NOTA: Disculpen la demora! D: Tenía el cap listo hace una semana, pero no me gustó cómo quedó y lo rehice entero xDDD tampoco me termina de convencer, peeero acá está jaja Gracias a todos los que siguen leyendo por acá :3 y gracias a los que dejan review aunque no tienen cuenta! Recuerden que no puedo responderles D: pero igual leo sus coments y los aprecio mucho *inserte corazón que FF se niega a visualizar jaja* Saludos a todos, que tengan buen finde!
PD: Feliz cumple a Ushijima y Aone xDD
CAPÍTULO 29
Era un mal sueño. Solo eso.
Una pesadilla.
No era real. No podía serlo.
Pronto terminaría...
Tooru abrió los ojos de repente, sintiéndose sumamente desorientado y con malestar físico. Le llevó un rato entender qué hacía durmiendo en el recibidor de su departamento, abrazado a una pantufla de Godzilla, hasta que recordó la fiesta de la noche anterior y todo cobró sentido.
Se incorporó y se arrastró miserablemente hasta el baño, donde se duchó antes de ir a la cocina para comer algo y tomarse unas pastillas que le quitaran aquel horrible zumbido de los sesos. Casi ni probó los huevos revueltos que se hizo, los dejó a un lado y tomó bastante agua junto con la medicina. Luego se quedó allí sentado, con el rostro hundido entre los brazos, prometiéndose a sí mismo no volver a probar alcohol en lo que le quedara de vida. Lo juraba por los fuertes brazos de Iwa-chan.
Entonces recordó que había estado soñando algo antes de despertar, y a la acidez estomacal se le añadió una opresiva pesadumbre de ansiedad; pero no podía recordar de qué se trataba el mal sueño. Supuso que así era mejor, pues ya se sentía lo suficientemente indispuesto sin necesidad de recordar pesadillas angustiosas. Y hablando de angustia...
Tomó su celular y se quedó viendo la pantalla. Se acordaba de haber llamado a Iwaizumi antes de dormirse en el recibidor, y estaba seguro que le había cantado, pero no recordaba si Hajime le había contestado algo o no; lo más probable es que lo hubiese insultado y mandado a dormir. Sonrió con nostalgia. Cada vez se veían menos con Iwaizumi, y aunque se mantenían en contacto por llamadas y mensajes, había un montón de cosas cotidianas que estaban perdiéndose de compartir. Cosas pequeñas, cosas tontas y casi insignificantes en el día a día, pero eran cosas que ya no compartían entre ellos, si no con otras personas. No se veían desde el verano, ninguno había podido viajar a ver al otro, y las llamadas y mensajes se espaciaban más cuando los dos estaban muy atareados entre estudios y entrenamientos, lo que últimamente sucedía casi todo el tiempo.
Tooru entendía todo eso. Su parte racional comprendía que así era su relación ahora, que no había mucho más que pudieran hacer, pues ambos habían tomado sus propios caminos en la vida; y aunque trataban de que sus rumbos no se alejaran demasiado, había momentos en que resultaba inevitable el distanciamiento, como líneas tangentes que se encuentran en un solo punto, por única vez, y después se alejan para no volverse a encontrar jamás.
A pesar de que intentaba no deprimirse innecesariamente al respecto, habían muchas veces en las que Tooru sentía que era el único interesado en sostener la cercanía de su relación, el único que se esforzaba en no perder el estrecho vínculo que siempre los había unido...
El sonido de una llamada entrante lo salvó de seguir hundiéndose en pensamientos innecesariamente deprimentes. No le sorprendió que se tratara de Ushiwaka, solo esperaba que el maldito se sintiera tan mal como él; aunque conociéndolo era muy probable que contara con un gen específico anti-resacas.
—Oikawa...
La voz pastosa e insegura de Ushijima fue música para sus oídos, confirmándole a Tooru que en esos momentos no era el único sintiéndose cualquier cosa menos un ser humano. Sin embargo, las siguientes palabras de su compañero lo dejaron perplejo.
—Creo… que atendí el otro teléfono.
