Solo decir que nos estamos acercando ya a la primera escena que se me vino a la mente para escribir este fic jeje y que todo estaba planeado antes de que empezase la temporada de OUAT, cualquier parecido entre esos Merlin y Arturo y los del fic es pura casualidad! No digo mas, os dejo leer =)!

Los descargos habituales, los personajes de OUAT no me perecen. Espero que os guste y gracias por leer :)!


Dolía. Dolía mucho. Dolía incluso mas que cuando tomó la poción para dejar a su madre sin herederos. Era imposible que ese dolor estuviese sanandola.

Merlin la había dado la vuelta dejándola de espaldas a él, y antes incluso de que acabase de beber aquel líquido ámbar el mago había colocado las manos sobre su vientre, en el espacio entre sus caderas, ganándose de paso una mirada asesina de Emma. Pero lo peor fue cuando su magia empezó a funcionar y con ella el dolor. Un brillo dorado salía de las manos de Merlin, un color engañoso para tanto dolor, pensaba Regina. Quería que parase de una vez, no era posible que la estuviese curando, el mago había mentido o se había equivocado. Escuchó a Emma gritar como si estuviese muy lejos de ella, ni siquiera podía verla, sus ojos estaban cegados por ese brillo dorado y el maldito dolor. Y de pronto paró. Fue tan repentino que por un segundo todo quedó en un quieto silencio antes de que Regina se desplomase, rodillas y manos contra el duro suelo, recuperando la respiración. Por un momento lo único que sintió fue el alivio de que ese dolor hubiese parado, pero cuando pudo ser consciente de algo mas que eso, lo notó. Igual que antes sabía que llevaba algo muerto en su interior, ahora sabía que eso ya no estaba allí, había…era increíble…había sanado. Levantó la cabeza muy lentamente sin acabar de creérselo, haciéndose a sí misma un chequeo mágico, buscando algún truco, algún error, pero no lo había, estaba de nuevo completa, estaba curada. Su mirada conectó con la de Emma, que la miraba preocupada agarrada a los barrotes como queriendo partirlos para salir.

- Regina… - Dijo sacando el brazo hasta el hombro incluso sabiendo que no iba a alcanzarla. - ¿Estás bien?

La morena se puso en pie despacio y se llevó las manos al mismo lugar donde habían estado las de Merlin. Sonrió y dio un paso para coger con sus manos la de Emma, llevándola también a ese lugar. Por supuesto la magia de la rubia notó exactamente lo mismo que ella y enseguida su expresión cambió de una preocupada ira asesina a la misma sonrisa que se dibujaba en la cara de la reina.

- ¿Ha funcionado?

Parecía que se habían olvidado por completo de Merlin, demasiado ocupadas en si mismas. Emma sacó su otra mano de la celda para acariciar la mejilla de Regina, uniendo sus frentes a través de los barrotes. El mago movió la mano y la celda se retrajo en el suelo y el techo, dándolas un susto, pero permitiendolas tocarse sin barreras, y de paso que recordaran la presencia de Merlin.

- Ha funcionado.

Respondió el mago por Regina, sonriendolas como si la curación de la reina también le hiciese personalmente feliz a él, contento de verlas contentas, abrazadas como la pareja enamorada que eran.

- Ahora os dejaré a solas, te has ganado un descanso, Emma.

Añadió Merlin con una amistosa mirada, saliendo de la mazmorra sin decir nada mas. Y aunque en cuanto el mago salió los barrotes volvieron a aparecer, encerrándolas a las dos, no pudo importarlas menos, al menos esta vez estaban las dos en el mismo lado de la celda.

- Regina, ¿sabes lo que esto significa?

Preguntó Emma emocionada, ni siquiera estaba hablando de si misma, no quería decir que ahora podrían tener hijos juntas, por supuesto era una idea que no la disgustaba, pero se refería a que ahora Regina podía tener hijos, con quien quisiera, podría ser madre de nuevo de una criatura crecida en su interior. Sabía que era algo que a la morena le encantaría experimentar. Pero en la cabeza de la reina lo que significaba era que ahora Emma y ella podían ser madres de nuevo, ya fuese mágicamente o por el método anónimo del mundo sin magia, eso la daba igual. Ni se molestó en responder, tan solo hizo lo que llevaba ya mas de tres días deseando y se lanzó a los labios de la Salvadora como si no existiese nada mas, ese momento había que celebrarlo, había que recuperar esos tres días completos sin la cercanía del cuerpo de la rubia. Y los tres días que había estado separadas fueron los tres días que Merlin las dejó estar juntas, tres días para probar ese nuevo control de Emma en la Oscuridad, que no estaba tan controlada como les gustaría, pero por suerte no hubo ningún accidente.

