Dedicado con mucho cariño a todos los amigos que hice en durante este Torneo, quienes no sólo comparten conmigo esta afición, sino que además me han sido de apoyo en momentos difíciles, aún a pesar de las grandes distancias; me han hecho reir, pensar, imaginar hasta no poder más.

A todos un cordial abrazo con el poder de la Llama de la Juventud.

Omtatelo

.

.

.

Se dice que la pluma de escribir es capaz de derrotar a la espada. Para demostrar la veracidad de esta pacifista aseveración, Chuck Norris se enfrentó a un batallón de marines armados con fusiles de asalto y granadas nucleares empuñando una pluma de pato. Tras vencer, Chuck Norris llegó a la conclusión de que la pluma sólo le impedía repartir puñetazos más rápidamente por tener una mano ocupada.

Hechos de Chuck Norris, Anónimo.

.

Paper Fangirl | Cap. 6: La Pluma y la Espada

.

Cuando Shel volvió a abrir los ojos la enfermera, en tres dimensiones como todo lo demás a su alrededor, volvió a preguntarle qué había pasado. Estaba en el cuarto de hospital de sus visiones y su madre y Janina esperaban afuera.

Tras el inevitable momento de "nos preocupaste mucho", pidió quedarse un momento a solas con su amiga. Por la mirada que ella tenía casi estaba segura de que no era sólo un típico final estilo "Todo fue sólo un sueño". Y en efecto, detrás de ella venía Kaiser, atravesando la pared, escondido de la vista de los que no fueran ellas dos o el Pánfilo.

—¿Alguno de ustedes puede decirme de qué me perdí? —preguntó Shel.

—Nada del otro mundo—contestó el alquimista—ganaste el torneo, te cargaron el muerto y salvaste al mundo como heroína de manga shojo.

—¿Así nadamás?

—Eso en resumen. Varios intentaron asesinarte, claro, pero todos los demás te cubrían. Una vez que te hiciste del orbe completo ya no había mucho que pudieran hacer contra ti. Luego el nexo comenzó a estabilizarse por sí mismo y todos volvieron a su dimensión original; excepto yo, porque no la tengo. Por supuesto eso es una ventaja y una desventaja a la vez.

—¿Y Maravillante? ¿Qué ocurrió con él?

—Yo creo que se murió.

Luego de contestar, Kaiser puso sus garras en el cuello de Janina

—¿Qué es lo que quieres, Kaiser?

—Lo mismo de siempre. Cumplir mi deseo. ¿Aún tienes el orbe?

—Ni sé, la verdad.

—Me temía eso—dijo al fin, dejando a Janina momentáneamente—En ese caso esperaré. El orbe se ha perdido, o se ha materializado de alguna otra manera que al parecer, como autora no has decidido.

—Te equivocas. Yo no puedo ayudarte ¡SHÚ!

—Me temo que no es tan sencillo. En fin, nos estamos viendo.

—¿Qué?...

-

-

-

Las siguientes semanas fueron extrañas para Jaan y Shel. Kaiser tomó la costumbre de seguirlas día y noche, esperando pacientemente la aparición del orbe del deseo. A veces sólo discretamente, invisible; ya veces escogiendo los momentos más inesperados para efectuar alguna tétrica aparición a media noche, sólo por joder. Ni siquiera el pobre del Pánfilo se había salvado de uno que otro jalón de patas.

Resultaba particularmente divertido aprovechar las salidas al bar, siendo el único "invitado" sin pagar cover. Era aún más divertido ver la cara de frustración de Jorge Dubois, novio de Janina y dueño del antro, al notar cómo mermaban las botellas del mejor vino tinto sin remedio ni explicación. Al final, ambas chicas y chihuahua, respectivamente, aprendieron a sobrellevar a Kaiser, e incluso Dubois comenzó a tener cierta percepción de su presencia.

Una de estas noches, cuando habían decidido dejarlo por la paz, se encontraban las dos preparando unos sabrosos bistecs en el asador, junto con el infaltable alquimista; en el patio trasero de casa de Shel. Pánfilo miraba, no sin su habitual gruñido, cómo aquel trasmutaba un balde de agua en cerveza Indio, a modo de tregua momentánea. El chihuahua se rascó con la pata trasera el cuello, donde ahora llevaba un lindo collar.

Kaiser tuvo el buen tino de notar que la nueva guardiana del orbe, en caso de aplicar el título, paladeaba una emoción conforme el alcohol ganaba terreno a través de su ya no dibujada sangre. Inició una conversación casual, con el objetivo de picar con saña.

—¿No extrañas a Gai?

Para qué negarlo. Esas semanas había echado en falta a la bestia verde tanto como el Pánfilo a la pantufla.

—¿Qué importa si lo extraño? Maito Gai es un dibujo de Kishimoto.

—Pero ¿no deseas volver a estar con él?

—¿Y qué si así fuera?

—¿Sabes qué creo yo?—continuó el alquimista, apurando una copa llena del licor hechizo—No podrás mantener ese orbe oculto por mucho más tiempo. Tarde o temprano tus deseos más profundos te orillarán a darle alguna forma que te permita usar su poder.

—Eso suponiendo que yo lo tenga y que exista, y eso no nos consta a nadie.

Janina dio una bocanada al cigarro y con un rubor ebrio en las mejillas, contoneó las curvas, acercándose a Kaiser.

—Hey, Kai…

—¿Cuántas, llevas, hijers? —preguntó la diseñadora, suspicaz.

—Sólo ésto…—Jaan señaló un vaso a medio tomar

—¿Y tan pronto te pones así? ¿Qué va a decir Jorge? Y encima con este parásito…

—¡Pero lo amooooooo! ¡Es como Dr. House pero en fantasmita sin pies ni nada!

—¡Oh, por Dios! Ya la perdimos— Vociferó Shel. Kaiser se carcajeó y se dejó hacer por la aludida—un momento ¿Le echaste algo a la cheve, verdad?

—No sé—respondió el hechicero fingiendo inocencia.

Shel pateó el cubo de la cerveza, que se derramó en el suelo.

—Ni que un poco de afrodisiaco fuera para tanto. —contestó, ladino.

—¡No, Pánfilo! —gritó desesperada. El animal había empezado a beber del charco en el suelo.

—Tres… dos… uno… —contó Kaiser. A la castaña empezaron a escocerle las piernas.

—¡TÚ…, ya verás lo que te hago! —murmuró ella con furia, levantando en alto el puño derecho.

—¡No! Lo que YO te hago—intervino Jaan con coquetería hacia el fantasma.

—Ustedes siempre me divierten tanto…—contestó Kaiser complacido

Del bulto de carbón para asar y otros elementos tomados de alrededor, el alquimista comenzó a formar una figura amorfa que se empezó a erguir con silueta humanoide.

—Niñas, observen aquí una de mis más grandiosas técnicas: un cuerpo humano.

