XXIX.

-¿Qué está pasando Lucy?- me preguntó Natsu por quinta vez, no le había contestado porque estaba ocupada buscando desesperadamente con la mirada a algún ángel. La ciudad estaba cubierta por un cielo rojo como la sangre, en el cielo no había sol ni luna, solo una grande nube negra que lo cubría todo. Parecía una película de terror, Natsu me dio un apretón en la mano. Pero no le hice caso, solo volé hacía un techo, todavía no me curaba completamente de mis heridas. Solté a Natsu y me senté de un golpe, estaba muy cansada, no sabía que volar con alguien era muy cansado. Natsu era un poco pesado para mí.

-Lucy…- me llamó Natsu, lo miré por primera vez en todo este tiempo. Su cara estaba ensombrecida por el cielo rojo.- ¿Estás bien?

Asentí, me dolía el cuerpo como si todo lo tuviera cubierto de moretones. Resoplé, quejarme no me va ayudar a nada. Natsu al ver que no me levantaba se sentó a lado de mí. ¿Dónde podrían estar? Me llevé los dedos a las sienes, me las masajeé para pensar claramente, porque el pánico me estaba dominando. Necesitaba calmarme, inhalé y exhalé por unos momentos, pero no me funcionó.

Natsu me detuvo los dedos antes de que me los arrancara por andarlos retorciendo.

-Tranquila, no te pongas ansiosa.- me dijo sonriendo nerviosamente, yo solo lo miré, creo que él está más ansioso que yo. Lo veía en sus ojos, eché un vistazo a mí alrededor, no me había dado cuenta antes, pero la ciudad estaba muy callada. No se escuchaba nada, ni siquiera el soplido del viento.

-¿Crees que este bien?- le pregunté parándome y caminando hacia el final del tejado para ver mejor el entorno. Escuché que Natsu me siguió.

-No lo sé, pero eso espero- claramente él sabía de quién hablaba, estaba muy preocupada por Rafael. Me regañé mentalmente por no haber insistido en quedarme y pelear a su lado. Aunque claro, conociendo a Rafael me hubiera echado a patadas de ahí si yo hubiese insistido. Suspiré sin saber muy bien qué hacer, no sabía siquiera donde estaban Miguel y Gabriel. Llevé una mano a mi espada enfundada en mi cintura, toqué el cuero de la empuñadura con la yema de los dedos, su tacto me calmó un poco, pero solo un poco.

-¡Lucy!- gritó de repente Natsu, salté y lo miré, señalaba enfrente de nosotros. Un demonio volaba hacia nosotros, era un demonio soldado por la deformidad de sus facciones y por la armadura abollada que portaba. Me habían enseñado en reconocer los diferentes rangos de los demonios, los demonios soldados se diferenciaban del resto por tener facciones deformes, eran el fruto del incesto entre los demonios; no pueden procrear entre ellos. Este que venía hacia acá podía ver que tenía la mano izquierda con los dedos torcidos grotescamente, tenía labio leporino y no tenía un ojo, en lugar de su ojo había puntadas. Daba miedo con tan solo verlo.

-Mierda…- susurré desenvainando la espada, Natsu se paró al lado de mí y se puso en guardia. Lo miré con la ceja levantada ¿Qué pretendía hacer?

El demonio aterrizó enfrente de nosotros, levantó su espada oxidada y manchada de sangre y la dejó caer pesadamente, salté hacia atrás. Natsu no se movió de donde estaba si no que esquivó el espadazo. El demonio lo miró con su único ojo de manera divertida. Se le hacía divertido que un humano se metiera en una pelea de ángeles y demonios.

-¡Natsu! ¿Qué haces?- le pregunte asustada de que le pasara algo, el demonio de nuevo trató de clavarle la espada, pero Natsu de nuevo lo esquivo con un movimiento rápido. Mis manos temblaban al igual que mis piernas, de nuevo pasó… no me podía mover por el terror. ¿Por qué siempre me pasaba eso? Natsu seguía esquivando los movimientos de una manera muy calculada y rápida. Era como si él supiera que movimiento va a ser el demonio. ¿Por qué era tan inútil? Ahí estaba de nuevo sin poderme mover por el pánico.

