Shaman King: Dos Destinos Cruzados

Capítulo 29. Traición.

"Detener al Golem. Hao no debe tomarlo"

Ese era el mensaje que Mikihisa le había enviado a Anna a través de sus espíritus acompañantes. Anna no entendía a que se refería, pero lo único que podía hacer era seguir a los dos espíritus, mientras viajaba en la mano de Zenki. Mientras iba detrás del rastro, sentía que alguien le seguía desde la distancia, alguien que le observaba.

-Este bastardo no se rinde. –murmuró Anna mientras Zenki corría con toda la velocidad que un shikigami podía desarrollar.

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Respiró hondo y abrió sus ojos mientras intentaba descifrar en dónde estaba. Pero enseguida alguien vino en su ayuda.

-Jeanne-sama...-dijo Marco arrodillándose ante ella. -¿esta usted bien?

Jeanne asintió mientras Marco le ayudaba a levantarse. Jeanne parecía aturdida y miró alrededor.

-Lyserg...¿dónde esta? –Marco miró al suelo, entristecido y Jeanne miró hacia la puerta, donde Satti estaba mirándola.

-Esta en una prueba. –dijo Satti con una mirada tranquilizadora.- Es un guerrero elegido.

-¿elegido? –dijo Jeanne confundida. Satti asintió. –Tendré que explicarte unas cuantas cosas, antes que nada.

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Mientras tanto en la puerta del avión, Manta miraba entristecido a la distancia mientras el resto estaba sentado sin hacer o decir nada.

-¿Qué sucede, Manta? –dijo Ryu- ánimo, todo va a estar bien. Tenemos que confiar en el Jefe y en los otros también.

Manta rió. –Lo sé. Pero me preocupa que Anna vaya sola. Parecía muy inquietada e insistió que nos quedáramos aquí.

-Anna-sama tiene un plan. –dijo Fausto-...No es de nuestra incumbencia saber qué. Seguir ordenes es lo que tenemos que hacer.

Ryu se sonrió. –Hablas como un soldado, Fausto.

-Y esta es una guerra. –dijo Fausto mirando al suelo con el ceño fruncido.

Todos se detuvieron cuando Roy llegó y se acomodaba el oráculo virtual en el brazo.

-Lo tengo confirmado. –dijo Roy. –Los apaches se están dividiendo en grupos para atacar.

-Entonces dinos que hacer. ¡Hay que darles su merecido! –dijo Ryu y Roy miró a Reiha.

-Nosotros nos encargaremos. –dijo Roy. –Ustedes deben permanecer aquí ante los Hoshigumi que puedan venir.

Ryu no insistió. La prioridad era cuidar el avión con todos los cuerpos que quedaban. Si alguno sufría daño, no podrían revivir.

-¿entonces es seguro que ellos vengan? –dijo Jun de brazos cruzados. –Los soldados de Hao.

-Naturalmente. –dijo Roy-...es lo que desean ellos, eliminar a la competencia en contra de su rey. Aunque Luchist ya no este con ellos, son igualmente peligrosos. Así que es necesario que estén alerta.

-Doncella Jeanne...-dijo Ryu sonrojado mientras Jeanne, Satti y Marco salían.

-Estoy lista para que iniciemos el viaje. –dijo Satti. Roy y Reiha asintieron.

Ooo

-Yohken-san. –dijo Yoh mientras se levantaba. Yohken era extraordinariamente rápido e Yoh, quien no tenía su espada legendaria sino su espada Harusame, únicamente podía hacer una oversoul normal. Yohken era muy fuerte, además Yoh tenía la certeza de que había visto aquella espada inmensa en algún sitio.

Osore-san.

Yoh miraba Yohken intentando descifrar aquella palabra que se había formado en su mente. Osore-san, cinco años atrás. Oh-Oni...

-Imposible...acaso...-murmuraba Yoh mirando bien a su rival.

-¿qué sucede? –dijo Yohken sonriendo-...¿tienes miedo de tu ancestro, muchacho?

Todo era extraño. Yohken había cambiado de repente, ahora tenia esa espada. ¡Esa espada, la misma que el uso contra el Oh-Oni en Osore-san!

-¡Matamune! –llamó Yoh con cierta desesperación. -¡Matamune!

Yohken cargó contra él e Yoh detuvo aquella estocada, retrocediendo súbitamente cuando sintió el viento cortante de la espada sobre su costado. Yohken lo miraba impertérrito e Yoh tenia tantos deseos de tener a su segunda arma que sintió algo en su mano.