"Si hubiese sabido a tiempo que Hao iba a…"

Involuntariamente, Kaiser hizo ademán de cubrirse las sentaderas, antes de proseguir a ocupar el cuerpo que acababa de transmutar. Le dio la forma de un cuerpo bonito: Suzaku no Kael (Probablemente Gai hubiera sido mucho más efectivo, pero no le hacía gracia parecérsele y por Kami… primero muerto).

El perro gruñía, haciendo sonar el tintineo de su collar.

—Bueno, mi querida quasi licenciada en Diseño Gráfico, has de saber que me estoy cansando de esperar…—empezó, tomando de la cintura a la chica en cuestión, arrinconándola en la pared. —¿Dónde diablos está el orbe del deseo?

—Ya te lo he dicho hasta el cansancio—dijo ella aguantando un jadeo que le salió de quién sabe dónde. —yo no sé qué pasó y lamentablemente para ti, en este mundo no hay flashbacks.

"Suerte que Kaiser no sabe que todo está en Youtube"

Kaiser se posicionó de tal forma que estaba suficientemente cerca para hacerle sentir incómoda, pero lo suficientemente lejos para que no pudiera tocarlo. Pura tortura psicológica.

La presión que ejercía el brebaje, aunado al fabricado cuerpo que la intentaba provocar la obligaron a ocupar su mente en la primera cosa que se le ocurrió.

—Argh… Un mamut, chiquitito que quería volar…

—Yo sé que quieres ver mi mamut. Anda, desea, desea con todas tus fuerzas…

—Déjame en paz, hijo de puta… ¡Probaba y probaba y no podía volar…!

—Podrías tener a Gay san, o al que tú quisieras…

—¡NO TE ESCUCHOOOOOOO! ¡TENGO UN MONTÓN DE RICOS COCOS, TIRIRIRI!

—Imagina esto… Tu casa propia, un despacho de diseño reconocido, tu Ibiza verde limón y un sujeto como éste haciéndote aire. ¿Verdad que sí te dan ganas de usar el orbe? —siguió, respirándole justo en la boca. —Hasta podríamos quemar la ULSA…

Quemar la ULSA… Su escuela maldita. En ese momento casi recordó una parte de lo que había sucedido.

—Yo no tengo el orbe, así que deja de molestar—"O por lo menos déjate agarrar, cabronazo."

Janina, pudiendo superar un poco el hechizo, soltó a propósito al perro después de que éste hubo bebido del charco de afrodisiaco, de tal forma que se dejó ir con todo a la pierna de Kaiser y lo embistió a la clásica de cualquier can en celo.

Apenas Kaiser iba a patearlo, su lindo y transmutado cuerpecillo se convirtió en una pantufla rosa—la izquierda—a la que Pánfilo le dio todo su amor.

—¿Qué fue eso? —Preguntó Shel

—Debe ser obra del orbe…—supuso Jaan

—¿Pero cómo? ¿No me digas que tú te quedaste con él?

—No. Ni idea. A propósito, primera y última vez que tomamos algo que provenga de Kaiser—dijo dándole una bocanada al cigarro.

El teléfono de Jaan sonó. Suponiendo que se trataba de Dubois, contestó melosamente…

—¡Hola, mi amor!

De otro lado de la línea, en su casa a miles de kilómetros lejos de ahí frente al ordenador, un muy confuso Daisuke se limpiaba las orejas.

—¿Jaan?

—Ah, eres tú, Pancho. ¡Qué sorpresa!

—Noticias nuevas. Las entradas a Nexus volvieron a abrirse. ¿Conservan la tarjeta de Maravillante?

—No sé de qué pitos me estás hablando. Te paso mejor a Shel.

-

-

-

La que había sido la tarjeta dimensional y que por semanas se había convertido simplemente en una tarjeta como de estireno en blanco aparentemente estaba habilitada nuevamente, aunque su superficie seguía sin mostrar la clásica M.

Según instrucciones de Daisuke, era seguro transportarse nuevamente a Nexus sin correr riesgo de quedar atrapados como fue el caso de Shel durante todo el torneo. Janina sujetó la pantufla, con los dedos pulgar e índice y la arrojó lejos. Luego conectó su equipo a internet y deseándole suerte a su amiga se dispuso a monitorear su traslado. Muchas dudas quedaban aún por resolver.

Cuando Shel tomó la tarjeta en blanco, no sucedió nada de inmediato. Pánfilo se acercó, poniéndose en dos patas y cuando lo hubo cargado, el mismo resplandor parpadeó con un brillo estilo "jódeme la vista".

De golpe apareció en lo que fuera el salón Principal del Viejo Palacio del Nexo, del cual sólo quedaba la gran escalinata del centro y dos de los palcos que se bifurcaban a cada lado. Del resto de la construcción quedaba muy poco. Pánfilo hizo ademán de quererse bajar y apenas lo puso en el suelo se perdió entre los escombros sin emitir ni un solo ruido.

Al pie de la escalera, Daisuke esperaba hincado sobre un cuerpo de papel extendido en el suelo.

—Shel Valdés, ¿Cómo estás?

—Buenas

Observó el cadáver de Kael, partido por la mitad, arrugado en la parte en la que sujetó el papel para tirar de él, creando la grieta que abrió el orbe de batalla.

—¿Se puede hacer algo por él? —preguntó el chico a voz monotonal, si voltearla a ver.

—Podemos probar con pegamento. En la escuela lo hacía muy seguido. Si no funciona, podemos intentar otras cosas… ¿vale?

Él asintió antes de volver a hablar en un tono quedo.

—¿…Te acuerdas de algo de lo de entonces?

—No recuerdo nada. Kaiser nos dio una explicación muy superficial.

—¿Kaiser?

—Sí, nos ha estado siguiendo, el maldito. Cree que yo tengo el orbe.

—¿Y no lo tienes?

—No tengo idea de nada, sólo recuerdo que rompí el escenario y luego. ¡Pum! Ya estaba de regreso.

—Yo tampoco recuerdo nada después de esa parte.

—Por cierto ¿tú no entraste en coma?

—Aparecí dormido en mi casa, como siempre.

—¿Qué le ocurrió a Maravillante?

—Espero que nada grave. No lo he visto conectado en todo este tiempo. Es por eso que vine, quiero respuestas.

—Yo también. Gracias por avisarme de las tarjetas.

Sería mejor no decirle a Daisuke que Kaiser daba a Maravillante por muerto. El chico de la capa se sentó en los escalones pensativo, triste.

A lo lejos se escucharon pisadas.

Era Kion, acompañado de su familia.

—Natsuhiko Sama… —dijo éste, sin haber esperado verlo.

—Kion, ¿ustedes aún siguen aquí? —preguntó Daisuke

—Todos los subordinados de Maravillante sama seguimos en el Palacio… o lo que queda de él. Nosotros no tenemos un mundo a dónde ir.

—¿No saben qué fue de Él? —le urgió saber

—¿Nuestro maestro? No ha vuelto desde entonces, aunque seguimos esperándolo.

