Capítulo 29:Guerra Interna

—Desgraciada Kikyo... —gruñó por lo bajo mientras ponía a remojar el tercer juego de tazas. Ya eran casi las 8 de la noche y aún no había terminado.— ¿¡Pero me lo hacen a propósito!?— le reclamó mesero al verlo entrar con otra tanda de platos.— ¿¡Desde cuando la gente encarga tanta comida!?

El mesero, un poco mayor que él, lo contempló con fiereza.

—Afuera llueve a cántaros y la gente aprovecha para resguardarse. Elegiste un muy mal día para no pagar tus gastos.— Dio media vuelta y se encaminó de regreso a la parte delantera del café.— Y debo avisarte que dejes de quejarte y sigas lavando, ni siquiera has cubierto la mitad de tu cuota con eso.

Inuyasha arrojó el repasador al suelo que calló rápidamente haciendo un ruido sordo por estar empapado de agua y jabón. No iba a permitir que lo explotaran de esa manera ¿Cuánto tiempo más debía aguantar allí? ¡Además de que ni siquiera sabía lavar un mísero plato! tampoco sabía si lo había hecho bien... en su vida había tocado eso que las mujeres llaman "detergente".

—¿Hay alguna manera de pagarte lo que te debo sin lavar, precisamente?— preguntó con tono mordaz.

El camarero pareció meditar su pregunta durante unos segundos, luego salió por la puerta y volvió al instante con un delantal negro y se lo arrojó, a lo que Inuyasha lo agarró en el aire.

—Si ayudas al cocinero podría reconsiderarlo.

—Bien... —aceptó entre dientes.

Se puso aquel atuendo y salió del fregadero murmurando millones de maldiciones para aquel desgraciado camarero. Si algún día tenía la oportunidad de inaugurar un café, se aseguraría de incluir camareras solamente. Caminó por detrás del mostrador hasta la puerta que daba a la cocina, en la otra punta del pasillo tras el mostrador.

El café estaba repleto, ahora entendía por qué tantos platos para lavar... casi todas las mesas estaban ocupadas... Quedaba solo una disponible... Que fue ocupada por una pareja que acababa de entrar por la puerta doble de vidrio... El de ojos dorados mantuvo la vista pegada a aquella pareja, hipnotizado, sus pies seguían moviéndose por sí solos, por lo que perdió el manejo del equilibrio y tropezó con ellos cayendo al suelo haciendo un terrible estruendo.

Las voces se apagaron al instante, por suerte, la barrera del mostrador impedía que lo vieran tendido en el suelo luchando por aclarar su mente y volver a levantarse, pero era más difícil de lo que parecía, no podía dejar de pensar en la escena que acababa de presenciar... ¿¡Qué hacía "ELLA" ahí!?¿¡Y por qué con él exactamente!?¿¡Por qué con el mal nacido de Kouga!?

—¿¡Qué es lo que te pasa!? —el camarero se agachó hasta que solo él pudiera oirlo.— ¡Estas haciendo un escándalo tremendo!

Inuyasha alzó un poco la cabeza sintiendo el impacto que había recibido contra el suelo de cerámica. Había caído con demasiada violencia... estaba seguro de que le saldría un chichón por como le dolía.

—¿Quieres hielo?— le preguntó distante, poniéndose de pié.

El chico se sentó y asintió lentamente mientras seguía frotando el lugar impactado. Por suerte, el silencio había cesado y ya nadie intentaba averiguar si se había matado. Cuando ya estaba un poco mejor, se asomó por la superficie del mostrador, la vista paranómica del café era excelente desde su posición y lo mejor era que la mesa de aquella pareja estaba no muy lejos de su puesto, por lo que podía escuchar todo perfectamente... mientras que nadie lo descubriera...

El joven de ojos azules intensos suspiró con pesadez sin dejar de contemplar a su acompañante, frente a él que miraba distraídamente por la ventana; Sus ojos estaban opacados, ojerosos y levemente rojizos.

El corazón de Inuyasha comenzó a latir con violencia, Kagome tenía un aspecto bastante deplorable... ¿Era por él? ¿Por la manera en la que la había tratado? Desde que era un ángel había odiado verla llorar... particularmente, la mayoría de las lágrimas de ella debían ser por su culpa... Ya estaba comenzando a odiarse otra vez...

Una mesera le entregó un pequeño budín de chocolate a ambos. Kagome comenzó a comerlo al instante, aunque Kouga apenas probó unos bocados, luego cruzó las manos sobre la mesa y se aclaró la garganta para hablar.

