Skip Beat no me pertenece.
"What if..." La fama la ha sumergido en un mundo de soledad en la que esta completamente sola, vive de las apariencias, con un novio de mentiras y lo único que quiso en la vida fue una mamá pero nunca la tuvo. Hasta que él entra en su vida. (Ren & Kyoko & OC) ¿Cuanto podrá resistir su amor?
El precio de la fama.
Kyoko se encontraba mirando a sus dos hijas, Ushio de cuatro años de edad y Setsu de cinco meses, jugando con Zero. Sonriendo, negó lentamente con su cabeza, su esposo tenía esa cualidad y habilidad de que los más pequeños confiaran en él.
Sabía que justo ese mismo día vería a Hizuri Kuon, aunque sea de lejos, pero le vería. Decir que estaba nerviosa no era necesario, para ella Hizuri Kuon nunca había formado parte de su vida, aunque estuviesen unidos de por vida por una hija en común. Ella aún tenía en mente que al que quiso tanto en el pasado no era Kuon, era ese ser ficticio que algunos seguían conociendo como Tsuruga Ren y que jamás hizo intento alguno por rebelar su verdadera identidad.
Setsuka por fin vería a su padre luego de meses de distanciamiento, aunque sabía que Zero se mantenía en contacto con él más por la niña que por otro motivo. Kyoko prefirió quedare lejos de la vista de todos, ya se había acostumbrado a su nueva vida en las afuera de Londres, en un campo que había adquirido Zero para su comodidad y privacidad.
Vivían en una mansión que su marido podía permitirse, los negocios de la familia Mouri eran fructíferos y muy prósperos.
Kyoko dio expresa orden de que nadie la molestase durante la visita de aquel hombre, sabía que él no se quedaría en la casa, pero no quería que la viera.
Desde la ventana de su cuarto, pudo ver como un coche ingresaba y que de el bajaba un hombre rubio vestido de negro... No quiso ver más, cerró las cortinas y se recostó en su cama, sintiéndose de pronto débil y cansada.
Kuon sonrió al ver a Setsu en brazos de Zero, tenía un enterito color rosa pálido, con una pequeña gorrita en su cabeza y zapatos blanco.
—Mouri—Saludo por mera cortesía. Zero asintió de forma civilizada.
—Hizuri, pensé que te habías perdido...
—De hecho lo hice...—Dijo tomando en brazos a su hija.—¿Y Ushio?
—Esta en la cocina, "ayudando" a cocinar y de paso comiendo todo le que pueda... — Kuon sonrió, no quería preguntar de Kyoko ya que aún le resultaba muy doloroso.
—Puedo imaginarlo...—Dijo para reír.
Fueron a caminar por los jardines y Zero suspiró de pronto cansado y poniéndose serio. Cuando se sentaron en unas sillas que estaban en un improvisado comedor fuera de la casa, se decidió a hablar.
—Se que quedamos en que trataríamos de ganar cada uno el amor de Kyoko pero eso no se pudo ya que sucedió lo de Saena... Pero, quiero decirte algo...—Zero tomó aire para hablar. Necesitaba hacerlo. Kuon estaba acariciando a su hija, haciéndole caricias y mimos, lo que no pudo hacer durante el embarazo y sus primeros días de vida.—Con Kyoko, decidimos renovar nuestros botos matrimoniales. Y lo haremos siguiendo la fe de mi madre.
Kuon se tenso notoriamente, pero los gorgoteos e intentos de emitir sonidos algunos por parte de Setsu le estaban, a su modo, reconfortando-le.
—No se que decirte, solo espero que puedas lograr hacerla feliz. Se lo merece.—Sonrió, aunque su sonrisa nunca llegó a sus ojos, estaba allí en sus labios solo como una mueca vacía y sin sentido.
Luego de ese momento tenso, decidió pasar el resto del día en compañía de la bebe, hablándole y susurrándole palabras de cariño, asombrándose porque la pequeña tenía sus ojos y al parecer, su color de cabello también, aunque mirándole bien, era una copia más pequeña de Ushio y estas dos eran copias de su madres, aunque su entorno más allegados sabían que las niñas se parecían más a Takarada Sanae.