La sola mención del suceso provocó que todos guardaran silencio. El aire se tornó pesado y el volar de Kalara silbaba como un rumor lejano. Luego un borroso acento atravesó la estancia.

—¿Sientes eso? —dijo Shel, llamando la atención de Daisuke, tomándolo del antebrazo.

—Sí, viene un flashback ¿No es así?

Cerraron los ojos, y permaneciendo inmóviles dejaron caer la disolvencia sobre ellos.

-

-

-

En verdad que no podía creerlo. Sólo había hecho el movimiento casi al azar. Otros días en la oficina, sintiendo la misma desesperación había tenido el reflejo brusco de destrozar las hojas de algún cuaderno con la pluma en turno. Sólo que esta vez el papel era como la pared, el suelo, el aire, el todo.

Shel seguía apoyada en Kael, y éste en Daisuke, que intentaba unir las piezas de su personaje. A lo lejos los dos caballeros dorados se aproximaban hacia la zona del derrumbe percatándose inmediatamente de una rasgadura que atravesaba el horizonte. A lo lejos se divisaba una cruenta batalla… no, eran más de una; pero la peor de todas la sostenían Uchiha Madara y Hao Asakura.

Maravillante comenzó a caminar como perdido hacia la abertura violada del orbe. La puerta comenzó a llamar al guardián del palacio del nexo. Al mismo tiempo, Shaka y Shura llegaban hacia los participantes caídos. Daisuke se levantó un poco, notando los pasos torpes y cada vez más tambaleantes de su amigo y lo detuvo a punto de caer de espaldas.

—Héctor…

—Duele…—contestó éste, con un trémolo en la voz. Lágrimas comenzaron a rodarle incontrolablemente.

Un haz de luz ciega salió de la puerta, ya abierta de par en par. Quizá fue el último vestigio de un Maravillante cuerdo el que canalizó el contenido inconsistente a través de su persona, evitando que saliera libremente hacia todos los lugares de la existencia.

Vibrante y avasallador, como una cuerda tensando resonante, recorriendo todo su centro de arriba abajo, estaba El Deseo. De todas las clases y de todos los tiempos. Era la sensación más plena que había experimentado y también la más cruel.

Había contenidos en esa sustancia deseos de gloria, motivaciones de vida, alegrías y anhelos. Había también deseos platónicos, deseos incumplidos, añejas frustraciones. Había sentimientos puros y nobles, pero también deseos impíos, mórbidos, carnales; estirándose a la vez con arrebatador furor, manifestándose hasta los rincones más ocultos de su persona.

Era indefinible, precioso, angustiante. Era El Deseo.

Maravillante se sacudió incontrolablemente en brazos de Daisuke y por un instante transmitió todas las emociones humanas. Lo tironeó de la solapa, enfrentando su semblante perplejo con el suyo perturbado.

—Duele demasiado, no resisto, pero si desaparece moriré de tristeza.

El otro no atinó más a que a oprimirle el puño con la mano.

—No te dejaré solo.

A lo lejos, Hao efectuaba una posesión de las Garras metálicas de Kaiser, empuñándolas como letales guantes contra los movimientos de Uchiha Madara. Estas armas eran mitad materia y mitad espíritu y con trabajos el ninja del primer sharingan esquivaba los ataques, pues ante esta arma su escudo holográfico resultaba imperfecto. El sonar de las cuchillas se detuvo y ambos contemplaron la agonía del Maravillante.

—¿Qué sucede, Káiser? —preguntó altivamente Hao

—El niño intenta contener al espíritu…

Madara entendió que ese era el momento de robar el orbe, que ahora se había fusionado o incrustado a Maravillante. Una última vez el muchacho se estremeció antes de tomar la forma de una luz brillante sin tamaño que Daisuke abrazó protectoramente antes de que ésta simplemente escapara con la solidez del vapor.

—Maravillante… no pudiste.

-

-

-

Tanto Shel como Daisuke volvieron al presente en la línea de tiempo. El muchacho seguía en la postura de abrazar el aire.

—¿Crees que haya…?—iba a preguntar cuando fue interrumpido.

—Murió—Dijo la profunda voz de Kaiser, apareciéndose detrás de ellos.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó Shel molesta

—¿Creías que una pantufla me iba a detener? Por si no lo recuerdas, yo también tengo una tarjeta.

—Diablos.

—¿Cómo estás tan seguro de que murió? —preguntó Daisuke con cautela.

—Tú lo viste.

—Pero… en este mundo…

—Pregúntale a la licenciada qué le ocurría a su cuerpo cuando era atacada desde este mundo.

Shel recordó haber estado al filo de la muerte dos veces en Nexus, y según el relato de su madre esas mismas ocasiones su cuerpo en la tierra de tres dimensiones había estado en peligro real de perder la vida. El que moría en Nexus moría de verdad. Sabiendo esto no dijo nada.

—Y bien ¿ya tenemos el orbe de regreso, muchachos? No soporto haber pasado por todo esto en vano.—dijo Kaiser con rencor.

Ambos voltearon a ver a Shel. Ésta se escondió tras Daisuke, y de repente los dos sintieron el aire disolviéndose nuevamente.

-

-

-

De vuelta al pasado, los villanos Hao y Madara se lanzaban en pos del espíritu del deseo, pero éste flotó a toda velocidad por la rasgadura del papel, hacia el lugar de la batalla final, quedando enfrente de una diseñadora que se enfrentó de nuevo al dolor y la sangre, producto del retroceso del tiempo.

Shura contemplaba con éxtasis, pero Shaka maldijo con sumo odio.

—Esto es el destructor de almas;—dijo—éste es el deseo que corrompe.

—Entonces, tú debes haber sido quien se quedó con él—Dijo Daisuke tristemente, dirigiéndose a Shel—Tú ganaste y en ese momento él te lo estaba obsequiando. Pensó que podrías darle buen uso y cuidarlo como cuando él lo encontró.

—Pero es que ¿qué es esto exactamente?

Las llamas negras del Amaterasu, el sharingan de Madara, cubrieron todo el lugar, y Hao se lanzó contra él lanzando ráfagas de hielo que se derretían al contacto. Ambos intentaban apoderarse del espíritu.

—Tenemos qué irnos. —Dijo Shura.

Los cuatro salieron corriendo a resguardarse. A Shel la cargaba el caballero de Capricornio, y el de Virgo recogió el cuerpo de Kael. Madara les cortó el paso y se dirigió a la mujer.

—Tengo algo tuyo que tal vez quieras negociar. ¡Konan!

A pesar de la orden expresa, la kunoichi no apareció. Etna salió de entre las sombras con Janina.

—¡HEY! ¡Y yo qué coños hago aquí? ¿Qué no se había acabado ya esto?

—Tranquila, Jaan, es sólo un flashback.—Le gritó Shel.

—¿Querías a la perra? Lo siento, este rehén es de Lord Kaiser, no tuyo.—dijo Etna a Madara

—Entonces el rehén pasa a ser mío—rió Hao.