Tooru tardó varios segundos en procesar la información, y para cuando sus neuronas lograron recordar cómo se realizaba la sinapsis necesaria para preguntar algo, la llamada se cortó. Trató de contactarse con el número de Ushijima, pero le salía el contestador automático. A pesar de la nebulosa en la que aún tenía perdido el cerebro, Tooru sabía que era un momento que requería medidas drásticas. Salió como una saeta de su departamento y tocó la puerta de al lado, encontrándola sin llave.
—¡Tenemos una emergencia bovina! —exclamó mientras abría la puerta de par en par.— ¡Debemos ir a... ! —miró un momento el panorama.— Olvídenlo.
Cerró la puerta al tiempo que el Photoshop de su mente le aplicaba un filtro pixelado a la escena que acababa de presenciar. Él muriéndose en su depresiva resaca a cinco metros de allí, y sus vecinos reviviendo de lo que tenía toda la pinta de haber sido una orgía. Y Ushijima unas cuadras más allá perdiendo la pureza (vaya uno a saber de qué ángulo). Solo faltaba que Daichi hubiese tenido sexo por video-llamada con Suga, y entonces Tooru podía considerarse el único perdedor de la noche anterior. Resopló y salió disparado en dirección a la residencia universitaria mientras se comunicaba con Daichi.
—¿Está Ushijima contigo? —le preguntó en cuanto Sawamura atendió el teléfono.
—¿Eh? No, salí a comprar algo para almorzar. ¿Sucede algo?
—¿Anoche lo dejaste en su habitación?
—No, había perdido sus llaves, así que Tsugimoto-san...
—Te llamo luego.
Tooru cortó abruptamente la llamada al llegar a la residencia. Subió las escaleras a toda velocidad y se plantó frente a la habitación de Tsugimoto. Tras sus fuertes aporreos, la puerta se abrió y por ella apareció su senpai, con el pantalón mal abrochado y todo despeinado.
—Ah, mi kohai de las piernas flacas —sonrió el tipo, apoyándose en el marco de la puerta con expresión relajada.— ¿Qué te trae por aquí?
Oikawa lo apartó de un empujón y se asomó a la habitación, pero no había nadie más allí.
—¿Dónde está Ushijima? —exigió saber.
—Guardado en el bolsillo no lo tengo, si quieres fíjate —Tsugimoto meneó la cadera, señalando los bolsillos de su pantalón.
—¿Qué le hiciste a Ushijima? —inquirió Tooru, ignorándolo.
—Nada que él no aprobara —el otro muchacho sonrió con sorna.
—Estoy preguntando en serio.
—Y yo te respondo en serio —replicó Tsugimoto.— Estudio medicina, ya sabes, sé cómo hacer que un cuerpo se sienta bien...
—El idiota de Ushiwaka estaba borracho —indició Tooru muy serio.— Te aprovechaste de él.
—Eso suena un poco fuerte —volvió a sonreír con gesto sardónico y sin pizca de culpa.— Ushijima solo estaba alegre y relajado, como nunca lo está, y fue algo muy útil para mí... pero prometo que no lo dañé.
—Con o sin daño, eso es abuso —siseó Oikawa, cerrando los puños.
—Podemos debatir al respecto, pues Ushijima no se quejó... mucho —volvió a sonreír.
—¡DESHONORASTE A NUESTRA VACA! —exclamó Tooru, tomándolo por el cuello de la camiseta para estamparlo contra la pared.
—¿Oikawa?
Tooru giró la cabeza al escuchar la voz de Ushijima y lo encontró parado en la puerta, observando la escena.
—¡Vacatoshi! ¿Estás bien? ¿Qué haces aquí?
Ushijima parecía un poco raro; su expresión se mantenía tan seria como de costumbre, pero había un inusual rictus de desconcierto en su gesto.
—Vine a darle las gracias a Tsugimoto-san —repuso tras una leve vacilación.
—¿Las gracias? —se soliviantó Tooru.— ¡¿Después de lo que te hizo?!
Hubo un breve silencio.
—Lo que me hizo estuvo bien —replicó Wakatoshi.
Tooru soltó el cuello del senpai y dejó caer el brazo junto con la mandíbula.
—Ya está, le dio el Síndrome de Estocolmo —se lamentó mientras se presionaba los ojos con una mano.
—Oikawa...
—¡NO! ¡No está bien lo que te hizo!
Ushijima parpadeó, aún más serio y desconcertado que antes.
