Capítulo 29. Descubriendo los secretos del sonido celestial.
Algunos días después de haber descubierto que Amane conocía a Urahara, Ichigo decidió visitarlo.
- ¡Kurosaki-san! Esta es una verdadera sorpresa. ¿Qué te trae a mi humilde tienda? – exclamó cuando vio a Ichigo frente a él.
- ¡Urahara-san! Necesito tratar un asunto contigo.
- ¿Uhhh? Eso me suena a problemas, Kurosaki-san. Entremos – dijo mientras se encaminaba a la parte de atrás de la tienda seguido por Ichigo.
- Urahara-san, ¿tú sabías de la existencia de Etsu y Amane Koizumi? – inquirió.
- ¡Oh!, directo al punto, como siempre – dijo cubriendose el rostro con el abanico.
- Deja de jugar y contéstame.
- Mmm… ¿por qué tendría que conocerlas? – dijo con cara de sorpresa.
- ¡Por favor Urahara-san! – exclamó con fastidio. – Fuiste tú quien me dijo a qué se refería Aizen con lo de "el sonido celestial".
Urahara guardó silencio un momento. ¿Cómo supo que conocía a Amane? Era obvio suponerlo, de otra forma no estaría ahí. Ese había sido un error de su parte pero nunca imaginó que Kurosaki-san recordaría algo que había ocurrido en un momento como el de entonces.
- Simplemente conocía el significado de esa palabra, Kurosaki-san – respondió en tono casual. – Pero eso no significa que conociera a Amane Koizumi – añadió con seriedad.
- ¡Oh, vamos, Urahara-san! ¿De qué otra Amane podría haber estado hablando Aizen? – inquiró serio. – Tratándose de mí, no podía estar hablando de alguien más. No podías saber a quien se refería a menos que conocieras a Amane y su relación conmigo – dijo frunciendo el ceño.
- Oh… está bien Kurosaki-san, pero primero déjame preguntarte algo. ¿Por qué este repentino interés en Amane…Koizumi? Quiero decir, sabía que ustedes dos se conocían pero resultaba claro que tu apego estaba en otro lado.
- Porque Amane… era muy importante para mí – respondió.
- ¡Oh…! Comprendo, aunque… nunca lo mencionaste – dijo mirándolo de reojo.
- No tenía porque hacerlo, Urahara-san – reconoció.
- Entiendo.
-¿Cómo sabías que nos conocíamos? ¿Quién te lo dijo? – preguntó. Sabía la respuesta pero tenía que conocer la versión de Urahara para tratar de entender algunas cosas.
- Lo supe por ella – respondió mirándolo.
- ¿Cómo es que te dijo algo así?
- Porque Amane estuvo aquí – reveló.
- ¿Ella estuvo aquí? ¿Cuándo? – preguntó.
- Mmm… no recientemente, eso es obvio.
- ¡Con mil demonios, Urahara-san! ¿Cuándo? – preguntó irritado.
- ¡No te enfades, Kurosaki-san! - exclamó y guardó silencio un momento. ¿Debía decirle? Bueno, en ese momento ya no había razón para ocultarlo.
- De acuerdo – suspiró resignado. - Ella estuvo aquí muchas veces, Kurosaki-san Su único interés era asegurarse de que tú estabas bien. La primera vez que vino a este lugar fue el día que estuviste a punto de morir intentando evitar que llevaran a Rukia-san de regreso a la Sociedad de Almas.
- Pero ¿cómo lo supo? ¿Cómo pudo saberlo? Ella conocía mis actividades como shinigami porque podía ver espíritus y porque en algún momento yo le revelé algunas cosas, pero ¿cómo pudo saber que yo estaba aquí?
- Ella dijo que se guió por tu energía – respondió encogiéndose de hombros.
- ¡Pero ella no podía sentirla! – exclamó con asombro.
- ¡Yare, yare, yare!, nunca deja de sorprenderme tu falta de sentido común, Kurosaki-san.
- Ay, por favor – dijo en tono de fastidio.
- ¿Me dejarás explicar? – preguntó mirándolo fijamente.
- Está bien - resopló.
- La noche que Byakuya Kuchiki y Renji Abarai casi te asesinan, Amane estuvo en ese lugar. Después de que atendiera las heridas de Ishida-san y se fuera a casa y de traerte a mí tienda, Amane llegó a ese sitio. Y por supuesto, vio toda la sangre que derramaste Kurosaki-san. Ahí fue capaz de detectar tu energía y la siguió hasta aquí.
- Pero, nunca me lo dijo… ¡y tú tampoco Urahara-san! – lo acusó.
