Disclaimer: Desde las profundidades de nuestra mente hemos vuelto con otra historia, sobre dos Slytherins que debieron terminar juntos. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.
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THE TIME COMES
By
The Darkness Princess & Lady Muerte
Para ustedes que nos miran desde el cielo.
Siempre estarán en nuestros corazones.
D.B.M.F
*º*º*º
Confesiones.
Draco recorrió la casa de Pansy con sus ojos plateados, repasando cada rincón. Nunca había dudado de su buen gusto, pues bastaba con decir que le gustaba él. —Así que, es aquí dónde te escondías.
—No es una guarida, es un lugar neutral, lejos de todo.
—No más —dijo acercándose a ella. La rodeó con sus brazos, pegándola a su cuerpo. Casi al instante fue por sus labios color sangre, los mordisqueó logrando que ella jadeará antes de besarlos suavemente.
Pansy subió sus manos por los brazos hasta llegar a los mechones de su nuca. Abrió su boca para él, dejando que profundizará su beso, recorriendo su interior con su lengua.
Se sentía tan bien dejarse ir, sin preocupaciones, sabiendo que estaban juntos, que no había nadie más.
—Aún me debes algo, no te parece... —murmuró casi sin aliento.
Malfoy sabía a qué se refería. Repartió pequeños besos por la línea de su cara, bajando hacia la curva de su cuello, obligándola a echar a un lado su cabeza.
La sensación era maravillosa, el calor se avivó en su cuerpo y aunque perderse en sus caricias era sumamente tentador. Pansy tenía aún algo más en mente.
—Te deseo tanto —gruñó Draco sobre su piel, bajando sus manos hacia su trasero.
—No me tendrás a menos que terminemos de arreglar los detalles —señaló empujándolo.
Él la miró enfurruñado. —No voy a ir a ningún lado, podemos verlo después.
Parkinson enarcó su ceja, mientras se limpiaba el labial corrido. —Draco.
Al ver que no cedería, aceptó. El orden en que hicieran las cosas, no iba a cambiar el resultado, pero ella era tan testaruda que era mejor complacerla.
—Bien —dijo aún sentido, pues era doloroso desearla así y tener una semierección que tenía que relegar para después—. ¿Tienes un pensadero?
—¿Por qué?
—¿Lo tienes? —presionó.
—Uno pequeño, está en mi habitación.
Él asintió, la tomó de la mano, investigando el camino. Abrió la puerta que dejó ver una amplía cama que era donde más tarde ellos dos estarían, de eso se encargaría. Pansy notó la forma en qué estaba mirando el lugar, aún cuando se sonrojó fue capaz de sonreírle de forma pícara.
—No aún —dijo divertida.
Draco estrechó sus ojos y gruñó. —¿Dónde está?
—Ahí —señaló la puerta del closet.
Fue por él y lo llevó hasta la mesa de noche.
—¿Qué es lo que harás?
—¿Recuerdas cuándo te dije en mi casa que no tenías idea de lo que hablabas? ¿Cuándo estuve en la tuya que te dije que hablaríamos cuando estuvieras calmada?
—¿Qué tiene que ver eso ahora?
—Todo, sí tan sólo me hubieras dejado hacerlo, no tendrías que haber huido.
Pansy tenía una adorable expresión de confusión en su rostro. No podía estar molesto con ella, no cuándo él también debía haberse sincerado hace mucho tiempo. Metió la mano en su abrigo, sacando una pequeña caja, que agrando con ayuda de su varita.
—Esto es tuyo.
Desconcertada la tomó abriéndola. Eran sus cartas, aquellas que habían desaparecido y que eran para él.
—Comprendí que las habías robado cuando no las encontré —reveló pasando sus dedos por ellas—. ¿Es por lo que cambiaste de opinión sobre nosotros? ¿Sobre mí?
—Comprendí porque me rechazabas.
Pansy asintió, apretando su boca con melancolía, ya no había dolor. —Son tuyas, es correcto que las tengas, haz lo que quieras con ellas.
Malfoy le quitó la caja dejándola sobre la cama. —Quiero que conozcas el otro lado de la moneda, tú sólo sabes una parte de esta historia. —Se llevó su varita a su sien, de dónde salió un hilo plateado que depositó en la vasija decorada con runas.
Y Pansy aún sin saber lo que encontraría, se sumergió con él en los recuerdos. Entonces la venda cayó de sus ojos. Draco le mostró todas esas veces que había estado ahí, viéndola, siguiéndola… él siempre había estado ahí. La vez en la playa, en Italia, en su fiesta, en su tienda, cenando con sus amigos, en navidad, en su cumpleaños…
Para cuando terminaron, ella estaba completamente conmovida, consternada, alegre. Ni siquiera sabía cómo… sólo que las lágrimas resbalaron por sus mejillas. Se llevó la mano a la boca acallando un sollozo.
«Siempre estuvo ahí.»
Draco tenía una profunda "v" en su ceño. No se suponía que se pusiera así, odiaba eso. —Pansy —dijo tomándola de los hombros girándola hacia él.
—Eres un idiota… debiste habérmelo dicho. Debiste hablarme, responder mis cartas… todas esas veces —calló, apartando sus ojos de él.
—Tampoco fue fácil para mi, ¿no lo has entendido?, ¿en verdad lo estás pensando?
—Pasaste de largo, cuando yo… hubiese ido contigo.
Él se pasó la mano por su cabello en un gesto de frustración, exhaló tratando de ordenar sus ideas. —No era el momento, yo no quería.
—¿Cuándo lo comprendiste?
—No quería saberte esposa de nadie más.
Pansy soltó una risita quebrada. —Casi no llegas a tiempo.
—Serás la señora Malfoy, mi esposa —manifestó seguro, con aquella voz sedosa y oscura que prometía todo, el mundo si fuera necesario.
Ella asintió. ¡Claro que lo sería!
Es lo que siempre había querido, ser la esposa de Draco, pero más que nada qué él la quisiera.
Fue hasta él y lo besó llena de emociones contrastantes, el sabor de sus propias lagrimas estuvo entre ellos. Malfoy le respondió con fuerza, esta vez no dejaría que se alejara. Entre besos tórridos la recostó sobre la cama y su cuerpo la cubrió por completo.
La caja de cartas cayó, quedando olvidada sobre le alfombra, ya habían cumplido su cometido…
*º*º*º
Continuará…
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(´¸.·*´¯`*»— —The darkness princess & Lady Muerte.
