Treinta días
Disclaimer:
Los personajes de yyh no me pertenecen, son propiedad de Yoshishiro Togashi, yo sólo les he usado para entretenerme y entretener a otras personas que así como yo, les gusta esta pareja y esta gran serie.
Notas:
Es increíble como hemos avanzado, y es increíble que sólo nos queden dos entregas más. He amado todos sus comentarios, he adorado leer sus reviews, a veces, mentira, casi siempre que necesito ánimos, los releo porque me sacan muchas sonrisas y me dan un motivo para seguir escribiendo en este fandom que espero, nunca muera.
Muchas gracias a estas personas que siempre leen, a ellas, este capítulo con amor.
Les veo más abajo (risas)
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Capítulo XXIX
"El latido de dos corazones I"
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-Habitación de Hiei y Kurama Minamino, departamento de Hina Jaganshi-
Eran las once de la mañana, pero Hiei no quería despertar al kitsune aún porque estaba más concentrado en mirar el rostro dormido que yacía sobre su pecho que en decirle que era ya de mañana. En ese segundo Hiei Jaganshi pensó que jamás había realmente visto lo bello de ese rostro, pensó y recordó que jamás se había quedado mirando a Kurama como esa mañana porque al kitsune le ponía nervioso que le mirara de esa manera. Hiei se mordió la boca, y rozó con una mano que tenía libre parte de los labios del pelirrojo que dormía, los sintió tan suaves que tuvo el deseo de morderlos esa misma tarde pero no lo haría hasta que Kurama despertase porque temía que el chico se asustase por la experiencia vivida del día anterior. El basquetbolista se sonrió con sorna, no era la primera vez que pensaba que ese rostro había sido tallado en cual porcelana pero si era la primera vez que Kurama yacía durmiendo sobre de su pecho; recordó la noche, la forma en que el otro se había abrazado a su torso temblando, recordó como le había dolido el corazón cuando le vio en ese sótano amarrado de pies y manos y que sintió una furia tan inmensa que sólo quería poder mandar al mismo infierno al diseñador, pero justo había llegado Toguro y se lo había llevado y él se hubo quedado con las ganas de darle una patada en el estómago. Anotaría en algún rincón de su mente que apenas le viese otra vez- si es que ocurría que ese desgraciado bueno para nada volvía a aparecerse frente de Kurama- que lo aplastaría como a un gusano y luego lo devolvería a la prisión con todos los huesos rotos. Hiei tuvo que obviar esos pensamientos asesinos cuando escuchó la puerta del cuarto siendo abierta, tras la puerta vislumbró el rostro de su madre, quien ahora le miraba muy tranquila y depositaba sobre la cama una bandeja con el desayuno recién preparado. Hina le sonrió, enseguida le indicó a Hiei que despertase a Kurama.
-Hijo, se les va a enfriar, es mejor que coman algo, hoy será un largo día para los dos-dijo ella, Hiei sabía a qué se refería, sería un largo día porque Kurama seguro, no encontraría razones para salir de la cama ni de querer ir a pasear, y no lo culparía si temía salir al centro o algo como eso, Hiei suspiró.
-Me conformaría con que coma algo-dijo, Hina se acercó y depositó una mano en la cabellera de su hijo.
-Seguro se te ocurrirá algo lindo para que pruebe mi torta de frutillas-dijo ella, Hiei se giró a ver el rostro dormido del zorro sobre su torso, Kurama respiraba muy suave, y ahora yacía aferrando con una mano parte de la sábana que les cubría; el capitán suspiró y como acto reflejo acarició la mano del pelirrojo que yacía a su lado. El jugador de basquetball hizo que soltara la sábana y quedó mirando aquel corte de cabello.
-No le queda mal…pero dudo mucho que quiera mantenerlo así-dijo, Hina le miró desde la puerta ahora, la mujer iba a salir a buscar un poco de azúcar cuando escuchó esa frase y se sonrió.
-Si puedes hacer que le guste porque a ti te gusta, seguro será más fácil la espera de que crezca de nuevo-dijo ella, Hiei no dijo nada, en su mente estaba vislumbrando la imagen del zorro con ese corte, es verdad que le gustaba más su cabellera larga pero con ese estilo Kurama adquiría un toque más delicado; cosa que resaltaba la piel tersa del cuello y le provocaba un aspecto más juvenil.
-Seguro se verá más alto ahora-dijo, Hina se llevó una mano al bolsillo de su blusa, Hiei le observó sin entender cuando la mujer dejó a su lado un sobre con su nombre.
-No alcancé a dártelo antes, pero un amigo tuyo te dejó una invitación para una obra de teatro. Sé que a Kurama le gusta mucho ir al cine y esas cosas, así que pensé que podrías ir con él a verla la próxima semana. Así tendrán una razón para no quedarse en casa-Hiei elevó sus hombros con cuidado para darle a entender a la mujer que no debió de haberse molestado, pero si lo pensaba, ir a ver una obra era muy buena idea para que el kitsune no se deprimiera.
