Miles de planes perfectamente organizados y llevados a cabo con un éxito del cien por ciento avalaban el ingenio y la astucia de Viktor. No pecaba de arrogante al decir que su historial de planes contaba con un éxito en su totalidad. Nunca había tenido problemas para crear una estrategia que lo llevara a su meta sin posibilidad alguna de fallar. Y, aun así, a pesar de aquel impresionante récord, no podía pensar en una maldita proposición de matrimonio que fuera perfecta para Yuuri.
¡Diablos! ¡Diablos! ¡Diablos! ¿Qué le estaba pasando? Él era un maldito experto en cada área en la que decidía estudiar un poco. Tenía mil formas de salir impune de las situaciones más complejas que pudiera imaginar un ser humano. Jamás había sido atrapado ni resultado sospechoso de sus crímenes. Sin embargo, no era capaz de pensar en una maldita y simple forma de pedirle matrimonio a Yuuri. Para Viktor, el pelinegro era su mundo entero, por lo que quería pedirle matrimonio de una forma inolvidable, y no solo para asegurarse el "sí" de su amado, sino que para que Yuuri jamás olvidara aquel momento. Pero, al parecer, su mente solo funcionaba cuando se trataba de romper alguno de los mandamientos. ¿Algo a favor? No era cristiano. ¿Algo en contra? Era un pecador en todas las religiones.
Tal vez no fuera mucho, pero, al menos, tenía uno de los puntos listos. No podía negar que estaba ansioso por casarse con su amado lo antes posible, sin embargo, quería darle una boda maravillosa. Normalmente, Viktor putearía al país del sol naciente y a su propio país por complicar en demasía el matrimonio entre dos personas del mismo género. Pero, en esta ocasión, eso le quedaba como anillo al dedo. El gran detalle que no podía olvidar era que, si bien todos los documentos que portaba eran "legales" ya que los conseguían con el contacto que Yakov tenía en el registro civil de Rusia, estaba usando un nombre falso. Viktor sabía que el líder ruso tenía a personas trabajando en muchas partes que pertenecían al mismísimo gobierno. Por lo tanto, cada vez que un sicario requería los documentos que acreditaran su identidad falsa, aquel contacto tomaba la cédula de identidad de un fallecido que hubiera nacido el mismo año del asesino, escondía toda la información de esa persona de tal forma que pareciera que jamás hubiera nacido, le creaba los documentos legales y les daba aquel número de identificación. Viktor no había necesitado más de una identificación falsa porque siempre usaba el mismo nombre. A tal punto era la perfección del trabajador infiltrado de Yakov, que hasta las huellas digitales quedaban registradas en la falsa identidad, sin importar que también estuvieran en la verdadera. Aquel trabajador del registro era el encargado de monitorear las actividades que los sicarios realizaban utilizando la huella digital y, cuando estos lo hacían, era él mismo quien seleccionaba enviar los datos fraudulentos a los diferentes servicios que solicitaban confirmar la identidad. Después de todo, no era un simple trabajador, era uno de los mejores hackers a nivel mundial.
Gracias a eso, Viktor sabía que podía casarse con su nombre falso de forma "legal", pero, aun así, no iba a correr el riesgo llevando a cabo la ceremonia en algún lugar dónde, en estricto rigor, solicitaran más información. Con todos los pros y contra ya analizados, el ruso se dio cuenta que el mejor lugar para casarse era Las Vegas. Allí ni siquiera solicitaban estar sobrio, mucho menos investigarían sobre su verdadera identidad. Era la mejor opción y, aun cuando fuera un lugar donde el matrimonio era uno de los trámites más rápidos y sencillos, eso no significaba que no podían realizar una boda inolvidable junto a sus seres amados. Simplemente podían dar la excusa que en aquel lugar era más sencillo contraer nupcias ya que nos les importaba que fueran dos hombres.
Si bien había resuelto esa complicación, de nada le servía tener la solución para aquello si no tenía idea de cómo pedirle su mano en primer lugar. Honestamente, estaba a punto de azotar su cabeza contra la pared para ver si así lograba activar el hemisferio derecho de su cerebro y así pensar en la mejor proposición que existiera.
El ruso estaba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta que era vigilado por dos pequeños que susurraban entre ellos, mirando de reojo al pobre hombre que parecía a punto de sufrir un colapso. El pequeño rubio fue el primero en acercarse, seguido por su hermano.
―Papá Vitya, ¿qué haces?
