Cap 29

"El sonido de pasos retumbaba viajando a través de un extraño eco, una respiración torpemente calmada la acompañaba junto al estruendo de personas vitoreando llenas de emoción. Todo eso golpeaba sus oídos mientras avanzaba entre la oscuridad mirando hacia al frente donde una lejana luz se aproximaba más y más, tensándola a la vez que percibía un helado viento golpeándola de frente.

Alcanzo una puerta de metal que empujo con su pie y rechino silenciando todo lo demás; se encontró con una habitación oscura donde solo un pequeño resaltaba mirándola con miedo mientras lagrimas no paraban de humedecer sus mejillas y la mano de hombre se hacía visible lentamente, poco a poco la luz también ilumino al hombre que sostenía al niño y enseguida lo reconoció sintiendo una furia enardecida deseosa de venganza.

-Detective Rizzoli...

De golpe todo se apagó y cuando la luz volvió el pequeño se hallaba junto a ella, vistiendo su chaleco y sujetándole la mano con firmeza, la misma que hasta hace muy poco había sentido el tan familiar tacto de su arma, volteo a verlo confundida pero la risa maniaca del hombre llamo su mirada hacia el frente donde este le apuntaba al pequeño con seguridad en su mirada; con una silenciosa pero firme decisión.

-Todo estará bien –. Susurro volteando de nuevo hacia el niño y luego se interpuso en la dirección del cañón, la imagen lejana de algo paso por su cabeza un instante provocándole el arrebato del aire al notar lo que era.

Pero ya era tarde para darse cuenta...

-¡Corre!

Grito su boca sin que se lo ordenara y dio un paso hacia enfrente escuchando de inmediato un estruendo seguido de un dolor mientras caía al suelo. Sus instintos la hicieron moverse con rapidez y tomo su arma descargándola en el hombre que sonreía mientras recibía las balas en su cuerpo a la vez que disparaba las propias...

En un parpadeo se halló en el suelo rodeada de sangre que supuso era propia; esa sensación de caer por un abismo fue tan real que la mareo pero soporto centrando la mirada en la fotografía de la bella forense...

-Te amo...

Fue lo último que dijeron sus labios antes de dejarse ir, de perder ante lo inevitable..."

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Jane despertó de golpe sentándose sobre la cama de inmediato; sintió su cuerpo entero temblar mientras un sudor frio descendía por su nuca humedeciendo un poco más su camiseta, apretó los dientes escuchando su respiración acelerada y sintiendo un dolor terrible en el hombro mientras su mente repetía una y otra vez sus últimas palabras.

Trato de recostarse de nuevo pero el dolor no le permitió estar en la cama más que unos segundos, se puso de pie y camino hasta el baño que se encontraba a una puerta de distancia pero apenas si logro tocar el pomo cuando sus piernas se vencieron dejando caer su cuerpo contra la madera por la que se deslizo para terminar sentada en el suelo. Cerro sus ojos con intensidad y casi con la misma apretó más la mandíbula mientras su mano buena iba al encuentro de su hombro dañado que se hallaba abultado, palpitándole de una forma tan brutal que se maldijo a si misma por olvidar sus medicinas.

Lagrimas se escaparon de sus ojos a la vez que su mente le dibujaba el divino rostro de la forense; con coraje apretó el puño y lo estampo contra el suelo una y otra vez tratando de borrarla de su interior, de su corazón pero era inútil.

Ella se hallaba clavada tan profundamente como jamás lo imagino y eso la derrumbo por completo en el suelo donde lloro amargamente...

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Maura abrió la puerta de su hogar cuando el sol ya se encontraba asomándose en el horizonte; desde el momento en que oyeron la puerta Frankie y Angela se giraron hacia ella con esperanza en sus miradas pero cuando vieron a la cobriza dieron un salto para correr hacia ella.

Angela la abrazo protectoramente –Maura, querida...

La forense no pudo resistir y de nueva cuenta se soltó a llorar aferrándose a la italiana que se lo permitió mirándola con ternura pero a la vez tristeza. Frankie se alejó dándoles espacio y se acomodó en el sofá tratando de solo concentrarse en su nada interesante móvil.

