Creciendo Juntos
De vuelta a donde todo comenzó
-¿Crees que ya se han dado cuenta? –Preguntó Freddie mientras se perdía en sus ojos y acariciaba un mechón de su cabello entre sus dedos.
-Tal vez Carly, pero eso no me preocupa en estos momentos –susurró la rubia, que disfrutaba de ese acto tan sencillo, pero placentero. –Tenemos que llevar a nuestra hija al parque, aunque solo pasaré un rato con ustedes porque Marissa y Carly quiere hacer unas vacaciones familiares… ¡Me agotan!
Freddie sonrió y la atrajo más a su pecho. No estaban haciendo nada, ni siquiera se vieron en la necesidad de besarse. Solo estaban allí, bajo la oscuridad de la sala y acurrucados en el sofá; a pesar de encontrarse en pleno día, Freddie odiaba la luz cuando descansaba, habito adquirido en los últimos seis años. La rubia solo disfrutaba del momento, cada vez que tenía un tiempito libre, ella inventaba una escusa y se escabullía hasta el apartamento de Freddie; era una ventaja que el trabajo del castaño no requiera presencia, todo lo hacía desde su plaza.
-Freddie… -susurró la rubia adormilada.
-¿Dime? –Respondió él de igual forma.
-Debemos irnos… -susurró entre risas mientras el castaño se quejaba.
-¿No podemos dejar la ida al parque para otro día? –Preguntó él de forma graciosa. –Quiero estar a tu lado un rato más…
-Antes que Carly me rapte para las dichosas vacaciones… -ronroneó la rubia. –Aunque me gustaría estar así todo el santo día, nuestra hija nos espera.
Sam se levantó y comenzó a alisar su ropa, dos horas de no hacer nada daban mucho de qué hablar, solo disfrutaron del calor y compañía del otro, Freddie hizo lo propio antes de tomar sus llaves y comenzar a subir las escaleras con ella. Aunque no tenían una relación como tal, ellos veían eso como una oportunidad para reafirmar su relación y sus sentimientos. Él no había dejado de amarla, nunca, ni siquiera cuando intentó hacerlo integrando a Carolina a su vida.
Su relación con ella no había funcionado, sin embargo, debía admitir que lo ayudo a superar muchas cosas, lo supo cuando pudo dejar de llorar por Sam. No la había sacado de su corazón, pero ya había pasado a un segundo plano su dolor. El castaño se centró en sus estudios y su nueva vida, olvidando momentáneamente a las personas que amaba, incluyendo a la mujer que lo había traicionado.
-Freddie, tengo dos minutos hablándote. ¿Sucede algo? –Preguntó la rubia con preocupación.
-No, tranquila… solo recordaba algunas cosas del trabajo –Freddie odiaba mentirle, pero tampoco podía contarle todo, aun no se sentía preparado.
Dos horas más tarde, Sam estaba sentada en un café, con los ojos abiertos por la sorpresa y terror. Nunca pensó volver a ese lugar y mucho menor experimentar tanto miedo. Ella comenzó a morderse los labios y a estrujar sus manos con fuerza, ya no había vuelta atrás, habían apartado el lugar. Según su amiga, era una sorpresa y vaya que lo era.
-¿No estás emocionada? Un fin de semana completo en la costa con todos nosotros y Freddie –a ella no le paso por alto el tono de su amiga, pero eso era lo que menos le preocupaba.
-Prepararé las maletas, luego me iré a dormir… -anunció sin ánimos.
-¿No esperaras la cena? –Preguntó Marissa sorprendida. Ella nunca sería capaz de decirle no al pollo frito.
-No tengo hambre, además, tengo muchas cosas que hacer… -susurró antes de irse.
A la mañana siguiente, todos estaban emocionados, menos cuatro personas. Em no podía entender como se le había pasado por alto a Carly dicho detalle. ¿Acaso había olvidado que todo había sucedido en Paradise? No podía creerlo.
