Beteado por Maria FFTH Santana (Betas FFTH)

PLAYLIST

(1)Don't cry- Guns and Roses

Outtake Emmet & Rose.

PovEmmet

— ¿Y cómo te sentiste cuando los viste? —me preguntó Allison.

— ¿Cómo crees que me sentí? —ella me recriminó con la mirada por el tono con el que le contesté. —Lo siento. Me sentí muy mal, quise acercarme a ella y llevármela muy lejos.

— ¿Por qué no lo hiciste?

—Porque sé que me hubiera odiado más. —respondí con pena.

— ¿Piensas que te odia?

—Sí, siento que la destruí socialmente, pisoteé sus sentimientos y le dije muchas cosas de las que me arrepiento.

—El arrepentimiento es una buena señal. ¿Quieres contarme qué ocurrió la última vez que hablaste con ella?

— Hola y adiós. Ya lo sabes.

—Me refiero al día en el que se dijeron algo más de hola y adiós.

— ¿Quieres que te lo cuente de nuevo?

Asintió. Respiré hondo. No era difícil recordar lo que ocurrió tres días después de que Edward se fuera.

Flash Back

— ¿Por qué discutieron? —preguntó la abuela.

—Nosotros no discutimos. —respondí incómodo. —Nosotros terminamos.

— ¿Por qué? —volvió a preguntar.

—No soy una buena persona, tengo muchos problemas que arrastro desde hace años.

—Eres una buena persona. —iba a protestar —Y silencio porque me niego a que me digas lo contrario. ¿La amas?

—Lo hago. —no era difícil hablar de mis sentimientos por Rosalie. —Pero no quiero hacerle daño, estoy yendo al psicólogo. Tengo problemas con los celos.

—Muchas veces, aunque dos personas se amen demasiado, no pueden estar juntos. Hay problemas que nos superan, pero necesitamos estar separados en esta vida para ver si nuestro amor es verdadero.

— ¿Y qué pasa si no volvemos a estar juntos dentro de un tiempo? ¿Y si ella me rechaza…?— pregunté con temor.

—Hijo, —me tomó de las manos— si son el uno para el otro, volverán a estar juntos, quizás no mañana o el mes que viene, pero dentro de aquí a unos años seguro que sí. Siempre ten en cuenta que por más que ella te ame, no te esperará por siempre.

—Abuela, has visto mi…—se quedó callada cuando me vio, hay estaba la razón de que todo cobrara sentido en mi vida— Emmet. —susurró.

—Hola, Rose. —le sonreí cortésmente. Poco a poco habíamos perdido la comunicación.

— Hija, ¿qué buscas? —ella negó con la cabeza restando importancia. —Bueno tengo mucho que hacer, me retiro.

Poco a poco vimos cómo se alejaba y la tensión entre nosotros iba creciendo. Nos quedamos mirando un buen rato, yo sentado en la mesa y ella apoyada en la pared frente de mí.

— ¿Cómo estás? —pregunté incómodo.

—Bien—la frialdad de su respuesta ya no me sorprendía. — ¿Y tú?

—Bien. —respondí de la misma manera. Ella se dio la vuelta para marcharse— Rose, espera.

—Dime. —Su manera de mostrar indiferencia me cabreaba.

—Te da igual que te hable, ¿cierto? —ella no respondió. —Yo como un estúpido sin saber qué hacer y a ti te da igual.

—No me da igual.

—¿Entonces porque actúas así?. —pregunté cansado de todo esto. — Eres demasiado fría, como si yo te importara una mierda.

—Quieres que me ponga a llorar delante de ti. — gritó.— No lo haré, Emmet. Y tú mejor que nadie sabes que nunca demuestro debilidad.

—Eres tan orgullosa que ni siquiera demuestras nada por mí.

—¿Quieres que te ruegue que regreses conmigo? —preguntó con incredulidad. —Te recuerdo que fuiste tú quien hizo toda esta mierda, eres tú el culpable de que estemos separados.

Mi ira comenzaba a hacer su aparición.

— ¿Entonces eso es todo? —respiré hondo. —No lo intentaremos más porque tu orgullo es más fuerte que el amor que sientes por mi.

—Tus celos fueron más fuertes del amor que tienes por mí, Emmet.

