¡Hola! Solo quería decir que bueno, aqui es cuando ya empieza la recta final. Van a pasar cosas muy fuertes. Espero que recordeis la historia del truco de magia de las cartas que le contó Tegan a Brenda y Minho, porque aquí tendrá su significado especial, espero que lo pilleis. Y que no me mateis.
Subida en un árbol, la rusa intentaba encontrar los frutos más jugosos que estaban en la copa. Debajo, Minho esperaba con una cesta.
—¿Te queda mucho?—preguntó desde abajo.
—¡Prepárate!—anunció.
Entonces, dejó caer un par de frutos más. Luego bajó ella y se encontró con que el chico ya las estaba comiendo.
—¡Oye!—le quitó la fruta de la boca—¡Las he cogido yo!—dicho esto le dio un bocado—Adefmas efran pfara la fcena—dijo con la boca llena.
El chico miró la cesta y salió corriendo. Tegan estaba impresionada, ¿desde cuándo Minho podía correr? Pero no podía pararse a pensar en ello ¡tenía su cesta!
—¡Vuelve aquí! ¡Ladrón!—gritó tirándole cosas mientras se internaban en la selva.
—¡Una semana!—gritó Minho—¡Una semana y seré libre! ¡Tú serás libre y no volverás a ser mi administradora!
Dijo mientras cogía las frutas y se las llevaba a la boca. Llegaron a la parte de atrás de la isla y Minho le puso la zancadilla a Tegan, que rodó por el suelo.
—¡Ni hablar, por eso puedo aumentarlo otro mes!—gritó Tegan mientras se levantaba y cogía la cesta.
Minho alzó la ceja y la tiró al suelo.
—Oh valla, que descuido—ironizó mientras se llevaba la última pieza a la boca.
Tegan no podía creerlo, así que con picardía, la cogió antes de que se la metiera en la boca y salió corriendo.
—¡Vuelve pingaja!—gritó Minho con una sonrisa.
Tegan trotaba por la selva como si fuera un mono con el corredor unos pasos detrás de ella hasta que al final el la alcanzó y de un tirón la trajo hasta sí.
—Devuélvemela—sonrió Minho.
Tegan no paraba de reírse, masticar e intentar zafarse.
—No…—consiguió decir con la boca llena.
—Tú lo has querido—dijo el chico.
Entonces empezó a hacerle cosquillas en la barriga y Tegan estaba que no paraba de reír, las cosquillas eran lo peor.
—Por favor para jajaja—se reía—.Basta por favor…—dijo con las lágrimas a punto de salírsele.
Ambos estaban completamente pegados, ya que Minho la había cazado y aun no la soltaba, pero Tegan no se dio cuenta hasta que el chico dejó de hacerle cosquillas durante unos segundos. Siguió riéndose hasta que descubrió que jamás habían estado tan juntos. Dejó de reírse y le miró a los ojos. Ambos se miraron a los ojos sin decir ni una palabra, solo se oía la selva. En su interior, Tegan solo deseaba una cosa: que Minho la besara. Era tan fuerte el deseo y estaban tan cerca que… solo quería que la besara.
''Bésame'' pensó ''¿Pero cómo puedes pensar eso?´´
Entonces se apartó de su lado con otra sonrisa, actuando como si aquello no hubiera sido nada.
—Hay que volver, vamos—dijo ella—.Y la próxima vez, no te comas nuestras provisiones.
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Valentina intentaba contectar con Tegan por todos los medios y frecuencias, pero al parecer el walkie de la joven no funcionaba.
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Le dolía la espalda. A Tegan le dolía la espalda. Ya era de noche y hacía varias horas que no veía a Minho y se estaba preocupando. Había estado últimamente muy ocupado con alguna especie de proyecto secreto. Mientras cosía algunas ropas, el chico apareció de repente por la puerta. Estaba con sus ropas lavadas y muy aseado. Tegan frunció el ceño, porque no se lo esperaba.
—Minho, ¿Qué ocurre?—preguntó sorprendida mientras dejaba las ropas en el suelo.
El chico se acercó a ella e hizo una reverencia. Tegan sonrió nerviosamente, no sabía de lo que iba aquello.
—Vale, estás muy raro ¿quieres decirme lo que te pasa?—preguntó.
Minho sonrió con autosuficiencia y habló:
—Acompáñame—dijo misterioso.
Cuando Tegan salió de la cabaña, él se puso detrás suya y le tapó los ojos con las manos.
—¿Qué haces ahora?—preguntó divertida.
—Es una sorpresa, yo te guío—inquirió él.
Sin ver nada de lo que sucedía fuera, Minho la guió por la playa y poco después, donde empezaba la hierba. Ella no dejaba de reírse y de preguntarle donde estaban.
—Ya hemos llegado—contestó él.
Entonces, apartó las manos y por fin ella lo vio: había una mesa, con dos sillas, de las ramas miles de velitas para iluminarlo todo. En la mesa, había dos platos grandes llenos de comida apetitosa. A Tegan se le saltaron las lágrimas sin saber porque. Miró a Minho confundida.
—¡Esto es precioso!—gritó—¿Pero porque?
