El discurso de siempre :P Nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la autora de la historia es MissWinkles, yo solo traduzco.
Muchas gracias a mi querida amiga y Beta Erica, por seguir acompañándome en este nuevo año que inicia.
N/T: Por lo general no hago esto, porque se supone que este tipo de notas van al final, pero creo que para que disfruten de una parte de este capítulo es necesario.
(1) Crabs – en español se traduce como "cangrejos" o "ladillas" una enfermedad de transmisión sexual.
Veintinueve
Algunas veces no sabes qué es amor hasta que se te rompe el corazón.
Al filtrarse por mis persianas la luz del amanecer, frío y gris, y la lluvia golpea mi techo a un ritmo constante, es entonces que siento dos corazones sincopar sus últimos latidos. Nuestros pechos están tan juntos que no puedo distinguir mi latido del de Edward.
Puede que esté frío, húmedo y gris afuera, pero dentro de mi recámara, en una mañana fría de los últimos días de febrero, está más caliente que el sol.
Con mis piernas rodeando sus caderas, mis brazos alrededor de sus costillas, y mi cabeza enterrada en la curva de su hombro, no me siento lo bastante cerca. Mis dedos se deslizan por su piel resbaladiza por el sudor, nuestras respiraciones mezclándose, solo para calentar aún más nuestros sobrecalentados cuerpos. Mientras se mueve encima de mí, sus dedos agarrando la cabecera de mi cama, cada centímetro de mi piel demanda que lo acerque más, que lo lleve más profundo, que lo abrace con más fuerza.
Es desesperado, y lento, y callado, y lo único que evita que las lágrimas caigan por mis mejillas hacia las suaves sábanas limpias de mi cama es la oleada de calor creciendo en mi centro.
Su nariz roza mi mejilla, sus suaves súplicas para que abra los ojos se quedan cortas porque no puedo soportar abrirlos—ver el amor que los dos sentimos, pero que no podemos encontrar las palabras para explicar.
No ha sido perfecto, nuestro viaje. Pero si pudiera hacerlo todo de nuevo, no lo haría de ninguna otra manera. Ni un solo segundo.
No hay suaves declaraciones de amor, ninguna palabra susurrada de adoración, pero cuando abro mis ojos, encontrando un resplandeciente azul que me hace marear y que mi cuerpo se sienta ansioso, la verdad de su amor me llega hasta los huesos.
Él sabe que lo amo. Lo sabe porque se lo digo bajito cuando hace algo que hace que mi corazón palpite y mi pecho se expanda. Se lo digo en un grito cuando me lleva a la cima del éxtasis, y después se lo digo en un leve susurro. Se lo digo con mis ojos cuando nos miramos a través de una habitación.
Él es mío y lo sabe.
¿Y cómo sé que me ama?
Sé que me ama por la forma en que me mira; con sus ojos azules mirándome intensamente a la cara cuando pierdo el control debajo de él. Lo sé por la gentil caricia de su mano contra mi espalda baja cuando estamos con amigos. Por la forma en que todavía sonríe cuando nos vemos, incluso si solo han pasado unas cuantas horas de no estar juntos.
El amor no son palabras para Edward y para mí.
Son miradas cómplices a través de una mesa llena de gente.
Es una tostada con mantequilla en la cama, con la cantidad correcta de Vegemite, untado hasta las esquinas justo de la forma en que a él le gusta.
Está incluso en las mañana cuando me despierta; frío y fresco, oliendo a mar.
Es saber lo que quiero antes de quererlo.
Y ahora tengo que dejarlo ir.
Con su mano agarrando mi cadera, tira de mí para que encuentre las erráticas sacudidas finales de sus caderas, su gemido bajo y entrecortado pasando por mi pecho cuando se derrumba sobre mí, relajándose, cayendo y estremeciéndose en su propia liberación.
Callados, nos quedamos enredados en mi cama por un rato, su cabeza en mi pecho, mis piernas aún alrededor de sus caderas. No me importa si estoy pegajosa por el sudor y nuestro amor. No me importa si no puedo sentir mi brazo derecho. Quedan solo unos minutos hasta que su alarma suene, los dos lo sabemos sin siquiera mirarla.
"Me esperarás, ¿verdad?"
Me mira, y levanto mi cabeza para mirarlo.
"No seas estúpido."
Con su cabeza una vez más contra mi pecho, me da un apretón, su cabello corto rozando la parte inferior de mi seno.
"Son solo ocho semanas. Dos meses. No es nada."
Trato de reconfortarlo, a sabiendas que ya se siente mal por irse. No quiero que se preocupe por mí mientras no está. "Sí, lo sé."
Desde Melbourne, él y Emmett volarán a Indonesia, de ahí sigue Tahití, Río, Fiyi, y luego a casa otra vez. Todas esas hermosas playas e islas lejanas con arena blanca y agua clara como el cristal—me gustaría decir que no estoy celosa, pero sería una mentira.
Retirándose de encima de mí, Edward pone el edredón encima de su cabeza, cubriéndonos a los dos y bloqueando la luz de la mañana.