—Eres una engreída, ¿sabes? —ella se sorprendió por mis palabras. — Piensas que lo tienes todo en esta vida porque tienes dinero, pero no es así. Ponte en mi lugar un jodido momento, ¿qué hubieras sentido si yo hablara con mi ex o si yo saliera cada puto fin de semana? Deja de ser tan egoísta.

— ¡No soy egoísta! —exclamó molesta.

—Lo eres, maldita sea. —golpeé la mesa. —Maldita sea la hora en que estuve contigo. Jamás estaba preocupado, me importaba un bledo lo que hacían con su vida las mujeres con quien salía. Jamás sentía esta cólera en mí y sobretodo podía acostarme con cualquier mujer.

—Entonces lárgate y comete el coño de cualquier puta de tu universidad.

— ¡Eso haré! —respondí. Ya no controlaba el tono de mi voz, poco nos importaba la gente que estaba en casa. —Dejaré de perseguir a alguien tan frívola como tú; piensas que el mundo gira alrededor de ti pero no es así.

—Déjame en paz, Emmet. —ella miró hacia arriba, jamás dejaría que la viese llorar. —Solo vete y no vuelvas más. Yo te amo pero me haces daño, así que no puedo estar contigo.

Se dio media vuelta y se fue corriendo, eso fue todo, era el quiebre definitivo en mi relación con Rose.

Findelflashback

—Después de eso, ¿que ocurrió?

—Deje de ir a su casa tan seguido, la encontré tras una semana en la fundación y la saludé cortésmente y ella hizo lo mismo. La segunda vez fue en su casa y ocurrió lo mismo. Solo era Hola y Adiós.

—Por lo menos tienes suerte de que te salude.

—Tuve muchísima suerte. —me pasé las manos por la cien. —¿Podemos terminar por hoy?

—Si, está bien. Emmet, estoy contenta porque ayer no reaccionaste violentamente.

—Lo hice por ella y porque la amo.

—Lo sé. Pero poco a poco tienes que dejarla ir.

Hice una mueca de disgusto. Sabía que tenía que empezar a cortar mis lazos con Rose, pero no era fácil.

—Te llamo para concertar la próxima cita.

—Espero tu llamada, cuídate y no te olvides de tomar los medicamentos. — ella me acompañó hasta la puerta y salí a la fría tarde de Londres.

Llevaba tres semanas de tratamiento y había servido mucho. No me faltaron ganas de golpear al estúpido ese que sostenía la mano de Rose en el centro comercial o de sujetar la mano de ella y llevármela lejos pero en el fondo sabía que ella no estaba haciendo nada malo. Quizás todo era muy pronto, pero ya no estaba conmigo.

Me había prometido alejarme de ella lo máximo posible pero no podía. Ella era como un imán para mí; incluso ahora escondido detrás de uno de los edificios, veía como salía de su trabajo y como siempre miraba en mi dirección, pero luego negaba con la cabeza, pues no creía que pusiese estar mirándola. ¡Qué equivocada estaba!

Su rutina había cambiado mucho. En días como hoy, salía del trabajo para ir al gimnasio y luego a casa. No era un psicópata, no la seguía todos los días, solo cuando sabía que mis sesiones coincidían con la salida de su trabajo. Si hubiera sido un psicópata me hubiera enterado hace mucho de que tenía a otra persona en su vida.

Ganas no me faltaban de tomar un taxi e ir a su casa pero no iba desde hace semanas y era lo mejor. Por ella y por mí, los dos éramos una bomba atómica juntos. Caminé un poco más para ir a la cafetería donde me había citado Karen. No la veía desde que Edward se fue y definitivamente nuestra relación había decaído mucho, si bien, los hermanos Harrinson no tenían la culpa del declive de mi relación, sentía que habían influido mucho en ella.

El señor que vigilaba la cafetería me reconoció, me había vuelto un adicto a la cafeína en todos estos días. Entre y allí estaba ella, suspiré hondo, mentalizándome de que, a pesar de todo, ella también era mi amiga.

— ¡Hey, guapo! —me saludó cuando me reconoció. — ¿Cómo has estado? —me abrazó con sinceridad.

—Hola. —le sonreí con cariño. —Bien ¿Y tú? —le pregunté mientras me sentaba.