—¿No? —se llevó una mano a la cabeza.— ¿Por qué no?
—¡Porque esas cosas se hacen con el consentimiento de ambas partes!
—Ah, ya veo... —asintió con la vista un poco ida.— Pero... él tenía mi consentimiento.
La expresión de Tooru viró por todos los matices de la indignación y la exasperación, y entonces Tsugimoto se echó a reír a carcajada limpia, sosteniéndose el estómago.
—¿De qué te ríes, imbécil? —lo increpó Oikawa, agarrándolo del cuello de la camiseta de nuevo.— ¿Te parece gracioso abusar de alguien?
—¿De quién abusé? —el senpai continuó riéndose.
—¡De él! —Tooru señaló a su amigo.
—¿Me abusaron? —se extrañó Ushijima.
—¡Sí!
—Oh.
Cuando Tsugimoto por fin terminó de reírse, Tooru se enteró que todo lo que el senpai le había hecho a su amigo fue tratarlo médicamente. Ushijima se había lastimado la parte posterior de la cabeza al caer desmayado, por lo que lo llevaron hasta la enfermería de la residencia, donde Tsugimoto le suturó la pequeña herida y también le dio suero para hidratarlo íntegramente y así evitarle una enorme resaca.
—Oh... ah... ya veo —Tooru soltó la camiseta del senpai, mientras los tres quedaban sumidos en un incómodo silencio.— Supongo que te debo una disculpa.
Tsugimoto asintió con gesto socarrón.
—Me la debes.
Tooru compuso una mueca de fastidio.
—Pues... ¡que te la dé tu abuela!
Tomó a Ushijima del brazo y lo arrastró lejos de allí a toda velocidad; se detuvieron recién al llegar al patio de la residencia.
—¡DÓNDE DEMONIOS DORMISTE! —quiso saber Oikawa.
—Perdí las llaves de mi habitación... —comenzó a decir Ushijima.
—¡Eso ya lo sé!
—Entonces Shirabu dijo que podía dormir en su cuarto.
—... ¡AJÁ! —Tooru elevó los puños al cielo.— ¿Así que atendiste el teléfono de Paloma-chan?
—No, el de su amigo.
—... ¡¿QUÉ?! —la sonrisa triunfal se desdibujó del rostro de Oikawa.— ¡¿QUIÉN?!
Ushijima le explicó que se había tratado solo de un malentendido por su parte. Shirabu compartía la habitación con otro compañero que no volvería a la residencia aquella noche, y por eso podía ofrecerle esa cama de más a Ushijima. Sin embargo, el otro chico en cuestión llegó por la mañana, ebrio como una cuba, y se lanzó a su cama sin siquiera darse cuenta que ya estaba ocupada por otro borracho durmiente. Ambos tenían la costumbre de dormir solo en ropa interior, y de allí la confusión de Wakatoshi al despertar y encontrarlo a su lado.
—Bueno, es un desenlace mucho menos interesante de lo que esperaba —murmuró Oikawa en cuanto terminó de escuchar su versión de los hechos.— Pero supongo que es mejor así... —suspiró y lo miró mal.— ¡Me hiciste salir corriendo todo resacoso para nada! —y le lanzó un puñetazo al hombro.
—Sí, lo siento... —asintió Ushijima, aún con expresión ida.
Era raro verlo así de perdido, pero Tooru supuso que se debía a la resaca, así que no le dio más vueltas al asunto. Se reunieron con los demás y juntos afrontaron un apático domingo de resaca y recuerdos imprecisos.
Promediando la semana los chicos tuvieron dos encuentros clasificatorios de volley con el seleccionado nacional. Primero se enfrentarían al equipo de Rusia y luego al de Corea del Sur. Oikawa, Bokuto y Ushijima todavía no se habían ganado la titularidad en la nueva categoría, si bien Wakatoshi estaba cerca de conseguirla, pero aún así eran los primeros suplentes en la lista y tuvieron que salir a jugar en varias oportunidades. El partido contra los rusos fue muy duro, y un par de titulares terminaron con lesiones menores, por lo que el partido contra los coreanos lo jugaron con varios de los jugadores de reserva, entre ellos los tres chicos. Finalmente perdieron ante Rusia y le ganaron a Corea del Sur. Los próximos partidos recién se disputarían en Diciembre y entonces definirían a no su clasificación.
