-Capítulo 28-
No faith, no mercy.
N/A: Los personajes no me perteneces (¡Qué más quisiera yo ser dueña de Edward!) pero oportunamente, la historia es de mi autoría…
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…
Para el día cinco, recibo una llamada angustiosa de mi padre que contesto de buen modo después de haberle enviado a tres agentes sin habérselo consultado antes. Por supuesto, la preocupación en su voz es más que evidente y qué decir de las insistentes preguntas acerca de las razones. Me siento peor que un padre sobreprotector, lidiando con dos niños impertinentes y caprichosos que se niegan a tener seguridad.
—No entiendo, Edward. Si no hay nada de qué preocuparse ¿Para qué quieres que tres enormes hombres estén detrás de mí todo el día? Me siento peor que un niño con niñeras.
Coloco mi dedo en el puente de mi nariz.
—Seguridad, padre.
—¿Seguridad? ¿Esto tiene algo que ver con la empresa?
Pues realmente aún no lo sé, pero estoy casi convencido de que es verdad. De que Charles Swan está detrás de todo esto, incluyendo la amenaza que menciona a mi padre y Bella como trueque.
—Mira— comento—, lo hago porque es mejor, ¿Sí? Me sentiré más tranquilo si no estás solo.
—Por el amor de Dios, Edward. No tengo cinco años. Soy tu padre. Te pido… No. Te exijo la verdad.
Cansado y sabiendas que es tan terco como yo, cedo.
—Sí, es en parte por la empresa.
—Maldita sea, lo sabía. ¿Es por lo de los servidores?
—Es más que eso— respondo.
—Dime.
Aquí va.
—Me amenazaron.
—¡Mal nacidos! — Gruñe Carlisle y puedo escuchar casi al instante como la mesa de su oficina es fuertemente golpeada—. Dime qué es lo que quieren… De seguro es chantajearnos con alguna información que seguro robaron.
—No, papá— taje a media voz cansada—. Es más complicado.
—Hijo, si tiene que ver con la empresa debes decírmelo. Sé que estás de vacaciones y yo me puedo hacer responsable.
—No, no puedes.
—¿Cómo?
—Papá… Esto es difícil. No es tan completamente, lo que me preocupa porque sé que bajo el cuidado de Emmet, está en buenas manos.
—¿Entonces?
Mi viejo puede no tomar las cosas de manera correcta pero hay siete palabras atoradas en mi garganta que pueden definir el futuro de este viaje y la situación en concreto en Nueva York. Por supuesto que jamás pondría en peligro ninguna parte pero tampoco puedo ocultarle tanta información a Carlisle, por muy doble moral que suene en contraparte con Bella. Así que sin más remedio, me tomo un respiro y cierro los ojos. Tamborileo los dedos en la mesa de cedro y exhalo aire caliente.
—Quieren a Isabella Swan a cambio tuyo.
El silencio es contundente y abrazador. La respiración tras la línea se hace errática y provocativa, de un modo que da miedo de solo oírla.
—¿Carlisle?
—¿Ella está bien? No he sabido nada de Isabella en semanas.
—Ella está perfectamente.
—¿Por qué? No entiendo— se devana los sesos pensando—. ¿Qué tienes tú que ver con la señorita Swan?
Cierro los ojos y suspiro.
—Eso es… Algo aparte de esto…
—Presiento que me ocultas algo.
—¿Cuál es el punto? — pregunto exasperado.
—¿Edward?
—Bien, papá… Ya está… La signorina Swan… Está conmigo… Ella no se marchó por su compromiso… Vino conmigo…
—¿¡QUÉ!? ¡Edward! Esa joven está comprometida… — y entonces un clic casi potente suena en su cabeza—. ¡Es por eso! La buscan porque dejó a su novio… Black… Debes volver con ella.
—¡NO! — Grito parándome de la silla y caminando nerviosamente por la sala—. Ella no va a volver con ese imbécil.
—Su prometido está detrás de todo esto y está más que claro que sabe que está contigo… ¿Por qué Edward? ¿Por qué la hiciste tu..?
—¡Ni lo pienses! — gruño molesto—. No te atrevas a decirlo… Isabella es mi mujer. ¡Mía!
