29. En el blanco
Era de noche, años atrás en la vida que James Potter y sus amigos vivían seguidos de Harry. Remus y Sirius recorrían los pasillos de Hogwarts rápida y sigilosamente, porque no llevaban la capa invisible. James y Peter los esperaban en los terrenos para poder investigar la forma en que se convertirían en animagos con tranquilidad. Era rematadamente difícil conseguirlo, pero por Lunático todos estaban decididos. Como decía Sirius, "si acabamos convertidos en una masa deforme, al menos no nos reconocerán para echarnos la bronca por intentarlo".
Una luz negra pero brillante hizo que de repente se detuvieran, esperando que quien la hubiera invocado no los hubiera visto. Filch nunca se hacía notar tanto… Remus y Sirius pensaron lo mismo y mordidos de la curiosidad desviaron su camino. Provenía del aula de Defensa contra las Artes Oscuras, se asomaron despacio.
Allí estaba una chica de su curso, Roxanne MacBoon, aquella amiga de Evans, por la cual James parecía perder la mente a veces. La luz salía directamente de su varita, se la pasaba por el pelo como un peine. Cuando cesó, los dos chicos pudieron ver que su lacia melena tenía ese brillo negro. En ese momento no lo entendieron, pero se estaba pintando el pelo en secreto. Nadie debía saber lo que en realidad sentía hacia lo que era.
Mirándose extrañados, Remus y Sirius pensaron en irse porque tal vez MacBoon ya se iba de allí, pero no fue tal; sino que la chica se acercó a un armario cerrado al fondo de la clase. A medida que se aproximaba, parecía que el mueble la notaba y se movía agitado en consecuencia. Sin ningún tipo de miedo lo abrió pero con cautela y la bestia que salió de su interior hizo que ahogara un grito sorprendida. Por fin sabía cómo había sido cuando nació, nunca había tenido la ocasión de observar aquel ser chato, bajo y peludo de pelo castaño rojizo, igual al que se cubría de negro desde que tenía memoria. Sus cinco patas deformes le recordaron sus propias piernas delgadas; y pesar de sus fieras filas de dientes, en sí no tenía miedo del quintaped, aunque fuera la primera vez que veía uno y comprendía por fin tantas cosas que siempre le habían dicho sus padres.
No, lo que más temía Roxanne MacBoon no era un quintaped, sino que alguien la pudiera vincular a él. Que alguien supiera que si tenía destreza, fuerza y distinguía olores con facilidad no era un don, era parte de lo que quedaba de su naturaleza. Que a veces fuera ácida, poco amistosa… era lo que más temía, no poder sentir nada hacia nadie.
-El boggart de la clase de ayer.- susurró Remus a Sirius de forma inaudible.
-¡Lupin!. ¡NO!- Roxanne agarró al boggart y lo encerró en el armario de nuevo. Rápidamente, antes de poder reaccionar, la puerta tras la que los chicos estaban escondidos se halló de par en par, descubiertos.- ¡Y tú!. ¿Creéis que estoy sorda?
Los metió dentro de la clase.
-Darle vueltas a las cosas es algo que considero absurdo y una pérdida de tiempo.- propuso directamente.- Mira, yo sé lo que te pasa, y si tú no cuentas lo que estaba haciendo, te aseguro que no tendré un porqué para decir lo tuyo.
Remus puso cara de no entender.
-¿De qué hablas?
-No te hagas el tonto, porque yo esas cosas las noto.- Remus, observando en su rostro si podía estar seguro, estaba serio.- ¿Ves necesario que lo diga?- añadió impaciente.
-Quiero saber de lo que hablas.
-Venga ya, sé que eres un hombre-lobo.- Lupin cerró los ojos aceptándolo con dolor. Sirius se molestó por su tono dejado y poco sensible, y sacó su varita.
-¡Cómo se lo hayas dicho a alguien, te preparas!. ¿Cuánto hace que sabes lo de Remus?
Remus intentó mediar sus palabras coléricas y preguntó a la chica:
-Era un quintaped¿me equivo…?
