¡Hola!

Uff, ha pasado tiempo desde la última vez que actualicé este fic. En fin, muchas gracias por sus reviews y espero que este capítulo les guste, no digo mucho porque ando apurada.

¡Besos!

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Capitulo 29: Cada vez más cerca

Negó con la cabeza ante lo que estaba viendo, no podía ser posible que Naruto en verdad la engañara con esa mujer, pero lo que estaba viendo no era falso de ninguna manera, sus propios ojos estaban siendo testigos de la traición.

Sin poder ver eso un segundo más, se marchó de regreso a su departamento.

—¿Qué rayos te sucede? –cuestionó Naruto empujándola. Se sentía tremendamente molesto con ella ¿Cómo se atrevía a besarlo? Y lo peor de todo es que se quedó paralizado como un idiota —. No vuelvas a besarme –se limpió con la manga de su chaqueta —. Ya sabes que tengo novia.

—No seas tan cruel conmigo, que aquí nadie está discutiendo sobre tu novia –dijo Shion con una sonrisa. Naruto frunció el ceño, alejándose de ella.

—Si me llamaste sólo para esto, fue una tontería venir –se volvió a subir a su auto y se perdió entre las calles de Konoha, mientras ella sólo reía.

—Después de esta noche dejarás de tener novia, Naruto-kun, no sabes el favor que te he hecho –susurró con malicia.

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La chica tenía sus ojos cerrados y estaba acostada en su cama, dándole la espalda a la puerta, estaba sola. La verdad era que aún estaba un poco triste por lo de hace rato, sentía que lentamente se iba poniendo muy gorda, tanto como para dejar de gustarle a Gaara y no quería eso, a pesar de que anhelaba tener a su bebé, no quería dejar de ser atractiva para su hombre.

—Matsuri –la llamó el pelirrojo, acariciando con suavidad su vientre, mientras se recostaba detrás de ella —. Mi amor, ya deja de sentirte así, te dije que para mí eres hermosa.

—No me mientas Gaara ¿Quién va a querer a una mujer gorda y fea? –soltó un par de lágrimas, la verdad era que la sensibilidad del embarazo la estaba atacando, volviéndola susceptible a cualquier drama emocional, lo que sea la podía afectar enormemente.

—No seas tonta ¿Pero que cosas dices? ¿Cuál gorda y fea? Tú no estás gorda, estás embarazada, y ya te lo dije, eres hermosa –le susurró al oído, haciendo estremecer el cuerpo de la castaña. La tomó del hombro e hizo que se girara, recostándola de espalda sobre la cama, mientras él la apresaba con su cuerpo —. Yo nunca te voy a dejar de querer, eres la mujer de mi vida, así que deja de imaginar que yo podría abandonarte.

—Gaara… –un leve sonrojo se apoderó de las mejillas de Matsuri, al tiempo que él se acercaba para besarla apasionadamente en los labios, robándole la respiración, el aliento.

Justo en ese momento, el teléfono del chico comenzó a sonar, pero no quería separarse de Matsuri aún, era demasiado embriagante poder besarla, poder tenerla todas las noches a su lado. Cuando se separaron para respirar, ella le indicó con la mirada que debía contestar, que podía ser algo importante.

Gaara se separó con frustración de su amada, recogiendo el aparato telefónico que estaba sobre la mesita de noche.

—¿Bueno? –preguntó, sorprendiéndose al oír esa voz —. ¿Temari?

Matsuri también se sorprendió, aunque sabía que ella vendría pues Gaara se lo había comentado, pero se le había olvidado por completo con todo ese drama que se había armado.

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Llegó a su casa y lo primero que hizo fue lanzarse a dormir a la cama, sintiendo un poco de dolor en su pierna, pero lo ignoró. Estaba cansado, había tenido un día largo y pesado, además por su culpa Hinata estaba triste. No le gustaba hacerla sufrir, se suponía que si estaba con ella era porque la amaba, no tenía por qué hacerle daño de la forma en que lo hizo.

Lo mejor sería que apenas el sol saliera le fuera a pedir una disculpa, al final ella sólo se estaba preocupando por él, tenía que entenderla. Era cierto que le molestó, pero si Hinata lo hacía era porque lo amaba ¿Cómo no fue capaz de ver eso?

—Soy un idiota, tal y como me dijo Gaara –frunció el ceño y trató de dejar de pensar en eso, cerrando sus ojos para dejar que el sueño le venciera, no importaba que aún estuviera vestido y que no se hubiera cubierto con las sábanas.

Sonrió como un idiota, aún recordaba la expresión de confusión y miedo en el rostro de Hinata aquella vez en que la secuestró y se la llevó al país de las olas, en esa noche en donde la hizo suya por primera vez. Hinata era tan dulce, era una mujer maravillosa, solamente había sido suya y eso le llenaba de orgullo, el saber que sólo él podía poseer a esa hermosa mujer. Siempre la había admirado por su fuerza y valor, por su determinación a pesar de lo mal que se llevaba con su padre, por eso Hinata era la mujer que él amaba y nadie más ocuparía su lugar.

Y esa noche se durmió pensando en ella, recordando todas las veces en que le había hecho el amor.

Nunca creyó que la perdería.

