hola hermosas! lamento la tardanza, pero estaba terminando la uni, de modo que los examenes, trabajos, y material para leer me tenia ocupadisima...En teoria termino mañana pero solo tengo que entregar dos trabajos que ya termine, de modo que comienzan las actualizaciones!
gracias por la espera, los reviews, los buenos deseos.
llevamos 99 reviews, ¿qué me dicen si llegamos a los 105? :)
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Por obvios motivos que veran mas adelante, la historia cambia su rating de T A M, por un lemmon, si el primer lemmon de la historia, y primer lemmon desde que comence en fanfiction!:).. espero que les guste el capi es realmente lindo, lo prometo!:)
Corazón Extranjero
Capítulo 28: Si, soy feliz
BELLA POV
Estaba un tanto preocupada, Edward había estado muy callado durante todo el día, lo había atrapado mirándome muchas veces con una sonrisa un tanto extraña, de esas sonrisas que dan ganas de llorar, porque emocionan. Hoy cumplíamos un año juntos y realmente me preocupaba lo callado que estaba. No dudaba de sus sentimientos, no había parado de decirme en toda la semana que me quería y todo eso. Era un chico extremadamente dulce, pero cuando le preocupaba algo tendía a encerrarse en él mismo.
Por eso cuando me pidió ir a dar un paseo en uno de los kayaks acepte inmediatamente, quería saber que lo tenía tan pensativo.
-Tengan cuidado-pidió Jasper mirándome con preocupación. Yo asentí calladamente, no había pasado mucho tiempo de mi accidente donde casi muero ahogada, un recuerdo bastante perturbante.
Emmett como siempre me retó, no admitiría en voz alta que fue suerte de principiante el haberle ganado el primer partidillo, pero era divertido hacer apuestas con él, sobre todo cuando perdía.
Edward tomó mi mano en silencio y así nos dirigimos al área donde se alquilaban los Kayaks. Mientras yo me colocaba el chaleco salvavidas, Edward hablaba en voz baja con el encargado que sonreí divertido. Mi novio planeaba algo, tantos gestos no eran normales, cuando el encargado asintió con la cabeza y Edward se acercó a mi para colocarse su chaleco.
Cuando estuvimos bastante alejados de la orilla, estaba pensando en hacer algo para llamar su atención y preguntarle porque estaba tan callado, pero él pareció haber pensado lo mismo, pues se giró con bastante gracia y agilidad en el kayak para quedar frente a mi.
Cuando le pregunté porque estaba callado, esperé que me respondiera que estaba nostálgico o cualquier cosa como esa, pero jamás pensé que me pediría matrimonio. Es decir, si, lo amo con todo mi ser, viviremos juntos, eso ya lo habíamos establecido, nuestros padres nos habían conseguido una linda casa para que estuviéramos cómodos los dos, pero ¿Matrimonio? Jamás pasó por mi cabeza, al menos no antes de la universidad. Nunca había tenido mucho tiempo para pensar en matrimonio, no figuraba en mis planes casarme pronto, tampoco estaba en mis planes conocer a un chico especial al mudarme de país, y aún así aquí estoy, con un chico especial frente a mí jurándome amor eterno con un hermoso anillo en una hermosa cajita, en el océano, alejados de todos, en nuestra propia burbuja.
Cuando me iamginaba mi futuro me imaginaba con un esposo que me amara, hijos hermosos, una casa, pero nunca pensé realmente en como sería la petición de matrimonio, ni en como sería la fiesta, ni el vestido, o los invitados, ni siquiera sabia como sería el pastel.
Pero con Edward todo lo que nunca me imaginé, lo imaginaba sólido, realizable, realizado, con él durmiendo conmigo todas las noches y despertando juntos en las mañanas, él acariciando mi vientre, saludando a nuestro primer hijo. Eso fue algo que tuve que plantearme la vez que creí estar embarazada, un gran susto para mi, amaba a Edward y la idea de tener un hijo con él me encantaba, pero no estaba preparada para un hijo antes de la universidad, sin embargo eso no hacia que el deseo fuera menor.