—¿Ya lo pensaste?— preguntó.

La chica dirigió su vista a él lentamente dejando el budín, luego la bajó y se removió en su asiento, incómoda. No tenía la señal de parecer responderle.

—Estas sola ahora, Kagome.— repuso con un tono de sequedad en su voz.— Quieras aceptarlo o no, ahora él ya no quiere hacerse cargo de lo que sucedió. Se que te trató mal, se nota en tu cara, el había prometido que no volvería a dejarte sola ni hacerte sufrir... Que poco hombre es...

Inuyasha estrujó su delantal hasta dejarlo arrugado ¿Pero quién se creía que era para decir esas blasfemias sobre él? Si tan solo pudiera ponerle las manos encima... pero eso incluiría anunciar que se encontraba allí y además tendría que justificar su acto... y realmente... ¿Por qué estaba tan "calmado" escuchando? Kagome ya no le interesaba en lo mínimo...

...Al menos, eso le ordenaba su cabeza...

—Ya lo se, Kouga, entiendo que quieras animarme y te lo agradezco sinceramente, pero no necesito que ayudes.

—¡Si lo necesitas!¡Necesitas olvidarte de él!

Inuyasha frunció el seño levemente al verla negar con timidez con la cabeza, parecía rehusarse a la realidad, parecía no querer olvidar lo que sentía... Su instinto le pedía a gritos que saltara aquel bajo muro que los separaba, que la abrasara y la consolara, que la perdonara y pedirle perdón por haber sido un imbécil con ella... pero... su orgullo le ordenaba otra cosa... había sido humillado y por ese motivo no deseaba ni siquiera verla a la cara, nunca más.

El joven tomó las pequeñas manos de Kagome entre les suyas (Lo que provocó un leve gruñido de cierto espía) y se irguió un poco sobre la mesa para estar más cerca de ella. Sus ojos profundos parecieron conmoverla levemente pues Kagome se había perdido observándolos, su mirada cargada de súplica de alguna manera le removía el corazón de pena.

—Yo puedo darte mucho de más de lo que él te hubiese dado. Solo dame una oportunidad...

—No-se-la-des... —susurró Inuyasha por lo bajo, entre dientes.

—Yo... — dejó de mirarlo a los ojos y separó sus manos de las suyas levemente.— No puedo, Kouga, ya no... ya no deseo saber más nada con los hombres... no quiero creer en ellos... ya no creo en el amor.

Fue como un espejo romperse para ambos, Kouga ya no poseía ni la más mínima chance de poder consolar a Kagome... e Inuyasha había perdido toda aquella pequeña esperanza de llegar a una disculpa con ella... Porque si ya no quería saber absolutamente nada del tema... Dentro de todo, tal vez estaba justificada; No quería seguir sufriendo. Igualmente, todo era por su culpa, ella ya no creía en el amor... ya no había oportunidad...

—¿Vas a quedarte allí todo el día?— preguntó una voz.

Inuyasha alzó la vista al hombre con la bolsa de hielo ya en la mano que lo contemplaba con suspicacia, pero ya no tenía aquella mirada severa para escrutarlo en sus ojos ámbar, ya no. Era como si su humor hubiese caído en el fondo de un pozo, a lo mejor, no se había sentido así anteriormente porque en lo más profundo, tenía el pensamiento mezquino de saber que mientras que Kagome siguiera fiel a su amor por él, siempre podría estas bien, jamás había roto su lazo con ella...

Se puso de pié y se dirigió a la cocina sin decir ni una palabra y siquiera echarle otro vistazo al mesero ni a la distante pareja sentada a la que había espiado anteriormente. Apenas sabía lo que hacía estando allí adentro, su mente no podía estar pendiente de otra cosa, aunque alcanzarle ingredientes al chef no fue gran cosa, al menos, prefería eso a que lavar platos.

Recibió una llamada al celular por primera vez en toda la noche, parecía ser Miroku.

—¡Inuyasha! ¿En donde te habías metido?

—Estoy pagando el dinero que le debo a un café, como ayudante.— respondió con la voz notoriamente apagada.

—Hay dios de ti... con esta tormenta ni tus padre pudieron contactarte, parece que todas las líneas están interferidas... —Miroku realizó una pausa incómoda.— ¿Te pasa algo? Tu voz esta... rara...

—No me pasa nada.— aseguró, no muy convincente.

—¿Seguro?

—Seguro.

—No termino de creerte.

Inuyasha suspiró.