- ¿Y por qué tenía que decírtelo, Kurosaki-san? – preguntó con extrañeza. - Ella me pidió que no lo mencionara. Además, estabas tan comprometido con tus deberes hacia Rukia-san, que difícilmente me hubieras escuchado.
- Pero no entiendo, ¿cómo supo del lugar donde estuve a punto de morir?
- Eso es algo que aún no he podido entender y me temo que no hay una científica explicación para ello. Me imagino que sus profundos sentimientos hacia ti, Kurosaki-san, el hecho de conocer tu energía y experimentar tu dolor, hicieron que percibiera el momento en que empezó a salirse de control. Pudo sentirlo a una gran distancia y eso es mucho decir – dijo sorprendido.
- Pero… no entiendo, Urahara-san, ¿cómo podía conocer mi energía? Yo dejé de frecuentarla algún tiempo después de que Rukia me traspasará sus poderes.
- Cierto, Kurosaki-san. Pero esa es justamente la clave. Cuando Rukia-san te traspasó sus poderes, tu energía despertó con fuerza y Amane la sintió, ya que poseía… cierto nivel de energía espiritual. Lo supo todo el tiempo. Quizá dejaste de frecuentarla pero pasaban mucho tiempo dentro del mismo salón de clases. Por eso la conocía.
- Urahara-san, ¿a qué te referías con experimentar mi dolor? – preguntó.
- A lo que me refería con experimentar tu dolor es que ella podía sentirlo cuando… resultabas herido… Kurosaki-san. Y desafortunadamente… yo no pude encontrar la forma de ayudarla – dijo con pesar.
- Es que no entiendo, ¿cómo pudo suceder algo así? ¿Cómo pudo soportar algo así? ¡Y jamás dijo nada! ¡Nunca me dijo nada! Estuve a punto de morir tantas veces… y ella… – dijo con pesar.
- No pensó que deberías saberlo, Kurosaki-san – admitió con seriedad.
- ¿Y por qué demonios pensaría tal cosa? ¿Por qué prefirió callar y ocultarme todo? – preguntó enojado.
- ¿Y qué se supone que hubieras hecho? Ella no quería ser una molestia para ti, Kurosaki-san y tu actitud hacia ella confirmaba lo que pensaba, así que hizo lo que creyó que era correcto - explicó con frialdad. Ichigo guardó silencio. Urahara tenía razón.
- Pero vino hasta aquí y... ¿no pensó en quedarse?
- Vino hasta aquí para saber cómo estabas y para conocer las razones por las que te encontrabas así – lo interrumpió. - Solo quería asegurarse que estabas vivo y a salvo. Amane deseaba estar a tu lado más que cualquier otra cosa en el mundo, Kurosaki-san. De hecho, estuvo contigo unos momentos, pero no podía soportar la idea de verte en ese estado; lo único que no quería era confundirte más ni causarte más problemas de los que ya tenías.
- ¿Problemas? ¡Maldición! ¿Qué clase de problemas? – inquirió molesto.
- ¡Sí, problemas! – exclamó irritado. - Estabas moribundo, preocupado hasta la médula por la suerte de Rukia-san, desesperado por saber cómo llegar a la Sociedad de Almas y sin tus poderes; en el estado en que estabas, no entiendo cómo pensabas lidiar con el hecho de que Amane hubiera aparecido aquí y la forma en que lo había hecho. Resistir la necesidad de estar a tu lado fue lo mejor que pudo hacer – aseveró de forma tajante.
-¿Pero por qué todo mundo está empeñado en que Amane no me importaba? ¡Pareciera que todos están conspirando para hacerme sentir más culpable de lo que ya me siento! – le reprochó a Urahara.
- Pues si te importaba tanto Kurosaki-san, lo ocultabas muy bien – dijo con cierto sarcasmo. - En fin, esa fue la primera de muchas ocasiones en las que estuvo aquí para saber de ti. Me llama la atención el hecho de que sabía muchas cosas considerando que solo se guiaba por tu energía. Ella supo de tu primera visita a la Sociedad de Almas para salvar a Rukia-san; de los problemas con tu hollow y tu entrenamiento con los Vaizaado; de las batallas con los arrancar cuando vinieron por primera vez a este mundo y de tu viaje a Hueco Mundo para rescatar a Inoue. ¡Sabía todo! – exclamó. – Mmm… tal vez debí contratarla como mi asistente – dijo pensativo. - Tenía mucha facilidad para discernir las cosas más complejas.
- ¿Cómo supiste que ella estaba en Hueco Mundo? – preguntó.