—Bien. Ya pedí dos cafés así como te gustan, bien cargados. —le sonreí con gratitud. —Así que, ¿cómo ha estado el gran Oso? No sé nada de ti desde… ya sabes. —agregó con incomodidad.

—Desde que terminé con Rose. —ella asintió. — Sigo estudiando, he conseguido un trabajo a tiempo parcial y estoy yendo a una psicóloga.

Ella se sorprendió por lo último.

—No lo sabía. —seguía sorprendida por la noticia. — ¿Cómo te va?

—Bien, estoy aprendiendo poco a poco a manejar mi mal carácter, mis celos sin sentido y todas esas cosas.

—Me siento culpable, ¿sabes? —la pena se reflejaba en su voz. —Quizás si yo no la hubiera incentivado a salir mucho, nada de esto estuviera pasando.

—No le pusiste una pistola en la cabeza. —Acoté.

—Pero… pero. — Ella sabía que no existía ningún "pero" porque eran las decisiones de Rose.— ¿Me odias?

—Jamás. —le sonreí con calidez, la tomé de las manos. —Karen no fue tu culpa ni la de tu hermano, fue nuestra culpa, no supimos manejar los problemas que tuvimos.

—Desde que la conocí, nunca la había visto tan feliz. Cuando estaba contigo parecía una persona diferente.

—Pero también la viste llorar por mi culpa. —ella no lo negó. — La hice feliz pero también le hice daño. No quiero eso para ella y sé que ahora está rehaciendo su vida.

—Me contó que la viste con ese tipo que ahora sale con ella. —asentí. — No es porque te adore pero es un idiota más. Entiendes que solo es algo pasajero, ¿verdad?

—No lo sé, Karen. Puede ser pasajero o no pero ella está rehaciendo su vida y no está mal.

—No está mal. De hecho tu puedes salir con cualquier tipa para darle celos. —La miré como si le hubiera salido un tercer ojo. — Es una broma. ¿La amas?

—Lo hago. —estaba convencido de eso. —El amor no se termina de la noche a la mañana. Y como siempre he pensado: no importa cuando tiempo estuviste con esa persona sino la intensidad con la que amaste.

—Ella te ama. No pienses que solo por salir con alguien dejó de hacerlo. —me apretó de las manos. —No la dejes ir, lucha por ella.

—Aún tenemos mucho camino por recorrer, mientras he decidido dejarla ir.

Ella puso una mueca de tristeza. Miró algo en su celular y cambió la cara totalmente.

—¿Me esperas un momento? Un amigo está cerca de aquí y tiene que entregarme algo. —Asentí y ella tomó las llaves de su auto.

— ¿Por qué te las llevas?

—Porque… —se quedó callada. —es pesado lo que me va a entregar y tengo que meterlo allí.

— ¿Necesitas ayuda?

—No, no, no. —habló apresuradamente. —Ya vengo, quédate aquí, no te muevas. —me amenazó.

Unos minutos después ella no regresaba, así que pensé que su carro debía estar estacionado lejos. Lo que jamás esperé fue ver entrar a Rose en la cafetería. Sus ojos hicieron contacto con los míos y ninguno supo que hacer ni que decir. Todo se congeló; no existía nadie más, solo nosotros dos.

No tenía contacto con ella desde hacía una semana, solo la había visto de lejos y ahora estaba tan cerca pero a la vez, había un gran muro que nos separaba.

—Hola. —fue ella quien cortó el silencio incómodo. — ¿Karen estuvo aquí?

Así que el fondo de todo era eso, encontrarme con Rose.

—Sí, pero como ves, ya se fue.

—Será mejor que me vaya entonces. —ella estaba por salir de la cafetería. Así que la seguí, no podía simplemente dejarla ir.

—Rose, espera. —le dije una vez que estuvimos fuera. Ella dio la vuelta lentamente.

— ¿Qué ocurre?

— ¿Podemos hablar? — ella se quedó callada. Su mente liberaba una batalla interna—Por favor. —asintió.

Caminé a su lado por unos cuantos metros, sin saber que decir. No sabía porque le había dicho que quería hablar si ni una puta palabra salía de mi boca. Rose paró de improvisto, quizás quería irse después de todo.