Tenía muchos compromisos laborares y se dedicaba todo el tiempo libre en enfocarse exclusivamente en su trabajo, al llegar casi la noche, se despidió de su hija, no quiso quedarse, al siguiente día debía tomar un avión muy temprano.
Se despidió de Zero y las niñas, prometiendo mantenerse en contacto, aunque dejó a su pequeña ya dormida, un beso en la frente y con la promesa de regresar a verle pronto.
Las visitas siempre fueron así, Kyoko jamás estaba cuando él tenía que ver a la niña y cinco años después, seguía con la misma manera de hacer las cosas.
Setsu había crecido esos cinco años de su vida, sabiendo que tenía dos padres, aunque no sabía porque uno vivía tan lejos, o por qué la que vivía lejos de él eran ellos.
Un mes después de que la visitara por última vez, los padres de Zero fallecieron en un accidente en Gales. Un accidente extraño que pronto descubrieron que de accidente no había tenido nada.
Giada y Mamoru fallecieron al igual que el chófer y uno de los guardias de seguridad de apellido Heel. Las pericias al coche dieron como resultado que el coche tenía los tornillos de las ruedas flojas, lo que produjo que estas se soltaran y que el coche de ambos médicos chocara contra una pared que se les cayó encima, teniendo un desenlace lamentable.
Fue en ese momento en Italia, donde se despedían los restos de los dos médicos cuando Kyoko y Kuon se vieron frente a frente por primera vez después de cinco años.
—Lamento la muerte de tus suegros.—Admitió mirándole sin saber qué más poder decirle.
—Gracias.—Sonrió apagada.—¿Y tus padres?
—No pudieron conseguir vuelo desde Los Ángeles. Mi padre trabaja en una nueva película...—Dijo metiendo sus manos en los bolsillos del pantalón. Estaban frente a frente y el silencio se volvió tenso.—¿Y las niñas?
—Ushio cuando supo de la muerte de Giada y Mamoru se puso nerviosa. Esta durmiendo. Setsu esta jugando. No sabe bien lo que sucede pero creo que es mejor, aunque preguntó por qué no podía ver a sus abuelos.— Suspiró.—Zero esta haciendo los tramites pertinentes para...
No quiso decirlo, de verdad, sentía que había perdido a una madre y un padre. Siguió caminando, con el siguiéndole.
—Kyoko, se que...—Ella se detuvo para mirarle. Kuon negó débilmente.—No. No es nada.
Fue la primera vez luego de cinco años que podía hablarle, pero él debía guardarse sus palabras, quedando con la impotencia de decirle que jamás le había dejado de amar. Una mañana muy gris.
Las visitas de Kuon y sus padres siempre fueron constante, para Kyoko era un terrible recordatorio de todo lo que había vivido, eran como las sombras de su pasado y de lo único que no se arrepentía era de su hija. Y así llegaba a la conclusión de que quizás, no fue tan malo, después de todo, conocer a Tsuruga Ren y haberse enamorado en el pasado de él.
Setsuka era un caso aparte, la pequeña siempre guardaba sus opiniones para si misma y aunque su hermana Ushio era mucho más social con las personas, con ese talento que poseía para hacer amistad con el resto de las personas, Setsu prefería estar sola.
A sus ocho años de edad, sabía que su hermana al tener ya doce, esta comenzaba a tener otros intereses. Quizás era más bien el cambio a la adolescencia, ese cambio que la pequeña de tan solo ocho año no comprendía.
Setsuka miraba a su segundo padre siempre analizando-le. Con ojo critico. Siempre esperando algún error. Sabía también que su hermana había tenido otro padre, pero que esta había muerto hace mucho tiempo en un accidente, como el de sus abuelitos.
—¿Cómo te encuentras, Setsu?—La mujer rubia delante de ella le miraba esperanzada, cosa que Setsu odiaba.
—Bien.
—Tu padre...
—Kuon...—La corrigió la niña cruzándose de brazos.
—Si, Kuon. Ha conocido a alguien, pero quiere que tu le conozcas...