Minho se acercó a la mesa y separó una de las sillas, el sitio donde Tegan debía sentarse. Todo aquello le resultaba muy gracioso, porque no sabía de donde había sacado él las nociones básicas de caballería. Se sentó sonriente.
—Llevamos aquí seis meses y tu llevas cuidándome todo este tiempo—dijo mientras se sentaba—.Ahora quiero protegerte yo.
Tegan se puso colorada, pero esperó que Minho lo la hubiera visto. Quiso decirle que no hacía falta, pero no dijo nada al final. Se sentó a cenar con el mar al lado y los dos empezaron a hablar sobre cosas sin importancia, y a reírse y pasarlo bien. Tanto, que Tegan olvidó por completo como debía comportarse con un subordinado.
Le dolía la espalda demasiado, entonces Minho le preguntó.
—¿Te duele la espalda?
Ella asintió.
—Llevo todo el día fabricando instrumentos.
Entonces el chico se levantó, se puso detrás suya y le apartó el pelo. Entonces, empezó a hacer presión en el cuello, a masajearla. Tegan lo dijo nada, sino que cerró los ojos y sonrió.
—Tienes muchísima tensión verducha—dijo el joven.
Ella asintió y se relajó más. Un rato después no pudo remediarlo y se le escapó un pequeño gemido. Abrió los ojos de inmediato, un poco avergonzada, pero Minho no dejó de masajearla y Tegan notó que incluso estaba poniendo más fuerza. La chica tragó saliva, no sabía si debía pararle o no.
Pero sin remediarlo, gimió de nuevo.
Tenía que parar aquello. Se levantó rápidamente y se dio la vuelta. Estaba a pocos centímetros del corredor, a una distancia no muy prudente. No sabía si podía controlarse.
—Minho, yo… nosotros… deberíamos poner…límites entre nosotros.
El chico frunció el ceño.
—Ya ha pasado el tiempo, Tegan. Ya no eres la administradora. Esto es la celebración, tu trabajo ha acabado—lentamente había llevado su mano a la cara de la muchacha y la había levantado desde la mandibula.
Tegan no sabía qué hacer, estaba muy nerviosa, tan nerviosa que el chico le parecía irreal. Si él quería, podía besarla en aquel momento y una parte de la rusa (una gran parte) lo deseaba.
—Yo… no… esto no está bien…
El chico la cogió de la mano y sonrió.
—Voy a contarte una historia, aunque creo que ya te la sabes. Se trata sobre un rey guerrero. Había una vez un Rey de una tribu muy lejana en las montañas del norte. El hombre era muy conflictivo, su alma estaba negra por los fantasmas del pasado y la venganza—por como lo estaba contando, Tegan supuso que no se refería a un rey de un cuento—.Era temido y respetado por todos, pero él no se sentía feliz y lo único que hacía en la vida era luchar, para no tener que pensar. Ni recordar—¿estaría hablando de sí mismo?—Hasta que un día, entraron en guerra con una tribu vecina liderada por una reina guerrera. Ella era como él, con el corazón de hielo y un alma negra. Solo cuando estuvieron fatigados de tanto luchar, después de ser los dos únicos guerreros en pie, se dieron cuenta de que eran igual de poderosos y en vez de seguir luchando, unieron sus fuerzas contra otros pueblos invasores. Entonces, por primera vez en su vida, el rey alcanzó la paz consigo mismo y ambos se quedaron juntos—le apretó la mano.
A Tegan se le escapó una lágrima.
—¿Esa historia de verdad trataba de un rey guerrero?—preguntó.
Minho sonrió y se acercó a los labios de la joven.
—No, pero de esa manera es más fácil de decir.
Tegan sonrió y decidió que era inútil resistirse mucho más tiempo. Le rodeó el cuello con los brazos, sonrió sintiéndose enamorada, se miraron a los ojos, iban a besarse, se acercó a su cara y entonces…
—¡¿Minho?! ¿¡Tegan!?—sonó una voz en la lejanía, parecía la voz de Valentina.
Ambos se separaron rápidamente.
—¿Has oído eso?—preguntó Minho.
—Venía de la cabaña—dijo Tegan empezando a correr.
Los dos corredores llegaron a la cabaña y empezaron a buscar a su amiga, y cuando creían que se habían vuelto locos, la voz volvió. Venía del walkie.
—¿Estáis ahí?—preguntó Valentina.
—¡Te escuchamos!—dijo Minho cogiendo el aparato.
—¡Dios mío! ¡Gracias!—suspiró la amiga—¿¡Donde estáis!? ¿estáis bien?—preguntó.
—Estamos perfectamente—respondió Tegan—.Nos encontramos en una de las islas.
Valentina suspiró.
—Tenéis que volver rápidamente. Esto es un caos. Cada pocos días llegan infectados y los del pueblo del desierto, han muerto muchas personas… solo quedamos unos pocos y casi todos quieren ir a la guerra.
Minho y Tegan se miraron.
—Cuéntanos—dijo Minho, con la voz seria.
La chica suspiró.
—Es Brenda. Ha muerto
Solo quería decir que cuando Minho hablaba de el rey guerrero se refería a si mismo y a la reina guerrera a Tegan. Ya me voy.
