Capítulo 29 –Ethan

"Hospital Saint Mary" en letras grandes se imponían en su vista, abarcada por el edificio grande que tenía frente a él, en medio del atardecer que pronto daría paso a la noche.

Veinte años, veinte años en que no había visto a su alrededor nada que no tuviera una parte claramente dolorosa: los asesinatos, robos, violaciones y actos que jamás creyó ver alguna vez, resguardado en ese entonces en sus recuerdos de lo que había sido una infancia normal conociendo amigos, amores, descubriéndose a sí mismo, todo para acabar en tal mundo nuevo en donde sólo reinaba lo peor de la humanidad.

Pero en más de una ocasión lo había dicho: pese a todo lo que había sufrido él y todas las personas que había conocido en esos veinte años, quería creer en una oportunidad para él y para el resto; una oportunidad para todos de cambiar ese mundo, y sabía que con una cura la responsabilidad final recaía justamente en las personas y en su voluntad de querer cambiar las cosas: él luchó por eso, su familia y amigos anhelaron eso, e incluso sus enemigos lo quisieron: incluso Francis una vez había querido mejorar las cosas, pero si algo los diferenciaba, era el hecho de que después de todo, él no había perdido su rumbo ni su camino, gracias al apoyo de la gente que había conocido. Y con todo eso en mente dio los últimos pasos que lo separaban de la entrada de aquel edificio que concentraba todas sus metas de ese último año.

Y fue pensando en cada persona que lo había dejado, desde el momento mismo en que había comenzado todo con casa paso que daba, recordando claramente sus rostros y todo lo que habían hecho por él: presenciaría que todos esos sacrificios no serían en vano y podría finalmente encontrar la paz.

Entonces entró en el hospital, dándose cuenta de lo tranquilo que estaba todo en el lugar; de hecho no había nadie en la entrada: era quizá tal y como lo esperaba, después del infierno que había tenido que pasar para llegar a ese lugar, siendo ése uno pacífico en donde no escuchara ningún grito de auxilio, ni ninguna bala siendo disparada: estaba con los luciérnagas.

Podría contar su triste historia a través de la luz que le daría el futuro: a los luciérnagas con los cuales se hiciera amigo, con Liz, y si todo salía bien incluso podría encontrar el amor, al finalmente poder bajar la pistola y guardarla; podría relatarle a sus hijos que incluso cuando piensen que no podrían caer más bajo, ni subir nuevamente, si lo deseaban con todas sus fuerzas podrían avanzar y que la solución no estaba en poder dejar atrás los pecados, sino aceptarlos y aprender de ellos: él había caído muchas veces, pero gracias a su grupo había aprendido a creer, creencia que había comenzado dentro de él mismo, al salir del grupo por su cuenta, pero que sólo había podido desarrollarse gracias a ellos.

Con cada paso que daba se sentía cada vez más aliviado, como si una tenue sonata de piano sonara de fondo en su cabeza para tranquilizarlo y hacerle saber que todo había terminado; pronto pudo ver en una pared el símbolo de las luciérnagas y se sintió en casa, junto a personas que, como él, creían en un mundo mejor y en que ese mundo era posible, aun cuando habían tenido que soportar durante años y años el asalto armado de las fuerzas militares. Lo que había comenzado Roy y había continuado Marlene se presentaba frente a él al fin.

Entonces fue que pudo ver a dos personas salir desde una esquina rápidamente, para apuntarle con rifles automáticos.

-¡Quieto! –Le gritó el de la izquierda, sin dejar de apuntarle -¡Un paso más y disparamos!

Se sentía tan bien; por primera vez le estaban apuntando con un arma directamente a su cabeza, y podía decir que no tenía temor. Sonrió y levantó ambas manos en el aire, notando que en sus antebrazos tenían las insignias distintivas de los luciérnagas: eran ellos.

-¡Quieto! –volvió a gritar el de la izquierda

Y entonces Ethan bajó su mano derecha, para meterla en su bolsillo lentamente, para no levantar falsas sospechas en los dos luciérnagas, para sacar el colgante de John y extender su mano hacia ellos para mostrarlos. Fue tras eso que los dos luciérnagas lo vieron fijamente, para corroborar que efectivamente se trataba de un colgante auténtico, y bajar las armas.

-¿Eres…? –dijo el de la izquierda

-No… -respondió Ethan, sin soltar el colgante –era de un querido amigo… gracias a él estoy acá

Fue el de la derecha el que se acercó a él para aceptar el colgante y verlo, para abrir los ojos en sorpresa: Ethan pudo deducir sólo con eso que al menos ese luciérnaga también conocía a John, o al menos lo recordaba.