Viktor se sobresaltó al escuchar la voz del niño tan cerca. Si bien les había pedido ayuda para el momento que le propusiera matrimonio a Yuuri, se sentía avergonzado por tener que reconocer que no tenía ni una sola idea en su cabeza para hacer de ese momento algo digno y memorable del hermoso corazón de su japonés.
―Yo... ―Estaba tentado a mentir, pero ya no quería ocultar más cosas a los miembros de su actual y adorada familia. Además, el pequeño Yurio era extremadamente hábil adivinando cuándo mentía y cuándo decía la verdad. ¡Al carajo! Era mejor soportar las burlas a seguir mintiendo―. Estaba tratando de pensar en una forma original y única de pedirle matrimonio a Yuuri, pero no se me ocurre nada.
―¿No lo has buscado en YouTube, papá Vitya? ―Otabek siempre solía, incluso, hablar en un tono de voz más respetuoso que Yurio. Tenía una calma innata que lo hacía parecer más maduro que su edad―. Ahí siempre suben videos de diferentes cosas, entre esas se puede encontrar propuestas muy originales y así puedes imitar una de ellas.
Asintiendo, Viktor puso sus dedos índice y pulgar en el mentón mientras analizaba la opción.
―No sería mala idea imitar una de las proposiciones de YouTube.
―¡Ya sé cuál puedes hacer! Préstame tu celular. ―Yurio se entusiasmó de golpe al recordar un video que dos de sus compañeras estaban viendo una vez. Justamente se trataba de una propuesta de matrimonio muy divertida, romántica y original. Si su papá Vitya quería elegir una forma de declarar su amor eterno por su padre, debía escoger esa opción.
Era una suerte que hubiera comprado un celular que nadie de la organización podría contactar al no saber ni de la existencia de dicho teléfono. Si bien al comenzar un nuevo trabajo recibían un móvil para utilizarlo como el propio y así mantener oculto el de la organización, Viktor se había deshecho de ese teléfono casi al principio de su misión y había comprado uno nuevo. Sin mayor problema le pasó el teléfono a Yurio. El pequeño puso el patrón de desbloqueo, ya que se sabía el de los celulares de sus dos padres, y entró a la aplicación de YouTube para buscar el video del que hablaba. No tardó mucho en encontrarlo.
―Aquí está. —Sin perder el tiempo, Yurio agrandó la pantalla al ponerla en posición horizontal y el video comenzó a reproducirse.
Tras ver el video completo, Viktor sintió una gran cantidad de nervios tan solo al imaginar que él hiciera todo eso. El video era realmente emocionante. El chico se lució con la forma tan deslumbrante de pedir la mano de su amada. Incluso la canción era perfecta, pero él no se imaginaba con la personalidad suficiente como realizar aquella sorpresa.
―Realmente está genial, pero yo no canto.
―Todos pueden cantar, además podemos editar tu voz después. ¡No seas cobarde! Esta es la mejor forma de pedirle a mi papá que sea tu esposo.
―Tardaríamos demasiado. ―De cierta forma, Viktor trataba de justificarse porque, a pesar de que el video le gustó, no se sentía capaz de hacerlo.
―Para nada, no lo haremos de forma profesional. Con un solo día tendremos el video listo. Aunque tienes que ir ahora a la casa de nuestro abuelo a pedir la mano de mi papá, solo así podrás casarte son él. Es un hombre muy tradicional.
Viktor no era capaz de entender de qué demonios hablaba. Él mismo había matado la noche anterior al padre de Yuuri así que oír al niño hablar de su "abuelo" lo puso extremadamente nervioso.
―¿Tu abuelo?
―Así es. Él vive cómo a veinte minutos de aquí en auto. Es más, vamos ahora y nosotros te apoyaremos en el momento que pidas la mano de papá.
Chris, quien había entrado recién, permaneció en silencio y Viktor enmudeció. Ninguno entendía qué rayos estaba pasando. El ruso no debería tener un suegro porque los padres de Yuuri estaban muertos.
Sin oponerse, ambos adultos fueron guiados por los niños a un auto y los cuatro emprendieron el viaje a la casa del misterioso padre de Yuuri.
Una imponente mansión era el hogar del hombre, a quien Viktor deseaba conocer y a la vez no. Los guardias permitieron la entrada del vehículo sin problemas al reconocer a los dos pequeños que, constantemente, venían a alegrar los días de su abuelo.
Tras estacionar, Viktor se bajó del auto, se arregló el traje y la corbata y se preparó para aquel momento. Se dirigieron a la puerta principal, la cual fue abierta por una de las empleadas que los hizo pasar, y luego fueron guiados a la sala principal. Los niños estaban jugando mientras el ruso sentía que sufriría una crisis de nervios en cualquier momento. Chris notó los nervios de su amigo, ya que este no dejaba de mover la pierna.