Cuando Merlin entró de nuevo en la mazmorra tres días después, las encontró a las dos metidas en la enorme bañera que Regina había instalado en la celda, sin molestarse en taparla de la vista porque hasta ese momento habían estado solas. Automáticamente la reina levantó las manos para taparse bajo el agua, aunque a Emma, de pie delante de ella, no parecía importarle mucho y no movió los brazos de donde los tenía, uno a cada lado de la morena. Con una mirada asesina al mago, Regina estiró una mano para agarrar a la rubia y pegarla a su pecho, tapándose a ambas de esa manera de la vista del hombre que acababa de interrumpirlas.

- Oh, perdón. – Dijo Merlin bajando la vista, aunque sin intentar marcharse. – Creo que ya ha sido suficiente tiempo de descanso, debemos continuar. Ahora llega realmente la parte difícil.

Informó sin dejar de mirar al suelo, Regina habría jurado que podía ver una expresión divertida en su cara, como si esa situación le hiciese mucha gracia. Si no les hiciese falta ese mago, le arrancaría los ojos. Y la lengua. Pero no podía, claro. Además la había curado. Chasqueó la lengua molesta, con esa mirada de reina que era una orden en si misma.

- Oh claro, claro, por supuesto.

Reaccionó el mago, saliendo de la celda a toda velocidad, no se le iba de la cabeza que esa reina no era tan inofensiva como él podía haber pensado al principio. En cuanto estuvieron solas de nuevo Emma apoyó la cabeza en el hombro de la morena en vez de salir de la bañera.

- No quiero moverme de aquí.

Murmuró, consiguiendo cambiar el humor de la morena con una sola frase.

Pero no las quedaba mas remedio que moverse, igual que a Regina no le quedó mas remedio que salir de la mazmorra, Merlin esperó hasta que la reina se fue para dirigirse a Emma.

- Estaba diciendo la verdad, Emma, lo que voy a hacer ahora va a ser difícil.

- ¿Mas que no dejarme comer, beber ni dormir?

Rió la rubia intentando bromear, pero el mago no se reía y Emma perdió su buen humor, sospechando que mas que difícil, iba a ser doloroso. Para ella. Por eso Regina había tenido que irse otra vez.

- Empiezas a tener el control, es cierto, pero eso no debilitará la Oscuridad, y sin debilitarla no podré sacarla de ti.

Explicó el mago con una expresión de disculpa nada esperanzadora.

- ¿Y como piensas debilitarla?

Preguntó Emma con desconfianza, Merlin se miró las manos un momento antes de mirar de nuevo a Emma.

- Bueno, la mejor manera de luchar contra la magia negra es…

- La magia blanca. – Completó la Salvadora. – Vas a atacarme.

Adivinó dando un inconsciente paso atrás, sintiéndose vulnerable allí dentro, incapaz de defenderse. Merlin ya la había advertido que no iba a ser fácil, aun así no la hacia especial ilusión que la atacasen, menos aun con magia. Y a Regina no iba a gustarle.

- No a ti, a la Oscuridad. Y tu tienes magia blanca también, quizá eso ayude a hacer todo esto mas sencillo.

Intentó excusarse el mago, consiguiendo tan solo que Emma soltase una seca risa, sintiendo de pronto muy presente esa magia negra de la que se suponía que quería librarse, aunque en ese momento preferiría usarla para salir de allí y librarse del dolor que sabía que venía.

- Ya, pero da la casualidad de que la Oscuridad está dentro de mi, así que sí, vas a atacarme a mi. – Merlin la miraba queriendo decir algo mas. – Y yo tengo que dejarte.

Adivinó otra vez.