—Hay un fotógrafo escondido en el restaurante de la esquina. —miré hacia esa dirección y efectivamente él estaba ahí. — No quiero más fotos, estoy cansada de eso.

—Yo tampoco las quiero, Rosalie. —agregué con cólera. —Podemos dejarlo para otro día.

—Sí, es lo mejor. —por un momento pensé que me diría que no, que todo estaba bien. ¿Dónde había quedado esa Rose que no le importaba nada?

—Adiós, Rose. —los dos sabíamos que no iba a haber conversación de por medio. Sabíamos que ese "dejémoslo para otro día" no se iba a cumplir.

—Espera, Emmet. —me tocó suavemente el brazo. —Iré a tu casa, mi coche está cerca de aquí, los despistaré. Espérame allí.

Hay propuestas que uno no puede rechazar.

—Te espero. —ella asintió.

Tomamos caminos diferentes. Yo tomé un taxi a mi casa y ella fue en su auto. El reencuentro me ponía ansioso, preferiría mil veces verla en un lugar público que en mi propio apartamento, pero eso era casi imposible. Las últimas semanas habían sido un martirio.

Después de que la prensa de chismes se enteró de que no estaba con Rose, había empezado la persecución. Las cosas se calmaron una vez que comencé a ir a su casa, ella me pidió disculpas, por meterme en su mundo, le resté importancia para que no se sintiese mal. Pero era una mierda, tan pronto como salía de casa, tenía como mínimo dos fotógrafos persiguiéndome. Pero no era siempre o por lo menos no lo fue las dos primeras semanas.

Tan pronto como dejé de ir a su casa, los chismes volvieron a incrementarse. Fotos de ella saliendo a discotecas y, por supuesto, preguntas estúpidas: ¿Te cansaste de andar con un mocoso? ¿Tú familia te ordenó que terminaras con él porque tiene solvencia económica? Y a mí: ¿Es verdad que la golpeaste? ¿Es verdad que su familia no te acepta? Más y más mierda.

Y yo había visto cómo él la tomaba de la cintura o como la protegía de las cámaras, en el fondo sabía que había algo entre ellos pero no lo quería creer; no quería imaginarla con otro.

Llegué al apartamento y me encontré a Jasper hablando por Skype con Alice. Esos dos eran tan malditamente cursis.

—Hola, enana. —grité desde donde me encontraba.

—Oso. —me saludó por la cámara. — ¿Cómo estás?

—Bien. —levanté mi pulgar. — ¿Y tú? ¿Cómo están todos por allá?

—Bien. —respondió, pero sabía que no era así. Para nadie era secreto que Bella y Edward habían discutido. — Vi las fotos.

Las benditas fotos de Rose besándose con su pareja, justo después de verlos en el centro comercial, supongo que se fueron por allí, ya que los dos tenían la misma ropa.

—Yo también. —le contesté. Ella me miró mal. — ¿Qué quieres que te diga?

—Que la buscarás y la sacarás de ese laberinto en el que se ha metido.

—Está rehaciendo su vida.

—Y no está mal, no la voy a criticar, es mi prima. Pero te estoy aconsejando como tu amiga: si la amas, lucha por ella.

—Les comento que me la encontré hace un rato… bueno Karen organizó un encuentro entre nosotros. —Pude ver como Alice abría sus ojos sorprendida y Jasper hacia lo mismo. —En cualquier momento debe tardar en llegar aquí.

— ¡Jasper! —gritó ella. —Tienes que irte, ahora.

— ¿Pero a dónde, amor?

—No sé pero vete de ahí. Déjalos, necesitan su espacio.

—No pasará nada, él puede quedarse. —me ignoraron.

—Está bien, amor, me voy. Te amo muchísimo. —ella le sonrió con verdadero amor, era una escena difícil de ver.

—Y yo, amor, no hay limites. No lo olvides. —Se miraron por un buen rato, no podía creer que en realidad tuviesen en una relación a distancia. —Ahora sí, vete.

Un par de minutos después, él me miró serio.

—Aprovecha tu oportunidad. Sé que es probable que no vuelvan a estar juntos, pero saca toda esa mierda que llevas dentro. Eso sí, Emmet, piensa antes de hablar, perdónala, perdónense. Si realmente quieren rehacer sus vidas lejos el uno del otro, no debe quedar rencor. —asentí. — Te quiero, hermano. —me abrazó.