—La mujer que anda con él...—Julie asintió.—¿La trajo hoy?
—Si, bueno.—Julie asintió. Kyoko y Zero estaban allí, esperando la reacción de la niña.
—Hija, ella quiere conocerte. Es una mujer muy agradable y especial para Kuon...—Le dijo Kyoko. Su hija asintió poco convencida.
—Que la traiga.—Dijo sonriendo de lado. Cosa que dio mala espina a su madre.
Después entro Kuon y una mujer de cabello oscuro, seguidos por Kuu. Todos nerviosos. Setsu entrecerró sus ojos, observándole.
—Setsu, ella es Nataly...—Setsu puso los ojos en blanco.
La mujer parecía nerviosa, incluso temblaba, Ushio sonreía de lado, disfrutando en silencio del espectáculo.
—No me gusta.—Decretó Setsu.
A Nataly le temblaban las piernas con esas palabras, Kuon se tensó de pronto...
—Setsu, no es a ti a quien debe gustarte...—Le dijo su madre.
Ushio se acercó mirando a la mujer morena de forma critica, la cual no se había percatado de la otra niña, ante la mujer había dos niñas como copias de agua.
—Repito, no me gusta.—Dijo poniéndose de mal humor. Y si, Setsu era caprichosa.
—Te traje colores... Son de...—Nataly intento decirle, la niña tomó el regalo sin querer abrirlo. Seguía observando a la mujer.
Pero comenzó a dibujar, los adultos seguían tensos. En pocos segundos terminó de dibujar y Ushio se acercó a ella.
—¿Qué es lo que no te gusta, Setsu?—La niñas hablaban como si los adultos no estuviesen escuchando el intercambio de palabras.
—A la abuela no le habría gustado...—La niña hablaba claramente de Giada, madre de Zero—Siempre decía que no se podía confiar en una chica que usaba una falda que podía tener función de cinturón.
—Oh, y sus zapatos no combinan—Dijo Ushio siguiéndole el juego a su hermana.
Setsu miró a Nataly y de modo teatral se tomó la cabeza entre sus manos, la niña parecía horrorizada. La pobre mujer se miró, miró a los otros dos adultos que estaban congelados, sin saber que hacer.
—Tiene la puntas del cabello quemada, la piel reseca... Y ese labial—Dijo como si fuera algo horrible.—Este dibujo de describe bien.
Ushio se rió, claro que era divertido hacer pasar a las mujeres que querían ocupar un lugar que no les correspondía. Cosa que hacían cuando los padres de sus amigas presentaban a sus parejas.
—Toma Nataly. Esto pienso de ti y la relación con Kuon...—La niña salió molesta de la sala, tirando en el papelero los colores que esa mujer le había regalado.
Nataly miró la hoja, en ella había una secuencia de dos imágenes... En la primera era un dibujo de un príncipe y una mujer que le besaba. La segunda era del príncipe convertido en zapo y le mujer se volvía una bruja, con nariz grande y verrugas... Dejando escrito que esos dos eran Nataly y Kuon.
Kuon no podía creer lo que hacía su hija, miró a Nataly que estaba peor que él, encima la frutilla del postre fue los comentarios de Ushio.
—No se puede conocer a la hija de tu posible pareja vistiendo la ropa que usarías en una alcoba. No quiero ni pensar que harías entonces.—Dijo Ushio sacando una pelusa invisible de su blusa.—Si Rick trajera a una mujer vestida así, pobre de él. No le dirijo la palabra nunca más. Pero yo no tengo a papá Rick.
Ushio salió pareciendo una modelo, con la sensualidad y gracia de su madre.
—¡Ushio, Setsuka!—Les llamó Kyoko molesta.
Nataly tembló de rabia.
—Me cansé.—Murmuró molesta, ultrajada. Se quitó el anillo de compromiso y se lo tiró a Kuon por la cabeza.—Quédate con tu anillo y con el demonio que es tu hija...
Nataly salió del lugar echando humo, todos sabían bien que nunca más querría ver a Kuon ni saber nada de él.
—Yo me disculpo por lo que hicieron las niñas... No sabía que harían algo así.—Kyoko se disculpo.
