¡YAHOI! Y ya vamos con el veintinueve.

Espero que os guste.

Disclaimer: Naruto y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.


Sleepy sex


Entró sigilosamente en su casa, cerrando con suavidad la puerta. Todo estaba oscuro y en completo silencio, a excepción de una luz en la sala. Sonrió con ternura mientras se descalzaba, pensando en que seguramente ella se habría quedado dormida intentando esperarlo despierta.

Otra vez.

Se sintió culpable nada más entrar al salón y verla ahí, sentada sobre la mesa del comedor, con la cabeza apoyada en los brazos y estos sobre la mesa, en una posición que debía de ser de lo más incómoda.

Fue hacia la inmóvil figura y con todo el cuidado del mundo para no despertarla la tomó en brazos. Ella se removió en sueños, suspirando y acurrucándose contra él, haciéndolo ampliar su sonrisa cuando las pequeñas manos femeninas se agarraron a su chaqueta.

―Naruto-kun…

―Ssssh… Duerme, Hinata. ―Ella entreabrió los ojos, adormilada, bostezando de forma adorable, al parecer de Naruto.

―Bi-bienvenido a casa. ―Se sintió doblemente culpable y apretó el agarre que mantenía sobre su cuerpo, subiendo las escaleras lo más silenciosamente que pudo. Por nada del mundo quería despertar a los niños, a sus hijos.

Llegó al fin a la habitación que compartía con su esposa desde hacía tantos años y la depositó suavemente sobre la cama. Hinata se resistió un poco a que la soltara, provocándole una risita. Echó la colcha y las mantas hacia abajo y la metió dentro, apoyándole la cabeza en la almohada.

Él mismo se deshizo de sus ropas y se metió a su lado, tapándolos a ambos y poniéndose de costado, observando aquel rostro de porcelana ahora tranquilo por el cansancio y el sueño. Elevó una mano y lo acarició, enredando los dedos en algunos cortos mechones oscuros. Lamentó profundamente en su día que ella se cortara el pelo, pero tampoco era quien para prohibírselo o enfadarse por ello. Además, Hinata era hermosa, ya tuviera el pelo largo o corto, la piel blanca o morena o fuera más alta o más baja.

La amaba simplemente por el hecho de ser ella como era: tierna, dulce, comprensiva, amable, cariñosa, sonriente, tímida y…

Sus ojos toparon con uno de sus pálidos hombros. La chaqueta del pijama se había corrido un poco al moverla él para meterla en la cama, y ahora tenía ese pedazo de piel al descubierto.

Tragó saliva, intentando por todos los medios ignorar el hormigueo en su mano, que le pedía desesperadamente acariciar ese trocito de piel. Hacía tanto que no la sentía… ¿Cuándo fue la última vez que la había tocado? Su mente enseguida le trajo el recuerdo: hacía una semana, más o menos, y había sido algo apresurado y nada romántico, primando la necesidad de sentirse por encima de cualquier otra cosa.

Sintió un pálpito entre sus piernas y maldijo; sus ojos todavía incapaces de apartarse del tentador hombro desnudo. Se mordió el labio inferior, apretando en un puño su mano vendada. ¿Qué daño podría hacer una inocente caricia? Solo sería un cariñito para darle las buenas noches, luego la abrazaría y la estrecharía entre sus brazos, para dormir hasta el día siguiente.

Se acercó a la espalda femenina y rozó con la punta de los dedos esa blanca piel. El leve contacto lo estremeció. Mordiéndose de nuevo el labio inferior, bajó la cabeza hasta depositar un pequeño beso allí donde la había tocado, avivando aún más su deseo y su necesidad.

La abrazó contra él, estrujando uno de sus pechos en su mano, colando la mano por debajo de la parte de arriba del pijama para sentirlo más libremente. Contuvo un gemido al notar que no llevaba sujetador, y aventuró un travieso pulgar por el pezón, notando como este se endurecía ante su contacto. Lo atrapó entre sus dedos, haciéndolo rodar. Hinata gimió en sueños y aquello lo hizo gruñir, pegando su erección al trasero femenino, restregándose contar el mismo.

Cambió de pecho, abriéndole un poco más los botones del pijama y colando la otra mano por debajo del pantalón, tanteando su zona íntima sobre la tela de las bragas. Pegó los labios a su cuello, gimiendo, saboreando esa pálida piel a la que adoraba, solo porque formaba parte de esa mujer a la que también adoraba con todo su ser.

Sintió cómo la tela de su ropa interior se humedecía e introdujo los dedos bajo el elástico de la misma, palpando su tierna carne ahora húmeda y caliente. Frotó en círculos su clítoris en cuanto lo encontró, penetrándola de tanto en tanto con los dedos para poder así extender la evidencia de su excitación, lubricándola, preparándola para él.

―Naruto-kun… ―Hinata gemía en sueños, seguramente creyendo que aquello solo tenía lugar en su mente. Se sintió ligeramente culpable, porque Hinata no estaba en sus cinco sentidos, pero había llegado a un punto en que era imposible para él parar.

