LEYENDA PENDRAGON

LIBRO I: LA PROFECÍA

Capítulo 28: LA MESA REDONDA

Fuerte Alphard, frontera entre el condado de Gawain y el de Cornualles.

En los lindes de la frontera entre las verdes tierras de Cornualles y las frías y nevadas de Gawain, se lanza el campamento de tiendas plateadas con rojo con las banderas del dragón y el unicornio de Camelot, justo delante del fuerte más al Sur del reino de las nieves, y es hacia ese fuerte al que se dirigen volando dos cuervos negros, cruzando las altas torres del puesto militar e internándose entre las tiendas hasta la mayor de estas en medio del campamento, custodiada por dos guardias de armaduras doradas del reino de Cornualles, delante de quienes aterrizan ambas aves negras, en medio de un humo morado, transformándose ante el asombro de los soldados en dos mujeres de ojos totalmente oscuros, logrando que ambos guardias les apunten inmediatamente con sus largas lanzas, atrayendo también a otros soldados del campamento.

—¡Alto! ¡Depongan sus armas en nombre del reino de Cornualles! —amenaza uno de los guardias.

—Tranquilo, soldado, vinimos a traer a Lady Catherine de Cornualles y a Lady Kakyuu de Antor un mensaje de la reina Serena Pendragon. —habla una de las mujeres-ave, y la otra descuelga de su cuello un rollo de papiro mostrando el sello dorado del dragón y el unicornio del anillo de la reina, al ver este sello, los guardias se hacen a un lado, respetuosos del emblema de su soberana, y uno de ellos abre la cortina de la tienda principal, donde la joven pelirroja heredera de Antor y la castaña reina de Cornualles, conferenciaban con los consejeros del senado atendiendo los problemas cotidianos del reino, pero al ver entrar a los soldados y a las dos gemelas cuervo, a quienes reconoce inmediatamente, es Catherine de Cornualles quien alza la mano, deteniendo la lectura de las actas de justicia que hacía un ministro de cabello canoso.

—Lady Catherine, tiene visitantes departe de la reina. —informa el oficial, llegando al lado de su señora, quien se levanta, seguida de la joven con armadura naranja, mirando a las chicas órnico, quienes se hincan delante de ambas. Siempre es sólo una de ellas la que habla, así que inicia su misiva.

—Lady Catherine de Cornualles, Lady Kakyuu de Antor, mi hermana y yo somos portadoras de noticias sobre lo ocurrido en las tierras de Uppsala, que la reina Serena Pendragon envía a ustedes. —dice la mujer-ave y su gemela alarga el pergamino enrollado sellado con el emblema del dragón y el unicornio. Catherine de Cornualles lo toma y lo alarga a Kakyuu de Antor, quien enseguida rompe el sello y lo lee con ojos ávidos de saber las noticias.

—Muchas gracias, jóvenes de Benwick, sean bienvenidas al campamento de avanzada de Camelot, enseguida atenderemos las órdenes de nuestra reina y señora de las cuales son portadoras. Comandante Lynn, ofrezca a las guerreras de Benwick comida y bebida y que reposen de su viaje… —ordena la siempre humana reina de Cornualles, pero en ese momento, Kakyuu de Antor la detiene, posando su mano en el hombro de la mujer mayor.

—El ejército de Camelot ganó la batalla contra el reino oscuro, la reina recuperó Uppsala y expulsó al ejército Oscuro y a Lady Galathine de Gawain. —informa la heredera de Héctor de Antor, ganando una ovación de aplausos y vítores de los consejeros, pero enseguida la joven Kakyuu alza la mano, pidiendo silencio. —la reina nos da libertad para atacar el fuerte Alphard en nombre de Camelot y del ejército de liberación, y nos asegura que Lady Zoicyte no tiene más el medallón maligno, este fue destruido por la reina y el poder del Cristal sagrado y Excálibur, así que no hay riesgo alguno de que los soldados del fuerte convoquen a los demonios del Caos, seremos únicamente nosotros contra ellos. —informa con valentía Lady Kakyuu de Antor, ganando otra ovación de aplausos de los consejeros de Cornualles.

—Lady de Antor, ¿Qué órdenes da la reina para nosotros? —pregunta Catherine de Cornualles.

—Derrotar este bastión del ejército oscuro, recuperar la fortaleza, hondear la bandera de Camelot en la torre y tomar prisionera a la General Zoicyte, después, avanzar tomando los otros fuertes de la frontera, y montar vigilancia por toda esta para detener cualquier reducto del ejército oscuro que venga huyendo de Gawain, dice que avanzarán poco a poco para recuperar todas las ciudades tomadas por los invasores, hasta recuperar todo el reino, pero quiere evitar que intentes reorganizarse. —detalla Kakyyu, Catherine asiente.

—Nos queda clara la orden. Comandante, convoque a todo el ejército y que se preparen para la batalla, a primera hora del día, atacamos el fuerte Alphard. Consejero Hadash, levantaremos la sesión y firmaré un pliego petitorio para que vuelvan al castillo y ordenen al coronel Athalid que convoque al grueso del ejército de Cornualles, porque en cuanto tomemos el fuerte, deberemos cumplir las órdenes de la reina lo más pronto posible y atacar todos los reductos del ejército oscuro. —añade con decisión la reina de cabello castaño.

—Lo haremos enseguida, su excelencia, sólo tenemos una duda… —externa el anciano líder del senado del reino dorado. —Si Lady Minako no va a dirigir el ejército ¿Entonces quién lo hará? —duda el consejero, ya que la ausencia de la gran heroína de Cornualles dejaba vacante el puesto de General Supremo.

—Lo haré yo, Hadash. —con firmeza responde Catherine, ante el asombro de los consejeros. —movámonos de prisa antes que se den cuenta en el fuerte Alphard de nuestra táctica, salgan enseguida. —camina Catherine hacia la mesa y tomando un pliego de pergamino, escribe en este con tinta algo de prisa, para enrollarlo y sellarlo con el anillo del cisne con corona dorada propio de la familia real de Tristán, y alargándolo al consejero, que lo toma, inclinándose respetuoso ante ella, y se aleja con los demás, dejando solas a las dos herederas con las gemelas cuervo y el soldado.

—Comandante, vaya a cumplir las órdenes, en media hora quiero pasar revista personalmente al ejército. —anima la reina, con su voz siempre correcta y amable, logrando que el soldado se retire también.

—Lady Catherine… ¿Alguna vez ha dirigido un ejército o ha estado en una batalla? —pregunta Kakyuu de Antor al ver a la reina de Cornualles acercarse al fondo de su tienda, donde abre un baúl dorado, en que refulge una armadura con peto y falda.

—Nunca en mi vida, Lady de Antor, siempre fueron mi hermano, el rey Lothian, padre de Mina, y mi esposo, los encargados de la guerra, mientras yo y mi cuñada asumíamos las funciones tradicionales de una reina; cuando ellos murieron, me convertí en regente y firmé los tratados con el reino oscuro, así que tampoco dirigí nada militar debido a las prohibiciones que nos imponían y me limité a la administración y diplomacia, después, fue siempre mi sobrina quién se encargó de comandar al ejército. No tengo entrenamiento militar alguno, y la armadura que ve aquí había sido hasta ahora únicamente para ceremonias. —asegura la reina castaña, sacando el peto con el cisne labrado del escudo de la familia real de Tristán.

—Yo tampoco he estado jamás en batalla, aunque mi padre quiso entrenarme en combate, mi madre no lo permitió, y él terminó por pasar sus conocimientos militares a Usa…a la reina Serena. Ahora me arrepiento de no haberme entrenado, porque me siento torpe e inútil para apoyar a la reina. —se corrige Kakyuu y posa su mano en la empuñadura de la espada de Antor, con el escudo del zorro rampante de su tierra y familia.

—Entonces supongo que para ambas será nuestra primera vez, Lady Kakyuu, y daremos nuestro mejor esfuerzo para honrar a nuestras familias y ayudar a la reina, porque en estos momentos Albión necesita guerreros, no diplomáticos. —apoya Catherine de Cornualles su mano en el hombro de la pelirroja que asiente con la cabeza.

—Lady Catherine, Lady Kakyuu, nosotras estaremos en todo momento a su lado, son órdenes específicas de la reina, no quiere que nada malo les pase, además somos las encargadas de tomar prisionera a Lady Zoicyte, hay importantes planes que dependen de su captura para la total reconquista de las tierras del norte y para Camelot. —informa la única de las gemelas cuervo que habla.

—En ese caso, cumplan con su deber, guerreras de Benwick. —sonríe amable la reina.

—La ayudaremos a ponerse la armadura, y no se preocupe, todo saldrá bien, Lady Tristán manda decirle esto: El ejército de Cornualles es disciplinado, valiente y ordenado, sólo se la líder que siempre has sido para tu pueblo y ellos confiarán en ti. —transmite Deimos las palabras que la rubia "Guerrera Dorada" le dijo para su tía antes de partir de la capital del Norte, mientras ajusta los amarres del peto de la gobernante de Cornualles, ayudada por su gemela. Catherine sonríe ante las palabras de aliento de su sobrina.

—Cuando tomemos el fuerte, pediré su autorización para volver a Antor y preparar también a nuestros hombres para la batalla, los necesitaremos para seguir el plan de mi hermana y detener al ejército oscuro cuando cruce la frontera. —afirma decidida la pelirroja joven, y Catherine asiente.

—No necesita mi permiso, Lady Kakyuu, es usted libre de conducirse como crea mas conveniente para apoyar las decisiones de la reina, y sé que siempre tomará las decisiones adecuadas. Ha cambiado bastante desde esos años en que Sir Héctor la enviaba a Cornualles a hacer tratados de comercio y sólo se ocupaba de mejorar su guardarropa, creo que su padre, desde el seno de Selene, está muy orgulloso de ver que al fin se ha convertido en la heredera responsable que Antor necesita. —anima la mujer mayor, ante la sonrisa de Kakyuu, justo cuando las gemelas cuervo, expertas en la labor, terminaban de ajustar la falda de la armadura dorada de la gobernante de Cornualles.

—Gracias por sus palabras, Lady Catherine, voy a necesitar la protección de mi padre en esta primera batalla de mi vida. —asegura la chica pelirroja.

—La tendrá, la de su padre y la de la Diosa, porque estamos realizando la voluntad de su elegida. Vamos. —asegura Catherine de Cornualles tomando la espada que fuera de su difunto esposo, Kakyuu asiente y sale de la tienda a su lado, seguidas de las dos gemelas cuervo, y en cuanto abren la puerta de tela de la tienda de campaña, los soldados, que ya se han congregado, las reciben con un desbordante grito de batalla, que da idea de lo ansiosos que estaban por entrar en acción y cumplir las órdenes de la reina Pendragon, y es entonces que Kakyuu de Antor se da cuenta de la gran fuerza que tenía Serena para encender en el pecho de todos los habitantes de Albión, la luz de la libertad, aún estando ausente.

Ciudad de Uppsala, Tierras de Gawain, Norte de Albión.

Dentro de las ruinas de lo que fue la enorme y majestuosa biblioteca de Uppsala, ahora casi destruida por completo, muchas mujeres de traje y abrigo blanco y trenzas en sus cabellos, vienen y van tratando de recuperar de los escombros los dañados y rotos pergaminos que encerraban la historia completa del reino de Albión y que habían sido una de las más sensibles pérdidas de la invasión del Reino Oscuro, y en medio de aquel desastre que reflejaba perfectamente lo lastimado que estaba el reino de las nieves, avanzaban aquella mañana la heredera Pendragon y la hermosa reina Skadi Gawain, ambas del brazo, seguidas de Luna Merlín.

—¿De verdad creen que pueda rescatarse algo de este desastre, Lady Skadi? —preguntó afligida la joven reina, quien aún conservaba algunas hebras de cabello color plateado, luego de haber utilizado el poder del cristal de plata y de Excálibur en la batalla.

—Puede rescatarse mucho, mi señora, de hecho, es esa la misión de siempre de las mujeres de la orden de Uggla, muchos de los documentos perdidos en la batalla no eran los originales, porque gran parte de nuestro trabajo por siglos ha sido copiarlos, pero sin duda otros sí se han perdido por completo. —explica la soberana del Norte.

—Siglos de historia de Albión perdidos…será difícil recuperarlos. —sigue afligida la joven reina.

—Difícil pero no imposible, igual como se reconstruirá la biblioteca, se reconstruirá todo Gawain, sin duda una guerra no se gana cuando la batalla finaliza, sino cuando el pueblo recupera su vida y su normalidad. —explica la hechicera de cabello azul. Serena Pendragon asiente y se acerca a la derruida cúpula de mármol blanco y plata de una tortuga que estaba justo debajo de la cúpula principal de la biblioteca, y ahora luce derruida y rota, sin agua alguna de las maravillosas fuentes que la decoraban.

—Recuerdo lo que hablamos, tener paciencia, dar pasos contundentes para pacificar y reconstruir el reino y comenzar a replegar los reductos que queden del Ejército Oscuro hasta expulsarlos de la región del Norte…—explica la reina adolescente y suspira hondo sujetándose de la orilla del borde de la fuente de mármol, hasta que sus ojos azules se alzan hacia la pared frente a ella y destellan con un brillo de asombro.

—Si gusta, su majestad, continuemos el recorrido y le explicaré tan detalladamente como solicitó los planes de remodelación de la biblioteca. —invita Lady Skadi Gawain, pero en ese momento la reina rodea la fuente y se detiene frente a la pared frontal donde un círculo de madera blanca labrado en plata se ha desplomado de la bóveda superior.

—Lady Skadi… ¿Qué es ese círculo? ¿Qué dicen sus inscripciones? —pregunta Serena Pendragon acercándose a la gran rueda de madera y alargando su mano hasta tocar la extraña madera blanca. Skadi Gawain se acerca a la reina adolescente con una sonrisa y posa su mano en su hombro.

—Esta es una tabla hecha con madera de los robles plateados del condado de Igraine, mi señora, traída desde la tierra de nuestra familia, fue un obsequio que el Rey Uther y la Reina Serenity hicieron a nuestro reino y al condado de Uppsala, ellos la mandaron labrar y recubrir con plata, la llamaban "El código de la Verdad" el cimiento del reino. —explica la dama de cabello blanco a una asombrada Serena Pendragon que camina más y más hacia el círculo de madera como hipnotizada por los brillos refulgentes de las letras de plata.

—El código de la Verdad… ¿Por qué la llamaban así mis Padres? Únicamente es una tabla… no puede ser cimiento de nada. —duda la chica de coletas rubias. Luna y Skadi se miran una a otra y asienten, como si estuvieran de acuerdo las dos en que era momento para la adolescente soberana de saber esa parte importante de su legado.

—Antes de responderte, Serena, te haré una pregunta… ¿Cuál crees que era el mayor objetivo de tus Padres al casarse y aceptar gobernar Albión? —siempre sabia, lanza aquella pregunta la arcano de la espada. Un momento el rostro juvenil de la muchacha de dos coletas frunce el ceño y reflexiona antes de responder.

—Liberar a su pueblo del azote del Reino Oscuro. —asegura Serena Pendragon.

—Eso fue consecuencia del objetivo de los reyes, mi señora, pero no el principal. —completa Skadi Gawain. La reina mira a ambas mujeres sin entender, y entonces Luna Merlín hace un gesto con su mano cediendo el honor de la explicación a la reina de Uppsala. —ellos deseaban más que nada construir un reino próspero, pacífico, armonios y libre donde las personas pudieran encontrar en sus reyes la mayor protección y seguridad, y para lograr construir ese reino, con el que ambos soñaban, decían que debía cimentarse en esto, no en la tabla, sino en lo que representa. ¿Puede leer las inscripciones? … —pregunta Lady Skadi.

—Valor, Sabiduría, Fortaleza, Liderazgo, Lealtad, Armonía, Justicia, Perseverancia, Verdad… —lee la joven aquellas palabras.

—Tus padres pensaban que el respeto de esas virtudes, era el Código de la Verdad, el que debían seguir y hacer respetar para lograr transformar a Albión en el reino que deseaban, y para ello, pensaban hacer jurar a los nobles gobernantes de cada reino de la isla, por eso los llamaron NOBLES, caballeros, ya que el respeto a este código en sus dominios y bajo su mando, regiría el reino bajo los mismos principios que lo hacían los reyes en Camelot. —explica la hechicera de cabello azul ante los atónitos ojos de la muchacha que parecía recibir esos datos nuevos para ella sobre los planes de sus padres con avidez.

—Caballeros…—repite Serena Pendragon con sus ojos azules brillantes tocando la tabla plateada.

—¡Su majestad! —se escucha la voz femenina, impetuosa y firme, que llega a la biblioteca e interrumpe la contemplación del círculo de madera, mientras la perfecta silueta de la "Guerrera Dorada" envuelta en su elegante armadura del mismo tono y con su capa roja, aparece en la estancia, con su largo cabello rubio sujeto en una larga coleta y el casco con forma de cisne en sus manos, siempre armónica y perfecta.

—Mina. —se emociona la joven reina de coletas al ver llegar a Lady Tristán.

—Lamento profundamente interrumpir su visita de inspección y me excuso de antemano con Lady Merlín y con la reina Skadi, pero acaban de llegar noticias importantes sobre el reducto del ejercito oscuro de la ciudad de Finmarck, están atrincherados en un fuerte, y lo tienen sitiado, así que podemos salir ahora mismo y antes que se oculte el sol le prometo que la bandera de Camelot estará hondeando en la torre. —afirma con ímpetu la valiente guerrera.

—¡Maravilloso, Mina! ¿Y la gente? ¿Están a salvo los ciudadanos? —pregunta siempre atenta a esos detalles la reina.

—Fue por los mismos pobladores que tomaron palos, picos y las armas que pudieron que lograron atrincherar a los soldados en el fuerte, parece que en estos días se ha extendido la noticia de su triunfo, su alteza, y eso ha dado ánimos a la gente de Gawain para levantarse en armas contra los invasores. Unos mensajeros llegaron hace poco a Uppsala e informaron la situación, la gente ha sido valiente, pero necesitan nuestra ayuda. —describe con su voz bien timbrada la hermosa heredera de Cornualles.

—Vamos ahora mismo, Mina… Luna, Lady Skadi, después seguiremos hablando de la tabla y de ese código, tengo muchas preguntas, pero ahora me necesita mi gente. —se despide Serena.

—Vaya a atender a su pueblo mi señora, que Selene la proteja y que la fuerza de sus padres la acompañe. —se despide la mujer de piel pálida y cabello blanco, Serena Pendragon asiente y en uno de sus arranques de emotividad, tan propios de ella, besa la mejilla de la reina de Uppsala y de Luna, saliendo de prisa de la biblioteca.