—¡Eso jamás!¡Etna, déjala ir!—gritó el espectro

—Como tú lo digas.—obedeció su striker.

Etna no sólo soltó a Janina, sino que cubrió su huída de los ataques de Madara y Hao, quedando en estado lamentable.

—Gracias…—exhaló Janina con gratitud, mientras desaparecía entre el caos del palacio, y luego regresaba a su mundo y tiempo, frente al ordenador.

—Kaiser ¿hasta dónde llega tu orgullo que sacrificas a tu striker por llevarme la contraria? —preguntó Hao.

—Lo que me has hecho no te lo perdonaré nunca—contestó el espectro, luchando como marioneta contra Madara.

-

-

-

De vuelta al presente, Daisuke y Shel resolvieron retirarse del palacio por seguridad, ya que nada les aseguraba que sus traslados fueran seguros cien por ciento.

Shel llamó a su perro, que volvía en ese momento cargado por Darts en una mano y, llevando consigo las dos piezas de Kael, sacó la tarjeta blanca y se retiró a casa con Kaiser pegado como lapa.

Según lo acordado, al día siguiente volvieron a reunirse los dos en el mismo lugar. Nuevamente, el alquimista los siguió, al igual que el perro, que movía su colita enrollada para todos lados.

La dibujante había llegado con un portafolios del cual sacó un enorme pliego de papel, que cuidadosamente extendieron en el suelo, hasta que poco a poco éste se fue fusionando con el entorno. Contenía un dibujo cuya elaboración había tardado todo un domingo.

—A diferencia del papel de Nexus, éste es papel de Terra Veritatis, tu mundo. Debería funcionar—comentó Kaiser antes de hacerse invisible un rato, por gusto.

—Ahora es tu turno. Imagina que regresa—dijo Shel a Daisuke.

Daisuke cerró los ojos y una luz de fuego envolvió en llamas el lugar. Un fénix abrió sus alas desde el suelo y se elevó hacia un cielo rojizo que coloreaba tras el espacio que dejaba la desaparecida cúpula del salón principal.

Cuando volvió desde el firmamento, un hombre rubio extendió sus alas de fuego hasta extinguirlas lenta y plácidamente. Luego, algo confuso, observó el lugar destruido, tratando de figurarse qué diablos había sucedido.

Shel tomó a Daisuke del antebrazo ligeramente, haciendo que éste abriese los ojos.

—Kael, has vuelto. Creí que te había perdido.

—Maestro, ¿qué pasó?

—Ni siquiera nosotros lo sabemos con seguridad.

—Me alegra verte sana y salva, Shel san. He de suponer que tú ganaste. —dijo ahora dirigiéndose a la mujer.

—Así parece—contestó aquella distraídamente, perdida en algún pensamiento.

—Al final ¿Qué deseo has pedido? Claro, si no es indiscreción.

Un silencio atravesó la sala. El silencio de la expectativa del ninja de fuego, el silencio del desconocimiento de las dos personas de carne y hueso. Pánfilo comenzó a gruñir quedamente al espacio detrás de la diseñadora.

—Pide un deseo—al oído de Shel susurraba Kaiser, invisible.

—Veo que no te has ido—respondió, en el mismo volumen.

—Pide un deseo—insistía el fantasmagórico ente.

Kael tenía más preguntas que lanzó al vacío tras el prolongado callar.

—¿Qué sucedió con Pain y con Gai san?

—Buena pregunta ¿a dónde fue tu Gai? —preguntó Kaiser con saña, mientras Pánfilo gruñía.

-

-

-

Corría el tomo cuatrocientos y algo del manga de Naruto. Para Gai los días se habían sucedido normalmente cada tantos fotogramas; aunque, a raíz de ciertos sueños extraños que había tenido recurrentemente, cada vez más se le figuraba que los lapsos de tiempo eran anormales. Como si el tiempo se comiera partes de su vida.

Curiosos sueños. Un lugar llamado Nexus. Un torneo… y una chica de otro mundo.

Supongo que estamos de acuerdo, lectores, en que los sueños no se caracterizan por su lógica. Gai también así lo pensaba, hasta que un día lo analizó, antes de un cambiar de página, y se dio cuenta de que en realidad él jamás había soñado nada en su vida, excepto esto.

De hecho, había muchas memorias de su vida que estaban en blanco. Concretamente, todo lo que hubiera sucedido antes del primer examen chunnin de Lee no lo recordaba para nada. Se había borrado. Era como si nunca hubiese existido. Y nunca se había percatado de ello. ¿No era esto acaso imposible; haber vivido toda su vida con un pasado nulo que sin embargo todos a su alrededor e incluso él mismo habían dado por hecho?

No sólo era él. Todos en Konoha tenían lagunas de memoria que abarcaban días o años enteros y nadie se daba cuenta. Algunos como Kakashi recordaban vagamente un pasado remoto. Otros, como el señor que vendía ramen, apenas sabían sus nombres y los menesteres de su oficio. A nadie le importaba.

Y no es que Gai fuera filosófico. Para nada. Pero cuando soñó que Jiraiya moriría y después supo que en verdad sucedió; cuando soñó con el hombre que destruyó la aldea… entonces comenzó a asustarse de verdad.

De repente se le ocurrió ¡Vaya ocurrencia! Que era como el personaje de un manga. Que todo era tinta, papel. Y de repente el aire se le hizo pesado, el bosque plano y los sabores, los aromas y el tacto de las cosas una mera abstracción intangible.

Ese día se fue a dormir—supuso, porque la edición no le permitió vivirlo—haciéndose preguntas cada vez más específicas. ¿Quiénes habían sido sus padres? ¿Cómo fue él de niño? ¿Dónde había vivido? ¿Quién había sido su equipo? ¿alguna vez…?

¿Alguna vez perdiste a un compañero?

Eso lo preguntó en este sueño una mujer que identificaba como Konan. Una mujer que él nunca había conocido en persona pero que según Naruto había pertenecido a Akatsuki hasta la muerte de Nagato.

Según este sueño/suposición/recuerdo, Gai debía buscar a Janina, el rehén de los malvados.

Aquella vez en la sala del orbe, Konan tenía las ordenes de pelear contra Gai, pero había decidido no hacerlo. Con Nagato muerto (en esta historia Pain había muerto de otra forma muy confusa), su lealtad hacia Akatsuki no tenía razón de ser. Bajando las armas, encaró a Gai y le dijo:

—El sueño de Nagato era traer paz al mundo… aunque fuese mostrándole a todos el dolor. Yo he visto lo que sucede en este torneo y me doy cuenta de que todos sufren. Ahora es momento de que yo cumpla su sueño.

—¿Qué es lo que piensas hacer?—preguntó el ninja verde.

—Traeré la paz que Nagato no pudo, pero lo haré a mi manera. Recuperemos el orbe del deseo, ninja de Konoha, y acabemos esto de una vez. —terminó exhalando con cansancio.