- Tienes que permitírmelo, si. La Oscuridad querrá presentar batalla, querrá escapar, pero tu…

- Tengo que luchar contra todos mis instintos naturales y quedarme quietecita por mucho que me duela.

Dijo la Salvadora con otra seca risa, caminando por la celda como el animal prisionero que era, peinándose nerviosamente con los dedos. No quería hacerlo, no quería quedarse allí parada mientras Merlin la atacaba mágicamente, no tenía nada que ver con la Oscuridad, todos sus instintos naturales, su sentido común, se negaban a hacer algo como eso. Y aun así tenía que hacerlo. Paró de moverse, encarando a Merlin, dando unos saltitos en un inútil intento de sacarse la tensión del cuerpo.

- Vale, vamos. Cuanto antes empecemos antes acabaremos.

Razonó la rubia poco convencida ella misma de sus palabras, el mago asintió y levantó las manos, pero fue incapaz de atacar. Bajó las manos, cogió aire y las levantó de nuevo con el mismo resultado. No era la primera vez que luchaba contra un Oscuro, pero esta vez no era tan sencillo, esta vez no era una batalla, iba a atacar a una mujer dentro de una celda, una mujer que iba a dejarse atacar. Emma Swan no era como cualquier otro Oscuro, ella no quería esa oscuridad, ella luchaba, se resistía, y él tenía que atacarla con toda su potencia mágica, conocía el poder de la magia del Oscuro, no podía contenerse al atacar, no podía tener cuidado o nada de todo esto funcionaría. Bajó las manos de nuevo.

- ¿A que esperas? Hazlo de una vez, tu mismo acabas de decir que es necesario.

Dijo Emma desde el interior de la celda, todavía medio encogida en anticipación al ataque.

- No es tan sencillo atacar a una persona indefensa dentro de una celda, Emma.

Protestó el mago, la Salvadora rió de forma bastante cruel.

- El gran Merlin tiene miedo. Nunca te has merecido ese título, mago, no eres mas poderoso que yo, por eso tienes que tenerme encerrada, sabes que te aplastaría en una pelea justa. No eres mas que un patético desperdicio de poder.

Emma sabía perfectamente que esos sentimientos no eran suyos, procedían de ese odio y resentimiento que la Oscuridad en su interior sentía hacia el mago de forma muy personal, pero por una vez dejó todo eso salir, si así iba a ayudar a Merlin a hacer lo que debía hacer.

- No eres tu quien habla, Emma, es la Oscuridad. Puedes combatirla.

- A la mierda con eso, es mucho mas sencillo rendirse a ella. La Oscuridad está ganando, mago, y cuando lo haga encontraré la forma de salir de aquí y hacerte pagar lo que hiciste.

Siendo sincera, la Salvadora no tenía ni idea de que era por lo que tenía que pagar Merlin, pero claramente el mago si, y eso, o quizá el no querer que la Oscuridad venciese, fue lo que le decidió definitivamente. Levantó una vez mas las manos y descargó un potente torrente mágico contra Emma, que a punto estuvo de apartarse, todo su cuerpo la pedía apartarse, pero allí se quedó, firmemente parada y recibiendo el ataque mágico de pleno. Y claro que dolía, pero nunca pensó que tanto. Mas que en su carne sentía el dolor en sus entrañas, en cada órgano y hueso, el dolor estaba dentro, con la Oscuridad, pero eso no lo hacía mas llevadero, mas bien al contrario, era peor. No lo soportó mas y con un gritó de dolor se apartó de esa magia, rechazándola desde el interior con su propio poder oscuro.

- ¡Basta!

Gritó tambaleándose hacia atrás, pensando que en cualquier momento iba a caer doblada por el dolor que todavía seguía allí, desvaneciéndose lentamente.

- Esto no funciona, mago, no estás debilitando nada, solo haces que la Oscuridad luche con mas fuerza.

Gruñó Emma mirando a Merlin con puro odio en sus ojos claros. La Oscuridad no estaba mas débil, solo mas enfadada. Estaba allí y rugía por salir a destrozar a ese insoportable mago sabelotodo.

- Por supuesto que al principio luchará, y tu tienes que luchar contra ello. Con el tiempo perderá la batalla.