-No quiero que en vuestra vida lo nombréis.- cortó Roxanne brusca.- Nunca, del mismo modo que yo jamás he dicho nada a nadie. ¿Acaso gano algo haciéndole la vida imposible a Lupin? Tengo una relación especial con ese animal y por esa razón he podido sentir que Lupin es algo más que un hombre.
-Al menos lo tengo aceptado.- replicó Lupin firme, irguiéndose.
-No te metas. Ni tú tampoco.- dijo a Sirius. Luego volvió la vista al armario, concentrada y desviando la mirada que le hacían ambos chicos.- Necesitaba verlo un instante.- abrió la puerta y se volteó para decir unas últimas palabras.- Ahora me voy, donde esté Sirius Black sin James Potter es que a éste no le queda mucho para llegar.
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Harry corría todo lo que daban de sí sus piernas. Suerte que aquella vez no había tardado en percatarse del peligro. Sostenía con fuerza una caja color verde suave que despedía un embriagador olor. Harry llegó hasta la linde del bosque prohibido y la arrojó dentro, la caja cayó sobre una piedra enorme después de dar varias vueltas. Harry dio la vuelta y no hubo dado cinco pasos cuando un pájaro se posó sobre ella atraído por el aroma y desapareció junto con la caja. Harry espiró fuertemente por haber aguantado la respiración y con alivio, había salido bien. Ya iban cuatro cajas con el mismo sistema que aquella en lo que llevaba del mes de febrero, y aún más con otros. Todas para Lily, ninguna para bien.
-¿Quién hay?- susurró Lily con titubeos. Estaba terminando una redacción para el profesor de Pociones en su pasillo solitario de siempre. No le quedaba nada y tenía ganas de irse porque desde hacía rato notaba pequeños ruiditos cerca de ella. Quizá la tenía más inquieta que ya tuviera la noche encima. Continuó escribiendo. Repentinamente, pudo notar con claridad un nimio roce y su túnica se balanceó. Lily pegó un chillido, recogió los papeles y libros de forma muy desordenada y se marchó corriendo.- ¡Peeves, como seas tú se lo contaré a la profesora McGonagall!
De debajo de una capa invisible aparecieron Sirius y James. Éste se encontraba contemplativo.
-Quien la hizo estaba pensando en mí… hace mucho que no me caben dudas.
-Pues vaya con la prefecta, ya quiere ir a chivarse de alguien…- comentó Sirius sin escuchar a James. Se volvió a él sonriente.- ¿Cómo la torturas de esa manera? Cualquier día pierde el miedo y das una vuelta a la luna de un tortazo.
-O tres.- respondió su amigo.- ¿Tú sabes lo que es tenerla tan cerca y no poder tocarla un poquito siquiera? Es la peor tentación del demonio.
-Pero acabará pensando que está loca, y no precisamente por ti.
-Bueno, eso es lo de menos… Ha valido la pena. Vámonos a la Sala Común.
Hasta allí llegaron y se reunieron con Remus Lupin y Colagusano. Se notaba que poco antes también Lily había aparecido en la Sala Común, porque gesticulando y algo alterada parecía estar contando el susto de hacía momentos. Con David, Dianne y Emily, Lily no sentía que alguien más, oculto bajo su capa invisible, oía más entretenido que asustado su experiencia parapsicológica.
-Tengo unas ganas locas de que llegue la luna.- murmuraba en voz baja Sirius mientras hacía la misma redacción que Lily.- Ir sólo detrás de Evans y pegar a Quejicus es un rollazo.
-Yo también quiero que llegue, pero porque esa zona detrás del muro me dejó muy intrigado. Qué pena que se acercara el amanecer entonces.- añadió Peter acordándose de la última aventura.
-Me pregunto qué habrá. La última vez que fuimos no estaba.- dijo Lupin.- Pero aún queda mucho para la siguiente luna.
-Así que mientras tanto, Canuto, sólo te quedan Evans y Snape.- resolvió James con una sonrisa a su amigo.