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Hinata cerró sus ojos –que estaban rojos de tanto llorar- y dejó que la última lágrima rodara por sus mejillas. No quería creer que Naruto la había engañado, pero había estado comportándose tan frío con ella, era obvio que lo hacía porque ya estaba aburrido de su relación, estaba cansado de ella y por eso lo vio besar a Shion, porque ella le gustaba más.

Siempre había pensado en la felicidad de Naruto antes que la de ella, creyó que Naruto a su lado sería feliz, pero se dio cuenta de que no era así y fue como golpearse contra el piso duro y frío.

Y le dolía el pecho, su corazón estaba roto, porque el sueño que vivió con Naruto había terminado, despertó de golpe para encontrarse en una cruel pesadilla.

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Temari se dejó caer sobre la cama de aquel hotel. Había decidido hospedarse antes de llegar a casa de Gaara y Matsuri, sin embargo les llamó para avisarles de su venida, pero al parecer había interrumpido algo importante, pues la voz de su hermanito sonaba muy agitada.

Sonrió al sentirse cómoda en aquel lugar, por fin estaba en Konoha y estaba cerca de él, tenía que pedirle una disculpa pues de verdad había sido muy tonta en echarle la culpa de la paternidad del hijo de Matsuri, se sentía avergonzada por eso.

—Será mejor que hable con él cuanto antes, sino no seré capaz de volver a verle a la cara –se dijo con las mejillas algo sonrojadas, después de todo ese hombre arrogante le gustaba un poco, aunque fuese poco.

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El día había llegado, tan claro como siempre, aunque algo apagado. Lentamente comenzaba a caer el invierno, el frío asolaba las calles y las personas salían cada vez más abrigadas de sus casas.

En casa de los Hyûga, acababa de levantarse la joven heredera de la fortuna. Después de darse una ducha, salió de su habitación y afuera se encontró con el policía que la custodiaba. A veces se preguntaba si ese hombre habría puesto alguna clase de campamento afuera de su habitación, pues siempre que se despertaba él estaba ahí esperándola.

—Ya estás parado aquí como un perro faldero –dijo en tono de broma, cosa que a Kiba no le molestó para nada puesto que ya estaba acostumbrado.

—Sí, y acaba de salir mi ama ¿Quiere que le traiga el periódico ama? –bromeó con una sonrisa, haciendo sonidos de perrito, lo que hizo que Hanabi soltara una sonrisa, después de todo no era tan malo que Kiba la cuidara, él era una buena persona y siempre soportaba todos sus desplantes.

La verdad era que estaba dolida, pensó que enamorarse era como estar en un cuento de hadas, pero se enamoró de una mentira y aún así le perdonó porque creyó ese sentimiento más fuerte que nada, sin embargo él murió, la abandonó, a pesar de sacrificar su vida por ella, le dolió que la dejara sola.

Todavía pensaba en él y lloraba por las noches, cuando estaba sola en su cama, recordando sus últimas palabras. Hasta el final él había recordado su promesa de ver juntos la nieve. En ese instante creyó que ella moriría junto a él, quería irse con él, pero luego comprendió que lo que él dijo era cierto, no había cabida en el mundo para que un criminal como él amara a una mujer, tal vez fue mejor que las cosas resultaran de esa manera, pero no podía evitar que eso le hiciera daño.

—¿Ya te irás a la universidad?

—Sí –respondió Hanabi caminando por el largo pasillo —. Pero primero a desayunar.

Él sólo sonrió, asintiendo con la cabeza, para después seguirle los pasos lentamente.

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Aquella mañana Naruto tenía muchas energías, estaba seguro de que todo saldría bien tanto en el caso como con Hinata, puesto que iba a hablar con ella para pedirle disculpas por lo mal que se había comportado. Hinata era tan buena que siempre le perdonaba.

Después de salir de la ducha, caminó cuidadosamente a su habitación, volviéndose a poner las vendas en su pierna para proceder a vestirse. Se guindó el arma a la cintura y tomó el bastón que aún debía usar para caminar. Antes de salir, se puso un poco de loción y se arregló el cabello, quería estar presentable frente a su novia.

—Bien, todo listo –se dijo con una sonrisa.

Caminó hasta salir del departamento y cerró con llave. Esperó ahí unos minutos, hasta que notó que la puerta del frente se abría, dejando ver la hermosa figura de su amada.

—¡Hinata! –la llamó, pero al verla se detuvo de golpe, borrando su sonrisa y reemplazándola por una expresión de preocupación —. ¿Hinata? –ella tenía sus ojos rojos, al parecer había llorado toda la noche y no lucía alegre como siempre, sino todo lo contrario —. ¿Qué pasa?

Pero ella no respondió, simplemente le pasó de largo. El rubio la miró extrañado e hizo un esfuerzo por seguirla, sintiendo un poco de dolor en su pierna, pero lo ignoró, puesto que saber que pasaba con ella era mucho más importante.

—Hinata –pronunció, tomándola del brazo, sin embargo la ojiperla se soltó de su agarre en forma brusca, mirándolo con frialdad.

—No me vuelvas a tocar –advirtió, dejando a Naruto asombrado, ella jamás le había hablado de esa manera, nunca. Sintió como si algo dentro de él se rompiera, no se podía explicar ese tremendo vacío en su pecho ¿Qué sucedía con su dulce Hinata?