-¿Quién te las ha dado?-
-Youko, dijo que significaría mucho para él que fueras-
-Seguro lo dijo porque siempre lo he molestado con la actuación, pero jamás me imaginé realmente que iba a actuar en una obra acá en Paris-
-Luego de que fueras a buscar a Kurama vino a verte, pero al no encontrarte las ha dejado conmigo-
-Hn… voy a despertar a este dormilón-dijo, Hina enseguida salió de la habitación al escuchar el tono con que Hiei le había dicho esa frase. Unos minutos después Hiei estaba susurrando pequeñas frases en el oído de Kurama, el kitsune se movía en sueños y comenzó a sentir que algo estaba provocándole cosquillas en su piel.
Era un toque electrificante y el kitsune sintió una seguidilla de yemas bajar por todo la curvatura de su cuello. Kurama se movió, Hiei comenzó a besar su oído, y el pelirrojo sintió como poco a poco se despertaba, al abrir los ojos vislumbró como Hiei estaba besándole ahora, una mejilla.
-¿Qué…qué haces?-dijo, Hiei se sonrió con sorna y Kurama se sonrojó cuando el basquetbolista depositó un beso en su frente, oh, Kurama esperaba no estar soñando y sintió como su corazón comenzó a latir con mucha ferocidad. Se abrazó de golpe al basquetbolista al percatarse que realmente no estaba soñando… se abrazó a su pecho al percatarse que no estaba en ese sótano oscuro, que no había ausencia de ventanas ni el cuarto era alumbrado por solo una vela. Al hacerlo el eco de los latidos del corazón de Hiei comenzaron a ser memorizados por su cerebro y no podía dejar de escucharlos porque quería grabarse para siempre ese sonido.
¡Si había dormido con Hiei, y Hiei le estaba despertando de la manera más suave y dulce que nadie había hecho con su persona!
-Hola-dijo en su oído y Kurama se llevó una mano a la boca para que el otro no escuchase su voz pronunciando su nombre con desesperación, la piel de su palma fue mordida y cerró los ojos unos segundos antes de poder mirar al deportista a la cara otra vez -¿Te ha molestado que no te haya dado un beso como se debe Kitsune?-
-No…-dijo, Kurama llevó su rostro frente a Hiei en seguida, el kitsune comenzó a hacerle caricias a Hiei con su nariz, el basquetbolista percibió el roce de su piel en sus pómulos y no pudo evitar sentir que quería darle un beso esta vez. Cuando Kurama dejó de hacerle caricias en las mejillas Hiei depositó sus labios en los del otro, mordió la carne del labio y percibió que el corazón de Kurama seguro, latía con la misma intensidad que el de él, entonces comenzaron a darse un beso que Kurama deseó que jamás se acabara.
-Si comenzamos a darnos muchos besitos Kitsune, el desayuno que nos ha traído mi madre se enfriará y me hará puré de basquetbolista-dijo, logrando que Kurama dejase salir una risa que provocó que Hiei se sonriera con más ganas- -Terminaste ganando como siempre, hizo torta de frutillas-Kurama se llevó una mano al rostro…con lo que Hiei odiaba la torta de frutillas y pensar que tendría que comérsela no más para evitar un ataque de llanto explosivo de Hina.
-¿Por qué no te gusta la torta de frutilla?-
-Si me gusta, pero es que hace rato que quiero que me haga una de chocolate-
-Pero…podríamos hacer divertido el desayuno Hiei-dijo Kurama y Hiei volvió a depositarle un beso en una mejilla.
-Déjame a mi esta vez darte las frutillas, pero no me pidas que lo repita otro día-exclamó en su oído, logrando que el corazón de Kurama volviese a latir con mucha más fuerza, y que desease detener el tiempo a esa hora.
Y quizás yacerían acurrucados en esa cama para siempre.
-Departamento de Homicidios, celda nº 13-
Nada combinada en la celda si se ponía a pensar en el detalle del color del mármol oscuro y sin brillo que adornaba dicha habitación que no medía más de diez o doce metros, era pequeña, helada; no tenía cortinas, no tenía otra puerta ni mucho menos había una lámpara.
Karazu se mordió un labio, no recordaba exactamente cuando había ingresado a la habitación, pero esos detalles carecían de importancia en ese minuto, carecían de valor para su corazón ahora destrozado, triste; ahora cubierto de miedo.
Kuroune se había ido…
Kurama se había ido…
Y él estaba solo otra vez, otra vez en una habitación sin color, otra vez en una habitación vacía y silenciosa.
Otra vez, como hace años cuando le había ganado la depresión.
Suspiró, llevó una mano a su rostro, el cuerpo le pesaba de sobremanera y sus piernas yacían adoloridas y moradas por los golpes recibidos a manos de Toguro el menor, jefe de la brigada de homicidios, al no entender la confesión de su caso.
El diseñador ahogó un ataque colérico de risa.
Nadie entendía, nadie lo comprendía.
Nadie jamás sabría lo que era vivir amarrado a una fantasía que llevaba años en tu cabeza, esperando poder ser realizada cuando tuvieses la primera oportunidad para llevarla a cabo.
Karazu si…
Él sabía lo que se sentía, y sabía lo que era el haber llegado hasta lo más alto para obtener esa fantasía en la punta de tus dedos, en la piel de tu mano; aunque sea por escasos segundos.
Oh, y lo había logrado, había vuelto a tener a Kurama a su lado, había recuperado su amor por el diseño de modas y por el pelirrojo.