-L-la busque... y no esta... no está en su apartamento... -. Susurro la cobriza entre sollozos.

-Lo sé... –. Respondió Angela y enseguida un par de ojos aceitunas se clavaron en ella con ilusión pero el semblante preocupado de la italiana le indico que solo albergaba falsas esperanzas de su retorno –Le quite las llaves hace unos días cuando fue ahí al terminar su terapia.

Maura volvió a esconder su rostro y lloro descorazonadoramente sin importarle la presencia de los italianos. Después de un rato en el que las lágrimas y sollozos disminuyeron gradualmente, Angela la sentó en el sofá junto a su hijo y le limpio el rostro con un pañuelo.

-Te traeré un té, cariño.

Se alejó dejando al par solos; Frankie suspiro con frustración para luego llevar sus ojos hacia la forense que se encontraba concentrada en la nada derramando silenciosas lagrimas que en completa libertad descendían por su rostro hasta perderse, tomo la manta que se hallaba extendida en el respaldo del sofá y luego la echo sobre las piernas heladas de la cobriza que se sobresaltó por un momento pero luego le sonrió sin fuerza.

Frankie suspiro enterrando sus codos en sus rodillas y miro hacia sus zapatos –¿Porque...? –. La mujer lo miro sintiendo miedo a que le pidieran que explicara, que dijera la verdad sobre lo que había ocurrido pero no era necesario –¿Porque son tan tontas?

Maura lo miro confusa y algo sorprendida, este volteo a verla esperando una respuesta –No sé a qué te refieres...

-Me refiero a su estupidez de no decirse de una vez lo que sienten... no es tan difícil... –. Frankie gruño por lo bajo aunque sonrió en su interior al ver el sonrojo de la mujer.

-No es tan simple...

Una risa escapo de los labios del italiano confundiendo más a la cobriza –Hasta responden lo mismo –. Al ver la silenciosa interrogación, suspiro –Le pregunte a Jane porque no iba tras de ti y me dijo lo mismo; me soltó una sarta de estupidez que al final solo eran pretextos porque sentía miedo... el mismo que sin duda tienes tu... dios, todos sabemos que es algo que funcionara... que ambas sienten... pero aun con lo que ha pasado y ver que no tienen toda la vida aun no lo dicen, demonios ¡¿porque no simplemente se lo dicen y ya?! Eso nos evitaría problemas como estos...

Maura se quedó congela sintiendo a su mente golpearse contra una pared mientras su corazón hacia una rara danza de la victoria a la vez que blandía sin parar un letrero que decía "Te lo dije" en mayúsculas.

Suspiro bajando la mirada y dejando que nuevas lágrimas cayeran mientras se lamentaba ser tan cobarde; estaba tan segura de lo que Jane sentía por ella que pensó que bastaba, que no necesitaba esclarecer nada porque lo daba por sentado. Entonces, recordó todo lo que ella sentía cuando veía a la terapeuta cerca de la morocha, esa inestabilidad frágil como el papel húmedo que se deshacía en un segundo igual que su seguridad. Y quiso golpearse; porque en el fondo aunque la morocha era valiente y fuerte más adentro era igual o más temerosa que ella en lo que se refería a temas del corazón. Quiso gritar imaginando todo el dolor de su amada, quiso golpear de nuevo a Anne pero al final deseaba más golpearse a sí misma.

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Abrió los ojos lentamente sintiendo su cuerpo entumido y con tanto frio que no dudo que le fuera a dar un resfriado, no le gustaba la en lo absoluto pero era su culpa. Con un poco de trabajo se puso de pie y se quedó inmóvil mirando en silencio el sitio que su cuerpo había ocupado, suspiro sintiéndose tonta pero al menos se alegró de que el dolor ya fuera casi inexistente.

Entro al baño y miro su aspecto cansado en el espejo pero también noto en sus ojos la profunda sombra de la melancolía que le arranco un suspiro, negó silenciosamente abriendo la llave del agua fría donde casi deseo meter la cabeza hasta que el sonido de la puerta le llego, confundida puso atención a los pasos.