- Tus hermanas encontraron las cosas de Amane en el río. Isshin-san percibió la energía de Amane y la de un arrancar y habló conmigo. Pensamos que el único que podía haber enviado uno era lógicamente Aizen.
- ¿Y por qué pensaste que quería utilizar a Amane para hacerme daño?
- Porque era obvio que Amane estaba enamorada de ti, Kurosaki-san. Probablemente Aizen quería utilizar eso para asegurarse de detenerte, en caso de que no le resultara la artimaña de la supuesta traición de Inoue-san.
- ¿Pero cómo pudo saber Aizen sobre mi relación con Amane?
- Lo ignoro. El se valía de muchos medios para obtener información. Desconozco cómo supo de ella y lo que sentía por ti – explicó y guardó silencio. Después de unos momentos en los que pareció pensar en algo continuó. - Y a todo esto ¿tú cómo supiste que ella estaba en Hueco Mundo? No tenías forma de saberlo, Kurosaki-san y yo no tuve manera de informártelo – inquirió con interés.
- Me lo dijeron… durante las batallas. Ulquiorra y Grimmjow me lo dijeron.
- Mmm… entiendo – dijo pensativo. ¿Grimmjow dices? Y, ¿por qué o cómo fue que te lo dijo?
- Porque quería obligarme a utilizar el poder de mi hollowficación y yo me negaba a hacerlo. Primero me provocó con la herida que le causó a Rukia, después con lo que supuestamente le hicieron a Inoue y finalmente con lo que pretendía hacerle a Amane – dijo inquieto. – ¿Y si realmente le hicieron algo, Urahara-san?
- No, Kurosaki-san, no hay razón para pensar eso – dijo tratando de tranquilizarlo. - Además, Aizen se ha ido y lo que sea que pretendía, definitivamente no pudo conseguirlo – concluyó.
- Urahara-san ¿quién estuvo buscándola en Hueco Mundo?
Urahara guardó silencio. Si le decía que diversos grupos enviados por Ukitake, podría preguntar la razón de tanto interés en una simple humana.
- Al parecer algunos grupos de shinigamis, mientras se restablecía el orden en Hueco Mundo, Kurosaki-san, pero no lo sé con exactitud – dijo.
- Pero ¿quién le dijo a la Sociedad de Almas que Amane estaba ahí? – preguntó con curiosidad.
- Mientras realizaba los preparativos para la batalla en el invierno, le hice saber al Gotei 13 que Inoue-san no era una traidora, sino que había sido secuestrada por órdenes de Aizen para obligarte a ir a Hueco Mundo. Se convencieron de ese hecho cuando les informé que otra joven humana amiga tuya, había sido secuestrada días después de la desaparición de Inoue-san. Cuando admitieron que todo era un plan urdido por Aizen para quitarte del camino, además del hecho de que eras el único que no estaba bajo la influencia de su shikai, decidieron enviar ayuda a Hueco Mundo. Esa fue la razón de que viajaran Kenpachi, Byakuya, Kurotsuchi y Unohana-san con los demás a ese lugar.
- Entiendo – dijo. – Pero tengo la sensación de qué había algo más acerca de Amane. Siempre pensé que había algo extraño en torno a ella, su madre y su vida; sobre su capacidad para ver espíritus.
- ¿Por qué lo dices, Kurosaki-san? – inquirió ocultando su curiosidad.
- Por todo, Urahara-san. ¿Cómo podía sentir mis emociones o el dolor que me provocaban las heridas? ¿Cómo pudo saber todo lo que me has dicho, guiándose solo por mi energía? Eso no es algo usual para un ser humano común y corriente – señaló desconcertado. - Además, está lo del sello – aventuró mirando de reojo a Urahara, quien ocultó su expresión de sorpresa tras el abanico.
- ¿A qué te refieres con eso del sello, Kurosaki-san? – preguntó con curiosidad. - ¿Cuál sello?
- Alguien me mencionó algo sobre un sello que no se habría roto si no hubiesen llevado a Amane a Hueco Mundo. Que el culpable de que ella hubiera muerto era Aizen – dijo pensativo.
Urahara guardó silencio. ¿Cómo supo y quién le dijo sobre el sello? De continuar así las cosas, no pasaría mucho antes de que Kurosaki-san terminara por descubrir todo. Saber la verdad solo conseguiría hacerlo sentir mucho peor de lo que ya se sentía. Ojalá pudiera decirle pero… no existía una razón para hacerlo porque el no volvería a ser un shinigami nunca más.
- ¿Por qué te interesa este asunto, Kurosaki-san? Amane se ha ido y todo terminó – dijo en tono serio.