—Siento como si le hubiese arruinado la vida a alguien... no se que me pasa, me siento terriblemente culpable.— confesó.

—¿Y por qué no te disculpas?

—No puedo. No me creo capas.

Miroku rió con una carcajada estridente, lo que molestó un poco a su amigo.

—¿Qué? ¿Desde cuando te crees inferior a un reto, Inuyasha? Confió en ti, amigo, se que lograrás que Kagome te perdone si poner lo mejor de ti.

—¿Cómo sabes que...?

—Siempre que estas triste por ella pones ese tono.— dijo con un tinte divertido en la voz.— Me mentiste, dijiste que no deseabas ni siquiera pensar en ella, que no te importaba ya. Eres un mentiroso... Bueno, nos vemos y mañana me cuentas todo con detalle.

—Si... eso espero...


Definitivamente... no podía, esto era más difícil que habérsele confesado cuando era un ángel. Se permitiría humillarse seguramente... no cabía ni la menor duda... Si lograba al menos pedir hablar con ella... ¿Y si se negaba? ¿Y si sus amigas intentaban defenderla?

Ya había pasado toda aquella primera semana en una lucha interna por decidirse a hacerlo. Interiormente, anhelaba volver a tenerla para sí, pero no podía... era completamente difícil saber preferir entre su mente orgullosa y su corazón.

—¿Nada?— preguntó Miroku mientras prestaba atención al grueso fajo de copias de Ciencias Humanas.

—No, aun no.— aseguró tras recostarse sobre el pupitre.— No se que hacer.

—Pues decídete rápido. Ella esta comenzando a curarse por cada día que pasa, puede que si se lo dices cuando ya se halla resignado completamente, te corte el rostro.

—Ella no es así... —Inuyasha chasqueó la lengua.

—Pero si lo es una mujer herida.

Suspiró. Si seguía con esa guerra interna, no avanzaría... Además, comenzaba a sentir un leve desprecio hacia su novia actual, siempre lo llevaba por los pasillos como si lo exhibiera por un pasarela, hablaba en un tono más subido de lo común cuando se trataba de decir un cumplido y comía demasiado para su gusto, lo hacía gastar de más cada tarde en un lugar diferente, aunque ya había aprendido la lección de llevar dinero de sobra.

—Ha, creo que Kikyo esta comenzando a perder su figura... — Miroku rió por lo bajo.— El noviazgo le cae mal.

—O es eso, o quiere hacerme gastar más de lo debido.— se lamentó tras otro suspiro de cansancio.— Pero a pesar de eso, la noto igual que siempre.

—Porque la ves seguido.

Inuyasha puso los ojos en blanco y no agregó más nada a la conversación.

Dos semanas más: 14 días más de lucha interna. Hacía mucho que no sabía nada de Kagome, hasta parecía los rumores se habían calmado bastante. Solo sabía de ella por Miroku, aún no se atrevía a cruzársela por ningún pasillo, por lo que siempre tomaba rutas alternativas... No estaba seguro de lo que haría al momento de verla a los ojos... Bankotsu no le importaba en lo más mínimo, después de todo, solo era una esencia, mucho menos que un alma, no estaba poseyendo a Kagome ni nada por el estilo, aunque la repulsión que había llegado a sentir no había sido por esa causa, sino por el hecho de haberlo hecho sentir poca cosa, algo menor como para compartir su secreto y para preferir esconderlo junto con Sesshomaru; Se había sentido un idiota.

Cada dia que había pasado había sido cada día de reconsideración, un castigo interno causado por su guerra. Todos se habían dado cuenta lo confundido y desanimado que se sentía, apenas hablaba con alguien, ya no mostraba aquella expresión herida y severa... hasta Kikyo se había dado cuenta, le había hecho ya un par de escenas de celos recalcándole que pensaba en otra menos en ella... y algo de razón tal vez tenía, la cuestión, es que estaban cada vez de mal en peor.

La pelea con sus padres parecía haber quedado en segundo plano, ya parecía todo olvidado siempre y cuando saliera con Kikyo lejos de ellos (como había expresado su padre).

Cerró los ojos y se permitió torturarse una vez más con sus pensamientos de culpabilidad. Había sido un idiota, había perdido lo más preciado que tenía en su vida por un tonto capricho... ni siquiera tenía el valor para enfrentarla... no podía hacerlo, temía verla a los ojos, temía su respuesta...

...Pero debía hacerlo...

