Pensé que no iba a llegar a actualizar porque estuve de viaje hasta hoy, ¡pero logré terminar el capítulo recién! Creo que es el más largo de todos hasta ahora, y por algo es que es el último también :') No puedo creer que ya se termine... pero bueno, así es la vida (?) jajajaja. De todos modos, como ya les dije, aún queda el epílogo. En fin, ¡disfruten! :D

CAPÍTULO XXVIII

Tragué saliva y cerré los puños con fuerza para calmarme… Probablemente no había escuchado bien.

- ¿Qué hizo qué? – pregunté casi entre dientes.

- Me besó…

Cerré los ojos para no explotar… No podía ser verdad. Él no podía haberla besado… no podía.

- Fue totalmente imprevisto, yo estaba con los ojos cerrados y él me sorprendió… Pasó al ratito de que te fueras…

Los abrí para enfrentarla… Había algo que tenía que saber antes de enfurecerme como sabía que estaba a punto de hacer.

- ¿Y tú…? ¿Le correspondiste?

Ella movió la cabeza inmediatamente en señal de negación.

- No, ¡claro que no! Me alejé apenas caí en cuenta.

Asentí, en parte relajándome un poco ante esa respuesta, pero todavía sin poder tranquilizarme del todo. Él la había besado… Aun con el anillo en su dedo y el bebé en su vientre, el muy descarado se había atrevido a besarla.

- ¿Él te trajo hasta aquí?

Rachel permaneció en silencio.

- ¡Responde! – insistí.

- ¡Sí! ¡¿Qué pasa con eso?

- ¡¿Cómo que qué pasa? ¡Significa que te quedaste con él incluso después de que… de que te besó!

- ¡Pues sí! ¡Porque me pidió perdón!

- ¡¿Y tú lo perdonaste?

Ella se encogió de hombros, cual si no comprendiera qué habría de malo en que lo hubiera hecho.

- Es mi amigo, Finn… Tuvo sus razones, y las comprendo. Además, ¡prometió no volver a hacerlo nunca más!

Las uñas de mis dedos comenzaron a lastimar mis manos debido a la creciente presión que estaba ejerciendo al mantener los puños cerrados.

- ¡¿Lo estás defendiendo?

- No, no es eso, es sólo que…

- ¡Basta! – la interrumpí - Creo que ya me dijiste suficiente, ahora es MI turno de decirle bastantes cosas a ÉL. – anuncié mientras caminaba hacia la puerta.

- ¡Espera, Finn! ¡Ni siquiera sabes dónde vive!

Y antes de que ella pudiera detenerme, cerré de un portazo y desaparecí del departamento.


Rachel's POV

Finn no había contestado su celular desde el momento en que partió, y sabía que lo tenía consigo pues algo que lo caracterizaba era llevarlo siempre en el bolsillo de sus jeans. Me preocupaba terriblemente dónde podía estar, qué podía estar haciendo, si estaría solo o si de veras habría ido a buscar a Jesse. Sus celos, al menos hasta donde yo sabía, parecían no tener límites, y temía que alguno de los dos terminara en el hospital si es que el destino jugaba sucio y los hacía encontrarse.

Me destruía el hecho de que pocos segundos antes de que le contara la tan catastrófica noticia, él me había recibido con el más cariñoso de los abrazos, brindado las más suaves de las caricias, y plantado el más dulce de los besos. ¿Cómo es que las cosas podían darse vuelta tan rápido entre los dos? ¿Era su nuevo enojo únicamente debido a Jesse, o es que estaba enfadado conmigo también?

La mesa aún seguía perfectamente puesta, sin cambio alguno ya que no me sentía exactamente con apetito después de lo que acababa de ocurrir. El sólo pensar en que ese momento podríamos estar ambos disfrutando del almuerzo, felices y contentos, me mataba. Lo peor era que esa tarde teníamos un compromiso muy importante al que asistir juntos, y si él no aparecía, debería ir sola, lo cual definitivamente no sería lo mismo.

¿Por qué? Pues porque ese compromiso era nada más y nada menos que la primera cita con el ecógrafo para ver a nuestro bebé. Habíamos estado esperando con ansias este día desde hace tanto tiempo, y parecía increíble que justo hoy pasara lo que pasó. Ver a la criaturita dentro de mi vientre allí, en vivo y en directo, tan pequeñita, iba ser simplemente alucinante, y si Finn no estaba a mi lado, el pobre médico tendría que ser quien soportase mis inevitables sollozos.

Tras horas de esperarlo, comenzó a acercarse el tiempo del turno, y no tuve otra opción que pedir un taxi por teléfono. Apenas llegó, me subí a él y le di la dirección al taxista, sintiéndome miserable durante todo el recorrido hacia el hospital dado que Finn debería ser quien estuviera conduciendo, y no ese desconocido al que tendría que pagarle por llevarme.