Era la Futsu no mitama.

Yoh confundido miraba aquella espada, palpándola y era maciza, no era una ilusión. De algún modo logro hacerla llegar hasta aquí. Tal vez fue su voluntad, lo que logró eso. Yoh se concentró y logró hacer la posesión de objetos del espíritu de la espada. Yohken miraba impresionado a aquella arma hasta que volvió a estar en guardia.

-¡¿tienes a Matamune¡contesta! –dijo Yoh

-Ciertamente. Matamune es mi acompañante. –dijo Yohken seriamente.

Yoh no dejaba de recordar a su primer amigo, la dolorosa despedida que tuvieron. No podía combatir contra su amigo, el que le enseño tantas cosas que marcarían su destino. Esto debía ser un error. Y sin embargo no podía percibir la respuesta de Matamune.

-Oni Goroshi!! - Yohken siguió atacándole cortándole el brazo, mientras la posesión se quebraba e Yoh caía de rodillas resitiéndose del inmenso dolor. Yohken sonrió mientras caminaba lejos de él y buscaba a alguien más con quien luchar. Yoh miraba al suelo mientras su mano se regeneraba. Habia olvidado que estaba muerto, y que solo la fortaleza de su alma podria sacarlo de aquí. Yohken parecía atemorizado ante aquella reacción y comenzó a cantar una vieja y casi olvidada canción, que los soldados usaban en batalla.

-¡Te mostrare mi duro entrenamiento! –gritó Yohken y la figura de un hombre implacable con ropas de monje emergió ante Yoh, quien se levantó aun sosteniendo sus espadas. –Hora de probar una nueva oversoul, Amidamaru.

El furyoku de Yoh se elevaba alrededor de ambas espadas, mientras tomaba una nueva forma, una armadura que le cubria los brazos y que aun mas pequeña, lograba condensar un gran poder espiritual.

-¡Oversoul¡Espiritu de la Espada! ¡Byakkou!

Yohken sonrió. –Bien, tal parece que este será el ataque final.

Yoh respondió con una sonrisa poniéndose en guardia. Yohken volvió a cargar contra el. –¡¡Shugenkinjin!!

Miles de espadas se dispararon, colisionando contra la armadura de Yoh, aguantando la ráfaga de espadas que Yohken blandía sin detenerse. Yoh tomó ventaja, logrando ver la defensa de Yohken.

-¡Amidamaru¡Mu Mu Yakou Mu!

Un disparo directo deshizo la oversoul de Yohken, quien quedó de pie mirando como se disipaba ante Yoh quien sonreía tranquilamente.

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El Golem, inmenso y fuerte como una roca se detuvo en un bosque de las afueras de la aldea, mientras Anna contemplaba su aterrizaje y veía a un chico bajar del gigante. Sin embargo alguien estaba dentro del Golem, de eso no le quedaba duda. Debía de ser cautelosa, el poder espiritual que tenía el Golem era lo bastante fuerte como para hacerle frente, aunque era imposible que ese niño lo controlara.

Redseb miró a lo lejos mientras veía a los espíritus de Mikihisa salir de entre los árboles y a Anna siguiéndoles.

-¡¿quién eres?! –demandó Redseb y Anna entendió ahora el por qué Mikihisa le pedía aquello. Si Hao tomaba al Golem su furyoku se elevaría a niveles aun mas preocupantes y este niño no era precisamente fuerte.

-Mikihisa-sama me envió. –dijo Anna mirando ahora al Golem. En cualquier momento él llegaría. –Tienes que venir conmigo, tu y ese Golem.

Redseb parecía molesto. –Seyram no quiere. Ella no quiere ir con nadie.

-¿Seyram?

-Si, mi hermana. Está dentro del Golem. –dijo Redseb. Pero Anna no distinguía la presencia espiritual de aquella niña. Estaba en un trance. Pero antes de que pudiese indagar en aquello, un estruendo sacudió el lugar. Redseb miraba hacia detrás de Anna, asustado. Era Hao quien bajaba del espíritu del fuego. Anna no lo miraba.

-Niño. Vete ahora con el Golem. De prisa. –dijo Anna y Redseb no dejaba de mirar a Hao.- Pero el...Mikihisa-sama nos dijo...