Se decidió, no podía seguir esperando... Su habitación estaba en penumbras, solo alumbrada por la luz de los reflectores del amplio jardín que entraba por su ventana. Rebuscó su celular por toda la cama, tanteando con su mano. Cuando logró encontrarlo se dirigió a su agenda hasta localizar a la persona indicada, solo el número de su casa, no pensaba hacerlo a su celular.

Presiono el botón verde. Los puntos suspensivos anunciaron que estaba buscando la linea... y estaba llamando... Abrió los ojos inmensamente, tremendamente arrepentido ¿¡Pero qué diablos hacía!?¿¡Llamarla!? ¡Qué acto tan cobarde!

Rápidamente intentó colgar la llamada, pero su teléfono resbaló de sus manos sudorosas y calló entre la montaña de almohadones de la cabecera de la cama. Lo buscó como loco, sin rastros de encontrarlo...

—¿Hola?— preguntó su voz, ligeramente apagada, aunque no tanto como la última vez que la había oído.— ¿Quién habla?

Desparramó los almohadones arrojándolos hacia todas direcciones y así poder, al menos, hacerse paso entre ellos. Cuando pudo divisarlo, se arrojó sobre él como un depredador sobre su invulnerable presa.

—¡Ja, Maldito teléfono...!— exclamó triunfal al tener el pequeño artefacto entre sus manos.

—¿Inu... Yasha...?— preguntó la voz.

Hay no... ya estaba descubierto. Se ruborizó levemente, estaba haciendo el ridículo seguramente... ¿Qué contestar ahora? No iba a contestar nada, no podía hacerlo... simplemente cortó lo más rápido que pudo, aún no había sido descubierto completamente, al menos eso creía.


No podía concentrarse, simplemente era terrible por lo que estaba pasando. Pero, despues de todo, ya se imaginaba que eso pasaría y estaba comenzando a planear ciertas estrategias para poder, al menos retener su relación un poco más... Pero en el fondo sabía que no podía llegar mucho más lejos, aparte, su enemiga ya casi no le prestaba mucha atención: Había comenzado a ignorarla varias veces y otras le respondían sus amigas simplemente... la contempló desde atrás como si quisiera derretirla con la mirada. Parecía como si su tiempo de oro hubiese acabado ya, pero aún no, deseaba darle el golpe más severo posible... ¿Pero cómo?¿De qué manera?

Tzubaky le arrojó una bola de papel con un mensaje.

—"¿Qué te pasa últimamente?"

—"¿Cómo, no te entiendo?"

—"Kikyo, estas gor-dí-si-ma... deja ya de comer tanto cuando sales por ahí... ¿Tienes algún tipo de depresión o qué?"

—"Jajaja que raro tú con cosas raras"

—"¿Pero... no estarás... ya sabes... comiendo por... antojos?"

Kikyo leyó la hoja de papel por lo menos unas tres veces mientras en su cara se manifestaba una expresión de desconcierto. Tzubaky sonrió levemente, a lo mejor, había dado en la tecla... si no se equivocaba, ella e Inuyasha ya habían pasado a otro plano desde hacía casi medio mes... había muchas posibilidades de que su amiga estuviera esperando un niño si es que sus sospechas eran ciertas... y seguramente lo eran...

—¿¡Qué Kikyo qué...!?— exclamó Kagura con un grito ahogado en medio del pasillo en donde se lo había contado.

—Shh!!— Tzubaky la escudriñó con ojos maliciosos, lo había dicho demasiado alto y varias personas se habían volteado a mirarla con curiosidad... — Tampoco es para gritarlo, Kagura... Pero si, todo parece indicar que Kikyo tiene un hijo de Inuyasha.

Su amiga de ojos pardos y cabello negro atado en un delicado rodete frunció el seño, aún no podía comprender lo que oía, Tzubaky estaba irremediablemente loca... Kikyo era demasiado joven como para eso.

—¿No me crees?— preguntó.— ¿Cómo explicas la panza de Kikyo? Se nota que ha engordado un poco en estas semanas que ha compartido con Inuyasha, además la pobre se la pasa comiendo pero dice que no tiene hambre a veces... ¿Qué crees que significa? Kikyo esta EM-BA-RA-ZA-DA.

—No puedo creerlo... —susurró Kagura apretando los puños de rabia.— ¿Kikyo... con un pequeño bebé...? Es una desgraciada... solo hace eso para retener a Inuyasha... que desdichada es... Apuesto a que ni siquiera lo ama realmente...

Tzubaky sonrió de lado.

