Disclaimer:Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
TU VENGANZA, MI PENITENCIA.
CAPÍTULO 28
—Victoria —murmuró Bella sorprendida.
—¿Bella? —la sorpresa de Victoria quedó patente en su rostro.
La mirada de la pelirroja fue del rostro de Bella a su enorme vientre, antes de volver a su cara con una sonrisa despectiva y arrogante.
—Vaya, vaya, vaya —exclamó por fin —Así que has vuelto, después de todo. Y has conseguido meterte en la cama de mi marido, finalmente —dijo sonriendo desdeñosa a la vez que se colaba al interior de la casa.
La sorpresa de Bella, la paralizó por un momento, ante la visión de la joven frente a ella.
Había cambiado, tuvo que reconocer. Seguía manteniendo su precioso cabello rojizo y sus enormes ojos azules, pero su rostro se veía ajado y su cuerpo demasiado delgado.
Bella llevaba más de diez años sin ver a esa chica, pero el recuerdo de una mujer hermosa, nunca la había abandonado.
Pero, tal como Edward siempre había dicho, un corazón frío, un alma egoísta y dañina, podía afear a la mismísima Blancanieves. Y sin lugar a dudas, algo había sucedido en la vida de Victoria para convertirla en esa mujer marchita, con ese rostro gris y demacrado.
—Lauren dijo que Edward tenía una mujer, pero nunca hubiera imaginado que pudieras ser tú. ¿Y cómo es que has conseguido meterte en mi casa? —interrogó Victoria con insolencia sentándose en el sofá del salón —Estaba segura de que Edward te odiaría lo suficiente como para no permitir que te acercaras a él o a mi hijo. —aseguró enfureciendo a quien fuera su mejor amiga en la que ya parecía otra vida.
—Desde luego que lo intentaste con todas tus fuerzas —reconoció Bella enfadada —pero no contabas con lo que es capaz de conseguir el amor honesto, sincero y verdadero.
Victoria sonrió moviendo su mano con desdén.
—Amor, amor… sigues siendo la misma ridícula e infantil mojigata de hace diez años.
—¿Qué haces aquí, Victoria?
—He venido a recuperar a mi familia —aseguró Victoria sembrando el pánico en el cuerpo de Bella. —He venido para llevarme a mi hijo y no voy a irme de aquí sin él —sentenció.
Bella tembló en ese momento dando un paso atrás para recostar su cuerpo agotado en el sillón que había frente a Victoria.
Fue ese mismo momento, el que eligió Tyler para investigar la razón por la que Bella se tardaba tanto en volver a la cocina.
—¿Mami? —la llamó adentrándose tímidamente en el salón.
Bella se volteó a verle con rapidez.
—Ty, cielo… —susurró acercándose a él.
—Hola, Tyler —le saludó Victoria ganándose una mirada sorprendida del niño.
—Hola —contestó el pequeño dubitativo —¿Quién eres? —preguntó con inocencia.
—Soy tu mamá, querido —dijo y la mirada del niño se volvió confusa hacia Bella.
—¿Es mi mamá? —inquirió sorprendido.
—Yo soy tu mamá, cielo —aseguró Bella llevándose al niño de regreso a la cocina —Quédate ahí —le ordenó a Victoria mirándola con furia antes de abandonar el salón.
—¿Por qué esa señora dijo que es mi mamá? —preguntó Tyler a Bella, mirándola confundido.
—No quiero que hagas caso a lo que dice esa señora —le instó Bella, sentándole en una de las sillas de la cocina, antes de coger el teléfono, nerviosa.
—Pero, ¿por qué ha dicho eso? —insistió el pequeño.
—Cielo —dijo Bella poniéndose de rodillas frente a él para quedar a su altura —, cuando tu papi llegue a casa, él y yo te lo explicaremos todo, pero ahora mismo necesito que me prestes atención y hagas lo que yo te diga, ¿sí?
Tyler asintió obediente mientras Bella marcaba en el teléfono el número de su marido.
Edward contestó al segundo timbrazo, sintiéndose frustrado por estar aún lejos de casa.
—¿Edward? —la voz de Bella sonó trémula cuando Edward contestó el teléfono.
—Bella, nena, lo siento, cariño. Se me ha hecho tarde, pero ya estoy cerca —explicó —Tardaré algo menos de una hora en llegar.
—De acuerdo, Ed. Pero tienes que venir a casa. —pidió y su voz errática le preocupó.
—¿Está todo bien, Bella? —inquirió sintiéndose repentinamente nervioso. —¿Tú estás bien? ¿Ty? ¿El bebé?
Bella inspiró profundamente antes de hablar.
—No, todos estamos bien, pero… —titubeó —Victoria está aquí —dijo por fin y las manos de su marido se tensaron sobre el volante dando un bandazo.
—¿Qué? —gruñó —¿Qué coño hace allí? ¿Qué quiere?