—No se preocupen, estará bien, yo cuidaré de ella. Y de nuevo mis excusas por alejarla de la importante lección que seguro ambas le daban, pero ahora necesita otro tipo de lecciones. Mis estimadas damas, una compensación a mi impertinencia. —se inclina Lady Minako Tristán ante ambas y saca de su capa dos flores blancas, que pone delicadamente en el cabello de ambas mujeres, para abandonar luego la biblioteca con la gracia alada de una mariposa, dejando a la arcano y a la reina con una sonrisa.

—Mina es una zalamera de lo peor…siempre con sus detalles, sabe salirse con la suya con su encanto. —afirma Lady Gawain, quien conocía desde pequeña a la mejor amiga de su hija.

—Lady Tristán tiene la virtud de saber tocar las cuerdas correctas del corazón humano, igual que lo hace al cantar y tocar el arpa… y me alegra que sea a su lado que la reina lleve a cabo sus deberes militares, ya que Lady Lancelot fue enviada, junto con Lady Bors, a perseguir a los soldados oscuros que escaparon por la frontera Este. —afirma Luna Merlín, retirando la flor de su cabello, no muy cómoda con tal adorno.

—Creo que todo salió como habíamos planeado, la reina ya vio la tabla y ahora conoce el verdadero legado de sus padres, aquel que el tiempo y el destino no consiguió que lograran, el Código de la Verdad. La semilla está sembrada. —afirma Skadi Gawain, y la hechicera asiente.

—Gracias por su ayuda en esto, Lady Skadi, después de la gran prueba que fue para Serena liderar esta batalla, y de todo lo que enfrentó, era momento de que lo supiera, ahora, dejemos que sean sus padres quienes le digan qué debe hacer ahora que conoce el Código de la verdad… Créame, Lady Skadi, porque yo lo he visto en el futuro, que su encuentro con la tabla redonda será definitivo y muy importante para el futuro de Albión. El sueño de los reyes de instaurar la orden de Caballeros defensores del reino, lo hará realidad su hija. —asegura Luna, recordando cuando, siendo ella la joven consejera del rey Uther, por orden de su maestra, lo acompañó en le proceso de creación de aquella tabla y conoció los planes que tenía:

"Mi más grande deseo, Luna, es construir el reino de Albión sobre los cimientos de esta tabla, y que ese código impere en cada ciudadano de esta isla, siendo respetado por todos, desde el rey y la reina hasta el último súbdito, sólo así Albión será verdaderamente libre, oro a la diosa para que me permita lograrlo, pero si no lo logro yo, ya que es una labor difícil, seguramente lo logrará mi hija"

—La Reina Serena Pendragon y sus caballeros de la tabla redonda…eso suena imponente, definitivamente será algo grande. —asegura Skadi, la hechicera sonríe.

—Muy grande, más de lo que podemos imaginar. —asiente Luna, y continúa su camino de inspección de la biblioteca junto a la reina de Uppsala, aunque de vez en vez, voltea sus ojos azules hacia el círculo redondo cuyas letras de plata refulgen con los rayos del sol que entran por los ventanales, y se repite a si misma que espera que todas sus visiones de un futuro glorioso para la Reina Serena y para Albión, sean realidad muy pronto…

Montaña Prohibida, Polo Sur de Albión.

Por las cuevas de pasadizos oscuros que conforman el interior de aquel laberinto subterráneo que era la cede del Reino Oscuro, avanza de prisa la mujer de ojos amarillos y piel morada, siguiendo con paso veloz a la hechicera de cabello rojizo que delante de ella la conduce en aquellas cloacas donde en celdas de gruesos barrotes, se escuchan los lamentos de los prisioneros de las minas, que agotados y hambrientos sacan sus delgados brazos entre los huecos clamando por comida.

Sin embargo, Neherenia Le Fay parece por completo ajena e indiferente a tanto dolor y miseria, y tiene un evidente gesto de preocupación en sus facciones a la vez hermosa y terribles.

—Beryl, espero que valga la pena hacerme bajar a esta inmundicia y que sea cierto lo que me informaste. —advierte la bruja de piel morada.

—Créame, Lady Le Fay, que tiene que escuchar lo que tiene que decir el comandante, lo encontraron los guardias de la frontera, cerca de la tierra de los seres de lava, caminando desarmado, y al reconocerlo lo trajeron aquí, lo que cuenta es realmente…imposible…increíble…pero más allá de eso, dice tener una carta para usted, del puño y letra de la Reina Serena Pendragon, y que no puede entregarla más que a usted en persona… —impresionada narra Beryl a su ama los detalles de aquel encuentro.

—¿Qué ha dicho además de esa estupidez? —furiosa Neherenia, se detiene delante del último reducto de los calabozos en que Beryl de Gaheris tenía sus cloacas personales para experimentar con prisioneros, y dos guardias de armaduras oscuras que vigilaban la entrada, se cuadran y abren una reja de metal oxidado, girado una rueda que levanta esta, permitiendo el paso a las dos mujeres.

—Nada, mi señora, solo repite esa consigna de la carta para usted, y se niega a hablar una sola palabra con nadie más. —asegura Beryl, entrando en el horrible y maloliente espacio, donde otros cuatro guardias vigilan a un hombre delgado vestido con una túnica café con capucha, que en ese momento estaba en su espalda, y llevando un bolso de cuero de animal cruzando en su pecho.

A pesar de la diferencia en su ropa, y de no portar la armadura oscura con casco de fauces de lobo, Neherenia reconoce al coronel Theleón, del treceavo regimiento del Norte, quien era el segundo al mando de la general Zoicyte y principal subalterno a cargo de mantener en orden la provincia de Gawain, enviando tributo humano y en especie al reino oscuro. Beryl y Neherenia se detienen frente al hombre, quien se pone de pie y se hinca delante de su ama.

—Lady Le Fay. —susurra este. La bruja de ojos amarillos le hace una señal con su mano de uñas largas para que se ponga de pie.

—Coronel Theleón…Beryl me ha contado su extraño relato sobre una carta que porta para mí, supuestamente departe de la heredera Pendragon. —inicia la mujer de piel morada, el hombre asiente.

—Es cierto, mi señora, vengo desde tierras de Gawain, cabalgando sin descanso, con la misión de entregarla únicamente en su propia mano. —responde el tipo canoso y busca en el bolso de piel, extrayendo un cilindro de pergamino, atado con una cinta plateada, y sellado con el emblema de cera del dragón y el unicornio.

—Di a nuestra ama, Theleón, que te has negado rotundamente a dar información sobre la campaña del Norte. —afirma la pelirroja, el hombre asiente.

—Mis órdenes son hablar únicamente delante de Lady Le Fay. —asegura el soldado y extiende el pergamino enrollado hacia el ama del reino oscuro, quien se lo arrebata sin miramiento alguno, mirándolo fijamente con sus pupilas felinas color amarillo, analizando cada detalle, desde su tono de voz hasta su piel y su vestido.

—¿Órdenes? ¿De quién las recibiste? ¿De Zoicyte o de Galathine? —lanza desconcertada Beryl.

—De ninguna de las dos, Lady de Gaheris, las órdenes fueron de la reina Serena Pendragon de Igraine, en persona. —responde el hombre, mientras la mujer pelirroja, furiosa, lo sujeta del cuello.

—¡Te atreves a decir que obedeciste las órdenes de nuestra máxima enemiga, maldito traidor! —ruge Beryl, pero Neherenia posa su mano de uñas negras sobre la muñeca de su segunda al mando.

—Beryl, suéltalo… —ordena Neherenia, aun sin abrir el pergamino, mientras la hechicera de cabello rojo, obedece soltando al hombre que tose un poco después del ataque, cayendo de rodillas —coronel Theleón, ¿Por qué motivo recibe y acata órdenes de Serena Pendragon y no de sus superiores inmediatos? —se hinca Neherenia a la altura del soldado, que todavía recupera el aliento.

—Porque… ella derrotó al ejército oscuro del Norte, mi señora…venció a Lady Galathine, y recuperó Uppsala… —informa el pobre coronel, mirando a su líder con miedo evidente. Beryl contempla a Neherenia, esperando de su parte un exabrupto como muchos que había presenciado anteriormente, cuando alguno de sus planes no marchaba como deseaba, mínimamente como cuando se enteró que ella había fracasado en la invasión a Camelot, pero en vez de ello, la líder del reino oscuro se levanta del suelo y les da la espalda a todos.

—¿Cómo fue posible que vencieran a Galathine con el medallón oscuro y todo ese poder?...además del treceavo regimiento que estaba en Gawain mas los hombres que acompañaron a Galathine debían ser más de 500… —pregunta de espaldas Neherenia.

—La reina, es muy poderosa, mi señora, tiene la espada sagrada, y con ella en su brazo dirige a los ejércitos de Benwick, de Cornualles, de Bors, y además a los renegados que se salvaron de Gawain en la invasión, tienen de su lado el poder de la Diosa, son invencibles, y ella, la reina, destruyó el poder del medallón de Lady Galathine con la espada, nos vencieron… —relata el asustado soldado. Beryl de Gaheris escucha atenta todo el relato, recordando que Diamante Le Fay apagó el poder del medallón oscuro con el mismo poder plateado de la diosa, que el coronel estaba describiendo tenía la reina Serena.

—¿Asesinó a Galathine? ¿La viste muerta? —duda Neherenia volteando al fin a mirar al soldado y a Beryl.

—No, mi señora, yo estaba comandando a las fuerzas del ejército que defendíamos la ciudad desde dentro de las murallas, recibí la orden de Lady Galathine de ocuparme de eso, y ella desde la torre más alta, dirigía el ataque con el medallón, lanzando a los monstruos sobre el ejército real, cuando de repente, cesó el poder de este y una gran explosión de luz plateada salió de la torre, enseguida, los monstruos se hicieron polvo y aparecieron soldados de Camelot dentro de la ciudad atacándonos por dentro y por fuera, abrieron las puertas de la muralla y nos derrotaron. Nadie sabe qué le pasó a Lady Galathine, se dice que desapareció herida, pero hasta el momento en que abandone el reino de Gawain, no aparecía. —responde el soldado. Neherenia escucha todo en silencio, analizando todo con su mirada astuta.

—Theleón, ¿Qué fue de los demás soldados? ¿Fueron sacrificados? ¿Hechos prisioneros? —pregunta Beryl.

—No, lady Beryl, ni una cosa ni la otra, la reina Pendragon nos ofreció un trato justo si nos rendíamos, cuando entraron a la ciudad, no nos asesinaron, y sólo estuvimos prisioneros poco tiempo…ella iba liberando a grupos de soldados en la frontera con Cornualles o con Antor, dándoles ropa y comida para algunos días, y la libertad de ir a donde quisieran. —explica el soldado.

—¡Eso es estúpido! ¿Qué clase de reina es si trata de ese modo a los enemigos? —desconcertada Beryl, quien sabía bastante bien las reglas sádicas y terribles del reino oscuro con sus prisioneros de guerra.

—La joven heredera Pendragon hace muchas cosas desconcertantes, Lady Beryl…a mí me trató con muchas consideraciones, y me liberó al final de todos, con la consigna de venir a entregar la carta a nuestra ama, un grupo de soldados de Bors me acompañaron hasta la frontera del Polo, y me dejaron ahí sin agredirme ni tratarme mal, más parecía que en el camino de Gawain hasta aquí me vinieran protegiendo y no trayendo prisionero… —explica el hombre. Neherenia levanta una ceja, como único gesto de que había escuchado, analizando todo.

—Coronel, ¿Pudo escuchar algo sobre los planes de esa estúpida niña? ¿Qué harán ahora que recuperaron Uppsala? —pregunta al fin la bruja de piel morada, jugando con el pergamino en sus manos.

—Reconquistar Gawain es su meta, mi señora, recorrer todo el territorio y hacer que los reductos de nuestros hombres de cada ciudad y fuerte se rindan o sean vencidos en batalla. Y después planean seguir haciendo lo mismo con Antor y con Cornualles…creo que debería enviar apoyo a nuestros soldados que siguen ahí, mi señora, al menos Lord Neflyte sigue en Cornualles, y es fuerte en la ciudad de Breogán, y a Lady Zoicyte en el fuerte Alphard… —insinúa el hombre de cabello blanco, pero Neherenia ya no lo escucha, sino que, dándole la espalda, abandona la mazmorra con paso acelerado.

—Theleón, limítese a contestar únicamente lo que se le pregunte, no se atreva otra vez a hacer sugerencias a nuestra ama, ella sabe lo que debe o no debe hacerse, y no se le ocurra decir una palabra de lo que se ha hablado aquí… intégrese en el séptimo regimiento, con el coronel Kaderi, tome una armadura y vuelva a sus ocupaciones. —afirma Beryl, el soldado asiente y la hechicera de cabello rojo corre tras su ama, a la cual alcanza a ver subir las largas escalinatas que conducen a los aposentos superiores de la fortaleza, incrustada en esa montaña, y la sigue, hasta la sala del trono, donde permanece oculta tras una columna, mirando a su ama sentarse en el trono y abrir al fin el sello que mantenía cerrado el pergamino, mientras lo desenrolla y posa sobre él sus ojos amarillos y felinos.

Desde su escondite, Beryl de Gaheris no pierde detalle de cada expresión que delata el rostro de Lady Neherenia Le Fay, que recorre desde la más completa sorpresa hasta la más atroz ira, culminando con un grito de rabia evidente que hace temblar a Beryl, quien observa a la bruja de piel morada arrugar en sus manos de uñas largas y negras el pergamino y lanzarlo al suelo, abandonando la sala del trono enseguida. Lentamente, Beryl se aproxima hasta estar cerca del trono y levanta el pergamino arrugado por su ama, desenrollándolo lentamente y posando sus ojos en la larga escritura de aquel mensaje:

Serena Pendragon de Igraine, legítima heredera al trono de Albión, reina de Camelot y comandante suprema del ejército de liberación, hija de Uther Pendragon y Serenity Igraine, y elegida de Selene, a Lady Neherenia Le Fay, líder del reino oscuro.

Sin conocerla en persona, me dijo a usted por medio de uno de sus propios hombres para exigirle que desista de sus planes de conquista del reino de Albión, el cual está bajo mi cuidado y protección desde que juramenté como reina, hace unos meses.

Antes, cuando aún ignoraba quién era y mi destino, la gente de esta isla bendita de la diosa estaba desamparada, y no había nadie que detuviera los perversos planes con los que usted, por medio de la traición y el engaño, conquistó Camelot y asesinó a mis padres y a todos los nobles que defendían el legado de la diosa.

El maligno poder que usted desató y ahora posee, era imposible de vencer por medios humanos, sin embargo, Lady le Fay, la justicia es sabia y siempre llega en el momento indicado para dar a cada cual lo que merece, y la justicia ha dictado que Camelot regrese a manos de quien pertenece, que vuelva a ser la tierra libre y próspera que era cuando mis padres gobernaban y que se termine el sufrimiento y la esclavitud a la que usted y los esbirros de Ghen lo tienen sometido.

Selene me ha elegido a mi para cumplir con esa misión y volverme el brazo de la justicia que regrese a cada cual lo que le corresponde según sus obras, y usted y yo sabemos, Lady Le Fay, que, al hacer recuento de nuestras obras y ponerlas en una balanza regida por la justicia, usted sale perdiendo.

La primera victoria que hemos obtenido en el norte es solo una prueba de que la diosa y la justicia sostienen mi brazo y dirigen mi espada, el poder de Selene me ha sido otorgado como herencia para que sirva en beneficio de la gente de Albión, sea esto prueba de lo firme de mi decisión de liberar a mi pueblo de sus garras y de las garras del reino oscuro.

Otra reina, menos magnánima, continuaría la campaña militar sin importar nada, pero en mi caso, además del deseo de evitar muertes y dolor a mi gente, me mueve el motivo personal de ser usted una mujer de la nobleza, de la casa de Le Fay, y tía de sangre de mi hermano Diamante, lo cual me hace tenerle consideraciones que de otra forma debería ignorar dada la suma crueldad con que sus acciones se han visto caracterizadas siempre.

Por ello, la insto a la rendición, sepa de antemano que no soy partidaria de una violencia innecesaria, y que me duele el dolor de mi pueblo, así que un acto de rendición suyo ahorraría años de batallas y de muertes innecesarias. Si acepta la rendición, envíe una respuesta con el mismo soldado que llevó la misiva, y le juro por el honor de la familia Pedragon y por mis padres, que recibirán usted y los suyos el mismos trato justo y humano que recibieron los vencidos en Uppsala.

Si, por desgracia, se niega a la rendición, sepa que con la misma vehemencia con que di mi palabra para ser magnánima con usted, ahora seré su peor enemiga. Para mí nada es más importante que el bienestar de mi gente, por ellos, soy capaz de todo. Si se empeña en continuar con esta cruel invasión, desoyendo mi ofrecimiento anterior, le juro que no descansaré hasta lograr la liberación de mi pueblo y la completa derrota del Reino Oscuro, así eso implique que en poco tiempo me vea con mi ejército en las faldas de la Montaña Prohibida, donde con favor de Selene venceré y usted sabe que, en dicho caso, vencer no puede significar otra cosa que su muerte.

Confío, Lady Le Fay, en que una líder como usted sabrá valorar los pros y contras de cada una de sus elecciones, y que no le quepa duda alguna que, elija lo que elija, la reina que ahora escribe estas palabras tiene toda la firmeza de carácter de una Pendragon y todo el poder sagrado de la dinastía Igraine para llevar a cabo lo que promete, sea esto la paz y la vida, o la guerra y la muerte de sus enemigos.

SERENA PENDRAGON

Beryl suspira preocupada, comprendiendo la ira desbordada de su cruel ama, ante semejante desafío de la reina, la conoce y sabe que jamás se rendiría, ella sabe los planes a largo plazo, los "verdaderos" planes de Neherenia Le Fay, más allá de la pretendida invasión, aquellos que involucran a la pequeña bebé de cabello rosado y poder desbordante que ha asesinado al menos a seis nodrizas y a quien se resguarda como el mayor tesoro del reino oscuro, y sabe también que es imposible que su ama desista, pero habiendo sufrido en carne propia un poco del poder de la Diosa se preocupa también por el futuro que les espera si dos voluntades como las de Neherenia Le Fay y la de Serena Pendragon se enfrentan y chocan entre sí…

Bosque del silencio, Camelot, tierra media.