-¿Dónde está John? –le preguntó el de la derecha

-Lamentablemente no pudo llegar murió defendiéndolos, en la entrada de la ciudad… unas… personas –por un momento casi dijo "cazadores" –llegaron a la ciudad junto con nosotros con la intención de acabar con ustedes

Notó que el de la izquierda no pudo evitar cambiar su expresión a una de angustia; quizá él también lo conocía y sí, probablemente también lamentaba el hecho de que ellos no hubieran estado allá para ayudarlos.

-Vengo… -articuló Ethan, sin creer lo que decía en parte –vengo… a unirme a los luciérnagas… Joel… ¿Joel llegó con Ellie?... ¡la cura!... ¡la…!

Pero en ese momento el de la derecha levantó su mano izquierda haciendo una señal de alto con la mano, deteniéndolo.

-¿Cuál es tu nombre? –le preguntó

-Ethan… Ethan Lawson

-Ok… Ethan… Ray… ¿puedes hacerlo? –le dijo, hablándole al de la izquierda

Notó que Ray lo vio de vuelta, para luego verlo a él.

-Lo intentaré, Walter –le respondió de vuelta el luciérnaga de la izquierda –Ethan, acompáñame

Ethan sonrió entonces, dándose cuenta en esas palabras que lo habían aceptado, y que probablemente lo llevarían con Marlene para darle su colgante propio.

Era realidad: estaba caminando junto a un luciérnaga en la zona de cuarentena que ellos habían creado, camino a conocer a la Reina, pasando entre pasillos, subiendo escaleras, viendo a otros luciérnagas en algunas salas del hospital, adaptadas para vivir allí, viendo campamentos interiores con variedades de objetos, bajando nuevamente escaleras, para luego salir al patio interior del hospital.

Pero entonces lo que vio fue una tumba, en donde se podían ver muchas flores, una al lado de la otra: habían blancas, rojas, violetas, algunas puestas en formas para hacer figuras, otras dejadas rápidamente.

Y encima, en la lápida podía ver claramente el nombre.

"Marlene Barnett, Reina de los Luciérnagas, una persona que luchó hasta su último aliento, por ella y por todos nosotros".

Ethan observó en silencio la placa de piedra, intentando comprender lo que esas palabras en ese lugar significaban, luchando contra sí mismo a la hora de creer lo que estaba presenciando.

-Lo lamento –le dijo Ray –pero los luciérnagas ya no existen

Ethan sólo pudo voltear su cabeza hacia él, intentando creer lo que acababa de escuchar, sin poder juntar las fuerzas ni las palabras como para poder responder algo.

Juntó lo que tenía dentro de sí, y respirando irregularmente, abrió la boca.

-¿De qué… estás hablando? –Preguntó torpemente -¿qué pasó con la cura? ¿Qué pasó con Ellie? ¿Llegó Joel a la ciudad?

Pudo ver que Ray también luchó contra sí mismo en ese momento, juntando también las fuerzas para poder responderle.

-Joel llegó… hace casi un mes… junto a Ellie

-¿Llegó? –Preguntó rápida y agitadamente -¿Llegaron a salvo? ¡¿Tienen la cura lista?! ¡¿Cuánto llevan?! ¡Conozco a una persona que la necesita…!

-Lo siento –lo interrumpió Ray, casi tan angustiado como confundido Ethan –Joel llegó… pero fue él quien mató a Marlene, y a gran parte de nuestro grupo… después de la travesía hasta la ciudad nos dispersamos mucho… no todos llegamos… y no pudimos contra él…

Ethan lo miraba, intentando imaginar al Joel que durante tanto tiempo había seguido en su mente, por quien se había desviado a Boulder en Colorado, por quien se había encontrado con Mike y con Francis: ese Joel, y no pudo sino recordar un acontecimiento: cuando Joel había masacrado al grupo de David en Lakeside.

No, no podía ser.

-¿De qué estás hablando? –Preguntó Ethan, incrédulo –se suponía que el trabajo de Joel era llevar a Ellie a salvo con ustedes

-Ése era el plan –respondió Ray, mirando la tumba –pero después que llegó… todo se fue a la mierda… sólo recuerdo que de la nada Marlene nos advirtió de que Joel quería llevarse a la niña, y de que teníamos que detenerlo a como diera lugar… luego de eso sólo recuerdo estruendos de balas, en los tiroteos entre nuestro grupo y él…

-¿Llevársela?... ¿Por qué?