―¿Quieres calmarte? ―El suizo ya estaba irritado por culpa de ese ruido infernal que su pierna en movimiento provocaba.
―Lo siento, es solo que... Jamás me he sentido así antes.
Chris iba a responder cuando una profunda voz irrumpió en la sala.
―¡Yurio! ¡Otabek!
―¡Abuelo! ―Los dos niños respondieron al unísono y corrieron a abrazar al hombre que había depositado una rodilla en el suelo y extendido sus brazos para estar a la misma altura de sus amados nietos y así poder abrazarlos.
Viktor se puso de pie inmediatamente, seguido por Chris. Esperó a que el abrazo terminara y el caballero se pusiera de pie para extenderle la mano.
-Buenos días, es un gusto conocerle. Soy Vitya Nivokov.
El hombre alzó ambas cejas en clara señal de sorpresa al escuchar su nombre.
―¿Eres el nuevo gerente general? ―Al ver como el ruso asentía, el hombre estrechó su mano y le palmeó el hombro a Viktor con la mano que tenía libre―. Es un gusto conocerte. Yuuri y muchos empleados me han hablado maravillas de ti, como las ideas nuevas que lograron aumentar las ganancias de la empresa. Eso es increíble. Por cierto, puedes llamarme Sr. Nishigori o Nishigori a secas.
El ruso no lo sabía, pero el ex empresario jamás daba su nombre al presentarse. Lisa y llanamente porque no le gustaba.
―Gracias por el recibimiento, Sr. Nishigori. Por cierto, quería hacerle una pregunta. ¿Usted es el padre adoptivo de Yuuri?
Aquella duda hizo que el hombre sonriera al pensar en su hijo.
―En efecto. Adopté de palabra a Yuuri en su adolescencia. Cuando llegó el momento de jubilarme, mi verdadero hijo ya tenía su propia compañía y no quería encargarse de la mía. En ese entonces, Yuuri estaba trabajando conmigo y siempre fue un empleado comprometido. Sin contar que lo quería y aun quiero como mi propio hijo. Así, que decidí heredarle mi empresa.
Viktor escuchó atentamente cada palabra dicha por aquel tipo.
―Entiendo. ―Antes de preguntar lo que quería, Viktor, con un movimiento de mano, hizo que Chris se acercara. Este lo hizo sin chistar―. Quisiera presentarle a mi amigo, Christian Ruidi.
―Es un placer conocerlo, Sr. Nishigori. ―La cortesía de Chris siempre destacaba en cualquier lugar.
―El gusto es mío. Y, ¿a qué debo el honor de la visita de todos ustedes?
Viktor tomó aire y se preparó para abrir su corazón de una vez por todas.
―Sr. Nishigori, yo... amo a su hijo. Yuuri es lo más importante en mi vida junto a estos dos pequeños. Ya no puedo imaginarme un segundo sin ellos. Es por eso que he venido aquí hoy. Usted, ¿me concedería la mano de su hijo en matrimonio?
Un largo silencio se hizo presente en aquella sala. La noticia había sido dicha de forma tan directa que el sr. Nishigori no sabía cómo reaccionar. Ante esa situación, Yurio decidió que debía ayudar al ruso.
―Él es una muy buena persona, abuelo. Papá Vitya en verdad hace muy feliz a papá. Antes él solía estar triste, pero desde que papá Vitya llegó a nuestras vidas, papá sonríe mucho más.
―Es cierto. ―Otabek tampoco quiso quedarse fuera de la conversación―. Papá Vitya incluso aguantó todas las bromas de Yura por amor a papá Yuuri, y nosotros queremos que ellos estén juntos.
Tras escuchar a sus nietos y meditar unos minutos, el Sr. Nishigori parecía haber tomado una decisión.
―Tú en verdad debes amar mucho a mi hijo como para no haber huido de las bromas de Yurio.
Viktor sonrió ante el recuerdo de sus primeros días.
―Realmente debes ser alguien bueno si te ganaste la aprobación de estos niños. Si prometes hacer feliz a mi hijo, tienes mi permiso.
Viktor no podía creer que la suerte le sonriera de esa forma. Justo cuando iba a agradecer, Yurio intervino nuevamente.
―Abuelo, si realmente estás de acuerdo tendrás que ayudarnos.
―¿En qué?
―En la propuesta.