Entonces pelearon codo con codo. Ella habría de olvidarlo más tarde. El palacio estaba lleno de enemigos, monstros y alimañas. Dos villanos se jugaban el todo y a lo lejos un mundo se asomaba por un desgarre del aire. Ahí venía, siendo cargada por un desconocido, la razón de todo aquello: su protegida, una mujer que se dedicaba a un arte misterioso llamado Diseño Gráfico.

-

-

-

En el Nexo, Kaiser continuaba incisivo en su intento de hacer volver el orbe del deseo.

—Desea, Shel—Seguía susurrando

—Pierdes tu tiempo.

—El día que Maravillante encontró el deseo le dio forma de orbe. Ahora que tú lo posees debes tenerlo escondido en algún sitio. La pregunta es ¿Dónde? …

—El deseo es una cosa inmaterial. Es indefinible. No lo puedo delimitar en un objeto. El orbe del deseo como tal… no creo que exista.

—Eso lo veremos. Ya me hartó tu nihilismo, vieras.

Shel se hartó y trató de darle vuelta a la tortilla. Ahora comenzó a hacerle preguntas al alquimista.

─¿Quién eres, o qué eres tú Káiser?

─¿Yo? Soy una idea

─Explícate.

─Alguna vez una persona como tú me pensó, y desde entonces soy un espectro que vaga de universo en universo tratando de encontrar mi lugar y mi forma. No sé en qué momento me hice consciente de mí mismo y de mi realidad. Sin el orbe del deseo no soy más que un cúmulo de ideas sin concretar.

─¿Y qué deseo querías pedir?

—Crear mi propio mundo, poder nacer, poder existir en la realidad, poder ser yo… más allá del concepto… Porque sólo en un lugar sin reglas, donde todos sean su propio dios, sólo ahí podría ser feliz un alguien como yo.

El que quiere nacer tiene qué romper un mundo, Kaiser. No hay más.

—Lo sé. Lo dijo Hesse. ¿Pero qué mundo debería romper si no pertenezco a ningún lado?

—Sabes que no es en sentido literal. A como yo lo he aprendido… el huevo eres tú mismo. Debes romperte a ti mismo, redefinirte. Si eres tan abstracto como creo eso bastará para que tu mundo se cree sólo. Eso es lo que te puedo decir y es lo único que puedo hacer al respecto. Al fin y al cabo, el superhombre debe crear sus propias reglas.

—Deja de piratearte frases famosas y materializa el maldito orbe.

—Ya te dije que no sé dónde está

—Te haré recordar…

Kaiser volvió a hacerse visible y atacó a traición a la diseñadora. Justo a punto de perforarle un costado, las espadas de Kael chocaron contra las garras de plata.

—No dejaré que ataques a un guerrero desarmado.

—Te encanta jugar al héroe, niño estúpido.—bufó Kaiser

—Déjalo ser, Kaiser. Tú y yo estamos hundidos en el fango del cinismo, pero ellos aún son idealistas e inocentes.—intervino Shel

—Ingenuos, querrás decir.

—Me da igual qué pienses de mí. No dejaré que un ser como tú haga lo que se le de la gana—bramó Kael al calor de un fuego que dejó salir en disparo certero hacia Kaiser.

El alquimista lo esquivó poniendo enfrente una pared de hielo. Luego se apareció en un segundo detrás del ninja para clavarle las garras, descubriendo en la maniobra que era un clon que desaparecía con un puff.

Un látigo de fuego voló en dirección al espectro y fue interceptado por una cuerda de electricidad de alto amperaje. En seguida una serie de patadas impactaron de lleno en el casi cuerpo de kaiser quien asió una pierna y la transmutó en piedra.

—Conmigo no se juega, Suzaku no Kael.

Dos clones tomaron a Kaiser desprevenido por el suelo, eyectando sendas bolas de fuego negro. El original procedió a usar su fuego curativo en la pierna.

Kaiser había congelado las bolas y las enviaba de regreso. Kael muy apenas consiguió deshacer el hechizo.

—Te volveré a partir en dos.

Por muy poco Kael esquivó las garras. Unos cuantos espadazos impactaron en Kaiser causando dolor.

—Quiero verte intentarlo, Kaiser.

El alquimista volvió a embestir a su oponente, percatándose de que estaba rodeado de un cuadrado de fuego que le impedía salir.

—Cómo odié el cuadrito ese—comentó Shel en un escondite a la distancia.

—No es tan fácil, niño.

Kaiser tardó en apagar el fuego con hielo, justo antes de recibir múltiples estocadas de los sables de fuego.

—En sí, mi intención no es perder el tiempo contigo, Kael.

Kaiser clavó la garra derecha en una pared, rebanándola en cinco líneas. Detrás de ella, Shel y Daisuke se escondían y muy apenas alcanzaron a agacharse a tiempo. Kaiser se les apareció por detrás.

—Estos humanos tan mañosos…

Levantó las garras, para atajarlos a ambos, así como estaban ya abrazados los dos del miedo, a un cuarto de vejiga de hacerse pipí.

El tiempo se detuvo. Janina había puesto pausa al video. En la pared de enfrente, escrito en Paint con el mouse, estaba un letrero que decía "Corran, weyes". Así lo hicieron.

Cuando el tiempo volvió a correr, Jaan había encontrado la manera de poner un monito de palos a pelear contra Káiser. Mientras, Kael cubrió a los dos humanos que salieron hechos la madre tras un pasillo deshecho, aunque tuvieron qué maldecir una vez más la odiosa teletransportación espontánea de Káiser.

Jaan erró el botón de pausa, y no pudo evitar que Kaiser los encerrara en un bloque de hielo. Fue en ese momento en el que apareció el verdadero héroe de la historia.

Un resplandor inmovilizó a Kaiser y deshizo el hielo liberando a los cautivos. Luego, cuando éste quiso volver a atacar, una barrera impenetrable de todos y ningún elemento se lo impidió.

Los subordinados de Maravillante llegaron en ese momento; entre disparos, cadenas, violinazos y demás ataques lo obligaron a huir de la escena.

—¿Y eso qué fue? —preguntaba Daisuke

—El orbe… Él lo tuvo todo el tiempo…—Shel miró a su salvador justo antes de que les cayera encima un flashback…

-

-

-

Ninja y Shamán corrían en pos del caballero de Capricornio. En sus brazos se vió ella, tratando de asir una cosa que no tenía ni forma ni peso, y sin embargo calaba hasta el alma traerla encima. La sensación era para volverse loco.

—¿Porqué no lo usas?¿Qué poder puede compararse a ese?—Dijo Daisuke

—Ya lo intenté, pero no te deja. No te deja ni siquiera pensar. Maravillante tenía razón, esto no lo puede solamente usar cualquiera de buenas a primeras.

Gai y Konan se aparecieron para apoyar. El ninja verde notó al segundo el estado de las heridas de Shel.

—Gracias por cuidarla, Shura. A partir de ahora me encargo yo. Ella es mi responsabilidad.