- Porque ambos sabemos que ella está en alguna parte del Rukongai, en la Sociedad de Almas, Urahara-san – aseguró mirándolo fijamente.
Urahara sólo lo miró sin decir nada. Era obvio que en algún momento Kurosaki-san llegaría a esa conclusión. Después de todo, el sabía muchas cosas sobre la Sociedad, había sido un shinigami y solo era cuestión de tiempo para que lo recordara, aunque no pensó que lo haría tan pronto. Isshin-san ya se lo había advertido.
– ¿Puedo preguntarte algo, Urahara-san? – dijo de repente, sacándolo de sus pensamientos.
- Por… por supuesto – dijo sobresaltado.
- ¿Recuerdas lo que dijo Aizen antes de quedar completamente sellado?
- Mmm… claro que lo recuerdo, Kurosaki-san. También estuve ahí – respondió con mirada inquisitiva. - ¿Qué hay con eso?
- ¿Por qué crees que dijo que si lograba ver a Amane otra vez, la perdería nuevamente? ¿Por qué estaba tan seguro, Urahara-san? ¿Acaso sabía algo sobre Amane que yo desconocía? – preguntó con aire pensativo. - ¿Crees que podía ver… el futuro? – preguntó con cierto titubeo.
- ¡Por supuesto que no podía ver el futuro! – respondió mirándolo asombrado. - ¿Por qué piensas eso, Kurosaki-san?
- Es que… lo dijo con tal seguridad… – expresó desconcertado. – Si como él dijo, el hogyoku cumplía la voluntad y los deseos de quienes estaban cerca… tal vez el deseó que todo esto ocurriera – murmuró con pesar.
Urahara no supo qué responder. No se suponía que Kurosaki-san consideraría confiables en algún momento las palabras de Aizen. Llevar a Amane a Hueco Mundo había sido una simple moneda al aire. En aquél momento, no había tenido la menor idea de si Amane podría servir para sus planes, pero una vez que descubrió quién era, supo con exactitud lo que ocurriría si ella lograba dejar ese lugar, así que su última advertencia definitivamente había sido deliberada y completamente fundada. Y aparentemente Kurosaki-san había estado meditando sobre un indicio que nadie había previsto.
- Creo que la única certeza que Aizen tenía era que Amane permanecería en Hueco Mundo, porque estaba seguro de su victoria, Kurosaki-san; pero al final, considerando sus palabras, seguramente sabía que eventualmente la Sociedad la encontraría. Lo demás fue una simple saeta al aire esperando lograr con ello herirte, sembrar dudas en ti y confundirte, eso fue todo – expresó tratando de alejar esos pensamientos de la mente de Ichigo.
- ¿De verdad crees eso? A mí me pareció que estaba demasiado seguro de lo que decía – dijo con pesar. Después de una pausa continuó. – Aún puedo sentirla, Urahara-san. Tengo la sensación de que ella no se ha ido del todo, que de alguna manera, continua conmigo – dijo con melancolía.
- Kurosaki-san, quizá lo mejor sería dejar las cosas como están – dijo Urahara. - Amane se ha ido y nada hará que regrese. Es lamentable todo lo ocurrido, pero es momento de continuar tu vida como cualquier ser humano normal. Aún si tu teoría de que Amane se encuentra en algún lugar en el Rukongai fuese cierta, no hay nada que puedas hacer. Por alguna razón sus caminos se separaron, Kurosaki-san y el resultado nos dice que no había forma de volverlos a unir – afirmó con cierto pesar.
- Urahara-san, tal vez nuestros caminos se hayan separado, pero eso no significa que no se volverán a encontrar – dijo con determinación. – En algún momento también moriré y terminaré en la Sociedad de Almas como cualquier espíritu ¿no es así? – dijo sonriendo. Urahara sólo lo miró sin decir una sola palabra.
- Creo que debo irme – dijo mientras se levantaba y se dirigía hacia la puerta.
- Cuídate, Kurosaki-san. Y no lo olvides, es mejor vivir tu vida normalmente – dijo con tono serio.
- No lo olvidaré, Urahara-san. Por supuesto que no lo olvidaré.
Lentamente transcurrieron los días. Aunque lograba disimularlo con cierto éxito, Ichigo se sentía profundamente triste. Por un lado, añoraba su vida como shinigami y echaba de menos la presencia de Rukia; pero por otro, extrañaba profundamente a Amane, y todas las preguntas sin respuesta que ocupaban sus pensamientos no ayudaban en nada.