La necesitaba, necesitaba sentirla, hacerla suya, reclamar su cuerpo como tantas otras veces había hecho antes, impregnándola de su esencia. Como si así pudiera decirles a los demás que Hinata era suya, solo y exclusivamente suya.

Le bajó lentamente el pantalón del pijama junto con las bragas, siendo lo más delicado posible para no asustarla. Él mismo se deshizo de la tela que aún recubría su entrepierna, liberando así su miembro duro, ya más que listo para enterrarse en ella.

Mordió suavemente su hombro mientras le levantaba una pierna, lo justo y suficiente para hacerse espacio, guiando con su mano libre su excitación hasta colocarlo justo en su entrada. Hizo fuerza y empujó, adentrándose poco a poco en aquel hueco hecho especialmente para él, gimiendo cada vez que un poco más desaparecía en el interior femenino.

Cuando ya estuvo completamente dentro se detuvo, jadeante, sudoroso, sintiéndose palpitar con desesperación dentro del cuerpo de su mujer. Cerró los ojos y comenzó a moverse, lentamente, arrancando pequeños gemidos de la garganta de Hinata que no hacían más que aumentar sus ganas de terminar.

Pero aún no quería, todavía no. Quería disfrutar al máximo de su esposa.

Apretó uno de sus pechos, gimiendo bajito en su oído, jadeando a causa del esfuerzo que le suponía ir lento, ser cuidadoso. Si Hinata despertaba ahora lo más probable era que no pudiera mirarla a la cara durante las próximas semanas, eso sin contar que lo mandaría dormir al sofá, tremendamente avergonzada porque le hubiera hecho el amor estando semiinconsciente.

Sintió el clímax cada vez más cerca y aumentó levemente el ritmo de sus embestidas, saliendo y entrando con algo más de fuerza del sexo femenino, gimiendo al sentir como las paredes de la joven mujer lo aprisionaban cada vez un poco más.

Hasta que todo estalló.

Se pegó al cuerpo de su amante, jadeando, ahogando los gruñidos en su cabello, disfrutando enormemente del orgasmo que acababa de sacudirlo. Una mano traviesa viajó hasta los rizos oscuros de su esposa, encontrando el clítoris que latía, clamando por la liberación. Se la concedió, acariciándolo con rapidez con la yema del dedo índice, haciéndola explotar en leves sacudidas que la hicieron gemir, todavía dormida.

Esperó hasta que el último espasmo lo agotó, exprimiéndolo al máximo, y solo entonces se retiró del sexo de su esposa, mordiéndose el labio inferior al verse privado de tan cálido refugio.

Si por él fuera, se pasaría la vida entera, las horas, cada minutos, cada segundo del día enterrado hasta lo más profundo de esa fémina a la que amaba con locura.

Con cuidado vistió de nuevo a Hinata, colocando de nuevo el pantalón y las bragas en su sitio y abrochándole amorosamente cada uno de los botones de la chaqueta que él había soltado.

Fue al baño un momento a limpiarse y cuando volvió se acostó de nuevo al lado de Hinata, atrayéndola hacia su pecho y abrazándola fuerte contra él, aspirando hondamente con la nariz hundida en su cabello su aroma natural a lavanda.

―Te amo―le susurró, antes de caer vencido por el sueño y el cansancio.

La respiración acompasada pronto fue lo único que se escuchó en la silenciosa y oscura habitación. Hinata abrió los ojos, observando los atractivos rasgos de su marido aun en la penumbra.

Se sonrojó al pensar en lo que le había dejado que le hiciera estando medio dormida, aunque no era como si la hubiera obligado, porque si la hubiese despertado de buen grado se habría prestado a hacer el amor con él.

Sonrió con ternura observando como un delgado hilo de saliva recorría la barbilla de su esposo. Se la limpió con el pulgar y depositó en la comisura de sus gruesos y apetecibles labios un pequeño beso de buenas noches.

―Yo también te amo―le susurró al oído.

Y ahora sí, ella también se acomodó, dispuesta a dormir en los brazos del amor de su vida, soñando con la próxima vez en que él le hiciera el amor de esa forma tan dulce y cariñosa.

Con Naruto era capaz de sentirse especial, amada y valorada.

Porque él la hacía sentir especial.

Fin Sleepy sex


Ay, no sabéis lo que me encantó escribir el Oneshot de hoy. Está recién hechito y yo misma me moría de ternura con cada palabra que plasmaba en Word. Este es uno de los que más me gustan hasta ahora.

¿Me dejáis un review llenito llenito de ternura? Porque, ya sabéis:

Un review equivale a una sonrisa.

*A favor de la campaña con voz y voto. Porque dar a favoritos y follow y no dejar review es como manosearme una teta y salir corriendo.

Lectores sí.

Acosadores no.

Gracias.

¡Nos leemos!

Ja ne.

bruxi.