—Una gran carga llevas, caballero de Konoha. Sigue adelante, te cubriremos.

Shaka, Shura y Konan formaron una barrera ante los perseguidores. Daisuke corrió a buscar a sus hombres.

—Somos tres contra uno, Shaka. Podemos…—clamaba Shura

—No. —Dijo Konan—Esos dos son de cuidado.

Un rayo de electricidad pasó rompiendo la barrera, alcanzando a Gai y a su carga.

—No lo van a lograr—dijo Shaka.

—Tal vez si…—pensó Shura en voz alta

Un certero ataque de fuego pegó en su pecho. Como contraataque el brazo de excálibur cayó sobre Hao como guillotina, causando un daño visible.

—Ja.—Rió Kaiser cínico.

—Cállate—contestó altanero el Shamán para luego ocupar de nueva cuenta las garras de aquel.

Llamas negras quemaban remolinos de papel y Shaka quedó atrapado en un genjutsu.

………

El santuario destruido y a sus Pies Athena muerta.

Te has entrometido donde no debes. —Le dijo Madara.

Puedo sentir tu alma tan lejos de la iluminación.

¿Qué sabes?

Estás creando una ilusión, pero para ello estas dejando abierta una ventana que me deja ver a través de ti.

Madara no comprendía de dónde venía semejante fortaleza mental del hombre.

Será un honor saber a quién he de matar. Sin duda eres un guerrero admirable.

Soy Shaka de Virgo, caballero de Athena y guardián de todo lo que ella ame.

Bien, Shaka san, un honor. Ahora debes sufrir las consecuencias en tu mente, por medio del Magenkyou Sharingan.

Yo hace tiempo que estoy más allá del sufrimiento. Usted, sin embargo es quien sufre profundamente. Sus deseos son demasiado grandes. Se han convertido en una necesidad que se está comiendo su alma como los gusanos al cadáver putrefacto.

Madara lanzó con odio mil espadas que destrozaban el cuerpo del caballero de virgo, aún dentro del sueño. El semblante de éste era sereno.

Sentirás el dolor eternamente.

No hay dolor que me traspase, caballero. En cambio usted apenas puede con el desasosiego. Lo puedo ver claramente.

MENTIRA

Tanto deseo y tanto rencor…

¡A CALLAR!

………

Mientras eso sucedía en el plano astral, el cuerpo—cascarón vacío—de Madara seguía evadiendo papeles y embistiendo a Konan. Shura y Hao peleaban a muerte, pero el segundo más bien intentaba no dejar ir al ninja verde que se escurría.

—No te distraigas, tu oponente seré yo—gritó Shura.

—Te equivocas, Basura. Tú no me interesas.

El espíritu de Fuego se interpuso en la huída de Gai obligándolo a conectar una serie de golpes y patadas con seis puertas del loto abiertas. Pronto Hao llegaba y Kaiser, como muñeco, lanzó un Storm Gust hacia ellos. Gai lo esquivó de un gran salto.

Shura se lanzaba contra Hao

—¡Excálibur!

Hao se dolió y ambos quedaron fuera de combate. Kaiser aprovechó el momento para liberarse por fin de la posesión y desapareció traicioneramente de la vista de todos.

Por otro lado, Konan ya estaba medio muerta. No era rival para Uchiha Madara. Mientras, en el genjutsu, la batalla continuaba. Madara comprendió que una guerra espiritual contra Shaka estaba perdida. Salió del genjutsu y atacó con la fuerza de su ninjutsu, dejándolo mal herido.

Ahora iba contra la bestia verde. Shura tomó una decisión rápida y se deshizo de la armadura dorada, que pasó flotando a investir a Gai. El shinobi se sintió invadido por la fuerza del cosmos.

—Tu signo también es Capricornio, Gai, igual que Shura, y también igual que yo. Invoca a tus estrellas.—murmuró Shel. Estaba volviéndose transparente, desvaneciéndose.

—¿Cómo sabes mi signo?

—Ay Gai… yo sé todo de ti—sonrió

El cosmos de la constelación de Capricornio, corriendo libremente a través de las seis puertas celestiales del Loto potenció el chakra a niveles inigualables. Gai comenzó a imprimir golpes brutales hacia el usuario del primer Sharingan, impidiendo que aquel alcanzara el espíritu del deseo, que a su vez extinguía para siempre la existencia de Shel en el universo.

Daisuke y su gente llegaron y levantaron a Shel. Dos de ellos, Mekura y Chipp, llevaban en hombros a la Hokage.

—He agotado casi todo mi chackra, Sheru san, pero hay una última cosa que aún puedo hacer. Sólo promete que harás lo correcto.

Haciendo unos sellos, el grabado en la piel del vientre de la dibujante desapareció. Finalmente era libre.

Chipp sustuvo a la chica mientras Mekura procedía a sanarla con su ninjutsu médico.

—Te recuerdo. Tú fuiste quien me vomitó. —recordó Chipp.

—Ya casi no tienes chakra, ni cuerpo… Esto debe hacerse rápido—advirtió Mekura.

Mientras Gai seguía resistiendo valientemente a Madara, se aproximó la gente de Maravillante trayendo consigo cuatro orbes desconocidos. Luego llegó el equipo Anbu y detrás de todos el Pánfilo.

Ary habló a Shel, que sostenía el orbe del deseo en su pecho, temblando y sintiendo que le quemaba por dentro lo último de sus fuerzas.

—Reparemos el orbe del deseo. Hemos encontrado los cuatro sellos que Maravillante ha dejado.

Cuatro esferas flotaron hacia Shel y se fundieron con el orbe. En ese momento se despegó de la realidad, entrando en trance.

-

-

-

Primer orbe. Sello de la indecisión.

…………………………………………………….

¿Qué es lo que quiero?

No hay un deseo. Fui la única de diez que llegó hasta aquí sin propósito.

Sólo un dolor en el pecho ¿Porqué?

Porque es difícil decidir lo que uno quiere.

¿y qué es lo que yo deseo? ¿Volver con Andres?

No, porque dejé de ser feliz a su lado hace mucho.

No es él lo que quiero, aunque lo extrañe.

Mi única certeza es el dolor que su recuerdo me causa.

Tal vez no necesito a nadie… Pero

Me siento sola

Me siento tan increíblemente sola…

¿Qué debo hacer?

El primer sello se libera con la Verdad.

El saber profundo de uno mismo.

El Saber lo que uno desea.

Shel se vió a si misma frente al ordenador, aquel célebre viernes; justo después de haber buscado a Joe, justo después de que él le dijera que la quería fuera de su vida. Tal vez había sido sólo un capricho para algunas noches. Pero terminaba hoy. Nunca la había tomado en serio.

Abrió la tapa, navegó y encontró la promesa de un orbe que arreglaba la vida. ¿Qué podía pedirle? Había demasiadas cosas que estaban mal…

Segundo orbe. Sello del Miedo

………………………………………………………………..