—Deje de ser tan maricón conmigo. No me romperé, idiota. —él solo sonrió y me guiñó el ojo cuando agarró las llaves de mi coche.

—Ella está cerca. Me llevo tu coche y así ella puede aparcar en tu plaza de garaje.

— ¿Tengo que darte las gracias? —pregunté.

—No, pero me debes una.

Esperé un rato hasta que ella entró, aún conservaba la llave del apartamento.

—Realmente espero que no me hayas hecho venir para quedarte callado, porque pasé una maldita odisea allí afuera.

—Sabes que yo no soy el famoso.

—Y tú sabes que yo no busco esto. ¿Qué ocurre, Emmet?

—Siéntate, por favor. —ella se sentó frente a mí. — ¿Cómo estás, Rose? No sé nada de ti desde hace días.

— ¿En serio? Puedes llamarme o mandarme un mensaje para preguntarme eso. Pero bueno estoy bien, todo anda bien en mi vida. Y tú, ¿cómo estas?

—Bien, un poco difícil mi nueva vida de famoso.

—De verdad lamento eso. —lo dijo con profunda sinceridad.

—Es el precio que tenemos que pagar por salir contigo. —ella agachó la mirada.

—Quiero que sepas que sino respondo o niego lo que dicen es porque no les quiero dar el gusto. Sabes que mi familia te adora y todo son rumores.

—Lo sé, Rose, no tienes que aclararme nada. Son rumores, como tú bien dices.

— ¿Cómo te va en tus terapias?

—Poco a poco vamos avanzando. Allison realmente es genial.

(1)— ¿Una mujer es la que te atiende? —asentí. — ¡Oh! —de pronto el ambiente se volvió tenso.

—Es amiga de Ariana, el hecho de que sea mujer no significa que me acostaré con ella.

—No tienes nada que aclararme, Emmet. Tú puedes salir con quien quieras. —respiró hondo. —Al final no me serias infiel porque no estás conmigo.

—Claro que puedo acostarme con quien quiera, así como tú también puedes. —le respondí.

—Te das cuenta de lo ridículo que es todo esto. —se paró y comenzó a caminar por toda la sala. —Queremos hablar, comenzamos bien pero cuando ya no tenemos tema de conversación sale todo esto. ¿Qué quieres Emmet? ¿Qué me quede sola por siempre?

— ¡No! —exclamé sorprendido de que pensara eso. —Pero me duele que sea tan pronto.

— ¿Querías que te de un tiempo de luto? —asentí. —Después de todo lo que me dijiste.

—Lo siento. Mierda, soy un idiota. —ya no aguantaba más estar sentado. — Pero no soporto que otro te bese, ni que te tome de las manos, no soporto que otro te proteja. Otro que no sea yo.

—Tengo derecho a ser feliz. —sabía que no le gustaba que la viesen llorar pero no le faltaba mucho para quebrarse.

— ¿Eres feliz ahora? —me acerqué mucho a ella. —Porque si eres feliz te juro que jamás en mi puta vida te volveré a buscar, jamás me acercaré a ti, evitaré cualquier momento a solas contigo. —no respondió. — ¿Rose?

—No, no lo soy. Me siento miserable alejada de ti. —comenzó a llorar. —Porque te extraño, cada maldito momento de mi vida yo te extraño. Siento que siempre estás conmigo, cuidándome. Y no sé qué hacer para no sentir esto…

La besé. Era lo que sentía, era lo que necesitábamos. Me abrazó y siguió mi ritmo, pero podía sentir sus lágrimas, podía sentir como sufría de nuevo por mi culpa. Me separé de ella.

—Ya, bebé. —le acaricié la espalda. —No llores, me destrozas, Rose, por favor.

—No puedo, Emmet. —lloró más fuerte. —Te amo aun, quiero arrancarme todo lo que siento por ti de una buena vez, pero no puedo.

—Regresa conmigo. —solté de repente. Se separó de mí.

—Te amo pero me haces daño. —se secó las lágrimas. —Y no puedo regresar contigo, lo siento.

—Por favor. —empecé a llorar. — No nos hagas esto.

—No puedo y tú sabes que, en el fondo, no debemos. Que aunque te diga sí, no será lo mismo. Adiós.