-No sabemos la razón exacta… los únicos que estuvieron en contacto con él fueron Marlene y uno de nuestros hombres, quien fue su primera víctima… y ambos están muertos como para decirnos la razón… estuvimos tan cerca… se suponía que podíamos confiar en él... se suponía… de hecho tú te llamabas tal y como… no… olvídalo… no es nada…

Ethan se quedó en silencio, mientras podía ver que Ray peleaba con sus propios recuerdos, expresados en sus palabras, sin saber qué hacer al respecto. No habían luciérnagas, no había cura, no había nada.

-¿Y no pensaron en seguirlo?

-Antes de que pudiéramos saberlo, escapó en uno de los autos que teníamos dentro del hospital… no sabemos dónde pudo haber ido… e incluso si lo supiera… incluso si lo supiera… no tenemos cómo crear la cura…

-¿De qué hablas? –preguntó Ethan, sólo confundiéndose más y más tras cada palabra que Ray decía -¿Por qué?

-Porque Joel mató a todo el equipo médico que estaba investigando la cura antes de llevarse a Ellie… tenemos sus documentos y archivos, pero a nadie que pueda entender qué dicen… los perdimos… a todos… a todos los que pusieron lo mejor de sí para poder descubrir cómo crear una cura…

No quedaba nadie que supiera interpretar esa investigación de años.

No quedaba nadie que pudiera crear una cura.

No quedaba cura alguna.

No habría cura.

Entonces fue que sintió unos pasos detrás de él; era Walter, quien traía algo en su mano derecha: un colgante.

-Creo que Ray ya te contó lo que pasó –le dijo Walter –pero si de algo te sirve… toma esto

Le extendió su mano, y pudo ver el colgante: lo sostuvo en sus manos y pudo ver lo que decía: "Ethan Lawson 026304".

Era un luciérnaga, cuando ya los luciérnagas no existían.

-Bienvenido a los… luciérnagas…

Ethan sostuvo el colgante con ambas manos fijamente frente a sus ojos, notando cómo la cadena del colgante caía desde su mano, por el espacio en donde estaba el dedo que le faltaba, en completo silencio, mientras Ray y Walter sólo lo observaban, también en silencio.

Y lentamente extendió la cadena por sobre su cabeza, para bajarla lentamente, hasta que la cadena quedó alrededor de su cuello, dejando caer su colgante a la altura de su pecho, tal y como una vez lo había tenido John.

-¿Qué pasará ahora? –preguntó Ethan, buscando auxilio, o alguna respuesta a la pregunta que ahondaba en lo más profundo de su ser

-Los luciérnagas ya no existen –respondió Ray, marcando esas palabras para intentar convencerlo de que era realidad –después de la muerte de Marlene, muchos se fueron… perdimos a muchos buenos luciérnagas por culpa de Joel, y los pocos que sobrevivieron se fueron después… no tenemos líder, ni rumbo… ni forma de llegar a uno… lo que viste mientras caminábamos hacia acá es en gran parte todo lo que tenemos… somos los pocos que se negaron a querer dejar este lugar… no sé si moriremos acá eventualmente… pero no sabemos dónde ir, porque no tenemos dónde ir

-No tienen dónde ir… -dijo Ethan, recordando que hacía mucho tiempo él había pronunciado palabras similares, y eso sólo puso en perspectiva a los luciérnagas que tenía frente a él –entonces yo tampoco tengo dónde ir…

Ray y Walter no respondieron; sólo se quedaron en silencio, sabiendo que no tenían cómo responder a eso, puesto que ellos mismos habían pasado un mes completo, viendo cómo sus compañeros se rendían y se iban, luego de años combatiendo junto a Marlene, intentando responder esa pregunta sin resultado alguno, y por algún motivo se sentían culpables al respecto, en especial al tener a un aspirante frente a ellos.

Todo había acabado.

-Gracias por el colgante –les dijo –significa mucho para mí… de verdad

Y dicho eso empezó a caminar de vuelta, y si bien no se dio cuenta de ello porque no prestó atención, ni Ray ni Walter intentaron detenerlo o reaccionaron en absoluto.

