Capítulo 29: El réquiem de la Genetista

-Debería darte las gracias, humano.-Dijo el pokémon telepáticamente a Roy, mientras este lo observaba atentamente. Su presencia hacía miedo. ¡No! Era algo más. Era aterradora. Sus ojos, de platino brillo, se clavaban en él, y parecía que le iba a desgarrar el alma con su presencia, de haber existido esta. El Xatu que estaba situado detrás del Ranger Negro al observar esa presencia, le dejó un mensaje mental a su amo.

-Creo que la mujer a la que has matado, representaba una especie de bloqueo de seguridad ante su poder.-

-Así es, Xatu.-Dijo mentalmente el humanoide psíquico, mientras empezaba a levitar. El Sneasel lo golpeó tremendamente con sus zarpas siniestras, pero este cerró su mano y la abrió violentamente originando de la nada una inmensa llamarada que lo redujo a cenizas.

Un paso hacía atrás. Era lo máximo que pudo hacer en ese momento, mientras lo que parecía el esqueleto de su Sneasel precipitaba contra el suelo, donde descansaría eternamente.

Más allá, cerca de la torre, la muchacha, de rodillas, se agarraba con la mano sana la herida, se notaba mareada. Muy mareada. Su cara estaba pálida, y el hecho de tener que sacar de dentro suyo el arma afilada le había supuesto un universo de dolor.

Sí. Lo había visualizado, y así lo veía en la sonrisa muerta del fiambre que descansaba en el suelo, habían perdido. No podían enfrentarse al poder definitivo con dos pokémon psíquicos. Estaba claro que aunque el Mewtwo no pudiese usar sus poderes psíquicos contra ellos, podría emplear otros ataques para reducirlos a polvo.

-No desfallezcas, niña.-Dijo Roy agarrándola para que no cayera del todo al suelo por el dolor. El Xatu lo había teletransportado cerca de ella. A su lado.

Era extraño. Era una figura tenebrosa, pero, parecía inspirar tranquilidad. Su rodilla hincada en el suelo, y con la otra agarrada elegantemente sobre su codo propiciaban un buen ángulo de soporte de su cuerpo. Sus manos la agarraban levemente, con algo de miedo, pudo notar.

Eran suaves. Lo notaba por encima de todo el dolor. Era algo muy diferente de lo que parecía aparentar en batalla, o en cualquier otro lugar. ¿Acaso simplemente actuaba? ¿Quién era él?

-Te rindes muy fácilmente.-Dijo él con voz suave. Era la primera vez que lo oía hablar así. La agarró con mucho cuidado, y la dejó reposar en la torre.-Esto te va a doler, pero puede llegar a servir.-

Sintió un tremendo dolor en su herida, y vio como este se la estaba quemando con un extraño aparato. Su mirada era tan distinta a la de antes.

El pokémon psíquico se estaba rodeando mientras tanto de un aura potencialmente violenta, de la cual sobresalían una especie de deflagraciones de energía psíquica.

-Con esto aguantarás un poco más. Haz todo lo que te diga yo, y te prometo que saldrás viva de aquí.-Dijo él. Se quitó el sombrero y se lo puso a ella. Hizo lo mismo con la gabardina, mostrando una camisa blanca con botones algo vieja, y unos pantalones de pana gris. En ellos, llegaba un cinturón en el que quedaban cuatro pokéballs. Una de ellas era extraña; era de color negro con toques de lila.

Se levantó y observó al monstruo. Su pelo largo ondeaba con las rachas de viento que levantaba la onda que se iba hinchando cada vez más.

-Creo que empiezo a entender la razón de tu existencia.-Dijo él, andando hacía el monstruo, mientras agarraba la extraña bola. La observó mientras andaba, y paró de hacerlo en situarse en una posición privilegiada para estar cara a cara con el pokémon sin entrar dentro del horizonte de sucesos.-Te he ido observando. Estudié bastante sobre ti. De hecho, pude llegar a entender bastantes cosas trabajando para la Genetista. Pero, el verte aquí. Frente a frente me lo confirma. Tu no eres un pokémon.-

Su exclamación sorprendió al monstruo, que alzó su mano contra el, al grito de "¿Cómo osas, maldito humano a...?".