Quien solía hablar de ella con cierta frecuencia era Tatsuki. Le pareció extraño al principio ya que hasta donde él sabía, no habían sido realmente cercanas, pero después del incidente con Ishida, en realidad ya no sabía qué pensar. Ese día a la salida de la escuela, Tatsuki se acercó para caminar con él hacia su casa.
- ¡Hai, Ichigo! ¿Cómo estás? Hacía días que no coincidíamos a la salida.
- ¡Hai, Tasuki! Es difícil coincidir cuando te pasas todo el tiempo entrenando – respondió tratando de parecer normal.
- Mantenerse activo es una buena manera de apartar pensamientos tristes, Ichigo – dijo mirándolo de reojo.
- En eso tienes razón – respondió sin emoción.
- Ichigo… ¿qué fue lo que realmente le pasó a Amane? Es difícil creer que algo se complicó mientras le hacían unos estudios de rutina.
- Yo… no lo sé, Tatsuki. Eso fue lo que nos dijo Etsu-san – respondió.
- ¿Y tú en realidad crees eso, Ichigo? – lo inquirió sorprendida. – El día de su funeral te veías… realmente impactado. Como si hubieras presenciando algo terrible y te costara trabajo apartarlo de tu mente. En realidad, no sabría describirlo porque nunca te había visto así.
- No se trata de lo que yo crea, Tatsuki. Eso fue lo que sucedió según Etsu-san. Amane era demasiado frágil y al parecer estaba enferma, quizá por eso no soportó esos estudios rutinarios.
- Bueno, me imagino que tendré que creerte… a menos que estes empezando a ocultar cosas como lo hiciste anteriormente – dijo con suspicacia. Ichigo desvió la mirada. - Lo ves, Ichigo. Seguramente estás ocultando algo.
- Es que… en realidad fue algo terrible, Tatsuki – dijo sin poder ocultar su pesar. – Etsu-san me pidió que no lo mencionara, pero… por favor no se lo digas a nadie, ni siquiera a Inoue ¿de acuerdo?
- ¿Qué fue lo que ocurrió, Ichigo?
- El día que Amane murió, había regresado de Tokyo. Yo quedé de verla a la salida de la estación a las nueve pero el tren llegó quince minutos antes. Amane salió a esperarme y unos infelices la atacaron.
- ¡Ichigo! Pero ¿no se te ocurrió llegar tarde, verdad? – dijo mirándolo inquisitivamente.
- ¡Por supuesto que no Tatsuki! – exclamó con sorpresa. - Estaba en perfecto tiempo pero… no sabía que el tren había llegado antes. Cuando crucé frente a un oscuro callejón, no muy lejos de la estación, la escuché gritar. Esos malditos querían… hacerle daño, Tatsuki. Corrí a ayudarla y golpeé a uno. Cuando estaba peleando con el otro, el que golpee primero intentó apuñalarme pero… Amane se interpuso y la apuñaló a ella – dijo afligido. - Cuando me di cuenta, habían huído ambos y solo tuve tiempo de correr a sostenerla, pero… ya era tarde.
- ¡Eso fue… realmente horrible, Ichigo! - exclamó con espanto. - ¿Por qué tenía que pasarle a Amane algo así? – dijo con pesar. - Ella era simplemente... genial, gentil y tierna. No entiendo por qué tenían que pasarle cosas tan terribles siendo como era. Es tan… triste – murmuró. - Amane solía decir que tal vez a las personas extrañas como ella solían pasarle cosas extrañas – comentó con aflicción. - ¿Pero… acaso no se defendió? Lo poco que sabía de karate pudo haberle ayudado – preguntó.
- ¡Por supuesto que se defendió, Tatsuki! – la miró desconcertado. - Y eso le costó que le fracturaran un brazo, pero era tan frágil y había adelgazado tanto…
- En serio, no te reconozco Ichigo – respondió mirándolo. – Tú no eres así. ¿De verdad crees que porque Amane podía parecer vulnerable en realidad lo era? Me parece entonces que no la conocías tan bien como se suponía, Ichigo.
- ¿Por qué dices eso, Tatsuki? – preguntó frunciendo el ceño. – Tú no la conocías.
- Quizá no como tú pretendías conocerla, pero si lo suficiente para saber que ella no se rendía fácilmente. Nunca lo hizo a pesar de todo.
- ¿Y tú como puedes saber eso? – preguntó con curiosidad.
- Porque fuimos compañeras en la clase de karate. A pesar de que en un principio le costaba trabajo, nunca se daba por vencida – recordó sonriendo. – No importaba cuántas veces fallara, continuaba intentándolo una y otra vez con una energía y un entusiasmo que siempre me sorprendían – dijo con suavidad. – Me recordaba a ti, Ichigo – se rió.