-¡Hazlo! –dijo Anna imperiosamente. Redseb la miró por un instante y corrió hacia el Golem. Redseb le hablaba a su hermana mientras Anna se volteaba a ver a Hao.

-Descubrí algo muy interesante. –dijo Hao sonriendo. –Y ahora vienes a interrumpirme. Muy maleducado de tu parte, Anna.

Anna hizo aparecer a Zenki y Kouki a su lado y Hao no se movió para perseguir al Golem. -¿De veras, Anna¿Aun con todo lo que sucedió sigues en tu empeño? Francamente admirable...-dijo Hao sonriendo.

El espíritu del fuego cargó contra Anna y de repente quedó inmovilizado, hasta que una explosión de energía lo movió. Hao sonrió.

-Nulificación de furyoku. –dijo Hao refiriéndose a lo que había pasado. –Sin embargo es agotador¿verdad, Anna?

Hao mantenía aquella sonrisa y Anna permanecía inmóvil, mirándolo con desprecio.

-Bien, ya veremos si puedes con esto. –dijo Hao mientras el Espiritu del Fuego y los shikigamis de Anna volvían a chocar uno contra el otro y la corriente de furyoku amenazaba con arrojar a Anna lejos de ahí, no obstante, la Itako mantenía su estabilidad y moviendo sus manos logro encerrar todo en un círculo con la estrella de cinco puntas. De repente al espíritu del fuego lo atrapó ese conjuro mientras Hao no se movía, aun sonriendo y deshizo aquel hechizo con un movimiento de su mano.

Anna casi cae al suelo pero agitó su rosario y un rayo de luz atravesó al espíritu del fuego. Hao parecía haber sido afectado ya que mostraba signos sutiles de dolor pero enseguida, su espíritu acompañante se regeneró.

-Eso fue muy rudo, Anna. –dijo Hao con una falsa voz de dolor.

-Idiota...-dijo ella uniendo sus manos y preparándose para volver a atacar.

Ooo

-Lamento haber combatido contra ti. –dijo Yohken reponiéndose- Creo que volví a recordar porqué estaba en el infierno antes.

-Lo sé. Yo creí haber sentido a Matamune. –dijo Yoh pensando.

-Matamune y yo nos separamos hace mucho. –dijo Yohken- Aun así, mis memorias con el tomaron la forma de la espada cortadora de Oni.

Yoh sonrió melancólicamente recordando aquel momento en que tuvo que usarla en Osore-san.

-Hay que seguir adelante. –dijo Yoh y Yohken miró hacia el oscuro camino que estaba adelante. –Tengo que detener lo que Hao pretende.

-Tienes dos opciones. Destruir su alma o persuadirle de que no siga. Y viendo como están las cosas...-dijo Yohken sintiendo vergüenza en su alma.

-Quiero usar la segunda opción. –dijo Yoh-...no quiero matar a nadie.

Yohken asintió. –Al menos espero que tengas hijos...¿los tienes, verdad?

Yoh se ruborizó profundamente. –Yo...no...todavía no...-balbuceaba agitado.

-Ah si...lo olvidé. –dijo Yohken riendo- en los tiempos actuales es muy pronto¿cierto?

Yoh asintió aun sonrojado. Yohken rió. –Muy bien, descendiente mío...sigamos a...

Súbitamente Yohken fue atrapado en una prisión de metal, mientras decenas de demonios emergían para atacarlos. Amidamaru e Yoh se pusieron a la defensiva.

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Roy suspiró luego de la larga caminata y de derrotar a los apaches que se le cruzaron por el camino. Reiha miraba a lo alto de la montaña mientras Satti y los Gandara continuaban caminando y ellos les seguían.

-No les garantizo que el viaje sea tranquilo. Tampoco que regresemos intactos. –dijo Satti

Roy y Reiha se miraron brevemente y asintieron.

-Somos la escolta. Nuestro deber será protegerles. –dijo Reiha- Lo importante es cuidarles y traer a las esencias antes que nada.

Satti sonrió. –Ustedes son muy amables.

-Todo por el bien de este mundo. –dijo Roy. Reiha miró al cielo y recordó a su sempai fallecida y todo lo que pasó antes de llegar aquí.

-Es cierto. Ustedes preparen el camino que nosotros, por favor.

Satti asintió y los Gandara continuaron caminando. El ritual estaría pronto listo para comenzar.

