HAPPY LIFE: ICE AND GOLD
CAP 29
"Antes de la verdad"
Horohoro había disfrutado aquello, componiendo una expresión relajada al tiempo que se apoyaba en una mano tan solo observando como los finos dedos del Tao acariciaban las cuerdas de seda de aquel instrumento y escuchando la melodía que brotaba con cada pequeño rasgueo.
No podía dejar de verlo… era lo más hermoso que había escuchado en toda su vida
Ya sabía que Ren era perfecto. Pero nunca hubiera podido pensar que podía serlo todavía más; le era imposible el dejar de sonreír conforme la música llenaba cada rincón de aquella enorme habitación de motivos orientales y tan solo se llegó a preguntar si no se encontraba muerto en realidad y llegado a una especie de paraíso donde solo existían ellos dos. Aunque era imposible porque no había hecho los méritos para merecer semejante felicidad, pero no importaba
Con tantas cosas que venían por delante… el tener aquellos momentos entre ellos llegaba a tener un significado casi espiritual
Algo que los conectaba, algo que los unía…
Le observaba mecerse de vez en vez pero manteniendo una postura firme, los ojos cerrados en concentración pero sin verse tensos los párpados, su respiración acompasada a cada nota que parecía cantar cada que era tocada una cuerda por el Tao, como si agradeciese el ser digna de su atención y cuidado; el ainú estaba paralizado y en parte aterrado, temía que si hacía un movimiento en falso, toda aquella ilusión de cristal desaparecería y entonces la realidad se impondría como un demonio que aguardaba por devorarlos
Bajó levemente los párpados sin dejar de mostrarse encantado con aquello… el tiempo corría… y a él no le importaba
Qué era que Hao viviese por 1000 años si él podía permanecer una eternidad en ese momento, sin queja alguna al respecto?
Y cuando finalmente la música se detuvo… el corazón del Usui dio un vuelco casi acongojado y produjo que diese un suspiro pesado y resignado: era obvio que no podían permanecer en aquel sueño por mucho tiempo, puesto que la realidad les exigía prepararse a lo que estaba por venir; volvió a tomar aire y se sentó mejor en el asiento estilo sillón sin respaldo donde se había ubicado para estar cómodo ante lo que Ren había preparado para él, dedicándose a verle simplemente una vez que hubo terminado con aquello
Con cuidado, Ren se viró para volver a colocar aquella arpa en el baúl de su abuelo y cerró la tapa casi con respeto. Horohoro no se atrevía a romper el silencio que se había producido, le estaba dando ese tiempo al chico de ojos dorados para que hablase si lo deseaba; en aquellos instantes, escuchar su voz solamente sellaría la perfección de aquel instante, sería terminar de corroborar que no se encontraba soñando y que uno de sus sueños podía tocarse, solo con la mirada.
Los ojos dorados buscaron a los negros en las sombras de la habitación que solo eran cortadas por los haces de luz que se infiltraban cual ladrones por la alargada y alta ventana abierta
Comenzó a andar hacia su esposo
Lento, cuidadoso, como un suspiro. El ainú se maravillaba tan solo por la existencia de aquel chico y su silueta que rompía con la continuidad de las formas a su alrededor, permitiéndose el deleitarse con el brillo felino de su iris, la manera en que su cabello corto caía alrededor de su cabeza y el mecer de los brazos a los lados de un cuerpo que le hacía tener dificultades en aceptar, que pertenecía a un infante; todo en Ren era poesía para el corazón de Horohoro y al mismo tiempo, era el ardor de la sensualidad que sin dificultades, era capaz de conseguir solo con una inclinación de cabeza
El heredero de los Tao sonrió con suavidad, levantando despacio una de sus manos hasta depositarla en la mejilla de su esposo, que ahogó un suspiro
El Usui levantó una de las suyas y acarició aquella que lo tocaba, pasando los dedos por la piel del chico y solo presionando lo suficiente para asegurar la tangibilidad del mismo; no podían apartar la mirada el uno del otro y se acercaron solo lo suficiente como para cerrar los ojos muy apenas y rozarse los labios despacio, en pequeños movimientos y sin terminar de unirlos del todo, casi como si estuviesen jugando con ello. No necesitaban preguntarle al otro si aquello estaba bien, tan solo les nacía el acariciar sus bocas y sentir la respiración de quien se había convertido en el motivo de sus vidas.
Ren dio un ligero suspiro y pegó su frente a la de su amado, moviendo sus labios una última vez contra los del otro para después, sonreírle muy suavemente con todo el amor que sentía en su pecho y volver a verle
Empezaba a adorar el hundirse en la negrura de la mirada del otro porque era la primera vez que aquel color, ardía en su interior como la luz del sol paseándose sobre su piel y las sombras que pudiesen significarle, solo le inclinaban a pensar en sus brazos sosteniéndole en medio de un sueño reparador donde las amenazas y el dolor eran un algo externo, que no le incumbía.
