me mande mensajes mientras está en el trabajo
- No seas muy dura con él. Seguro que está en su rato de descanso- miró el reloj- Vale, no.
Por alguna razón que Shokichi no llegaba a comprender, desde que llegó a EEUU siendo un chaval con una beca para trabajar en la NASA, Donatello K. Davis se había preocupado por él. Fue su jefe durante los años que trabajó para la institución, y desde el primer día hasta el último, le había tratado como a alguien más de su familia. Michelle apenas levantaba unos palmos del suelo en aquel entonces, pero ya cuando al conocerla la llamó "princesa" por pura inercia, la niña le contestó que ella era una científica, no una princesa. Ni siquiera llevaba sus características gafas por aquel entonces y su sonrisa aún era inocente, pero ya apuntaba maneras.
Debía reconocer que su primer año de estancia fue terrorífico. Si bien dominaba el inglés técnico relacionado con su trabajo, se perdía en las conversaciones coloquiales, no era capaz de encontrar la comida que le gustaba y tuvo que adaptarse a la "porquería" estadounidense, y las costumbres eran tan diferentes a las suyas que se encontraba muy perdido. Por fortuna Donatello le apoyó en todo momento, guiándole, ayudándole con el idioma, con papeleos, con trámites…incluso invitándole a su casa por Acción de Gracias y Navidad para que no las pasase solo. Y esa costumbre la seguían manteniendo, a excepción de la cena de Navidad, para la cual Shokichi había decidido montar su propia fiesta de solteros desde hacía algunos años. Esa era una de las razones por las cuales él siempre acababa medio apadrinando a los alumnos de intercambio en la Universidad. Era la mejor forma que encontraba de agradecerle a Donatello lo que hizo por él, el ayudar él mismo a otros y por supuesto, velar por esa joven rubia que en esos momentos tecleaba en su móvil apretándose el puente de la nariz con los dedos.
- ¿Cuándo tenías pensado ir tú?- había aprovechado los lapsus de Michelle con el teléfono para devorar su desayuno y dejó el cuenco vacío en el fregadero, echándole un poco de agua y apurando el té repitiendo la misma jugada con el vaso.
- Esta tarde, pero estoy muerta- dejó el móvil de nuevo en la mesa y se quitó las gafas, frotándose los ojos – No me apetece ir hasta casa y ponerme con la maleta
- Te llevo en cuanto acabe la mía- se arremangó y abrió el grifo. Tenía lavavajillas pero prefería darle un aclarado con agua a las sartenes y los platos antes de meterlos dentro.
- Gracias. Me voy a echar un rato- cogió la manta pequeña que había dejado en otro de los taburetes de la cocina y se la echó por los hombros.
- Estaba alejándose en dirección al sofá cuando sonó el teléfono de nuevo. Se acercó a cogerlo a la encimera, suponiendo que sería su padre queriendo confirmar detalles… ¡qué equivocada estaba! Al no oír ni el más mínimo ruido por parte de Michelle tras coger el teléfono, Shokichi cerró el grifo y se dio la vuelta, algo preocupado. Desde luego el verla con el aparato en la mano, apretándolo con tal fuerza que la carcasa crujía, y una expresión indescriptible en el rostro no le ayudaron a sentirse más tranquilo. Se secó las manos con un trapo inmediatamente y se acercó a ella.
- Michelle ¿qué pasa?-
Cuando la chica por fin reaccionó no medió palabra, simplemente le dio el teléfono, fue al sofá y se hizo un ovillo, cubriéndose la cabeza con la manta. Shokichi la observó con un peso en el estómago, no la había visto reaccionar así nunca, y la conocía desde que era una cría. Miró el aparato que tenía en la mano y al leer el mensaje que había en la pantalla ahogó una carcajada. Se acercó al sofá y le dio golpecitos en el brazo, pero ella sólo respondió con un gruñido desde debajo de la manta. Sabía que se estaba jugando la integridad al meterse con ella, pero era demasiado divertido como para no hacerlo
- Si no contestas tú, voy a hacerlo yo-
- Salió de debajo de su escudo de lana hecha una furia, aún más despeinada y saltando por encima del respaldo del sofá, abalanzándose contra él para quitarle el teléfono. Maldito el momento en el que se lo había dado.