—Dijo que tenía que hablar contigo. Ha dicho que va a llevarse a Ty.
—Y una mierda —gruñó Edward bajando el pie sobre el pedal del acelerador —Mantenla alejada de Ty, nena. Llama a Carlisle, que recoja a Ty y se lo lleve a casa. Y dile a esa zorra que le conviene salir de nuestra casa antes de que yo llegue o no le agradará lo que tengo para ella —agregó amenazante. —Llegaré enseguida, nena.
—Por favor, Ed, ten cuidado en la carretera. Te necesitamos aquí.
—Lo tendré, cielo —prometió —Te veré enseguida. Te amo, Bells.
—Y yo a ti. —se despidió la chica antes de colgar para marcar el número de teléfono de su suegro.
Carlisle intentó negarse a dejar sola a Bella con Victoria, pero finalmente reconoció que lo mejor sería mantener a Tyler alejado de ella, por lo que le convenció de irse con él, con la única promesa de que Edward le iría a buscar en cuanto llegara a casa.
Bella inspiró profundamente varias veces antes de volver al salón, después de que Carlisle y Tyler se marcharan por la puerta trasera.
Victoria estaba sentada indolentemente en el sofá del salón. Sus pies reposaban sobre la mesita del café, cuando Bella volvió al salón para sentarse sobre el posabrazos de la butaca más alejada de su antigua mejor amiga.
—¿A qué has venido, Victoria? —preguntó preocupada.
La mujer la observaba condescendiente repantigada en el sofá del salón.
—¿Cuándo vas a parir? —preguntó con dureza mirando el enorme vientre de Bella con todo el desprecio que pudo reunir.
—En dos meses.
—¿Niña o niño?
—Niña.
Victoria llevó sus manos a su vientre y ajustó contra él la camisa que vestía.
Su vientre tenía una muy leve curvatura.
—Yo también espero una niña —dijo sorprendiendo a Bella que dirigió de inmediato su mirada al vientre de su antigua amiga.
—¿Estás embarazada? —inquirió estupefacta.
—Sí, lo estoy. —dijo con una sonrisa la mujer —Aquí dentro está la hermanita de Tyler —agregó haciendo temblar a Bella.
—¿Estás embarazada? —repitió Bella anonadada —¿Quién es el padre?
Victoria se carcajeó observando a su amiga con desprecio.
—¿Me creerías si te dijera que es de Edward? —dijo burlona y soltó una larga risotada que incomodó a la vez que enfureció a la dueña de casa.
—¿Quién es el padre?
Victoria se rió un par de segundos más antes de contestar.
—Es de James. James Whiterdale. Parece que a James se le da muy bien eso de hacer niños no deseados —rió.
Bella no pudo evitar sentirse asqueada ante el desafortunado comentario de Victoria respecto a su hijo.
—¿Y dónde está James? ¿No está contigo?
La mirada de Victoria se ensombreció, y el que había sido un rostro risueño y burlón se convirtió en una fría y dura máscara.
—James no quiere hijos. Nunca los ha querido y eso no cambiará. Me ha dado el dinero para que me deshaga de la criatura, pero yo he sido más lista —sonrió con arrogancia —y me he largado con él.
—¿Le has robado el dinero a James, pero no piensas deshacerte del bebé?
—Exacto.
—¿Y qué estás haciendo aquí?
—¿Tú qué crees, mojigata? Voy a juntar a mi hijo con su hermana. Voy a darles a mis dos hijos la vida que necesitan y se merecen. —explicó con naturalidad —Desde luego que no esperaba encontrarte aquí queriendo usurpar mi lugar con mi marido y mi hijo, pero estoy segura de que ése será un mal menor que fácilmente solucionaremos.
—¿De qué estás hablando?
—Voy a recuperar a Edward y a Tyler —dijo mirándola amenazante —Y cuando acabe no quedará ni rastro de ti y tus estúpidos cuentos de hadas infantiles.
—Estás loca si crees que Edward va a permitir que te lleves a Tyler. Estuviste dispuesta a cambiarlo por dinero, Edward nunca permitirá que su hijo caiga en manos de una mercenaria como tú.
—¿Y tú crees que Edward podrá hacer algo para evitar que me acerque a mi hijo? —rugió Victoria mostrando un rostro furioso —Es mi hijo y nada impedirá que me acerque a él. ¿Y qué crees que pensará el niño de su padre y su madrastra cuando sepa que intentan mantenerle alejado de su verdadera madre? —agregó con una crudeza y una malicia que hicieron temblar a Bella.
—Nunca podrías ser tan cruel como para hacerle daño a tu propio hijo de seis años. Ni siquiera tú podrías ser tan vil.
—Sois tú y tu maridito los que pretendéis mantenerlo alejado de mí.
—¡Lo vendiste! —rugió Bella furiosa —¿Cómo puedes pretender tener el más mínimo interés en su felicidad después de haberle vendido?
—¡Edward no me dejó opción!