-Debí…haberte escuchado Kuroune-dijo con tristeza. No podía seguir mintiéndose como un novato al decirse de que todo habría sido mejor si lo hubiese escuchado, porque la verdad era que la había fregado, de acuerdo, reconocer que llevarse a Kurama del centro comercial fue el error que lo llevó a terminar en el cuartel de homicidios no había sido nada de fácil, pero si se detenía a meditar el punto, si no se hubiese secuestrado al modelo nadie habría sabido nada y seguiría disfrutando del rostro del kitsune desde la distancia.
Y a su lado, todavía estaría Kuroune.
Pero la verdad era esa, que se mostraba en frente de sus ojos con sus infernales gritos, podía rememorar si quería la angustia en los ojos de su cuervito, la mirada asustada de Kurama…y ese horrible nombre.
Youko.
-Conocí a una persona…y me gusta y yo también a él- cada vez que trataba de pensar en nada volvía a escuchar esa frase pronunciada por Kuroune, y el corazón le dolía como miles de cristales siendo quebrados por una piedra.
Si no hubiese estado tan ciego…
-Este es nuestro adiós-recordóel mensaje en el teléfono celular que escuchó luego de ser encerrado en la habitación, el aroma del cigarrillo del detective Tomochika, las manos huesudas y doloras de Toguro al rozar su piel.
Si Kurama no hubiese sido el motivo de sus fantasías….si hubiese permitido que su corazón valorara a Kuroune ahora quizás otra, sería la historia que contarte.
-Tengo la suficiente información y declaraciones para enviarte a la cárcel toda la vida si es necesario-la voz del detective, y enseguida al retirar las manos de su rostro, como si una película hubiese sido recién puesta en un reproductor de dvd, recordó todo lo que había pasado desde su salida del departamento. Las imágenes fueron acomodándose mientras su corazón palpitaba con increíble velocidad, mientras su respiración se agitaba y pensaba que terminaría desfalleciendo por el dolor de la angustia que comenzaba a adueñarse de su pecho y todo su ser.
Y Karazu se perdió en su mente, rememorando el sarcasmo de las voces que escuchó hace horas y la ausencia de colores de sus paredes, la falta de gusto decorativo y las miles de personas que luego de salir de la sala de confesión lo invadieron con flashes fotográficos, de la luz de las cámaras; del olor de la pólvora del mecanismo de disparo en modelos retro y del sonido constante de la gente gritando si podía contestar algunas preguntas en ese lugar.
En su mente se formó la silueta de la detective Seiryu, el aroma del café recién servido y el brillo incandescente de una ampolleta que yacía sobre su cabeza esperando que respondiese a su nombre.
-Señor Mie llene, se le acusa del intento de secuestro del modelo de la empresa de American Idol y Belleza Americana, además de mantener bajo amenaza al capitán del equipo de basquetball de Tokio Yusuke Urameshi y el intento de asesinato de la diseñadora de Marketing Keiko Yukimura. No tendrá derecho a un abogado pues por el poder que tengo en el sistema legal de Tokio, en vista de los hechos y con la cantidad de confesiones en mi poder no tiene caso ir a juicio- Karazu recordó la pequeña sala a la que lo llevaron con las muñecas esposadas como cualquier delincuente, con el rostro cansado y la piel sudada.
Y el cabello mojado por la lluvia que había caído esa noche, a las dos y media de la madrugada.
El rostro, casi blanquecino y ceniciento de Shizuru Seiryu le sonrió con ironía mientras botaba el humo de un cigarrillo que aún no terminaba de consumirse. Le habían bajado de la camioneta de la brigada, a cada lado iba un guardia mientras le aferraban con sus manos el cuerpo para que no intentase escapar.
Luego de haber ingresado al departamento le habían llevado a una sala pequeña de reclusión, una especie de cuarto confesionario donde si te fijabas, desde adentro no podías ver a nadie afuera pero Karazu sabía que había alguien mirándole afuera, y por eso no tuvo ganas en ese minuto de fingir demencia, ni de implorar misericordia.
No…en ese minuto, la verdad fue que no tuvo ganas de aparentar nada y sólo habló cuando la detective se lo pidió.
-¿Puede decirme el motivo de secuestrar al joven Minamino?- antes de responder se había dado el lujo de aspirar el aroma del café que bañaba la sala, y había memorizado el tono de voz de ella y los colores.
Todos esos extraños colores que no yacían en su tableta de diseñador.
-Todas las cosas se hacen por amor detective-había dicho, y Seiryu había apagado su cigarrillo para comenzar a beber de una taza de café que yacía al lado de su mano.
-El concepto de amor que tiene señor Mie Llene es muy extraño, si me permite decirlo-
-Yo le amaba, por amor hice cosas duras para que él consiguiese estar donde está ahora, por amor callé cosas, por amor estuve meses sin dormir para que triunfase en un escenario….y luego, él me dejó. Y me sentí roto…literalmente como una muñeca de cerámica al ser impactada en el suelo-Seiryu le había mirado en silencio, con una mano siendo pasada por su cabellera mientras sus labios eran mordisqueados por sus dientes.