—Kikyo va a caer... —comentó mientras sus ojos negros relucían de emoción.— He visto como lo usa a Inuyasha, pero ahora él parece muy distraído pensando en otras cosas, se le nota en la cara que a pesar de todo le aburre estar con ella...

—¿Y qué deberíamos hacer?

—Hay que adelantar su ruptura, no me equivoco que Inuyasha piensa en eso, pero no sabe como hacerlo, tal vez: nosotras lo ayudaremos a adelantarlo.

—¿Cómo?— preguntó Kagura.

—Observa y aprende...

Tzubaky comenzó una escena dramática en un dos por tres; Cada persona que estaba a su alrededor se volteó para mirarla llorar (aunque era falsamente) mientras gritaba.

—¡Haa... que tragedia...! ¡Mi dulce amiga está esperando un bebé... un bebé que marcará para siempre su noviazgo...!¡Un bebé de Inuyasha!

Aquellos estudiantes que habían sido capas de oír a Tzubaky exhalaron gritos ahogados y el barullo entre ellos comenzó a crecer hasta que casi nada fue audible. Kikyo tenía 16 años, era muy joven para tener un título maternal; El trabajo de Tzubaky estaba hecho.

—¿¡Kikyo Akawa, la de primer año!?

—¡Pero es muy joven!

—¿Es de aquel apuesto chico de tercero?

—¡Imposible!

Kagura tomó a su amiga del codo y la acercó a ella hecha una furia.

—¿¡Pero eres estúpida!? ¡Si Inuyasha llega a enterarse no la dejará jamás!

La de ojos negros rió con estridencia.

—La estúpida eres tú, Kagura... esto hundirá a Kikyo en lo mas hondo... ya entenderás por qué te lo digo...


—¡Esto es serio, Miroku!— gritó su novia escandalizada.—¡NO PUEDE SABERLO!¡VA A DESTROZARLA!!!

—¡Yo no tengo la culpa, Sango!— Gritó Miroku para que lo oyera por sobre los de ella.— ¡Nunca se lo he preguntado!

—¡Hazlo cuanto antes...!¡O mátalo a golpes sino!

—Sango...— su novio la contempló con ojos llenos de súplica.— Cálmate...

—¡ELLA ES MI AMIGA Y ESTABA COMENZANDO A CURARSE!¿¡COMO QUIERES QUE ME CALME!?¡SI EL ROMPIMIENTO LA DESTROZÓ Y MÁS AUN SABER QUE A LOS POCOS SEGUNDOS LA HABÍA REMPLAZADO...! ¡¡¡IMAGINATE LO QUE LE HARÁ ESTO!!!

—Si, si lo entiendo... pero no hay la necesidad de matarlo por eso...— intentó justificarlo mientras la tomaba por los hombros suavemente.— Cálmate por favor...

Sango pareció ceder un poco de sus nervios y lo abrazó para buscar su contención.

—La adoro como si fuera mi inseparable hermana... odio que sufra tanto por el desgraciado de tu amigo... Inuyasha ni siquiera pensó en ella...

Miroku estaba a punto de desmentirla, de contarle lo mucho que Inuyasha pensaba en Kagome últimamente, cuanto la extrañaba, pero ya no serviría de nada decírselo, sería para empeorar la situación...

—Buenas tardes.— saludó una tercera voz.

La chica alzó la vista a él, furibunda. Sus ojos parecieron disminuir su tamaño al examinarlo.

—¡INUYASHAAAAA!

Él observó como Sango se soltaba de su novio y se arrojaba sobre él para golpearle el pecho, parecía furiosa por algo... jamás la había visto así ¿¡Pero que bicho le había picado!? Siempre que se encontraban, ella lo ignoraba completamente... ¿Pero ahora...?

—¡DESGRACIADO, MAL NACIDO, INÚTIL, RENCOROSO... NO PUEDES HACERLE ESTO A KAGOME!!!!

Inuyasha la sujetó por los puños para retenerla con el ceño fruncido.

—¿Qué le pasa a Kagome?— preguntó preocupado.

—¿¡Y ahora la llamas por su nombre!?— le gritó.— ¿Ahora, cuando antes ni siquiera querías que la nombraran?

—¡Dime, Sango!

—¡No te interesa lo que a ella le pase... eres un desgraciado...!

—Para Sango... —rogó Miroku sujetándola por los hombros para separarla de Inuyasha, pero ella estaba firmemente agarrada del uniforme de este, como si quisiera desgarrarle la carne.

—¿Pero qué hice ahora?