-¡Cuidado Natsu!- grité cuando el demonio estaba detrás de él, fue entonces que pasó… no sé que hice o como lo hice, pero cuando levanté la mano por el terror en dirección a Natsu, el demonio salió volando; cómo si una fuerza sobrehumana lo hubiese empujado con toda su fuerza. Natsu suspiró y relajó su postura, yo estaba muy confundida. Miré en todos lados confundida por lo que acababa de pasar ¿de dónde había salido esa… fuerza? ¿Había sido yo la que lo hizo? Miré mis manos tratando de encontrar algo anormal en ellas, pero estaban normales. Sentí algo caliente en mi brazo, estaba sangrando. Mis muñequeras estaban húmedas, me las quité y me di cuenta que mis heridas en las muñecas estaban sangrado ¿Por qué si se supone que ya no sangrarían? Estaba muy confundida, me imagino que pasó eso porque quería proteger a Natsu. Sacudí la cabeza, luego tendré tiempo de preocuparme por esto. Natsu se acercó y abrió la boca para decirme algo, pero vio mis heridas y tomó mis muñecas.

-¡¿Qué te ha pasado?!- me preguntó exaltado-¡¿Quién te ha hecho esto?!

Lo calmé poniendo una mano en su hombro.

-Son las marcas de Dios, no te preocupes, no me duele.- le dije con la voz más calmada que pude. Natsu abrió la boca con horror y pude ver que se puso un poco pálido. Moví mi mano a su mejilla y le sonreí lo más amable que pude.

-No te preocupes por mí, mejor vamos a un lugar seguro antes de que vengan más demonios.- Natsu seguía con la boca abierta de horror, lo acaricie un poco para que se calmara. Entonces se escuchó… una explosión que hizo retumbar toda la ciudad, miré asustada buscando de donde se escucho esa horrible explosión. Al norte se podía ver algo muy grande negro emergiendo entre las casas, no sabía que era pero era inmenso. Medía como veinte metros, tenía forma borrosa, porque no podía ver claramente con este cielo y por la lejanía. Tomé torpemente la mano de Natsu, el corazón me daba brincos en el pecho por el miedo. Natsu se sostuvo de mis hombros y emprendimos el vuelo hacía esa cosa gigantesca…

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Esto no puede estar pasando, esto no puede estar pasando, esto no puede estar pasando… pensé con terror mientras observaba bien esa cosa. Era un monstruo, de eso no cabía duda. Estaba deforme completamente, era como una plastilina gigante, sin forma ni nada. Podía ver en donde se suponía que estaba su cara sobresalía una cosa redonda de color blanco, era su ojo o eso parecía, unas columnas grandes y gordas estaban haciéndola de patas o piernas, en la que podría sugerir era la espalda del monstruo había un hueco con forma, como si alguien se hubiese sentado ahí. Mi boca al igual que mis ojos estaban abiertos con terror ¿de donde coj***s había salido esa cosa? La cosa se movió y Natsu y yo gritamos al mismo tiempo, yo del miedo y Natsu creo que dé la impresión. Debajo del ojo de la bestia se abrió un hoyo grande ¿esa era la boca? Y se escuchó un sonido espantoso y con mucho eco, como millones de gritos o lamentos humanos. Me estremecí de pies a cabeza y Natsu hizo lo mismo. La cosa comenzó a caminar y me alejé lo más rápido que pude, nos detuvimos en el techo de una oficina modesta, Natsu empezó a maldecir a gritos, después se escuchó de nuevo esa explosión, pero no era una explosión en el sentido estricto de la palabra. El suelo se abría con un ruido parecido al de las explosiones, Natsu se tambaleó un poco, lo sostuve antes de que se diera un buen golpe en el suelo. El suelo se abrió dejando salir otra de esas cosas, después otra y luego otra. ¿Cuántas más?

Salieron en total ocho, cada uno con esa extraña curva en la espalda.

-¡Lucy!- una voz que no era la de Natsu me llamó, miré por todos lados hasta que vi una luz tenue acercarse a nosotros. Cuando vi quien era una sonrisa de oreja a oreja se me hizo en la cara. Era Miguel. Corrí a abrazarlo, me le colgué del cuello como un changuito. Me sentía muy feliz de que estuviera bien, Miguel casi se va atrás cuándo me le encimé. Pero me correspondió el abrazo torpemente. Miguel me bajó- en su abrazo me había elevado un poco.

-¿Están bien?- su voz estaba muy seria, no tenía ese tono amable de siempre. Natsu y yo asentimos con la cabeza varias veces. Las cosas deformes se volvieron a mover haciendo temblar el suelo, parecía un terremoto. Miguel me miró seriamente tendremos que pelear. Eso era lo que me dijo con sus facciones, asentí firmemente. Natsu nos miró con curiosidad.