En el estacionamiento se repartieron los lugares. Freddie que tenía una camioneta, llevó consigo a Carolina, Brad, Em y su hija, que formó un escándalo hasta que consiguió lo que quería. "Igual que su madre" pensó el castaño. Carly se llevó a Spencer y a Sam, y por último quedaba Marissa con Gibby, Wendy y un primo.
La rubia no habló en todo el camino, se limitaba a "dormir" y a escuchar a sus amigos hablar. Cuando llegaron, ella no pudo evitar derramar unas cuantas lágrimas, por supuesto nadie lo noto, ella era una experta en esas situaciones. Entonces, fingió su mejor sonrisa y semblante, por el bien de su hija y de esas vacaciones que amenazaban ser un desastre, sino ponía de su parte.
Ella quiso morir cuando vio la cabaña, era la misma… su mente quedó en blanco y no pudo evitar sollozar, sorprendiendo a la mayoría, puesto que Freddie no había levantado la mirada, él sabía muy bien lo que estaba sucediendo. Carly intentó detenerla cuando comenzó a correr, pero Brad la agarró por los hombros y le pidió en silencio que no la siguiera.
Cuando ella llegó a un lugar apartado comenzó a llorar con todas sus fuerzas, era difícil mantenerse de pie y fingir. En ese lugar vivió la experiencia más hermosa de su vida, pero también la más difícil y dolorosa. Sam cerró los ojos y clavó sus uñas con fuerza en sus brazos, recordar como ese hombre la tocaba le asqueaba.
Sam
"Mis lágrimas son inevitables… Lloraré… porque sentir dolor no se puede evitar, tarde o temprano sabré superarlo… yo puedo, tengo capacidad para ello."
Las olas rompían suavemente en la orilla, el sol se ocultaba lentamente en el horizonte y mi pasado junto a él. Volver a este lugar me ha obligado a replantear mi vida. ¿Esto tenía que suceder? No, no tenía que suceder. ¿Me lo merecía? Ni el daño que he causado en el pasado me hace merecedora de algo así.
Cerré mis ojos con fuerza, debía superarlo por el bien de mi hija y por el mío. Abrí los ojos y dejé fluir los recuerdos.
"Sus manos golpeando mi rostro una y otra vez, mientras entraba y salía de mi interior. Perdí la cuenta de las veces que ese mal nacido disfruto de mi cuerpo y cuantos orgasmos pude sentir. Más tarde sabría que eso era posible, pero cada maldito orgasmo lograba que deseara más mi muerte, que todo eso acabara."
Sentí unas ganas inmensas de vomitar, me odie tanto por eso.
-Ya basta… hoy te entierro para siempre de mi vida Víctor y ojala te pudras en esa cárcel y en el infierno –susurré con lágrimas en los ojos.
"Ya no tenía fuerzas para seguir resistiéndome, parecía que mientras más dolor le hiciera sentir más me deseaba. Ya había dejado de llorar, ya no me quejaba ni siquiera cuando llegaba sentir esa explosión de placer, no tenía voz. Perdí la cuenta de cuantos mordiscos tenía en mis pechos y cuello, y de las veces que me comparaba con mi madre.
-¿Cómo no te tomé antes? ¿Sabes? Perdí el tiempo con la vieja de tu madre –dijo entré suspiros y yo solo pude cerrar los ojos, lágrimas nuevas amenazaban con salir.
Cambio tantas veces de posición y yo no podía hacer nada, no tenía fuerzas para más; mi cuerpo era lo más parecido a una muñeca de trapo. Ahora estaba boca abajo, ya no importaba el dolor o los golpes que sentía en mi espalda, solo quería que eso terminara.
-Mátame… -susurré sin poder alzar mi voz.
-Ya casi, chiquita… -gimió con fuerzas y se dejó caer en mi espalda. Mis ojos no se habían cerrado en ningún momento, estaba mirando y a la vez no porque todo era oscuridad a mi alrededor.
Sentí destellos de luz cuando me giró y casi pude distinguir una figura, hasta que todo a mí alrededor se convirtió en oscuridad."