Corrió de vuelta a la habitación principal e introdujo la mano bajo el cajo de la mesilla de noche de junto de donde extrajo una pistola, le quito el seguro y apretando los dientes la amartillo con ayuda de su mano izquierda; apretó un poco más el agarre soportando el dolor pero sin detenerse abrió lo más silenciosamente la puerta de la habitación.

Salió hacia un pequeño pasillo que no era de más de un metro y al asomarse a la habitación abierta que era la sala con un gran centro de entretenimiento con la cocina a su espalda donde la nevera se encontraba abierta y aunque no se podía ver, se notaba que alguien se encontraba allí moviendo cosas.

Jane se acercó a paso sigiloso a la vez que su mano izquierda se movía lenta y dolorosamente para ofrecerle apoyo a la otra mano asegurando el arma, se mordió profundamente el labio para no permitir que ni un quejido escapara de su boca. Dejo la barra de la cocina como una silenciosa barrera protectora pero apunto perfectamente hacia el torso del desconocido y casi a la vez que su mente le susurraba que le parecía familiar su boca se abrió.

-Te equivocaste de apartamento, compañero.

Gabriel sonrió sin girarse –No lo creo… compañera.

La morocha soltó un suspiro –Demonios, Dean –. El hombre se rio mientras ella se acercó a la barra y dejo el arma aunque tomando la precaución de ponerle el seguro –Te pude matar, torpe.

Al reconocer aquel único clic, Gabriel se giró por completo con sus brazos llenos de comestibles que olvido dirigiendo su mirada hacia la barra donde se hallaba el arma y su semblante sorprendido paso enseguida hacia la morocha que suspiro recargándose en su mano.

-¿Tu…?

Jane lo miro confundida y cuando este le señalo el arma con la mirada esta asintió –Si, la encontré.

Gabriel dejo las cosas sobre la barra y sonrió –La amartillaste…

-Por supuesto, si no de que me sirve tener una pistola en la mano… espero que el FBI no se enoje.

El hombre la miro con esperanza –No saben que existe así que no creo que les moleste –. Su semblante se volvió confuso al ver que la morocha parecía como que no había notado lo hecho –¿Notaste lo que hiciste?

Jane miro de nuevo al arma y asintió en silencio bajando su mirada hacia su mano que descansaba sobre su muslo moviendo los dedos con cierta agilidad en lento –Si, pero no pidas que lo haga de nuevo.

-¿Por qué?

-Porque no creo poder repetirlo –. La morocha le sonrió con desanimo pero el negó acercándose para tomar su mano tanteando suavemente sus tendones.

-¿Quién es tu terapeuta?

Jane hizo una mueca –Mi terapeuta es Madeleine Wallace… creo que es buena…

Gabriel la miro sonriéndole petulantemente –Pero no es la mejor; la agencia tiene en nómina al top 20, esperando por cualquier agente.

Jane bufo por lo bajo negando, dirigió su atención a la comida –No deberías molestarte…

El hombre le acaricio la mejilla –No lo es.

-¿No se enojaran porque este aquí? –. Jane preocupada tomo una manzana clavando su atención en ella.

-No.

Gabriel volvió a su tarea de meter las provisiones a la nevera permitiendo que la detective se sumergiera en sus pensamientos sin interrupciones. Sus ojos se perdieron mientras sus dedos acariciaban el frio metal del arma que la llamaba en silencio pero de pronto la tranquilidad fue rota al escuchar como su teléfono volvía a resonar por la casa. Suspiro bajando la mirada.

El hombre miro hacia la sala donde se hallaba el aparato y se giró hacia la agente –Si no quieres que te encuentren, ¿no deberías apagarlo?

Jane asintió –Es por si hay alguna emergencia… costumbre…

Gabriel asintió –Es genial que esta casa sea de un agente del gobierno que en ocasiones tiene misiones peligrosas ¿no?

Jane rio por lo bajo comprendiendo –Si, es genial. Por cierto ¿puedo pedirte algo?

-Lo que quieras –. El hombre se recargo en la barra mirándola detenidamente.

La morocha con seguridad se irguió en el asiento y lo miro con los ojos más tiernos que pudo –¿Me llevas al campo de tiro?

