Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Mary Higgins Clark. Yo sólo la adapto ;P


29

8 de agosto

El lunes por la mañana, Jasper llamo al Wayside Inn, averiguó que una camarera llamada Tanya tenía que trabajar allí aquel día y luego llamó a Edward Masen y quedó con él en el restaurante.

Alice había llamado a Lillian para que vigilase a Cynthia mientras ella estudiaba los archivos de Esme Cullen, lo cual le apetecía mucho.

—Así que no me echarás de menos —dijo Jasper—. Pones la misma cara que un pirata que persigue un barco lleno de oro.

—Estar en esta casa es muy útil para captar el ambiente de aquella época —dijo Alice, entusiasmada—. ¿Sabías que la puerta del salón principal es tan grande porque la hicieron para que por ella pudiera pasar un ataúd?

—Qué macabro —dijo Jasper—. Mi abuela solía contarme historias de la casa en que vivía, pero se me han olvidado. —Hizo una pausa y con expresión nostálgica, agregó—: Bueno, me voy, que tengo que empezar a preparar la defensa de mi nuevo cliente. —Alice estaba dando una papilla de cereales a

Hannah. Jasper besó a Alice en la mejilla y acarició el pie de su hija—. Estás demasiado sucia para darte un beso, tesoro —le dijo.

Vaciló tratando de decidir si debía o no comentar que pensaba pasar por la agencia de Rosalie y conversar con ella si estaba allí. Pero pensó que lo mejor era no decir nada. No quería que Alice conociera el motivo de esa visita.

Jasper llegó al Wayside Inn quince minutos antes de la hora acordada con Edward. Le resultó fácil reconocer a Tanya basándose en la descripción que Carlisle le había dado. Cuando entró él, estaba recogiendo una mesa pequeña que había junto a la ventana. Le pidió a una camarera si se podía sentar allí.

«Muy atractiva de una manera llamativa», pensó mientras cogía el menú que la camarera le ofrecía. Tanya tenía el cabello oscuro y brillante, los ojos pardos y vivarachos, la piel rosada y una sonrisa radiante que dejaba al descubierto unos dientes perfectos. Un uniforme innecesariamente ceñido resaltaba cada una de las curvas de su torneada figura. «Se acerca a los treinta —pensó—. Y ha vivido lo suyo.»

A su alegre «Buenos días, señor» siguió una mirada de franca admiración. A la mente de Jasper acudió un verso de la canción Muñeca de papel, que solía cantar su madre: «Ojos conquistadores...» Evidentemente, Tanya tenía unos ojos conquistadores.

—De momento, un café. Estoy esperando a una persona.

Edward Masen llegó a las nueve en punto. Desde el otro extremo de la sala Jasper vio cómo cambiaba la expresión de su rostro cuando se dio cuenta de que iba a servirles Tanya. Pero cuando se sentó y ella se acercó con la carta, la aceptó sin dar señales de que la conociera, y tampoco ella dejó entrever que no era un desconocido, sino que se limitó a decir:

—Buenos días, señor.

Los dos pidieron un zumo, café y una pasta.

—No tengo mucho apetito últimamente —dijo Edward en voz baja.

—Y todavía tendrás menos si no dejas de jugar conmigo —le advirtió Jasper.

Edward se sobresaltó.

—¿Qué quieres decir con eso?

Tanya estaba recogiendo una mesa próxima y Jasper la señaló con un gesto de la cabeza.

—Quiere decir que la policía sabe que te encontraste con esa bella señorita en el Cheshire Pub antes de que muriera tu mujer y que es posible que incluso estuviera en tu casa.

—Carlisle Cullen—dijo Edward; parecía contrariado.

—Carlisle Cullen se dio cuenta de que no te encontraste con ella en el bar por casualidad. Pero si no le hubieras contado esa patraña de que era de la compañía del teatro Cape, no le habría dicho nada al detective. ¿De qué conoce a Tanya a la señora Cullen?

—No la conoce.

—Esme la conoce lo suficiente como para llamarla por su nombre. ¿Cuántas veces ha estado Tanya en tu casa?