Se alejó un paso de su pareja y rió muy apenas al escucharle quejarse por la distancia que había puesto el Tao entre ambos.
Muchas veces, Horohoro era como un niño pequeño que repelaba al serle retirado algo que deseaba mucho y en ese caso, era bastante halagador saber que se trataba de su persona; aún así fueran unos centímetros, podía ver que desde que comenzaran aquella relación el chico de cabello azul claro parecía mas tenso al separarse. Ya no recordaba mucho en realidad, que tantas veces o que tanto tiempo habían llegado a separarse el uno del otro pero era muy evidente que ninguno lo disfrutaba
Sus miradas se buscaban, sus corazones intentaban hacerse sonar para avisarle al otro que seguían vivos, sus cuerpos anhelaban fundirse para no ser forzados a apartarse nunca más… el Tao bajó muy apenas la mirada y el ainú, después de guardar un último suspiro, separó los labios
-Me alegra… verte feliz
Sonrió con cariño hacia el chico de ojos dorados que suavizó aún más la mirada
-De la nada que poseo… solo puedo prometerte, que cada día de mi vida estará dedicado a construir felicidad para ti: habrá tormentas y seguramente, instantes donde todo parezca derrumbarse… pero no será así, porque te juro por los dioses, que no habrá fuerza alguna, ni siquiera nosotros mismos, que me haga desistir de lograr que nunca te arrepientas de haber nacido. Porque tanto así te amo, que solo tu verdadera alegría es lo que había estado buscando y que ahora, se me ha presentado
Murmuró Horohoro
-El torneo… sabes?... ya no me interesa- suspiró y levantó la mirada al techo, metiéndose las manos en los bolsillos del pants- mi sueño del campo de plantas… el trabajo duro puede crearlo. Pero… tú eres todo el mundo nuevo que necesito. Tú y el bebé. Ese es mi nuevo deseo- miró a su pareja y sonrió con decisión- permaneceré participando para ayudarte a llegar al final… pero solo por ti. Similar a lo que hacen Ryu y Fausto, pero te juro que lo haré mejor por verte llegar al final
Cerró los ojos con felicidad
-No dejo de ser estúpido, cierto?
-No
Confirmó Ren con un tono cariñoso de voz
-En verdad lo eres- dijo- pero es justamente todo eso lo que amo de ti… y lo que me hizo amarte en un inicio- añadió cerrando los ojos con gesto firme- siempre dije que Yoh era como el viento y el agua, algo que no se puede destruir… pero tú… tu eres fuerza… la fuerza salvaje de aquello que está y que puedes tratar de herir, de domar pero que nunca lo lograrás, porque es tu espíritu lo que permanece… así como una montaña ante los elementos de la naturaleza. Incluso la tormenta más fiera, se rinde ante la imponente montaña y eso eres tú…
Abrió despacio los ojos
-Por eso… tampoco deseaba que vieras mi debilidad, porque tenía que ser digno de ti
Susurró
Horohoro compuso un gesto suave pero sorprendido ante las palabras del chico. Y más aún cuando este con cuidado, comenzó a abrir las ataduras que cerraban el traje chino largo que usaba en aquel momento y con el que había sustituido el traje de bodas horas antes; el chico de ojos negros observó en silencio como una vez que el Tao se hubiese retirado la parte superior de aquello, procedió a hacer lo mismo con sus pantalones y los boxers que usaba debajo, hasta dejarle completamente desnudo delante suyo.
Una respiración muy corta brotó del Usui, al tener al otro de aquella manera, expuesto y aguardando.
Le costaba creer que ese chico era suyo. Solamente suyo y de nadie más, que ese shamán de piel blanca y mirada ardiente se estremecía solo por sus manos y que aquellas suaves sonrisas que comenzaban a ser un poco más frecuentes entre ambos, aparecían solamente porque lo veían.
Se acercó lentamente al chino que pareció retener la respiración cuando Horohoro movió una de sus manos para apartarle el fleco hacia un lado y luego, pasar el envés de los dedos por su mejilla.
Los ojos del ainú recorrieron el cuerpo delante suyo, pasando desde el rostro del chico que le observaba ansioso pero en silencio para luego, bajar por el torso firme y bien marcado por los músculos que reflejaban el ejercicio que realizaba aquel shamán y de ahí, prosiguió descendiendo hasta alcanzar el vientre; aún con el tiempo que había transcurrido desde la primera vez que hubiesen intimado y que el niño se hubiese embarazado, aquella zona de su cuerpo no parecía siquiera inflamada. Quizá… la línea muscular no estaba tan visible como debería, pero no por ello aparentaba estar esperando a un bebé.