-Afuera está el detective Tomochika y el señor Midori, psicólogo forense, es experto, si me miente él lo sabrá y su numerito no servirá de nada para fingir demencia señor Mie Llené-
-¿Fingir dice usted?, jamás miento, sólo digo cosas que el resto no quiere oír. Pero si llama demencia a vivir la vida pensando en una sola persona, imaginando lo que serías capaz de hacer con él a tu lado, los triunfos, las caricias…si dice que es demencia llegar a querer secuestrarte a ese alguien para volver a sentirlo cerca de ti, aunque sea solo para mirarlo o para besarle la palma de la mano, entonces usted debe determinar si estoy fingiendo o no…no es demencia señorita, es amor-
Habló durante horas, mencionó todo desde el día en que Kurama le había dejado, y no tuvo que fingir nada porque el mismo psicólogo de la brigada determinó que yacía aferrado a un sueño pasado por el cual no podían condenarle a más de diez años de prisión.
-Sakyou, el hombre está obsesionado. No está fingiendo demencia ni nada, está loco si lo miras bien.-
-Puede que sólo sea buen actor-había dicho el detective Tomochika del otro lado del vidrio. Habían estado dos o tres horas escuchando la entrevista y mirando las expresiones del diseñador con Seiryu, pero la verdad era que si miraba a Karazu, Sakyou veía a un joven que poco le importaba que pasaría con su vida ahora, especialmente porque no tenía un motivo para levantarse, especialmente porque ya no tenía un sueño o una meta fija trazada.
-Él ha vivido durante toda su carrera para Minamino, es fácil entender que se desequilibrase al perderle, imagínate trabajar la vida para lograr la felicidad de otra persona y llega un día en que esa persona ya no te quiere más a su lado. Piensa en un niño que todos los días mira una serie de dibujos animados a una misma hora y ¡sas! te la prohíben ver porque no rindes en la escuela, ¿y qué pasa? te deprimes, es la regla normal de la vida Sakyou-
-No trates de entender al hombre Midori, trata de que la psicología no te engañe y sólo concéntrate en darme un diagnóstico para poder encerrarlo tras las rejas de por vida-
-Eso será imposible, tu sospechoso padece de un claro síndrome de trastorno de personalidad con cualidades obsesivo-compulsivas; no puedes encerrarlo la vida por la ley de Tokio y ni se diga la de Paris. Este hombre es un caso clarísimo de depresión Sakyou, sin contar con sus manías por los colores, las rutinas y las cosas ordenadas; no tiene claro nada de nada y ni siquiera puede poner en balance sus prioridades-
-¿Cómo estás seguro de eso?-preguntó el detective entonces, mientras miraba por el otro lado con un cigarrillo en su boca. La detective Shizuru yacía mirando fijamente al diseñador y ya se había tomados casi dos tazas de café para poder formar el veredicto que le solicitarían al juez, la otra semana.
-Porque a todo contesta con Kurama, ¿su nombre favorito? Kurama, ¿su color favorito?, rojo, ¿su tesoro? El modelo. ¡Está obsesionado!, ¡idealizó a una persona que ambos sabemos que no es tan perfecta como él plantea!, y estaba cruzando el camino del desquicio cuando creó este jueguito, y todo por una sesión de fotos. ¡Es el perfil señor Tomochika!, un maniaco compulsivo jamás lastima en un índice sexual su objeto de adoración, no así un degenerado o un acosador. Lo siento, pero mi informe no te permitirá tenerlo de por vida en la cárcel-
-¿Cuánto?-
-Diez años, a lo mucho, con sesiones médicas y en confinamiento-
Karazu pestañeó cuando escuchó la puerta de su habitación abrirse, ¿Cuánto tiempo llevaba divagando en esas escenas?, no podía recordarlo bien, pero la verdad poco le importaba ahora.
-Una semana Mie Llené, el juez ha dado su autorización para transferirte al sanatorio criminal de Tokio, y espero te guste ese lugar porque vivirás muchos años en una habitación similar a esta- dijo, la voz de Sakyou Tomochika, al levantar la mirada vislumbró sus ojos azules.
Ese color era tan bonito…especialmente cuando brillaban de noche, especialmente cuando venían acompañados de gruesas y negras pestañas en un rostro color claro.
Especialmente…si eran de Kuroune.
-Me fascinan tus ojos azules cuervito-movió la boca, pero no se atrevió a formular la pregunta, sin embargo el detective de homicidios era muy observador y notó el leve movimiento realizado por sus labios, que en silencio, imploraban el sonido de sólo una voz.
-Y antes de que me preguntes, no vino y no vendrá a verte Mie Llene, yo tampoco lo haría-exclamó, consiguiendo que su corazón se consumiese y sintiese que se lo tragaría el color opaco de la habitación sin cortinas.
Era verdad entonces…
Kuroune…se había ido…
Y como dolió entenderlo.
-Celda nº 8, brigada de homicidios-
Cuando se enteró de que Hiei había podido encontrar a Kurama su corazón pareció volver a latir con tranquilidad, pareció sentir que recuperaba la respiración, el ánimo y la vida. Y supo que nada de lo que ocurriera ahora cuando saliese de la brigada de homicidios para ser transferido a la prisión estatal de Tokio podría evitar que se sintiera el hombre más afortunado de la tierra. Sakyou Tomochika le había facilitado una copia de la resolución penal de su caso, y él, Yusuke Urameshi, yacía sentado en una banquita color negro a la espera de la llegada del hombre junto a Shizuru Seiryu para transferirle de dicho cuartel en unas horas.