Encontré a Otra Persona. Era todo lo que el otro no.

Sin embargo, fui usada.

Dejaré de buscar…

Tengo miedo de que me lastimen…

Soy débil como pluma de ave.

Estoy marchita como loto seco.

Tengo miedo de los hombres de verdad. Tengo miedo…

¿Qué hay mal en mí?

¿Qué me falta? ¿Porqué estoy incompleta?

El segundo sello se libera con Valor.

Confiar en uno mismo.

Shel se vio a sí misma compitiendo en el torneo. Sintió el terror en los huesos, sintió la carne cortada, quemada, sangrante en cada combate. ¿Qué sería de ella? ¿Hasta dónde llegaría? ¿Cuándo terminaría la tortura y qué sentido tendría?

Tercer orbe. Sello de la Pereza

……………………………………………………………….

Estoy cansada de luchar…

Pero…

Tengo un ídolo de papel

¿Lo que estoy sintiendo es real?

Debo levantarme… no debo detenerme…

Mi ídolo me dice que debo continuar

Y yo le quiero. Confío ciegamente.

No querría decepcionarlo

Trabajar duro. Esa es su máxima. Y le creo.

El tercer sello se libera con constancia

Se vio ahogada en alcohol. Maltrecha y vacía. A veces parece que el esfuerzo es suficiente y justo, y no lo es aún; en ese momento el humano se deja caer exhausto en el olvido.

Pobre hoja frágil de papel. ¿Quién cuidará de ti? ¿Quién recordará lo que hiciste y lo que anhelabas? ¿Quién podrá entenderte? ¿Quién podrá amarte? ¿A quién podrá importarle?

Cuarto orbe. Sello de la calamidad

……………………………………………………………….

Mi mundo no fue creado para los finales felices

A veces no importa cuánto sea el esfuerzo… el destino no es favorable

¿Porqué no puedo controlar las cosas?

¿Qué puedo hacer yo aquí en medio de la nada?

El cuarto sello se libera con la Fe

-

-

-

Despertó. Los cuatro orbes se habían fusionado con el espíritu principal. Había recuperado la solidez de su cuerpo sólo parcialmente. Joshua Darko, Mekura y Fuyu la apoyaban intentando mantenerla con sus poderes.

Los demás creaban una barrera alrededor.

Había entendido una cosa. Si bien los cuatro sellos sabiamente pensados por el Maravillante tenían la fórmula para alcanzar el deseo perfecto, ella no poseía la fortaleza, ni la pureza de alma suficiente para poder usar el orbe con todas las de la ley.

Pánfilo se acercó a ella haciendo sus ruiditos tiernos y la lamió.

—¿Qué complicados somos los humanos, verdad, Panfilito? Deseamos tanto y nuestros deseos crean grandes obras o caos infernal. Shaka tenía razón. El deseo corrompe.

En ese momento tomó su decisión final.

Le dio el orbe al perro.

—Tú jamás desearás algo que no necesites. Tú serás el guardián del orbe del deseo.

El orbe tomó la forma de un collar que adornó el cuello del pequeño chihuahua. Quién sabe qué pensaría en ese momento el animalito que simplemente todo se puso en su lugar.

-

-

-

—¿Eso sucedió? Apenas puedo creerlo—Decía Daisuke, ya en el presente, sin dejar de mirar al chihuahueño rodeado de su aura mística y maravillante.

—Llámenme loco, pero siempre presentí que ese pequeño iba a jugar un rol importante—dijo Kael sonriéndole al Pánfilo, rascándole detrás de las orejitas.

—Shel, creo que Kaiser estará bajo control por un tiempo, y no creo que tengas mejor protección que ésta. En todo caso si necesitas ayuda sabes cómo encontrarme.

—Muchas gracias por todo.

Daisuke se despidió de los presentes y sacó su tarjeta para volver a casa con Kael. Ahora presentaba claramente una "P".

-

-

-

Shel se tomó un tiempo para vagar por las ruinas del Palacio del Nexo. Tantas cosas habían sucedido de golpe. Tantas emociones. Había aprendido cosas que ni siquiera en el mundo real, Terra Veritatis, había podido vislumbrar.

Pensativa recordó a todos los amigos que hizo, recorrió todos los lugares que había recorrido con Gai…

En cuanto a los de Konoha, nunca más volverían a verse. Las tarjetas llevaban a Nexus, y nada más. Daisuke ya había intentado de todo. Quizá el Pánfilo era mucho más sabio de lo que todos pensaban.

Shel se recargó en un pilar y el peso de los recuerdos le trajo el último de los flashbacks.

-

-

-

Se encontró de nuevo en el palacio en todo su antiguo esplendor. Unos brazos cálidos la rodeaban, mientras el cuerpo se sentía arrastrarse por el etílico. A lo lejos, Assasin Darko seguía esperando tras la puerta de Lian, esa noche donde aún no sabía que ellos eran hermanos.

—¿Gai?

—¿Cómo estás?

—Me siento mal. ¿Qué hora es? ¿Ya terminó al fin todo esto del torneo?

—Mañana será la segunda ronda… Shel ¿Porqué…?

—¿Segunda ronda? Ya me ubico ¿Y Kaiser?

—¿Kaiseru? ¿qué tiene él?

"Está desvariando" pensó él

"Curiosos los flashbacks…" pensó ella

Se dejó cargar hasta la habitación donde empezó el ritual del cuidador de borrachos, que Gai conocía de sobra por Rock Lee. Un cuidado casi paternal, profuso y silencioso.

Shel entendió de repente la belleza del momento —el pasado— paladeando con nostalgia la discontinuidad del tiempo y miró a Gai, diciéndole sin más:

—¿Porqué presiento que ésta va a ser la última vez que te pueda tocar?

—¿La última? ¿De qué hablas?

—Mira que cuando el tiempo no es lineal las cosas toman un sentido que de otra forma no sería posible apreciar. Creo que no he sufrido de esta edición en vano, Gai…

Gai se empezó a preocupar de su filosófica embriaguez, no sabiendo si distinguir entre sus sentimientos algo de compasión entre la desaprobación que le inspiraba el hecho mismo. La recostó en la cama de su habitación y le quitó los zapatos cuidadosamente.

Un sartal de lágrimas en nota contínua le rodó a ella sobre ambas mejillas, mientras el ninja la arropaba con parsimonioso recato.

—Gai—lo llamó—¿Qué pasará conmigo cuando todo termine?

Él se preguntó a sí mismo, porque en realidad tampoco lo sabía. Se sentó a la orilla de la cama y ella cuestionó:

—¿Debería… alguna vez podré pedir un deseo?

Gai lo pensó poco y respondió

—A lo mejor Tsunade podría dejarte usar el orbe también. Después de todo son tus batallas. Tampoco te lo quisiera prometer, pues no estoy seguro.—Luego tuvo curiosidad y le preguntó—¿Qué pedirías?