Su bebé
La sola idea le daba mucho miedo y al mismo tiempo, hacía que sintiese la necesidad de abrazar a su esposa y finalmente tener en brazos al pequeño o pequeña. Tal vez era un chiquillo, quizá un imbécil… pero ya sabía, que adoraba a su familia como a nada en aquel mundo.
Continuó bajando la mirada y se ruborizó levemente al percibir el miembro en aquel momento, descansado de su esposa, delante suyo.
Después de pasar por este y os testículos del chico prosiguió su recorrido hasta poder admirar las largas y bien formadas piernas del Tao, levemente separadas y que reflejaban tanto como la parte superior el hecho de que el chico se mantenía tan en forma o más, que cualquier adulto que el Usui conociese; vaya que incluso la propia gente de su tribu que se encontraba la mayor parte del tiempo haciendo actividades al aire libre y cargando con cosas pesadas, no mostraba aquellas formas que convertían a Ren en una de las personas mas bellas que jamás hubiese visto.
Bajó los dedos del rostro del chico y los pasó muy apenas por su cuerpo, sin dejar de recorrerle una y otra vez
-Eres hermoso
Susurró provocando un rubor sobe las mejillas de su pareja, que pareció mover por reflejo las manos a los lados de su cuerpo pero manteniendo los brazos en su lugar para finalmente, bajar la mirada apenado
Horohoro tragó pesado y deslizó las manos por el torso del chico hasta rozar los pezones de este, provocando un temblor en el chino que bajó los párpados y separó muy apenas los labios, dejando salir el aire conforme percibía como los ligeros dedos de su pareja masajeaban aquella parte de su cuerpo hasta endurecerlos; al chico de cabello claro nunca le era difícil sensibilizar rápidamente al de menor estatura desde que comenzaran con la relación ya que parecía aprender rápido que lugares le gustaba al Tao que fueran tocados y con cuáles reaccionaba mejor.
Y al mismo tiempo, era evidente que la intención del chico de ojos dorados desde un inicio, era el incitar al otro a tocarle
Continuó haciendo aquello durante un par de minutos antes de acercarse y pasar los brazos alrededor del delgado cuerpo de Ren y entonces, subir una de sus manos a lo largo de toda su espalda percibiendo el momento exacto en que su respiración que ya de por si era irregular, cambiaba a una más ligera y rápida por efecto del hechizo de En Tao sobre el cuerpo de su hijo; aunque aún había ocasiones en las que podía percibir como el de ojos dorados resentía las memorias que pesaban sobre aquel tatuaje, de poco en poco había observado como el placer de estar el uno con el otro iba reemplazando las emociones dolorosas por aquellas donde el heredero de la dinastía Tao podía disfrutar al pleno de aquellas reacciones.
Incluso, hasta podía parecer que el chico se colocaba en una posición, donde el Usui viese aquel tatuaje y pudiese acceder a este
Y eso lo hacía feliz por que significaba, que confiaba en él
En verdad que Ren Tao sabía justamente qué hacer para poner de rodillas y hacer completamente suyo al ainú; y en aquellos momentos se aprovechaba de ello cuando le estiró de los brazos aun más cerca para comenzar a gemirle al oído conforme el de cabello claro le excitaba al seguir delineando aquella marca negra, como si buscase aún más vocalizaciones por parte de su pareja; la ubicación del cuerpo más bajo ante los brazos que se cerraban a su alrededor, terminaron por incitar a Horohoro a inclinar el rostro y morder suavemente la piel del cuello del chino, que apretó los dientes y cerró las manos en sus hombros
-Horokeu…
La forma en que había mencionado su nombre, entre un susurro y un quejido provocó un gran escalofrío en el cuerpo del chico de Hokkaido que pasó con mayor fuerza los dedos por la columna de Ren, haciéndole gemir con mayor fuerza conforme los besos y las pequeñas mordidas en su cuello se hacían más intensas por parte de su pareja; mientras tanto la otra mano que había estado descansando sobre la cadera del chino, se movió hacia el frente para buscar el miembro del chico de cabello oscuro, pudiendo sentir como este ya comenzaba a endurecerse por efecto de todo lo que hacía. Sonrió mentalmente, jamás hubiera imaginado antes de su relación que Ren fuese tan sensible para aquello y sin embargo, siempre que lo llevaba a la cama podía conseguir hacerlo arder en apenas un suspiro