Gabriel soltó una carcajada –No sé para qué me necesitas sí tienes auto…

-Porque en el de policía tengo prohibido el paso –. Gruño por lo bajo, el hombre la miro sin comprender –Frankie le advirtió a los guardias que tal vez iría… pidió que no me dejaran pasar…

El hombre volvió a reír sin ver como Jane hacia un puchero refunfuñando por lo bajo –Genial, claro… te llevare pero te advierto, no voy a ser tu niñera.

-Que mejor…

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Maura despertó abruptamente al sentir el toque suave de una mano sobre su rostro -¡Jane!

Soltó exaltada pero no pudo evitar entristecer su mirar al encontrarse a Angela. La italiana le sonrió con dulzura y se acomodó junto a ella en el sofá.

-Querida, deberías ir a tu habitación a descansar. Obviamente lo necesitas.

La cobriza se restregó los ojos negando –No puedo... no quiero dormir sin saber de ella... yo...

Angela le paso su brazo por encima y la atrajo a su cuerpo brindándole un poco de su calidez con consuelo oculto –Ella no volverá, es demasiado testaruda para hacerlo... no se de quien lo saco, tonto Frank.

La forense apenas si pudo sonreir al chiste y suspiro levantando la mirada para ver el semblante tranquilo de la italiana –¿No te preocupa?

Angela la miro –Por supuesto que sí... acaba de salir del hospital, está convaleciente, no se llevó sus antibióticos, su brazo aun es torpe y anda conduciendo con solo una mano; sin pensar en todos los otros peligros que hay en la calle, pero... si ella decidió marcharse no podemos detenerla. Algo paso contigo ¿cierto?

Maura bajo la mirada y suspiro –Si... no fue mi culpa y aunque reaccione fue demasiado tarde, según parece –. Vio como la italiana no entendía nada y suspiro sonrojándose –Anne me beso... y-y...

-Janie lo vio todo –. Agrego Angela con seguridad sonriendo levemente –Me sorprende que no le halla propinado un golpe...

-Yo lo hice –. Dijo Maura con vergüenza.

La italiana rio por lo bajo –Bien hecho, estoy orgullosa de ti aunque jamás lo imagine... bueno, solo debemos esperar a que Janie enfrié su cabeza. Ya sabes que los italianos somos pasionales, dale tiempo y veras como vuelve o al menos te busca.

-¿Segura? –. Pregunto Maura con ilusión.

Angela la abrazo con un poco más de fuerza –Por supuesto... aunque seria de ayuda que tuvieras el video del golpe, la harías reír –. La cobriza asintió sonriendo levemente hasta que de pronto un ronquido profundo y sonoro las asusto haciéndolas saltar en su lugar. Angela bufo mirando al sofá pequeño donde se hallaba su hijo –Siempre me he preguntado cómo callarlo, así ninguna mujer se quedara con él.

Maura rio junto a la madre aunque luego esta se lo pregunto enserio...

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Jane apretó con la máxima fuerza posible una pelota de goma y aunque sintió dolor lo ignoro, su enojo y tristeza dominaba su cabeza donde no había espacio para quejas. No cuando su mente se hallaba concentrada en el blanco de tiro de cuerpo completo donde comenzó a visualizar la imagen de una persona mientras apretaba la mandíbula.

-Me das miedo, no sé si quiero darte el arma.

-Cállate, Gabriel –. Respondió la mujer volteando a ver al hombre que sonreía burlonamente.

-Me siento algo culpable... ¿estas segura que quieres intentarlo? –. Gabriel borro su sonrisa para mirar a la morocha con preocupación peri esta le extendió la mano exigiendo el arma –Esta bien... –. Le entrego la pistola que la detective peso con su mano sana. Él se dio la vuelta y dejo una pesada maleta sobre la mesilla de enfrente de donde extrajo varios rifles y municiones –Cuando acabes con esa puedes jugar con esto.

Jane que no lo había visto se fijó en la mesa y abrió la boca con asombro –Oh, agente Dean... ¿intentas seducirme con armas grandes?

Gabriel le sonrió –Solo lo mejor para mi chica.

