Omake Time

¿Quién eres?

El pobre individuo sollozaba silenciosamente mientras tomaba un poco de chocolate caliente, una morena mano sostenía la suya brindándole un poco de consuelo. Sin embargo su mente parecía en otro lugar, su barbilla apoyada en su mano izquierda, envuelta en un su tren de pensamientos.

-No te preocupes Mattie. Me encargare de darle su merecido.-

El rubio levanto su mirada cristalina para observar a la mujer.

-Pero…Pero.-

-No Mattie, sabes que se lo merece. Es tu hermano mayor, es imposible que no se acuerde de ti; así que ahora va a aprender.- A continuación Isabel se trono los nudillos.

-¿Cómo harás eso, Isa-chan?- Pregunto el canadiense mientras se limpiaba las lagrimas.

Isabel tomo una servilleta cercana y empezó a limpiarle las lágrimas.

-Ya veras Mattie. Ya veras.-

Mathew no pudo hacer nada más que tragar con fuerza y rezar por su hermano.

-Ya han tardado bastantes.- Se quejo Arthur para a continuación empezar a golpear sus dedos contra la mesa.

-No importa.- Respondió la anfitriona desde su lugar.

-¿Qué no importa? Por algo se dan horarios lo cuales se deben de cumplir, Venezuela.-

-Si, puede ser, pero AQUÍ es MI país. Y en MI país se hace las cosas como yo digo ¿Entiendes Kirkland? Y yo digo que Isabel puede llegar tan tarde como quieras.-

El ingles opto por mantenerse callado. Por mientras y para matar el tiempo hizo una lista mental de los países que faltaban.

México, los hermanos Italia y China.

Seguramente que los 3 últimos estaban tarde por alguna situación relacionada a comida. Ahora ¿Por qué estaba tan tardía la latina? Si bien era sabido que la joven era un tanto impuntual, esto ya rompía el record. Giro su vista al izquierda; y pudo observar como un americano miraba con impaciencia la puerta.

Algo más atrajo su atención. Mathew, el joven gemelo se veía un tanto nervioso, quizá el podría saber la razón del por que estaba tarde la joven.

-Ca…- Se vio interrumpido cuando por la puerta entraron los hermanos Italia, con una rebanada de pizza en la mano.

Suspiro, había cosas que no cambiaban. Un timbre de celular se pudo escuchar.

-¿Mochi, Mochi? Si, entiendo.- A continuación el asiático cerro su celular y miro a la multitud.-China-san me ha llamado para notificarles a ustedes compañeros que por razones de causa mayor no podrá asistir.-

Varios asintieron y otros simplemente ignoraron aquello.

-Entonces solo falta Isabel.- Anuncio Martin mientras veía con aburrimiento el techo.-Manu, llámale y dile que se apure.-

El chileno miro con irritación al argentino.

-Parezco tu secretaria ¿o que?- Y a pesar de todo, el mismo se sorprendió tomando el celular y marcando a su hermana.

Los más cercanos pudieron escuchar las maldiciones del chileno.

-Isabel apresúrate, el idiota de Martin ya se desespero.-

-Ya se, ya se. Ya estoy llegando es mas…Ya estoy aquí.- La puerta se abrió y todos pudieron ver a la latina en la puerta.-Lamento la tardanza.-

Y no hubo que esperar tanto para que el americano ya estuviera frente a ella con esa sonrisa que siempre le mostraba.

-Isa!- Saludo Alfred.

La latina lo observo por unos segundos y a continuación, sucedió algo que pronóstico el fin de los tiempos.

-¿Quién eres?-

En ese momento el mundo paro…

-¡Al fin! Hahaha, en tu cara americano idiota! Hahahaha, al fin nuestra dulce hermanita te ha olvidado, hahahaha!- Exclamo Chile mientras abrazaba a su hermana con un brazo y con el otro lo apuntaba.

No falto mucho para que un argentino se uniera a la sesión de "restreguémosle en la cara a Alfred". Mathew hacia su mayor intento por ahogar la tremenda risa que subía por su garganta. Mientras que el resto de los países miraban anonadas al par (y a Chile y Argentina riéndose)

El sudor corría rápidamente por la frente de Alfred.

-Soy yo…Alfred, Estados Unidos de Norteamérica.- Su voz temblaba.

-¿Quién?-

-¿Te golpeaste Isabel?- Le pregunto Lituania a la joven, mientras observaba su cabeza.

-En lo absoluto Toris, me siento perfectamente bien.-

Y en menos de lo que canta un gallo Isabel pudo sentir unas manos acariciarle el cráneo.

-No parece tener nada malo.- Anuncio Antonio después de un rato.-¿Qué será entonces?-

-¡Oh, Oh ya se!- Exclamo Nicaragua mientras balanceaba sus manos.-¿Me-chaan, cuando es tu cumpleaños?-

-16 de Septiembre.-

-¡Oh! ¡Ya capto!-

-Isabel ¿Cómo me llamo yo?- Pregunto la venezolana.

-Carolina.-

-Mmm…Preguntas acerca de México.-

-Los nombres de tus abuelos.

-Abuela Maya y Abuelo Azteca.-

-¿Cuándo nos besamos?- Pregunto Prusia.

El rostro de la joven se tiño de carmín.

-¡IDIOTA! Dijimos que eso seria un secreto.-

.

.

.

-¿¡SE BESARON!- Grito Estados Unidos.

El murmullo por parte del resto no pudo faltar.

-Ya…Eso no importa.- Dijo México mientras ocultaba su rostro avergonzado.

-Pero Isabel…Si recuerdas todo eso… ¿Por qué no me recuerdas a mi?- La voz del americano casi logro sublevar la fortaleza de la joven.-Si te muestro unos mapas. ¿Me recordarías?-

La joven no dijo nada. Eso basto para Alfred para tomar aquello como un si y de la nada saco un mapa –en el cual todos los países se veían deformados (a excepción de Norteamérica).

-¡Mira, aquí estoy! ¿Ya me recuerdas?-

Isabel medito su respuesta antes de contestar. Estaba en aprietos, ya no sabia que contestar, por lo que opto por una salida fácil.

-Canada.-

El mencionado alzo su mirada.

-Si ¿México?-

-Crees que con esto aprenda su lección?-

¿Lección?

Y finalmente Alemania hablo.

-¿Ha que te refieres con eso Isabel?-

El público abrió sus ojos y se hizo para enfrente, estaban listos para escuchar la respuesta de la joven.

-Fácil, estoy harta de que todos ustedes se olviden de Mattie, así que le estoy dando una lección a Alfred. Y si no quieren que de repente algo malo les suceda a todos usted, mas vale que lo vayan recordando ¿Comprenden?- Su voz era amenazante.

Nadie se negó.

-De acuerdo, ahora empecemos la conferencia.-

Después de eso, pocos volvieron a olvidar quien era Canadá.

Alfred por su parte, medita cada las noches, pensando en lo terrible que seria para el si Isabel en verdad lo olvidara.

Por que a nadie le gusta ser olvidado.