—Una vez. Pasó cuando el cuerpo de Bella aún no había aparecido. La señora Cullen no sabe lo que dice. Da bastante miedo verla mirar por la ventana o descubrir que ha abierto la puerta y ha entrado en tu casa. Desde que se ha puesto tan mal confunde las casas. Debía de estar por ahí el día que vino Tanya. No olvides, Jasper, que estas últimas semanas ha pasado mucha gente por mi casa.

—¿Qué tipo de relación tenías con Tanya antes de que muriera tu mujer?

—Ninguna desde que conocí a Bella. Antes sí. El año pasado, cuando trabajaba en el despacho del teatro, salía con ella.

—¿Salías? —preguntó Jasper arqueando una ceja.

—Tenía relaciones con ella. —Edward parecía angustiado—. Era soltero, Jasper. Ella también lo era. Mírala, Tanya es una chica marchosa. Los dos sabíamos que la cosa no iba a llegar a nada, que cuando acabara la temporada teatral me iría de aquí. Antes trabajaba en el Daniel Webster Inn de Sandwich. Ha sido mala suerte que viniera a trabajar aquí y que Bella y yo nos la encontráramos. Me llamó aquella vez para que quedáramos a tomar algo. Y vino a casa para decirme

que lamentaba lo de Bella.

Tanya se dirigía hacia ellos con la cafetera.

—¿Otra taza, señor? —le preguntó a Edward.

—Tanya, éste es mi abogado, Jasper Whitlock —dijo Edward—. Me va a representar. Ya has oído los rumores que corren. —La joven parecía desconcertada y no dijo nada—. Tranquila, Tanya —le dijo Edward—. El señor Whitlock sabe que somos viejos amigos, que salimos durante un tiempo y que pasaste por casa para darme el pésame.

—¿Para qué querías ver a Edward en el Cheshire Pub aquel día que estaba con Carlisle Cullen? —preguntó Jasper.

—Cuando Edward se marchó de Cape Cod el año pasado, después del verano, no volví a saber de él —respondió Tanya mirando directamente a Jasper—.

Luego cuando entró aquí con su mujer me puse furiosa. Pensé que había salido con ella a la vez que salía conmigo, pero no fue así. La conoció al final del verano, eso era todo lo que quería saber.

—Sugiero que le cuentes la misma historia a la policía —dijo Jasper—, porque te van a interrogar. ¿Me traes otro café y la cuenta, por favor? —Cuando Tanya se hubo alejado, Jasper se inclinó hacia Edward—. Escúchame bien. He accedido a representarte, pero tengo que decirte que se está juntando un montón de factores negativos. Con cargo a tu cuenta, voy a contratar a un investigador.

—¿A un investigador? ¿Para qué?

—Para que investigue exactamente lo mismo que está investigando la policía de Chatham. Si tenemos que someternos a un juicio con jurado de acusación no podemos permitirnos que se descuelguen con alguna sorpresa. Tenemos que ver las fotos de la autopsia, el equipo que llevaba puesto tu mujer, saber qué corrientes había aquel día, buscar a la gente de otros barcos para que testifique que estuvieron a punto de zozobrar por la rapidez con que se presentó el temporal. —Hizo una pausa cuando Tanya se acercó con la cuenta y continuó una vez que se hubo marchado—. Necesitamos encontrar más testigos como Rosalie que declaren lo bien que iba tu matrimonio. Y, por último, mi investigador te va a investigar a ti igual que está haciendo la policía. Si tienes alguna mancha en el pasado, tengo que conocerla para poder justificarla.

Echó una rápida mirada a la cuenta y sacó la cartera.

—Permíteme —dijo Edward alargando el brazo.

—No te preocupes, la pondré en la cuenta de gastos —repuso Jasper sonriendo. Justo en el momento en que salían del restaurante, frente a la puerta se detenía el Jeep gris que había visto salir de casa de los Cullen—. Tanya tiene visita - comentó lacónicamente mientras el detective McCarthy salía del automóvil y entraba en el local.


¿Qué tal cómo lo llevan? :D