—¡TODA LA ESCUELA LO ESTA COMENTANDO; KIKYO AHORA TIENE UN BEBÉ!

Los ojos de Inuyasha se abrieron inmensamente por el susto y la sorpresa. Soltó a Sango y dio unos pasos atrás, su corazón latía alocado... Hay dios... no podía estar pasando... ¿¡Qué Kikyo qué!? Rogaba haber escuchado mal...

Reposó la espalda sobre el tronco de un árbol, sin ser incapaz de pensar con claridad lo que Sango le había gritado... ¿Toda la escuela estaba... con eso? Alzó los ojos al cielo... ¿Por qué razón Kami Sama lo torturaba tanto? ¿Ahora que iba a ser..? ¿Cómo demonios iba a...? Volvió la vista casi helada a Sango.

—¿Kagome lo sabe?— preguntó en un susurro.

—Aún no.— repuso cortante.— Pero no falta para que lo sepa... cuando salga de su clase de Inglés seguro que alguien se lo dirá...

—¡Tengo que pararla!— exclamó despegando su espalda del árbol y corriendo a toda velocidad hacia el interior del Instituto.

Miroku volvió a abrazar a Sango que se mantenía escrutando como Inuyasha parecía correr por salvar su vida...¿Lo hacía por Kagome?¿Lo había escuchado bien? A lo mejor si le seguía interesando después de todo...


Caminó a grandes zancadas por los pasillos buscándola. Su mirada taladraba a cada persona que se atrevía a murmurar algo relacionado con el "embarazo" de Kikyo. No podía permitirse semejante cosa... y si Kagome se enteraba de eso justamente ahora... lo odiaría en lo más profundo; no tenía ni la más mínima duda de ello.

La encontró caminado junto a su grupete de amigas.

—Contigo quería hablar... —le dijo tomándola por la muñeca. Su voz había sonado con un tono bastante gutural lo que produjo que ella lo mirara con un poco de susto.

Se encaminaron hacia un pasillo medianamente desierto donde ella lo enfrentó con la mirada. Apoyó sus manos sobre sus caderas intentando parecer desafiante también.

—No había razón para sacarme así.

—Si que la hay.— repuso cortante.— Voy a ir al punto, así que escúchame.

—Espero que no estés enojado... — inquirió tomando su brazo en enganchándolo con el suyo mientras le brindaba una sonrisa.— Demos un paseo, a lo mejor solo estas estresado.

Inuyasha sonrió de lado, pero con malicia.

—Ya no quiero saber más nada contigo.

Sus labios se movieron lentamente, articulando palabra por palabra con una tinte severo de frialdad. Sus ojos permanecían fijos en ella, amenazadores, por si se atrevía a armar una escenita de caprichos en aquel mismo lugar.

Kikyo soltó su brazo lentamente, sus manos cayeron a los costados de su cuerpo... todo ocurría tal y como lo había sospechado y su sonrisa se desvaneció pasando a ser una mueca de desagrado... pero no podía dejarla... era intolerante... no había razón...

—¿Qué dijiste?— preguntó con tono mordaz.

Él sonrió de lado con gesto burlón.

—Ya no quiero saber nada contigo, me canse de alguna manera, creo que se debe a que no soporto tus caprichitos ni tu comportamiento conmigo como si fueras una niña con muñeca cara: siempre estas alardeando y exhibiéndome como un trofeo, no soy un trofeo. Odio que por tu culpa estos malditos rumores estén circulando y me pongan en peores problemas cada vez. Ya no me importa nada de ti; Terminamos.

Vislumbró su rostro en Shock antes de dar media vuelta y marcharse a grandes zancadas. Pero antes de doblar el pasillo, una de las amigas de Kikyo se interpuso en su camino y todos levantaron las miradas a ellos al escuchar como alzaba un poco la voz.

—¿Acabas de dejar a Kikyo?— preguntó haciéndose la sorprendida.— ¿Que hay se su hijo?

—Feh! No puedo tener un hijo con ella, nunca tuvimos nada. Son puros chismes baratos.— pasó a aquella chica de ojos oscuros y salió de allí.

Todas aquellas caras seguían sorprendidas también ahora que había desmentido. Era la primera vez (oficialmente) que sentía tanto desprecio por una mujer. Y eso que solo habían salido tres semanas... Al menos pudo divertirse con ella por un corto tiempo. En el fondo siempre había sabido que él y Kikyo no durarían mucho tiempo...

—¿Cortaron?

—¿Con Kikyo? ¿la que tenía a su hijo?