Los pasillos, las escaleras y los luciérnagas que veía: hacía sólo unos minutos había pasado por esos corredores con la mayor de las alegrías, viendo que todo finalmente había acabado de buena forma, pero en ese momento se veía totalmente al contrario, justamente caminando de vuelta, como contrarrestando la felicidad que antes había inundado su corazón. Pronto se encontró nuevamente frente a la entrada del hospital, y junto a ésta pudo ver la entrada del túnel.

Empezó a caminar lentamente, pensando en los recuerdos que habían pasado por su mente cuando había recorrido ese trayecto en el sentido contrario en la tarde: no se había dado cuenta, pero ya era de noche, y todo se veía oscuro, tanto fuera de él, como dentro.

Pronto se vio en la entrada del túnel mismo, viendo incluso en la oscuridad los carros amontonados por los que antes había pasado.

Levantó su colgante, viéndolo nuevamente, viendo su nombre en él, recordando cuando habían llegado a la ciudad en el camión, y él había gritado su nombre a través de la ventana; cuando veían la ciudad con sonrisas inmensas en sus caras riendo a carcajadas.

Ahí estaba, frente a él: "Ethan Lawson 026304".

Tenía su nombre que marcaba su historia propia, y un número que demostraba que era parte de algo mayor a él al mismo tiempo. Pero eso ya no existía: los luciérnagas ya no existían y eso no cambiaría: sólo le quedaba su nombre.

Pero qué quedaba de él, cuando todo ese viaje había sido justamente para estar con ellos, y para cumplir su meta propia: no quedaba nada de él tampoco.

No tenía nada, ni nadie.

Estando ya dentro del túnel entonces tomó su pistola, viéndola fijamente, recordando cuántas veces había usado armas en su viaje, cuántas veces las había evitado cuando había sido un cazador, y cómo nunca las había usado antes de la infección.

La miró fijamente, notando lo gastada que estaba por todo ese tiempo, pero siempre había funcionado: nunca le había fallado a la hora de defenderse.

Defenderse de otros.

Defenderse de sí mismo.

La levantó lentamente, hasta que puso el cañón de la pistola en su sien.

Éste era el fin de su viaje, que había comenzado con una pequeña idea, pequeña idea que había convencido a otros y a sí mismo, para dar paso al mar de experiencias que había vivido. Experiencias que no cambiaría jamás por nada, pero que anhelaba también como nada en el mundo.

Ya no eran sólo Mike y Emily en esa fotografía que descansaba junto al cadáver de Mike en las afueras de Boulder: podía verla en su mente, y la imaginaba más grande, mucho más grande, casi como un mural, y se podía ver en esa fotografía, junto a cada persona que había conocido en su vida, y de cómo todas se habían ido.

Y no volvería sólo con Mike y Emily, sino que volvería con todos ellos.

Porque ésa era la única paz que podría tener jamás en ese mundo.

Y entonces llegó ese extraño pensamiento a su mente, que antes no podría haberle llegado: incluso Francis o Nathaniel, o cada cazador que había enfrentado en su vida; todos, a su manera, buscaban esa paz, fuera como fuera, incluso si significaba morir.

Todos querían paz.

Todos queríamos un descanso.

Habíamos luchado por demasiado tiempo.

Entonces se dispuso a jalar el gatillo.

Lentamente empezó a cerrar los ojos, sabiendo que cuando los cerrara todo acabaría.

Pero entonces, justo antes de cerrarlos completamente, pudo ver su muñeca izquierda: una tela anudada alrededor: una roja, y al lado una negra.

Liz.

Liz.

-Liz –dijo lentamente

Bajó la pistola, y torpemente empezó a caminar entre los carros, con una expresión vacía, como su interior, viendo aquellos carros, ya sin recordar cuando los había atravesado esperanzado, sino avanzando a través de ellos casi por defecto, sin vida por dentro.

Pronto se vio nuevamente en la parte alta, en donde se encontraba esa escalera de metal que servía como puente: se lanzó lentamente al agua y nadó tan lentamente hacia el otro lado que casi no hizo ruido alguno; no sintió para nada lo frío del agua esta vez.

No sabía bien a qué iba, pero si una de las opciones era la que podía asomar entre su mente a ratos, estaba conforme y satisfecho.

Salió del agua casi tan lentamente como había nadado, sin preocuparse por agitarse un poco para soltar un poco de agua de su ropa, y empezó a caminar hacia aquél cuarto.

Iba a ser la primera persona en la historia curada del Cordyceps.

Qué ingenuo había sido.

Pero fue entonces que pudo ver que no estaban los muebles que había usado para bloquear la puerta, y que de hecho la puerta estaba abierta: la luz de la luna iluminaba aquel lugar lo suficiente, ayudada por la adaptación del ojo a la oscuridad, como para ver claramente todo.