-Sí, triste¿eh? Aunque me alegro de que para ti eso sea en cambio la felicidad completa.- reconoció Sirius.
-Yo que sé elegir mis intereses.- contestó James pasándose la mano por el pelo y aire autosuficiente. A ninguno parecía importarle el susto que le habían dado a Lily, a quien en ese momento David tranquilizaba tomándola por los hombros. Entonces ella levantó las manos mientras decía que se encontraba mejor y subió a su dormitorio. James se fijó en esto último y mientras hacía un mohín infantil y apretaba la cara impotente y resopló:
-¡Todo lo que yo daría por subir hasta ahí arriba!
-Ya, ya, Cornamenta, no te martirices.- le recomendó Sirius con guasa. James agarró su varita y le mojó la cara mediante un hechizo.
Lily llegó hasta el cuarto y se tumbó en la cama. Tras un breve espacio con la cabeza hundida en la almohada fue hasta el baúl a sus pies y del fondo fondo extrajo un cuaderno negro. Luego de un calcetín sacó la bola dorada que Potter le regaló por Navidad y la puso en funcionamiento. La música que empezó a sonar era crispante, con mucho contraste entre las notas, pero bella. Lily había comprobado todas las veces que la música de la bola era siempre bella, incluso tanto que alguna vez la había hecho soltar un par de lágrimas si la pillaba sensible.
Acomodada de nuevo en la cama, Lily sacó la pluma y comenzó a escribir inspirada por la música.
Al rato subieron Emily y Didi acompañadas ya por Roxanne. Como siempre, ninguna le preguntó a ésta qué había estado haciendo, o dónde.
-¿Pero tú crees que es de mentira? Ya serían ganas de marear la perdiz.- aseguraba indecisa Emily.
-Ese tipo de cosas no hacen bien a nadie.- terció Dianne.
-Precisamente por eso me lo espero.- replicó Roxanne tirándose a lo bestia sobre la cama.
-¿Hola?. ¿De qué habláis?- inquirió Lily molesta porque no le habían hecho caso al entrar. Cerró el cuaderno, pero mantuvo la página entre los dedos.
-Es probable que no lo creas:- advirtió Emily acercándose a ella.- Charles Weaver me ha dicho que su hermana ha visto a Towner y a Hill juntos de nuevo.
-¿QUÉ?. ¿Después de la que montó con Roxie? Mira que ese tío es idiota.
-Algo así digo yo. Pero agravo más los adjetivos.- reconoció ella.
-¿Tú qué piensas?
-Lo normal. Que no quiero saber cómo saldrán los hijos.
Todas estallaron en una carcajada.
-Ah, en serio, ya sabéis lo que pienso de Towner, que haga lo que quiera. Mirad, yo entendí que él no quiere a Hill. Han estado separados todo este tiempo y ahora vuelven a salir¿alguien me lo explica? Después del sopapo que nos metió a los dos, no deberían volver ni a mirarse. Para un favor que le hacen a la Humanidad…
-Puede que aunque estuviera con ella por ti, Hill le acabara gustando.- razonó Dianne mientras se ponía el pijama.- Y ella le haya…
-¿Ves? Sabes que Evelyn Hill no es el tipo de persona que perdona, y menos al primero que la deja. Que ya es tener valor.
-Pero si amor…- dijo Lily en bajo. Roxanne alzó las cejas y puso los ojos en blanco, pero no replicó nada.
-Quién sabe. Lo que está claro es que han vuelto.- concluyó Emily por que la conversación no acabara con las palabras de Lily. Entonces todas se callaron para comenzar a desvestirse y preparar la mochila para el día siguiente.
Al día siguiente, Harry se levantó pronto porque deseaba pasar cerca de James y Lily toda aquella mañana. Estaba seguro de que podría intervenir de algún modo y quería aprovechar al máximo. Sabía que lo mejor era reservarse para cuando ellos tuvieran tiempo libre y pudieran hacer lo que quisieran, pero había decidido hacía tiempo saltarse esa norma. Como también llevaba varias semanas investigando en los libros que le ofrecía la Sala de los Menesteres: cualquier cosa podía servir en un momento dado.