El siguiente fin de semana estaban todos bastante agotados, pues Kuroo y Daichi habían tenido entrenamiento intensivo con el equipo universitario, mientras los otros tres chicos entrenaban y disputaban los partidos con el seleccionado.
—¿Nos extrañaron durante los entrenamientos? —preguntó Bokuto el sábado después de la cena. Había maratón de Star Wars aquella noche, y estaban listos para que iniciara.
—La cancha no es lo mismo sin tus gritos y tu insoportable vaivén emocional, Bro —repuso Kuroo.
—Oh, Bro.
—Bruh.
—¿Pasa algo, Ushijima? —le preguntó Daichi al muchacho, quien venía de la cocina con un recipiente lleno de palomitas de maíz recién hechas y de pronto se había detenido, observando las palomitas como si escondieran el secreto de la eterna juventud.
—¿Huh?
—¡Piensa rápido! —Oikawa le lanzó una mini pelota de volley, pero Ushijima no alcanzó a reaccionar y el objeto le golpeó la frente antes de caer dentro del recipiente de las palomitas.
—Oye, ten más cuidado con Pelotita-chan —le recriminó Kuroo a Oikawa. Habían comprado aquella pequeña pelota en cuanto la vieron en una tienda infantil, bromeando acerca de que era la hija de Ushijima y su pelota de volley de entrenamiento, esa que siempre llevaba en el bolso.
—¿Estás bien, Ushibro? —inquirió Bokuto entonces.— Últimamente vives en las nubes.
—¿Quizá el alcohol de la fiesta le quemó la única neurona que le funcionaba? —fingió preocuparse Oikawa.— Un minuto de silencio por ella, por favor.
Ushijima no respondió nada y simplemente tomó su lugar en el cojín junto a la mesa. En ese momento llegaron Akaashi y Kenma, trayendo el helado que se le había antojado a Bokuto a último momento.
—¡Yeyyy, Agaasheee! —Bokuto rodó por el suelo hasta abrazarse a la pierna de Keiji.
—Hola, Bokuto-san.
—¿Me extrañaste?
—Hola, Bokuto-san.
—Me extrañaste, ¿cierto?
—Hola, Bokuto-san.
—Akaaashiii —se quejó Kotaro ante la evasiva del otro chico.
—Un día de estos le gastarás el nombre a ese pobre muchacho, de pronto pasará a llamarse Raúl Fernández Ortiz y le crecerá bigote y acento mexicano —opinó Oikawa en tono fastidiado.
—Hoy estuviste pegado al canal de telenovelas latinas de nuevo, ¿verdad? —le dijo Daichi a Tooru, quien solo sacó la lengua y apartó la vista.
Mientras Kenma ayudaba a Kuroo en la cocina a traer las últimas cosas necesarias antes de que empezaran la maratón de películas, Bokuto le insistía a Akaashi para que le dijera cuál regalo le gustaría.
—No hace falta que me regales nada, Bokuto-san,
—¡Pero se acerca tu cumpleaños!
—Falta un mes todavía.
—¡La nada misma! ¡Dime qué te gustaría!
—Ni se te ocurra decirle "sorpréndeme" —avisó Kuroo desde la cocina.— O puede aparecer en tu puerta con un reactor nuclear envuelto para regalo.
—Sí, lo sé —asintió Keiji calmadamente.
—Akaaashee —Kotaro compuso un mohín.— O quizá... —esbozó una anca sonrisa.— ¿Me quieres a mí de regalo?
—No —el gesto de Bokuto se puso mustio y Akaashi prosiguió.— Porque ya eres mío.
Bokuto saltó por encima de la mesa y cayó sobre Akaashi, abrazándolo fuertemente hasta con las piernas y plantándole besos por toda la cara.
—Bueno, bueno, vamos a calmarnos —dijo Oikawa entonces.— Conténganse un poco, por favor, hay niños presentes.
—¿Qué niños? —inquirió Daichi.
Oikawa lo miró un momento.
—Es decir, hay un virgen presente —señaló a Ushijima.— Por favor, respeten su pureza.
Pero Ushijima no les prestaba atención, comía palomitas de maíz y jugueteaba distraídamente con la pequeña pelota de volley.