Se fue corriendo, llorando, y yo me quedé ahí parado sin saber qué hacer. El mundo pensaría que un hombre fornido no lloraría, pero yo sí, el amor me hacía sufrir.

¿Por qué? ¿Por qué mierda las cosas tenían que ser difíciles? La amaba, ¿acaso eso no era suficiente? Nada era suficiente en esta relación. Pero ella me amaba y eso era un salvavidas, eso me daba algo por lo que luchar.

PovRose

Estacioné como pude y me sequé las lágrimas, no quería que nadie me viese así dentro de casa.

—Hija. —mi abuela me recibió cuando entré. — ¿Por qué estas así? ¿Qué ocurrió?

—Nada.

—Como que nada, has estado llorando. ¿Qué ocurre, cielo? —No pude más y me volví a quebrar. —Ven aquí. —me fui a sentar con ella en el mueble y comenzó a acariciarme la espalda. —Tranquila, todo estará bien.

—No puedo…no puedo abuela. Lo extraño.

—Yo lo sé. Sé que lo amas y que quieres estar con él. Pero, ¿por qué no lo intentas?

—Nos haremos daño. El aún no está preparado para salir con alguien como yo, con la vida que yo llevo. Él tiene esos malditos celos que consumirían nuestra relación nuevamente.

—Él quiere mantener un perfil bajo, Rose. No sabe cómo manejar los hombres que te rodean.

—Jamás lo engañaría y me llena de rabia que piense eso. Nunca dejaré de salir o dejaré de hablar con hombres.

—Él tiene problemas, Rose. Él no es celoso porque le da la gana. Es así porque su papa lo maltrataba, porque apenas se lleva bien con su familia. ¿Lo amas?

—Lo amo. —afirmé sin temor.

—Lucha por él, si de verdad lo amas, lucha. Y si no, pues déjalo ser feliz, perdónalo y has que se sienta en paz consigo mismo.

—No me imagino una vida sin él. —confesé.

— ¿Entonces qué esperas? —me pregunto. —Rose es tu decisión, no la mía ni la de tus amigos. ¿De verdad prefieres perder al hombre de tu vida por algunas noches de diversión? Piénsalo, mi niña.

Me dio un beso en la frente y se fue. Recibí un mensaje.

André:

Hola, bebe. No te olvides que paso por ti en un par de horas. En el camino escogemos a qué bar iremos.

Rose:

No tengo ganas.

André:

Oh, vamos, nena. Salgamos hoy, ya cancelé la salida con mis amigos por ti.

Rose:

Ok, nos vemos.

André, no era mi enamorado, le había dejado claro que no quería nada serio con él, pero sí nos habíamos besado y, a veces, me tomaba de la mano, como ayer cuando Emmet nos vio. Puedo recordar como todo se paralizó en ese instante, quise soltar a André pero el sabía quién era ese hombre que nos miraba con profunda decepción. Así que él me apretó la mano más fuerte. Solo atiné a decirle "Hola" ¿Qué más podía hacer?

Sabía que estaba haciendo mal, que no debía besuquearme con cualquiera que se presentase, pero era André que también era un amigo que había escuchado todas mis penas. El problema eran las revistas de chismes, André solo era un amigo con derechos por decirlo de alguna manera, pero en cambio, para ellos, ya era el futuro padre de mis hijos. ¿Quería eso para mi vida?

.

—Entonces, ¿qué tal tu día en el trabajo?—me preguntó André, mientras ibamos a un pequeño bar.

—Bien—respondí con frialdad.

— ¿Qué ocurre, Rose? Todo el camino has estado callada y cuando quiero entablar algún tipo de conversación contigo me respondes así.

—¿Así cómo?

—Tú sabes cómo. ¿Pasó algo? —negué con mi cabeza. —No me mientas.

—Quiero cortar lo que sea que hay entre nosotros. —dije mientras estacionaba el auto a un lado de la autopista

— ¿Por qué? —preguntó con interés.

—Porque me cansé de salir todas las noches. Me cansé de la prensa persiguiéndome, porque no se ve bien que estemos besuqueándonos cuando acabo de terminar una relación.

Él se quedó callado por un instante.