- ¿Y desde cuándo creció tu amistad con ella? Si mal no recuerdo, no cruzaban más allá del saludo.
- Por favor, Ichigo. Quizá en un principio fue así. No era tan sencillo acercarse a Amane. No sé cómo lo hiciste tú casi desde el principio, porque siempre se mostraba tan fría y distante… pero desde que ingresó a las clases de karate pude conocerla mejor. Era genial tenerla como compañera. Y también desde aquel día… en el parque.
- ¿El día en el parque?
- El día que lastimaron a Chad y a Orihime – respondió recordando aquél momento.
- ¿Qué fue lo que pasó ese día, Tatsuki? – preguntó Ichigo con curiosidad.
- Después de que desaparecieron esos arrancars Amane esperó hasta que desperté. De toda la gente que se encontraba ese día en esa zona del parque, fui la única que sobrevivió. Así que cuando tú, Orihime y Sado desaparecieron, ella se quedó a mi lado hasta que desperté y me llevó a casa – recordó. - Ahora que lo pienso, nunca le pregunté qué estaba haciendo allí ni cómo fue que sobrevivió. Ella se veía tan consternada y asustada, pero sobre todo angustiada. Creo que vio todo lo que ocurrió. En ese entonces me di cuenta de lo gentil y dulce que era.
- ¿Dices que ella vio todo? – preguntó.
- Estoy segura que antes de perder el conocimiento, la vi correr hacia a ti cuando ese monstruo te golpeaba.
El corazón de Ichigo dio un vuelco. ¡Había sido Amane quien distrajo a Yammy y se aproximaba a él cuando Yoruichi la detuvo! Solo que no pudo verla claramente por la sangre que cubría su rostro. ¿Qué estaba ella haciendo ahí? Cuando le preguntó a Yoruichi y a Urahara-san, dijeron que no sabían quién era.
- Por cierto, fuiste tú quien la buscó cuando dejó de asistir a clases ¿no? ¿Por qué decidiste ir a buscarla, Tatsuki? Nunca habías hecho eso por alguien más, de no ser por mí o por Inoue – inquirió cambiando el tema.
- Porque Amane nunca faltaba aunque estuviera enferma o lastimada; yo… estaba preocupada de que algo más pudiera haberle ocurrido, de que otra vez estuvieran sucediéndole cosas… - súbitamente guardó silencio.
- ¿Y por qué rayos Amane iba a estar lastimada, Tatsuki? ¿Que estuvieran sucediéndole qué cosas? – inquirió deteniéndose y sujetándola por un brazo. Tatsuki dudó por unos momentos. - ¡Contéstame, Tatsuki! – exigió.
- ¡Ichigo! ¿Qué te pasa? ¡Se suponía que tú la conocías mejor que nadie! ¿Cómo es posible que no sepas nada? – espetó molesta, liberando su brazo. - ¡Ah, claro! ¿Cómo se supone que ibas a saberlo si estabas tan ocupado con Rukia? – exclamó airada.
- ¿Y qué demonios tiene que ver Rukia?
- Muchas veces pensé que eras un tonto, pero nunca creí que tanto. Estabas tan ocupado con Rukia que cómo ibas a darte cuenta de lo que le pasaba a Amane – lo acusó molesta. - ¿Por qué le hiciste pensar que te importaba, Ichigo? ¿Desde cuándo te convertiste en un cretino?
- ¿De qué rayos estás hablando?
- Amane estaba enamorada de ti – respondió.
- Eso ya lo sabía, porque yo… también lo estaba de Amane… es simplemente que… estaba confundido, Tatsuki – dijo bajando la mirada. - Cuando viajé a la Sociedad de Almas para evitar que la ejecutaran, pensé que sentía por Rukia algo más que amistad – dijo con pesar.
- ¿Estabas confundido? – lo miró con asombro. – Pero… qué fácil ¿no? ¿Y no pudiste decírselo a Amane? Pensó que te habías enamorado de Rukia, y que sólo sería un estorbo para ti.
- Tatsuki, por un momento pensé que sentía algo por Rukia y quise decirle a Amane que necesitaba tiempo para aclarar mis sentimientos, pero… cuando quise hacerlo todo se complicó – se defendió. - Cuando me di cuenta, nos habíamos distanciado y ya no pude encontrar el momento. Fue cuando ocurrió lo de Inoue y después lo de Aizen – admitió con tono de cansancio.