La maratón dio comienzo y todos se ubicaron cómodamente en torno al TV. Como siempre le pasaba, Oikawa se puso sentimental cuando Qui-Gon muere. La primera vez que vio el Episodio I, en compañía de Iwaizumi, al llegar esa escena Oikawa se puso a llorar como una magdalena en pleno cine; a partir de entonces, cada vez que veían aquella película y llegaban a esa parte, Hajime dejaba el brazo extendido para que Tooru le tomara la mano y resistiera el llanto. Pero ahora no estaba Iwa-chan, así que se había conformado con traerse la pantufla-Godzilla en el bolsillo de la chaqueta, y la estrujaba mientras veía morir a quien hubiese querido de sensei intergaláctico.
Terminado el Episodio I hubo un corte publicitario y los chicos aprovecharon para estirar un poco las piernas y rellenar el recipiente de las palomitas de maíz.
—Te las comiste todas tu solo, Vacatoshi —le recriminó Oikawa.
—Ah, lo siento.
—Ahh, esto me trae recuerdos —comentó Kuroo entonces, mientras jugueteaba con el pelo de Kenma, que tenía la cabeza apoyada contra la mesa.— Cuando éramos más pequeños, todos los cuatro de Mayo hacíamos maratón de Star Wars.
—¿El cuatro de Mayo? —repitió Ushijima.
—¡El día de Star Wars! —le indicó Oikawa.— Ya sabes, por la frase "may the force be with you", que suena muy parecido a "May the fourth", como se dice esa fecha en inglés.
—Ah, ya veo —asintió y continuó comiendo palomitas.— El cuatro de Mayo es el cumpleaños de Shirabu.
Oikawa y Kuroo intercambiaron una breve mirada.
—¡Es una señal! —dijo Tooru en tono teatral.— ¡El ternero-paloma nació en el día de la Fuerza! Porque toda la Fuerza del universo debe estar con él si quiere conquistar a semejante lerdo —señaló a Ushijima y se rió junto con Kuroo.— ¡Vamos, Shirabu, despierta la Fuerza que hay en ti! ¡Enfréntate en una lucha de sables con Ushijima!
Oikawa y Kuroo se reían estúpidamente, coreados por Bokuto desde la cocina; Akaashi no decía nada, Kenma casi ronroneaba mientras le acariciaban el pelo, y Daichi sonreía pero también rodaba los ojos ante tanta tontería. Ushijima permaneció en silencio. No obstante, en cuanto terminó el Episodio II, Ushijima anunció que tenía algo que hacer y se marchó sin dar más explicaciones.
—Está raro —observó Kuroo.
—Me preocupa un poco —admitió Daichi.
—¿Estará en las drogas? —se preguntó Bokuto.
Oikawa se encogió de hombros mientras saboreaba su pote de helado.
—A quién le importa —replicó.
—Dice el que salió corriendo cuando pensó que se habían aprovechado de la vaca —sonrió Kuroo, ganándose una mirada malhumorada.
Aquel domingo se suponía que era de estudio tranquilo y descanso, para reponer energías para los siguientes partidos; pero Oikawa y Bokuto estaban tan ansiosos que prácticamente caminaban por los techos. Tooru llamó a Iwaizumi en la tarde.
—¿Cuántos días estarán en Tokio? —quiso saber Oikawa.
—Tres días mínimo, nos quedaremos más solo si avanzamos a la siguiente fase —respondió Iwaizumi.
—Ya veo...
Charlaron un poco más y se despidieron, pues se verían al otro día en el inicio del torneo universitario. Al día siguiente solo pudo saludar a Iwaizumi de lejos, cada uno formado con su equipo mientras la ceremonia de inicio daba comienzo, y tuvo que esperar hasta que terminaron los partidos en la tarde para poder coincidir Hajime.
—¡Iwa-chaaaan! —lo llamó corriendo hacia él y lo abrazó por la cabeza, frotando la mejilla contra el cabello crespo de Iwaizumi.
—¿Es tu amigo de la infancia, Hajime? —preguntó uno de los compañeros de Iwaizumi.
—Ese mismo... —repuso con voz ahogada.