Oh, la cabeza le dolía si era sincero, y estaba pensando en que muchas cosas quedarían sin terminar ese año. Era septiembre, el evento más importante de su carrera quedaría en nada y no podría enfrentarse al equipo de España porque seguro, cuando saliese su situación en las noticias la liga de basquetball los descalificaría, pero no le importaba la verdad ahora, porque Kurama estaba bien, Hiei aún lo consideraba su amigo y Keiko seguía a su lado aún cuando hubo cometido esos inmensos errores.
Keiko siempre se quedó en la sala acompañándole, siempre se mantuvo con una mano entrelaza en la suya, aferrándose al roce de su palma porque sabía que pasarían años antes de que volviesen a tomarse de la mano. La chica yacía ahora sentada en la misma banca, leyendo una revista de modas tan tranquila, que nadie creería que en minutos su vida se truncaría y el destino los separaría por dos años.
Dos años…si lo pensaba había corrido con suerte, Sakyou Tomochika había manipulado de tal manera el sistema que el juez le dictaminó dos años de cárcel, más una multa para compensar los daños ocurridos durante el caso. Suspiró, vislumbró la sala donde yacía junto a Keiko, había mesones de típicas secretarias, una niña tecleaba en una computadora sus datos personales en un archivo policial que sería cerrado esa tarde. Al frente vislumbró una puerta giratoria de vidrio, que le mostraba que del otro lado, caía una lluvia bastante fuerte y helada a esa hora. Oh, Yusuke Urameshi agradeció el hecho de estar bajo techo, y se dedicó a aspirar el aroma de una colonia agua marina que yacía muy cerca de su rostro.
Al girarse, vislumbró el rostro de Keiko leyendo, con sus labios semi apretados por sus dientes, y sus ojos avellana que trataban de mostrarse fuerte, pero la verdad era que él sabía que por dentro, esos ojos estaban a punto de quebrarse en lágrimas saladas, y que estaba a punto de salir de esa habitación para que él no la viese llorar.
-Tranquila…volveremos a vernos Keiko, y cuando lo hagamos, nos casaremos-dijo, depositando un beso en la frente de la morena. Keiko se llevó una mano a la boca, Yusuke le quitó la mano, y enseguida le dio un beso en los labios a la diseñadora para que olvidase el deseo de llorar.
Cuando sus labios dejaron de rozarse Keiko dejó que su rostro descansase en el hombro de Yusuke, el moreno escuchó la respiración de ella y se concentró en respirar otra vez esa agua de colonia.
-¿Terminara así Yusuke?...¿No irán a la final luego de tanto trabajo?...-dijo ella, Yusuke se mordió un labio, otra vez llevó su mirada a la sala donde yacían. La sala tenía un papel color tierra por decoración, en el suelo, una alfombra color blanca crema descansaba bajo sus pies. Dos cubos de agua para servirse yacían juntos de cada banca que había en ella, y sólo contaba con unas cuantas ventanas además de la puerta giratoria de cristal.
Era, el típico prototipo de oficina de leyes, si no contaba con el nombre de celda número ocho, que nada tenía que ver con su interior.
-Habrá más oportunidades en el futuro Keiko, nos levantaremos luego de este mal trago y volveremos a las canchas con más energía que ahora-
-No podría haberlo dicho mejor pupilo idiota-una voz, como de una garganta gastada y seca recorrió la piel de Yusuke y Keiko. El moreno abrió la boca, y Keiko dejó de apoyarse en el hombro de su novio. Los ojos color avellana de ella se petrificaron al vislumbrar ese rostro, cubierto de ondas color rosa gastado por los años y unas mejillas pálidas adornadas sólo por un poco de rubor. En su cuello, colgaba una cadena con su nombre y sus ropas dejaban mucho que desear de un cuerpo femenino.
-¿Maestra Genkai?-dijo la morena, Genkai dio dos pasos al frente y cuando llegó Yusuke experimentó la fuerza de un puñetazo en su rostro, que provocó que se cayese del banco donde esperaba al detective Tomochika.
-¡Serás idiota!, ¡no nos vamos a retirar ahora, no luego de años de luchar por llegar hasta aquí!-dijo, Keiko se petrificó por el miedo, miró a su novio que yacía en el suelo de la sala perdido en la inconsciencia, cuando Keiko volvió su mirada hacia la maestra, Genkai le miraba muy rabiosa y enojada.
-Niña, no nos retiraremos ahora, así que díganme, ¿Si yo fuera su entrenador de reemplazo, irían a la final?-dijo, Yusuke abrió los ojos en seguida y se levantó del suelo.
Genkai estaba allí…y no lo había soñado…Genkai estaba ofreciéndole su ayuda ahora cuando podía terminarlo, ahora para que su sueño no quedase inconcluso. Yusuke se levantó de golpe del asiento y vislumbró a aquella mujer que no había visitado en casi seis años desde que ella le había otorgado el cargo de entrenador. Los recuerdos de su vida se acumularon unos contra otros, de las noches en que ella le hacía jugar basquetball, de las tardes en que él tenía que mirarla dirigir.
De los días en que fue, un jugador como Kuwabara.
-Vieja…¿cómo has sabido que estábamos aquí?-enseguida, por la puerta de la sala ingresó Kazuma Kuwabara para completar la escena, Yusuke se mordió la boca y estuvo seguro que degollaría a Kuwabara por haberla ido a buscar a Tokio.