—Es por él. —no fue una pregunta, lo afirmó. —Pero te das cuenta de que todo lo que él quiso: quedarse en casa todas las noches contigo y que no salieses, es ahora tú lo quieres. Te dije que te esperaría todo lo que quisieses.

—Lo sé, André, y eres una excelente persona. Pero aun lo amo y no hago más que extrañarlo.

—Supongo que en este momento debo bajarme de tu auto para que vayas a verlo.

—No iré a buscarlo, solo quiero estar sola.

—Sí, supongo que es lo que quieres. Cuídate mucho, Rose. —me tomó la cara entre sus manos. — Todos merecemos una segunda oportunidad y sé que él también te ama. —bajó del auto no sin antes darme un beso en la frente.

Manejé sin un rumbo por algunos minutos, pasé por delante de su apartamento, podía entrar, tenía la llave ¿Pero era lo correcto? ¿Desde cuándo me ponía a analizar las cosas?

Las manos me sudaban de lo nerviosa que me encontraba; entré sigilosamente al apartamento. A simple vista no había nadie pero era casi la una de la madrugada y podía asegurar que esos dos estaban durmiendo; además, los ronquidos de Emmet me lo podían confirmar. Me quité los zapatos para no hacer mucho ruido. Caminé en dirección al dormitorio de Emmet.

—Si no te hubiera reconocido, te hubieras llevado un gran golpe en la cabeza. —volteé a mirarlo asustada y sorprendida por lo que tenía en la mano.

— ¿Me ibas a golpear con un bate de béisbol, Jasper? —susurré.

—No sabía quién eras. No es mi culpa— se justificó. — Deja de mirarme así. ¿A qué has venido? —lo miré con impaciencia ¿Acaso no era obvio?

—Me gusta pasear por los apartamentos de noche. —le sonreí con burla.

—Mira tú. —me respondió con el mismo gesto. — Me retiro que tengo sueño. —se estaba retirando cuando de pronto se dio media vuelta. —Te quiero, Rose. —me sorprendí por sus palabras. —Pero ese chico que está en ese dormitorio es como mi hermano y no quiero verlo mal ni por ti, ni por nadie. Así que si vienes a romperle el corazón es mejor que te vayas.

Me dejó ahí, no pude contestarle que no sabía para qué había venido pero lo que menos quería era romperle el corazón. Podía buscar la salida fácil darme media vuelta e irme o podía enfrentar mis sentimientos y dejar mi orgullo de lado. Cerré la puerta con cuidado y ahí estaba él, echado boca abajo solo con las sabanas envolviendo el cuerpo que conocía tan bien.

—Te amo tanto…—susurré mirándolo, sabía que no podía oírme.

—Yo también te amo. —me sorprendí cuando enfocó sus ojos en mi.

— ¿Qué haces despierto? —pregunté.

— ¿Qué haces aquí? —respondió. Me puse todavía más nerviosa. — ¿Ocurrió algo en tu casa o en Forks?

—No, no es eso. Yo solo…

—Tú solo…—se sentó en la cama. Pude observar todo su torso desnudo. No pude evitar recordar todos los momentos vividos en esa cama. — Yo no sé porque estoy aquí. Acabo de cortar todo tipo de lazo con André. —el abrió los ojos sorprendido. — Yo estaba manejando y supongo que lo que siento por ti me trajo hasta aquí.

—Terminaste con él y viniste aquí ¿Por qué? —me quedé callada. — Creo que es mejor que me des las llaves del apartamento.

—Porque te amo, porque quiero que sepas que el amor que te tengo no ha cambiado.

—Pero…

—Pero no te puedo pedir que regreses conmigo, no cuando acabo de terminar con André. Y lo más importante mientras estás en tu tratamiento. No quiero que lo dejes.

—No lo dejaré. —se levantó de la cama y miré en otra dirección; sabía que si lo miraba desnudo me acercaría a besarlo y terminaríamos en su cama. —Rose. —se acercó peligrosamente a mí. —Te amo y sé que no es el momento ideal para volver, pero podemos reconquistarnos mutuamente, ¿no crees? —me tomó de las manos. —Hey, no quiero verte llorar.

—No lloraré, idiota. —el me pellizcó la nariz.

—No has cambiado nada. Sigues siendo la misma Rose orgullosa

—Si fuera orgullosa no hubiera venido aquí. Tengo que irme, Emmet. — comenté con pena.