- Pues debiste buscar el momento, Ichigo – le reclamó. - A Amane le ocurrían cosas; cosas de las que te habrías enterado si verdaderamente te hubiera importado. Simplemente la hiciste a un lado y no te preocupó nada más, y ella tuvo que soportar todo sola ¿entiendes?, completamente sola – dijo con pesar. – Yo… no sabía cómo ayudarla, así que pensé que lo único que podía hacer era estar al pendiente de ella.
- ¿Pero de qué cosas estás hablando? – preguntó preocupado. – Por favor, Tatsuki, necesito saberlo – pidió.
- ¿Para qué necesitas saberlo, Ichigo? Amane ya no está. No importa lo que hagamos, ella no volverá – dijo con tristeza.
- Porque… necesito saber que más ignoraba sobre ella. Incluso Ishida sabía más cosas sobre Amane que yo – confesó con tristeza. – Por favor, Tatsuki, es solo que… necesito saber ¿comprendes? – pidió con una mirada llena de pesar.
- De acuerdo, Ichigo, te lo diré. Cuando tú resultabas lastimado o herido en tus batallas, ella podía sentirlo y aparecían leves contusiones en su cuerpo.
- ¿Pero qué rayos estás diciendo? – exclamó con los ojos desorbitados. – Yo creí… pensé que… yo supe que podía sentir mi dolor pero… no sabía… yo… no lo sabía, Tatsuki – dijo mientras inclinaba la cabeza y una desagradable opresión en el pecho le impedía respirar.
- ¿Cómo ibas a saberlo si ni siquiera te acordabas que Amane existía, Ichigo?
- Pero ¿cómo lo sabes? ¿Quién te lo dijo? – preguntó desconcertado.
- Ella me lo dijo, tonto. Alguna ocasión saliendo de las clases de karate caminamos juntas a su casa. Estuvimos un rato conversando sobre lo que estaba ocurriendo entre tú y ella y sobre algo que vimos una noche en la calle. Una pelea entre tú y uno de esos tipos con máscaras extrañas. Cuando te fuiste de ese lugar, me acerqué a Amane porque estaba a punto de desmayarse. Le pregunté qué era lo que le ocurría porque estaba pálida y sudando frío. Fue cuando me dijo que podía sentir tu dolor y me enseñó algunas contusiones. Pero también… había otras marcas – murmuró. - Le pregunté que desde cuando le estaba ocurriendo eso y me dijo que todo había comenzado el día del aniversario de la muerte de tu mamá, Ichigo, pero que las contusiones habían empezado a aparecer cuando ocurrió lo del parque.
- Pero ¿cómo? ¿Por qué tenía que pasarle eso a ella? – dijo afligido.
- No lo sé, Ichigo, pero yo estaba aterrada de que algo grave pudiera ocurrirle.
- Pero dices que tenía otras marcas, ¿qué clase de marcas, Tatsuki?
- Yo… me imagino… supongo que se debían a lo mismo – dijo nerviosa, recordando súbitamente la promesa que le hizo a Amane.
- Dime la verdad, Tatsuki ¿de qué marcas estás hablando? – inquirió en tono serio.
- Ichigo, Amane no quiso decírmelo. Lo único que sé es que alguien… la lastimó. Al principio pensé que tal vez… habías sido tú… pero ella lo negó.
- ¿Pero como se te ocurrió que yo podría haber lastimado a Amane? – preguntó asombrado.
- Bueno… yo pensé por un momento que quizá… habían llegado algo lejos, considerando que te comportabas de forma inusual desde que la conociste y de que algo pasaba entre ustedes; pero… aunque ella no quiso reconocerlo, estoy segura que alguien…- comenzó a decir y guardó silencio mirando a Ichigo a los ojos.
- ¿Qué, Tatsuki, alguien qué?
- Que alguien… había abusado de ella – dijo con tono sombrío.
Ichigo palideció al escuchar eso. Simplemente no podía creerlo. ¿Quién podría haberle hecho algo así a Amane?
- Pero ¿no te dijo nada? – inquirió ansioso.
Tatsuki lo miró en silencio mientras recordaba la promesa que le había hecho a Amane. Ella se había ido, era cierto pero, ¿tendría entonces algún sentido decirle a Ichigo lo que Amane le confió? Pero él era su amigo y le dolía profundamente verlo así, triste, confundido y lleno de remordimiento. ¿Ayudaría en algo decirle la verdad? Además ¿no lo había recriminado ella a él por ocultar las cosas?
– En ese momento, lo único que me dijo fue que algo extraño ocurría contigo, y que estabas buscando la forma de lidiar con ello, pero… - dudó un momento. ¿Ichigo le creería? Lo que estaba a punto de decirle iba a sonar completamente absurdo.
- ¿Pero qué, Tatsuki? – preguntó impaciente.