Jane dejo escapar una carcajada –Eres todo un don juan.

-Es solo la placa -. El hombre miro a su alrededor sonriendo –¿No crees que son geniales las instalaciones? Y son mucho mejores en Washington.

Jane miro a su alrededor fijándose detenidamente en el amplio espacio de practica al aire libre donde existían varios espacios con coches destruidos y algunas edificaciones mermadas por las balas –Es estupendo ver los impuestos trabajando pero ya déjame en paz o comenzare contigo como blanco móvil.

Gabriel levanto las manos apartándose. La morocha volvió a mirar solo el blanco y dejo un momento la pistola en la mesilla para tomar sus gafas oscuras que se colocó con su mano sana, se concentró y sin pensarlo apretó los dientes tomando el arma a la que amartillo en un movimiento casi fluido. El dolor le perforo el hombro pero lo ignoro mientras ambas manos levantaban la pistola apuntándola hacia el blanco donde el rostro de cierta doctora se dibujó claramente y sin analizarlo más, jalo el gatillo varias ocasiones resistiendo el rebote del arma con ambos brazos extendidos hasta que vacío el cargador.

Gabriel se acercó mirando atentamente el blanco perforado en el centro en múltiples ocasiones pero de reojo vigilo el semblante de la morocha que continuo ignorando el dolor a la vez que se movía con normalidad descargando y cargando el arma.

-Me sorprende que no hayas aceptado ir a cuerpos especiales.

Jane levanto los hombros quitándole importancia –Sonaban aburridos.

Gabriel sonrió sin creerle –Claro... no tiene nada que ver con que ya no verías a cierta forense ¿cierto?

Jane no respondió solo volvió a disparar una y otra vez dejándole claro el mensaje al agente que se rio alejándose...

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De regreso al departamento, Jane sonreía satisfecha y era más que evidente que se encontraba más relajara aunque tenía una bolsa de hielo contra su pobre hombro que le retumbaba pero no le importaba. De hecho, para su felicidad hacía más de una hora que no pensaba en sus problemas.

Gabriel se detuvo frente la bodega y se giró hacia la morocha –Jane… este, no podré quedarme… ya sabes…

Jane dejo salir una carcajada y lo golpeo suavemente en el pecho con la bolsa de hielo –Vamos Gab, no pensé que lo fueras a hacer. Recuerda que me estas ayudando, no adoptándome.

El hombre asintió sonriendo –Muy bien, pues, la casa tiene de todo… es mi cueva de hombre –. Soltó con orgullo provocando otra risa por parte de la mujer que asintió –Hay películas y videojuegos…

-No pienso entretenerme disparándole a zombies o algo así, cuando mi trabajo de hecho es dispararle a la gente –. Se quejó la morocha.

Gabriel la miro –De hecho, si lo piensas… ahora a lo único que le disparas es a hojas de papel.

-Cállate –. Gruño Jane dándole un golpe en el hombro luego bajo del auto y miro al conductor por la ventanilla abierta –Gracias… por todo, Gab. Enserio.

El agente asintió mirándola de reojo –Siempre que lo necesites, chica.

Jane sonrió apartándose del auto que la dejo atrás, lo observo partir hasta que se convirtió en un simple punto oscuro en la carretera. La sonrisa desapareció de su rostro y su mirada bajo a la vez que se dio la vuelta, con un andar desanimado llego hasta el almacén modificado en el que se introdujo, lanzo la bolsa de hielos al fregadero y regreso mirando la pantalla oscura que casi cubría por completo la pared.

-Cueva de hombre –. Gruño por lo bajo sonriendo.

Se acercó al centro de entretenimiento, se puso en cuclillas y abrió una de las primeras puertas que hallo en el mueble que sostenía la pantalla. Soltó una carcajada en cuanto extrajo la primera caja de disco donde la portada de una mujer desnuda le sonrió con coquetería hasta el punto que la puso nerviosa dándole la vuelta para que no siguiera viéndola pero en el reverso la saludaron un montón de pechos y traseros desnudos. Volvió a reír.