Ya preparado, entró en la Sala Común para esperar a que sus dos padres bajaran. Varios estudiantes iban de aquí para allá, y otros sobre la mesa se copiaban los deberes atrasados. Probablemente se iría detrás de Lily porque tenía que analizarla más a ella.
-¿Baja Dianne o no baja?- preguntaba Lily mientras descendía por las escaleras, con su uniforme impecable recién colocado y poniéndose la mochila en la espalda.
-Que sí, ya estoy aquí. Pero¿y Roxie?
-Aún se está vistiendo.- respondió Emily con la cara pálida de sueño. Tropezó en el último escalón, pero se recompuso sin caer. Harry soltó una risita, Emily tropezaba casi todas las mañanas en el mismo sitio. Desde que se convirtiera en ella le había cogido un cariño especial y la había conocido mejor por lo que pudiera pasar. -Pero dice que vayamos llegando, que ella no se quedará muy atrás.- añadió Emily pellizcándose las mejillas para que tuvieran algo de color.
-¡Bueno, venga, -aceptó Lily con nerviosismo- es que ya vamos algo tarde hasta los invernaderos!
Exacto, rápidamente llegaron a la carrera; Roxanne apareció pocos minutos después y justo entonces la profesora Sprout detrás de ella para dar comienzo la clase.
-Bien, alumnos, como ya os tenía asegurado ayer- empezó con energía después de saludar.- hoy vamos a comprobar cómo se han desarrollado las plantas autofertilizantes en un solo día. Señor Black, usted confiaba en que no alcanzarían el tamaño de un higo. ¿Puede ahora explicarnos la razón de este crecimiento desmesurado?
-Por supuesto que sí, profesora.- contestó Sirius con una gran sonrisa matutina.- Eso se debe a que la planta se ha encontrado todo el día de ayer en condiciones óptimas de autocrecimiento y al hallarse en la fase de semilla, siente más deseos aún de crecer y segrega el jugo con el que se autofertiliza.
-Eso está bien, cinco puntos para Gryffindor. Después de este pequeño repaso cortesía del señor Black, os recogeré los ejercicios sobre su cuidado desde la creación de la semilla hasta que la planta muere. Os recuerdo que es en extremo importante este tipo de redacción para los EXTASIS. El año pasado sólo superaron su examen seis estudiantes, una gran decepción…
-Si fuera verdad cada vez que ha dicho que algo entró el año pasado, no comprendo cómo no continúan haciendo el examen a día de hoy.- comentó Didi adormilada mientras hurgaba entre los pergaminos en busca de la redacción.
-¡Ah, Dios…!- Lily, a su izquierda, ahogó un chillido con la mano en la boca.
-¿Qué? No me digas que no la tienes.- se preocupó Roxanne al instante.
-No, digo sí, dásela.- se la alargó para que se la diera a la profesora Sprout, que las iba recogiendo por las mesas.- Es esto…
Extrajo levemente algo que sólo Dianne pudo ver, ya que estaba a su lado. Ni Harry que muy cerca procuraba no perder detalle, consiguió verlo.
-¡Pero cómo traes eso!- le gritó en voz baja también alterada.
-¿El qué es? Dilo ya.
-Es mi diario.- susurró Lily casi inaudiblemente.- El que me regalaron por Navidad.
-¡Ah! Por un momento pensé que era tu vida embotellada.- ironizó Roxanne restándole importancia.
-Pues más o menos.- replicó Lily muy nerviosa.- Como alguien se entere y consiga leerlo, ya puedo irme despidiendo de mi cara porque como sea me la cambio.
-Pero ¿qué pone?- inquirió Dianne inocentemente tomándose más en serio que las otras las exageradas palabras de Lily.