Eso dolía en cierta parte por que entendía perfectamente los motivos por los cuáles ocurría aquello: lo habían condicionado para eliminar su resistencia ante las vejaciones. Pero por otro lado, ambos en verdad disfrutaban sus momentos juntos, por lo que al mismo tiempo su maldición, les era una ventaja
Acarició con su lengua la piel de la garganta de su esposa con aún mayor deseo y le provocó a emitir un quejido fuerte al comenzar un masaje primero suave y después, más intenso sobre su miembro con la mano derecha y escuchando con agrado como los sonidos que salían del Tao eran aún más intensos y sonoros; incluso, su cuerpo comenzaba a moverse y a frotarse contra la mano del ainú buscando un mayor contacto al grado que de vez en vez, se paraba sobre la punta de los pies para hacer más rápidos y firmes los apretones por parte del chico que le sostenía
Tenerlo de aquella forma por su causa, era suficiente para acelerar el corazón del shamán de hielo que tan solo deseaba escuchar al otro chico gritar su nombre tan fuerte que resonase en las paredes de la gran habitación de estilo oriental
Incluso que la ventana siguiese abierta le importaba un pepino
En un momento, el chico de ojos dorados se acomodó con firmeza en el suelo para luego, treparse en la cadera del mayor mientras que colocaba sus piernas alrededor de su cintura y pasaba mejor los brazos alrededor de su cuello, cerrando los ojos y capturando sus labios de forma posesiva y desesperada, forzando a Horohoro a abrir la boca para sentir como el Tao movía su lengua en su boca para intentar estirar la del primero y comenzar aquel intercambio de suspiros, tan rápido como los movimientos que solían realizar en batallas; esta vez las manos del ainú masajeaban al mismo tiempo toda la extensión de la marca de los Tao, desde la parte superior hasta entre las nalgas donde se marcaba el sendero al borde del ano
Los gemidos y quejidos de Ren eran más ansiosos y alzaba la cadera para frotar su intimidad endurecida contra el pantalón del ainú donde ya se sentía la propia dureza de este, solo incitando al chino a ser más veloz en sus toques y golpes
-Horo…- volvió a gemir al sentirse alzado para luego, emitir un pequeño grito al apoderarse la boca del shamás de cabello claro de uno de sus pezones, succionándolo y pasando su lengua en círculos lo que aumentó el calor en el cuerpo del crío, que terminó por enterrar los dedos de una de sus manos en el cabello del otro y estirarle para que siguiese repartiendo su atención en aquella parte, jadeando cada que usaba los dientes para estirar la piel y chupar con mayor fuerza, pasando al otro después de unos segundos y mostrar su desespero por escucharle
Finalmente, el ainú se movió hacia atrás para luego, colocar el cuerpo de su amado de espaldas sobre la cama y comenzar a besar tanto del cuerpo del otro chico como fuese posible, marcando camino con los dientes y cubriéndole con saliva al pasar de forma más desesperada su lengua por donde alcanzase, gozando de los temblores y del movimiento que realizaba el chico de cabello oscuro que no dejaba de estirar un poco sus cabellos
-Eres demasiado bello… demasiado…- gemía Horohoro en medio de todo aquello tratando de cubrir con sus manos todo lo que tenía delante hasta comenzar a chupar y besar el vientre bajo de su pareja, que se removió entre temblores por aquello
-No pares… ahh… por favor, no pares…- gemía el de ojos dorados con tono suplicante y sumiso, percibiendo los latidos de su miembro que comenzaba a gotear por todas las sensaciones que le recorrían de arriba abajo, sin dejarle pensar claramente; en verdad que las semanas que habían pasado juntos y los momentos íntimos que compartían, se reflejaban en el conocimiento que tenían del otro para extender aquello tanto como podían aguantar.
El ainú rió quedamente, observando el fuerte rubor sobre las mejillas de su pareja y la manera en que aún mantenía las piernas temblorosas alrededor de su cuerpo como si quisiera evitar que se alejase
Comenzó a mover los dedos con pequeños toques nuevamente sobre el pecho del Tao, para después descender con pequeños golpecitos de las yemas sin dejar de besar la piel del vientre con lentitud hasta que bajó un poco más hasta llegar al lado del miembro erecto del chico, dirigiéndole una mirada maliciosa mientras que acomodaba mejor las piernas del otro chico sobre sus hombros y acariciaba con los dedos de una mano en pequeños roces, cerca de la base
-Qué pasaría… si me detengo?