—Quédate.

Una simple palabra que lograba muchas emociones en mí.

—Le dije a mi abuela que regresaría temprano, no puedo. Además, sabes que no es el momento.

—Está bien, Rose. Ven, vamos, te acompaño.

En ningún momento me soltó de las manos hasta que llegamos a la puerta.

—Adios Emmet, descansa.

— ¿Cuándo te veré? ¿Puedo irte a recoger al trabajo?

—Hay que tomar las cosas con calma. Me verás pronto, mientras tanto puedes mandarme mensajes si deseas.

—Lo haré las veinticuatro horas si es necesario. —me reí por su ocurrencia. — Cuídate mucho, nena. — pensé que me besaría, sin embargo respetó el tomarnos las cosas con calma. —No te besaré.

—No quería que lo hicieras.

—Claro que querías, tonta. —me volvió a dar un beso en la frente. —Vete porque si no, no respondo por mis actos.

No le quité la mirada de encima hasta que la puerta del ascensor se cerró. La felicidad que tenía en este momento y la paz que sentía, no se comparaba con nada.

Rose:

Sé que mañana tienes tu cita con la psicóloga. Así que paso a recogerte cuando salgas.

Emmet:

A la orden su señora, te amo.

POV Emmet

—No entiendo cómo pueden cambiar las cosas tan rápido. La vida es una caja de sorpresas.

—Lo es, Emmet. Así que regresaron.

—No lo hicimos, Allison. Estamos empezando de nuevo pero tomándonos las cosas con calma.

—Sería bueno que la trajeras a una de las sesiones.

— ¿Tú crees? —pregunté con duda. — Una de las razones por las que no regresamos es porque no quiere que abandone el tratamiento.

— ¿Lo harías?

—Quizás antes lo hubiera hecho porque hubiera sentido que ya la tenía de vuelta conmigo pero ahora quiero ser mejor por ella y esto me ayuda.

—Buena respuesta. — se levantó de su asiento, por lo tanto la sesión había terminado. — Es hora de que te vayas.

—Gracias por todo. Le comentaré que quieres que venga. — ella me dio un abrazo como siempre hacía.

Unas casas más adelante estaba estacionado el auto de Rose. Caminé hacia su auto, me asomé por la ventana. Se veía tan hermosa como siempre.

— ¿Te llevo a algún sitio, guapo?

—Qué te parece si nos vamos a comer, yo invito.

—Me parece una buena idea, siempre y cuando, mañana vayas a la cena en mi casa.

—Dale, nena, ir a cualquier sitio contigo es un honor.

Me miró como yo siempre la miraba a ella, no habían palabras en este momento, solo miradas que transmitían puro amor y respeto.

Nos faltaba mucho por recorrer, nos faltaba mucho por conversar, por perdonar, por aprender, pero estábamos juntos en esta montaña rusa, en este nuevo capítulo de nuestro libro. Porque no hubo un final definitivo para nosotros, porque no hay un final definitivo para ninguna pareja, siempre existe un final con puntos suspensivos, porque nadie sabe lo que pasara más adelante y puede que pase una semana, un mes, como en nuestro caso, o algunos años. Podremos experimentar con diferentes personas. Pero en el fondo sabremos que solo nos enamoramos una vez, que solo amamos con toda la intensidad posible una vez y esa vez, esa única vez nos hace regresar con esa persona que es el motor de nuestra vida, con esa persona que logró sacar lo mejor de nosotros, esa persona que quiere lo mejor para ti.

Ese amor, ese respeto, esa admiración que sentíamos mutuamente hizo que volviéramos a estar juntos, hizo que la buscase y que ella me buscase. Hizo que me volviese a escoger e hizo que me sintiera el hombre más dichoso del mundo por su buena elección…

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Mil disculpas por demorar tanto, merezco que me tiren tomates y todo a su alcance. Pero como dije jamas abandonare la historia. Aqui tienen un breve capitulo de lo que pasa entre estos dos, ya no mas outtakes, ahora si nos enfocaremos en la historia central, Edward y Bella, capitulo nuevo a mas tarde el otro martes. Y comenzare a publicar mas seguido porque salgo de vacaciones. Cuidense mucho y no olviden de unirse a "Fics de Yoko".