—¿Q-que sucede Hinata? Si estás enojada por como te hablé yo…

—¿Crees que es por eso? –lo interrumpió la Hyûga antes de dejarlo terminar, mirándolo dolida y tratando de no derramar lágrimas para no ser débil ante él, no podía hacerlo —. No puedo creer que hayas hecho algo tan horrible, nunca te perdonaré.

—¿De qué me estás hablando? –interrogó Naruto confundido, comenzando a cabrearse, porque no entendía que pasaba, no sabía a que se refería Hinata y esta situación no le estaba gustando.

Ella le miró por un momento, para después darle la espalda.

—Terminamos, Naruto –soltó sin más, caminando hacia el ascensor, pero Naruto se había quedado paralizado en su sitio. Era como si lo que acababa de escuchar no hubiera sido en realidad y trataba de darle algún sentido a las palabras de Hinata, pero no podía interpretarlas de otra manera.

Ella acababa de dejarlo.

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Itachi cambió el canal al ver que estaban dando un programa aburrido y se alegró al haberlo hecho, puesto que en el siguiente canal estaba pasando noticias sobre aquella banda de la que supuestamente él era miembro; Akatsuki.

Aún no podía recordar absolutamente nada, fuera de lo que era su nombre, que no era mucho. A veces, cuando cerraba los ojos, veía la mirada oscura de un chico, alguien que se parecía mucho a él, pero no sabía quien era, sin embargo al mirarlo sentía nostalgia. Otras veces soñaba con una mujer de cabello azul, quién le regalaba una rosa de papel, pero al igual que con el chico, no le reconocía para nada.

—Quiero recordar –se dijo, llevándose una mano a la frente, pero simplemente sentía dolor de cabeza cada vez que se forzaba a remembrar alguna cosa.

De pronto oyó el ruido de la puerta y al alzar la mirada la vio a ella parada ahí, mirándole. Todavía no sabía como iba a agradecer a esa mujer por haberlo ayudado y haber confiado en él a pesar de que supuestamente era un criminal, pero eso ya no importaba ahora, tenía que recordar porque estaba seguro de que era algo muy importante lo que había olvidado.

—He encontrado cosas interesantes –dijo Nii, entregándole un par de periódicos y reportajes sobre Akatsuki. En varios salía mencionado su nombre; Itachi Uchiha, así como también el de alguien más, un tal Sasuke Uchiha. Pero eso no era todo, ahí salía mencionado que él era un policía y que se trataba de nada menos que su propio hermano.

¿Sería el chico con el que soñaba?

—Sasuke… –susurró, leyendo en otro periódico la noticia de que ese Sasuke estaba ahora en el hospital, en coma.

¿Y si le veía recordaría algo?

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Gaara miró la cara que traía Naruto y sintió que algo no estaba bien, pero no quiso preguntar, lo mejor era seguir con lo que estaba haciendo, ya que cualquier cosa que le sucediera a su amigo podía esperar un momento.

Miró la gran entrada del museo de historia de Konoha, una increíble construcción, tremendamente antigua y por lo demás bastante vistosa.

—¿Qué vamos a buscar aquí Gaara? –preguntó Naruto algo confundido, pues no entendía bien que hacían en este lugar, por donde lo mirase no tenía nada que ver con el caso que estaban investigando.

—Tú me lo dijiste ¿No? El arma que estaba colgada en la sala de aquella mujer era muy extraña, después de mirarla recordé haberla visto en otro lugar –comentó el pelirrojo, mirando hacia algunos de los pasillos para dirigirse a la sección de armas, en donde había una gran colección de objetos del Japón antiguo —. Vine una vez con… –dudó en decirlo —. Con Hinata en una cita.

—Oh… –Naruto no dijo más, recordó que esta mañana Hinata había terminado con él y aún no entendía siquiera por qué, no creía que la pelea de ayer fuera suficiente como para hacerla actuar así. De todas formas, trató de calmarse y olvidarlo, esta noche hablaría con ella y le pediría una explicación, porque no iba a dejar las cosas así.

Siguieron caminando en silencio, hasta que llegaron a donde querían. Una enorme cantidad de armas antiguas japonesas se alzaban frente a sus ojos y, muy cerca de un fabuloso cuadro de un ninja, había enmarcada la misma arma de la joven que habían interrogado; un Kunai.

—¿Un arma ninja? –cuestionó Naruto, intrigado y sorprendido, nunca pensó que el arma con la cual se apuñaló al muchacho sería aquella.

—Ya tenemos suficiente para detenerla, vamos Naruto –ordenó Gaara, dándose la vuelta para marcharse, sin embargo, la imagen de cierta persona le hizo detenerse de golpe, sorprendido.

¿Qué hacía ese sujeto allí?

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Sakura tomó asiento frente a Sasuke una vez más, sin poder evitar recordar la conversación del día anterior con esa mujer que le había venido a visitar; Karin. Apenas la oyó hablar de Itachi sintió el impulso de golpear a alguien ¿Cómo es que ella conocía directamente a Itachi y tenía contacto con él? Y no pudo evitar interrogarla de inmediato respecto a ese tema.

¿De qué estás hablando? –interrogó con voz autoritaria, envenenada de odio hacia el hermano del hombre que ella amaba, porque por su culpa Sasuke estaba muriendo, porque él lo había tratado de matar —. Repítelo ¿Tú conoces a ese asesino de Itachi Uchiha? Dime en donde está para acabar con su miserable vida.