Una vez en mi destino, fui guiada hasta la sala de ecografías donde me pidieron que me acomodara sobre la camilla hasta que llegara el médico. Obedecí, y me dispuse a esperarlo con el mejor ánimo posible. Sí, Finn no estaba, pero eso no quitaba el hecho de que estaba a punto de ver a mi bebé por primera vez… Nada ni nadie podría arrebatarme esa emoción.


Finn's POV

Corrí por los pasillos del hospital con toda la velocidad a la que me vi capaz. No podía perderme ese momento, pues si lo hacía no me lo iba a perdonar jamás: ni Rachel, ni yo mismo. Era bastante irónico, a la vez, que en caso de lograr llegar a tiempo, a la única persona a quien debería agradecérselo sería a él.

Flashback

Tras dejar a Rachel, me sentí un completo idiota por pretender buscar a Jesse desconociendo su paradero, dirección, o número telefónico siquiera. Sin embargo, para mi buena fortuna, tuve la gran idea de llamar a Kurt quien, totalmente despistado por la raíz de mi inquisición, pudo conseguirme quién sabe cómo dónde encontrar al hombre en cuestión.

Me dirigí en mi camioneta hasta dicho lugar, la furia creciendo a lo largo del camino, y golpeé la puerta del departamento impacientemente. Jesse la abrió con confusión en la mirada y, entonces, verlo en vivo y en directo fue la gota que colmó el vaso para que mis celos explotaran. Imaginarme ese repugnante rostro sobre los labios de mi prometida pareció ser algo mucho más fuerte que mi cabeza y, cuando menos lo supe, mi puño derecho se encontró estrellándose sobre él.

Jesse se recompuso, sangre bajando de su nariz debido al golpe, y me invitó a pasar mediante un además con la mano. Lo miré con desorientación, mas él insistió y, sin haber nada que perder, cedí.

- Siéntate, iré a buscar un poco de hielo. - avisó.

Tomé asiento en la primera silla que vi cerca, y mientras lo esperaba comencé a contemplar un poco lo que me rodeaba. Así fue precisamente cómo divisé un portarretrato con una conocida cara como protagonista. No estaba él en la fotografía, sólo Rachel sonriente y tan hermosa como siempre. Lo tomé en mis manos para observarlo mejor, y por mucho que me molestaba que Jesse tuviera una foto de MI novia en su departamento… esa sonrisa, esos ojos oscuros en los que me quedaba perdido cada vez que se cruzaban con los míos, me impidieron pensar en nada que no fuera lo mucho que la amaba.

- Es preciosa, ¿verdad? - me distrajo la voz de St. James de repente, sentado al frente mío sosteniendo un pedazo de hielo sobre su nariz.

- Preciosísima... y sólo mía. - agregué con frialdad.

Él asintió con una pequeña sonrisa.

- Supongo que te contó del beso...

- Supones bien.

- Escucha, Finn... No tengo excusas. La besé, y aunque sé que no debí haberlo hecho, no puedo mentirte en que no me arrepiento.

Estuve a punto de levantar mi puño otra vez, pero él me interrumpió prosiguiendo.

- No me arrepiento porque gracias a eso estoy seguro ahora de que ella no me corresponde ni me va a corresponder nunca. De que te ama tanto como yo la amo a ella, y eso sí que es decir mucho. Así que me retiro del juego... Quiero que sea feliz, y sé que tú eres el único que puede garantizarme aquello.

Quería defenderme, decirle todo lo que a mi punto de vista se merecía... pero nuevamente el rostro angelical de ese portarretrato me detuvo. Ese tipo podía ser quien encabezaba mi lista negra, pero por sobre todas las cosas era un amigo de Rachel... y agredirlo a él, era lastimarla a ella.

- ¿Prometes no intentar nunca más algo como lo de hoy? – inquirí.

- Al menos no en contra de su voluntad.

Lo fulminé con la mirada.

- Sólo bromeo. - rió - De veras, quédate tranquilo. A partir de ahora me borraré del mapa.

- No... Eres parte de su vida, no te voy a alejar de ella. Es más... - lo consideré por un momento antes de hacer algo de lo que después podría arrepentirme. – deberías venir a nuestra boda.

Al momento de enviar las invitaciones, Rachel había querido que a él le llegara una, pero yo la convencí de que no, usando como argumento que sería incómodo para él debido a sus sentimientos. Sin embargo, después de esta pequeña plática que acabábamos de compartir, me pareció que sería importante para ella que él estuviera allí, y yo quería que recordase esa boda como perfecta en todos los sentidos... aun si eso implicaba la presencia de Jesse allí.

- ¿De veras?

- Mi prioridad también es su felicidad… - contesté con una sonrisa de medio lado.

- Gracias, Finn. Les deseo de corazón lo mejor en su matrimonio, y no tengo dudas de que ese niño o niña será alguien tan maravilloso como sus padres.