Así que matrimonio, una casa, hijos, un perro, un jardín, un castillo, dragones, princesas, hadas, fuera lo que fuera que el futuro me tenía deparado, lo quería con Edward a mi lado, asi que pese a no haber esperado nunca una propuesta de matrimonio por su parte, al menos tan pronto, me encontré aceptando, y riendo emocionada, pensando en todos los preparativos, no tenia una fecha específica, por mi podía casarme mañana mismo y tendría el mismo significado, pero ahora que me permitía pensar en ello, quería un lindo vestido, unos zapatos azules, un maquillaje precioso, un peinado elegante, una iglesia sencilla, mi familia, mis amigos.
Lo bueno de no soñar con algo, es que cuando sucede, te toma por sorpresa, te lleva a imaginar lo que nunca pensaste.
Así que aquí estaba, luego de contarle las noticias a mi padre de que me iba a casar, él no estaba sorprendido, por su puesto, Edward lo había llamado para pedirle mi mano, y mi padre lejos de ponerse celoso, lo alentó asegurándole que no existía la mínima posibilidad de que lo rechazara. Mi madre por otro lado, si estaba bastante sorprendida, no paró de gritar cosas inentendibles, y cada poco gritaba "Charlie" reprendiéndolo por no haberle contado, por su puesto a pesar de que mi padre y mi madre estaban rebosantes de alegría con la noticia, no impidió que lanzaran una que otra amenaza contra mi prometido.
-Mamá!-exclamé cuando la última amenaza salió de sus labios. Edward estaba a mi lado intentando contener la risa.
-¿Qué? Tengo que cuidar de ti. Además Charlie profirió sus amenazas también.-Ante eso yo solo suspiré y me rendí, Edward soltó la risa que tenia contenida cuando terminamos la llamada.
-No le veo la gracia-murmuré avergonzada por la actitud de mis padres.
-Yo si. Solo cuidan de ti. Yo haría lo mismo.-respondió sin dejar de sonreír. Parecía que su sonrisa se había congelado en su rostro desde que le di el "Si".
Edward esperó que yo terminara de hablar con mis padres para darles la buena nueva a los suyos, que según me contó estaban tan enterados como Charlie.
Esme por su puesto lloró de la emoción, murmurando cosas como "Mi bebé se casa" o "mi bebe creció", para muchos efectos, Edward era el bebé de Esme, el chico tranquilo, el que había tenido pocas novias, el que prefería quedarse en casa con su piano, o un buen libro o una buena película o simplemente un buen CD de música a salir a una discoteca, Edward era el más unido a Esme y la noticia de nuestro compromiso logró remover la vena sensible de mi suegra. Carlisle no estaba muy lejos de estar como Esme, su voz sonaba realmente emocionada cuando me dio la bienvenida oficial a la familia Cullen, algo que hizo que yo llorara y que tuviera un nudo en la garganta. Era tan lindo formar parte de algo tan bonito como la familia Cullen.
Edward me abrazó por la espalda cuando se dio cuenta de mis lágrimas. Estaba realmente feliz. Más de lo que pensé que podría estar cuando me comprometiera, era lindo, vigorizante.
-¿Ya decidieron cuando lo harán?-preguntó Carlisle alejando un poco los sentimentalismos.
-Aún no. Pero en cuanto sepamos algo, les haremos saber.-respondí, y Edward me dio un beso en la mejilla, él parecía el más emocionado de los dos. Parecía un niño en navidad, era realmente lindo y divertido verlo tan emocionado, tan contento, tan feliz, y saber que esa felicidad es en parte, gracias a mí, es aún más emocionante. Parecía estar a punto de saltar.
Los padres de Edward se pusieron en son conversador, pero Edward aparentemente tenía otros planes, pues besaba mi cuello haciéndome difícil concentrarme e hilvanar una frase coherente.
Sus labios eran una distracción, una tortura, un bálsamo, una droga, era el agua de un sediento, el remedio de un enfermo, y mi perdición.
Cuando desamarró la tira de mi traje de baño (el cual era strapple, amarrado a la espalda por un lazo), todo pensamiento coherente fue al caño, y cuando sus manos comenzaron a recorrer mi estómago, subiendo y bajando, tentándome, haciendo que mis pezones se endurecieran, perdí toda capacidad de pensamiento, me despedí lo más educadamente posible de Carlisle y Esme y lancé el teléfono a la cama mientras Edward tomaba mis pechos entre sus manos y los masajeaba arrancando pequeños gemidos de mi parte.