—¡No es su hijo!¡Creo que nunca estuvo embarazada!

—Si, acaban de cortar...

Ahora ya no le interesaban los rumores, nunca le habían interesado del todo para ser sincero. Jamás le había importado lo que los demás pensaran de él, siempre había pensado igual... solo había una excepción cuando había conocido a Kagome, ella había sido la única chica que se había mostrado interesada en él, pero no como hombre, sino como amigo, como compañero...

Mientras seguía caminando, todas las miradas seguían clavadas en él, muy confundidas y curiosas... todas... todas...

...hasta la de ella...

Aquellos ojos castaños lo contemplaban de una forma diferente esa vez, era muy diferente a las demás... era asombro, si, de eso estaba seguro. Pero también timidez, pena y... nerviosismo, sus mejillas estaban rosadas... ¿Acaso estaría recordando cuando la había llamado, la noche anterior? Si estómago de encogió.

Kagome permaneció parada frente a él con unos cuantos libros contra su pecho, parecía que iba bastante apurada también. Ahora solo podía apreciarla como una estatua... ¿cuánto hacía que no la veía? Ahora que se había acordado, estaba tomando la ruta que durante esas semanas había evitado tomar... temía cruzársela... y ahora, finalmente, volvía a verla a la cara. Estaba aún mucho más hermosa que antes, su cabello podría decirse que estaba más largo y brilloso y habría crecido un poco más de estatura, aunque no tanto como Sango.

Ya no podía oír a los demás, era como si todos sus sentidos estuvieran puestos en Kagome de alguna manera. Frunció levemente el ceño ¿Pero qué hacia? Sus pies habían dejado de moverse desde que la había visto, recién se había dado cuenta, ahora permanecía tan estático como ella con el corazón latiéndole tan fuerte como si intentara salir de su pecho... era el momento... podía hacerlo... podía decírselo...

—Inu... Yasha... — pronunció su nombre lentamente, con timidez...

¿Por qué?¿Y ahora que diablos hacía? Había vuelto a ponerse en marcha y había desviado sus ojos de ella hasta un punto alejado. Pasó por su lado sin volver a mirarla mientras pronunciaba un nombre de una de las chicas que lo miraba en la otra punta del pasillo que no supo cómo había adivinado. ¿Qué hacía? Ni siquiera él lo sabía...¿Acaso su ego seguía herido y deseaba evadirla? ¿Este había ganado su lucha interna sin darse cuenta?

Aquella chica que respondía al nombre de Tzubaky (que recordaba que no hacía mucho habían hablado, creía que tal vez se trataba de una de las amigas de Kikyo) lo contempló con una sonrisa radiante.

Kagome parpadeó confundida al verlo pasar junto a su lado como si ella no estuviera ahí... ¿Seguía enojado? ¿La seguía odiando? Agachó la cabeza, era una estúpida, ahora ya lo había puesto en conclusión: Inuyasha no era quién la había llamado... podría jurar que era su voz aquella... pero parecía no serla... el Inuyasha que era ahora no se atrevería ni a pensar en llamarla. Siempre la había evadido y eso lo había notado... tomando otras nuevas rutas... reuniéndose en lugares totalmente alejado de los demás con unos amigos o con Kikyo... desapareciendo como si no existiera en aquel instituto... como si fuera solo una sombra para ella...

Se mordió el labio, que estúpida había sido pretendiendo que tenía una esperanza... que intentaba disculparse sin saber como... Inuyasha había cambiado... Se tragó sus penas, ya se había lamentado y había llorado mucho por él... ya no más. Hacía tiempo que había asimilado que su vida en aquel instituto se había transformado en un infierno... y que Inuyasha era su Demonio.

Ya no era una niña para seguir llorando... en unos meses ya iba a cumplir 16 años y no podía permitirse seguir siendo un bebé llorón. Se volteó hacia él y lo enfrentó.

—¡YA NO NECESITO QUE ME ESQUIVES PARA DEMOSTRARME QUE ME DESPRECIAS!¡AHORA SE COMO VIVIR MEJOR SIN TÍ!

No obtuvo respuesta, Tzubaky, la amiga de Kikyo, tampoco argumentó nada. Todo era un silencio sepulcral ¿En qué se había metido? Parecía una payasa en aquel lugar repleto de estudiantes. Volvió a voltear y caminó a grandes zancadas hasta el final del pasillo y se perdió en su bifurcación, más hubiera preferido perderse en la nada, para toda la eternidad.