Shokichi aprovechó su ventaja en altura para subir el brazo y dejar el aparato fuera del alcance de la rubia, pero no contó con su perseverancia y sobretodo, con sus capacidades atléticas. Tras una serie de forcejeos Michelle le hizo una llave en el otro brazo obligándole a agacharse, y quitándole el teléfono de la mano que había elevado. Una vez hubo recuperado el móvil le soltó, comprobando frenéticamente si Shokichi había llegado a mandar algo o si por casualidad habían pulsado algo que no debían al forcejear, las pantallas táctiles son muy traicioneras. Comprobó con alivio, aunque aún con cierto malestar en la boca del estómago, que todo seguía en orden dentro del caos en el que se encontraba inmersa en esos momentos. Releyó de nuevo los mensajes que tenía frente a ella, no le sorprendía, ni siquiera le extrañaba, de hecho casi hasta lo estaba esperando…pero ahora que lo tenía en frente, no sabía cómo responder conociendo lo acontecido la noche anterior.
Akari
Buenos días (10:15)
Espero no despertarte pero ayer te fuiste un poco mal (10:15)
¿Llegaste bien a casa? (10:15)
Volvió al sofá mirando la pantalla. Ya había abierto la conversación y por tanto Akari ya sabía que lo había leído. Normalmente no le importaba, pero en esta ocasión le parecía de mala educación dejar al chaval sin respuesta. Shokichi, que intentaba recuperarse de la llave a la cual le acababan de someter cogió el móvil que había dejado antes en la mesa de la cocina en señal de tregua, y aprovechando la distracción de Michelle abrió una conversación él mismo con el susodicho con una medio sonrisa asomándole a los labios.
Shokichi
Akariiiiiiii (10:27)
Oooohhh, te preocupas por Michelle *o*(10:28)
Está conmigo :) (10:28)
Me la traje a casa y se metió en la cama nada más llegar (10:28)
Ya estaba levantada cuando bajé a la cocina, pero tiene resaca ^^U (10:29)
Akari
Ah vale (10:30)
¿Está bien? (10:30)
Shokichi
Odiando al mundo, pero sí (10:30)
Mira :D(10:31)
Tenía claro que si la susodicha se enteraba probablemente lo mataría, o algo peor, le torturaría pero le dejaría medio vivo para poder continuar torturándole en el futuro. Aun así abrió su galería, buscó la foto que le había hecho minutos antes y se la mandó al chaval. Tal y como imaginaba la respuesta se hizo esperar, de hecho, no llegó. Sonrió negando con la cabeza y miró de refilón a Michelle, que estaba recostada en el sofá con la pantalla del teléfono apagada y éste apoyado en su regazo, mientras ella miraba al techo con expresión reflexiva. Siguió con la tarea que estaba haciendo antes de la interrupción y una vez hubo recogido seguía sin recibir respuesta de Akari, pese a que ya habían pasado más de 15 minutos. Mientras fregaba, Michelle había vuelto a cambiar su postura y se había tumbado boca abajo en el sofá, con la cabeza apoyada en sus brazos cruzados y balanceando las piernas en el aire. Estaba pensando, y estaba indecisa. Se rió por lo bajo y por fortuna ella estaba tan concentrada que no pareció enterarse.
Queriendo divertirse un rato más, y más aún a costa de la persona que había distribuido las fotografías de su deterioro pre, durante y post fiesta de Halloween entre todos su conocidos, volvió a abrir la conversación con Akari y mientras una sonrisa sardónica se le dibujaba en la cara escribió.