Inquirió con un tono juguetón mientras continuaba sobando cerca de la intimidad del chico, empujando en pequeñas presiones la piel cercana y soltando, provocando pequeños quejidos de quien estaba debajo suyo y que se tensaba de vez en vez
-Que… t..te… asesino…- Ren entornó los ojos velados por el calor de su rostro, observando con molestia al ainú- te lo… juro… Horo…horo…
-Jmjmjm… no es necesario amenazarme
Dijo para luego, deslizar los dedos por un lado del tronco del miembro, consiguiendo un gemido mas largo del chico de ojos dorados
-De todas formas, no podrías hacerlo
Aseguró con un brillo aún más malévolo en los ojos negros mientras que recibía un nuevo gesto por parte del chino que se esforzaba en enderezarse un poco sobre los codos para verle… hasta que el de cabello claro pasó toda la lengua por aquella parte de su cuerpo, consiguiendo que el Tao emitiese un chillido largo y curvase la espalda hacia atrás, exponiendo aún más su miembro y clavando un poco más los talones en la espalda del shamán de hielo, que esta vez tomó aquello con una mano para comenzar a frotarlo
Mientras más movía hacia arriba y hacia abajo la piel ardiente de la intimidad del de menor edad, más le escuchaba gemir y quejarse, retorciendo su cuerpo para alzar la cadera e intentar aumentar la velocidad del agarre de su pareja, que parecía bastante entretenido con torturar de aquella forma al otro
Y es que no importaba cuantas veces hicieran el amor… el repetirse que aquel escenario de deseo le pertenecía solo a él, hacía sentir enorme al Usui
Que era el amor abierto y real de Ren el que le permitía hacer de su cuerpo, algo que solo él podía poseer y llevar hasta el límite de las sensaciones por que ese era el deseo del Tao y no por que fuese obligado
Que era auténtico aquel momento y cada lloriqueo y súplica estaban tapizadas por la confianza que se tenían
No podía pedir más que eso
-Vamos amor…- suspiró el Usui volviendo a lamer aquella extensión lo que desencadenó un nuevo temblor que recorrió al entero el cuerpo del chino, que aferró las cobijas debajo suyo y volvió a retorcer el cuerpo en un espasmo de calor y placer- dame lo que quiero…
-N…no… NO LO SÉ!
Gritó el Tao emitiendo más quejidos y moviéndose con mayor desesperación para el gusto de su pareja, que volvió a reír entre dientes para luego proseguir pasando su lengua por aquella extensión caliente lo que provocaba que el otro no dejara de escucharse y de apretar cada cierto tiempo con las piernas el cuerpo del más alto, esperando que de alguna forma aliviase la ansiedad que le recorría; la verdad era que a Ren le estaba costando el pensar de forma clara y no comprendía qué era lo que buscaba el de ojos negros, que seguía observando todas y cada una de sus reacciones
Se enderezó muy apenas a como pudo y comenzó a jadear con la boca abierta, sintiéndose a punto de llegar al punto culmine… para después, volver a gemir en réplica al ver como Horohoro tan solo besaba cerca de la punta y dejaba quieta la mano para relajarle
-No voy a dejarte correr hasta que me des lo que quiero
Comentó el ainú con un tono de voz juguetón y fastidioso, entrecerrando los ojos y apoyando la mejilla en su mano libre, provocando un temblor irritado en el Tao que aprovechó la posición de sus piernas para apretar molesto al de cabellos azules que dejó salir un quejido
-NO SOY ADIVINO, IMBÉCIL!
Soltó el de ojos dorados con estos en blanco y rabiosos para luego, dar un nuevo grito y torcerse hacia un lado al sentir como su esposo pasaba los labios sobre la punta de su miembro una vez; el maldito lo había hecho a propósito para controlarlo, ya que ahora las piernas le temblaban lo suficiente como para no poder hacer mayor presión
-Imbécil?... no es eso lo que quiero que grites
El ainú dejó caer los párpados y dejó salir un suspiro para después iniciar de nueva cuenta el masaje en aquella zona sensible del Tao que sacudió la cabeza
-A veces eres muy necio…- volvió a suspirar el shamán de hielo, acomodándose nuevamente entre las piernas de su pareja- pero amo eso de ti. Y sin embargo…- volvió a detener el movimiento de su mano lo que hizo quejarse nuevamente al de cabello oscuro- aún quiero lo que es mío
Sopló suavemente en aquella zona húmeda del otro chico, por el que las gotas de líquido pre seminal escurrían cada vez más; el corazón del Tao golpeaba con tanta fuerza que casi se podía ver el palpitar sobre la piel y Ren dirigió su mirada al otro chico, confundido. Exactamente que quería que hiciera o dijera? Abrió la boca aún más para recibir suficiente aire cuando el ainú pasó de lamer su miembro a sus testículos, terminando el Tao por apretar un puño sobre su propio pecho, tratando de no perder el control por todas las sensaciones que le abrumaban
-Quiero tu voz
Dijo finalmente Horohoro con gesto neutro, dejando de recargarse en la mano derecha para usarla y frotar con suavidad la parte del cuerpo que colgaba del chino
-Quiero escuchar mi nombre en tus labios, quiero que el aire se vaya en que me repitas hasta que no puedas más…
Añadió. Ren Tao observó incrédulo durante algunos segundos a su pareja, intentando regular su respiración y las reacciones de su cuerpo, enderezándose un poco más y permitiéndose unos momentos de silencio… para después, enternecer la mirada y negar un par de veces con la cabeza, alzando una mano para acariciar los cabellos del Usui, que cerró un ojo ante aquello
-En verdad que tienes los fetiches más extraños, Horokeu
El chico de ojos dorados rió un poco, pasando sus dedos por una mejilla del otro
-Quien diría que eres más inseguro que yo…