Dejando atrás el tumulto, pasó por salón de Música donde vio a Rin tras la ventanilla de la puerta tocar el piano de espaldas a ella. Era raro verla tocar el piano ... por lo que sabía, su padre le había enseñado antes de fallecer en un accidente junto a su mujer, la madre de Rin.. siempre pensó que no lo hacía seguido porque ese acto le recordaba a ellos, pero sabía que cuando la veía tocar no significaba nada bueno... estaba triste cuando lo hacía, la mayoría de sus canciones eran algo melancólicas, pero no podía descartar que tocaba muy bonito.

Se metió al salón en silencio sin que la oyera para escuchar la canción, hasta cantaba... la canción era hermosa... a pesar de ser triste... realmente preciosa.

—"Las palabras que he soñado siempre, dulces palabras que quiero darte; Y no puedo dormir, necesito decirte... Te necesito... Cuando estamos juntos me siento bien; Y cuando me alejo caigo en depresión, pero me dices que no tienes secretos para mi. Tus ojos son tan brillantes, no puedo dejarlos de mirar. Al despedirnos me susurraste... "Niña, confía en mi, te extrañaré cuando no estés aquí, y no debes preguntarlo, sabes por quién vivo, Y sabes que moriría por tenerte. Quisiera quedarme contigo, de alguna manera te demuestro que eres mi cielo. Siempre estaré a tu lado... Y ahora nos volveremos a separar... "— comenzó a tocar un poco mas acelerado, una pausa instrumental que luego volvió a hacerse lenta.Algunas noches lloro antes de dormir, ahora estas conmigo, compartes mis sueños... Nunca pensé que se sentía... Nunca pensé en lo que es una vida sin ti..."

Dejó de tocar y se mantuvo sentada en el banco sin decir ni una palabra. De alguna manera, esa canción la había emocionado mucho, hasta había llorado en silencio, pero ahora que veía a su amiga tan triste se preocupó bastante ¿Por qué motivo estaba así?

—Rin...

—Se fue, Kagome... —susurró con voz ahogada.— Sesshomaru ya no está.

CONTINUARÁ


Hola!!!

Aca les dejo el capitulo 29, bastante largo, no? Jajaja estaba inspirada :p además de que no quería cortarlo, creo que puse mas de la mitad del capitulo 30 en este, es que me pico el bichito de la bondad y no les quise cortar... si hubiese cortado hubiese sido en la parte que Inu se enteraba que supuestamente iba a ser padre... muy joven para eso aún no?? Al final no paso nada con Kikyo, ella solo mentía para hacer sentir mal a Kagome (le gusta verla sufrir). Además comía para aprovechar la fortuna de Inuyasha de alguna manera jajajaj se tiene bien merecido que la halla dejado y que las amigas la hallan traicionado n.n (Ha, y Tzubaky es el nombre de la vieja que aparece al principio del fic, la que le lee el futuro a Kagome. La Tzubaky amiga de Kikyo sería algo así como su nieta pero no nombro la relación entre ellas.)

Inuyasha ahora ya esta empezando a sentir culpa por como trato a Kagome pero no sabe como disculparse, bien expresado ya y además, eso que hizo cuando la vio no fue a propósito, ya lo verán más adelante.

Sesshomaru desapareció, espero que ya se imaginen la razón, en el próximo capitulo Rin le cuenta a Kagome todo lo que paso y como sabe sobre Sesshomaru (acuérdense q hasta ahora ella no lo conocía oficialmente).

Ha, y la canción que toca Rin en el piano es YOU de Evanescence, es una canción bastante linda y cambié ciertas partes para que se adaptara a lo que le paso a Rin (y además para que Kagome también se sienta identificada).

Creo que por hoy escribí demasiado... necesito vacaciones :p jajajaja

Gracias por todos sus reviews... ya superamos los 210... no esperaba tanto, anuncio que este fic es el primero que hago OFICIAL jajaj los anteriores (un par que borre y otro que se me borro no cuentan porque no estaban bien hechos para mi criterio).

Saludos a todos!! Es especial a Yami!! Muchas gracias por ser mi editora!! Agradézcanle a ella también que me da muchas ideas para seguir el fic cuando me agarra la crisis de autor desinspirado .

P.D.: Por ahora Suky to Ienai se queda en el capitulo 1 como de muestra, lo continuaré CUANDO TERMINE ÁNGELUZ que no le queda ya mucho.

SALUDOS!!! NS VEMOS EN EL CAPI 30!!!

BELLE!!