Shokichi
¿A que está mona? :DDDDD (10:47)
Akari
Es mi profesora (10:52)
Esperó, pero no recibió más respuesta y el estado del chaval pasó a ser "desconectado". Sabía que lo acababa de poner en un aprieto, pero no podía evitarlo, era evidente para todos los que le rodeaban la gran atracción que sentía Akari por Michelle. No le extrañaba en absoluto, no había más que ver a Joseph para percatarse de que se trataba de una mujer que levantaba pasiones. No obstante había algo que sí que le había extrañado al principio, y era el hecho de que la atracción en esta ocasión parecía ser recíproca.
- Michelle- ella levantó ligeramente la cabeza y le miró - ¿Necesitas algo? Me voy a hacer la maleta- la vio negar ligeramente y volver a apoyarse en los brazos que mantenía cruzados- Contesta al pobre chico.
La oyó bufar conforme subía las escaleras a su habitación. Le daba una pereza tremenda ponerse a hacer la maleta, pero la verdad es que tenía ganas de reunirse con los padres de la joven. Donatello era un gran amigo suyo, y hacía meses que no conseguían cuadrar sus horarios para verse, además se moría de ganas de contarle que su querida hijita parecía estar interesada por alguien. Entró en su habitación y lo primero que hizo fue dirigirse al baño a lavarse los dientes, recientemente había comprado una pasta nueva que sabía a rayos porque no quedaba de la suya en el supermercado, y una tarea tan sencilla como llevarse el cepillo a la boca se convertía todos los días en un suplicio para él. Cuando había compartido sus penurias con sus amigos todos le habían dado la misma respuesta, que si tan poco le gustaba, la tirase y comprase otra. Pero entonces habló con Keiji, y dada su concepción monjil del mundo le había convencido de que no podía desperdiciar algo que cumplía su función, así que seguía usándola. El hecho de que cada vez que ponía algo de pasta en el cepillo de dientes se le fuese la mano y cayese la mitad en el lavabo era mera coincidencia.
Una vez hubo terminado y haciendo muecas con la boca como si se hubiese comido algo extremadamente picante, volvió sobre sus pasos y abrió la puerta de su armario. Lo primero elegir lo que se iba a poner y luego ya pensaría que se iba a llevar los días que iba a estar fuera. El trayecto no era muy largo, unas tres horas en coche, pero prefería estar cómodo así que en lugar de uno de sus habituales trajes optó por unos vaqueros grises y una americana informal negra, que combinó con una camisa blanca. Se vistió a excepción de la chaqueta y sacó una de sus maletas de lo alto del armario. Mirando a su alrededor hizo una lista mental de lo que iba a necesitar: pijama, ropa interior, calcetines, la bolsa de aseo, algo elegante para ponerse en la cena…. Empezó a sacar cosas y a repartirlas por la cama antes de colocarlas en la maleta cuando se percató de algo de suma importancia, no tenía la más remota idea de los días que tenía pensado pasar Michelle en casa de sus padres. Se quedó de pie con los brazos en jarras en mitad de la habitación ¿de verdad tenía que volver a bajar para preguntarle? Buf, qué pereza. Resopló buscando con la mirada una solución, cualquier cosa antes que bajar otra vez, y sus ojos se posaron en el maravilloso dispositivo de pantalla táctil y conexión a internet que reposaba en su mesilla. Cogió la tablet y se sentó en su cama, aprovechando que tenía instalado un servicio de mensajería en el aparato para poder preguntarle la rubia cuantos días iban a estar fuera. No pasó mucho tiempo hasta que la aplicación avisó de que estaba en línea y pudo oír la dulce y melodiosa voz de la mujer…gritando desde el piso de abajo.
- ¿EN SERIO, SHOKICHI? ¿DE VERDAD ERES TAN VAGO?- en lugar de responder a viva voz tecleó "Sí" acompañado de un emoticono con una carita feliz- ¡EL VIERNES!