-Hombre… -ella movió las manos elocuentemente, alterada.- creo que te puedes hacer una idea de lo que pone…
-Ah¡ah!- cayó ella volviendo la vista hacia donde estaban sentados los merodeadores. Lily la asentó hacia ella cogiéndola por los hombros, se había puesto algo colorada y más nerviosa.
-¡Loca, está mirando!- susurró. Era verdad que James tenía la vista puesta hacia allí.
-¡Señorita Leonowens! Está usted preparándose para los EXTASIS y antes parece una niña de primer curso. –le advirtió severa la profesora Sprout con los últimos pergaminos en las manos. En realidad, gran parte de la clase las miraba por los pequeños chillidos de las chicas.- Que no tenga que volver a repetírselo porque se queda después de clase.
Didi no dijo nada, bajó la cabeza como lamentándolo mucho. Harry mientras tanto se divertía de lo lindo, y como viera susurrar a James y Sirius, se acercó a ellos para oírlos.
-¿Y si hacemos que las castiguen con nosotros? Creo que sería una buena experiencia.- proponía James con algo de malicia. Harry no se sorprendió como lo habría hecho cuando llegó, solían hacerlo alguna vez que otra con cualquiera. Hasta él lo hizo en una ocasión.
-¿Y cuál es la excusa?- preguntó Sirius. Siempre tenía que haber como mínimo una justificación no necesariamente lógica.
-Evans no me respondió a la carta de San Valentín. ¿Te lo puedes creer?- soltó James indignado burlonamente.
-¡Con lo que te trabajaste aquellos versos!. ¡A por ellas, porque de verdad se lo merecen!
Entonces, con el cuidadoso disimulo de siempre, comenzaron a acribillar a las chicas para que cometieran multitud de errores: les arrancaron ramas de las plantas bubónicas cuya pus no se hizo esperar; Emily rompió dos tiestos y Roxanne, por quien los chicos no estaban en realidad interesados, dobló una pala de la rabia. La guinda fue cuando Sirius, ya cansado de intentarlo, arremetió contra la joya de la profesora Sprout, una buganvilla llorona especialmente sensible que comenzó a llorar un jugo pegajoso, el cual dejó pegados a dos chicos al suelo.
-¡Evans y Ross, quedáis castigadas! Llevaréis un mal día pero tenéis que arreglar los desperfectos… y que sepáis que van diez puntos menos para Gryffindor. La clase ha terminado… ah, mi pequeñina, no llores más…- consolaba como podía la maestra ante la pena que transmitía la planta con sus llantos y suspiros, que era imposible continuar con normalidad.
-Encima, regalo.- sonrió Sirius completamente encantado mientras recogía su libro.
-Ah, Sirius, ahora que lo pienso¿nosotros no teníamos castigo con McGonagall por aquel rollo de pegar a Snape al sapo cornudo?- preguntó James despacio. Menuda metedura de pata… Sirius puso cara de ángel.
-Bueno, pero lo de San Valentín es que no tenía ningún perdón.
James se encogió de hombros aceptándolo y Peter comenzó a preguntarles qué pensaban hacer en la siguiente hora, libre.
-¡Didi, no puedo quedarme con el diario!- decía Lily presa de los nervios. Lo sacó y tapándolo lo más que pudo se lo metió en la cartera.- Vete hasta la torre y escóndelo bajo la cama.
Entonces se volvió corriendo con Emily, totalmente enfurruñada, para recibir el castigo de la profesora Sprout.
-Pues yo creo- respondió James a Peter cómplice.- que voy a leer un rato.
-¡Cornamenta, que te veo!- exclamó Lupin.- Eso es de lo más personal.
-Pues por eso.- replicó seguro.- No te preocupes, Lunático, no se me va a notar.
-Cuidado con Leonowens.- aconsejó Sirius.- Es de las que puede ponerse a chillar como te sorprenda.
Peter se rió ante la ocurrencia y Lupin no añadió nada más, pareció concentrarse en cerrar su ya bien cerrada cartera. Sacaron la capa invisible, Peter se convirtió en rata para ocupar menos y poder intervenir raudo si era necesario y comenzaron a seguir a Leonowens. Rápidamente ella se encontró con su amigo David.