El joven de cabello plateado avanza con cuidado entre los árboles del bosque, aquella noche especialmente nublada y con pocos rayos de luna, aunque en realidad daba igual que la luna hubiese alumbrado el bosque de los alrededores de la capital de Albión, ya que Diamante tenía los ojos vendados, y caminaba lentamente pero con seguridad, esquivando ramas, rocas y obstáculos de piedra, concentrado en su entrenamiento y aprendiendo a potenciar su capacidad para leer y sentir la energía de todo lo que lo rodeaba.

Era como poder ver el paisaje de alrededor pero con un brillo blanco que le indicaba de qué se trataba, hasta que repentinamente sus agudos sentidos percibieron un sonido de algo que rompía el viento y una energía que sobrepasaba la de todo ser vivo de los alrededores y ágilmente saltó con habilidad para esquivar una poderosa descarga de poder parecido a fuego morado que venía de entre la maleza del bosque la cual se estrella en un conglomerado de rocas, dejando un hueco en ellas.

Sin embargo, en cuanto salta, percibe ahora la misma energía que viene de arriba, de entre las ramas de los árboles y ahora lo ataca con esferas del mismo poder que caen sobre él y le cuesta demasiado esquivar, una de ellas desgarra parte de su túnica y sin que lo espere, de debajo de la tierra surgen largas lianas de la luz morada que atrapan uno de sus brazos y lo jalan con fuerza.

Diamante Le Fay usa su mano libre, encendida con poder plateado, para cortar de tajo aquellas lianas de luz morada, y ya libre, dirigir un haz de luz blanca hacia una rama específica de roble tras él, la cual corta con su poder acompañado del grito de una niña pequeña que cae, pero el joven de prisa y ágilmente, con una velocidad sorprendente, salta unos matorrales y atrapa a la niña en sus brazos.

—Muy bien, fin del entrenamiento… —se escucha una voz masculina, firme y segura, y el arcano de largo cabello blanco, aparece en medio del bosque apoyado en su báculo. Diamante se quita la venda de los ojos y mira sonriente a la pequeña niña de corto cabello negro que tiene sus ojos cerrados y apretados.

—Todo bien, pequeña Lady Galahad, puede abrir los ojos. —asegura el joven y baja a la pequeña que lo mira con sus ojos amatista muy abiertos.

—¡De nuevo ganó Lord Le Fay!... ¿Cuándo ganaré yo? —se queja con su voz infantil la niña, haciendo reír a los dos hombres; Artemis Nimue despeina los cabellos negros de la pequeña.

—Cuando aprendas a concentrarte y a trabajar mejor lo que hablamos en tus clases, ¿Lo recuerdas? —Hotaru Galahad asiente.

—Sí, lo recuerdo, abuelo Nimue, "Factor Sorpresa" —asegura la niña. Diamante sonríe al escuchar a la pequeña llamar así al hechicero.

—Bien, por hoy basta de entrenamiento, ve a buscar las flores y plantas que necesitamos para las medicinas y los experimentos….¡Anda!...además escondí algunas golosinas en el bosque, las que encuentres son tuyas. —alarga Artemis una bolsa de tela blanca a la niña que sonríe feliz tomándola.

—¡Genial, abuelo! —se emociona Hotaru y silba de una forma peculiar, mientras de la maleza del bosque salta un imponente y enorme oso pardo con silla de montar que la sigue como si fuese el más fiel de los perros.

—¡Por la diosa!... ¿Eso es el oso de Lady Sagramore? —se asombra Diamante, quien limpia su sudor con la tela que antes cubría sus ojos.

—El mismo, parece que desde que Lady Sagramore me ayuda con el entrenamiento físico de Hotaru, "Thor" le ha tomado cariño a la niña. Lo curó a su regreso de la batalla contra Lady Beryl y los animales suelen ser así de leales, ahora la sigue a todos lados. —asegura Artemis Nimue y camina junto con el joven de cabellera rubia hacia un arroyo, donde Diamante toma agua en sus manos y se refresca la cara.

—La pequeña Lady Galahad tiene unos dones excepcionales, y una sensibilidad que rebaza cualquiera que haya conocido antes…cuesta creer que me esté ayudando a entrenar y tenga sólo seis años. —comenta asombrado Diamante Le Fay.

—Como usted lo ha dicho, es una niña muy especial. Su padre, Lord Dagda Galahad, descendía de una línea materna de poderosos hechiceros de los bosques de Galahad, llamados "Druí", su madre, la abuela paterna de la niña, era una importante hechicera respetada por Lady Danna, mi maestra y la de Luna, eso da a la niña una predisposición consanguínea para la magia, algo semejante a usted y a mí. —explica el hechicero, sentándose en las rocas al lado del muchacho, que seca su rostro y manos con el pedazo de tela.

—Y si a eso le suma la herencia Lancelot, de la madre de la pequeña, que según se es Lady Brigid de Benwick, hermana mayor de Lady Lancelot, tenemos una curiosa combinación que se encarna en esa niña…dígame…¿Tiene planes específicos para ella?...porque sus dones excepcionales necesitan encausarse y prometen mucho para el futuro. —indaga Diamante.

—De momento, únicamente formarla, como bien dijo usted, dos herencias poderosas confluyen en la pequeña Hotaru, su naturaleza la predispone como futuro arcano, si desea seguir el camino de la formación mágica, pero, por otro lado, tiene la inquietud y la impetuosidad de los Lancelot, y si algo aprendí con Rei es a no adelantar juicios; finalmente será la misma Hotaru quien elegirá el camino adecuado. —responde el hechicero de cabello blanco.

—Ya lo llama abuelo… —sonríe Diamente, Artemis asiente.

—Primero me llamaba Padre, pero cuando Rei me llamaba de la misma forma, y siendo ella su tutora legal, me dice "Abuelo" además argumenta que es más cariñoso y que le agrada tener uno ya que sus dos abuelos murieron.

—¿No le molesta?...según tengo entendido, los arcanos se dedican toda su vida exclusivamente al servicio de sus dones, y tiene prohibido entablar relaciones afectivas con otros. —detalla Diamante lo que conocía sobre las sagradas ordenes de magos que guardaban las reliquias sagradas.

—Es verdad, Lord Le Fay, es un requisito ineludible para ser arcano, olvidar los afectos del mundo que nos impidan tener claridad en nuestro deber, lo supe siempre y lo asumí lo mejor posible, aunque fracasé en el intento, ya que no logré deshacerme de dos clases de amor, que para mi posición de arcano son sumamente peligrosos: El amor de pareja y el amor de Padre. —confiesa honesto el mago de cabello blanco.

—Lo dice por Lady Merlín… y supongo que, por Lady Lancelot, quien, aunque no es su hija de sangre, lo llama y trata como a un Padre. ¿Sabe algo, Lord Nimue?...cuando conocí a Lady Lancelot, me desconcertó mucho su aura, aunque notaba en ella la impetuosa luz roja que es normal en un heredero de Benwick, había ahí otra presencia, un aura dorada, de luz inmensamente pacífica que contrastaba con su otra esencia, y no lograba comprender esa extraña dualidad…

—Rei fue educada en el santuario del Cristal de Plata en medio del lago sagrado de Ávalon, Lord Le Fay. En tiempos de la gran invasión, después de la caída de Camelot, los reinos del Sur se levantaron en armas para resistir la invasión del reino oscuro, usted debe saber que algunos de los más feroces defensores de la libertad de Albión fueron Lord Ban Lancelot y sus hijos, y que eso les costó el exterminio absoluto del reino de Benwick… —Diamante asiente recordando sus primeros momentos en la Montaña Prohibida a donde fue llevado por Neherenia después de la tragedia en Camelot, y aunque en ese instante era un niño casi de la edad de Hotaru, sí recuerda muy bien haber visto a Lady Erzebeth Galathine llegar delante del trono de su tía y lanzar en el suelo la cabeza de Ban Lancelot…y no olvida la impresión que le causó el rostro feroz del valiente guerrero que él conocía por ser uno de los más cercanos a Uther Pendragon, horriblemente decapitado.

—Sé lo que le ocurrió a la familia Lancelot… vi a Galathine llevar a Neherenia la cabeza de Lord Lancelot. —explica el muchacho.

—La decapitación fue solo un requisito, Lord Le Fay, en realidad la orden fue mucho peor. Todos murieron desangrados y empalados vivos, con lujo de crueldad departe de Galathine, incluso los dos príncipes pequeños y la reina Eleine…yo los vi por mi mismo y es una imagen demasiado dolorosa y terrible, usé un hechizo de invisibilidad con una capa para poder ver si lograba salvar a alguien, gracias a eso la reina usó su último aliento para pedirme que cuidara a Rei, ella la había ocultado en un hueco del suelo cerca del trono y de ahí la rescaté y la llevé conmigo.

—Escuché un poco de esa historia cuando tuvimos la reunión en la tienda de Serena, para votar por la guerra o la diplomacia, supe que Lady Lancelot vio la muerte de su familia y para una niña pequeña debió ser una experiencia terrible. —deduce Diamante Le Fay.

—Así es, ya se dará cuenta de lo difícil que fue para mi curar primero su alma, y darle un entrenamiento espiritual que borrara de ella todo deseo de venganza y la ayudara a canalizar sus poderes y su temperamento. Quise formar un alma que fuera útil a la causa de la reina y la perpetuidad y continuación de su nombre y legado, y no a alguien que muriera al primer intento de enfrentar a Galathine.

—¿Por qué no la entregó a su familia? Ella tenía a su hermana mayor, la madre de Lady Hotaru Galahad, o a Lord Bors que sé era primo del rey Ban Lancelot. —pregunta Diamante. Artemis Nimue sonríe.

—Primero, porque ella no quiso, deseaba quedarse conmigo, y después…por egoísta, no tengo por qué ocultarlo. Me fue muy sencillo tomarle cariño, y no me atreví a dejar a su suerte un alma tan atormentada como la suya, esa niña con tanto dolor guardado y la experiencia que vivió, sin una guía espiritual que le mostrara el camino correcto, sería un incendio desbocado que seguramente habría muerto hace mucho tiempo sin pena ni gloria alguna en manos de ese monstruo. Tristemente debo confesar que ni todo el entrenamiento espiritual que le di logró contenerla del todo, usted la conoce…mi intensión siempre fue formarla como arcano y que en un futuro me sustituyera en el santuario del cristal, pero la sangre Lancelot en ella fue por mucho más poderosa y en su destino jamás estuvo ser arcano, sino guerrera.

—La conozco, y aunque no nos llevamos bien, porque supongo somos opuestos por naturaleza, debo reconocer que es una guerrera muy diferente a las demás que rodean a mi hermana, a pesar de sus exabruptos, locuras e impetuosidad, tiene un elevado sentido del deber y la lealtad, y es justa y noble, ha hecho mucho por Albión y por el reino, pero más que todo, por Serena, y estoy seguro que seguirá haciéndolo, y que la ayudará a levantar de nuevo la bandera de la liberad en nuestra isla. —honesto responde Diamante.

—Gracias por su apreciación, Lord Le Fay, a veces me cuestiono si hice o no bien en educarla de ese modo y en crear con ella esos lazos de paternidad…Luna dice que Rei es mi mayor debilidad, y no se lo he negado nunca, pero ¿Sabe que he descubierto? — pregunta Artemis Nimue. Diamante niega con la cabeza. —Que ser el padre de Rei, también es mi mayor fortaleza. La paternidad es un lazo indestructible que nos ata para siempre a un amor especial, puro y hermoso, como lo es el cariño de un hijo, y en mi situación, sólo podría ser padre de esta manera, y no me arrepiento. Siento que pase lo que pase con mi vida y ministerio en el futuro, alguien quedará que siga mi legado y no olvide mis enseñanzas y que, de alguna forma, yo viviré siempre en mi hija, y el cariño que le tengo a ella es tan especial, que jamás se terminará. —narra emocionado el arcano sus sentimientos, llegando sus palabras muy en lo hondo de los sentimientos de Diamante, cuyo corazón se oprime al pensar en aquella pequeña bebé de cabello rosado, tan parecida a Serena, que era su hija y que le habían arrebatado.

—Esas palabras…esa definición de paternidad, Lord Nimue…es…hermosa…

—¡Pero Lord Le fay! ¿Está llorando? ...no creí causar semejante reacción en usted… —se alarma Artemis, Diamante se da cuenta entonces de las lágrimas que caen por sus mejillas y, apenado, se apresura en limpiarlas con su mano.

—No se preocupe es sólo que…de pronto recordé a mi padre…y me di cuenta que murió demasiado rápido como para que yo pudiera recordar algún lazo semejante…y quien pudo haberlo sido para mí, el rey Uther, también murió, así que no conocí ese sentimiento recíprocamente. —miente un poco el muchacho de cabello plateado, incapaz de confesar a Artemis el verdadero origen de sus reacciones.

—No tiene que excusarse conmigo, contrario a Luna, no soy de los que creen que los sentimientos naturales y humanos estorben en la formación de arcano, al contrario, ayudan a templar el espíritu y nos dan una visión superior de la magia. —sonríe Artemis.

—En la montaña prohibida y en el reino oscuro, cualquier emoción humana que no sea el miedo, es cruelmente reprimida, así fui formado, en el odio y la venganza, creo que por ello sólo tenía poderes de sombras, como mi padre, y mantenía reprimido el poder plateado de mi madre, al grado que ni siquiera sabía que era capaz de usarlo. Lord Nimue…¿Cree de verdad que esta dualidad de mis dones no es riesgosa? —pregunta Diamante.

—Depende de usted si lo es o no, en este momento están en clara desventaja sus dones de luz frente a los de sombras, que tiene toda una vida entrenando, pero el objetivo de este entrenamiento es ayudarlo a encontrar el equilibrio entre ambos poderes en usted, algo así como lo que logró Rei, ya que negar su esencia Le Fay es imposible, antes bien debe aprender a usarlo a su favor y a asumirlo como parte de su aura. —instruye el arcano. El joven Le Fay suspira hondo.

—¿Y qué pasa si no lo logro? Cuando Lady Merlín regrese, quizá no me acepte como su aprendiz, y quiero serlo…sé que ella es la mejor y mas poderosa arcano de todo Albión…es decir…no es por minimizarlo, Lord Nimue… —se sonroja Diamante dándose cuenta de que, quizá esa apreciación suya podía molestar al hechicero, pero este ríe divertido.

—No se avergüence, Lord Le Fay, no me causa conflicto alguno reconocer que Luna es por mucho más poderosa que yo, lo he sabido siempre, desde que ambos éramos aprendices de Lady Danna, y sobre su entrenamiento, tampoco se preocupe, si Luna regresa con la reina antes de que logremos estabilizar sus dones, entonces irá conmigo al santuario de Ávalon, y hasta que lo logre, volverá a Camelot para ser entrenado por ella, porque debo advertirle que Luna es todo menos paciente, y cuando lo tome como su aprendiz entenderá la diferencia entre un entrenamiento mío y uno de la mejor arcano de Albión. —palmea Artemis la espalda del muchacho, quien sonríe.

—Gracias por todo, Lord Nimue, de verdad no tiene idea lo que significa para mí su apoyo, quiero ser un arcano, para poder ayudar a Serena en la construcción del reino que alguna vez siendo pequeño ayudé a destruir. —vehemente externa Diamante. —se lo debo a ella, al recuerdo de mi madre y al del rey Uther y a… a…—de nuevo se detiene sin atreverse a nombrar a su pequeña Rini. —a mi mismo. —recupera enseguida el control de sus nervios.

—Lo hará, Lord Le Fay, pero, al igual que con Hotaru, no force a nada al destino, y deje que la diosa hable en el momento adecuado, ya sea que lo elija como guardián del cristal o de la espada.

—Lord le Fay…¿Es cierto que hay más arcanos en Albión? Los de las otras dos reliquias sagradas, escuché alguna vez a Neherenia hablar de ello, pero dijo que estaban ocultos, que no se sabía su ubicación ni la de la copa sagrada o la de la lanza de poder…pero siempre pensé que eran sólo mitos o cuentos, no realidad…

—Todo a su tiempo, joven Le Faym todo a su tiempo, cuando termine su entrenamiento y sea un arcano, entonces sabrá más de los secretos de esta isla y de la magia de la diosa, por ahora, no se preocupe por ello…

—¡Abueloooo! —se escucha la vocecita infantil de Hotaru que corre y se lanza en los brazos de Artemis, mientras el enorme oso que la sigue se echa dócilmente en el pasto junto a los dos hombres.

—No niegas tu herencia Lancelot, pequeña, saltas sobre mí con la misma fuerza con que no pocas veces me derribó Rei . —la sienta el arcano en sus piernas.

—Abuelo, encontré todas las plantas y raíces para aprender las fórmulas de curación, y también cuatro golosinas. —presume la niña el contenido de su bolsa de tela.

—¿Cuatro?...eran cinco, pequeña mía, así que te falta una más —presiona el hechicero la nariz de la niña de ojos amatista.

—¿Falta una?... ¡Ya dime dónde la escondiste, Abuelo Nimue! Anda… —lo jala Hotaru de la mano llevándolo con ella, y Diamante, sentado sobre las rocas del riachuelo, mira a lo lejos a Artemis jugando con la pequeña y alzándola en sus brazos, y por un momento imagina esa misma escena entre él y la pequeña niña de cabello rosado.

—Lucecita…no voy a descansar hasta volverme el más poderoso de los arcanos y poderte rescatar, te salvaré de las garras de esa bruja, y no permitiré que te use para sus perversos fines…pero mientras llega ese día, por favor, madre, protégela, ella también tiene sangre Igraine, no dejes que Neherenia apague del todo su luz interior…por Serena y por mí. —ora el joven Le Fay mirando el cielo pintado de destellos naranjas, donde el sol se oculta anunciando el fin de un día más, uno más de los muchos que faltaban para volver a ver a su hermana…

Montaña Prohibida, Polo Sur de Albión.

La mujer de piel morada y cabello ondulado, camina por las cuevas subterráneas que conducen al centro incandescente del volcán interior que es aquella montaña caliza y ominosa, se coloca delate de una enorme roca circular con emblemas cabalísticos labrados en ella y sus ojos amarillos destellan con una luz roja, la cual se proyecta a todos los símbolos de la roca encendiéndolos todos y accionando el secreto mecanismo que abría la piedra en dos partes permitiéndole el acceso y cerrándose con sonido sordo tras ella.

Neherenia Le Fay camina por encima de la roca puntiaguda que lleva hacia el cráter central del volcán en donde el horrible ente de muchos ojos y tentáculos flota en medio de un aura rojiza sobre la lava. La mujer de piel morada dobla las rodillas y se hinca en la punta del peñasco.