Con su duda resuelta se dispuso a dejar la tablet de nuevo en su sitio cuando vio que la chica le había contestado también por ese medio y pudo leer claramente "QUE TE DEN" como respuesta a su mensaje anterior. Frunció el ceño aunque no le duró el malestar más de unos segundos, estaba más que acostumbrado a los desplantes de la rubia. Se levantó estirando la espalda y se plantó frente al trabajo que tenía por hacer, si se daba prisa les daría tiempo a llegar a casa de Michelle para antes de la hora de comer.
Ella por su parte había decidido empezar a moverse y dejar de lamentarse en el sofá. Finalmente había contestado a Akari, aunque sólo le había dicho que estaba con Shokichi y que obviando la resaca se encontraba bien. Se había planteado pedirle perdón por lo ocurrido la noche anterior, pero por el momento prefería hacer como que no se acordaba de ello. El mensaje de Shokichi preguntándole cuánto tiempo iban a estar con sus padres casi la mata del susto. Tan sólo unos minutos antes había enviado su contestación a Akari y debía reconocer que al pensar que sería él la agobió un poco, por mucho que le diese vueltas seguía sin tener nada claro cómo tratar con él tras lo ocurrido en la fiesta. Se levantó dejando la manta atrás y fue hasta la habitación en la que había dormido. La había dejado con la ventana abierta para que ventilase al levantarse, y dadas las circunstancias se había olvidado de ir a cerrarla, por lo que hacía bastante frío y se encogió en sí misma, frotándose los brazos. Había dejado la ropa del día anterior en el suelo al llegar, y por la mañana no le apetecía recogerla, así que seguía tal y como se la había quitado. Se moría de ganas de darse una ducha, pero no le apetecía nada ponerse la ropa sucia después, así que optó por dejarlo para cuando llegase a casa y cambiarse. Se cambió de ropa con la piel de gallina y algún desagradable escalofrío recorriéndola el cuerpo, maldito el momento en el cual se olvidó de cerrar la ventana.
Para cuando hubo acabado de vestirse, hacer la cama y recoger la habitación, Shokichi ya había terminado y la esperaba en el salón, cambiando canales distraídamente con el mando y con la maleta a los pies.
- ¿Estás?- ella asintió y se recogió el pelo, lo sentía asqueroso y le estaba dando grima llevarlo suelto. Shokichi se levantó y tras cargar la maleta fácilmente con una mano apagó la televisión y echó a andar hacia la puerta, ella le siguió arrastrando los pies. – ¿Le contestaste?
- No es asunto tuyo- el hombre le dirigió una mirada muy significativa, pero ella estaba demasiado cansada para discutir- Sí- se calló por un instante y conforme salían de casa y cerraban la puerta le hizo un gesto con las manos indicándole que elaborase más su respuesta- Le dije que estaba en tu casa y que estaba bien ¿contento?
- Muchísimo- cogió aire para seguir hablando, pero ella lo interrumpió.
- Y antes de que preguntes. No, no ha contestado- confirmó mirando su teléfono, ni siquiera había leído su mensaje aún, o por lo menos el doble check azul no había aparecido.
- Ooohhh ¡qué pena!- fingió infinita lástima y pestañeó mirándola, ella rodó los ojos y se aguantó las ganas de darle una colleja
Llegaron al garaje y caminaron hasta la plaza de aparcamiento de Shokichi. Un cómodo silencio se instaló entre ellos y tan sólo se oía el sonido de las ruedas de la maleta por el cemento. De repente, el sonido de algo crujiendo les hizo aminorar el paso. Shokichi miró hacia Michelle con la congoja dibujada en la cara y la chica en su lugar miró hacia el suelo y el rastro que había dejado tras ellos.
- Acabas de aplastar una cucaracha con la maleta.
Y mientras el hombre entraba en pánico, soltaba la maleta y corría hacia su coche intentando abrir la puerta con manos temblorosas por la mente de Michelle sólo pasaba una cosa.
Venganza, dulce y deliciosa venganza.