-¿Qué tienes?- le preguntó sonriente al verla con una cara de misterio. A Dianne no le resultaba ocultarle algo a David.- Ven, quiero enseñarte una cosa.
-Es que tengo que ir a la torre un momento…- pero no pudo continuar ni sus palabras fueron oídas: David la cogió de la muñeca y la arrastró. Los merodeadores la siguieron, Dianne se dejaba llevar olvidando momentáneamente la petición desesperada de Lily.
Recorrieron varios pasillos y pasaron detrás de un tapiz que cubría una falsa pared. Los merodeadores se detuvieron porque no podían retirarlo mientras ellos pudieran darse cuenta, Peter pasó por debajo y les indicó el momento justo. Él se adelantó aún más curioso y cuando pudo llegar donde Di y David estaban se quedó suspendido sobre sus dos patas.
La habitación se asemejaba particularmente al Gran Comedor: a dos palmos de sus cabezas los invadía un cielo azul marino nocturno que encantaba, y cientos de estrellas, más brillantes unas que otras, con multitud de ellas por todo el techo se dispersaban.
-¡Ah, pero David…!- Dianne estaba asombrada, sentía que era una de las cosas más hermosas que había visto.- ¡Es como estar encima de una nube!
-Ha sido un regalo de mi abuela para Astronomía.- explicó él mirándola complacido, más feliz que ella de que la ilusionara tanto.- Pero en cuanto lo vi supe que también tenías que verlo conmigo.
Dianne dejó la mochila en el suelo y elevó la mano para poder tocarlo como con miedo de que le fuera a hacer daño.
-No, no lo toques.- David lo impidió justo a tiempo.
-A que se lían.- susurró Sirius divertido en el oído de James.
-Morboso,- le chistó Remus- coge tu diario y vámonos.
Sin añadir nada más, James avanzó un poco bajo la capa y golpeó a Peter suavemente con el pie. Despertando, la rata comenzó a hurgar sigilosamente en la cartera de Dianne y extrajo una libreta. Arrastrándola como pudo salió de aquella habitación.
No obstante, pasado un rato, el éxito se desvaneció:
-Después de todo el esfuerzo me siento estafado…
-No exageres, Cornamenta.
-¡Sirius, está en blanco!. ¡No hay una sola palabra escrita en una sola página! Ni siquiera pone lo típico de "Esto es tan súper-secreto que como alguien se entere perderé mi vida social".- se quejaba James con enfado, poniendo una voz afinada.-¡Ni siquiera está mi nombre!
-Tampoco está el de Evans.- recalcó Lupin, mientras en sus manos daba vueltas al cuaderno intentando encontrarle algo especial.
-Tiene que haberlo encantado bien la condenada para que no podamos leer ni una sola letra.- justificó Sirius cogiéndole el diario a Remus.- Ya hemos probado muchas cosas.
-Yo soy de la opinión de que si Evans verdaderamente lo ha encantado para que no lo lea nadie, será imposible de leer. Propongo dedicar nuestras vidas a mejores metas que andar robando diarios por ahí.- concluyó Remus con un deje reprobatorio.- Parecéis reporteras de Corazón de Bruja.
James se pasó la mano por el pelo mirando a otro lado, ligeramente avergonzado.
-Ahora habrá que devolverlo¿no?- dijo Peter, que no había hablado en todo el rato.- Evans debe de estar histérica, puede que aún no sepa que se lo hemos quitado.
-Sí, bueno…- Sirius se levantó de las escaleras en la entrada exterior de Hogwarts, y comenzó a pasar sus manos enguantadas por las nalgas.- Me estoy helando el culo aquí afuera.
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-Mira, si tu "seudo-novio" tiene algún complejo no quiero que me he eches la culpa porque él sea medio idiota¿estamos? - chillaba Roxanne lejos de donde Dianne se maravillaba con David. Discutía con Evelyn Hill y Holly Blair.