—Mi señor…aquí estoy, recibí su llamado en mi cabeza por la noche…—con tono servil habla la bruja, el engendro de tentáculos responde con su voz cavernosa, ronca y vibrante:

—Neherenia, al fin te tengo frente a mí, sentí la perturbación en tu poder estos días, tu agitación y tu miedo, sabes lo unidas que están nuestras esencias y sé el motivo de tu rabia y de tu miedo… —habla el monstruo y sus múltiples ojos parpadean.

—¡No es miedo! … es impotencia e indignación mi señor, ¡Me desafió! ¡Esa maldita chiquilla me desafió! se atrevió a ponerme condiciones...—deja salir su frustración Neherenia, una risa del engendro es la respuesta.

—Eso es miedo, Neherenia, miedo e incertidumbre porque por primera vez en años te enfrentar a un poder no solo igual sino superior al tuyo. —Afirma Ghen. Neherenia presiona sus uñas negras en sus palmas hasta hacerse daño, furiosa e indignada.

—¡Pero mi señor! Yo conozco mejor que nadie el real alcance del poder oscuro, de ese poder que emana de usted y me comparte magnánimamente, no hay nadie sobre la tierra de Albión que lo iguale o supere, quizá esa… reina adolescente tenga de su parte la herencia de la diosa, pero no sabe manejarla, no tiene experiencia, no tiene la menor idea del tipo de poder que posee, en eso le llevo enorme ventaja… —explica la bruja.

Entonces no entiendes por qué nos está venciendo. Neherenia, Neherenia, yo te lo advertí, te lo dije antes que iniciaras esta estrategia inútil de pretender resistirte, te dije que su poder era igual al mío, que enfrentarlo frontalmente no sólo era insensato sino inútil porque ella ten vencería, incluso te permití ver la visión que yo tengo a diario, el futuro donde el estandarte del dragón y el unicornio hondea por todo Albión….¡Deliberadamente me desobedeciste! —ruge el monstruo alzando su voz terrible y tocando con dos de sus tentáculos a la bruja de piel morada que recibe una descarga de poder rojizo el cual la derriba en el suelo entre estelas de humo.

—¡Mi señor! ¡Tenga piedad! ¡Sólo intentaba asegurar la soberanía del reino oscuro! ¡Aprovechar la debilidad del reino de Camelot! —se excusa Neherenia, al fin el monstruo de tentáculos aleja estos del cuerpo de su sirviente y la bruja tose entre estertores en el suelo.

Espero que sea la primera y última vez que desobedezcas mis órdenes, Le Fay, recuerda las jerarquías, yo soy el dios, tu la sierva, y como tal, tu éxito depende de lo eficiente de tu servicio, no vuelvas a decidir por tu cuenta si no quieres otro fracaso mayor, y recuerda que, así como te he favorecido puedo hundirte y retirarte mi apoyo. Sabes bien cuál es nuestra prioridad, ¿Cierto?... ¡Repítela y ponte de pie! —ordena con su voz cavernosa el engendro flotante. Neherenia Le Fay se hace daño a si misma enterrando más sus uñas en sus palmas sabiendo humillado su orgullo.

—Nuestra prioridad es velar por el correcto desarrollo de la Niña Mordred…la niña de Luz y Sombra que traerá a nosotros por derecho de sangre las reliquias sagradas que ayudarán a que usted, nuestro amo y señor, abandone esta forma débil y frágil y tome carne y cuerpo humano en esa niña y pueda volverse al fin amo y señor de toda la tierra conocida. — responde la bruja de ojos amarillos irguiéndose delante del monstruo.

Si sabes con tanta claridad nuestra finalidad, Neherenia, espero ya no te salgas de nuestros planes en búsqueda de cambiar un destino que tienes perdido. —advierte el terrible ser de tentáculos.

—¿Entonces hay que esperar a que esa niña estúpida nos siga desafiando? ¿Vamos a quedarnos mirando como se deshace de nuestros ejércitos? ¿Cómo destruye el imperio que hemos construido? —indignada Neherenia replica a su amo con toda la furia de su orgullo herido. Una risa del monstruo es la respuesta.

Desde luego que no, Neherenia, dije que no gastaras hombres y esfuerzos en combatirla de frente, porque ella te vencería, pero no dije nada sobre la pasividad del reino oscuro. A partir de ahora, no será la prioridad de nuestra armada enfrentar a la reina sino atacar lo que más le duela. —afirma el ser maligno.

—No comprendo, mi señor…

Lo harás. ¿Qué es lo que mas ama la heredera Pendragon? Ella misma te lo dijo en es carta que tanto te ha sacado de tu centro. —afirma Ghen. Neherenia se concreta un poco reviviendo algunas de las palabras de esa maldita carta. "Si, por desgracia, se niega a la rendición, sepa que con la misma vehemencia con que di mi palabra para ser magnánima con usted, ahora seré su peor enemiga. Para mí nada es más importante que el bienestar de mi gente, por ellos, soy capaz de todo"

—Su gente…el bienestar de su pueblo…—repite como en un susurro la mujer de ojos amarillos.

Sabía que lo entenderías, por algo te he elegido como mi brazo ejecutor, escucha atentamente el camino que seguiremos, no puedes seguirte arriesgando con ataques infructuosos que sólo te harán perder hombres y poder, debes conservar el reino que heredará la Niña Mordred, así que vas a reforzar las fronteras al Sur, ordenando a tu gente regresar aquí, replegándose y fortaleciéndose, la nueva estrategia será vulnerar la calma y paz que tanto defiende la Heredera Pendragon, atacando estratégicamente poblados al azar, haciendo los mayores estragos posibles y con lujo de crueldad, pero lo más importante es que a esa gente le quede claro, que esos ataques son consecuencia de la provocación de Serena Pendragon al Reino Oscuro, que ellos sufren a causa de la soberbia de la soberana a la que aman, cumple mis órdenes y después te detallaré el plan para el futuro…¿Te queda claro? —ordena el monstruo.

—Muy claro, mi señor, pierda cuidado, sé lo que debemos hacer. —afirma Neherenia recuperando la sonrisa malévola que había perdido cuando leyó la carta de la reina, ahora le queda claro que, aunque la estrategia cambie, la forma de hacer daño puede ser la misma o aún peor que una invasión directa. Lentamente recorre el camino de regreso desde el cráter del volcán hasta las cuevas interiores, y vuelve a atravesar la puerta de roca mágica que la hace salir a los pasillos de la Montaña Prohibida, y al doblar una esquina para volver a la sala del trono, se encuentra con la hechicera de cabello rojo, aguardándola.

—Mi señora… ¿habló con nuestro amo? —pregunta Beryl de Gaheris. Neherenia asiente y camina al lado de su lugarteniente.

—Hablé con él, Beryl, y tenemos nuevas órdenes. Convoca a los generales Kunzite y Jedite, enviaré un mensaje por medio del espejo a Neflyte para que regresen él y todas las tropas de Cornualles, Tintagel y los que queden en Gawain.—sonríe con malicia la bruja de piel morada.

—Señora…¿Retirar las tropas? ¿Justo ahora? Estábamos preparando un gran envío desoldados al Norte para la reconquista, como nos había pedido Lady Zoicyte—duda Beryl.

—Sé que ahora no lo entiendes, pero aguarda a nuestra reunión para que comprendas, habrá un gran cambio de estrategia, pero todo tiene una importante razón de ser.

—¿Y Zoicyte? ¿Y Galathine? —duda Beryl.

—Por Zoicyte ya no podemos hacer nada, y no voy a detener mis planes por un elemento que es perfectamente reemplazable, que se quede y enfrente ella sola con sus recursos a la reina Pendragon, ya no es nuestro problema, en cuanto a Galathine, sé que ella misma regresará cuando se haya regenerado, la ventaja con ella es que no está a mis ordenes sino a mi lado por el mero hecho de divertirse, así que siempre vuelve. Ve a cumplir mis órdenes, estaré en las habitaciones de la niña hablando con Neflyte por el espejo, quiero que redacte mi amable contestación para Serena Pendragon, es falta de educación no enviar respuesta cuando nos escribe alguien con tanta delicadeza. Ve a preparar la reunión.

—Enseguida, señora. —asiente Beryl y se inclina respetuosa permitiendo a su ama entrar a sus habitaciones, luego suspira hondo, parecía que Neherenia había recuperado la seguridad que perdió tras leer la carta de la reina, y aunque no entendía del todo los nuevos planes, estaba segura de que había una razón importante para esos cambios.

Sala de Reuniones del palacio de Uppsala, Tierras de Gawain, Norte de Albión. Tres días después.

La joven reina avanza por los pasillos del castillo helado del Norte, seguida del imponente guerrero sin mano, que había sido lugarteniente y protector de Héctor de Antor, y de Lady Minako Tristán con su armadura dorada y su capa roja, quien charla animadamente con un alto y fornido guerrero de cabello rubio y barba del mismo tono, quien es el encargado por la reina Skadi Gawain de parte del reino de las nieves para escoltar a la reina. Serena sonríe un par de veces al escuchar la charla de Minako con el bravo y serio guerrero que en unas semanas parecía otro, por completo embrujado por el encanto de la "Guerrera Dorada".

Los cuatro caminan en dirección a la sala de reuniones, con evidentes señales de venir de camino, pues sus ropas, armaduras y capas aún llevan encima algo de la nieve propia de las ventiscas vespertinas de la helada capital del Norte.

Unos guardias de armaduras plateadas cuadran sus lanzas al ver acercarse a la reina, abriendo la puerta con unos guepardos de las nieves labrados, y permitiendo la entrada a la estancia, donde una larga mesa rectangular con sillas de madera aguardaba la llegada de la soberana. Dentro de la sala se encontraban Luna Merlín, la reina Skadi, Ami Gawain, Haruka Bors y Rei Lancelot, y al lado de la guerrera de armadura roja, Molly Harwe, así como el nuevo general comandante de Uppsala, que había sustituido al fallecido Ulvsson. Todos se ponen de pie, respetuosos, ante la llegada de la reina y el resto de los viajeros.

—Su alteza, bienvenida…—saluda en nombre de todos Lady Gawain y le señala a la joven de coletas rubias la silla principal en la cabecera de la mesa, Serena,ahora con su cabello totalmente rubio, les sonríe a todos y en vez de sentarse en donde le indican, se sienta a la derecha en la silla que al lado de Ami Gawain ocupaba Skadi.

—Gracias, Lady Skadi, pero la silla principal la debe ocupar la reina de Uppsala, quien según sé sigue siendo usted, recuerde que estamos en su reino y hay que respetar las formalidades, toda reunión oficial la precede usted. —afirma con sencillez la muchacha, mientras Luna Merlín asiente al escuchar a Serena hablar con una madurez que parecían haber ido adquiriendo esos días posteriores a la batalla de Uppsala.

—Hágalo, Lady Skadi, Serena tiene toda la razón, es lo adecuado. —accede la hechicera. La mujer de cabello blanco y piel pálida asiente y toma asiento en la silla principal. Serena se sienta al lado de Ami Gawain, y Pellinor se queda de pie a sus espaldas.

—Agradezco la deferencia que me hace mi señora, y antes que nada quiero aclararle el motivo de haberla llamado con urgencia de su viaje a Finmarck, pero recién recibimos los informes tanto de las mensajeras de Lady Lancelot como del general Lundstend que usted debe conocer. —inicia Lady Skadi Gawain señalando los documentos y mapas que hay sobre la mesa. Serena toma primero la carta en la que reconoce la letra de Kakyuu.

—Mi hermana Kakyuu escribió esto… —reconoce la reina sonriendo emocionada al leer la carta sencilla pero emotiva de su hermana adoptiva.

—Así es, Serena, Deimos voló desde la frontera trayendo la misiva de Lady Kakyuu, es un informe detallado sobre la victoria que la "Armada Aurea" de Cornualles ha tenido sobre el ejército Oscuro en el fuerte Alphard. —explica Rei Lancelot.

—¡Qué maravilla! Sabía que tía Catherine y mi gente lo haría. ¿No te lo dije, Rudy? —sonríe la rubia guerrera, tomando la mano del guapo guerrero rubio, quien se sonroja vivamente ante la mirada asombrada de todos, Haruka Bors oculta su boca con su mano para evitar reír, Ami Gawain mueve negativamente la cabeza, y Rei Lancelot levanta una ceja algo incómoda. Serena nota todas las miradas, atenta a cada detalle y es Ami Gawain quien retoma el hilo de la charla para desviar la atención de ese asunto que le parece en extremo desagradable.

—Lo más importante de la carta, que espero lea usted con calma más tarde, es que Lady Kakyuu de Antor nos informa que atraparon con vida a Lady Zoicyte, quien está prisionera, pero a salvo y a resguardo, tal como usted lo ordenó. —afirma Ami Gawain, quien estaba al tanto de los planes de Serena, pero tanto Luna Merlín como la reina Skadi se miran una a la otra sin comprender.

—Sabía que Kakyuu y Lady Catherine lo harían. —afirma la reina rubia.

—Serena, una duda, ¿Ordenaste verdaderamente que un general del ejército oscuro como Zoicyte, que tanto daño ha hecho a Albión, sea tratada de esa forma? El procedimiento adecuado sería enviarla de regreso al reino oscuro como se ha hecho con otros prisioneros, sin armas y sin posibilidad de volver, el destierro o algún tipo de prisión permanente en que pague por sus crímenes. —pregunta Luna Merlín.

—No Luna, en realidad, Ami tiene un plan al respecto, esto a raíz del medallón oscuro destrozado de Galathine que recuperamos de la batalla. —afirma la heredera Pendragon.

—Hija… ¿quisieras explicarnos a todos en qué consiste ese plan? —pregunta la mujer de cabello blanco. Ami asiente.

—Lady Merlín, Madre, lamento no haberles compartido antes esta idea, pero surgió de momento justo antes que la reina enviara la misiva con las guerreras órnico de Benwick. Todos estamos de acuerdo en que el nuevo poder del Reino Oscuro, esos destellos rojos que les dan la posibilidad de invocar engendros diez veces más poderosos, no lo tenían antes, así que quiero estudiar el medallón y descubrir a qué fuerza se debe, algo que ya he iniciado, sin embargo, sabemos que ese poder sólo puede ser manipulado por Galathine, Beryl y los cuatro generales de los cuales no sabemos ni su origen ni nada al respecto. —añade la sabia joven de cabello azul.

—Lady Skadi, Lady Merlín, esta sospecha de Ami es legítima y no es nueva, la tenemos desde hace tiempo, y nos hemos dado cuenta de que, tanto Zoicyte como ese nefasto Neflyte compartían una marca negra en sus cuellos, una que trataban de ocultar pero que estaba presente en ambos. —apoya Minako Tristán.

—Curiosamente, los dos generales que atacan el Sur, Kunzite y Jedite, también tienen el mismo lunar negro en sus cuellos. —apoya Haruka Bors.

—Ami tiene la teoría de que esa marca puede estar relacionada con el origen del poder de los generales y también con el medallón, pero necesita estudiarlo y verlo en vivo, entender el origen de ese poder y esa maldad, y eso nos podría dar alguna ventaja sobre el reino oscuro y sus planes. —completa Rei Lancelot.

—Luna, tu recuerdas que en Camelot preguntamos a mi hermano sobre lo que sabía de esos cuatro generales, y no supo decirnos nada en concreto, porque dijo que era algo que Lady Le Fay y Beryl de Gaheris manejaban en el más absoluto secreto, así que yo apoyé la teoría de Ami, juntas hablamos con Rei y Phobos y Deimos además de mensajeras tenían la misión específica de asegurarse de atrapar con vida y a salvo a Lady Zoicyte. —explica Serena Pendragon.

—Todo eso me parece coherente excepto por un detalle, Serena, no son ustedes las primeras ni las únicas que han tenido la idea de estudiar el origen del poder oscuro. Artemis la había tenido antes ya que se necesitan más que conocimientos de ciencia que no dudo posea ampliamente Lady Ami Gawain, sino conocimientos de contención de magia. Depender sólo de la ciencia para entender al poder de Ghen es arriesgado. —asegura desde su experiencia la sabia arcano de la espada.

—Yo entiendo eso, Lady Merlín, y mi idea es complementar mis investigaciones científicas con lo que Lord Nimue sepa y pueda ayudarnos a entender sobre el poder del reino oscuro, jamás he querido prescindir del poder de los arcanos, sólo estoy dando los primeros pasos desde mi especialidad para poder ofrecer un informe pertinente al regresar a Camelot. —afirma siempre ecuánime Lady Ami Gawain. La hechicera parece más tranquila y asiente.

—Comprendo, entonces está prisionera… ¿Y ahora qué sigue? —inquiere Luna.

—Traerla a Uppsala, necesito observar de cerca ese lunar oscuro y sus efectos y compararlo con pruebas químicas que he hecho al medallón apagado. —indica Ami Gawain.

—Ir a la frontera y traer a Uppsala a un general oscuro es peligroso, sin duda necesitará enviar a alguien de toda su confianza y que además sea capaz de proteger a la prisionera, así que propongo para ese trabajo a Lady Rei Lancelot Du Lac. —asegura Minako Tristán, señalando frente a ella del otro lado de la mesa a la heredera de Benwick que esboza una sonrisa irónica.

—Estoy de acuerdo, iba a encomendar a Rei esa misma misión. —asegura la reina de coletas rubias, Luna asiente.

—Buena elección, los caminos de Gawain aún son peligrosos por los reductos que quedan de forajidos del ejército oscuro. —afirma Lady Skadi.

—Gracias por la deferencia, y aún más a usted, Lady Tristán, por saber como mover sus piezas estratégicamente y deshacerse de la competencia. —responde irónica la joven de cabello oscuro ante la mirada de incomprensión de muchos.

—No tiene nada que agradecer, Lady Lancelot, porque en realidad jamás hubo tal competencia, era ya terreno ganado, usted es la indicada para esa misión y para mí será maravilloso estrenar una nueva espada muy pronto. —cruza sus ojos azules la bella "Guerrera Dorada" con las pupilas amatistas de su rival.

—Bien, antes de que Lady Lancelot y Lady Tristán sigan demostrándose su mutuo respeto y admiración, pasemos a la segunda parte de esta reunión y también una de las mas urgentes para que la reina esté enterada… Lundstend. —pide Lady Skadi Gawain a su general, ignorante por completo de los juegos de las dos guerreras.