Hoy, Víctor sería arrancado de mi vida. Hoy, nacería nuevamente y dejaría mis miedos enterrados con él. Fui extrañamente consiente de la oscuridad, ya había dejado de llorar y aunque parecía extraño, el asco había desaparecido por completo de mi cuerpo.
Me levanté y comencé a caminar hasta la cabaña. Ya no tenía miedo de entrar, ya no sentía temor alguno. A lo lejos pude detallar a una persona sentada en la arena, frente a nuestra cabaña. No había falta la luz para saber que era Freddie, mientras me acercaba podía ver que jugaba con ella y su mirada estaba perdida en la espuma del mar salado.
Creo que sintió mi presencia porque se giró y sonrió con tristeza. Sabía que él sentía culpa y aun no se había perdonado. Podía entender muy bien lo que estaba pasando, se culpaba por no quedarse, por creer en una mentira, pero era hora de perdonar y poder seguir adelante. Me senté a su lado sin mirarlo a los ojos, no hacía falta puesto que, su atención, estaba centrada en el mar.
"Estaba corriendo, escapaba de su agarré o al menos eso trataba, él se hacía cada vez más fuerte.
-No te escaparas de mí, Puckett –gritó detrás de mí y yo solté una carcajada.
¿Cómo había bajado tanto mis defensas? ¿Cómo era posible que este hombre me hiciera sentir en el cielo? Porque no había otro nombre para esa sensación. De pronto, mis piernas flaquearon y cerré los ojos esperando el golpe, pero no sucedió nada.
-Jamás dejaré que te hagan daño… -susurró mirándome con esos hermosos ojos chocolate."
Entendía su culpa, había fallado a su promesa, pero eso era algo inevitable. Tomé una de sus manos entre las mías y la atraje hasta mis labios, solo quería sentir su calor. Sin apartar mis ojos de los suyos, comencé a plantar pequeños besos mientras la presión de su mano sobre la mía aumentaba.
-No me fallaste… ni siquiera faltaste a tu promesa, Freddie… -susurré cuando comenzó a llorar. –Quiero que dejemos en el pasado lo que sucedió, quiero vivir… por favor, quiero que vivas y olvides esa culpa absurda. Yo me enamoré de un hombre capaz de hacerme sentir segura, capaz de perdonar y de olvidar… quiero olvides los rencores, quiero que entierres hoy, junto a mí, todo lo que tiene que ver con nuestro pasado tormentoso.
Freddie me miraba con dolor, pero entendía, podía ver ese destello en sus ojos.
-No me vuelvas pedir perdón porque no tengo nada que perdonar, eres mi mejor amigo y el hombre que amo –dije con voz temblorosa y él jadeó sorprendido. –Te amo, Fredward Benson, aun duele, pero a tu lado puedo olvidar…
Él no respondió, solo acortó la distancia de nuestros labios y comenzamos con nuestra tortura personal. Las lágrimas caían libremente por nuestros rostros, era hora de perdonarnos, era hora de ser felices aunque no estemos preparados aun de gritarlo, quiero comenzar y él también.
Podía probar sus lágrimas saladas, pero sobre todo el amor que tanto profesaba. Cada beso me enviaba directamente al cielo, él era mi ángel y mi demonio al mismo tiempo. Era capaz de hacerme sentir paz y ardor en mi piel en un solo momento. Después de un rato, dejamos de besarnos y solo nos mirábamos fijamente a los ojos. Mi corazón comenzó a latir con fuerza y mi respiración acelerada junto a la suya dejaba entrever nuestra decisión, sería un gran paso y estaba dispuesta a intentarlo.
En silencio, comenzamos a caminar hacia la cabaña. La arena fría se deslizaba sutilmente entre mis dedos logrando relajarme. Ahora iba a vivir… y él viviría a mi lado.
Freddie se detuvo y se giró, solo estábamos a metros de la entrada.
-¿Segura? –Lo miré a los ojos y sonreí antes de besarlo.
-Más que nunca… -susurré con temblor en mi voz. Él entrelazó sus manos entre las mías, ya no tenía miedo.