-¿Qué van a hacer?- no le contestamos, solo desplegamos las alas de nuevo. Natsu se me colgó de uno de mis hombros, traté de quitármelo de encima, pero no pude.

-Natsu es peligroso, mejor quédate aquí.- le dije tratando nuevamente de quitármelo de encima, pero Natsu se negaba a soltarme los hombros.

-Lucy yo voy- me dijo aferrándose más ¿se ha vuelto loco?

-No Natsu- le dije entre dientes, desesperada por la situación. Natsu negó, Miguel resopló con desesperación.

-Está bien Natsu, pero te atienes a las consecuencias.- le dijo, abrí la boca para protestar, pero una mirada suya bastó para callarme de una vez por todas. Suspiré con pesadez, no quería que le pasara nada a Natsu, maldito terco.

La bestia volvió a moverse, parecía que se arrastraba y de nuevo emitió ese ruido parecido a miles de lamentos humanos. Miguel y yo alzamos el vuelo sobre esas cosas, me temblaban mucho los brazos- más bien mi cuerpo entero- debido al terror. Miré a Miguel con atención, esperando sus órdenes. Su mirada se perdió por un tiempo, me empecé a morder las uñas por los nervios. Miguel miró a Natsu.

-¿Sabes artes marciales?

-Sé karate, taekwondo y judo- alcé las cejas ¿en serio? Nunca me lo dijo porque no se lo preguntaste buen punto. Jamás me tomé la molestia de preguntárselo, aunque yo ya intuía que él sabía algo de artes marciales, en la manera que me defendió de esos borrachos hace tiempo, yo ya lo intuía.

Miguel asintió todavía pensativo, el suelo de nuevo empezó a temblar. Me saqué un poco de sangre del dedo pulgar por los nervios, quería gritarle qué diantres planeaba, pero después pensé que eso lo desconcentraría y se tardaría más en pensar su plan. El suelo de nuevo tembló, pero esta vez con más violencia que anteriormente, hasta el cielo pareció moverse. Y de nuevo se escuchó ese sonido horripilante de suelo abriéndose, miré abajo. No sé si ponerme a gritar como histérica o ponerme a llorar como una niña. Del suelo de nuevo emergieron criaturas, pero estas eran diferentes. Eran gigantes sí, eran gigantes. Gigantes con cuerpo de hombres y cuernos de cabra. Pude ver que había algunas mujeres, eran voluptuosas y también tenían cuernos. Ahora sí era para que llorara histéricamente.

-M-M-Miguel- tartamudee sin despegarles la vista a esos gigantes. Estamos perdidos, estamos perdidos. Miguel también miró a esas criaturas, soltó una maldición entre dientes.

-Genial, Lucifer invocó a su grupo de bufones- Natsu y yo lo miramos con curiosidad. Miguel abrió la boca para explicarnos, pero uno de los gigantes soltó un grito, ronco y desgarrador. Es una broma, por favor díganme que es una broma de muy mal gusto. Miguel batió las alas y voló alejándose de esas criaturas tan escalofriantes, yo lo seguí un poco tarde; ese grito todavía me retumbaba en la cabeza. Traté de seguirle el vuelo, pero cómo Natsu colgaba en uno de mis hombros, era un poco difícil. Cuándo más o menos lo alcancé se apresuro a explicarnos lo que esas cosas eran.

-Las cosas grandes y deformes se les conoce como phlegias, son la montura de los duques y príncipes demoníacos. Los gigantes son los titanes. ¿Han escuchado de los titanes?

Natsu y yo asentimos rápidamente. Eran unos poderosos dioses que gobernaron en la edad de oro según la mitología griega. Fueron enviados al tártaro la región más profunda del inframundo. Gabriel nos había hecho un examen acerca de las mitologías, nórdico y griego.

-Claro las titánides y los titanes, Gabriel nos hizo un examen de eso.- dijo Natsu quién en todo el rato había estado callado. Miguel asintió.

-Vamos, tenemos que encontrar a los demás.- dijo Miguel acelerando el vuelo, lo seguí un poco cansada del peso extra. Me atreví a echar un vistazo sobre mi hombro, las cosas deformes y los titanes hacían retumbar el suelo con sus pisadas. Tragué saliva ruidosamente. Dios mío, ayúdanos por favor…

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Era un baño de sangre, seres que representaban el cielo y el infierno luchaban salvajemente entre ellos, varios cuerpos de ambos bandos estaban tirados por toda la calle. Luché contra las lágrimas, maldito seas Lucifer. Pude ver que Miguel tenía la misma expresión de terror que yo, aunque él estaba blanco de la impresión. Pude vislumbrar a Gabriel lanzando flechas a algunos demonios. Uriel estaba enfrente de Raguel, quién estaba gravemente herida. Esto es el infierno en la tierra.