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-Buen trabajo...-dijo Blocken. Las Hanagumi, Kanna, Mari y Matti, junto con Turbine, Peyote y Zang Ching estaban en el estadio donde se realizaban los combates de shamanes, estaba vació ya que los apaches no habían difundido ningún mensaje. Hao era el ganador, sin duda alguna.

-Hao-sama estará satisfecho...-dijo Kanna encendiendo el cigarro. Mari la observaba detenidamente, antes de mirar por un instante a Peyote y Turbine.

-Probablemente tengamos que deshacernos de unos cuantos insectos más...antes de ir con el señor Hao...-dijo Blocken.

Peyote los miraba a todos con indiferencia, en su mirada absente, casi perdida.

-He pensado esto desde que ese chico me derrotó...-dijo Peyote. -¿por qué el señor Hao querría aceptarme de nuevo luego de fallar?

Blocken guardaba silencio, así como el resto. Peyote se quitó el pañuelo y el sombrero de charro que llevaba y lo lanzó al suelo.

Era un shaman de piel morena como los habitantes de su país, el rostro poblado de una ligera cantidad de barba.

-Yo también he pensado mucho sobre eso, Peyote. –dijo Turbine-...y sobre el hecho de que siempre nos envía varias veces tras Yoh Asakura y su grupo.

-¡explícate de una vez! –exclamó Kanna. Algo no encajaba en ambos shamanes.

-en realidad, nosotros no le interesamos...-dijo Peyote.

Todos miraban a Peyote con asombro, Turbine se quitó su pesado turbante, revelando su rostro moreno y su cabello oscuro.

-El nos desprecia...-dijo el shaman Turbine. En su mirada había cierto reproche.- Porque fallamos...¿verdad Peyote? Todo aquello que dijo...

Peyote no dijo nada. –Tu lo sospechabas desde hace mucho.

Peyote sonrió desilusionado ante la mirada fruncida de Turbine y el desconcierto de los otros shamanes.

-Somos un montón de idiotas¿es que no lo ven? Hao nos usa para su plan secreto. Se que se lo contó a Opacho, por supuesto es solo una niña...y a Luchist, el fundador de los X Laws y maestro de aquel tipo de lentes de los X Laws. –declaró.

-Si yo fuera tu, cuidaría mis palabras con respecto al señor Hao...-sentenció Blocken.

-Nos envía a matar a una gran cantidad de gente, perseguir a los chicos aquellos...diciendo que nos premiará cuando esto termine, pero está lejos de terminar... –dijo Peyote.-...y cuando fallemos gravemente ¿qué crees que hará Hao con nosotros?

Turbine y los otros no respondieron.

-¡estas mintiendo! –dijo Matti-...el señor Hao es amable... el siempre...

-Jamás lo comprenderás, Kanna...-dijo Peyote sacando su guitarra. Los demás retrocedieron.

-¡¿qué demonios intentas hacer?! –dijo Blocken. Peyote no sonreía. –Yo adoraba a mi señor, creía en el¡pero el me decepcionó a mi!

Un esqueleto gigante apareció detrás de Peyote armado con un puñal. Atacó a Zang Ching y lo apuñaló. Zang Ching cayó muerto al suelo ante la mirada horrorizada de Mari.

-¡Bastardo¡¿por qué lo has hecho?! –dijo Turbine-

-No tengo amigos. Y no tengo a quien seguir ahora...-dijo Peyote-...¡esto se ha terminado¡destruiré esta mentira!

-¡Pagaras por tu insolencia! –dijo Blocken-...¡a el!

Las explosiones sacudieron el estadio, mientras que en el cielo, uno de los satélites de las Empresas Oyamada observaba toda la batalla entre los propios sirvientes de Hao.

-señor Oyamada. Peyote ha cumplido con lo que dijo.

-Muy bien. Localicen a mi hijo cuanto antes. –dijo el señor Oyamada.

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El Golem avanzaba rápidamente por el cielo del desierto hasta que el X-Plane lo interceptó por encima. Redseb miraba impresionado al ver un aeroplano tan inmenso sobre él.

-¿viste eso Seyram? Que grande...-dijo Redseb y una figura haciendo oversoul en una espada bajó al Golem. Era el propio Yoh, que había regresado, primero que el resto de los otros shamanes. Fausto, Jun y Tamao se habian ido a buscar a Mikihisa.

-¡Oye¿¡que quieres?! –dijo Redseb.