Entró al cuarto, y entonces lo pudo ver.

Un hombre de unos treinta años, claramente más joven que él, de cabello castaño y piel clara, pudiéndose notar en la suciedad de su ropa que había pasado por mucho antes de ese momento, y a su lado a un niño de unos ocho o nueve años, de piel también clara y cabello rubio.

-Tranquilo Johnny –le dijo el hombre al niño –papi está aquí y siempre te protegerá… y ya falta poco por fin

Pudo notar que aquel padre estaba calmando a su pequeño hijo, mientras le colocaba algo en el torso: le estaba poniendo un chaleco antibalas que le quedaba un tanto grande.

Entonces el padre notó su presencia.

-¡Quién anda ahí! –le gritó el hombre, apuntándole con una pistola inmediatamente, mientras el niño corrió a esconderse detrás de él

Ethan no le respondió: ni palabra ni acción, simplemente no se movió en absoluto, quedando de pie frente a aquél hombre.

Pero algo evitó que el padre le disparara: pudo notar que aquél extraño desvió su mirada del rostro de Ethan para bajar su vista un poco; en medio de la noche, su colgante brillaba como una moneda de plata, tan visible como la más intensa de las luces. Tras eso el hombre bajó su pistola y dejó ir un suspiro que le recordó a los suspiros que él había dado varias veces en su vida en situaciones similares.

-Pensé que nos ibas a matar –le dijo el extraño, ya con un tono más tranquilo –es bueno saber que siguen aquí

Le había hablado en plural, y Ethan pudo decir bien la razón: era un luciérnaga.

-Mi nombre es Richard –le dijo el extraño, extendiéndole la mano, mano que Ethan se tardó en dar –y éste es mi hijo Johnny… ya cumplió ocho… venimos a… venimos a unirnos a los luciérnagas… mi esposa era una de ustedes… pero lamentablemente… lamentablemente… ¡aquí está su colgante!

Pudo ver que Richard rápidamente sacó de su mochila un colgante similar al suyo y lo extendió para que él pudiera verlo… "Dominique Williams 018959".

-Mi papá me dijo que mi mamá seguía con nosotros –dijo entonces el pequeño, saliendo desde detrás de Richard, mostrando un oso de peluche que había sacado de su mochila –que siempre que tengamos este osito que ella me dio, ella estará con nosotros ¿verdad, papá?

-Sí… hijo –respondió Richard, pudiendo notar Ethan que éste se había emocionado un poco al escuchar a su hijo decir esas palabras -… ¿nos puedes llevar con los tuyos?... disculpa… ¿cuál es tu nombre?

Ethan no respondió inmediatamente, porque se hallaba ocupado inspeccionando el lugar, y entonces sus ojos quedaron completamente abiertos, al verla.

Ahí estaba, a un lado, en el suelo con una bala en la cabeza y sin el chaleco de Anna: volvió su mirada hacia el par y viendo el chaleco del niño pudo entender qué había pasado. Richard notó ese intercambio de miradas y vio las cosas desde su perspectiva.

-¿La ves? –le dijo Richard –fue un golpe de suerte… buscábamos algo para comer y para descansar… tuvimos que huir de varios infectados hace un rato… entramos acá y encontramos a esa infectada: con un chaleco antibalas pudo habernos matado fácilmente, pero cuando nos dimos cuenta notamos que su muñeca estaba esposada a esa tubería, así que sólo empezó a gritarnos intentando alcanzarnos, sin poder moverse de ahí… matarla fue más que fácil, y resulta que al lado de ella había una mochila en donde encontramos comidas, balas, e incluso esta bestia

Le dijo, sacando de su mochila una ballesta completamente negra, que hacía no mucho él había usado para escapar de aquellos infectados.

-Pensar que pudimos haber muerto, pero terminó siendo un verdadero golpe de suerte

Ethan pudo notar el lugar en donde estaba su cadáver, y pudo recordar entonces que la vez que habían entrado había visto a otro cadáver ahí, también esposado a la tubería, pero aquél cadáver llevaba años ahí: no le tomó mucho tiempo pensar como ella habría pensado en ese momento, sabiendo que se iba a convertir: sacó a ese cadáver de ahí, se colocó esas esposas y se quedó ahí, para así cuando Ethan volviera por ella no hubiese ningún problema: incluso en sus últimos momentos ella se preocupó por él, sin que él siquiera los supiera. Entonces vio a unos metros del cadáver una llave que brillaba como su colgante; había encontrado la llave, se había atado a esa tubería y luego había lanzado la llave fuera de su alcance para no poder liberarse, confiando en quien la liberara sería él.