Los compañeros de Hajime se mostraron muy interesados en conocer a Oikawa, y lo acribillaron a preguntas y elogios durante un buen rato. Oikawa estaba un poco fastidiado porque quería pasar el rato con Iwaizumi, pero por otro lado su ego no podía resistirse ante tanta admiración, y se entretuvo ufanándose de sí mismo y respondiendo todo lo que le preguntaban.
—Ya vámonos —gruñó Iwaizumi de pronto, arrastrado a Oikawa por un brazo.
—¿No cenarás con el equipo? —le preguntó un compañero al verlo alejarse.
—No, volveré al hotel más tarde —hizo un gesto con la mano.— Nos vemos.
Salieron del estadio con la multitud que se dispersaba, charlando sobre los partidos. El equipo de Oikawa había ganado los dos partidos del día, mientras que el de Iwaizumi ganó uno y perdió otro. Cenaron afuera y charlaron durante todo el rato, hasta que se hizo lo suficientemente tarde para que cada uno tuviese que volver a su lugar a descansar.
—Ojalá pudieses quedarte en mi casa —comentó Oikawa algo desanimado.
Iwaizumi asintió con gesto lúgubre también.
—Sí... pero debo quedarme con el equipo por las normas.
No habían compartido más contacto físico del necesario, y como estaban en medio de una zona pública y altamente transitada, ni hablar sobre beso de despedida. Ya que era de noche y la multitud de gente pasaba concentrada en otras cosas, Oikawa se paró cerca de Iwaizumi y le tomó la mano disimuladamente.
—Iwa-chan.
—¿Mmh?
Los dedos de Hajime se habían cerrado con fuerza en torno a los de Oikawa, pero mantenía la vista al frente, posada en la luminosa fuente de agua que decoraba el centro de aquella zona comercial. Tooru, en cambio, lo observaba a él, con un sinfín de preguntas pugnando por salir de su boca. ¿Iwaizumi lo extrañaría en algún momento? ¿Echaría de menos algo de su compañía? ¿Y si era así por qué no lo decía, por qué no lo demostraba en lo más mínimo? ¿Por qué siempre parecía tan compuesto y tranquilo a pesar de la distancia, mientras él, Tooru, se moría de ansias por verlo y estar cerca suyo? ¿Por qué de golpe su relación se parecía a un amor adolescente casi unilateral? ¿Por qué de pronto Tooru sentía que él era el único queriendo, mientras Iwaizumi se dedicaba a soportar esos sentimientos que le imponía solo en honor a la amistad?
—¿Qué piensas?
Oikawa salió de su estado ensimismado al escuchar la voz de Iwaizumi.
—Ah... nada importante —sonrió.
—Mentiroso —Hajime le dio con el hombro en el suyo.
—Solo pensaba que... fue raro verte jugar en otro equipo —repuso Tooru con una mueca. Era una mentira a medias, porque en verdad esa idea había estado todo el día rondando su mente.— Fue raro verte en la cancha y no estar ahí a tu lado, en el mismo lado de la red... juntos.
Iwaizumi había hecho dos grandes partidos con su grupo, a pesar de haber perdido uno, y Oikawa había podido apreciar que se desenvolvía bien con sus compañeros, que eran un equipo bien conformado, a pesar de no ser deslumbrante en la cancha. Iwaizumi solía lograr eso con sus compañeros, dándoles estabilidad y confianza; esa misma estabilidad y confianza que Tooru siempre sintió a su lado, dentro y fuera de la cancha, pero que ahora no podía evocar como antes, y odiaba sentirse así.
—Yo ya te había visto jugar con tu equipo —replicó Iwaizumi, girando la vista hacia la fuente una vez más.— Pero no deja de sorprenderme lo bien que funcionan —sonrió.— Es bueno verte brillar en la cancha, es adonde perteneces. Aunque ya no sea a mi lado.
Oikawa tragó con dificultad y disimuló el nudo en la garganta con una risa ufana.
—Oh, ¿qué tenemos aquí? —dijo en tono petulante.— ¿Acaso extrañas mi prodigiosa habilidad de setter?
Iwaizumi lo miró mal por el rabillo del ojo y volvió a clavar la vista en las luminosas aguas.
—Obviamente, idiota —repuso con una sonrisa de lado.— Eres el mejor compañero en la cancha que tuve y tendré —suspiró.— Pero también es genial verte jugar con un equipo de tu nivel.