-¿Dónde estaba Hao? –dijo Yoh muy serio. –Necesito llegar hasta él.

-Pero...

-Tengo que ir con mi prometida...-dijo Yoh. –Dile a tu hermana que es importante para mí.

Antes de que Redseb intentara hablar con Seyram, El Golem cambió de dirección ante la mirada atónita del chico. -¡Vamos Seyram, a salvar a la señorita!

El Golem se movía muy rápido dejando al avión atrás. Yoh sabia que debía calcular cualquier movimiento. La seguridad de Anna estaba en riesgo.

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Hao detenía el ataque de Anna con su mano, nulificando su furyoku sin mostrar el mayor de los problemas. En medio del choque de fuerzas, Hao apareció delante de Anna, agarrándole de los brazos.

-Detén esto, Anna. Solo estás malgastando tu furyoku. –dijo Hao y aunque Anna intentaba soltarse, era imposible.

-Suéltame. –dijo Anna mirando a Hao con el mayor odio posible. Pero Hao apenas reparaba en la mirada que ella le dirigía, mientras refrenaba el furyoku de Anna, sintiendo una curiosa sensación de poder.

-No te dejare ir. –dijo Hao – No escaparás de mi.

La mirada de Hao parecía perdida. No podía alcanzar los pensamientos de Anna, solo conseguía nada mas que sujetarla con firmeza, un rostro que no denotaba nada mas que rencor.

"No puedo...no puedo leer tu mente."

De repente Hao sentía que algo lo aprisionaba, corrientes de furyoku que lo estaban encadenando, se sentía asfixiado, como si no pudiese respirar.

"Mashujutsu..."

Hao sintió, como si entrara en un trance, todo se oscurecía mientras el frío inclemente le pegaba en los huesos, una distante sensación de miedo, el mas profundo terror que le paralizaba. Pero el, simplemente supo de qué se trataba.

"Detente...antes de que te lastime a ti también..." Pensaba Hao ahora preocupado. No era por el, fácilmente podría salir de aquel conjuro. Pero Anna no se rendía y sus ojos estaban oscurecidos por completo mientras el rosario parecía brillar tenuemente de rojo.

"¡HAZLO!" –demandó Hao. "¡No lograrás nada haciendo eso!"

Hao abrió sus ojos y estaba a punto de tomar a Anna por el cuello, forzarle a que se detuviera antes de que su furyoku se extinguiera por completo, y con ello su propia vida.

Alguien tomó a Anna de la mano, alejándola, abrazándole mientras Hao se quedaba estático mirando como Yoh la detenía nulificando el conjuro. Hao estaba observando a Yoh en la actitud protectora que siempre tenía con ella, algo aliviado de que el conjuro no hubiese continuado. ¿Tanto lo odiaba como para arriesgarse? No lo sabía. No lograba leer su mente.

Yoh la sostenía con preocupación, quitándole el rosario mil ochenta de su mano.

-Anna...contesta. Por favor. –dijo Yoh con la voz firme pero aun consternada. Era como si se hubiese olvidado de el por completo. Anna dio signos de haberle oído, se movía, lentamente, como si intentara liberarse de un profundo sueño.

Ambos muchachos miraban a la sacerdotisa, en silencio.

-Estará bien. –dijo Yoh aun mirando a Anna pero hablando con Hao. –Si no te hubieses resistido...

Hao miró a Yoh y éste le devolvió la mirada a su hermano. –Gracias. –dijo Yoh

-Fuiste tu el que llegó a tiempo. –dijo Hao. –Usó lo prohibido por su clan. El mashujutsu. Es algo que ni yo usaría. Asegúrate que no lo haga de nuevo.

-Lo sé. –dijo Yoh retirándole los mechones de cabello rubio a Anna de su rostro.

-A veces creo que nos parecemos mucho. –dijo Hao refiriéndose a Anna.

-Te equivocas. –dijo Yoh-...tu has renunciado a convivir con los humanos. En cambio Anna...no intenta cambiar a la gente, ella los acepta, aunque no les agraden. Anna siempre será igual.

Hao no dijo nada para contradecir eso. –Tengo que hablar contigo. –dijo escuetamente.

Yoh asintió. –Lo sé. Sin embargo ahora...

Hao sonrió y le dio la espalda. –Cuidale, por favor. Nos veremos luego.