Un movimiento con sus dedos le indicaron a la chica que debía ordenar a sus pokémon atacar, y después de sus ordenes convincentes, tanto el Tyranitar como el Umbreon se lanzaron contra el Mewtwo.

Entrar en el metro no había sido difícil. Simplemente habían tenido que ignorar las sucesivas explosiones e intercambios metálicos entre los que ahora vivían, luchaban y morían en la superficie.

Sabían que en algún lugar del subsuelo encontrarían gigantescos generadores de electricidad así como una multitud de Electrode. El problema estaba en que la ciudad era muy grande, las lineas demasiado complejas, y el ruido exterior hacía que no pudiesen decidir una ruta que seguir teniendo el cuenta el ruido que provocarían los generadores.

Aún así, ella ya lo sabía, y venía preparada para ello, puesto que rápidamente sacó un Jolteon de su pokéball.

-Veo que vas a decirle a tu Jolteon que nos escolté hasta el lugar donde estén los Electrode...-Dijo Duard con total tranquilidad. Ella lo miró y asintió, poniéndose en marcha.

Estaba claro que alguien había limpiado la vía. Se habían hecho grandes esfuerzos para modificar, en poco tiempo, las lineas de metro. La mayoría de ellas tenían conducciones eléctricas mal montadas, las cuales tenían que esquivar si no querían acabar electrocutados. Desde la superficie no paraban las explosiones y disparos, cosa que quería decir entre otras cosas que la batalla seguía activa. De vez en cuando un espasmo recorría toda la ciudad en forma de gigantesco terremoto, así como habían fluctuaciones de electricidad por los cables. Todos ellos se dirigían a un único punto. El punto donde se alzaba la torre con el cañón eléctrico que iban a usar para capturar a Arceus. Ella sabía que era una temeridad ir a destruir la torre, y que era mucho mejor atacar a la retaguardia.

Tardaron un rato, pero finalmente encontraron lo que buscaban.

Era una estación de metro cualquiera, a la cual habían transformado en un gigantesco modulador de electricidad. Había cosa de cincuenta Electrode activos, y la energía parecía un frenesí por todo el lado. De hecho, tan solo entrar en la sala, el Jolteon se puso hiperactivo. La sala brillaba con dichas descargas.

Los pokémon estaban colocados de forma estratégica en filas, y protegidos por una especie de barrera de tipo psíquico, que indicaba que habían pokémon psíquicos cerca. Exactamente dos Kadabras, que, sentados en posición de meditación, al final de la gran sala, y con una mano alzada (la que tenía la cuchara) se encargaba de que los pokémon no afectarán a la estructura.

-Es increíble.-Dijo Duard observando la gran instalación.

-Y lo peor es que no es la única, sino una pequeña parte.-

-Exacto.-Dijo una tercera voz.-Aunque destruyeseis esto, no os serviría de nada.-

La voz provenía de una situación alta, más exactamente de una construcción precaria que habían instalado para poder controlar lo que ocurría en la zona sin tener que bajar y exponerse al peligro potencial que era estar rodeado de Electrodes.

-Saxoe...-Dijo ella. Simplemente eso. Era una figura pálida, oscura, que llevaba en su hombro un Murkrow raquítico. Este último agarró al miembro de la organización para que pudiese bajar a la misma situación que ellos.

Podíamos definir el lugar en el que se encontraban como un pequeño pasillo por el cual no había nada, pero que estaba rodeado de altas concentraciones eléctricas.

-Ya no uso ese nombre.-Dijo él. Agarraba dos pokéballs. Estaba completamente serio.

Espe recordaba aún el día de su partida. Luego de un trepidante combate contra el Ranger Negro, y herido de gravedad, un tipo extraño que parecía tener alguna filia con el fuego le preguntó si quería unirse a su organización, aún con el cuerpo tumbado de Roy en el suelo. Creían que él lo había matado, y de hecho, así hubiese sido si no lo hubiese sacado de allí.