-Yo fui a buscar a tu antigua profesora Yusuke, porque no quería que tu sueño quedase en nada-en ese segundo, en que nada parecía ser real Yusuke Urameshi sintió el deseo de querer levantarse para darle una patada en el estómago a su compañero de equipo, pero esos deseos quedaron en nada cuando Genkai le abrazó sin aviso.
Y él, quedó estático en la banca.
No hubo palabras que saliesen de la boca de ella, ni de él, en ese minuto, en que aquel abrazo fue propinado Yusuke pareció ser tragado por la sensación de esas manos que le aferraban parte de la camiseta de entrenador. Yusuke suspiró, miró a Genkai tratando de decirle que le gustaba la idea y que el hecho de estar allí era lo mejor para su corazón; pero, obviamente, no pronunció ninguna de las palabras que quería decirle.
No enfrente de ellos.
-Hace mucho que no nos veíamos Yusuke-la voz de la mujer le recorrió la piel, Genkai tomó asiento junto a ellos en la banca de madera, y se dedicó a juntar sus manos en su regazo. –Has crecido Yusuke, pero aún te falta para hacer las cosas bien, podemos llegar a Estados Unidos si tu orgullo no impide que dirija un equipo que yo desconozco-
-Kuwabara te conoce vieja-
-Pero los otros chicos no, podemos esperar que hagan lo mejor que hacen, pero cuando un entrenador no es de confianza no logramos que den su cien por ciento Yusuke-dijo, el moreno la miró en silencio, se mordió la boca.
-Hablaré con ellos Genkai, te escucharán porque serán mis palabras, te seguirán porque les diré que lo hagan. Mi equipo es fiel, y si el deseo de todos es llegar a la final, ten por seguro que no importará como lleguemos. Siempre me dijiste que nadie era indispensable, que podríamos ser reemplazados; bueno, ¡ya es tiempo que alguien me reemplaze a mí!, ¡y mil veces prefiero que sea alguien que es capaz de partirme el cuerpo con sus entrenamientos que alguien que no sabe nada de cómo se juega!-
-Eso…era exactamente lo que quería oír de ti Yusuke, has madurado, pero sigues siendo un idiota impulsivo-
-Entonces…¿los entrenas por mi vieja?-
-Sigue diciéndome vieja y te meteré el balón de basquetball por la boca, pero si, los entrenaré por ti Yusuke- dijo, y en ese segundo, cuando Yusuke sintió su corazón palpitar con fuerza y cómo el aire regresaba por segunda vez a sus pulmones, el grupo escuchó una puerta de cristal abrirse, y al detener sus miradas en la entrada vislumbraron a Sakyou Tomochika en compañía de Shizuru Seiryu, quienes sostenían una carpeta color crema y fumaban un tabaco con aroma a menta.
Sakyou Tomochika le sonrió al entrenador y al acercarse, ignoró por completo al resto de los presentes.
-Muy bien Urameshi, se acerca el momento en que bajarán el telón; ¿nos vamos a Tokio antes de que te invadan los reporteros o dejo que te devoren con sus cámaras y luces?-dijo con sarcasmo el hombre y Yusuke le sonrió con sorna, divirtiéndose de esa voz que parecia tratar de pisotearle con su zapato de suela negra.
-Deja que vengan los reporteros Tomochika, no tengo porque huir a esconderme como un ratón; dejaré que me vean y que hagan sus odiosas preguntas y cuando me haya agotado de tanta popularidad me iré contigo a Tokio-dijo, logrando que el detective Tomochika se partiese de risa y botase lo que quedaba de su colilla de cigarrillo al suelo.
Y sonrió con ganas a Urameshi.
-Estación de Radio, centro de Belleza Americana, a esa misma hora-
Koedma Jr, presidente de Belleza Americana se encontraba sosteniendo una charla con el consejo de modas de Tokio y Francia en una mesa color caoba de forma rectangular, unas seis personas habían asistido a tal evento a demás de Botan y Él, cada una representando a alguna autoridad especialista del área; quizás era el presidente de Belleza Americana, pero el peso que había en tal sala no era nada comparado al puesto de presidente, Yukina Jaganshi no estaba en dicho evento, pues se encontraba en el hospital por un asunto familiar; el cual, él sabía se trataba de su hermano pero poco sabía de los detalles del problema que estaba viviendo. Botan algo le había contado pero llevaban tanto tiempo desconectados con Keiko y el equipo de Basquetball que sólo se enteraban por algún mensaje que enviaba la morena acerca de Yusuke; esperaba saliese algo en los medios de comunicación para entender su falta y la de la morena y quizás así saldría más fácil de llevar tal junta, porque la verdad era que detestaba con palabras mayores a la gente que se encontraba sentada a su lado, pues velaban por el bien de la empresa y no por sus integrantes.
Y quizás por eso él aún no daba la decisión final de la junta.