—Mi señora, tenemos informes muy ambiguos y extraños de los diferentes puntos de vigilancia de las ciudades ya recuperadas, antes de su llegada estaba mostrando los puntos de problema en el mapa de Gawain, teníamos aún doce ciudades aún tomadas por el ejército oscuro, pero repentinamente… —el soldado se queda callado un momento ante la mirada atenta de Serena. —repentinamente están retirando sus tropas. —asegura el militar del Norte.

—¿Qué? ¿Retirando sus tropas?... ¡Pero a qué se debe esto! Estaba siendo realmente difícil echarlos de Gawain, nos ha costado varias batallas muy pesadas y semanas de batallas. —se desconcierta la joven reina.

—Justo eso discutíamos antes de su llegada, mi señora, tampoco entendemos la decisión de retirar tropas de las ciudades que ya tenían tomadas, incluso sabes que sospechábamos de un posible envío de refuerzos por la frontera con Cornualles, y ordenamos vigilancia extrema, pero no sólo no enviaron refuerzos ni hubo intento de reconquistar Gawain, sino que están retirando sus tropas. —afirma Skadi Gawain. Serena mira el mapa con los señalamientos que hizo el general.

—Esto no tiene sentido…Luna… ¿Por qué harían algo tan absurdo? —pregunta la reina a su consejera.

—No tengo explicación alguna para ese comportamiento inesperado, todos teníamos claro que la estrategia de Neherenia Le Fay al invadir el Norte era seguir su camino hacia Camelot conquistando reinos y oponiéndose a tu soberanía, esto no responde a su modo de atacar, incluso intentaron invadir el mismo Camelot a la vez, así que no tengo explicación. —desconcertada la hechicera.

—Quizá cuando Lady Lancelot traiga a Zoicyte ella pueda darnos alguna información valiosa sobre la verdadera estrategia del reino oscuro. —sugiere Minako Tristán.

—Es una buena opción, porque hasta ahora no tenemos idea de los motivos de esa extraña decisión. Lo único que no debemos olvidar, ninguno de los que estamos aquí, es que Neherenia no hace nada en absoluto al azar, siempre tiene planes mayores en mente. —terminante la hechicera de cabello azul.

—Lady Harwe, ahora pasemos a su informe sobre las provisiones alimenticias y su distribución en los reinos recién liberados. —pasa Skadi la palabra a la joven campesina de Antor quien asiente y busca sus pergaminos.

—Tal como la reina me indicó era necesario hacer un inventario completo de provisiones disponibles para poder… —inicia la joven castaña, pero en ese momento, irrumpe en la sala un soldado de Gawain, el sonido de las puertas al ser abierta de improviso hace a todos mirara atrás y guardar silencio. Ami se pone de pie primero que nadie al reconocer al mensajero.

—Peter Egardt, ¿Por qué irrumpe así en una reunión oficial y privada? —pregunta la heredera de Gawain al mensajero más veloz y leal del reino. El joven se acerca a la mesa.

—Mi señora, reina Serena, me disculpo por la intromisión, pero la información que traigo ha sido pasada desde esta mañana por los correos de la frontera, y considero que ahora que están reunidos deben saberla enseguida… —se inclina el muchacho delante de Serena, aún sin quitarse el abrigo de pieles tan lleno de nieve como habían llegado ellos de su viaje.

—Hable entonces, señor Egardt. —ordena la jovencita de coletas.

—El ejército oscuro atacó Antor… —informa el hombre. Todos se miran sorprendidos, por completo estupefactos de algo que no esperaban.

—¿Antor?... Egard, ¿están los correos seguros de esa información? —pregunta Skadi Gawain.

—Por completo seguros, mi señora, atacaron la capital ayer por la noche, entraron a sangre y fuego en esta, destruyeron la aldea, asesinaron a mucha gente y las llamaradas del castillo en medio del bosque fueron las que alertaron a algunos feudos vecinos quienes dieron la alarma. —informa el mensajero. Molly Harwe presiona su mano en su pecho preocupada. Serena mira a Pellinor tras ella quien contrario a la evidente afección de la joven luce estoico y calmado.

—Mensajero… ¿Hay noticias de que el ejército que atacó Antor se haya instalado en la ciudad, haya continuado atacando más feudos o se haya atrincherado en alguna fortaleza? —pregunta Luna Merlín.

—No, Lady Merlín, los informes fueron que atacaron, quemaron todo, y se fueron como si se tratara de asaltantes furtivos en la noche, no hay información alguna de que hayan atacado otra ciudad más que la capital y, además, después del ataque, desparecieron. Un mensajero informó que cruzaron la frontera Sur de Antor hacia tierra media, eso es todo. —responde el rubio y delgado joven.

—Salimos a Antor enseguida, me llevo únicamente al ejército de Camelot, no sabemos qué planea con esto el ejército oscuro y no quiero debilitar lo que hemos logrado en Gawain. —decide la joven reina.

—Prudente decisión, Serena, iré contigo. —afirma la hechicera.

—También iré yo con mi ejército, si nos lo permite, su alteza. No me gustaría que viajara sola a Antor porque esto tiene toda la marca de otra trampa para provocarla. —asegura Minako Tristán.

—En ese caso, yo acompaño a mi prima a la frontera con Cornualles y a traer a la prisionera a Gawain. —añade Lady Haruka Bors.

—Yo por mi parte me aseguraré de viajar a todas esas ciudades donde nos informan que se retiró el ejército oscuro, tampoco confío en informes que no nos constan, menos tratándose de gente de Neherenia Le Fay y con la duda que tenemos sobre el paradero de Galathine. —añade siempre prudente Ami Gawain.

—Reforzaremos las fronteras y mantendremos contacto por medio de los mensajeros. Esperemos que esta extraña retirada no sea el preludio de un ataque masivo, por ello es mejor tomar todas las precauciones. —apoya Lady Skadi Gawain.

—Rei, ya que Deimos está aquí, te pediré que me permitas enviarla a Tintagel, con un mensaje para la reina Temis Percival, quiero que esté enterada de todo, que mantenga a su armada alerta y que nos informe si los soldados del ejército oscuro que mantenían vigilancia en sus tierras siguen ahí o han seguido el comportamiento de los demás. —pide la reina rubia a su capitana quien asiente.

—Deimos es toda tuya, Serena, llevará el mensaje y te regresará la respuesta a Antor. —concede la guerrera de cabello oscuro.

—Entonces damos por terminada la reunión, y a movilizarnos de prisa con todo lo que debemos hacer. —acaba la hechicera de cabello azul, logrando que todos se dispersen. Enseguida, la joven reina de coletas se levanta de la silla al lado de Ami Gawain y corre al lado de la campesina de cabello castaño, abrazándola con fuerza mientras Molly llora, desconsolada.

—Quiero ir contigo mañana, Usa…necesito volver a Antor y saber de Papá y de mi abuela.

—Tranquila, hermana…ellos deben estar bien…—la tranquiliza Serena. —desde luego que viajas con nosotros, vamos a la habitación…ten fe. —apoya la reina a Molly y abandona la sala de reuniones pasando su brazo por su espalda, seguidas las dos de Pellinor. Skadi Gawain se acerca a Luna, mientras el resto de las guerreras se alejan, Ami con Minako y Rei con Haruka.

—Lady Merlín, ¿Qué cree de esta decisión del Reino Oscuro? —pregunta la sabia reina de cabello blanco a la hechicera, quien suspira hondo, apoyada en su báculo.

—De momento, Lady Skadi, estoy tan desconcertada como usted, definitivamente de todas las decisiones que pudimos haber previsto para un contrataque, esta era la menos probable, sin embargo, el mensaje de atacar Antor, es muy significativo, es sin duda la reacción y resultado a la carta que Serena envió a Neherenia le Fay, jamás estuve de acuerdo con esa provocación, pero Serena lo decidió y tampoco quiero oponerme abiertamente a sus decisiones, como usted me sugirió, estoy tratando de dejarla actuar y seguir sus corazonadas, vigilándola de cerca pero sin ser directamente opuesta a ella. —asume Luna.

—Antor es muy importante para la reina ¿Cierto? —inquiere Skadi Gawain caminando junto con Luna por los pasillos del castillo de hielo. —por eso el ataque es una abierta provocación.

—Mucho, ahí huimos ambas cuando nos ocultamos, Molly y Alan Harwe cuidaron a la pequeña bebé y la llevaron al feudo de Antor, donde permanecí a su lado en forma de un pequeño gato, y me encargué de que Sir Héctor le diera la educación que necesitaba, la nombró hija adoptiva suya y heredera de parte de su feudo, aún en contra de los deseos de su esposa, por ello siempre he aceptado que le debemos a él y a la familia Harwe el bienestar de nuestra señora hasta el momento en que el destino la llevó al castillo de Camelot y sacó la espada de la piedra. —narra Luna, mientras la reina de Uppsala sonríe de lado, mostrando el par de colmillos puntiagudos que desde el ataque de Galathine habían quedado como distintivo suyo.

—Es una historia asombrosa, Lady Merlín, sólo me queda una duda…si nadie más que usted sabía quién era la reina, dónde estuvo oculta todos estos años y lo importante y significativo que es el feudo de Antor para ella, ¿Cómo lo sabe Neherenia Le Fay? ¿No estaban ocultas ahí justamente para que ella no supiera el paradero de la reina? —inquiere con su mirada sagaz e inteligente Skadi Gawain. Luna detiene su paso, y posa su mano en el hombro de la reina.

—Hay ciertas preguntas que no todos se hacen, Lady Skadi, usted sí, porque es demasiado inteligente y perceptiva, pero por esta única vez, no contestaré a su duda, tengo motivos fuertes para ello, créame. —responde la hechicera. Skadi asiente.

—Tampoco pensaba forzar una respuesta, confío en que usted jamás callaría algo que no fuera trascendente para la reina, así que no haré más preguntas. Sigamos hacia la sala del trono, quisiera consultarle algunos detalles sobre el plan estratégico de refuerzo de la frontera antes de su viaje. —ofrece la reina de Uppsala, pensando para sí misma que sea lo que sea que oculta la arcano más poderosa del reino sobre Antor, Neherenia y el pasado de la reina, debe ser demasiado importante o demasiado peligroso para mantenerlo en secreto.

Fuerte Alphard, frontera de Gawain y Cornualles. Dos días después.

La discreta cabalgata avanza por los caminos rocosos de la frontera de ambos reinos, mientras comienza a desaparecer la nieve y los senderos empiezan a teñirse del verde propio de la fértil tierra del ducado de Tristán. A la cabeza de la cabalgata, que no excede as 15 personas, destaca un unicornio negro y un caballo amarillo, junto con sus dos jinetes, de armaduras y cascos rojo y dorado respectivamente.

Los viajeros se perfilan hacia el enorme fuerte de altas torres de roca blanca, propias de ese reino, donde ya hondea la bandera del Dragón y el Unicornio de Camelot, y no el estandarte del lobo negro de Le Fay, indicando que es plaza conquistada por los ejércitos reales.

Un ave roja grazna con fuerza rasgando el cielo azul, y un cuerno tocado por un enorme guerrero calvo indica la llegada de la cabalgata y las altas y enormes puertas de madera se abren con el sonido de las cadenas permitiéndoles la entrada a la primera fortaleza de la frontera Norte de Cornualles. Dentro, muchos soldados de la "Armada Áurea" aguardan a los visitantes, tras Lady Catherine Tristán, quien ha dejado su armadura de batalla y vuelve a lucir sus vestidos reales, dándole la apariencia de belleza y distinción que siempre la caracteriza, con su atuendo amarillo, su cabello castaño trenzado con flores y su corona con forma de cisne dorado, incluso desentonando con el ambiente militar de su fortaleza. A su lado, Kakyuu de Antor, con su armadura plateada con el casco del zorro de Antor en sus manos, dejando al viento su cabello rojo sujeto en una coleta, acompaña a la reina de Cornualles.

Los jinetes se detienen en el patio central del fuerte Alphard, bajando de sus monturas, y las dos mujeres que lo comandan avanzan hacia Catherine Tristán y a la heredera de Sir Héctor de Antor, retirándose también sus cascos y deteniéndose frente a ambas. Las cuatro mujeres se inclinan con respeto frente a las otras.

—Lady Lancelot, Lady Bors, bienvenidas, las esperábamos hasta mañana, hicieron un viaje demasiado largo desde Uppsala hasta aquí. —saluda con su diplomacia y corrección de siempre Catherine.

—No nos detuvimos a descansar, incluso viajamos de noche, tenemos noticias urgentes que compartirles, así como indicaciones de la reina. —responde la rubia de cabello corto.

—Primero que todo, debemos ver a la prisionera, y con toda la seguridad posible y sin detenernos a nada más, llevarla enseguida a Uppsala. —inicia Rei Lancelot.

—Esperábamos esa orden, todo está preparado, la guerrera órnico la vigila en la mazmorra subterránea, podemos ir a verla ahora mismo. —sugiere Kakyuu de Antor, avanzando unos pasos, pero Rei Lancelot la detiene, tomándola del brazo.

—Lady Kakyuu, a partir de este momento Haruka y yo nos haremos cargo, tanto de la prisionera como del apoyo a Lady Catherine en la vigilancia de la frontera, Serena ordena que usted recoja sus tropas y vuelva a Antor. —inicia la joven de cabello oscuro, ante el desconcierto de Kakyuu y Lady Catherine.

—¿Por qué ordenaría algo así mi hermana? ¿No confía en mí para labores militares? —duda afligida la pelirroja. Rei mira a su prima y ella asiente, indicándole que es mejor decir la verdad sin demora.

—No se trata de eso, Lady de Antor, es simplemente porque ha ocurrido algo que no esperábamos y que cambia la estrategia de reconquista del Norte, las tropas del reino oscuro se están retirando. —inicia Lady Haruka Bors.

—¿Retirándose? ¡Pero eso es incomprensible!...esperábamos un ataque mayor, que llegaran tropas de apoyo, un intento de reconquista. Esa no es la forma habitual de manejarse del reino oscuro, el general Neflyte aún mantiene control de muchísimos fuerte y tropas por todo Cornualles, Tintagel y Antor—responde desconcertada Catherine Tristán.

—Sabemos eso Lady Catherine, tampoco entendemos el proceder del reino oscuro, pero es un hecho confirmado que al menos en Gawain ya retiraron todas las tropas, además, antes de retirarse, Neflyte y sus tropas atacaron Antor. —dice de frente Rei Lancelot ante la angustiada mirada de Catherine y la desconcertada de Kakyuu.

—¿Atacaron Antor?... ¿Qué tan grave es el daño? —duda aún la pelirroja, evidentemente abrumada por la noticia, mientras Catherine la toma del brazo pues ha notado un leve mareo que la hace doblar sus rodillas, por el impacto de la noticia.

—Según los mensajeros de Gawain, terrible…arrasaron el pueblo y quemaron el castillo. Serena con el ejército de Camelot y Lady Tristán con sus hombres se dirigen hacia allá, por eso le pide que la alcance en Antor con su gente, sabía de antemano el impacto que esta noticia le causaría, la reina está igualmente consternada, es el sitio que consideró su hogar por muchos años, así que la releva de sus obligaciones militares en la frontera y le pide salir enseguida. —informa Haruka Bors con su forma directa y estoica de decir las cosas, Kakyuu asiente.

—Gracias por la información, saldré enseguida. —se repone del impacto la heredera de Antor, Catherine suspira y la abraza con fuerza antes de que se aleje.

—Mantenme informada de cualquier cosa, querida, sé fuerte y cuenta conmigo y con Cornualles para todo lo que necesites. —termina besando su frente la siempre sensible y atenta Catherine.

—Gracias, Catherine…

—Deimos viaja con Serena, cualquier mensaje que necesite enviar rápidamente hágalo con ella. —ofrece la hija de Artemis Nimue.

—Y sea fuerte, Lady Kakyuu, su gente la necesitará. —palmea su hombro Haruka Bors, mientras la muchacha pelirroja asiente, aún visiblemente abrumada, y se aleja a paso veloz a donde aguarda su lugarteniente de armas. Catherine invita con una señal de su brazo a las dos guerreras a seguirla, y las tres avanzan hacia las mazmorras, acompañadas por una pequeña escolta de tres soldados de armaduras doradas.

—¿Por qué atacar Antor con lujo de crueldad? y así de improviso. —comenta desconcertada Catherine.

—Es una provocación para la reina, como lo fue su fallido ataque a Camelot. —asegura ofendida la ruda heredera Bors.

—No vamos a encontrar otra explicación hasta que hagan su próximo movimiento, pero esta incertidumbre es peor todavía que cuando estábamos seguros de que atacarían de frente, detesto estos juegos de intrigas. —molesta espeta la temperamental guerrera de Benwick y alza su brazo donde se posa el ave roja. Las tres mujeres se detienen frente a unas rejas al fondo del patio, mientras los guardias les abren paso y bajan unas escaleras subterráneas, alumbradas por antorchas.

—Debemos estar preparados para cualquier cosa, Neherenia Le Fay no hace movimiento alguno por casualidad, hay un plan detrás de esto. —deduce la inteligente y elegante reina de vestido amarillo.

—Todos pensamos lo mismo, Lady Catherine, por ello la reina ha enviado una misiva urgente a Miteras…a Lady Temis Tintagel —se corrige a si misma Haruka del nombre cariñoso de "madre" con que se dirigía a la reina de las islas. —para que permanezca con sus hombres alerta en las fronteras, y pide departe de ella y de usted, que le envíen un informe detallado de la presencia de los soldados del reino oscuro en los fuertes de vigilancia en que estaban instalados en sus respectivos reinos para saber si la estrategia de retirada es una realidad o sólo una cortina de humo para algo más grande. —asegura siempre firme la líder de los "Leones del Desierto" mientras siguen bajando las escaleras hasta llegar a las mazmorras subterráneas, también alumbradas con antorchas. Otras rejas más vigiladas por soldados de Cornualles se abren al ver a su reina y a las visitantes.

—Se hará todo según las órdenes de nuestra señora, la apoyaremos en todo, sólo quisiera saber qué papel tan importante juega Lady Zoicyte en todo esto, el por qué de la petición de la reina de que las guerreras órnico de Lady Lancelot se dedicaran a capturarla con vida y a salvo, además de que fuera tratada con toda consideración, aún sabiendo la multitud de crímenes y crueldades que cometió el tiempo que fue gobernadora de esta zona. —pregunta Catherine, que podía ser siempre muy diplomática, pero tenía terribles experiencias de enfrentamientos directos con la cruel mujer que estaba prisionera como para no entender la decisión real.