Antes de todo ello, él había acompañado a Chica, Jorge y demás en su aventura por la meseta, para prepararse para el campeonato nacional de Pokémon. Era especialmente hábil en los combates dobles, al igual que ella. Aunque, tenía que decir que él lo era más.

Tragó saliva. Sabía que ese momento llegaría, y que su amigo de la infancia se enfrentaría a ella.

-Nunca he tenido la oportunidad de preguntártelo... ¿Porqué?-Dijo ella mientras agarraba dos pokéballs y le indicaba a su Jolteon que retrocediera.

-¿Qué nunca lo has preguntado? No me hagas reír. ¡Lo gritabas cuando me fui! ¡Lo gritabas!-Dijo él, que seguía igual de tranquilo.-Llorabas y todo. Estúpida mocosa.-

-Tengo tu misma edad.-Dijo ella seriamente. Dos destellos presentaron a la acción un Umbreon y un Espeon. Los dos observaron a su enemigo y se sorprendieron, girando su cabeza momentáneamente hacía Espe. ¿De verdad tenemos que pelear contra él? Parecían decir.

Por su parte, un Gligar y un Marowak aparecieron en escena. El pokémon de tipo venenoso dejó ir un poderoso grito de guerra, y el pokémon de tierra golpeó su hueso contra el suelo varias veces. Después se puso en posición de batalla.

-Da igual... ¿De qué sirve ahora que te diga los motivos por los que lo hice? El Ranger Negro me abrió los ojos, antes de demostrar ser un completo fracasado. ¡Quería ambición! ¡Poder! ¡Ellos me prometieron que podría ser el mejor!-

-Eres demasiado estúpido...-Dijo ella, cambiando su rostro de flexible a inflexible y concentrada en la pelea.-Te tenía como una persona de ideas razonables, pero no veo ni pizca de racionabilidad en tus actos. Estas no son razones, puesto que pareces un personaje mal desarrollado de una historia cateta.-

-¿Y eso que más da cuando te voy a matar?-

-Lo vas a intentar.-

-Bueno, es lo mismo, no saldrás con vida de aquí.-

Y sin que nadie se hubiese dado cuenta, el joven Duard había desaparecido del lugar.

No lo llamaba. No sabía nada de ella. ¿Qué se había hecho de ella? Se preguntaba Alcayuco, observando un pequeño chisme que tenía en la mano mientras el espacio se terminaba de agrietar. Ya se podía ver lo que había en el otro lado. Era algo extraño. Era todo negro, pero no un negro que indica presencia de color, sino esa negrura que indica el más inestable vacío. Era el lugar del que hablaban todas las teorías del multiverso. Aquel lugar del que nacían los universos.

Al fondo de él, se podía ver como una sombra blanca avanzaba con gran interés hacía la superficie. Era una especie de perro sin morro, y daba la sensación de que era un espectro. Unos semianillos le rodeaban el torso, y con cada paso que daba, se producía una implosión. Era... ¡El nacimiento de un universo! ¡Ellos tenían razón! ¡Se creaban con cada paso que daba el legendario perro!

Ya no había tiempo que perder con ella, total, había sido un completo fracaso.

Como bien sabía, el chock post-traumático que se producía al morir un hijo era el causante de muchas tragedias. Nadie podría imaginar que estaba dispuesto a destruir el mundo solo para poder estar una vez más con su hija.

Aún recordaba cuando conoció a la Genetista. Le pidió que le ayudará con sus planes, pero primero, antes de plantearse usar a Arceus, tuvo una estúpida idea.

Quiso clonar a su hija. Se decía, en la teoría, que era posible, y que si se disponía del pokémon necesario, se podía llegar a resucitar el alma.

Al final todo fueron cuentos chinos, y lo que ellos conocían como la loca de la organización, aquella que mandaba a hacer los trabajos sucios, aquella que había conseguido la gran mayoría de las tablas, era nada más ni nada menos que el vivo retrato de su desaparecida hija.