- Me dijo que alguien… o algo la visitó durante algunas noches – reveló desviando la mirada. – Y había sido quien la lastimó, pero que no había ocurrido nada más.
- Pero ¿quién se supone que la visitaba?
- Ichigo… - hizo una pausa. Después de un momento exhaló profundamente y continuó – de acuerdo, Amane me hizo prometer que no te lo diría pero lo haré – dijo mirándolo. – Ella me dijo que habías sido tú pero que… no eras tú. Ichigó la miró confundido.
- ¿Qué rayos significa eso, Tatsuki? – inquirió irritado.
- Amane dijo que era otro Ichigo… ¿cómo lo llamó?... – dijo tratando de recordar – ¡el Ichigo Oscuro!, – exclamó – eso es, dijo que ese Ichigo Oscuro estaba dentro de ti y que la había visitado porque la vió a través de tus recuerdos.
Ichigo palideció y sintió que el piso se deshacía bajo sus pies. - ¡No, no! – pensó desesperado. – ¡Ese maldito bastardo! – maldijo para sus adentros. Ahora todo tenía sentido. Los dibujos de Amane, lo que le dijo Urahara-san respecto a que ella sabía de su hollow y…
- Lo único que puedo decirte es que creo que todo empezó cuando iniciamos el tercer semestre, porque los primeros días, llegó con un labio terriblemente lastimado – la voz de Tatsuki lo sacó súbitamente de sus pensamientos. - Cuando le pregunté, dijo que se había golpeado con la alacena, pero estoy segura que mintió porque esa herida parecía más una terrible mordida – afirmó.
Ichigo la escuchaba asombrado y confundido. Recordó en ese momento que Amane llevaba unas banditas en el labio y cuando sus miradas se encontraron solo atinó a desviar la suya. - Me encontraba tan preocupado por lo que le había ocurrido a Inoue… que no pensé que el golpe contra una alacena fuera más importante – recordó con remordimiento.
- Cuando la vi la semana siguiente, después de lo ocurrido en el parque, pensé que algo le había pasado durante el fin de semana porque lucía más pálida que de costumbre; se veía cansada y con ojeras – dijo tratando de recordar. – Días después de que desapareciste durante un mes, fue cuando hablamos de lo que te estoy diciendo – añadió pensativa.
- ¿Cómo demonios no me di cuenta si estábamos en el mismo salón? – se reprochó en silencio. - ¿Qué otros secretos guardabas, Amane? – pensó. - ¿Por qué cada cosa que estoy descubriendo que ignoraba de ti me hace sentir más miserable?
- ¿Te dijo algo más? Quizá… estaba enferma – preguntó con cansancio.
- Tal vez, pero a mí me pareció extraño. Por eso la busqué cuando comenzó a faltar a clases, Ichigo, porque pensé que quizá algo le había sucedido – dijo con pesar. – Nunca imaginé que se la habían llevado al mismo lugar al que llevaron a Orihime.
- Yo… simplemente no sé qué decir, Tatsuki. Ignoraba todo lo que me estás diciendo. Quizá si realmente me hubiera preocupado por ella… - guardó silencio on momento - pero parece que ya es demasiado tarde ¿no es cierto? – dijo con ironía.
- Ichigo, no tiene ningún caso que continues culpándote. Amane se preocupaba demasiado por ti y no habría querido verte así; esa es la razón por la que me hizo prometer que nunca te lo diría. Ella sólo quería que fueras feliz así que ¿por qué no lo intentas? Creo que esa sería la mejor manera de recordarla y de hacerle ver, dondequiera que esté, que no se preocupó en vano y que verdaderamente ella fue importante para ti - dijo tratando de confortarlo.
- Quizá tengas razón, Tatsuki - sonrió. - Trataré de tener presente lo que acabas de decir.
- Tengo que irme, Ichigo - se despidió Tatsuki. – Espero que pronto encuentres las respuestas que buscas y vuelvas a ser el de siempre – dijo sonriendo y continuó su camino a casa.
- ¿Qué más tendré que descubrir de Amane por otras personas? – pensó Ichigo con tristeza. Se suponía que ella era lo más importante para él y con el paso de los días se daba cuenta de que desconocía muchas cosas. Se habían hecho la promesa de estar ahí cuando fuera que el otro lo necesitara y sin embargo, él no había estado para ella. Si él hubiera estado cerca, tal vez nada de eso habría sucedido.
- ¿Acaso todo esto tendrá algo que ver con lo que dijo papá sobre la condición de Amane? – pensó preocupado mientras caminaba lentamente hacia su casa.