Mientras Hao se marchaba, Yohken y Amidamaru lo miraban mientras se subía al Espíritu del Fuego y Anna se despertaba por completo.

-Yoh...¿eres...tu...? –dijo al abrir sus ojos.

-Claro que sí. Ya estoy en casa. –dijo Yoh con una amplia sonrisa. Anna sonrió levemente. –Yo debí...

-No te esfuerces. –dijo Yoh cargándole. –Estabas protegiendo a esos chicos...lo sé porque recibí un mensaje de Papá. Lo esta atendiendo Fausto. Además no tenias a nadie que te apoyara, así que recurriste a lo mas peligroso. Pero no lo hagas de nuevo, Anna. –dijo Yoh seriamente- ¡Ibas a destruirte ahí mismo!

Yoh sonrió, su mirada preocupada y seria había cambiado. –No permitas que me quede viudo antes de tiempo¿si?

Anna sonrió y lo abrazó con la fuerza que le quedaba. –Yoh...

-anda, anda...ya todo esta bien. Vamos a llevarte a un lugar seguro, comeremos algo...tengo hambre...¿tu no?

Anna guardó silencio por un rato y cerró sus ojos.

-¿qué sucede? –preguntó Yoh.

-Te extrañé...es todo...

Yoh se rió y se sonrojó aun más cuando Amidamaru y Yohken lo miraban con una sonrisa burlona. El Golem, con Redseb al hombro, aterrizaba al lado de ellos.

-¡Lo hicimos, Nii-san! –dijo Redseb a Yoh.

Anna miraba al Golem con desconfianza. –Yoh...esa niña, dentro del Golem.

-Lo sé...lo noté al estar cerca. –dijo Yoh. –La niña no tiene malas intenciones. De hecho me trajo hasta aquí...

-El problema es...¿quién le está posesionando? –dijo Anna.

Ooo

-¡Hermano! –exclamó Pilika al abrazar a Horo Horo. Ren miraba la escena con una pequeña sonrisa. Lyserg, Jeanne y Marco hablaban y Chocolove estaba mudo.

-¡Estamos vivos! –exclamó Horo Horo y se detuvo al ver a Chocolove cabizbajo. Ren supo que algo pasaba cuando no escuchó ningun mal chiste de parte del muchacho.

-oye...Chocolove...-dijo Horo Horo-...¿qué te pasa?

-Nada...-dijo Chocolove levantándose y mirándoles. Pilika ahogo un gemido y los otros lo miraban en silencio. Los ojos del shaman estaban pálidos. Estaba ciego.

Sin embargo, Chocolove sonrió. –Tranquilos, no tropezaré con ustedes...-dijo riéndose.

-Es una secuela del entrenamiento. –dijo Pascal Avaf apareciendo al lado de Chocolove. Horo Horo retrocedió. -¿Quién es usted?

-Pascal Avaf, soy un antiguo shaman que ayudara a Chocolove y a ustedes en su misión de derrotar a Hao.

Chocolove cerró sus ojos mientras sentía que se aproximaba una gran fuerza espiritual.

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Hao estaba sobre el Espíritu del Fuego intentando descifrar que había pasado, esta ya era la segunda vez. Anna Kyouyama era un completo misterio aun para él. Varias veces se había planteado la duda sobre quién era en realidad, tenia la sensación de que le era familiar su poder...

Hao se quitó su guante izquierdo y revisó su oráculo virtual. El furyoku de sus camaradas había desaparecido. Primero Luchist, ahora ellos. No entendía cómo. Si los amigos de Yoh estaban muertos...

-Imposible...-dijo Hao y sonrió. –

Finalmente lo que John Denbat inició y Marco ejecutó se ha completado. El Torneo de Shamanes estaba al descubierto. Los humanos sabían de la Aldea.

De improviso, un mensaje apareció en su oráculo. Los apaches de su lado le informaban que todo estaba listo para el viaje hacia Mu.

Continuara...

Notas de Hikaru: Otro capitulo doloroso de escribir porque tuve que matar a muchos personajes. Peyote en el anime es otro personaje más, en el manga cumple esta función de ser el que mate a casi todos los del equipo de Hao. Por otra parte, lo que es distinto aquí es la escena entre Anna y Hao. Ah, y por si las dudas, Nii-san en japonés es "hermano mayor". Ahora viene las ultimas partes del fic. Creí que haría ocho capítulos mas, pero aun no tengo idea.

Mata ne.