-¿Tiene alguna otra mejor idea Señor Edma?, le hemos expuesto todos los detalles que la oficina de Paris nos ha entregado, no podemos permitir la muestra con Yusuke Urameshi ni ninguno de sus integrantes, debemos relegar al equipo de Basquetball y colocar a otro en su lugar, no podemos llevarla a cabo con la noticia reciente emitida por el canal 6 de Tokio a cargo del mismo Sakyou Tomochika acerca del intento de asesinato de un integrante de nuestro medio por su entrenador; se vería horrible en la prensa, y qué decir de nuestra cara visible. Sabemos de la relación amistosa que mantiene con el joven deportista, y entendemos que es complicada la decisión, pero sería un error y una gran burla para la moda seguir planeando una muestra de modelaje con ese tipo de gente-
Ese tipo de gente…aquello lo colmó, llenó el vaso de agua que estaba tratando de mantener medio lleno en su cabeza, Fujimi cruzó la barrera, cruzó el límite de su paciencia. ¿Ese tipo de gente?, ¡ese tipo de gente les había dado más popularidad y ganancias en tres semanas que cualquier estúpida muestra de primavera o de verano!, ¡Porque la verdad era que el deporte mueve a las masas, y da lo mismo cual era, siempre y cuando tenga una gran cantidad de fanáticos!
-Ese… tipo de gente como dice usted le ha triplicado el sueldo señor Kido-dijo, Fujimi Kido tragó aire, y quedó mudo esperando en su banca.
-No es una ofensa señor Edma, Fujimi sólo esta pensando en lo mejor para el medio, quizás expresó mal sus intenciones-Ayame Miba salió en defensa de su compañero, Koedma sonrió de lado.
Lo peor era cuando lo llamaban por su apellido paterno, otro suspiro, la gente le miraba horriblemente fijo al rostro y él podía sentir la tensión en el aire marcado en aquella sala, incluso podía sentir las palpitaciones de su corazón y de paso, sus piernas.
-Es lo mejor Señor presidente, en estos momentos no hay otra salida, sólo debe decir por el emitido de radio que comenzará en una media hora que cancelará la muestra hasta nuevo aviso y nombrar a otro equipo de basquetball- Gen Shikata, fundador de los centro de moda de Tokio expresó con tranquilidad sus palabras. Koedma yacía con las manos cruzadas bajo el mentón de su rostro, sintiendo el peso del cuerpo de su cabeza, de la piel y del cuello en las manos blancas y dolidas que llevaban soportado aquella posición por más de tres horas, yacía vestido con un smokin café claro, bajo el, una camisa color azul marino cubría el torso bien formado y en su frente yacía una cinta color verde oscuro para cubrir parte de la piel; mientras de ella sobresalían flequillos de cabello. Suspiró, otra vez se mordió la boca, cerró los ojos azules que yacían enfocados en su vaso de agua; no le gustaba beber otra cosa en esos momento, especialmente cuando eran esos momentos en que una decisión podía impedir el avance de toda una carrera. Oh, pero Koedma sabía que debía de tomar una ahora, y odiaba cuando debía de tomarla de esa manera, cuando debía de tomarla rápido por presión sin consultar a la gente que yacía involucrada en dicho tema.
Especialmente odiaba tener que tomar una decisión sin la presencia de los modelos de la muestra, especialmente sin la presencia de Kurama Minamino, pero era el presidente y quedaban sólo treinta minutos para que la estación de radio estuviese disponible. Koedma volvió a suspirar. Al levantar la vista vislumbró los bonitos ojos púrpuras de Botan que le miraban suplicando que no accediera a tal idea pero el consejo de moda que yacía sentado en aquella mesa junto a ellos había expuesto las cosas de manera tajante; especialmente Fujimi y la señorita Ayame.
Él estaba enterado por la misma Botan del asunto, pero jamás esperó que un reportero privado enviase la historia directamente al correo privado de Gen Shikata, tal parecia, lo que había pasado estaba rondando por los medios, y si contaba con el anuncio televisivo emitido hace dos días por el detective de homicidios no debería de haberle sorprendido tanto la solicitud de una reunión para establecer las futuras acciones de belleza americana, pero la verdad era que la solución establecida por el consejo lo desconcertó un poco. ¿Sacar a todo un equipo de basquetball de la muestra por un error cometido por sólo una persona?
Koedma cerró los ojos, lo meditó, lo estudió y enlazó; para cuando los volvió a mirar Botan vislumbró un brillo de superioridad en ellos y una mano solicitó una pluma de tinta azulada para firmar en una hoja cuadriculada de papel verde esmeralda.
-Accederé-dijo, Gen Shikata le miró con clara superioridad, Ayame sonrió y Fujimi sólo le entregó el lápiz de pluma; del otro lado de la mesa Botan se mordió un labio, iba a reclamar, a decirle a Koedma que eso era ser arrastrado por el medio pero Koedma la detuvo con un gesto de su mano- Accederé a suspender la muestra, no a cambiar al equipo de basquetball-dijo, Gen Shikata dejó de sonreír.
-Pero señor, la muestra con ellos se vería ensuciada-
-Gen, ¿acaso no hemos estado juntos en peores situaciones?, ¿acaso la empresa de Belleza americana no te ha ayudado a saber como borrar ciertos temas?-
-Señor eso…-
-¿Alguien dijo algo sobre Karazu y Keiko Yukimura la noche que ella cayó al hospital?, recuérdalo Gen, American Idol hizo un trato de confidencialidad con mi empresa a la hora de acceder a preparar la muestra. Yo los escogí para verlos en este suelo parisino, yo los escogí para que surcaran los mismos suelos de Vivianne Westwood por su trabajo, no por un estúpido medio de prensa; y te recuerdo que a la hora de firmar los papeles de trabajo compartido se comunicó todos los por menores y "asuntos turbios que habían" Ah, pero, déjame adivinar, no estábamos juntos esa noche, así que supongo que un pajarillo llamado Yukina Jaganshi me puso sin querer al día en esa reunión sobre los problemas que había con el diseñado Mie Llené-exclamó con sorna; Gen tragó saliva.