Básicamente lo que estaba diciendo es que iba a tener que soportar ese mismo dolor hasta el límite del aguante de esa Oscuridad, pero era Emma quien la llevaba dentro, sabía que ese límite estaba muy muy alto.

- Tienes que luchar Emma, ayudarme a aplastarla.

Pidió Merlin. Era muy fácil hablar así cuando él no iba a sufrir ningún dolor, si las cosas fuesen al revés Emma estaba segura de que ese mago no lo soportaría, siempre había sido débil. Bueno, quizá no fuese Emma quien estaba segura, si no la Oscuridad. Tenía que callarla, tenía que debilitarla. Tragó saliva solo de pensar en lo que iba a tener que hacer para conseguirlo.

- Otra vez.

Dijo intentando sonar decidida, plantándose de nuevo firmemente en mitad de la celda, lista para otro ataque.

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La Oscuridad no tenía pinta de querer dejarse vencer pronto, las cosas iban incluso a peor, después de cada cierto numero de ataques Emma se convertía en una autentica bestia, rabiando por salir de allí y destrozar al mago y todo lo que encontrase después. Lo único bueno era que al menos esta vez podía ver siempre a Regina al final del día, aunque por supuesto la reina no sabía nada, aun sabiendo que las pruebas iban a ser difíciles, habría matado a Merlin de saber lo que pasaba cada día en esa celda. Lo malo es que esos "ejercicios" dejaban a la Oscuridad despierta y enfadada, Emma quería pensar que también mas débil, pero no lo suficiente como para querer arriesgarse a hacer daño a Regina otra vez, así que los barrotes de la celda estaba siempre presentes entre ellas como protección, la Salvadora sabía que su autocontrol tenía un límite, pero el de Regina también, y la situación estaba rozando ya ese límite. Aun así casi un mes después de que Merlin empezase con ese brutal método para debilitar a la Oscuridad, Regina entró en la celda de bastante buen humor, pidiéndole a Merlin que las dejase solas con mas amabilidad de la que acostumbraba, aunque todavía no terminaba de fiarse del mago, él la había curado y estaba ayudando a Emma, si lo conseguía se habría ganado su gratitud para siempre, y la gratitud de Regina Mills no era precisamente algo insignificante. El mago salió de la celda sonriendo como si supiese a lo que la morena había ido allí.

- ¿Qué pasa?

Preguntó Emma acercándose a los barrotes para al menos poder coger las manos de la reina, ese día había sido especialmente duro y realmente necesitaba un beso de esa mujer, pero Regina era incapaz de estarse quieta y empezaba a poner nerviosa a Emma.

- Regina, ¿pasa algo?

La morena finalmente se acercó a los barrotes sin poder ocultar su sonrisa, cogiendo las manos de la Salvadora.

- Si, la verdad es que si. Pasa algo.

Por la expresión de la cara de Regina no podía ser nada malo, y aun así Emma frunció el ceño confusa y alerta, esperando a que le contase de una vez lo que fuese.

- Emma, yo… - Soltó una risa que solo puso mas nerviosa a la rubia. – Estoy embarazada.

Lo dijo prácticamente en un susurro, como si decirlo en voz alta lo hiciese menos real, pero lo había dicho y Emma lo había escuchado. La rubia se quedó petrificada por un momento.

- ¿Es mío o…? ¿Es eso posible siquiera, que sea mío? ¿O es de…otra persona, o…?

Tenía sentimientos encontrados, claro que se alegraba de que Regina estuviese embarazada, de que la poción de Merlin hubiese funcionado, pero toda su educación y conocimiento del mundo real la decían que era imposible que dos mujeres tuvieran un hijo juntas, aunque ya lo hubiesen hablado en alguna ocasión. Regina soltó sus manos y con un gesto impaciente quitó los barrotes que las separaban.

- ¿Cómo has hecho eso?

Preguntó Emma sorprendida, olvidando por un segundo el bombazo que Regina acababa de soltarle.

- Esta celda está hecha contra tu magia, no la mía. – Supuso, hablando tan rápido que casi no se la entendía, con prisa por abordar el otro tema. – Por supuesto que es tuyo idiota, ¿de quien si no? ¿de una paloma? Estamos embarazadas.