Porque así era ella, siempre preocupándose, hasta en el más mínimo detalle.

Ignoró completamente a Richard y a su hijo, y se acercó al cadáver de quien hubiera sido la persona más importante para él durante ese año.

Recordó esas palabras que había pronunciado.

"Te quiero".

"Yo también te quiero".

Entonces pudo ver que al lado de su cadáver había un pedazo de papel, en donde había algo escrito: se agachó para tomarlo y ver qué contenía.

Entonces sintió algo atorarse en su garganta.

"Sabía que volverías", acompañado de una carita feliz dibujada.

-Lo mejor está por venir… -dijo en voz baja

-¿Eh? –dijo Richard, intentando comprender la situación

Ethan se volteó y los vio a ambos: se veían sucios y cansados: seguramente también tenían su propia historia que contar y su propio viaje hacia ese lugar: eran almas que buscaban un lugar donde ir.

-Vengan –les dijo –por acá

Los guio entonces hacia la parte inundada, y les explicó cómo no les quedaba nada para llegar.

-Deben subir esa escalera y luego caminar hacia el final del túnel –les dijo, indicando con el dedo –al salir encontrarán el hospital

-¡Gracias! –respondió Richard, para luego volverse al niño -¿ves, Johnny? ¡Te dije que no nos quedaba nada! ¡Vamos a ir con los amigos de mamá! ¡Se acabaron las noches sin dormir!

El niño gritaba de alegría, mientras su padre lo tomaba y lo elevaba en el aire, moviéndolo mientras jugaba con él, todo eso mientras Ethan los observaba sin poder siquiera darse cuenta de lo destrozado que estaba por dentro, viéndolos con una mirada totalmente vacía y nula.

-¡Johnny, afírmate de la espalda de papá! –le dijo Richard, notando Ethan que el niño no sabía nadar, para luego lanzarse al agua

-¡Está helada, papá!

Richard sólo reía mientras el niño se quejaba por el agua.

Ethan sólo los veía desde el otro lado, mientras subían las primeras escaleras: eran felices el uno con el otro, mientras no se atrevía a mirarse a sí mismo, temeroso de lo que podría ver; de su situación actual.

Fue entonces que, mientras Richard cruzaba primero el puente hecho con la escalera, para comprobar que era seguro para su hijo, Ethan levantó su pistola y tras apuntarle directamente al pecho, comenzó a disparar en repetidas ocasiones, viendo cómo Richard cayó del puente al agua, la cual iluminada por la luna se empezó a tornar roja, mientras Richard luchaba por mantenerse no sólo a flote torpemente, sino mantenerse vivo también.

Pudo ver cómo Johnny empezó a llorar inmediatamente, gritando por su padre, bajando de inmediato por las escaleras, intentando extender su pequeña manito hacia donde su padre estaba para ayudarlo a salir, sin poder alcanzarlo. El niño lloraba, intentando alcanzarlo, dándose cuenta en medio de una tristeza inmensa que no podría llegar a él, y entonces en un acto desesperado por amor a su padre el pobre niño se lanzó al agua para alcanzarlo: efectivamente Johnny no sabía nadar, por lo cual empezó también a chapotear en el agua intentando mantenerse a flote para no ahogarse, pero incluso en medio de esa desesperada lucha por su vida, intentó también moverse hacia donde estaba su padre, quien ya tenía más problemas para mantenerse a flote debido a que se le acababan las fuerzas.

Ethan los observó luchando por no morir ahogados, en una mezcla de gritos y llantos por parte del niño y chapoteos por parte de ambos, que intentaban sobrevivir a esa cruda muerte. Levantó nuevamente la pistola, y vació el cargador disparando en repetidas veces tanto al padre como al niño por igual: con tantas balas el chaleco no pudo proteger completamente al pequeño. El estruendo de cada bala se sintió en todo el lugar, y después de que siguiera jalando el gatillo, notando que ya no quedaban balas, pudo notar que había silencio, y que el agua se había tornado levemente roja.

Estaban muertos, ambos, ya fuera por pérdida de sangre o ahogados, pero sus cuerpos estaban en el agua.