-Empiecen a rezar, bastardos- dijo entre dientes Miguel, él descendió y sacó su lanza. Mucha sangre era desparramada, de los dos bandos. Yo no lo podía creer. No quiero creerlo.

-¡Lucy!- me llamó Natsu me hizo saltar, estaba señalando una de las casas, había humanos ahí. Volé hacía allí y Happy corrió hacia Natsu llorando y gritando. Mi garganta estaba seca, había poco menos de la gente que realmente vivía en Magnolia. ¿Qué les había pasado a los demás?

-¡Lucy!- un grito me hizo volver a la realidad tan cruda que estábamos viviendo. Igneel me abrazó con fuerza, se lo devolví con o más fuerza con la que él me abrazaba.

-Me alegro mucho que esté bien- murmuré, era verdad, lo que menos quería era la muerte de mis familia.

-Vaya, Jellal tenía razón- esa voz… ¡Erza! Me giré para encontrarme a mi amiga pelirroja, la abracé con fuerza. Entonces reparé en mis alas al descubierto. Erza debió notar mi nerviosismo, pero enseguida me calmó.

-Tranquila, está bien. De algún modo siempre lo supe- la miré sin entender. Estaba a punto de explicármelo pero los demás aparecieron, Jellal, Mystogan, Wendy, Juvia, Gray y Kana.

-Vaya, un ángel y se ve que no es disfraz- dijo Gray tocándome una de mis alas, sonreí un poco. Aunque estemos en una situación así de grave a él nunca se le olvidaban las bromas. Miré a Erza expectante.

-Jellal tiene un don, él puede ver y sentir cosas que no son de este mundo- miré a Jellal, asintió con su eterna cara seria.

-¿Por qué no lo dijiste?- preguntó Erza un poco molesta, me sonrojé un poco. Espero que no se hayan molestado de verdad conmigo.

-¿Qué importa? Lo importante es que están bien todos, además el hecho de que Lucy sea un ángel no importa, porque siendo o no siendo ángel ella sigue siendo nuestra Lucy- dijo Wendy abrazándome fraternalmente, me dieron muchas ganas de llorar. Los demás lo dudaron un poco, pero después uno a uno se fue uniendo al abrazo. Me veo muy tonta llorando en estos momentos, cuando de nuevo un temblor violento nos hizo separarnos. Después tendrás tiempo para abrazarlos y besarlos todo lo que quieras, por ahora tenemos que matar a estos demonios. Sin decir nada corrí hacía la calle, las phlegias estaban aquí junto con los siete demonios y Lucifer.

-¡Hola a todos! ¡Bienvenidos a esta humilde fiesta! ¡Vamos a divertirnos!- exclamó el rey del infierno, tronó los dedos y las phlegias avanzaron moviendo la tierra. Algo terrible está a punto de pasar…

¡Yupi nuevo capitulo! Perdón por la espera, me pasaron una de mis taaaaantaas pato aventuras xD. Pero aquí esta, ya merito se acaba el fic(aleluya xD) Espero que lo hayan disfrutado.

Muchisisisisisisisimas gracias a:

Pao Dranel: muchas gracias por tu review, espero que lo estes disfrutando mucho.

Akariharukaze12: muchas gracias por tu review si Natsu se pone muy lindo cuando se sonroja x).

LucyDragneelHeartfilia: ¡Lu-chan n.n! Muchas gracias por tu review y la verdad yo también quisiera aprender el piano. ¡Sería hermoso aprender a tocarlo!

OOANDISAOO: De nada n.n, espero que te guste el fic también espero que me sigas dejando comentarios ¡eres genial :D!

LuzzDragneel: Siempre es muy divertido y emocionante recibir comentarios nuevos :D, muchisisisisimas gracias y espero que me sigas dejando comentarios son muy buen recibidos n.n

Akumy-chan: TA DAN aquí esta el nuevo capitulo, muchas gracias por leer el fic y también por dejar comentario, espero que me sigas dejando :D.

Ahora sí, sin mas que decir, espero que lo disfruten :D. Cualquier duda, sigerencia o comentario me la dicen. ¡Portense mal! (No no es cierto xD)

Bye, bye.