—Quiero encontrar a alguien original y auténtico, que me haga reir, y que llore conmigo. Que sea digno de admiración. Alguien que nunca rompa una promesa, que tenga un abrazo que lo disuelva todo. Que nunca me deje caer. Alguien que crea en mí cuando ni siquiera yo lo hago.

"Quiero un Gai" pensó y continuó

—Para cumplir mis otros deseos creo que podría arreglármelas sin el orbe.

—¡ASÍ SE HABLA!¡Esa es la Llama de la JUVENTUD!—Exclamó el ninja emocionándose abruptamente, como sólo él. Shel le tomó la cara entre las manos.

—Te quiero, Gai.

La frase sonó como gota de agua cristalina. El ninja se turbó.

—Te quiero—repitió ella.

—Estás bebida.

—Tal vez, pero eso no cambia que sea la verdad.

Shel lo hizo porque sabía que sería su última oportunidad. Se abrazó a su cuello y—tomándolo desprevenido—hizo lo que hubiera hecho cualquier fangirl en su lugar; robar sus labios en un beso que Gai no correspondió, pero tampoco detuvo. Se había quedado como trabado, frustrado por su falta de memoria y de sentimiento alguno.

Y entonces, él despertó a la realidad y se hizo consciente del flashback.

—Por fin lo entendí todo, Sheru. Esto es el pasado, ¿verdad?

—Sí. ¿Cómo supiste?

—Sólo lo supe de repente.

—Creí que nunca podrías… entonces ahora comprendes muchas cosas.

—Sheru… ¿Yo también voy a morir?

—No. Al menos no hasta donde yo he visto.

—¿Alguna vez amé o podré amar a alguien?

—No lo sé.

Shel presintió que se acercaba el final de la historia. Adelante en la línea del tiempo esperaban demasiadas cosas, sin embargo, quedándose dormida en brazos de Gai quiso pensar que mañana todo saldría bien.

—¡Cuánto voy a extrañarte!

-

-

-

-

-

-

-

Historia original:

Omtatelo, Héctor Aguirre.

Betareaders:

Patito Zaga

Mishima Arashi

Yondaime Sparrow

Cast:

Shel Valdés, Pánfilo

Natsuhiko Daisuke, Maravillante, Jaan Coordes

Maito Gai, Tsunade, Nagato, Konan, Uchiha Madara

Hanna, Joshua, Assasin y Lian Darko

Hao Asakura, Kazuma, Lloyd Irving, Lyserg Diethel

Eydrian, Farielle, Romeo, Night y Yuka Darko; Kero,

Vilks od Niels, Mifune, Angela

Shikari D. Claw, Chrona

Kaiser Tlaves, Etna

Fuyu, Hiei, Kakushi Miko

Izumi, Ryuu, Chizu

Fuji, Kintaro, Chipp, Mekura, Kaishi Akarui, Ichi, Ni, San

Zuriñe, Hikaru, Kaoru

Hikaru!, Edward Elric II, L II, Hiei II, Sabaku no Gaara II

Monkey D. Lina

Darts, Hiroi y demás chachos de Nexus

Las Sailor Scouts, El eva 01 y el angel, Kaiosama, Princesa serpiente, Freeza

Los animalejos de Hamtaro, Shaka, Shura, los de Smash

Yagami Light, Ryuk, las tortugas del súper mario, y demás extras…

-

-

-

Gracias a todos por leer.

Cuando Rock Lee, líder del equipo 77, recibió la lista de los nuevos gennin; nunca creyó que fuese tan difícil transmitir a sus discípulos la llama de la juventud. El Legado de Jack Sparrow dejará una huella imborrable en Konoha…

Con alcohol en la sangre.
del Capitan Yondaime Sparrow

Comedia sin sentido, Parodias naruteras y mucho, mucho pisto. Léanlo aquí en FF.

.

Escenas inéditas de La Pluma y la Espada:

.

.

Kaiser al abrir la puerta de la verdad de Full Metal Alchemist, durante la batalla final…

—¡Puerta de La verdad, Tráeme a aquel cuyos poderes son capaces de destruir todo en el palacio!

Aparece Chuck Norris, y le da a Kaiser una Patada giratoria con la cual lo vuelve a revivir y a matar un total de once veces.

---------------

Cuando Gai y Daisuke fueron capturados y encerrados en el armario…

—¡Oh no! ¿Qué haremos ahora que Akatsuki tomó el control del Palacio? Debemos salir de aquí y detenerlos y… ¡Hágase para allá, Gai! No estoy para arrimones, yo no bateo de zurda…

—¡No es mi culpa que no haya espacio! Además yo no soy el que se está tirando los pedos…

---------------

Cuando Hao obliga a Kaiser a ser su espíritu Shamán…

—Anda, Kaiser… ya verás que te va a gustar…

—¡Que no!

—¡Pero somos muy compatibles!

—¡He dicho que no!

—No duele, hasta se siente rico…

—¡Basta, ya déjame!

—Mira, tú te pones adelante y luego yo…

---------------

Cuando Kaiser rapta a los Darko…

Hanna y Lian, vestidas de conejitas playboy.

—Kaiser… ¿Está usted seguro de que esto es necesario para conseguir el orbe del deseo?

---------------

Aquella escena en la que Assasin se queda mirando la puerta del cuarto de Lian…

—Cielos, Hans… Creo que nuestro primo se enamoró de su hermana.

—También puede ser que esté así porque la vio dormirse con la mascarilla y los tubos…

---------------

Fuyu, en el almuerzo de las semifinales…

—Yo te vi, yo te vi, yo te vi… YO TE VI LLORANDO… (8)

Cinco minutos después y sin darse cuenta, Vilks…

—Si te vi, si te vi, si te vi, SI TE VI LLORANDOOOOO (8)

---------------

Al abrirse la puerta del orbe…

—Me esperaba de todo… excepto esto.

En sus manos, Shel sostiene el Muffin Mágico de los padrinos mágicos.

---------------

Escena cortada del fanfic de Kael...

—Ya te traje los chones de la sirena que vive en el triángulo de las bermudas, el papel de baño con mocos de bush y el churro de mota de bob esponja… ¿Ya te puedo agarrar la mano?

---------------

Maravillante siendo alcanzado por la corrupción…

—De repente, quisiera lanzarme para diputado…

---------------

Natsuhiko Daisuke, en entrevista para Televisa relativa a su secuestro por parte de Akatsuki…

—¡Me amarraron como pueeeeerco!

-------------------

Cuando entré al Torneo hubo quien dijo que yo tenía en mis manos el poder del universo, que era prácticamente Dios. Creo que no es verdad. Se necesita mucho más que sólo viajar a Nexus con una pluma bic de plástico para tener un poder significativo. La creación de un mundo es resultado de una cadena de procesos. Yo no soy Toriyama, ni Cervantes, ni la Haruhi... soy sólo una Fangirl de Papel.

.

.

La memoria es el deseo satisfecho.
Carlos Fuentes

.

.

F I N