-Joel –dijo entonces, casi de la nada –Joel…

Se lanzó al agua y sin importarle el mancharse con la sangre de aquellas personas se acercó a sus cadáveres para quitarle la mochila a Richard: salió a las escaleras y tras revisarla, sacando unos libros infantiles de cuentos y dibujos mojados por el agua, encontró la ballesta negra. La sacó y la contempló, y entonces pensó: eso era todo lo que le quedaba; nada más.

Vio el cadáver del niño, y se fijó en el chaleco antibalas, notando que ya tampoco tenía eso: Liz había muerto esperándolo, esperando algo de él que llegaría. Vio el chaleco una última vez, y con la ballesta en mano empezó a cruzar el puente.

Subió las escaleras, bajó a la autopista antes inundada, caminó entre los autos, y salió nuevamente por la entrada, para ver el hospital.

Bajó la mirada y vio nuevamente la ballesta.

No tenía nada más.

Empezó a caminar, y entró nuevamente al hospital.

Pudo ver entonces a Ray y a otro luciérnaga que salieron a su encuentro: había sido el mismo escenario, con dos luciérnagas apuntándole, aunque esta vez Ray rápidamente lo reconoció.

-¿Volviste? –Le preguntó –si quieres quedarte acá no tenemos problemas

Ethan no respondió; en vez de eso avanzó y los pasó a ambos, para adentrarse en el hospital, subiendo unas escaleras y yendo al mismo lugar en donde había visto a varios luciérnagas reunidos: ahí estaban, y ahora que podía verlos con detenimiento podía ver la tristeza en sus miradas, sabiendo que ya no tenían nada.

Fue entonces que, parándose en medio de todos ellos, sacó su pistola y dio un disparo hacia el techo, disparo que alertó de inmediato a todo el grupo, tras lo cual todos los luciérnagas en el lugar le apuntaron directamente.

Pero tras eso Ethan botó el arma al suelo intencionalmente, sabiendo desde antes del disparo que lo haría.

-¡Cuántos de ustedes lo darían todo por volver como luciérnagas! –Gritó Ethan entre todos ellos -¡Cuántos de ustedes quieren volver a sentirse vivos!

Pudo notar que varios de los luciérnagas lo vieron: algunos con extrañeza, y otros entendiendo parte del mensaje que él estaba dando.

-¡Perdimos a la Reina, perdimos a los científicos, pero eso no significa que lo hemos perdido todo! ¡Estamos aquí, y todavía podemos luchar… todavía podemos vivir!

Pudo ver que varios bajaron sus rifles y lo empezaron a ver ya con más entendimiento de lo que pasaba: entonces vio que Ray se acercó a él.

-¿Qué estás haciendo? –Le preguntó Ray –sabes que no tenemos dónde ir, ni qué hacer… ya hemos luchado suficiente y si éste es nuestro final… no tenemos más que hacer

-Te equivocas, Ray –le respondió Ethan -¿Qué darías por volver a luchar? ¿Qué darías por ir y degollar a Joel mientras le recuerdas lo que hizo?

-¿Qué lograríamos con eso? No sabemos dónde está… e incluso si supiéramos no tenemos a nadie que pueda crear una cura a partir de Ellie…

Entonces recordó a John, y a esas risas que pudo ver por su rostro aquél día, aquél especial día donde recién estaba empezando a nevar, en Jackson County.

-Yo sé dónde está Joel –le respondió –e incluso si no tenemos nadie que sepa hacer una cura… ¿no quieres ir y arrancarle a Ellie de sus manos, para luego matarlo y lanzar su cadáver a un rio para que se vaya al olvido?

Ray lo miraba fijamente, y Ethan pudo ver en sus ojos la indecisión: la indecisión respecto a lo que había dicho y sentido durante todo ese mes que había pasado desde la huida de Joel.

-¡Ya habrá tiempo para buscar a algún científico que pueda seguir el trabajo de los mártires que aquí cayeron! ¡Por ahora si hay algo de lo que debemos preocuparnos, es de ir donde esta Joel y hacerle saber que seguimos vivos y traer de vuelta a Ellie a toda costa! ¡Síganme, y yo los llevaré con él, y todos podrán hacer justicia respecto a la atrocidad que ocurrió en este lugar! ¡Por Marlene… por Roy… y por cada uno de nosotros! ¡Los luciérnagas no han muerto!

Fue entonces que varios luciérnagas empezaron a gritar y a animarlo, lanzando insultos contra Joel, disparando sus armas hacia el techo también, y no pasó mucho antes de que Ray también cambiara su posición y empezara a ver a Ethan entendiendo lo que él les estaba diciendo.