—Hijo…
—Papá, se supone que debes apoyarme. Esto no inicio de la manera más correcta y habitual, y por supuesto, Isabella no es culpable de esto porque yo la seduje. Yo le dije que viniera conmigo… Fueron circunstancias es las que quise aprovecharme de la situación. Jugué a ser el más fuerte pero… Terminé perdiendo— confieso derrotado.
—¿Perdiendo…?
—Me enamoré de ella— suelto sin más—. Me enamoré como un loco y no estoy dispuesto a dejarla ir…
La línea se queda en total silencio y puedo imaginar el rostro por la sorpresa en Carlisle. ¿Su hijo enamorado? Sí, es increíble. Hasta escuchándome a mí mismo suena como una completa locura. S tan cierto como el hecho de que existo.
—No sé qué decirte, hijo.
—No tienes que decirme nada, solo con que me apoyes y acates mis peticiones, papá. Tu seguridad es tan importante como la de Isabella. Cuando recibí la amenaza pensé en Charles pero ahora que lo menciones, creo que es más que evidente que detrás de todo esto está Black. O ambos, no lo sé…
—También lo creo y no te preocupes. Estoy conmocionado por tu confesión más que nada. Pero si ella está de acuerdo y contigo yo…
—No— lo interrumpo—, ella no lo sabe.
—¿La quieres proteger mintiéndole? Bueno, hasta cierto punto comprendo que lo pienses… Una amenaza de ese calibre es de pensarse, pero debe saber que bajo tu cuidado está segura. Que la ames es casi tan protector como un chaleco antibalas…
—A eso me refiero.
—¿Qué?
—Isabella no sabe de la amenaza…— murmuro contra el auricular mientras aprieto el móvil fuertemente—. Ni mucho menos de mis sentimientos por ella.
La charla termina tan pronto mi padre se da cuenta de que no cambiaré de opinión en cuanto a la verdad se trata. Para mí, es importante que las cosas salgan lo mejor posible, así que quedamos en correr un rumor dentro de la empresa, de que yo me he ido a viajar a Hong Kong por negocios y que en contra parte, la signorina Swan ha caído en cama debido a una enfermedad tropical, que por el momento, Emmet McCarthy seguiría en presidencia y yo volveré en cuanto cierre el negocio del año.
Los planes corren a la perfección, sin embargo, las cosas entre Bella y yo no van tan bien como pensé que serían. Para este mismo día, apenas hemos hablado un par de veces. Me evita la mayor parte del tiempo y solo consigo saber que está bien por medio de Leah, la cual, ha sido la única manera de saber que al menos está "bien" y que no le falta nada.
La extraño como no tiene una idea, pero renuente a mi protección sin motivo, se ha encargado de cesar cualquier tipo de acercamiento por parte suya. El primer día le insistí en salir en dar un paseo. Por supuesto, aceptó encantada. Todo se fue a la mierda en cuanto le mencioné que el radio máximo del paseo era de máximo de dos a cuatro kilómetros a la redonda, lo que significaba básicamente estar exclusivamente dentro del hotel. Aquella tarde, casi me da un portazo en la nariz después de seguirla y el volumen del televisor se fue a topes el resto de la tarde, mientras yo intentaba hablar con ella y no conseguía respuesta alguna.
Esa noche, se negó a cenar. Le pedí a Leah que por favor la obligara si era necesario. La mujer me miró con firmeza y espetó ser guardaespaldas, no niñera de nadie. Esa noche me mantuve ocupado hablando con Emmet y James Peters, un prestigiado hacker que ayudaba con la investigación y que es de total confianza. Cuando me marché a dormir, eran cerca de las cuatro de la mañana. Todos estaban descansando, a excepción de la guardia de turno.
Era la única ocasión en que podía estar cerca de ella. Al verla dormir, la abracé por todo el tiempo que no la tuve a mi lado, aunque hubiesen sido solo unas horas. Sentí el síndrome de abstinencia golpeando todo mi cuerpo a falta del suyo. La llené de besos y al acurruqué contra mí para cesar el dolor en mi psiquis sin su compañía y me sentí en mi hogar con ella en brazos.