-No es así!- se quejó el de cabello claro, componiendo un puchero- es solo que me gusta como lo gritas…
-Hmm… en serio es eso?- suspiró Reno para acto seguido estirar un par de almohadas para acomodar mejor la espalda y asentir una vez- si eso es lo que quieres… -movió la cabeza afirmativamente- pero como me dejes a medias…
Advirtió con severidad el Tao… al menos, hasta que abrió mucho los ojos al percibir como toda la punta de su miembro era introducida en la boca del ainú, provocando un grito de sorpresa y de calor por parte del chico de ojos dorados que separó las piernas del cuerpo del otro para clavar los pies en la cama, volviendo a alzar un poco la cadera e iniciar de nueva cuenta sus gemidos, todavía más altos al tiempo que entrecerraba los ojos y repetía sus intentos de respirar tanto como pudiese; en verdad que aún no comprendía como era posible que el Usui fuese capaz de provocarle de aquella manera sin que se sintiese sucio sino amado
No importaba dónde tocase, no importaba como lo incitase… cada palabra, cada toque y cada beso solo le decían que el amor del otro chico iba más allá de cualquier cosa que hiciesen
Incluso aquel juego que el otro quería llevar a cabo…
Con todo, sabía que de pedírselo, el Usui pararía por que le importaba mil veces más la felicidad suya que una noche de sexo. Y quizá era ello lo que al final le hacía ceder a cada momento en que los cuerpos de ambos pedían por unirse y fundirse en voces y calor
Eso era lo que lo hacía entregarse sin dudar, a Usui Horokeu
Aumentó la velocidad de su movimiento al percibir como el otro chico introducía hasta dónde le daba la posibilidad su miembro en su boca; no pensaba exigirle ir más lejos, ya con lo que hacía era suficiente para volverle loco y que su mente fuese incapaz de conectar acciones con palabras; antes de siquiera darse cuenta, ya mencionaba el nombre de su pareja a voces, exigiéndole más de ello y sintiendo los latidos de su sangre en la boca de su amado, conforme este le lamía y succionaba con mayor velocidad
Se encorvó en sí mismo y volvió a sostenerse de la cabeza del otro sin analizar lo que hacía, rogando por más y pensando para su vergüenza que a esas alturas, hasta los sirvientes zombies debían de saberse el nombre de aquel shamán
-HOROHORO!
En un último grito, se dejó ir entre espasmos eléctricos y jadeos aún más profundos, arqueándose de una forma que no solía conocer en sí mismo y percibiendo como su propia semilla escurría entre los labios del otro chico, goteando sobre la cama y sus piernas; abrió mucho los ojos y respiró rápido y superficial, intentando recuperarse en algo mientras que se preguntaba por qué demonios el otro le había dejado correrse en el interior de su boca. No era que le molestase, él mismo alguna vez había pensado en hacer aquello con él para complacerle, pero…
Se ruborizó mientras que volvía a recargarse en un codo y le veía
Horohoro rió un par de veces entre dientes para después, separar los labios y dejar caer una buena parte de aquello en una de sus manos, asegurándose de cubrir sus dedos con aquella sustancia lo que hizo entender al Tao, que bajó los párpados y se ruborizó aún más
Vaya manera de facilitarse las cosas, consiguiendo que hiciera lo que quería y al mismo tiempo, asegurándose de que podría prepararle con mayor facilidad
-En verdad… que eres un imbécil
Suspiró Ren cerrando los ojos con fastidio, sabiendo que el otro ya se estaba preparando para iniciar con aquel ritual; antes de que el de cabello claro dijese nada y aún algo débil de su primer corrida, el de menor estatura se estiró sobre la cama para después, girarse boca abajo y entonces, apoyar su pecho contra el colchón y alzar su parte trasera sobre las rodillas, moviendo las manos hasta abrirse las nalgas y dejar al otro ver su ingreso, que parecía moverse en pequeños espasmos reflejo por lo otro
Los ojos del Usui se abrieron ante aquello y se enderezó un poco
-Ren…
-Querías que te suplicara…- dijo el chico de ojos dorados, temblando cada ciertos segundos mientras que separaba las piernas y dejaba ver no solamente aquella parte de sí esperando sino también su miembro que aún goteaba ahora sobre las cobijas- que dijera tu nombre a gritos…
El Tao tragó pesado y cerró un poco más los ojos, ocultando parte de su rostro por la posición del cuerpo
-Te quiero dentro- musitó en un tono bajo de voz, apretando aún más sus manos y luego, alargando un dedo para comenzar a estimular él solo su entrada lo que hizo que su rubor se volviese más intenso y los temblores aumentasen al grado que agitaba levemente el colchón debajo suyo; apretó los dientes y conforme se estimulaba más y más, su miembro volvía a reaccionar para luego, él mismo comenzar a meter la punta de uno de sus dedos en su ingreso- por… favor… quiero…
Horohoro estaba sorprendido a pesar de que no era la primera vez que el Tao tomaba el control. Sin embargo, era parte del chico de ojos dorados que sin importar la forma en que llevase las riendas de sus relaciones íntimas, conseguía quitarle el aliento al maravillarlo con la manera en que guiaba todo aún y cuando se encontraba al borde de lo que el deseo provocaba; esas eran las maneras de ser de Ren Tao, es era lo que lo diferenciaba de Yoh, de Lyzerg, de todos los demás chicos y chicas que había conocido a lo largo de su vida. No era que no hubiese sentido algo por Damuko… pero aún con ello, Ren… simplemente, no se podía imaginar su vida sin él en ella
No tendría un sentido verdadero
Y le dolía en parte pero sabía, que incluso si su amiga hubiera estado viva… de haber conocido a su actual pareja, la relación con la chica habría fracasado.