Las palabras calaron lentamente en Emma, calentando su interior como un buen café en un día frío, borrando el dolor y la ira que había dejado la magia de Merlin, todo lo que había en Emma en ese momento era la alegría de esa noticia. Volvió a coger las manos de Regina con entusiasta fuerza.

- ¿Estamos embarazadas?

Preguntó rodeando la cintura de la reina para hacerla dar vueltas en el aire de puro contento. Al principio Regina había pensado que tan solo se sentía mal, no entendía ciertas sensaciones de su cuerpo, pero había pasado mucho tiempo sin una parte de si misma, así que ¿cómo iba a saberlo?. Arturo quiso que la viese un médico, pero a Regina no le hacía falta un médico, tenía magia, y lo que esa magia reveló era simplemente increíble. Se había quedado varios minutos parada en su habitación sin saber como reaccionar, luego simplemente salió corriendo a buscar a Emma, la única opción posible de "padre", y si Merlin no fuese capaz de ver el futuro Regina habría encontrado una imagen en esa mazmorra que la habría llenado de ira. Pero eso no había pasado, claro que no. Seguía dando vueltas en el aire, agarrada a los hombros de Emma, disfrutando de la cara de felicidad de esa rubia que la puso en el suelo para poder besarla como si fuese la primera o la última vez. Se librase o no de la Oscuridad, la Salvadora al menos había conseguido eso, al menos algo bueno había salido de toda esa locura de viaje.

- No puedo creerlo. No puedo creerlo. Estás embarazada.

Dijo Emma con un brillo de pura felicidad en los ojos, Regina acarició su mejilla con una sonrisa.

- Vamos a ampliar la familia. – Rió. - ¿Pero tu estás bien? Pareces cansada.

Añadió sentándose en la cama, la rubia se tumbó apoyando la cabeza en las rodillas de la reina y pegando su oreja a su vientre, como su fuese a escuchar algo, aunque sabía que aun era pronto para eso.

- Estoy bien, Merlin dice que estamos haciendo progresos.

Dijo evasivamente, Merlin realmente no había dicho eso, había dicho que si seguían intentándolo al final lo lograrían, pero no había motivos para preocupar a Regina, menos en un momento como ese.

- Quiero casarme contigo, Regina.

Soltó Emma de pronto, sentándose en la cama para poder mirar a los ojos de la morena desde la misma altura.

- ¿Me estás proponiendo matrimonio, Emma?

Preguntó la reina pillada por sorpresa y sin saber que decir.

- No. Si. No lo sé, solo quiero que sepas que no importa lo que pase aquí, si lo consigo o no. Vuelva o no a Storybrooke quiero que sepas que quiero casarme contigo y pasar el resto de mi vida contigo y ser una familia, incluso si nunca puedo hacerlo. Quiero que lo sepas.

Curiosamente a Regina le dieron ganas de reír por lo absurdo que parecía todo de pronto, lo tremendamente irreal que se había vuelto el día desde el momento en que supo que estaba embarazada. Embarazada de Emma Swan.

- Quiero…quiero criar este bebé contigo. – Siguió la rubia poniendo una mano en el estómago de Regina. – Y despertar contigo todos los días, y discutir y reconciliarnos y…y…no sé, lo que sea que hagan los matrimonios.

- Matrimonios felices.

Aclaró Regina con una risa, pero Emma estaba demasiado emocionada para reírse también.

- Y no estoy diciendo que tu tengas que querer lo mismo, o que me quieras a mi, puedes decir que no, claro, es solo para que lo sepas.

Ahora si, la reina se echó a reír, mas surrealista aun que estar embarazada era que Emma aun tuviese alguna duda de sus sentimientos.

- Pero lo hago.

- ¿El qué?

Preguntó la Salvadora con la confusión escrita por toda la cara.

- Quererte. – Respondió la reina inclinándose para darla un beso. – Te quiero, Emma Swan. También quiero casarme contigo, hija de mi antigua enemiga, cuando todo esto termine.

En sus palabras no había duda de que Emma conseguiría vencer a la Oscuridad, todo ese viaje hasta Merlin iba a merecer la pena, doblemente además, estaba segura. En su cabeza no había otro final que no fuese Emma y ella volviendo juntas a Storybrooke.

- Te quiero, Regina Mills.

Respondió Emma totalmente derretida por la mirada de la morena.