A la mañana siguiente, desperté solo y vacío.
Al segundo día, el patrón se repitió. Me evitó en el desayuno y el almuerzo. Leah se encargaba de llevar su comida —porque era lo único que podía hacer por mí— y al término de las horas, su plato medio revuelto y picoteado, volvía a la bandeja, dándome la razón de que apenas y se alimentaba.
Embry Call y Leah Clearwater tuvieron mi permiso para poder llevarla a salir del hotel. Bella se negó rotundamente, por supuesto, sacándome de mis casillas. No entendía por qué no salía si un día antes era lo que tanto deseaba. Para en la tarde, resolví llevarle yo mismo la comida. De ella solo recibí una mirada indiferente cuando abrí— por fin— la puerta de la habitación y un asentimiento vacío para poder seguir mirando a través de la ventana.
Aquello me partió el corazón. Se veía triste y pensativa. Mientras me mataba trabajando y Sam me secundaba junto con Peters hablando a distancia, resolví descubrir que la familia de Bella tenía más problemas financieros de lo que alguna vez pensé.
Sam concluyó que debido a las deudas, el compromiso con mi Bells y el perro de Jacob Black, parecía la salvación de Charles Swan en medio del mar de problemas que lo ahogaban. Eso me hizo encabronar.
Esa noche, la guardia se instaló fuera de la habitación y yo me despedí de todos. Bella se había quedado dormida viendo una película a la cual, podía apostar que ni siquiera había mirado. La llevé en brazos hasta la cama y la cobijé. Hizo frío en la isla.
Llené de besos su rostro pero esa noche, ni siquiera me acerqué a ella para dormir. Me dolía su rechazo y dormí separado lo más que pude. Tras varias horas de cansancio e intentar descansar, me quedó dormido. Mi dulce hada de música, me sorprendió a mitad de la noche entre abrazos y caricias. Me buscó entre sueños y yo no hice más que aceptar el dulce tormento de tenerla entre mis brazos, sabiendo que no era mía.
Para el tercer día, las cosas pintaban el mismo modo de comportamiento. Bella se levantó antes que yo, sólo que en esta vez, si optó por salir de la habitación y caminar por los alrededores del hotel, saliendo siempre bajo el ojo de águila de Call y Clearwater. Cameron y Ateara por su parte, seguían atentos a cualquier movimiento por más extraño o inofensivo que pareciese.
Bella no llegó ni a desayunar ni comer. Me mantuve en contacto frecuente con Call, quien me aseguró que Isabella estaba segura dentro de las instalaciones de Capri Tribero Palace. Eso hizo de mi tarde menos despreocupada pero no menos alerta. Dediqué el mismo tiempo a investigar sin resultados favorecedores, pero sin con otro mensaje amenazador.
De: PROXY DESCONOCIDO.
Para: Edward Cullen.
Asunto: Tiempo.
Se te está acabando Cullen. Un recordatorio de que tu chance lo estás desperdiciando… Tampoco me sorprende que la seguridad de tu padre haya aumentado… Bien jugado, pero no es suficiente.
Se te acaba el tiempo.
Adjunto, me envió una foto de uno de mi Aston Martin One-77 destrozado, el mismo que compré por un capricho de niñato al pensar que veía lejana a Isabella. Aquello no me hizo gracia pero tampoco me afecta demasiado. Era algo material y no valía la pena encabronarse mientras no tocaran a mi padre.
—Lastima de auto— silbó Sam.
Sonreí de lado.
—Tengo más de siete en casa— respondí.
La noche del tercer día no fue diferente a las anteriores. Bella se quedó profundamente dormido tras haber recorrido las instalaciones de arriba abajo, según a palabras de lo que había oído Leah, "Para poder cansarse y dormir pronto y mejor".
Yo podía cansarla y hacerla dormir mejor. El sexo era el tónico que necesitaba para poder hacerla sentir bien, pero por supuesto, ella me rechazaba.