Koedma Jr, daba tanto miedo cuando se comportaba de esa manera.
-Discúlpeme señor, no…no sabía que estaba enterado de ese asunto, sé que el sistema puede controlarse cuando se conoce el rubro y…-
-Y eres el presidente de moda en Tokio, entonces, ¿porqué sacar a un équido de tu propio país?, dices que es por cara publica, pero, eso, amigo mio, es huir a esconderte a las alcantarillas como un ratón. Mi empresa nada tiene que ver en tu asunto, y a mí me gusta como trabajan sus modelos y me gusta el trabajo de la señorita Shinime y Yukimura, una cara visible me da exactamente lo mismo y poco conseguirá el que intente lamerme las botas ahora-
-Lo siento mucho señor pero creo que es un error, cuando salga en las noticias, ¿Quién querrá ver una muestra con esos personajes?, si no podemos mostrar confianza entre nosotros, ¿quién creerá en nuestras imágenes?-
-Puede que en algo tengas razón, pero eso se lo dejaremos a ellos, la gente si los ama poco les importara la farándula, se ha visto antes; estrellas del deporte que han caído en prisión salen más amadas que en su mejor momento y yo confío en la gente que sigue al equipo de Tokio-
Silencio, Botan sonreía.
-Escuchen todos, soy el presidente de esta empresa y soy el fundador de los centros de moda en Paris; ustedes hicieron un juramento de hacer lo que yo estimase conveniente, ustedes me dieron el puesto, pues bien, ahora respetaran mi maldita decisión... y esta es mi decisión: la muestra de invierno de Karazu Mie Llene será suspendida hasta nuevo aviso, hasta que el nombre de Yusuke Urameshi salga limpio y Kurama Minamino este apto para ser el modelo en tal presentación; si a alguno le parece errónea puede retirarse de la sala, pero, ¿No se lo deben a la Señorita Yukimura por el accidente ocurrido en Tokio Señor Gen Shikata? Y supongo que tendrá una buena historia para contarle a la Señorita Yukina Jaganshi de por qué estamos corriendo a su hermano de la muestra señor Kido, cuando nada ha tenido que ver en el accidente ocurrido al señor Mie Llené, ¿me equivoco?-
Gen volvió a tragar aire, Fujimi sólo bajo la vista, Ayame Miba se retiró del lugar.
-No señor Koedma, no hay ninguna queja-exclamó Botan Shinime antes de que a alguien se le ocurriese un argumento, antes de que alguien le quitase al joven empresario aquel aire y aquel lápiz de tinta china –Ahora, si no tiene nada más que agregar señor Koedma, me encantaría que firmase esta hoja que redacté de parte de American Idol, sólo debe de leerla y recordar un poco qué decía para que vayamos a comunicar esta noticia por la central de radio-dijo coqueta, Koedma sonrió irónicamente, y de pasó Botan rozó la palma de su mando al entregarle la hoja que debía de estampar con su firma.
Junto a ella, Koedma recibió un pedazo de papel y cuando el pelicastaño le leyó sólo pudo mirarla con asombro y volvió a sonreír.
-"Invítame a comer esta noche y me verás a las seis de la tarde tras de tu puerta, portando un vestido color lila, y cuando se haya terminado la cena dejaré que vuelvas a mirar como dibujo en mi croquera"-
En ese instante Koedma con el mismo lápiz de tinta china respondió una fraseen aquel pedazo arrugado de papel sin color.
-¿Y si en vez de invitarte a cenar te pido que vengas a vivir conmigo?, sólo…piénsalo, sé que yo me iría contigo, si tú me lo pidieras-
Continuará-
Próximamente: "El latido de dos corazones II"
La verdad, este capítulo por fuerza mayor tuvo que se dividido en dos partes, debido a que eran demasiadas las escenas que había que narrar, creo que fue mucho mejor, si no, habrían tenido que leer más de veinte mil palabras de una y la verdad, eso agota.
Gracias por leer este capítulo, y espero les haya gustado, y espero haber respondido sus intrigantes preguntas (risas).
Besitos, con amor para aquellos que siempre leen y comentan.
Ahora, una mala noticia, lamentablemente estamos en verano, estaremos en febrero, y en febrero yo no estaré en mi casa (risas) por lo que no habrá continuaciones en febrero en ningún fick de mi autoría. Es un mes que voy a aprovechar para descansar con mi familia y no estaré conectada en un computador, espero comprendan pero hay cosas que debo de hacer, por ello, nos veremos en MARZO, en las mismas fechas, sólo quedan dos entregas así que este fick dirá adiós en finales de marzo.
Próximamente:
13 de marzo: El latido de dos corazones II
28 de marzo: Fragancia nocturna –final-
Nos veremos, espero pronto.
Gracias
Especialmente, con amor para:
Kaede Hime, Twinippu, Kitty_wolf, Hoshiyo Hime, Rescue Coluptor, Roronoa Minamino y bienvenida Mikoto Sama.
Muchas gracias.
…Y si te vas, ya verás que no están fácil olvidar…
…Sale bien, sale mal…
…Como sea, pero es tan real…
…Que al final lo demás no te importa…
-Escapar-
Enrique Iglesias