-Sin duda una cueva de hombre –. Dijo entre risas, introdujo su mano en el mueble y saco varias cajas más que para su sorpresa todas eran del mismo tipo –Jamás podré ver de nuevo a Dean.

Negó silenciosamente acomodando todas en su lugar y prefirió cambiar de gaveta, la siguiente no fue mejor. No había porno pero películas visiblemente cursis a morir, que el solo tocarlas la hizo imaginar miel escurriendo por sus dedos y con aversión las regreso a la vez que gruñía por lo bajo.

-Me niego a sentarme sola y llorar desconsolada con alguna tonta película –. Gruño.

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Sus lágrimas corrían a chorros por su rostro, sus sollozos silenciosos se mezclaban con el sonido tenue de agua y una profunda voz proveniente de la pantalla que casi iluminaba el departamento entero. Jalo sus mocos con fuerza y luego se limpió la nariz mientras maldecía silenciosamente, se metió una enorme cucharada de helado de chocolate a la boca que acertadamente le había sido llevado aquella mañana.

Trato de detener su mente, de impedir que se dibujara el rostro sonriente de Maura; momentos juntas no dejaban de cruzar por su interior y cada uno de sus gestos, de sus miradas serias o risueñas en silencio, o sus espectaculares sonrisas estaban ahí. Cada una de ellas por más que imploraba que pararan pero nada la obedecía, ni sus labios que hormigueaban deseos de volver a unirse con los de la cobriza.

-Maura… –. Apretó los puños mientras su cabeza negaba una y otra vez –¿Que me diste? Doc… ¿Qué me hiciste para quitarme el corazón y el control en mi misma sin que lo notara? ¿Qué?

Varias lágrimas más se deslizaron por su rostro y solo pudo volverse a limpiar el rostro con molestia pero luego miro a la pantalla y gruño tomando un puñado de los pañuelos que se apilaban a su alrededor, y los lanzo contra esta.

-¡Estúpidas medusas! –. Grito mirando hacia una linda medusa de cuerpo gelatinoso que parecía burlarse desde la pantalla; bueno, eso le pareció a ella.

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La música llenaba el lugar, una suave y triste melodía en piano y violín. Múltiples papeles sobre el escritorio y la computadora iluminando su rostro, y aunque sus dedos rozaban las teclas, no podía moverse. No cuando sus ojos se habían nublado y dejaban caer pequeñas gotas sobre las mismas teclas mientras la melodía continuaba perforándole el alma.

Maura sollozo entre la oscuridad de su estudio con decenas de libros como únicos testigos de su sufrimiento, sus manos temblaron frente a ellas y tuvo que abrasarse a sí misma porque temía desmoronarse en cualquier momento.

Angela la había convencido de que no era el fin, de que solo necesitaban un pequeño tiempo, un momento para que Jane controlara sus impulsos; le explico como cuando no quería explotar en contra de ninguno de sus seres queridos, ella se apartaba. Y lo entendía pero…

Entonces ¿Qué hacia ella con todo el dolor de la incertidumbre?... ¿Del vacío en su interior y a su lado?... ¿Con el sentimiento de pérdida definitiva?...

¿Cómo luchaba ella contra eso?

Cuando no dejaba de imaginar que la italiana jamás volvía o peor aún, que le gritaba que no quería verla de nuevo, que ella no le significaba nada. Que todo aquello que creyó ver eran solo ilusiones suyas…

Y no pudo evitar volver a sollozar con más fuerza…


Hola

Espero que no haya estado demasiado largo o lleno de cosas sin importancia, la verdad es que en solo un capítulo quería mostrar ese lado del dolor donde decimos que no pero apenas nos descuidamos y si; por un lado por supuesto, por el otro es el que se encuentra en todo momento y no lo puedes borrar o dejarlo de lado. Espero haberles plasmado eso, si no lo siento mucho xD

Saludos y espero muchos comentarios.

Por cierto, cuando actualizo rápido son capítulos cortos y salen así porque no me gusta cortar donde no he imaginado cortar (ya me entienden o eso espero)

Y no olviden que el viernes es día de "A tu Lado" una historia que estoy haciendo en colaboración así que no quejas con el argumento que ahí no me meto yo xD