El cuarto día, desperté una vez más solo. Aquello ya me estaba fastidiando. Salí tan furioso y dispuesto a buscarla, que verla sentada desayunando me sorprendió demasiado. Cuando Cameron y Ateara se dieron cuenta de mi presencia, hicieron un asentimiento y se retiraron por órdenes previas mías: estando con mi mujer, los quería cerca, alerta pero discretos. Al parecer, era turno de Clearwater y Call de hacer guardia en las entradas.
—Buen día — saludé un poco sorprendido de escuchar mi propia voz, dirigiéndome hacia ella.
Recibí un asentimiento ligero mientras veía su tazón de leche y no despegaba la vista de su cuchara.
Un plato de melón a medio terminar y un vaso de zumo apenas probado. Jadee cansado y frustrado pero no se lo discutí. Tomé un platillo restante y me concentré en el periódico— o al menos eso pretendí—, pero no pude. Me serví café negro y aquel silencio me hizo molestar.
—¿Vas a dignarte a hablarme algún día? ¿No crees que esto es absurdo?
Ni siquiera me miró.
—Isabella— insistí—, respóndeme.
Ella bajó los hombros con cansancio y por primera vez en cuatro días, me miró a la cara. Sus ojos parecían triste, opacos. No había nada en ella que me recordara lo que alguna vez me enamoró…
—No, hoy Edward. Me cansa discutir contigo— y sin más, se retiró de la mesa y me dejó solo.
Quise seguirla pero no pude. Arañé el mantel de la mesa y contuve todo lo que dentro de mi gritaba.
La estás perdiendo, dijo la bestia mientras aquello me destrozaba por dentro, peor que mil cuchillos a la vez. Cerré los ojos y sofoqué la respiración.
—No se pierde lo que no se tiene— murmuré apenas y me levanté de la silla sin siquiera haber probado bocado.
Aquella tarde, me di una tregua conmigo mismo. Las paredes de la habitación me sofocaban a tal punto que decidí salir de mi propio encierro. Ordené que solo uno me siguiera y ese uno por supuesto que fue Sam. Los demás, se quedaron cuidando a Bella.
—Pareces tenso — soltó a decirme.
—Estoy cansado.
Mientras caminábamos cerca de la costa, con un frío tremendo calándome los huesos, patee una piedra pequeña y observé como se hundía en el agua.
—La señorita Swan— dijo mi amigo y eso hizo que toda mi atención fuese dirigida hacia él—, ¿Está bien?
Hice un gesto evasivo y exhalé el vahó caliente de mi cuerpo.
—No lo sé. Quiero creer que sí.
Su gesto se hizo pensativo y suspiró.
—Nos conocemos hace años, Cullen. Sabes por demás que soy un hombre que no se inmiscuye en la vida privada de los demás por respeto, pero esto que te voy a decir te lo digo como el amigo que eres…
Lo miré a la cara y me detuve.
—Adelante, dilo. Lo que sea que digas, creo que ya lo sé.
Sam asintió y después miró hacia otro lado.
—Ella es más… Lo he visto en como la miras. Si no sabe, no pierdas el tiempo en ocultárselo… Estamos para cuidar a las personas, Edward, pero no somos perfectos a pesar de nuestro historial. No quiere decir que fallaremos… Pero si lo hacemos… Sí ella…
—No lo menciones— lo interrumpí con furia.
—No somos Dioses ni deidades… La vida es preciada y nuestra prioridad… Pero no estamos absueltos de perderlas…
—¿Ese es tu consejo? — Le pregunté con rabia—. ¿Despedirme de ella por si no logro cuidarla? ¡Mierda, Sam! Nada se escapa de mis manos… ¡Nada!
—Sólo recuérdalo, Edward… Haremos nuestro trabajo pulcramente y no tememos ni titubeamos por llevarlo a cabo… Pero no somos Dios.
Aquello me perturbó toda la tarde y el resto de la noche. Cuando volvimos al hotel, no seguimos hablando respecto al tema. Ni siquiera seguí en la investigación. Me resolví yendo al bar del hotel y me bebí el bar entero.
La noche la bebí incluso entre copas y volví con la ayuda de Sam y Jared apenas. Me sentí apesadumbrado y desolado. La necesitaba con toda mi alma y aquello solo me hacía sentir más miserable de lo que ya era.