Una de sus manos seguía haciendo magia en mis senos, mientras sus labios seguían recorriendo mi cuello y mis hombros, dejando besos húmedos, su mano libre la utilizó para recorrer mis piernas, o lo que alcanzaba de ellas.
Podía sentir su poderosa erección a través de su short de traje de baño y mis pantys. Estaba contento de mi reacción.
-Oh Dios!-susurré casi grité cuando sentí su mano colarse por la parte delantera de mis pantys, llegando a la parte más sensible de mi cuerpo. El gruñía excitado contra mi cuello, dando besos más apasionados mientras yo echaba mi cabeza hacia atrás pesa del placer que sus dedos me estaban entregando.
Las caricias se hicieron más profundas, mi clítoris estaba agradecido de recibir tanto cariño, mi vientre reunía todo el placer de sus dedos en mi centro, de sus labios en mi cuello y su otra mano en mis pechos jugando con mis pezones, pellizcando uno y el otro, recorriendo mi cintura apasionadamente.
-oh, si…así…-Edward separó sus labios de mi cuello y de haber sido capaz de pronunciar una oración completa le hubiera pedido que los volviera a colocar.
-Vamos cariño, llega.-sus palabras en mi oído eran increíblemente sexys, jamás me había hablado así, parece que la emoción del compromiso nos desinhibió por completo.
No necesitó muchas caricias más, pues los espasmos del placer del orgasmo le indicaron que había hecho un muy buen trabajo.
Sonreí cuando me quitó la única pieza de ropa que me quedaba. Me giré para enfrentarlo y uniendo de nuevo nuestros labios procedí a quitarle la ropa (que desapareció en un santiamén).
Edward tomó un condón de la mesita de noche y tras colocárselo me tumbó en la cama y me penetró de una sola estocada. Esta era la mejor celebración de aniversario que había podido imaginar.
Nos entregamos lo menos ruidosamente que pudimos, él intercalaba besos en mis labios, mi nariz, mis ojos, mis mejillas, mi cuello, mis pechos. Pero mi sitio favorito fue cuando se quedó en mi cuello, besando profundamente ahí. Estaba segura de que me saldría un moretón por la fuerza que aplicó en el beso que dio cuando llegó a su orgasmo luego de yo haber llegado al mío.
…
…
Luego de que ambos nos duchamos (por separado, porque si no, se repetiría la celebración y los chicos estaban esperando para ir a cenar), Edward me abrazó por detrás, apoyando su mentón en mi hombro y dándome un tierno besito en la mejilla.
-¿Eres feliz?-su pregunta me tomó completamente desprevenida.
Me giré en sus brazos y pasé los míos por su cuello. Tenía el cabello un poco más largo, pero había decidido dejárselo corto, y estaba recién afeitado, una pena, realmente me gustaba como le quedaba la barba.
-¿Qué quieres decir?
-¿Con el compromiso, conmigo, con las decisiones que hemos tomado juntos? ¿Eres feliz?- ¿Era feliz? ¿Necesitaba si quiera pensar en la respuesta a esa pregunta?
-Por supuesto que si Edward. Infinitamente feliz, tanto contigo, como conmigo, como con la decisión de vivir juntos, con el compromiso con todo. ¿Tu, eres feliz?-De nada servía que uno de los dos fuera felices, si el otro no lo era.
-Infinitamente.-me dio un beso largo y dulce, no había pasión en este beso, había dulzura, amor, compañerismo, cariño, amistad.
-Te amo-susurré contra sus labios. Él me sonrió y apretó su abrazo.
-Y yo a ti pequeña.
Dicho eso, salimos de la cabaña rumbo a un lindo e informal restaurant en donde habíamos quedado con los chicos para vernos.
De camino me permití pensar más profundamente en la pregunta de Edward. ¿Era feliz?. Si, era feliz, estaba comprometida con un chico que me trata como una reina, al que amo con todo mi ser, mis padres me apoyaban en todo igual que mi hermana y mis suegros.
Para no haber pensado nunca en como sería estar comprometida, esto era la gloria. Y lo mejor es que apenas comenzaba.
El lemmon fue bueno o apestó?... aqui entre nos, no tengo la experiencia para saber de ese tema, pero me parecio lindo ponerlo...
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03/07/2013
Paty4Hale