Y entonces lo recordé… ¡La ecografía! Entre todo este drama se me había olvidado por completo, y al encender mi celular, entre cientos de llamadas perdidas y mensajes de Rachel, noté que ya casi era la hora del turno. Le expliqué a Jesse mi situación, y tras despedirme salí prácticamente volando hacia el hospital.

Si él no hubiera mencionado a nuestro bebé, lo más probable habría sido que se me hubiese pasado, y aquello no tendría perdón. Finalmente ingresé a la sala de ecografías, y mi corazón dio un vuelco al encontrar los ojos del amor de mi vida cubiertos en lágrimas, y clavados en una pantalla donde se estaba proyectando la imagen del interior de su vientre.

Me acerqué a Rachel, sentándome de rodillas al lado de la camilla donde ella estaba acostada, y finalmente me detuve a observar por primera vez a mi bebé. Ahí estaba… aquella cosita tan minúscula era el producto de nuestro amor… y no podía ser más perfecta a mis ojos, aun sin haberse formado del todo todavía. Me volteé hacia Rachel con mi mirada ya humedecida también, y le dediqué una sonrisa a la que ella no tardó en devolver.

- Viniste… - pronunció.

Tomé su mano en la mía y deposité un pequeño beso sobre su superficie, entrelazando después mis dedos con los de ella por completo.

- Claro que sí.

- ¿Puedes creer que en serio está pasando? ¡Seremos padres! – exclamó emocionada.

- Viéndolo con mis propios ojos es mucho más creíble… pero siempre supe de algún modo que lo seríamos.

- Los dejaré solos. – avisó el médico, cuya presencia no había notado hasta entonces, retirándose de la sala.

- ¿Dónde estabas, Finn? ¿Por qué no contestaste ninguno de mis llamados? ¡Me preocupaste!

- Lo sé… lo siento. Te seré honesto… estaba con Jesse, y…

- ¿Lo golpeaste?

Asentí, algo avergonzado.

- Está bien… no te aflijas, entiendo perfectamente por qué lo hiciste… - me animó.

- No, pero… Todo terminó mejor de lo que pensé.

Rachel frunció el ceño, confundida.

- Ya hemos hecho las paces… - continué – Incluso lo invité a la boda.

Sus ojos se abrieron como platos, y no pude evitar reír ante su tan adorable reacción.

- Rach, lo siento mucho… de verdad. Desde anoche no he sido más que un total imbécil, y no te mereces que me comporte así. Por cierto… hay algo de lo que he querido hablarte desde esta mañana.

- ¿Qué ocurre?

- Bueno… la verdad es que nuestra discusión después de la cena con Kurt y Blaine me dejó mucho en que pensar y… he decidido ingresar a una universidad.

Llevó las manos a su boca, sorprendida, al tiempo en que los ojos se le iluminaban como pocas veces los había visto hacer.

- ¡¿Hablas en serio?

- Sí, he estado averiguando, y la NYU me interesa muchísimo. Lo malo es que no sé cómo podré conseguir dinero si es que me llegan a aceptar…

- Eso es lo de menos, ¡tonto! Contamos con la ayuda de nuestros padres y mis propios ingresos. Y no te van a "llegar a aceptar", te van a aceptar. De eso no tengo ninguna duda.

- Gracias, amor… Sin ti aún estaría buscando aburridos puestos de trabajo en los clasificados del New York Times… Me inspiraste a seguir mi corazón, y eso es algo que solamente tú, como la dueña de él, podría haber hecho.

- No, gracias a ti… Por invitar a Jesse a la boda, por estar aquí que seguro te habrá costado muchísimo… por todo.

Estiré mi mano hacia su rostro, acariciando su mejilla suavemente.

- Gracias por aparecer en mi vida y darme una razón para vivirla, Rachel Berry.

Ella sonrió.

- Gracias por hacerme la mujer más feliz del mundo, Finn Hudson.

Me arrimé a sus labios, y los cubrí con los míos en un delicado roce mientras buscaba su mano nuevamente.

- Te amo tanto… - murmuró ella al despegarnos.

- No tanto como yo a ti, mi vida.

Y así, con la imagen de nuestro adorado bebé acompañándonos, nos hundimos en un apasionado beso, más que preparados para compartir el resto de nuestras vidas juntos, pues nada ni nadie podría separar jamás a dos almas gemelas como lo éramos nosotros.

Awww, más tierno este Finn jajaja. ¿Qué les pareció el final? ¿Y el flashback? Espero que les haya gustado, y confío en que me lo harán saber en sus bonitos comentarios. Muchas gracias por leer, por sus reviews, tweets, ¡todo! Ha sido muy lindo escribir esta historia, pero mi parte preferida es compartirla con ustedes :') Nos leeremos en el epílogo que ojalá pueda publicar el próximo domingo. Espero que puedan descansar esta semana santa, ¡y felices Pascuas para todos!

Love,

Mari.