N-no yo… –Karin bajó la mirada intimidada. Maldición, no debería de haberse metido en ese lugar, era obvio que Haruno no dejaría solo a Sasuke ni un momento, ahora había sido descubierta por ella y lo más probable era que no se librara tan fácil del asunto.

Habla de una vez si no quieres irte a la cárcel por obstrucción a la justicia –le amenazó Sakura, sabiendo que era capaz de hacerlo, aunque esa chica no tuviera nada que ver estaba demasiado enfadada como para pensar en eso.

Karin nuevamente se quedó en silencio. No sabía si decir la verdad o no, seguro sería algo peligroso mencionarlo, pero no le quedaba de otra puesto que estaba siendo acorralada por la fiscal. Finalmente soltó un suspiro y miró a la ojijade con cierta culpabilidad.

Sí conozco a Itachi, pero no sé en donde está –reconoció —. Estuve ayudando a Sasuke un tiempo, fui infiltrada en Akatsuki, fui yo quien le advirtió del atentado en la subasta, traté de decirle que sería peligroso, pero lo conoces mejor que yo –hizo una pausa para volver a suspirar y a la vez mostrar una expresión de tristeza que por un momento conmovió a Sakura y le hizo cambiar su semblante de enojo —. Siento no ser de más ayuda, me gustaría poder decirte donde está Itachi, pero de verdad no lo sé.

Sakura no le dijo nada, de alguna manera sabía que ella no le estaba mintiendo y tampoco estaba dispuesta a presionarla más de la cuenta.

Pero eso no era lo peor, sino lo que vio en sus ojos al momento de interrogarla, esa chica también amaba a Sasuke y sufría por él, por el estado en el que se encontraba, sin poder salir del coma y sin abrir sus ojos.

Tal vez se quedaría así para siempre y ella no podría hacer nada para ayudarlo, para que él le volviera a hablar y le dijera que la amaba como antes.

—Por favor… despierta… Sasuke… –volvió a rogarle, aunque sabía que probablemente sería inútil, pero necesitaba intentarlo cuantas veces fuesen necesarias.

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Hinata estaba en el laboratorio haciendo unos cuantos análisis de ADN, sobre la sangre que estaba en las uñas de la víctima encontrada. A simple vista parecía concentrada pero por más que lo intentaba no dejaba de pensar en Naruto y en lo sucedido con él. Habían terminado, después de todo lo sucedido, de haber estado tanto tiempo ya juntos, pues estuvieron formalmente como novios durante ocho meses, lo que para ella era bastante.

Nunca se había sentido tan bien como cuando estaba con el rubio, pero ya nada podía hacer, tenía que tragarse todo ese dolor y entender que él la había cambiado por otra mujer, que ya no la quería, que sus sentimientos hacia ella habían cambiado y se habían esfumado.

—"Aún así me duele" –pensó con tristeza. Cerró los ojos y volvió a concentrarse en las pruebas que estaba haciendo, sin embargo notó algo extraño.

Cuando sacó todos los resultados comprobó que en realidad, la sangre de la víctima no era la única presente en aquellas uñas, sino que ahí estaba la de otra persona, al parecer un hombre. ¿Pero quién?

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Neji estaba sentado frente a su novia en la típica fuente de sodas a la que solían asistir en sus citas. Ella se veía algo abatida, puesto que como a todos, la situación de su ex jefe Sasuke la tenía preocupada, pero aún así trataba de sonreírle a Neji de la mejor forma posible, pero no lo estaba consiguiendo convencer de que estaba bien.

—Tenten, amor –habló el castaño, tratando de sonar seguro pero dulce a la vez, tarea bastante difícil para una persona como él —. Sé que este no es un buen momento, pero ya hemos aplazado demasiado el tema de nuestra boda.

—Neji, yo no sé si…

—Está bien –la interrumpió el castaño antes de que ella siguiera hablando —. Sé que todo lo que ha pasado ha sido muy fuerte, pero piénsalo, no podemos detener nuestra vida por la de los demás, nosotros debemos seguir adelante.

—¿Cómo puedes ser tan frío? –cuestionó la policía de chonguitos con el ceño fruncido, ya le estaba molestando tanta insistencia por parte de su novio, no le parecía que fuera algo normal el querer casarse así tan rápido y en medio de tantos eventos desastrosos —. De verdad no te importa el resto ¿No es así?

—No es eso –rezongó Neji, también con el ceño fruncido —. Lo que me molesta es que te preocupan tanto los demás que te olvidas de lo que somos, de lo que queremos ser –se puso de pie sin esperar respuesta de su novia, era obvio que después de esto sólo podía significar que ella no quería casarse con él, entonces lo mejor era olvidar el asunto, además así ella se vería librada de las intenciones de su tío.

Caminó sólo unos cuantos pasos antes de sentir como ella lo detenía, abrazándola por la espalda.

—No te vayas, tienes razón Neji –dijo Tenten con los ojos cerrados, usando todas sus fuerzas para evitar que el hombre que amaba se fuese a marchar, no quería perderlo por una estupidez como esa, no podía perderlo definitivamente —. Neji, tú sabes que te amo, que daría lo que fuera por ti, y es cierto que te he dejado de lado, por favor perdóname.

—Lo siento yo también, no debí exigirte nada en esta situación –se disculpó el genio Hyûga, volteándose para abrazar a la joven de frente, acariciando su cabello —. ¿Me perdonas?