Tal vez era el amor de ese instante lo que hablaba, pero al mismo tiempo era lo que indicaba su corazón. Él siempre le había pertenecido a Ren Tao, solo que no lo sabía. Era completa y totalmente de aquel chico necio, de carácter que en aquel momento se masturbaba frente a sus ojos, provocándole y pidiéndole que lo tomase nuevamente, como tantas noches lo habían hecho y a sabiendas de que estaba tan perdido por él, que no se negaría en absoluto; sonrió un poco y se enderezó lo suficiente para comenzar a retirarse sus propias prendas, percibiendo la molestia de la tela al frotarse contra su miembro endurecido ante la visión del ano cada vez mas flojo del chico de ojos dorados, que se penetraba a sí mismo con dos dedos de forma profunda y dejando salir pequeños gritos al rozarse a sí mismo en su zona interna más sensible
El chico boca abajo se tensó levemente entre sus quejidos mientras que con sus dedos se abría aquella zona hacia los lados, permitiendo que el otro viese su interior y se ansiase aún más de él
-Eres en verdad muy bello
-En serio… ahhh… lo dices viéndome el trasero?
Se rió con cinismo el Tao para después, apretar aún más las rodillas contra la cama y usar un tercer dedo para seguir sensibilizando su interior mientras que continuaba abriéndose con los otros dos
Sabía que el chico de cabello claro no aguantaría mucho tiempo tan solo viendo y aguardando sin poseerlo y pudo ver confirmado aquello, al sentir como Horohoro colocaba la punta de su enorme miembro en su ano expandido; con cuidado retiró sus dedos hasta que los bordes de su ingreso se cerraron alrededor de la parte mas externa del miembro del ainú, escuchándole ahogar un gemido de ansiedad y él mismo imitándole, cerrando los ojos y tomando aire profundo para concentrarse en lo que vendría.
Nunca iba a dejar de sorprenderse, como un acto que en el pasado tan solo le traía dolor y le provocaba perderse mentalmente de la realidad, ahora le hacía desear aquello con intensidad al grado de que incluso abrazaba el dolor que llegaba a provocarle por que le hacía entender, que estaba despierto y que aquello era real
Y aún así… las sensaciones que le daba Horohoro no eran ni la sombra de lo que su padre hacía
-Cariño…
Percibió la voz de su pareja en su oído, lo que le hizo parpadear una vez y voltear hacia un lado algo sorprendido, para toparse con el rostro del chico de cabello claro que al parecer, se había inclinado sobre su espalda y ahora se asomaba por sobre su hombro
-Otra vez estás dejándote ir…
Musitó con cuidado a lo que el otro le observó durante algunos segundos para después, sonreír un poco y cerrar los ojos
-Lo siento- suspiró Ren acomodándose mejor contra el cuerpo del ainú, que le observó con gesto pensativo- es solo… me alegra estar contigo… haciendo esto, me refiero…
Explicó para luego, sentir como el de cabello claro entrelazaba una mano con la suya
-Esto que siento… cada vez contigo… no lo cambiaría por nada más. Es algo que no se compara en valor a lo que me daría ganar este torneo… va mucho mas allá y si tuviese que elegir entre uno y otro…- abrió muy apenas los ojos y sonrió un poco más- me quedaría contigo. Una y otra vez
-Bueno… es agradable saber que al menos, en esto estamos de acuerdo
Rió Horohoro cerrando los ojos con agrado para después, proceder a besar a su esposa que hizo lo mismo, suspirando entre sus labios para después, alzar la mano con la que no tomaba la del otro y pasarla por la nuca del ainú, profundizando sus besos y volviéndolos más posesivos conforme retomaban donde habían dejado, empezando a frotar sus cuerpos el uno contra el otro y el Usui, empujando muy suavemente la punta de su miembro contra el interior apretado del Tao que se contraía en espasmos que solamente le endurecían aún más
El chico de la bandana bajó su mano libre para comenzar a masajear el miembro ya endurecido del Tao lo que provocó que este gimiese en su boca con fuerza, empezando a mover aún más la cadera para sentir su mano en aquella parte de su cuerpo y para provocar que el ainú fuera introduciéndose más y más en él; el mundo en el exterior podía seguir avanzando pero a ellos lo único que les importaba era estar uno al lado del otro. Sus voces fueron aumentando de intensidad conforme el Usui finalmente penetraba del todo el cuerpo del chico de menor edad y presionaba en aquel punto de su interior, que le provocó al de cabello oscuro gritar y clavar sus dedos en las cobijas y el colchón, estirando los brazos y alzando aún más su parte posterior para golpearla contra el cuerpo del otro