Entonces Ethan notó que una mano se posó en su hombro derecho: se volteó y pudo ver a Walter.

-Si vamos a hacerlo, primero tenemos que recuperarnos y ser lo que éramos antes… tendremos que buscar a varios luciérnagas importantes que se fueron después de la muerte de Marlene… Ron, los hermanos Baskov, Steve, Hank y muchos más… sin ellos no podremos tener la fuerza ni las armas que solíamos tener

-Vamos a ir por todos –respondió Ethan –y vamos a ir a Jackson County, a una planta hidroeléctrica


El día estaba empezando, con la luz del sol llenando los espacios del hospital Saint Mary, iluminando cada rincón del lugar, marcando el punto en que tenían que apagar las luces para cargar los generadores de electricidad.

Pero los luciérnagas ya se habían empezado a movilizar desde antes: armando filas y reuniéndose en el patio interior, el grupo de luciérnagas observó atento a quien se impuso por sobre todos, vistiendo las ropas de los luciérnagas, junto a la insignia en el antebrazo, y su colgante. Era el luciérnaga número 026304: Ethan Lawson, el tercer líder de Los Luciérnagas, quien se posicionó detrás de la tumbra de Marlene Barnett, frente a todos los del grupo.

-¡Joel huyó a una planta hidroeléctrica en Jackson County, en la cual vive su hermano a quienes algunos recordarán, pues solía ser también uno de nosotros: Tommy! ¡Sé que está lejos de esta ciudad, y que será difícil llegar hasta allá en una pieza, pero para eso recuperaremos a todos los miembros que nos dejaron pensando que éste era el final! ¡Iremos con ellos y les demostraremos que los luciérnagas están más vivos que nunca! ¡Los luciérnagas han sido aplastados por demasiado tiempo, y ya es hora que el nombre vuelva al esplendor que una vez tuvo! ¡Es hora de demostrarles que así como damos luz también podemos atacar de vuelta! ¡Que así como podemos ser luciérnagas que guían a los demás, también podemos ser avispas letales que les quitarán las alas a quienes intentaron quitarnos las nuestras! ¡A todas esas personas les digo: que se preparen porque iremos tras ellos y estén donde estén los alcanzaremos, y que nuestros números cubrirán el horizonte de sus cálidos hogares, que nuestras armas atravesarán sus paredes y que nuestra ira los extinguirá! ¡Prepárense, hermanos míos, porque la batalla por sobrevivir comenzará y no la perderemos! ¡O'Connor está avanzando con sus tropas militares desde la costa este y planea retomar todo lo que pueda del país! ¡Yo digo que le demos un alto! ¡Que el mundo sepa que los luciérnagas serán quienes prevalecerán en este mundo y que gracias a nosotros todos podrán salvarse! ¡Porque somos los únicos que hemos estado dos décadas esperando un mundo mejor, anhelándolo en medio del fuego de las batallas y en la calma de nuestras camas! ¡Porque siempre que estés perdido, debes buscar la luz! ¡En el nombre de todo por lo que luchó Marlene y Roy, unámonos en esta batalla!

Decenas de luciérnagas gritaron llenos de emoción, disparando hacia el cielo, moviéndose violentamente, viendo a Ethan elevar una ballesta negra como la noche en el aire en señal de comando, agitándola con sus manos, mientras todos veían ese destino mutuo: recuperarían sus fuerzas e irían a Jackson County.

Y nadie estuvo ahí presente para ver a Ethan caer una última vez, esta vez sin posibilidad de subir nuevamente: nadie pudo decirle que no estaba solo; nadie pudo abrazarlo y calmarlo: no quedaba nadie vivo para ver a ese Ethan y recordar al Ethan de hacía un año, aquél alma gentil y generosa que sólo quería ayudar a las personas a acabar con el dolor que padecían por ese mundo en que les había tocado vivir, debido a todo lo que él había sufrido, que se lastimaba a sí misma por sus errores y lloraba cada partida que tenía que enfrentar.

Nadie pudo notar con tristeza que no derramó ninguna lágrima en aquella última muerte importante que presenció: la muerte de Liz.

Porque esto era todo lo que tenía.

Finalmente era un luciérnaga.

FIN


Fueron varios meses de capítulo tras capítulo, pero finalmente la historia llegó al final: si las leído toda la historia, agradecería mucho una opinión o review del fanfic. ¡Gracias por acompañarme durante todos estos meses!