—Lady Ami Gawain tiene un plan a largo plazo, que compartió con Serena, quiere hacer estudios científicos para comprender el origen del poder oscuro, aunque mi Padre y sus arcanos llevan mucho tiempo estudiándolo en el santuario a nivel mágico, jamás han contado con un portador vivo de esa energía, y Ami piensa que su ciencia puede ofrecer otras explicaciones que en conjunto nos puedan dar alguna ventaja, al menos pasa saber sobre los cuatro generales, y sobre ese poder rojizo que multiplica la capacidad de estos para manejar e invocar engendros tan poderosos. —afirma Rei Lancelot. Catherine asiente.

—Es una maravillosa e inteligente idea que sólo pudo salir de la mente de alguien como Lady Gawain. En todos los años que he mantenido estos tratados infames con el Reino Oscuro me he preguntado de dónde salieron esos cuatro individuos, qué los hace especiales y diferentes, capaces de usar esos medallones y soportar físicamente un poder tan destructivo. —asegura la reina de Cornualles. Las tres mujeres se detienen frente a la prisión donde hace guardia la guerrera órnico, que se inclina delante de su señora en silencio mientras los soldados corren los cerrojos. Rei alza su brazo y Garuda vuela posándose en el hombro de Phobos, quien lo acaricia con cariño.

—Esa es la eterna duda que todos tenemos, una que ni siquiera Lord Le Fay puede responder…¿Quiénes son los cuatro generales? Creo que este será un gran paso para lograr entenderlo, por eso la reina apoya totalmente la idea de Ami. —insiste Rei Lancelot, cuando la puerta de la mazmorra se abre, permitiendo la entrada de las dos guerreras y Catherine en la estancia, que dista mucho de ser una prisión, sino más bien una habitación cómoda y limpia, donde una joven mujer rubia se encuentra sentada en la cama, leyendo un libro, tiene visibles heridas en el rostro, así como moretones y un brazo vendado, señales inequívocas de la batalla que acaba de enfrentar, y sus ojos azules se posan en las recién llegadas, mirándolas con altivez y furia, mientras deja el libro y se pone de pie.

—Lady Catherine, la esperaba con Lady Kakyuu, pero no con visita. —habla la general, que conocía de sobra a la reina de Cornualles, pero no a las heroínas del Sur. —¿Ya decidieron mi forma de ejecución? ¿Quién va a tener la amabilidad de leer mi condena? —desafiante espeta la altiva general rubia.

—No vinimos a eso, general Zoicyte, únicamente para informarle que en delante será con ellas con quien deba entenderse para cualquier cosa relacionada con su futuro, y por órdenes de la reina Serena Pendragon, será trasladada a otra prisión en Uppsala. —informa la reina de vestido amarillo, ante la risa burlona de la prisionera.

—¿Y quién se supone que son las visitantes para tener el poder de decidir sobre mi odiada persona? ¿Algunas sirvientes de confianza de la poderosa reina? —pregunta irónica la rubia mujer.

—Ten respeto, Zoicyte, porque estas dos mujeres son nada menos que Lady Rei Lancelot Du Lac, heredera de Benwick y capitana de la reina y Lady Haruka Bors, líder de los "Leones del Desierto", dos de las más nobles herederas de Albión, hijas de familias distinguidas y grandes guerreras de toda la confianza de su majestad. —presenta la reina Catherine.

—¿Dos?...yo sólo veo a una. —se burla Zoicyte con una carcajada. Tanto Catherine como Rei miran tras ellas dándose cuenta de que, en efecto, Haruka no se encuentra con ellas a pesar de haber entrado al mismo tiempo. Luego del primer desconcierto, Rei posa su mano en el hombro de la reina de Cornualles.

—Usted termine de informarle los detalles de su traslado y leerle las condiciones de la reina, asegúrese que firme estampando su anillo de gobernadora, yo iré a ver qué pasa con Haruka. —pide la heredera de Benwick alargando el pergamino con el sello de Camelot a la reina de Cornualles, y sale de la celda, caminando por el pasillo y buscando con la vista a su prima, hasta encontrarla al fondo de este, de espaldas a ella, golpeando con su puño la pared. Rei se acerca a ella y detiene su puño con fuerza. Al hacerlo se da cuenta de que en la mano de su prima está enredado un pañuelo azul con emblemas dorados propios de la gente del desierto.

—¿Me quieres explicar qué demonios te pasó? ¿Por qué saliste de la celda de Zoicyte? —molesta inquiere la pelinegra. En ese momento la rubia guerrera del desierto alza sus ojos azules, mirando a su prima, y Rei Lancelot da unos pasos atrás, visiblemente descolocada ante un espectáculo que no había visto jamás: Haruka Bors está llorando.

—Me salí de ahí porque no soporté la emoción…Rei…yo conozco a la general Zoicyte… —confiesa una muy emocionada Haruka.

—¿Qué dices? —duda la guerrera de fuego. —¡Pero si en tu vida la habías visto antes de hoy! Nosotras nos entendíamos con Kunzite y Jedite, nunca con ella y Neflyte a quienes les encomendaron el gobierno del Norte, es imposible… ¿De verdad la conoces? — Haruka asiente y recarga sus espaldas en la pared mientras limpia sus ojos de lágrimas con sus manos, Rei se recarga también en la pared a su lado. —no estoy entendiendo nada, prima.

—Es la verdad, créeme…cuando la vi me di cuenta enseguida, han pasado muchos años, más de diez, pero casi no ha cambiado, y la impresión de ver delante mío a alguien que apreciaba mucho y creí muerto, fue demasiada para soportarlo. —narra la rubia guerrera del desierto.

—Entonces conoces a Zoicyte, ¿Y quién es? Porque ella te vio al momento que entramos y no pareció reconocerte. —pregunta dudosa Lady Lancelot.

—Me di cuenta de que no me reconoce, pero yo a ella sí. Su nombre es…o era… Zoe Abimalek, hija de mi tío Hasan Abimalek, hermano de mi madre. —afirma la rubia ante la mirada asombrada de Rei.

—¿Entonces es tu prima? —pregunta la pelinegra. Haruka asiente. —¡Demonios!...

—Tío Hasan tenía más hijos, mis primos Habid, Mohamed, Frez y Bentimek, hermanos mayores de Zoe, todos excelentes guerreros, y todos muertos en la guerra contra el ejército oscuro, cuando invadieron Falias y yo era pequeña. Al final de esa batalla, mi padre, tío Hasan, Zoe y yo huimos de Beryl y sus monstruos carnívoros por los desfiladeros del desierto. Papá…tu sabes lo que le pasó…murió devorado por esas bestias para darnos tiempo de escapar, él tenía un pacto con el padre de Michiru para darme asilo y protegerme si todo se ponía difícil con nuestra rebelión, pero uno de los animales de Beryl era un Yezadir, y sabes que siguen la pista por el olfato, nos siguió, Zoe es seis años mayor que yo, siempre fue como una hermana mayor, ella me enseñó a pelear con cimitarra, era la mejor guerrera de Falias, acababa de recibir su nombramiento de teniente y se sentía responsable de mí, así que prefirió sacrificarse ella y que tío Hasan, que conocía el camino de las cuevas, me salvara y me llevara al mar, donde esperaban las naves de Percival…—explica Haruka con evidente emoción aquella historia que jamás le había contado a su prima.

—Muy valiente de su parte, y propio de una noble guerrera de Bors…

—Yo me negaba a dejarla, y ella me dio este pañuelo, su pañuelo de teniente del ejército de Falias, lo puso en mi mano y me prometió que algún día volvería por él…luego tío Hasan prácticamente me llevó a rastras, la dejamos atrás y sólo escuché el fragor de su pelea con el Yezadir, hasta que se hizo el silencio en las cuevas y nos perdimos en ellas. Siempre creí que había muerto, y llevaba el pañuelo dentro de mi armadura como amuleto de protección, hasta ahora…que acabo de encontrarla como una general del ejército oscuro. — explica la rubia.

—Muy emotiva tu historia, prima mía, ahora me doy cuenta de que tienes una prima mucho más cercana que yo…pero hay algo que no parece lógico en tu historia. Tú y yo sabemos qué tipo de monstruo son los Yezadir, hemos enfrentado demasiados, y es muy difícil que dejen con vida a alguien, ¿Cómo sobrevivió tu prima a ese enfrentamiento? Aún siendo excelente guerrera como la describes es difícil, y en caso de haber sobrevivido, no sé si Beryl le hubiese tenido piedad, siendo una renegada y habiendo protegido a una de las herederas cuando la orden de Le Fay por esos años era asesinar a todo noble insurrecto y a su familia sin misericordia. —duda la guerrera del Sur.

—No tengo explicación para eso, Rei, tampoco entiendo por qué ella parece no recordarme, porque no tengo duda que es Zoe, pero la Zoe que yo conocí, capaz de dar su vida por la salvación de la heredera de su reino, jamás sería una aliada de Le Fay ni de la gente responsable del asesinato de los suyos y la destrucción de su reino. —ofendida Haruka, Rei asiente.

—Tampoco le encuentro explicación lógica a eso, pero supongo que es parte de las respuestas que Ami y Serena quieren encontrar, y estoy segura de que tu historia sobre la verdadera identidad de Zoicyte tiene mucha relación con las respuestas que nos hacen falta. Si borraron su pasado de alguna manera, si la están condicionando o manipulando, o si hay algo más que no entendemos, entre mi Padre y Ami encontrarán respuestas, confía en ello, y trata de tranquilizarte, vamos a llevar de regreso a Zoicyte…a tu prima Zoe, a Uppsala, y en el camino tendrás oportunidad de hablarle. Veremos si al verte y escucharte algo se mueve en su mente.

—No sé si sea buena idea, Rei, aún no me repongo de la impresión y me dolería mucho darme cuenta de que no me recuerda. —triste responde Haruka. Rei toma su mano donde tiene enredado el pañuelo azul.

—Debes hacerlo, porque tienes una deuda de gratitud y cariño con Zoe, y porque quizá ella aún pueda volver a ser tu prima, y si eso no basta, porque eres la persona más valiente que conozco, y una Bors jamás se rinde ni se acobarda. —repite la pelinegra el emblema de la familia de los leones dorados de Falias, Haruka sonríe y asiente.

—Tienes razón, me estaba portando como una cobarde, no supe manejar mis emociones, pero te prometo que enfrentaré lo que haga falta si es que puedo ayudar a Zoe…es cierto que se lo debo. —responde la guerrera rubia. Rei asiente y palmea la espalda de su prima.

—Vamos dentro, no podemos dejar sola a Lady Catherine, descansamos esta noche porque venimos reventados por el viaje, y mañana temprano volvemos a Uppsala, entre más rápido Ami vea a tu prima, más rápido tendremos respuestas. —siempre decidida propone la heredera de Benwick.

—¿Tanta prisa en volver, aunque el coronel Rudbeck se haya ido con Lady Tristán? Para estar a punto de perder tu espada en una apuesta no luces apenada. —responde Haruka regresando por el pasillo de la mazmorra con su prima hacia la celda de la general. Rei ríe un poco.

—Sé reconocer las derrotas, intenté, pero el tipo era un témpano, además algo me dice que la "Guerrera dorada" hizo trampa y eligió a alguien con quien ya tenía terreno abonado, casi puedo jurar que Rudbeck estaba enamorado de ella desde hace mucho sin que ella le prestara más atención que a un mueble de su habitación, y la apuesta le acaba de hacer realidad su sueño al pobre tipo. —deduce la guerrera de armadura roja.

—¿Y vas a dejar las cosas así aun con la sospecha de la trampa de la rubia? —duda Haruka.

—De momento sí, déjala que lo goce, ya encontraré pronto otro espécimen digno de ayudarme en la revancha, no te preocupes que tendrás diversión para mucho más, recuperaré mi espada y le ganaré otra apuesta, es una pena realmente porque el témpano estaba demasiado bien. —sonríe pícara Rei Lancelot. —Maldita Tristán, sin duda está disfrutando de lo mejor…

—Prima, prima, me pregunto hasta cuando tú y Minako Tristán van a seguir jugando con el amor, sólo espero que ninguna de las dos vaya a aprender la lección de forma difícil. —palmea la espalda de su prima la heredera Bors, Rei sonríe.

—No tengo miedo al amor, al contrario, me gusta retarlo. Ahora vamos dentro y trata de mantener la calma, tenemos todavía mucho trabajo por delante. —termina Rei, y ambas guerreras regresan a la celda, donde la rubia general del ejército oscuro está plasmando el sello de su anillo con el emblema del lobo en el pergamino con la sentencia de la reina…

Ducado de Antor, Noreste de Albión. Día siguiente.

La reina de coletas rubias rubia camina por las calles del derruido pueblo, pasando su brazo por la espalda de Molly, quien tiene sus ojos llorosos, y está visiblemente afectada; las calles están llenas de cenizas y de ruinas, y las dos muchachas, evidentemente consternadas, no pronuncian una sola palabra, incrédulas y abatidas de ver por sí mismas el panorama desolador de aquella destrucción, y tras ella, avanza Luna, apoyada en su báculo y con la misma actitud abatida de la joven, recorriendo las calles destruidas y aún humeantes del enorme incendio que había arrasado el antes próspero ducado.

Tras ellas ha quedado la cabalgata real, los soldados de armaduras plateadas y doradas de Camelot y Tristán, guiados por Minako, estaban buscando entre las cenizas y los escombros, los cuerpos de los habitantes para darles una sepultura digna.

Pellinor camina detrás de las tres mujeres, y aún el guerrero sin mano, estoico como siempre, baja la vista y limpia las lágrimas de sus ojos con el borde de su capa, incapaz de reponerse al terrible espectáculo de su patria derruida.

—Usa…aquí…aquí era la casa de papá… —se aleja llorosa Molly Harwe al montón de piedras y cenizas de lo que parecía ser una casa, de la cual quedan solo los cimientos y un pedazo del letrero que anunciaba la carpintería de Alan Harwe, en el suelo, con pisadas de caballos. Serena entra con Molly y se agacha tomando del suelo un animalito de madera parcialmente quemado, y sus recuerdos vuelan a su infancia, cuando jugaba en el taller del carpintero, mientras Molly barría los pedazos de madera y la abuela hacía la comida, unas lágrimas corren por sus mejillas casi involuntariamente y Luna pone su mano en su hombro.

—¿Te acuerdas, Luna?...tu en forma de gato te echabas junto a la chimenea y yo te lanzaba virutas de madera, Molly y yo nos reíamos mucho cuando te sacudías y maullabas, y el señor Alan decía: "Dejen a ese pobre gato, los animales no son juguetes, yo les haré un gatito de madera con el que sí podrán jugar"—repite Serena, quien en esos momentos parece recrear toda la escena de su pasado feliz de niña en la casa humilde de los Harwe.

—Eran buenas personas, a ellos les debemos tu vida, cuando más necesitábamos ayuda y protección, nos acogieron. —afirma la hechicera, Serena se pone de pie llorosa y asiente, Molly regresa de su inspección por la casa destruida, corriendo a los brazos de su hermana adoptiva, quien la abraza y la deja llorar en su pecho. Pellinor se acerca tras ella.

—Pellinor… ¿Los encontraron?... —Pregunta Serena al soldado.

—Hay restos humanos quemados en lo que había sido la cocina, al lado de uno de ellos está un pico de labranza, la señorita Harwe dice que era de su padre, pero honestamente, su alteza, es muy difícil darse cuenta si son o no los cuerpos del señor Alan y de su madre, no queda mucho para identificarlos. —responde el guerrero. Serena suspira hondo y asiente, abrazando a Molly.

—Yo…lo lamento tanto…ustedes eran mi familia, la abuela, el señor Alan y tú, no sabes cuánto me duele no haber podido hacer nada por ellos, por nadie de toda la gente que conocía y apreciaba. —afirma la joven heredera Pendragon.

—No es tu culpa, Usa…—solloza la joven castaña. —quisiera enterrar los restos de mi familia, Pellinor, no me importa si son o no la abuela y papá, lo que quede, quiero que estén en paz…—pide Molly, el guerrero asiente.

—Yo me encargo, señorita Harwe, usted trate de tranquilizarse.

—No, Pellinor, quiero hacerlo contigo, y orar a la diosa por sus almas. —valiente responde la muchacha.

—Lo haremos todos juntos, los Harwe también fueron mi familia. —pide Serena, pero en ese momento una cabalgata pasa a toda velocidad por las calles y avanza hacia el destruido castillo, Serena se da cuenta de quién se trata al ver la capa con el zorro rojo del líder de la cabalgata hondear al viento, y sale de la casa de los Harwe. —¡Kakyuu!... —grita con fuerza, y el guerrero de casco con plumas rojas detiene su montura y baja del caballo quitándose este, también se detienen los soldados de la escolta y Serena corre hacia la chica pelirroja.

—Serena…Lady Lancelot y Lady Bors me avisaron de la desgracia, vine cabalgando toda la noche desde Cornualles, pero no imaginé que fuera tan terrible…Antor está hecho cenizas…—abatida responde la heredera, Serena toma sus manos y asiente.

—Estamos todos consternados, hermana, de verdad…no esperaba esto. —responde la reina.

—¿Han encontrado sobrevivientes? —pregunta ansiosa Kakyuu. Serena niega con la cabeza.

—Nadie…

—¿Han entrado al castillo? ¿Sabes algo de mi madre? —duda Kakyuu, Serena niega con la cabeza.

—No me he atrevido a entrar, además no me correspondía, tu eres la heredera, y se trata de su reino y de tu madre, por eso te mandé llamar. —responde la reina, Kakyuu asiente y mira a sus hombres quienes lucen abatidos y consternados y muchos no aguantan las lágrimas.

—Vayan a buscar a sus familias…y sean fuertes. Vamos a reconstruir Antor, aún no estamos vencidos. —pide la heredera y los soldados se dispersan enseguida, corriendo ansiosos a donde antes estaban sus casas. Kakyuu mira a Serena y ambas asienten, se toman de la mano y suben las escaleras que conducen a la entrada del castillo, cuya gran puerta de madera labrada estaba ahora parcialmente quemada, así que nada les impide el paso dentro de la mole de piedra, que resistió estoicamente las llamas del incendio, aunque sus paredes lucen las renegridas señales que dejaron las flamas y dentro todo es destrucción y cenizas humeantes.

Luna Merlín avanza tras las dos muchachas, mirando a su vez los restos de armaduras y cuerpos calcinados de varios soldados que hay por los pasillos, hasta que se detienen frente a la sala del trono donde Sir Héctor acostumbraba recibir al pueblo, el trono de piedra está intacto, pero lo que impacta a ambas chicas es que del candelabro superior, cuelga el cuerpo de una mujer que fue colgada antes del incendio, y quizá eso mismo la preservó de las llamas, aunque es indudable de quién se trata, pues contrario a sus súbditos, el cuerpo de Kaolinet de Antor está intacto. Kakyuu presiona la mano de Serena al ver el horrible espectáculo y la reina siente una fuerte impresión también.