—¿Qué no te dejó opción? ¿Cómo puedes ser tan hipócrita? Pudiste haberte quedado y ser una madre para él. La madre que el necesitaba. La madre que todo niño debería tener.
—Mi vida estaba con James —dijo displicente Victoria y Bella sintió la sangre hervir en sus venas.
—Tú elegiste a James por encima de tu hijo. Ninguna madre decente habría hecho eso.
—La abnegación nunca ha sido mi fuerte —sonrió burlona.
Bella se recostó en su asiento suspirando con frustración.
Esa mujer era el epítome del egoísmo. Había vuelto a Forks después de seis años y Bella podía afirmar sin temor a equivocarse, que no era un instinto maternal el que la había movido a regresar.
Sin poder llegar a comprender sus verdaderos motivos, su desesperación residía en la certeza de que ella estaría dispuesta a hacer cualquier cosa para obtener lo que buscaba, sin preocuparse si con ello hacía daño a Tyler.
Pero Bella no podía permitirlo y estaba segura de que Edward tampoco lo haría.
Pero las palabras de Victoria aún resonaban en su mente. ¿Sería capaz Tyler de perdonarles que le hubieran mantenido alejado de su madre biológica?
Intrigada aún, buscó sondear las intenciones de Victoria.
—Sabes bien que Edward no te permitirá llevarte a Tyler, así que estoy segura de que no has vuelto a Forks con ese objetivo, entonces, ¿qué es realmente lo que pretendes?
—Ya te lo he dicho, voy a recuperar a Tyler y a Edward.
—Edward nunca volvería contigo.
—¿Estás segura, Bella? —dijo la mujer mirándola socarrona e intentando estimular las inseguridades que Bella había tenido durante su adolescencia —¿Crees que no sería capaz de volver a conseguir la atención de Edward Cullen? No creo tener que recordarte que hace diez años fui yo quien se lo llevó a la cama tras solo una noche de fiesta, mientras que tú, que llevabas diez años intentando seducirlo, nunca lograste siquiera que notara tu presencia.
—Tú eras una zorra —refutó Bella indignada —, yo no. Y tú no tienes ni idea lo que Edward pensaba o sentía en aquel momento.
—Permanecí en su cama durante cinco años, Bella —comentó burlona —Estoy segura de que puedes imaginarte cómo pasábamos las noches y lo que tuvimos que hacer para engendrar a Tyler. —agregó burlona.
Los ojos de Bella se llenaron de lágrimas de furia e indignación. Pero no iba a permitirle a esa mujer que le derrumbara.
—No vas a lograrlo esta vez, Victoria. Soy diez años más adulta e inteligente como para volver a caer en tu juego. No vas a socavar mi confianza en mi marido y en nuestra relación. Nunca conseguirás siquiera que Edward te dedique una mirada que no sea de odio.
—El odio es un sentimiento incendiario, Bella, tanto como el amor. Es muy delgada la línea que les separa y es muy sencillo pasar de uno al otro.
—Ambas sabemos que no lo lograrás, así que, ya que Lauren te dijo que Edward estaba casado, seguramente tenías un plan B, en el caso de que no consiguieras engatusarlo una vez más.
Victoria le miró entrecerrando los ojos y decidió mostrar sus cartas.
—No voy a marcharme de Forks. Quiero que mis hijos vivan juntos como los hermanos que son, así que voy a pelear por la custodia de Tyler y cuando la obtenga, que la obtendré, —aseguró con convicción —Edward tendrá que elegir si quiere vivir con nosotros, o de lo contrario tendrá que mantenernos. He escuchado que su taller es exitoso y también que ha vuelto a la Universidad por lo que no será un problema. Por fin podrá darle a la madre de su hijo, la vida que se merece.
Ése era su juego, comprendió Bella. Se quedaría en Forks y pediría la custodia de Tyler para que Edward se viera obligado a mantenerla o vivir con ellos.
Pero Victoria no parecía darse cuenta, que pronto, Tyler no sería el único hijo que Edward querría cuidar, criar y mantener.
Ella también estaba esperando un hijo de Edward, y él no abandonaría a ninguno de sus hijos.
Ella lo sabía y estaba segura que Victoria lo sabría también. Por si acaso, decidió recordárselo.
—Debo recordarte que yo también soy la madre de su hijo —dijo Bella acariciando su henchido vientre —¿Por qué crees que te elegiría a ti por encima de mí?
Victoria le dedicó una mirada llena de desprecio. Su mirada violeta recorrió el vientre que ella acariciaba con devoción antes de volver a enfocarse en su rostro.
—Los embarazos a veces se pierden —concluyó amenazante haciéndola estremecer.
Y Victoria está demostrando ser lo perra que todos esperábamos.
Gracias por los reviews, por los alertas y favoritos, y siempre por leer.
Les espero en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.
Y en mi perfil encuentran el link del tráiler que Maia Alcyone ha hecho para este fic.
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