Hill no paraba de burlarse de ella, y daba a entender a Roxanne que le faltaba algún dato por saber.
-¡Si es que todavía cree que él la quiere algo! MacBoon, no te creía tan ilusa.- contestó Blair.
-Quiero que ya lo sepas de una vez, despiertes a la realidad y dejes de pensarte como la protagonista: no te creas ese cuento bonito de que sin ti, él y yo nada. Dice bastante de tu coeficiente intelectual.- añadió Evelyn.
-Recoge tus palabras, que de tantas que te salen no sabrás responder por la mitad.- advirtió Roxanne cauta. No sabía qué añadiría ella, y aunque sentía curiosidad, sentía muchos deseos de echar a andar y no oírla.
-¡Oh, que si sabré!- volvió a reírse.- Me desahogué contigo. No me gustaba la idea de que mi novio tuviera la cara marcada aunque fuera por mi mano.
-¿A mí que me cuentas, Hill?. ¿Crees que me interesa, o que será el chisme que mañana sabrá toda la escuela?- chilló Roxanne en este punto.- No dejas vivir en paz a nadie, todos tienen que saber que existes. ¡Pero resulta que a nadie le importa!
-¡Rictusempra!. ¡A él sí que le importa!- gritó Hill, y Blair silenció el hechizo.- ¡Mírala, Holly, si sabe reír!. ¡Quién lo hubiera dicho de Roxanne MacBoon!
-Si sólo las personas pueden reír.- añadió Holly concienzudamente. Evelyn la miró dándole la razón. Se acercó a Roxanne, que se convulsionaba ahogada por las carcajadas y tanto que una fina saliva le caía de la boca.- No se sabe de dónde vienes siquiera.
Entonces, haciendo un buen esfuerzo, Roxanne alargó uno de sus brazos chillando entre sus estruendosas y silenciadas risas y agarró con una fuerza increíble la pierna de Holly, la cual no tenía más protección que la media del uniforme.
Hill, con sus reflejos en duelos, supo detener rápidamente a Roxanne retirándole la maldición. Ella soltó entonces a Blair y recobró la respiración poco a poco, en el que ambas chicas decidieron irse de allí. Roxanne se sentía abatida, sabía que antes se era capaz de herir con la palabra que con un buen golpe.
Harry, que la había seguido desde el momento en que se separó de Dianne Leonowens, se quedó mirándola tirada en el suelo un breve rato, madurando una idea nueva. Sería dolorosa, pero sabía que no podía ser mala. Quizá fuera la solución a su problema. Tenía que intentarlo.
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A pesar del barullo que como era normal había en la Sala Común, Lily esperaba impaciente a que llegara Dianne para recuperar su diario. Durante todo el castigo de la tarde (el cual había tratado de arreglar todo lo estropeado y compensar a la buganvilla con un buen abono de dragón), había estado nerviosa y preguntando que dónde y cómo estaría su preciado diario. A Emily, la única con la que se encontraba, ya le dolían las orejas de oír lo mismo. Entonces apareció Dianne con su cartera a cuestas. Lily esperó a que se sentara y comentara dónde había dejado a David para preguntarle a continuación:
-Didi, venga, devuélveme el diario, por favor.
-Párate, que lo busque…- comenzó a revolver entre sus libros. Entonces chilló:- ¡Lily…!- miró alrededor y bajó el tono de voz.- Tu diario no está aquí.
-¿Qué!- gritó ella, y también bajó la voz.- ¿Estás segura? Yo misma lo metí en tu mochila¿qué has hecho con él?
-Te aseguro por lo que más quieras que no he abierto la mochila, Lily… ¡pregúntale a David! Justo le venía diciendo que por no haber hecho nada esta tarde se me va caer el pelo en clase¡es verdad!
-Vale, Di, vale.- paró Lily, consternada y creyendo a Dianne, que no tenía ninguna maldad.- Con lo despistada que eres se lo tendría que haber dejado a Roxie o habérmelo quedado; eso habría sido más seguro.