Tooru se había quedado sin palabras para responder, por lo que permaneció en silencio, asimilando lo que acababa de escuchar.
—En fin, ya es hora de irnos a descansar —indicó Iwaizumi.
—Ah, sí, es verdad —le dio un último apretón a sus dedos entrelazados antes de soltarle la mano.— Bueno... nos vemos mañana, entonces —sonrió y dio un paso atrás.
—Oikawa...
—¿Mmh?
—Espero que mañana me digas lo que estás pensando realmente —Iwaizumi lo miró muy fijo, para que le quedara claro que no se había dejado engañar ni por un instante.
Tooru frunció los labios y cerró los ojos un momento, inspirando con fuerza. Entonces, sin importarle la gente que los rodeaba, lo tomó de las solapas de la chaqueta y lo atrajo para darle un beso en la boca. Un beso breve, cálido y anhelante, nostálgico e insuficiente.
Al día siguiente tampoco les tocó enfrentarse en la cancha. El equipo de Oikawa y los chicos volvió a salir invicto, y el de Iwaizumi nuevamente perdió uno y ganó otro. Durante el tercer día por fin se toparon en la cancha. El equipo de Iwaizumi necesitaba una victoria sí o sí para lograr ubicarse en la siguiente fase, mientras que el grupo de los chicos ya estaba clasificado para la próxima ronda; este encuentro no marcaba la diferencia para ellos, salvo para mantener el orgulloso marcador invicto.
—¿Nervioso? —le preguntó Kuroo a Oikawa en los vestuarios.
—Ansioso —replicó Tooru.
—¡Hoy también ganaremowls! —exclamó Bokuto, alegre y ajeno a las tribulaciones de Oikawa.
—Será un partido parejo —comentó Daichi.— Son un buen equipo.
—Tienen buena recepción —asintió Ushijima. Y que él prodigara un elogio ya era demasiado.
Unos metros más allá, los de primero molestaban a Shirabu por unas marcas que tenía en la clavícula. Sus compañeros se reían y apostaban por cuál sería la chica que había logrado aplacar su humor de hierro. Al parecer lo habían llevado con éxito a una cita grupal.
—Hay que ver la juventud de hoy en día —comentó Kuroo, meneando la cabeza.— Teniendo esa clase de actividad el fin de semana previo a los partidos...
—Mira quién habla —se mofó Oikawa. Entonces miró a Ushijima, que estaba sentado atándose los cordones, y suspiró con pesar.— Y ahí se va todo mi esfuerzo, Ushivaca —le dio una leve patada en el tobillo.— Todo porque eres un lerdo y ahora una fulana cualquiera se llevó a nuestra blanca Paloma Espíritu Santo.
—El ternero se encontró otra vaca —se lamentó también Kuroo, exagerando.— Y con ubres, al parecer.
—Quién puede culparlo, claro...
—No le digan vaca a la novia de alguien —les reprochó Daichi.
—¿Quién se encontró novia? —preguntó Bokuto, sonriente.
Ushijima siguió en silencio y se puso de pie para guardar sus cosas, entonces los miró muy serio.
—Esas marcas se las hice yo —sentenció en tono implacable. Cerró la puerta del casillero y se dirigió a la salida del vestuario, dejando a sus amigos con las mandíbulas por el suelo.
En estado de desconcierto total, los chicos siguieron a Ushijima junto con el resto del equipo y el siguiente partido dio comienzo.
A pesar de la aplastante diferencia de nivel a simple vista, el equipo universitario de Iwaizumi se las arregló para hacer un buen juego, y perdieron el primer y segundo set a penas por tres puntos en el marcador. En un remonte casi milagroso, ganaron el tercer set. El cuarto set fue el más reñido, y pasaron los veinte puntos casi cabeza a cabeza. No obstante el admirable esfuerzo, se podía apreciar un notable desgaste en el equipo de Iwaizumi; aún si lograban hacerse con ese set, el quinto y último sería devastador para ellos.