"Tal vez solo pueda quedarme aquí."
Sí. Quédate.
"Eres un idiota. ¿Qué es lo que harías?"
Se siente calor bajo las mantas, pero lo rodeo con mis brazos de todas formas.
"Trabajar en la tienda, enseñar a los niños. Creo que puedo hacer que los turistas me paguen por enseñarles a surfear."
Ruedo mis ojos. "¿Y tendría que ver a la mitad de las chicas turistas ahogándose," mis dedos hacen comillas en el aire, "con la esperanza de que las salves? Creo que no."
"¡Oh!" Sus cejas se elevan. "Celosa, ¿eh? Sabes que solo eres tú, nena," dice, tratando de sonar meloso pero dando la impresión de ser un poco pendejo.
"¿Solo yo?" Lo empujo para quitármelo de encima y quito el edredón, feliz por la ráfaga de aire fresco. "Hay tres en esta relación, y lo sabes."
Edward se rueda sobre su espalda, alcanzando su alarma. Apagándola, se queda sobre su espalda, una arruga formándose entre sus ojos. "¿Eh?"
"Estás tú," digo, arrojando una pierna sobre él y sentándome a horcajadas. "Estoy yo." Edward asiente, tocando mis tetas expuestas cuando me inclino hacia delante, mi rostro a solo unos centímetros del suyo. "Y está la enorme perra azul de agua salada allá afuera."
Se echa a reír mientras acaricio su hombro con mi nariz, inhalando en él el aroma a piel caliente y horas de amor. "Claro, claro, no podemos olvidarnos de ella." Dice con un suspiro, dándole a mis tetas un último y suave apretón. "Aunque, diría que tú le sigues de cerca." Entierro mis dedos en sus costillas, agarrándome con todas mis fuerzas mientras corcovea y se retuerce debajo de mí, riéndose. "Está bien, está bien. Estoy bromeando, sabes que estoy bromeando."
El hecho es que estoy feliz por seguirla de cerca. Sabía cómo era Edward desde el principio. Demonios, incluso Jasper me advirtió que nada se interpondría entre Edward y su tabla. Y el hecho es que no soy el tipo de chica que interfiere con un amor así. El mar puede ser una amante seductora que lo aleja de mí mientras la mañana está todavía nueva y oscura, y cuando las olas son buenas, o básicamente cada vez que hay olas de más de medio metro de alto. Pero al final del día me siento segura al saber que soy uno de los dos amores de Edward. Puede que se levante y me deje a mitad del día al escuchar el sonido de un mensaje de texto—sin duda de alguno de los chicos diciendo '¡Hay muy buenas olas!'—pero siempre vuelve conmigo a casa cuando termina con ella. Puede que el mar sea una perra seductora, pero tiene crabs (1), y yo orino en el océano todo el tiempo.
Y la ganadora es…
Toma una respiración profunda. "Será mejor que me levante."
Bueno. Algunas veces ella gana la partida.
Rosie ya está levantada, en la cocina preparándose un café mientras Emmett carga el coche.
Le pico la cadera con mi dedo al caminar a su alrededor. "Hola."
Su sonrisa en respuesta es forzada, y sé que es todo lo que me puede dar sin llorar. Su cuchara tintinea contra el costado de la taza mientras revuelve su leche y el azúcar.
"El hervidor todavía está caliente," dice.
La melancolía de la situación influye en el humor entre nosotras, y de pronto toda la alegre charla en la recámara se siente como una pérdida de valioso tiempo.
Emmett está igual de callado al moverse entre el coche y las recámaras, recogiendo las cosas de Edward y metiéndolas en su van. Va a ser extraño no ver ese pedazo de mierda de brillante color amarillo paseándose por el pueblo. Por un breve momento desearía haber discutido con Edward sobre llevarlos al aeropuerto, solo para poder sentarme una última vez al frente y respirar el familiar aroma a interiores de piel agrietada mezclada con goma de menta y cera de tabla. La idea de la van del color de los rayos del sol sola en el aeropuerto, esperando el regreso de los chicos, me pone un poco triste. Aunque la idea de Edward, a miles de kilómetros de distancia, sentado en una playa tropical iluminada por el sol me pone incluso aún más triste.
Pero es mejor así. Como arrancar una bandita.
Puedo escuchar a Edward moviéndose de un lado al otro entre el baño y la recámara, reuniendo sus cosas. Con un té en la mano, lo sigo al baño, observando cómo mete su cabello crecido bajo su gorra.
"¿Tienes todo?"
Me mira en el espejo del baño, sus ojos diciéndome que está sintiendo todo lo que siento. "Sí, eso creo."
Metiendo su cepillo de dientes en su maleta de mano, se da la vuelta y toma la taza caliente de té de mis manos, colocándola en el tocador del baño.
La bebida caliente que pensé que me calmaría borbotea en mi estómago, hasta el punto que me preocupa que vaya a salir como entró. Definitivamente todavía no estoy preparada para esto.