Lo último que recuerdo es haber entrado a una de las recámaras y ser acostado por los dos guardaespaldas, la zurra de Sam en cuanto el control del alcohol y ser despojado de los zapatos y el saco por mi amigo. Esa noche dormí solo y con el corazón hecho pedazos, mientras en sueños, Isabella abrió la puerta y se sentó en mi cama.
—¿Por qué haces esto? — preguntó mientras acariciaba mis manos.
—Te extraño— logré decir.
—Yo también te extraño— escuché decir de su boca y eso me hizo sonreír.
Dios, el alcohol me había hecho alucinar.
—Duerme conmigo… Por favor… No me rechaces…— le pedí tirando de su brazo suavemente.
—Hoy necesitamos una tregua— dijo al fin y se tendió a mi lado.
Maldita o bendita bebida, la soñé y pareció real. El recuerdo de su perfume me envolvió tan fuerte que la sentí a mi lado. Esa noche, nos abrazamos tan vigorosamente que sentí que los pedazos de mi corazón de a poco se unían, pero no al completo.
—Te amo— murmuré al fantasma de su cuerpo y la sentí temblar y sin más me quedé dormido.
Y este mismo quinto día, desperté solo y con el alma necesitada. Mi olor a alcohol y los restos de la noche anterior, eran meras cenizas de una noche de fantasmas.
Después de la llamada de mi padre y una ducha larga. Noto en el calendario que hoy es treinta de diciembre. Cinco días sin Isabella y yo volviéndome más loco. El recuerdo de ayer, me hace cuestionar mi cordura y culpo al alcohol de mis fantasías.
Cuando entro al comedor, Jared Cameron me saluda.
—Buen día, señor Cullen.
—Buen día, Jared. ¿Todo en orden?
—Todo en orden, señor.
Me sirvo café y suspiro.
—¿La señorita Swan?
—Salió con el agente Clearwater hacia la farmacia. Me comentó que era algo personal.
—¿Personal?
—Lo siento, señor. Es todo lo que sé.
—No hay problema.
Después de beber un trago de café, marco el número privado de Leah y atiende.
—Clearwater.
—¿Dónde está Isabella?
—Señor, la señorita Swan me pidió que la trajera a la farmacia.
—¿Ella está bien? — Pregunto casi al borde de la histeria—. ¿Por qué no me lo informó?
—Ella me comentó que es personal.
—¿¡Personal!? La vida de Isabella es de mi entero interés por más minúsculo que sea el detalle…
—Señor…— murmura Leah a través del auricular—. Usted es mi jefe pero no quiero traicionar la confianza de mi protegida.
—Soy tu jefe— digo apretando los dientes—, como bien has dicho.
Tras un momento de silencio, ella suspira.
—La señorita Swan vino por productos de higiene personal femenina, señor.
—¿Y por qué diablos no me lo dijo? Pude haber enviado a cualquiera por ellos…
Los hombres en la sala, me miran con sorpresa, diciéndome claramente que no. Ellos no.
—Quizá por el mismo motivo: son personales.
—Bien— logro decir—, cuídala al volver.
—Sí, señor— y sin más, la llamada termina.
Cuando me doy la vuelta para beber de nuevo del café, mi teléfono comienza a vibrar, anunciándome la llamada de James Peters.
Contesto tan pronto y me aclaro la voz.
—Cullen.
—Señor… Tengo noticias.
—Te escucho.
—Intentaron violar la seguridad de su Pent-House esta madrugada y también quisieron volver a tumbar los firewalls de sus servidores.
—¿Qué?
—No se preocupe, estuvimos preparados. Nadie se infiltró en ninguno de los mencionados.
—Buen trabajo…
—Sólo que…
—¿Qué ocurre? — pregunto a la par que Quil Ateara contesta su teléfono celular y eso me desconcentra un poco porque sale de la habitación a paso apresurado.
—El coche de su padre fue baleado… Acaban de atacar a su padre, señor Cullen.
Mi cuerpo se congela y siento los latidos de mi corazón detrás de mis oídos.
No, Carlisle no…
Ya sé que es día del padre y yo atacando a Carlisle y aunque lo lamente, sólo puedo decirles que es parte de la historia.
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