A pesar de los malos recuerdos que tenía de ella, gracias a las intrigas y envidia con que la esposa de Sir Héctor la obsequió siempre, la joven tenía un corazón demasiado sensible para albergar cualquier resentimiento y aquella escena era impresionante para cualquiera.

—Madre…—balbucea Kakyuu impactada y se deja caer de rodillas en medio de la sala del trono, llorosa. Serena se hinca a su lado y pasa su brazo por el hombro de la pelirroja, para apoyarla.

—Kakyuu, de verdad lamento tanto lo que pasó…aunque no teníamos una relación muy cercana yo apreciaba a Lady Kaolinet, la respetaba…—llorosa dice Serena. Kakyuu se levanta del suelo y toma la mano de Serena ayudándola a ponerse de pie.

—Lo sé, siempre le tuviste mucho más respeto del que ella merecía, y no sabes lo mucho que te agradezco eso, a pesar de todo lo que hicimos en tu contra. Se que mi madre no era digna ni de tu respeto ni de este dolor auténtico que estás sintiendo, y te agradezco mucho por eso, hermana…—acepta la heredera de Antor.

—Me gusta que me llames así, es como Sir Héctor lo habría querido, piensa que ahora él y tu madre están juntos, y que no vamos a descansar hasta que Antor vuelva a ser como antes…voy a llamar a Pellinor para que nos ayude a bajarla, y le daremos la sepultura que corresponde a su rango y dignidad. —promete la joven reina.

—Serena…ven aquí. —se escucha la voz de Luna Merlín, y la reina se aleja del lado de Kakyuu y sube las escaleras hacia el trono de piedra tras del cual se alza el estandarte quemado del zorro de Antor, y donde espera la hechicera, y al llegar arriba, los ojos azules de la heredera Pendragon se abren por el impacto. Clavado con un enorme clavo en el respaldo del trono, se encuentra un pedazo de papel, escrito con letras negras, dirigido a la reina, Luna mira a la chica. —Es la respuesta a tu carta anterior, así que debes leerla. —afirma seria la hechicera, Serena asiente y alarga su mano arrancando el papel.

Date cuenta, pequeña insolente, de lo que ocurre cuando desafías un poder mayor al tuyo, y entiende la primera lección de un líder: toda falla, es tu falla, y no vuelvas a subestimar mi capacidad de hacer daño o ponerme condiciones, porque en ello te llevo ventaja, en delante, serás la única responsable del dolor de tu gente, porque ellos pagarán en carne propia tu osadía.

Cada ataque tuyo, cada batalla ganada, cada ciudad recuperada, tendrá su contrapeso en otra que será destruida.

Antor es sólo el comienzo, espero que en delante pienses mejor las cosas antes de actuar, y que puedas conciliar el sueño cada noche pensado en los que murieron y morirán por causa de tu soberbia. Sólo tú sabes hasta dónde quieres ver sufrir a tu gente. Feliz primer año de gobierno.

LE FAY.

Los ojos azules de la joven reina se llena de lágrimas, ya no de pena y sufrimiento, sino de algo que sentía por primera vez en su vida: Indignación, rabia y odio, un sentimiento que oprimía su pecho y le hacía hervir la sangre, hasta antes de ese momento para la muchacha la persona de Neherenia Le Fay era una especie de ente lejano y distante, la hechicera líder del reino oscuro, la enemiga a vencer, pero jamás la había sentido como una enemiga propia del todo, hasta ese momento.

Indignada, Serena Pendragon siente un momento toda esa furia heredada de su padre, quien tenía fama de tener un terrible carácter cuando de injusticias se trataba, y arruga la hoja con la amenaza para lanzarla lejos, pero siente la mano de Luna detener su puño.

—No lo hagas. —le quita la hoja la hechicera de cabello azul. —vas a conservar esto como un recuerdo sumamente importante en el tiempo que te quede como reina.

—¡Pero Luna! ¿Te das cuenta de la amenaza que me envía?... Deliberadamente asesinó a esas personas inocentes, hombres, mujeres…niños… ¿Y quieres que la conserve? —todavía furiosa como pocas veces la jovencita de coletas.

—Sí, quiero que lo hagas, porque este papel es justamente el aliciente que espero tengas cada día de tu vida como reina, el recordatorio clarísimo de este día, en que Neherenia Le Fay te ha dado la primera lección de una reina. —asegura la arcano desarrugando la hoja con sus manos, ante el evidente desconcierto de la heredera Pendragon.

—No entiendo, Luna, Le Fay es mi enemiga…¿Y me ha dado una lección? —duda la muchacha rubia.

—La lección que yo esperaba aprendieras durante toda esta campaña al Norte, que comenzaste a aprender cuando decidiste dejar atrás a los guerreros de Benwick en las cuevas de las montañas y priorizar lo importante, tu deber y tu misión como reina, antes que cualquier otro sentimiento. —asegura la sabia hechicera, Serena le da la espalda y limpia con su mano las lágrimas rebeldes de dolor y odio que corren por su rostro.

—Mi misión, mi deber… ¿Crees que valga la pena, Luna? Tantas personas inocentes muertas por mi causa, por ese deber y esa misión que heredé, Antor terminó hecho cenizas…¡Y Neherenia amenaza con continuar haciendo daño!

—Y lo hará, eso dalo por hecho, es la única forma que tiene de enfrentarte porque ya se dio cuenta que su poder, así esté aumentado por artes desconocidas, es inútil ante el verdadero poder de la hija de Selene, así que no tiene nada que hacer mas que lastimarte donde más te duele, en tu pueblo, y aprovecha también para vulnerar tu confianza y tu fe en ti misma, en quién eres y en el cumplimiento de tu misión que es su mayor amenaza. —instruye la hechicera y posa su mano en el hombro de la muchacha, que, de espaldas a ella, llora de indignación y rabia. —llora todo lo que quieras llorar, deja salir tu ira y tu dolor, pero no les des a Le Fay el gusto de caer en la trampa que te preparó.

—¿Y qué debo hacer? ¿Continuar con esta guerra, aunque sea gente inocente quien pague con su vida cada una de mis victorias? —gira la reina mirando a su maestra y mentora con los puños apretados. Luna entonces, posa su mano en la mejilla de Serena, y besa su frente en un gesto de cariño que jamás había tenido con ella antes y que desconcierta un poco a la jovencita.

—Sí, seguir adelante, siempre adelante, Serena, porque tu eres la luz de esperanza de este reino, y tu misión va más allá de una sola batalla, eres la Heredera de la diosa, la única que puede acabar con este mal, y te juro que si esas personas que murieron pudieran decirte algo sería que siguieras adelante, que si Sir Héctor pudiera decirte algo, también te diría que continuaras, si tus padres y todos los nobles que han muerto desde que inicio la invasión pudieran hablarte, te pedirían continuar, porque todos ellos dieron su vida gustosos por defender los ideales que representas, y si caes en la trampa de Le Fay, ellos habrán dado sus vidas en vano. —instruye Luna, y Serena se abraza llorosa al pecho de la hechicera que la recibe y acaricia su cabeza, permitiéndose uno de esos momentos de debilidad que siempre le había criticado a Artemis porque siente el dolor e impotencia de la jovencita que está aprendiendo de verdad lo que significa ser Reina de Albión y tener en sus manos decisiones que afectan a otros, lo cual era, sin duda, una de las lecciones más difíciles de aprender y asumir cuando eres gobernante.

—Luna… ¿Alguna vez mamá y papá se preguntaron lo mismo que yo?...si valía la pena seguir adelante, si las vidas de otros eran un costo demasiado alto para lograr el reino que estaban construyendo. —pregunta la muchacha, Luna sonríe y limpia sus lágrimas con la tela de su manto.

—Muchas veces, la reina Serenity sufría cada ataque del reino oscuro como si cada uno de los muertos fuera alguien de su familia, veía en ella el mismo dolor por su pueblo que veo en tu llanto, y el rey Uther tenía en su mirada la misma indignación y rabia que veo en tus ojos cada vez que una batalla resultaba demasiado sangrienta, tienes mucho de ambos en ti, Serena. —responde la arcano.

—¿Y qué los hacía seguir adelante, Luna? —duda Serena mirando atrás como Minako Tristán y unos soldados de Cornualles, bajan con cuidado el cuerpo sin vida de Kaolinet de Antor, el cual recibe su hija en sus brazos, llorando abrazada a su madre.

—La convicción de que estaban luchando por una causa mayor, construyendo un reino, con esos principios que leíste en la tabla redonda de la biblioteca de Uppsala, y que cuando nacieras tú, la luz de esperanza, la única capaz de terminar con la maldad que tanto nos lastimaba, entonces habría valido la pena todo sacrificio. —asegura Luna, Serena sonríe y suspira hondo.

—La tabla redonda…los principios de "Código de la verdad" la hermandad de caballeros que defenderían el reino, que serían guardianes de los desprotegidos. —repite Serena mirando a la rubia "Guerrera Dorada" posar su mano en el hombro de Kakyuu, y de forma muy caballerosa y noble retirarse la hermosa capa azul con el emblema del cisne dorado, y cubrir con todo respeto el cuerpo sin vida de la reina de Antor.

—Tu padre y tu madre idearon esa hermandad de caballeros, de defensores del reino, porque en el momento que naciste, Neherenia le Fay estaba haciendo con Albión lo que pretende hacer ahora, destruir todo lo que tus padres habían construido. —narra la hechicera.

—¿Lo habrían logrado, Luna?...si no hubiesen muerto, si ese día terrible de la gran invasión de Camelot no hubiera ocurrido, ¿Habría sido posible esa hermandad de la tabla redonda? ¿Habrían logrado proteger al reino? ¿Detener a Neherenia Le Fay? —pregunta con ansiedad la joven rubia.

—Sí. En la forma como lo habían planeado tus padres, junto con mi maestra Danna y Lord Freyr Gawain, habría funcionado. Eran como una patrulla de vigilantes que defenderían al reino mientras tu padre continuaba el avance de sus tropas para vencer al reino oscuro. —explica Lady Merlín, Serena se queda en silencio un momento, analizando las palabras de Luna, la actitud de Minako, y esa sensación especial y profunda que sintió cuando vio, leyó y tocó la madera circular blanca que decoraba la biblioteca de Uppsala.

—La tabla redonda…los caballeros de la tabla redonda…—repite la joven rubia, y lleva su mano a la empuñadura de Excálibur. Luna se acerca a ella y toma su otra mano, dejando en ella el papel con la amenaza de Neherenia.

—Guárdalo, y cada vez que dudes de lo correcto de tu misión, léelo de nuevo, sin querer, Neherenia le Fay te ha dado la mayor lección de lo que debe hacer y ser una verdadera reina. —afirma la hechicera, mientras la joven asiente y guarda en pedazo de papel en el peto de su armadura.

—Te prometo que no me desharé nunca de esta carta, Luna, y que eso y la memoria de mis padres, me harán seguir adelante, y si es que lo olvido, tendré la mesa redonda para recordarme los principios que defendían y que debo seguir defendiendo. —asegura con un tono de voz firme y decidido, como no tenía antes, Serena. Luna sonríe segura de haber logrado que la muchacha aprendiera lo que necesitaba aprender.

— Ahora conoces la inexplicable estrategia del reino oscuro, Neherenia retiró a sus tropas para hacerse fuerte en el Sur, no quiere más riesgos, y desde ahí, orquestará más ataques furtivos, avisaré a Artemis para que esté prevenido en Camelot, y prepárate, porque vamos a demorar mucho en volver a Camelot, hay demasiado que debes hacer y consolidar en toda esta zona, y ten por seguro que no será este ni el primero ni el último ataque. —afirma sabiamente Luna.

—Lo entiendo, Luna, pero no van a detenerme…no lo harán. —asegura la muchacha con un tono de firmeza que hace sonreír a la hechicera, porque es el mismo tono de decisión que tenía Uther Pendragon cuando inició su guerra contra el reino oscuro,

—¡Sere! ¡Ven de prisa! Mis hombres me informan que encontraron algunos sobrevivientes en el bosque, debes venir con nosotros para reconocerlos y darles ánimos. —llega corriendo por las escaleras del trono, Lady Minako Tristán, y ambas se van de prisa bajando las escaleras, mientras la arcano baja tras ellas, pensando que la historia no iba a terminar igual que en tiempos de los padres de Serena, y aunque no se lo dijo a la reina, porque era algo que quería discutir con Artemis, había algo más que se podía comprender en la carta de amenaza de Neherenia…ella tenía miedo, y si Le Fay era el síntoma, también el mismo miedo debía tener su monstruoso amo, y esa era la señal que la hechicera esperaba, sólo la verdadera reina de Albión podía provocar miedo al mismísimo Ghen, y supo que iba por el camino correcto, un reino poderoso y una reina invencible no se construyen en la primera batalla, pero sin duda Serena Pendragon de Igraine era la encarnación de todos sus anhelos y de su misión personal, y Luna Merlín había sacrificado demasiado por ese sueño, por esa visión que tuvo desde que la niña nació, por la poderosa Reina y sus caballeros de la mesa redonda.

Castillo de Gawain, ciudad de Uppsala, Norte de Albión.

La joven heredera de Gawain avanzaba por los pasillos del imponente castillo de hielo, que estaba siendo rápidamente reconstruido por los arquitectos y trabajadores del reino del Norte, igual que la biblioteca y toda la ciudad, a su lado camina la alta guerrera del desierto cubierta con su gruesa capa y usando su turbante que aprisiona sus cortos cabellos rubios.

—Es increíble lo que me ha contado, Lady Bors, aún me resulta difícil de creer que la cruel general que conocí desde pequeña y que nos hizo tanto daño a mi pueblo y a mí mientras gobernó Gawain, sea familia suya…una prima en primer grado. —comenta impactada Ami Gawain.

—Toda la historia que le conté es cierta, Lady Gawain, de inicio a fin, no sabe la enorme impresión que me llevé cuando vi a Zoicyte por primera vez en esa mazmorra de la frontera, pero no hay duda alguna, además de mi vivo recuerdo, y de que no ha cambiado tanto en este tiempo, está su marca del rostro del león de Falias en su hombro izquierdo, la que recibió cuando fue nombrada teniente de la armada de Bors, yo era una niña pequeña cuando presencié su ceremonia y vi cómo plasmaban en su piel esa señal de valor y rango militar con un fierro caliente. —asegura la chica.

—Comprenderá, Lady Bors, que no haya visto jamás dicha marca, pues con el frío de Gawain era imposible, la general Zoicyte siempre parecía en armadura o en reuniones protocolarias con el mismo uniforme gris que usan todos los generales. —asegura Ami. —¿Habló con ella en el camino a Uppsala? ¿Ya le dijo quién es? —pregunta con su natural curiosidad ante un enigma Ami Gawain. La rubia niega con la cabeza.

—No me atreví, estaba demasiado impactada primero y después, dolida y desconcertada de que no me reconociera, además, Lady Gawain, quería esperar a intentarlo con usted presente, sabiendo su interés por descifrar el origen del poder que tienen los generales. —asegura la rubia, Ami asiente.

—Justo ahora tengo varias teorías en mente, pero vamos a comprobarlo. —asegura la peliazul, cuando ambas se detienen delante de una puerta de madera custodiada por varios soldados de Gawain, quienes, al verlas llegar, quitan las cadenas y cerrojos, permitiéndoles la entrada en la estancia que era un cuarto de los que usaban los soldados del "Ejército Gélido" cuando estaban en servicio, sencillo y sobrio y con una alta ventana con barrotes que dejaba entrar la luz.

Dentro, la mujer rubia de largo cabello rizado, sujeto con una coleta, está recostada en el camastro, junto a una mesa de madera tiene una charola con la comida que debieron darle por la mañana como desayuno, completamente intacta, y se agita en una extraña fiebre. Haruka corre a su lado y trata de despertarla.

—¡Zoe!...¡Zoe!...¡Despierta! —la llama la joven rubia algo desesperada, Ami se acerca a ella y niega con la cabeza, cuando Haruka la deja en la cama, la heredera de Gawain toca con su mano la frente de la general, dándose cuenta que aunque suda, se trata de un sudor helado, y con la precisión de un cirujano, baja el cuello alto del uniforme gris de la mujer, mirando su lunar negro, pero cuando intenta tocarlo, la mancha de la piel se contrae y la chica reacciona de golpe, despertando con un grito de dolor, mientras empuja a Ami y se sienta en la cama, mirando desconcertada a las dos visitantes.

—¡Lady Gawain!... —se alarma Haruka y se acerca a ayudarla a levantarse. Zoicyte respira agitada y sujeta su cuello haciendo un gesto de dolor. La heredera Gawain se pone de pie con ayuda de la rubia y se acerca a la cama de la general.

—General Zoicyte…¿Me reconoce? —pregunta la peliazul, mientras la mujer de coleta rubia la mira un momento y asiente.

—Lady Ami Gawain, desde luego que la conozco…

—¿Y a mi compañera? Lady Haruka Bors. —pregunta atenta Ami.

—¡Ya les he contestado mil veces que no! La vi por vez primera en las mazmorras del fuerte Alphard, ¿Por qué insisten en que debía reconocerla? —reclama molesta la general y se pone de pie, dándoles la espalda a ambas. Ami mira a Haruka asintiendo, dándole a entender que era momento de explicarle la verdad a Zoicyte, la rubia de cabello corto se acerca a su lado.

—Porque tu eres parte de mi familia, tu nombre es Zoe Abimalek, eres mi prima, hija de Hasam Abimalek, hermano de mi madre, porque en Falias éramos como hermanas, tú me enseñaste todo lo que sé, a luchar, a andar a caballo…y salvaste mi vida, Zoe… —dice con vehemencia Haruka tras la mujer de uniforme gris y toma su hombro haciéndola girar para mirarla, luego toma su mano y pone en ella el pañuelo azul. —¿Lo recuerdas?...me lo diste en las cuevas cuando huíamos de Beryl, te quedaste atrás para salvarnos a tu padre y a mí, lo anudaste en mi mano y prometiste que volverías por él…—Zoicyte mira el pedazo de tela azul con dorado, y niega con la cabeza, devolviéndolo a Haruka.

—Lo siento, no recuerdo nada de lo que está diciendo, Lady Bors. —Haruka suspira descorazonada, mientras la mujer de coleta rubia regresa a sentarse a la cama con sus manos en su cabeza. Ami posa su mano en el hombro de la heredera Bors y le hace un gesto de aliento, luego se hinca en el suelo al lado de la prisionera.