—Sí –asintió con la cabeza Tenten—. ¿Y… qué te parece dentro de un mes?

—¿Qué cosa? –preguntó el castaño confundido, ya con tantas cosas en la cabeza ni sabía de que era lo que ella le estaba hablando. Sólo pudo sentir un golpecito en el pecho y la vio sonreír en forma graciosa.

—Hablo de la boda tonto, que nuestra boda sea en un mes.

Neji guardó silencio ante la fecha ya definitiva, para luego asentir con la cabeza y esbozar una sonrisa sobria.

—Como tú digas.

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Gaara junto a Naruto estaban de regreso en la comisaría, pero no estaban solos, porque se encontraban en la sala de interrogatorios hablando con el sujeto que se encontraron en el museo de historia, quien además era el mismísimo director y era el mismo hombre que habían visto salir ayer del departamento de Kagami Shinju.

—Señor Aritake Soujiro –habló Naruto, dejando sobre la mesa un par de fotografías —. ¿Usted le conocía verdad? Es el tipo que acosaba a su novia, debió odiarle mucho.

Soujiro sólo sonreía ante la pregunta hecha por el joven detective. Recogió la fotografía de la mesa y le miró con desinterés.

—Sí le conocía, es tal y como dice, sin embargo me sorprende que sepa usted que Kagami es mi novia, nadie lo sabía hasta ahora –rió el hombre ya mayor. En realidad no era fácil suponer que mantenía una relación con la joven modelo, ya que ella era al menos quince años menor que él, ese hombre ya pasaba los cuarenta años y la chica iba en los veinte.

—La prensa es muy astuta en estos días, han seguido a la señorita Shinju en varias ocasiones y se ha dicho que sale con un tal A.S –fue Gaara quien respondió aquella pregunta, con su típico tono tan neutral que sólo cambiaba con una persona en el mundo —. También conocido como Aritake Soujiro, usted, señor.

—Realmente son listos –el hombre volvió a reír totalmente despreocupado y ambos sabían que era lo que vendría después —. Pero yo no maté a nadie, estaba en un lugar totalmente diferente del que dicen que fue la escena del crimen, tal vez mi dulce novia sea la responsable.

—Como se nota que la ama –murmuró Naruto con fastidio, tipos como ese le llenaban de ira, gente que preferí entregar en bandeja de plata a otros con tal de salvarse el pellejo. Las personas así no valían la pena.

—¿Dónde estaba? –Gaara no cayó en el juego y sólo miró a Naruto con autoridad para hacer que se calmara, era muy fácil darse cuenta de que ese hombre ocultaba algo y él no estaba dispuesto a dejarle ir con las manos lavadas. Fue ante ese pensamiento que dirigió su vista hacia las manos de Soujiro, encontrándose con algo muy interesante.

—Estaba en el museo, si quieren pueden revisar las cintas de seguridad y ahí me verán, hay veces en que hago guardia, pero sólo en ocasiones muy particulares, como anoche –respondió poniéndose más serio, para que así su coartada sonara convincente. Por un momento Naruto logró creerle, pero Gaara era mucho más escéptico y menos confiado que su amigo, así que no quiso quedarse con la duda.

—¿Cómo se hizo aquel rasguño? –preguntó el pelirrojo señalando el brazo de Soujiro, el cual instintivamente se escondió dicha lesión de la vista, de pronto se había puesto algo nervioso.

—Me corté con una de las armas del museo –respondió de manera algo falsa. Gaara estaba seguro de que era mentira y en ese momento Naruto también lo supo.

—De todos modos necesitamos sus huellas y una muestra de su ADN –habló el rubio, obteniendo una aprobación por parte del hombre.

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Shikamaru suspiró al caer sentado sobre su silla en su oficina. Estaba aburrido, acababa de mandar a Matsuri a comprar unas cosas para comer al supermercado y Chouji estaba en un caso, por lo que apenas se pasaba por el bufete. Se sentía tan solo en estos momentos que podría hablar hasta con una piedra, pero el lugar estaba tan pulcro desde que había contratado a la castaña que ni eso encontraría ahí.

—Que problemático –murmuró apagando el cigarrillo que acababa de fumarse. Se estiró en su silla y fue entonces que oyó el sonido de la puerta. Se alzó creyendo que se trataba de Matsuri, pero se sorprendió al darse cuenta de que era una persona completamente diferente —. ¿Tú aquí?

—Creí que dirías algo como "hola" –dijo Temari en tono sarcástico, a lo que una pequeña sonrisa apareció en el rostro del Nara. Por más que trató de evitar este encuentro, ella misma lo deseaba y no había podido resistir la tentación de aparecerse en esa oficina, le había llamado a Matsuri y le preguntó donde estaba, además de pedirle amablemente que se tardara un poco más cuando ésta le dijo que estaba de compras.

Shikamaru observó como la joven rubia se sentaba frente a él, con una seductora sonrisa que le llamó bastante la atención. Tenía que reconocerlo, no la había dejado de pensar desde la última vez que la vio, cuando por culpa de un desafortunado malentendido ella le había dado una feroz bofetada. Había que decir que Temari golpeaba peor que su madre.

—Me sorprende verte en este lugar –el abogado ignoró el anterior comentario de la joven detective. Una voz dentro de él le decía que las palabras estaban demás, pero otra voz que era más bien su parte racional, le obligaba a mantener su postura seria y aburrida —. Creí que me odiabas por ser un padre desnaturalizado –rió con esto último, provocando que el rostro de la joven se sonrojara. Vaya que era sorprenderte verla sonrojarse.