El de cabello claro gimió ante la sensación desesperante que su pareja le brindaba, apretando y soltando a todo lo largo la intimidad de su amado que parecía estar alcanzando rápidamente el climax de nueva cuenta mientras que él terminaba de recargar su pecho en la espalda del Tao y volvía a morder y a besar la piel sensible debajo suyo, provocando nuevos gritos y movimientos del chico de ojos dorados que con la intensidad de aquellas acciones ahora agitaba con fuerza la cama
El shamán de hielo soltó la parte baja del cuerpo del otro para después, alzarle sobre sus rodillas y hacerle aferrar a la cabecera de madera tallada de la cama, haciendo parpadear a Ren hasta que percibió que con aquella nueva posición, su esposo llegaba aún más profundo en su cuerpo lo que le hizo sentirse mareado y con mayor ansiedad que nunca
En verdad que si se podía hacer más ruido que eso, no sabía como
-Más… rápido… rápido…- empezó a gemir conforme se sentía al borde, con los ojos húmedos de deseo y percibía el golpeteo de su pareja aún mas fuerte contra sí, provocándole arañar la madera de tal manera que estaba seguro de que al día siguiente se las vería sacándose astillas de debajo de las uñas; emitió un último grito mientras que encogía la cabeza entre los brazos, inclinándose hacia delante pero no le sorprendió tanto el hecho de venirse por segunda vez y en esta ocasión sobre las almohadas sino por el hecho de percibir como el calor de su pareja lo llenaba al mismo tiempo por dentro, no tardando en sentir como aquello caía de su interior hasta comenzar a mojar sus piernas
Respiró rápido y profundo, pero no tuvo demasiado tiempo en recuperarse ya que su boca había sido capturada nuevamente por la de su pareja, que esta vez le poseía con mayor deseo mientras que le giraba lo suficiente para tenerle de lado y sostenerle la pierna izquierda alzada con uno de sus brazos
Al parecer, el ainú quería aprovechar aquello para experimentar… y él no sería quien le detuviese de hacer aquello esa noche
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Sin importar la hora, los gritos no habían parado y parecían haber pasado por cada uno de los muros de aquella habitación especial diseñada para la consumación tradicional china; tal vez En Tao estaba furioso por aquello y por ello, se había alejado hasta el otro extremo de la isla pero en el exterior de la habitación, una elegante mujer de cabello azul oscuro y ojos cerrados se abanicaba con elegancia mientras que su padre a un lado, fumaba una pipa
-Ahhh… estos muchachos rebeldes…
Decía Tao Ching dejando salir humo de entre la boca con un gesto de orgullo y los ojos cerrados, levantando la barbilla mientras que su hija, emitía un gemido
-Yo quería ver…
-Hija mía… tu hijo está recuperando su honor al someterse al menos a esta milenaria tradición de ser tomado por su esposo en los recintos que la familia Tao ha indicado- dijo con seriedad el anciano… para después, sacar un pequeño monóculo y colocárselo en un ojo- además, como abuelo de Ren y tu padre, yo debo de ser el primero en ver todo…
La mujer compuso un puchero
-No es justo… tal vez podría convencer al chiquillo de que en China es tradicional el derecho de pernada con la madre de la esposa…
-Ran!
-Solo decía- se quejó frunciendo el ceño- solo digo… que si no hacemos algo, perderemos el apellido Tao
La mujer observó de reojo al anciano, que le devolvió el gesto
-Ran… así como para la batalla de shamanes lo hicimos, la lectura del futuro de los Tao también nos ha indicado que la familia no se perderá en la nada- dijo aquel anciano sonriendo con astucia- ten paciencia hija… ten paciencia y fe. Muy pronto… Ren nos dará lo que necesitamos…
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Pervertida Yaoista
-Hola linda! Espero que este episodio sea de tu agrado... y si, hahaha, nada justifica el que Ching haya permitido el daño que recibió su nieto... por cierto, en el manga una de las portadas muestra a Ren tocando una Genka, que es una especie de bajo o violín alargado y delgado chino y por eso no se me hizo raro pensar, que el niño podría estar versado también en la música =)
Muchísimas gracias por tu review!