"Te mandaré un mensaje antes de subir al avión." Sus dedos rozan la parte baja de mi espalda, deslizándose por debajo de mi camiseta de algodón. Escondiendo mi rostro en su camiseta, tomo una última respiración larga y profunda, inhalando el aroma que había llegado a conocer como suyo.
"Quiero que llames a Jasper si necesitas algo, ¿está bien?"
Tiro de su camiseta, tratando con todas las fuerzas que me quedan de mantener el momento relajado. "¿Lo que sea?"
Sonríe sin ganas. "Hace un mes probablemente hubiera aceptado tu oferta, pero ahora no estoy tan seguro."
"Lo sé. Está prácticamente fuera del mercado."
Los dos tratamos de reír, pero no hay humor en ello, y solo se esparce en el aire entre nosotros. Sus brazos abrazan mis hombros con fuerza, nuestros cuerpos unidos hasta nuestras caderas. Cuando me besa, me niego a pensar en ello como un último beso, pero lo memorizo de todas formas; la suave piel de sus labios, el sabor a menta de su aliento mañanero, la sensación de su mano; caliente y delicada contra mi mandíbula.
"Te amo," susurra contra mi boca, besando el punto donde sus palabras calientan mi piel.
Mis dedos se aferran a la tela de su camiseta, reticentes a dejarlo ir. "Te amo muchísimo."
Pero lo dejo ir.
Con mi mano en la suya, caminamos lentamente hacia la entrada, donde está parada la van. Emmett y Rosie están junto a ella, susurrando bajito, y observo con un nudo en la garganta cuando Emmett la besa una vez en la mejilla, y luego de nuevo en la frente antes de abrir la puerta del lado del pasajero y subir.
Con un firme apretón de mi mano, Edward me deja con un beso pero sin sonrisa. Una de las primeras cosas que noté de Edward fue su sonrisa; la forma en que ilumina sus ojos y lo mucho que parece hacerlo. Desearía no ser yo la que hiciera desaparecer esa sonrisa de su rostro.
Esto es lo que él quiere. Esto es lo mejor.
Tan pronto como una mano se vacía la otra se llena; los dedos más pequeños y de estructura más delgada de Rosie envolviendo los míos a medida que la van cruje al poner la reversa, y se aleja lentamente de la entrada. Esta vez no regresa por un segundo o tercer beso; solo la parte trasera de la van.
Cuando la van da vuelta a la esquina y se convierte en solo un rugido en la tranquila mañana, un suave sollozo se escucha a mi lado. Rodeando sus hombros con mis brazos, dejo que Rosie llore bajito en mi hombro, sus lágrimas empapando mi cabello y mi cuello.
No sé por qué yo no lloro. Es como si el nudo en mi garganta pareciera bloquear las emociones que sé que están ahí, pero que me esforcé demasiado por ocultar por el bien de Edward.
Limpiando sus mejillas con rudeza con el dorso de su mano, Rosie traga con dificultad, tomando una respiración profunda y temblorosa.
"¿Quieres ir a nadar?" Le pregunto, haciendo un gesto hacia la playa.
La indecisión cruza por sus hermosos rasgos, su piel dorada manchada y rosada por sus lágrimas. Al final dice que no, y como la última vez, volvemos a meternos a la cama donde pasamos la mañana dormitando y esperando los últimos mensajes de texto que dicen que el vuelo de los chicos está a punto de salir.
Un día.
Un día es todo lo que me voy a permitir para hundirme en la miseria. Después de eso no hay nada que pueda hacer más que obligarme a aceptarlo e iniciar el conteo.
Dos meses y medio.
Diez semanas.
Setenta días.
Buaaaa! Estos dos hacen que me muera de amor, no solo Bella está sufriendo por la despedida, el pobre de Edward también, hasta el grado de considerar quedarse. Pero Bella sabe que su vida es el mar, hasta la compara con una amante que siempre se interpondrá entre ellos, pero tanto ama a Edward que está dispuesta a soportarlo y apoyarlo. Pero bueno, el calvario apenas está empezando, ¿lo soportarán? Ya lo veremos. Espero que les haya gustado y como siempre espero ansiosa sus opiniones, ¿qué fue lo que más les gustó? Por favor, recuerden que sus reviews son un incentivo para seguir con este trabajo y ayuda para que las autoras den más permiso para traducción.
Para las que preguntaron por un Edward POV les agradará saber que el siguiente es precisamente un Edward POV, espero tenérselos pronto ;)
Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: paosierra, Hanna D.L, AliciaGA, sabeloque, Alfa, freedom2604, Brenda Cullenn, Tata XOXO, lagie, Antonia, Adriu, bbluelilas, Wawis Cullen, Srher Evans, Ali-Lu Kuran Hale, tulgarita, Milh Llop, Gabriela Cullen, somas, Chayley Costa, YessyVL13, Nayeli, carolaaproboste.v, Merce, Techu, Fernanda A, Mss. Brightside, becky grandchester, injoa, patymdn, Berltin, angelabarmtz, Mafer, LicetSalvatore, Sully YM, glow0718, lizdayanna, Manligrez, DenniChavez, Ericastelo, jovipattinson, Yoliki y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo.