—A eso venía –habló Temari, que de pronto se mostraba avergonzada —. Yo… lo siento, no debí actuar así sin saber toda la verdad…

—De modo que ya sabes que el padre desnaturalizado es en realidad tu hermano –comentó con desinterés, no obstante al notar el ceño fruncido de la rubia supo que su acotación no había sido del todo acertada —. No te enojes, fue una broma –corrigió rápidamente, aunque de mala gana.

—De todos modos es verdad, mi hermano Gaara me aclaró todo lo sucedido con Matsuri y ahora sé que ese bebé es mi sobrino, pero ese no es el punto –Temari nuevamente se mostró algo avergonzada, olvidándose del comentario de mal gusto de hace un rato —. No debí adelantarme a los hechos contigo, pensé que eras el padre del bebé y te odié por eso, pero yo…

—¿Acaso estabas celosa? –la interrumpió Shikamaru con una gran sonrisa de diversión en el rostro, a lo que ella le miró sorprendida. Abrió la boca para decir algo, pero nada salió, así que sólo volvió a cerrarla. Por su parte el Nara se puso de pie y se le acercó. No es que fuera un as en conquistar mujeres, pero desde hace tiempo tenía puesto el ojo en esa rubia, sumándole al hecho de que había pasado un tiempo desde que estaba con una mujer y que en este momento se encontraba muy aburrido —. No deberías actuar así, yo no tengo nada con nadie ¿sabes?

—No te pregunté eso –dijo Temari enojada, sin embargo no pudo seguir hablando cuando sintió que era jalada del brazo por el abogado, el cual la hizo poner de pie, acorralándola contra el escritorio. Sintió todo su cuerpo temblar y se vio obligada a bajar la mirada al instante, cuando su respiración se agitó, maldita la hora en que vino a meterse a esta lugar, porque sabía que no saldría de ahí tal y como entró —. D-de todos modos… yo tampoco salgo con nadie –soltó sin pensar. Se sentía tonta, pero ese idiota lograba ponerla realmente nerviosa, frente a él dejaba de ser la ruda Temari, para convertirse en una simple mujer que sentía algo por un hombre.

—Me alegra oír eso –dijo Shikamaru antes de besarla. Por fin. Había esperado mucho tiempo por eso, ya que esa mujer era realmente esquiva, pero al fin la tenía en sus brazos y no la dejaría escapar tan fácilmente. Había venido como caída del cielo, justo para saciar lo aburrida que era su problemática vida.

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El disparo dio justo en el blanco y a los pocos segundos la figura con forma humana se escondió, dando paso a la siguiente, la cual también recibió un disparo en el centro, escondiéndose de igual manera que la anterior.

—Ha sido perfecto Ino-chan –dijo Sai con una de sus características sonrisas. La rubia se quitó los lentes y protectores de oídos, dejando el arma a un costado de la mesa. Se volteó para mirarlo, pero no se veía demasiado feliz, las cosas que estaban pasando los tenían mal a todos, incluso a ella —. Deberías sonreír, una chica como tú no luce bien estando triste.

Ella mostró una sonrisa vacía, pero era incluso más falsa que todas las de Sai.

—Perdón, no me siento bien –aseguró la Yamanaka. Sentía pesar por Sasuke, en algún momento de su vida tuvo sentimientos por él, pero también se encontraba mal por su amiga Sakura, además de que ella no era la única en preocuparse por ella y eso le dolía. Sabía que a Sai aún le interesaba Sakura, tal vez ya no la amaba como le dijo, pero no podía evitar sentir celos y a la vez eso la hacía sentirse tan estúpida, no debería estar celosa en un momento así.

—Ino-chan –la llamó Sai, queriendo levantarle el ánimo a toda costa —. ¿Quieres dar un paseo luego de que acabe el turno? –ofreció amablemente.

Ella volteó a verlo una vez más, pero esta vez ya no se veía tan mal. Entre las cosas que realmente le hacían bien, se encontraba el pasar tiempo al lado de Sai. No sabía a donde los llevaría esa relación, pero quería que durara todo el tiempo que fuese posible, quería estar con él y aprender muchas más cosas a su lado.

—De acuerdo –aceptó por fin.

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Gaara y Naruto estaban leyendo los expedientes sobre el caso, tenían planeado resolverlo lo antes posible para centrarse completamente en atrapar a Akatsuki. Aún el rubio no decía nada a nadie acerca de su sospecha, que más que eso se había vuelto una seguridad. Estaba completamente seguro de que Itachi no había sido el que le disparó a Sasuke, era imposible desde el ángulo en el que se encontraba, a pesar de que tenía un arma en su mano en el momento en que Sasuke cayó.

—¡Gaara-kun! –la voz de Hinata llamó la atención de ambos, la ojiperla caminaba hacia ellos con un papel en su mano y al ver a Naruto se detuvo por unos segundos, pero después trató de poner en orden sus pensamientos e hizo como si él no estuviera ahí, dirigiéndose al pelirrojo —. Encontré algo interesante Gaara-kun, mira esto, el ADN que había bajo las uñas de la víctima no sólo era de él mismo, sino que también pertenecía a otro hombre y al analizarlo con las muestras que tú me diste dio positivo, el ADN pertenece al director del museo.