-Ya no se puede salir a buscarlo, es tarde.- comentó Emily mirando por la ventana la negrura de la noche.
-No soy tan tonta como para salir a buscarlo ahora.- respondió Lily queriendo dejarlo muy claro.- No estoy tan desesperada. Pero lo mejor será que vaya encontrando hechizos o viendo qué puedo hacer. El hechizo accio no creo que sea suficiente.
Acto seguido subió al dormitorio y Emily y Dianne la siguieron. Mientras Lily buscaba entre sus libros de encantamientos, Dianne escuchaba la canción que salía de la bola dorada, posada encima de la mesa. La tensa música de violines de Lily asustaba y se la había acercado para oír su propia melodía, piano y flauta dulce. Emily observaba las imágenes, un hermoso paisaje de primavera.
Entonces, repentinamente, entró Roxanne en la habitación. No daba signos de la humillación sufrida, se lo había guardado para ella. Su cercanía a la bola dorada hizo que la armoniosa melodía de Dianne trocara en notas con silencios, contrastadas con otras muy fuertes. La imagen era una paloma blanca y antes de que pudieran ver que mientras volaba le sangraba el pico, Roxanne misma cerró el aparato.
-Qué bonita….- susurró Dianne al observar al ave, ya encerrada en la bola.
-¿Sabéis qué me ha pasado hoy? Venía Lily conmigo¿verdad?- comenzó Emily con ánimo, cambiando la posición en la cama y sentándose a lo indio.- Íbamos caminando por el séptimo piso y nos cruzamos con un niño de tercero. Se le cayó una hoja de papel, pero no paró a recogerla. Era bonito lo que ponía, algo así como que "quien ama, ensancha su alma"¿a que sí, Lily?
-Muy raro.- apuntó ella levantando la vista del libro.- No sé quién era ese chico, me sonaba de vista. Parecía tímido por como caminaba.
-A lo mejor está enamorado de ti, Emily.- bromeó Dianne entre risas.- Es demasiada casualidad.
-Si quiere conmigo que me lo diga en condiciones.- continuó ella con la broma mientras reía.- Que se están perdiendo las buenas formas a pasos que dan vértigo. Por cierto¿alguien ha corroborado lo de Towner y Hill?
-Yo.- Roxanne levantó la mano mientras jugueteaba con la bola, parecía haber estado pensativa.- Ella misma se ha tomado la molestia de dejármelo claro.
-¡Roxie!. ¿Pero qué ha pasado?- preguntó Lily acto seguido.- ¿Qué te ha dicho?
-Pues, a grandes rasgos, que Towner está muy colado por ella. Pero es una burla a la inteligencia de cualquier ser que intentara explicármelo.- recordó Roxie. Hill había dicho en Navidad que también había pegado a Towner¿para qué intentar luego el decir que no, que sólo había sido a ella?
-¿Qué quieres decir?- inquirió Emily.
-Es que la encontré contándoselo todo a Holly Blair¿sabéis?- respondió mirando la bola, con calma.- Se mosqueó conmigo cuando recayó en que podía haberla oído de casualidad, pero nada grave. No oí nada y, aparte, a mí me da igual lo que haga o deje de hacer con ése.
Emily chasqueó la lengua, sonriendo.
-¡Cómo eres!
000000000000000000000000000000000000000000000000000000000
¡Hola! Poca vergüenza la mía, lamento tantísimo, tantísimo este retraso, con lo que ya tardo de por sí… mi padre, que sin piedad ni aviso se me llevó el ordenador con el capítulo dentro.
Creo que me sale otro capítulo más. Bueno, creo no, me sale otro más. Así que, Blackmoonlady, puedes ver que sí te quiero jejejeje. Y sí, después de este fic, puede que me dedique a algún one-shot y me vuelva con La dama del Amanecer, hace ya tiempo dejada para continuar con ésta.
Saludos y abrazos a todos, gracias por vuestros reviews:
RL-P
26 de Septiembre