Los hombre rieron abiertamente. Kuon suspiró aliviado. Aunque Setsu no sabía el gran favor que le estaba haciendo a Hizuri Kuon, ya que la que quería casarse era Nataly y no él.
Más tarde volvieron a bajar para comer algo. Las niñas miraban la cara de pocos amigos de su madre y sonrieron nerviosas.
—Ustedes dos...—Los otros seguían en el lugar.
—¿Nataly ya se fue?—Setsuka demostró una pena que no sentía.—¿Nataly? Si quieres podemos ser grandes amigas... Tengo tips de moda...
—Y de belleza...—Aportó Ushio.—Seremos buenas y te los pasaremos.
—Nataly se fue.—Dijo Kuu intentando parecer molesto.
—¿Se fue?—Setsuka se rió.
—De verdad, no aguantó nada. Las otras aguantaban más—Admitió Ushio un poco decepcionada.
—¿Las otras?—Kuon parecía no comprender.
—Nuestras amigas, bueno, algunas de ellas son hijas de padres divorciados y las mujeres que quieren salir con los padres de ellas siempre tienen que pasar ciertas pruebas para ser aceptadas.—Explicó Ushio como si se tratase de lo más normal del mundo.
—Así que este es otro experimento de ustedes...—Kyoko le miraba con desaprobación.
—Mummy, es necesario. Así supimos muchas cosas...—Setsu asintió—Y eso que ni llegamos al juego de la peluquería.
Zero comenzó a reír. Negó lentamente.
—¿Estamos castigadas?—Setsu vio a su madre asentir.
Le entregaron el móvil... Las chicas parecieron aburridas.
—Abuela Julie, ¿Quieres jugar a la peluquería?—Setsu preguntó, Ushio le sonreía angelicalmente y Julie sintió temor ante aquellas dos.—Prometemos comportarnos.
—No van a jugar a nada.—Kyoko estaba molesta y con los brazos cruzados.—No puedo creer lo que le hicieron a Nataly. Deben disculparse.
—No, además era horrible. No quiero verle la cara de nuevo, no podría soportar que me visitara y tener que ver una cara tan fea.
Kyoko se sentó en su silla y comenzó a contar en voz baja para tranquilizarse. Sus hijas de verdad eran un par de adorables demonios.
Setsuka con diez años de edad, estaba recibiendo la visita de su otro padre y abuelos. Ella les toleraba pero lo hacía solo por complacer a su madre, solo por eso y porque Zero lo pedía.
A Setsu jamás le había agradado Julie, la historia de su madre y Kuon le parecía a medias y eso le inquietaba, no le permitía crear un vínculo fuerte con él. Kuu era otra historia, pero después de todo eran parte de su familia.
—¿No puedes estar diciéndome esto?—Escuchó hablar a Zero molestó por teléfono.—Se que es importante, pero salimos de Japón porque una loca quiso robarse a mi hija menor. Hablaré con mi familia.
Zero termino la llamada y se volvió al lugar en donde se encontraban todos.
—¿Sucede algo?—Kyoko le preguntó.
—Problemas con la clínica, la junta directiva quiere que yo me haga cargo, después de cinco años de la muerte de mis padres.—Kyoko se puso pálida.
—Tendremos que volver a Japón.
—Me temo que si.—Zero asintió.
—Puedes despedir a la junta directiva y manejar los negocios desde aquí como siempre—Decía Setsuka mirándose las uñas.—Pero, no tengo problemas en ir a Japón. Así podre practicar el idioma.
—Tampoco tengo problemas. Solo que extrañaré a mis amigas.—Decía Ushio.
Y entonces lo decidieron, con los Hizuri allí presente, la familia Mouri volvía a Japón después de diez años en Europa.
Continuará.
Hola. Ya pasaron diez años. Diez años en un solo capítulo. Giada y Mamoru ya no están y por eso, Kyoko y familia deben volver... En cuanto a Nataly, no volverá a aparecer, creo que Ushio y Setsuka le espantaron de verdad. JAJAJA. Gracias por sus reviews.
Cada vez más cerca del final...