—Lo sabía –Gaara recibió el papel para leer lo que Hinata acababa de decirle, confirmando así sus sospechas, ya tenía el caso bien armado en su cabeza, todo encajaba a la perfección, pero sólo faltaba una cosa —. Naruto –miró al rubio —. Llama a Kagami Shinju y al director del museo una vez más.

—De acuerdo –aceptó el rubio, mirando de reojo a Hinata para luego retirarse a hacer lo que Gaara le había pedido. No era el momento de pedirle una explicación, más tarde hablaría con ella y le exigiría saber por qué había terminado su relación así como así, él tenía todo el derecho de saberlo y no era justo que se quedara con todo a medias.

Hinata miró al pelirrojo una vez más antes de darse la vuelta, pero la voz de él la hizo detenerse.

—Naruto está muy mal –le dijo en forma comprensiva —. Deberías pensar bien las cosas Hinata.

—Gaara-kun –Hinata, a pesar de encontrarse demasiado triste, habló de una manera en que parecía no demostrar nada, no quería llorar frente a nadie —. Gracias por preocuparte, pero no deberías inmiscuirte en esto, es algo entre él y yo.

Gaara suspiró con decepción, sabía que Hinata le diría eso, era más que obvio que le advertiría de una manera lo más educada posible que no se metiera en sus cosas. Vaya que era directa, por eso antes estaba enamorado de ella.

—Siento inmiscuirme –dijo con cierta ironía, no podía creer que trataba de ayudarles después de todo lo que había pasado —. Pero ambos son mis amigos y me preocupan, además –se mostró más serio y categórico —. No es bueno andar de malos ánimos en el trabajo, no me gustaría hacerlo pero si las cosas siguen así uno de ustedes deberá cambiarse al turno de noche, no puedo permitir roces de este tipo en el trabajo.

—Lo sé muy bien –Hinata aún seguía dándole la espalda, pero ahora miraba al suelo, tratando de contenerse —. Pero no debes preocuparte, Naruto y yo somos profesionales, esto no intervendrá con nuestro trabajo, te lo aseguro.

—Como digas –después de las palabras del joven comisario la chica se alejó de ahí, pero Gaara no pudo evitar suspirar al verla lejos, sabía que tarde o temprano alguno de los dos explotaría y él como jefe no podía permitir disturbios, ahora menos que nunca, cuando estaban tan cerca de atrapar a Akatsuki.

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Hanabi salió hacia el patio de la universidad con el ceño fruncido al ver a su perro guardián esperándola afuera, pero al notar como éste le ofrecía un helado no pudo más que sonreír, después de todo Kiba la soportaba más de lo que cualquier otra persona lo hubiese hecho. Se acercó a él y recibió el helado de chocolate, el cual comenzó a comer en silencio y con un leve sonrojo en sus mejillas.

Alejado de ellos dos se encontraba Hidan, observándoles con una sonrisa macabra. Si no hubiese sido por esa niña Sasori jamás lo habría traicionado y no habría perdido el ojo. De una forma u otra debía vengarse, pero primero había que alejar al policía que la cuidaba día y noche, cuando ese tipo se descuidara sería su oportunidad. La mataría, la haría pagar por todo lo que había sucedido, y lo haría lentamente, para que ella así recordara cada segundo y se quedara grabado en su memoria antes de su final.

—Será una muerte hermosa –se dijo el hombre, relamiéndose los labios. Poco después de eso se marchó con esa idea dándole vueltas en la mente.

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Después de acabar su turno, Hinata salió de la comisaría con la mirada gacha, no obstante fue detenida por un fuerte agarre en su brazo derecho. Miró con cierto desprecio a Naruto, que se encontraba parado a su lado, viéndola con el ceño fruncido.

—Creo que tenemos que hablar –exigió en tono demandante, pero ella simplemente se soltó usando toda su fuerza, mirándolo como si se tratase de su peor enemigo. Estaba dispuesta a responderle de la peor forma posible, pero al ver a Gaara salir con esa expresión tan seria en su rostro, supo que tenía que guardar la compostura.

—No tenemos nada de que hablar –fue lo único que dijo, alejándose hacia su auto para dejar a Naruto a solas en ese lugar. El rubio sólo bajó la mirada y apretó los puños, las cosas no se quedarían así, Hinata dejaría de huir de él aunque fuese lo último que hiciera.

Por su parte Gaara estaba por marcharse también. Durante la tarde habían vuelto a declarar los dos implicados en el caso, pero a pesar de que él ya lo tenía todo bien armado en su cabeza, aún le faltaba algo y eso era un motivo, no creía que ese hombre que sin dudarlo había preferido entregar a su novia antes que admitir que era un asesino, hubiese asesinado sólo por celos, tenía que haber algo más y él lo iba a descubrir, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando recibió un extraño mensaje de texto, el cual era enviado por nada más y nada menos que uno de los del alto mando; Yahiko.

Caminó hacia el nuevo auto que había comprado y marcó el número de Matsuri, para así avisarle que llegaría tarde.