Oikawa le daba crédito al equipo de Iwaizumi en cuanto a dedicación y concentración, pero no podía dejar de notar las fallas de algunos, sobre todo del setter. No tenía en cuenta las ligeras inclinaciones de posicionamiento de Iwaizumi, sus pequeños gestos, sus movimientos claves, todas esas señales ínfimas que indicaban la estrategia exacta para sacar lo mejor de él como jugador con un pase preciso. Durante todo el partido Oikawa tuvo la cabeza en los dos lados de la cancha, y no solo por analizar los movimientos del rival, si no porque él quería ser el rival; él quería estar en el lugar de ese otro setter, ese que no entendía para nada las tendencias de Iwa-chan en la cancha, que no conectaba con él como lo hacía Tooru. Quería estar ahí, y también con su propio equipo.
Llegados al último punto, se mantuvieron en deuce hasta el punto veintiocho, y casi por milagro el equipo de Iwaizumi logró el tanto de ventaja. Si anotaban, ganaban el partido y se jugaría un set más. Si ganaban, todavía tenían chances de seguir en el torneo. Si ganaban, Iwa-chan no se iría en la tarde, y se quedaría unos días más... la última pelota estaba en el aire, Oikawa había corrido para recuperar la pelota y tenía un ángulo complicado para dar un pase, pero tenía en vista a Ushijima. Si le enviaba el pase preciso, sabía que lo remataría con la fuerza necesaria para romper el bloqueo. Le quitarían la ventaja al otro equipo. Le quitarían la posibilidad de continuar. Durante una milésima de segundo la mirada de Oikawa se cruzó con la de Iwaizumi, al otro lado de la red. Fue un instante que duró horas en su mente, una fracción infinitesimal de tiempo que lo hizo dudar y dar un pase errado casi por decisión. El equipo de Iwaizumi logró el tanto y ganar el partido, por lo que se disputaría un último set.
Todos se mostraron muy sorprendidos de aquel improbable error por parte de Oikawa, pero nadie se lo reprochó, salvo el entrenador. E Iwaizumi. Lo vio dirigirse al baño y lo siguió.
—¿Qué fue eso? —le preguntó con voz seca.
—¿De qué hablas, Iwa-chan?
—Lo que hiciste —Hajime lo miraba muy enfadado.— Erraste apropósito.
—Claro que no —Tooru se rió restándole importancia.— Fue un error estúpido, pero error al fin.
—Deja de mentirme de una buena vez, sabes que te conozco. Tú no juegas así.
—Aún queda un set.
—Creí que daríamos lo mejor cuando nos encontráramos de nuevo en la cancha —las aletas de la nariz le temblaban.— ¿Esto es lo mejor que puedes darme? ¿Lástima? Desde el tercer set que no juegas como siempre lo haces.
—Déjame en paz, Iwa-chan, solo es cansancio.
Iwaizumi le dirigió una última y ofuscada mirada antes de darse la vuelta para volver con su equipo.
El quinto set fue casi humillante para el equipo de Iwaizumi, cuyas fuerzas físicas estaban muchísimo más minadas que las de su rival. Tanto Bokuto como Ushijima parecían que podían jugar dieciocho sets más con la misma vitalidad. Oikawa evitó lo más que pudo la mirada de Iwaizumi durante lo que quedaba de partido, pero en la última jugada sus ojos se cruzaron nuevamente, apartados por una red como nunca antes habían estado. Uno a cada lado. Separados. Distanciados. Desencontrados.
Oikawa saltó para alcanzar un pelota que se iba fuera de la cancha y giró en el aire para darle el pase a Ushijima, sin que su mirada se apartara de la de Iwaizumi en ningún momento. Todo ocurrió casi a cámara lenta. Sus dedos tocarón el balón, que cruzó el aire en una curva perfecta hasta la mano implacable de Ushijima. El chasquido del remate. El sonido del rebote contra el suelo. El silencio momentáneo. Las expresiones vencidas mientras la pelota caía. Los aplausos repentinos. Las lágrimas de derrota aflorando. Todo eso ocurrió en los segundos en que Oikawa había saltado para dar ese último pase y caía al suelo una vez más...
Y entonces el dolor.
Agudo, lacerante, como un latigazo.
El mundo se nubló ante sus ojos durante un instante que se hizo eterno.
Y Oikawa se derrumbó sobre una rodilla que ya no lo sostenía más.
Era un mal sueño. Solo eso.
Una pesadilla.
No era real. No podía serlo.
Pero esta vez, sí lo era.