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Al llegar a casa lo primero que hizo Hinata fue descansar contra la pared de afuera de su departamento. Estaba agotada por el día que había tenido y no quería ver a Naruto ni en pintura. ¿Por qué debía vivir frente a él? De todas formas no quiso pensar en eso, cuando estaba a punto de meter la llave para abrir, descubrió que el rubio la había seguido con una gran velocidad y ahora se encontraba parado a su lado, impidiéndole que entrara a su departamento. Ella frunció el ceño, sin embargo ahora no estaban en el trabajo y no había razón para callarse o contenerse.

—Ahora sí me vas a explicar que te pasa conmigo –nuevamente exigió el, parándose junto a la puerta para impedir con su cuerpo que ella pudiese abrirla —. ¿Por qué demonios me has dejado como si yo hubiera hecho algo malo? –se enfureció al ver que la ojiperla evitaba su mirada, así que la tomó del mentón con brusquedad —. ¡Maldita sea Hinata, dime algo!

—¿Qué quieres que te diga? –cuestionó ella, tratando de ser fuerte. Tiempo atrás se habría derrumbado como un castillo de naipes, pero ya no era así, si Naruto no estaba más en su vida ella igual seguiría delante de la forma que fuera, no importaba, tenía que vivir.

—Quiero que me expliques –insistió Naruto. El dolor podía verse reflejado en sus ojos, la incertidumbre de no entender lo que estaba pasando —. Si hice algo mal… sólo dímelo –su voz se fue apagando por la tristeza, pero en un segundo volvió a avivarse por la furia que lo invadió —. ¡Se suponía que estábamos juntos en todo! ¡Se suponía que nos casaríamos y que tendríamos una familia! ¡¿Por qué demonios dejas todo tan de repente!

—¡Tú fuiste el que me engañó! ¡No vengas a hacerte la víctima! –la chica lo empujó sin importarle que él tenía una pierna herida, aunque sintió arrepentimiento al verle quejarse por el dolor, pero logró apartarlo de la puerta, la cual abrió antes de que él lograra incorporarse. Naruto sólo alcanzó a ver las lágrimas en su rostro, sin entender un carajo sus palabras, antes de que la puerta se cerrara en sus narices.

Se quedó al menos dos segundos en completo silencio, para luego azotar la puerta a puñetazos, exigiéndole a Hinata que lo dejara entrar.

—¡Ábreme Hinata, déjame entrar y repite eso en mi cara! ¡Hinata! –gritaba histérico, sin importarle el estar importunando a los vecinos, ahora no tenía cabeza para nada más que no fuera ella, sólo ella.

Fue entonces que una persona se le acercó, poniendo una mano sobre su hombro para tratar de calmarlo.

—Siempre tan efusivo, Naruto –al oír su voz la ira de Naruto desapareció por completo, siendo reemplazada por la sorpresa que le provocaba tenerlo de regreso una vez más, aunque ahora los motivos eran distintos y lo supo en cuanto vio la expresión seria de su cara.

—Ero-sennin… –susurró.

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El nuevo comisario estaba frente a aquel sujeto llamado Yahiko, uno de los cuales lo había propuesto para el cargo en reemplazo de Uchiha. Ambos estaban serios, después de haber tenido una fluida conversación sobre Akatsuki. Gaara estaba sorprendido de que alguien como Yahiko le dijera de improvisto que planeaba ayudarlo y que además de eso tenía un as bajo la manga, pero lo que más lo asombró fue cuando ese as apareció frente a sus ojos.

—Konan de Akatsuki –dijo con desconfianza, a lo que la mujer sólo rió con cierto sarcasmo.

—Ya no soy un miembro de Akatsuki, los he traicionado para ayudar a la policía –dijo serena como siempre era ella. Gaara miró a Yahiko buscando una explicación y éste sólo asintió con la cabeza, dando a entender que decía la verdad.

—Tú y yo somos los únicos que sabemos de esto, Sabaku No Gaara –el hombre de cabello anaranjado le extendió su mano —. Si prometes guardar silencio, tú y yo destruiremos a Akatsuki para siempre.

El pelirrojo dudó por un momento. Bien podía tratarse de una trampa, pero si no se arriesgaba aquí, posiblemente jamás lograrían atrapar a Akatsuki. Esa mujer les conocía mejor que nadie, no sólo a los miembros, sino que también al líder. Esta era la única oportunidad que tenían para salir victoriosos de este asunto.

—Acepto –respondió finalmente, estrechando la mano de Yahiko.

De ahora en adelante las cosas iban a cambiar, estaban cada vez más cerca de acabar con esos criminales.

Continuara…

Avance:

Gaara ha hecho un trato con Yahiko, sorprendiéndose al conocer por fin el verdadero nombre del jefe de Akatsuki, quien está detrás de todo. Jiraiya tiene una importante noticia que darle a Naruto respecto a la muerte de su padre. Hinata está cada vez más distanciada del rubio, creyendo que su relación nunca volverá a ser la misma, mientras por otro lado por fin se cierra el caso. Hidan planea su venganza, pero las cosas podrían no salir como las espera. Sasuke sigue sin reaccionar y es visitado por Itachi, quien logra recordar algunos hechos de su pasado. Y mientras el fin de Akatsuki se acerca, Uchiha Madara busca la forma de no verse involucrado en nada, pero será muy tarde.

Próximo capítulo: Tras la sombra.

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Me despido, espero que les haya gustado el capítulo, aunque creo que los hice sufrir con el NaruHina. Descuiden, esto no ha sido nada en comparación con el que viene xD

¡Nos leemos!

¡Bye!