—General Zoicyte, la reina Serena ha ordenado que sea traída aquí, pero no en calidad de prisionera; como todos los demás soldados del reino oscuro, tendrá derecho a su libertad y a irse cuando guste, sí así lo desea, sin represalia alguna de nuestra parte… —dice la joven heredera Gawain y coloca el pergamino con el indulto real y el sello de cera del dragón y el unicornio, al lado de la cama, junto a la mujer. Zoicyte levanta sus ojos azules y mira a Ami.

—Hay algo más…¿Cierto?...o no me habrían traído a Uppsala, si la intención de su reina era indultarme pudo hacerlo en Alphard. —deduce siempre inteligente la mejor estratega de los cuatro generales.

—Sí hay algo más, pero la reina quiere que sea usted libremente quién tome la decisión. Como ha podido darse cuenta, Lady Bors la reconoce, sabe quién era usted antes de volverse la general Zoicyte, tengo un proyecto para estudiar detenidamente el origen del poder oscuro, porque tenemos la teoría de que el lunar negro de su cuello es el causante de su enorme resistencia a un poder que habría matado a cualquier humano normal, y que esa misma marca, podría darnos respuestas al por qué de su memoria borrada y así poder entender algunas estrategias del reino oscuro en esta batalla. — explica Ami Gawain con su forma precisa y concisa de comunicarse. Zoicyte la mira en silencio un momento.

—Quédate, Zoe, deja que Lady Gawain descubra cómo regresarte tus recuerdos, tu pasado, tu vida…y cómo salvarte de esa maldición que te impusieron. —pide Haruka y se acerca a la rubia general que mira el techo y suspira hondo.

—Lo haré, me quedaré…porque en el fondo de mí misma siempre quise saber quién era antes de despertar en esa cueva de la Montaña Prohibida, en que Beryl me dio mi nombre y me leyó mis deberes como consigna, porque algo dentro mío siempre me dijo que no era yo quien me decían que era, y porque antes de esta batalla, me habían prometido revelarme mi identidad si el reino oscuro conservaba el poder en Gawain…también porque no tengo opción alguna, de todas formas moriré, me quede o me vaya. —explica la rubia ante el desconcierto de ambas herederas.

—¿Por qué dice eso, general? —pregunta Ami. Zoicyte se pone de pie de la cama y mira a ambas guerreras.

—Porque tiene usted razón, Lady Gawain, nosotros, los cuatro generales, siempre supimos que esa marca negra en nuestro cuello nos daba una singular capacidad para manejar el poder oscuro de los medallones, y otros que aumentaban nuestras habilidades humanas, pero no para siempre…cada determinado tiempo debíamos volver a la Montaña Prohibida a pasar por un nuevo tratamiento en la marca el cuello, bebíamos un brebaje para dormir, porque era demasiado doloroso, y cuando despertábamos, de nuevo teníamos la fuerza y poder de un general del reino oscuro. —narra la mujer ante la atónita mirada de Haruka y la analítica de Ami.

—¿Y qué pasa si no acuden a esas sesiones de renovación de poder oscuro? —pregunta la peliazul.

—Comienzas a debilitarte, en eso notábamos que nos hacía falta volver por ese tratamiento, todos lo hacíamos, en realidad nunca he tenido duda de que mi vida actual depende de esta cosa…-Zoicyte se toca el cuello. —cuando desperté por primera vez, en la cueva de práctica de Beryl, ella me lo dijo: "Bienvenida a la vida que nuestro amo Ghen te ha regalado de nuevo, sírvelo con fidelidad y él la conservará, pero si fallas, te la quitará. Él te ha dado nueva vida, correspóndele con obediencia y fidelidad." —explica Zoicyte su primer y más fuerte recuerdo. Haruka pone su mano en el hombro de su prima. —No sé que otras consecuencias tenga para nosotros pasar demasiado tiempo sin ese tratamiento, sólo he sentido debilidad, pero me lo imagino…

—Lady Gawain y Lord Artemis Nimue pueden detenerlo, Zoe, evitar que tu…que tu… —Haruka no se atreve a decir la palabra que mejor describe el lógico desenlace.

—Siendo honesta con usted, general, en realidad lo único que tengo hasta ahora son teorías, no sé si me sea posible detener ese proceso degenerativo, así que usted tiene la última palabra, aún está a tiempo de regresar. —sincera Ami Gawain.—es decisión suya, el indulto la protege si decide irse, y le daríamos un caballo y provisiones. —Zoicyte niega con la cabeza.

—¿Irme?...¿A dónde?...si vuelvo a la Montaña Prohibida me espera una muerte segura y nada piadosa, Neherenia Le Fay no es como su reina con quienes le fallan. —explica la rubia. —y aunque no pueda garantizarme que evitará que esta cosa me consuma, de igual modo prefiero quedarme, es mejor morir sabiendo quién soy, y recuperando un poco de mi pasado, a morir desangrada cuando Le Fay entierre sus uñas en mi cuello. —describe la mujer con una media sonrisa irónica. Ami Gawain asiente y Haruka sonríe también.

—Siempre fuiste la persona más valiente que conocí, Zoe. —le dice Haruka y anuda el pañuelo azul en el cuello de Zoicyte, cubriendo su marca. —es tuyo, fue tuyo siempre, y ahora te lo devuelvo.

—Será trasladada a una habitación más cómoda, general…es decir…Lady Zoe, y tendrá de nuestra parte todas las consideraciones, la llamaré a sesiones de experimentación y revisiones periódicamente, pero por lo demás tiene plena libertad de movimiento y acción, todos en Uppsala saben de su indulto. —explica la heredera Gawain.

—No se preocupe, Lady Gawain, no creo tener muchos ánimos de dar paseos, prefiero cooperar en todo lo que pueda para sus investigaciones y esperar que sirva de algo antes de que todo termine. —estoica responde la rubia.

—Vamos a charlar mucho, Zoe, voy a ayudarte a recordar, te contaré todo sobre Falias, sobre nuestra familia, sobre nuestras aventuras juntas, vamos a recuperar tus recuerdos. —promete Haruka y le da un abrazo espontáneo y fuerte, que Zoicyte demora en responder, poco acostumbrada a efusividades que en el reino oscuro no tenían cabida.

—Gracias, agradezcan igual a la reina por el indulto, y si no les incomoda, me siento agotada y quisiera dormir.

—Adelante, Lady Zoe, descanse y si puede coma un poco, cuando despierte habrá personas que la conducirán a sus nuevas habitaciones, donde tendrá ropa a su disposición y esperamos que nos acompañe en la cena, además de huésped real, es parte de la realeza de Bors, y una invitada para nosotros. —cortés ofrece Ami Gawain. La rubia solo asiente, y regresa a la cama, con paso cansado, mientras las dos guerreras salen de la habitación, regresando por los pasillos.

—Lady Gawain…¿Cree que sería buena idea hacer venir a tío Hasan? Él está en Tintagel, con Miteras Temis, quizá si Zoe ve a su padre, pueda recordar mejor. —pregunta Haruka.

—Si usted considera apropiado llamarlo, hágalo, aunque algo me dice que el resultado será el mismo que con usted, no lo reconocerá, parece que esa marca negra es más poderosa y terrible de lo que me esperaba, jamás creí que autoconsumiera a su portador si no es realimentada periódicamente…eso nos pone en una situación muy difícil, porque a pesar de que Lady Zoe sea consciente del riesgo, no quisiera perderla. —preocupada Ami Gawain. Haruka detiene su paso y la toma del brazo.

—Ella asumió los riesgos, así que no se sienta presionada ni comprometida a acciones imposibles, creo que lo único de Zoe que no ha perdido, es su valor, así que usted haga sus investigaciones y no se preocupe por lo demás, creo que en cierto modo todos entendemos que los alcances del poder oscuro se salen de nuestras manos, y no se preocupe, no la presionaremos ni yo ni nadie, disculpe mi entusiasmo anterior, continuaré con mis obligaciones y usted con las suyas, y ayudaré en lo que pueda con la memoria de mi prima, pero por favor, por ningún motivo trabaje presionada, lo que debe pasar, pasará de todas formas. —sonríe con tranquilidad la guerrera del desierto, Ami Gawain asiente y suspira aliviada.

—Gracias, Lady Bors. Le prometo que investigaré todo lo que pueda para ayudar a su prima, ahora volvamos a nuestros deberes, en ausencia de la reina hay que continuar los viajes de inspección y estar seguros de que no queda un solo soldado del reino oscuro en todo Gawain. —recuerda su misión la peliazul.

—Rei y yo estamos para eso, usted quédese y ocúpese de sus investigaciones, cuando la reina regrese querrá saber todos los detalles. Como buen equipo ocupémonos cada una de lo que hacemos mejor. —asegura la rubia y ambas guerreras caminan por los pasillos del castillo de hielo, de regreso a sus ocupaciones.

Lentamente, el sol se oculta en el horizonte de la imponente capital del Norte de Albión, extrañamente, es uno de esos días buenos donde hay luz del día hasta horas aceptables, en el único mes de verano de Gawain, el cual parecían haber coincidido con la victoria de la Reina Serena, porque el resto del año el cielo de aquella parte de la isla, era gris y lleno de ventiscas.

Fuera de la seguridad de la muralla, dentro de una cueva congelada llena de estalactitas, se ven unos destellos de luz roja, y dentro de esta, una mujer de largo cabello oscuro, sujeto en una alta coleta, y usando únicamente un pantalón negro y un blusón rojo atado a la cintura, sin zapatos a pesar de lo helado de la cueva, realiza varios movimientos de guardias y combate con su larga y delgada espada llameante, contra un enemigo imaginario, inexistente, pero presente en la mente de la guerrera, el cual se materializa con la forma de la sanguinaria Erzebeth Galathine, a quien puede ver en su imaginación como siempre la tiene presente, atacándola con esa velocidad supra humana con sus garras negras y sus colmillos afilados, y pensando en el enemigo que tiene en mente desde sus cinco años, lanza varios tajos certeros y veloces que terminan por partir las estalagmitas del hielo, como si fuesen de mantequilla.

La guerrera termina su carrera de entrenamiento respirando agitada, y su respiración deja salir vapor de su boca, contrastando con el frío de la tarde de Gawain. Un ave roja grazna y vuela dentro de la cueva, abandonando la piedra donde descansaba plácidamente al lado de su ama, y el tono del graznido del fénix, así como los agudos sentidos espirituales de la hija de Artemis Nimue, se encienden enseguida, sintiendo una rara presencia que se aproxima.

—Lo sentí también, Garuda…alerta… —dice en voz alta la guerrera del Sur y pone en guardia su espada hacia la entrada de la cueva, el ave roja enciende su cauda y eriza las plumas de su cabeza, tan alerta como su dueña a la presencia que se acerca con forma de una sombra blanca que avanza hacia el interior a una velocidad impresionante, tanto que ni siquiera el ojo entrenado de Rei Lancelot puede darse cuenta de qué es aquello, gira en guardia media en círculos asustada de no lograr ver o detener a la sombra blanca, hasta que algo la empuja con fuerza por la espalda haciéndola caer al suelo, la guerrera rueda y emplea la fuerza de la caída para girar en el suelo y quedar hincada con la espada apuntando al cuerpo de lo que sea que la ataca, mientras el fénix rojo se lanza a atacar a lo que está amenazando a su ama, hasta que la voz de Rei lo detiene. —¡NO!...¡Garuda, tranquilo! —pide la heredera de Benwick, mientras el ave se detiene y aterriza en el suelo de la cueva.

En medio de esta, Rei Lancelot tiene su espada enterrada en el pecho de Lady Skadi Gawain, quien estaba por atacarla, con la punta de sus uñas en el cuello de la chica de cabello oscuro, quien la mira aterrada.

—Lady Gawain…¡Por la diosa! —se asusta Rei y saca la espada del pecho de la reina de Uppsala, quien sonríe de lado, mientras el hueco hecho por la espada de Rei se cierra lentamente en su piel pálida sin gota de sangre.

—Lady Lancelot, buenas noches. —sonríe la bella reina de cabello blanco, como si no acabaran de hacerle herida alguna, mientras se levanta y alarga su mano delgada y pálida, para ayudar a ponerse de pie—no esperaba encontrarla en mi cueva de refugio, imaginé todo menos que fuera usted, disculpe el ataque. —afirma la reina de cabello blanco, y la heredera de Benwick sonríe tomando la helada mano de la soberana del Norte para levantarse.

—Garuda y yo acabamos de encontrar este lugar, y estaba entrenando un poco. —afirma la joven de ojos amatista. —no sabía que esta cueva estaba ocupada.

—Vengo aquí a alimentarme en paz, luego de mi cacería de cada tercer día. Imaginará que no es un espectáculo que desearía que alguno de mis guerreros, o alguien del reino, menos aún mi familia, presenciara. Traigo aquí mis presas, me alimento y regreso a Uppsala. —explica Skadi, Rei asiente y camina hacia donde dejó sus ropas, tomando el grueso abrigo negro de pieles que le regaló Ami Gawain.

—Comprendo y no se preocupe, que no lo sabrán por mí, hay más cuevas en la ladera de la Cordillera Skaderna, así que me mudaré a entrenar a otro lugar donde no la incomode. —afirma la muchacha, Skadi la mira en silencio, analizando su sencilla ropa en una hora en que el frío arreciaba, el hecho de no tener zapatos y sus movimientos firmes y seguros que lograron enterrarle su espada en el pecho a pesar de lo superior que era Skadi ahora en fuerza y velocidad.

—No sabía que, aun siendo la mejor guerrera de Albión, entrenara con tanto ahínco, tampoco imaginaba ver en persona los principios estoicos de entrenamiento en condiciones físicas extremas propio de los guerreros de Benwick. Mi esposo lo describió con detalle en uno de sus libros de viaje, aunque en su diario lo describía como prácticas sobre carbón encendido o dentro de volcanes, no en frío, así que disculpe mi emoción. —afirma la reina de Uppsala, disculpándose de la mirada insistente que mantenía sobre la muchacha.

—Un buen guerrero jamás deja de entrenar, porque el día que confíe en sus fuerzas y deje de hacerlo, será el día de su muerte. —afirma la pelinegra, limpiando su sudor con su capa roja, y sentándose en una roca para calzarse las botas.

—Sabio lema, Lady Lancelot. En cierta manera me alegra encontrarla aquí, lejos de Uppsala y de la corte. Tengo algo muy importante de qué hablar con usted, algo que he pensado detenidamente y en lo que sólo usted puede ayudarme, pero no me había atrevido a buscarla antes. —afirma la reina y se mueve por la cueva como si flotara en una nube de bruma blanca, Rei nota eso, mirando de soslayo a la reina Skadi, dándose cuenta de que la transformación en dearg-dul es ya completa en ella.

—Dígame entonces. —responde la heredera de Benwick, mientras Skadi saca de entre unas rocas un zorro blanco muerto, con el cuello desgarrado, y lo toma de la cola, flotando ahora hacia Rei Lancelot.

—Se trata de mi condición, de esta maldición de la que me infectó Galathine, y de la cual ya ha podido presenciar las consecuencias. Soy un ente extraño, suspendido entre un Draugr, y mi conciencia humana, la cual no perdí como debió pasar, gracias al sello que le impuso nuestra Señora a mi lado bestial. —inicia la soberana, Rei asiente.

—Eso veo, ya se mueve como ella, y tiene su fuerza y su forma de ataque. —responde la muchacha mientras ata los cordones de sus botas.

—Y me alimento como ella…créame, Lady Lancelot, que hago esfuerzos terribles por alimentarme lo menos posible, resisto la sed dos días, pero el tercero debo cazar, es imposible de soportar, todo esto, a pesar de controlarlo lo mejor posible en la corte y entre mi pueblo, es innegable que me he vuelto casi como ella, y la vida eterna no es algo que quiera o desee . —afirma la bella mujer de piel pálida, mirando a la heredera de Benwick a los ojos. —¿Lo puede imaginar? No morir, condenada a vivir succionando la vida de otros seres, no envejecer, ver pasar el tiempo por quienes amo, por mis hijos, y quizá verlos envejecer y morir mientras yo sigo suspendida en esta forma, no es algo particularmente agradable de imaginar. —dolida explica Skadi.

—Definitivamente no, y entiendo su angustia por el futuro, Lady Skadi, pero por desgracia parece que no existe ninguna forma conocida de detener esta maldición, créame que llevo mucho tiempo buscando sin éxito cómo acabar con ese monstruo de Galathine. —afirma Rei con ese tono de ira contenida que usaba siempre que se refería a la sanguinaria mujer.

—También conozco la historia terrible que la liga a esa mujer, causante de la desdicha de su familia, como también de la mía, y es justamente eso lo que me mueve a hacerle esta petición, una que no puedo hacerle a nadie más. —suplica la reina de Uppsala.

—Lo que necesite, Lady Skadi, si en mis manos está ayudarla, cuente con ello. —ofrece la guerrera poniéndose de pie, ya con sus botas calzadas y su abrigo, ahora se coloca el cinto con la funda de su espada.

—Desde hace dos semanas, he intentado acabar con mi vida de muchas formas posibles y hasta imposibles…

—¡Lady Skadi! —se alarma Rei Lancelot.

—Sí, lo he hecho, la primera vez fue por la desesperación de no soportar el hambre y asesinar a una pobre cierva en el bosque que tenía crías, al estarme alimentando con un deleite indescriptible, me llegó un chispazo de lucidez, y por un momento me di plena cuenta de mi condición, que era más de bestia que de humano, y desesperada me lancé del acantilado Oeste, directo a las rocas…ya deducirá usted que después del dolor de la caída y las heridas, me desvanecí en niebla blanca y me levanté como si nada, igual que otras formas más que he empleado, desde venenos, armas, incluso fuego…. —afirma Skadi Gawain, acarician la cauda roja de Garuda, que está parado en una roca a su lado. —nada funciona. —Rei Lancelot vuelve a sentarse en las rocas al lado de la reina y el ave, acariciándola también. —Quizá usted no entienda, me juzgue duramente, le moleste que atente contra mi vida…

—No, para nada, yo comprendo. Quizá en su lugar haría lo mismo, sólo que quizá no ha tratado con todo, porque recuerdo cuando la encontramos en la torre, después de la batalla contra Galathine y de la explosión de poder de Serena, usted estaba lastimada, y esas heridas no sanaron tan de prisa como la que le acabo de hacer. —sugiere la joven de cabello oscuro.

—Ya lo había pensado, a Galathine le pasó lo mismo antes de desaparecer, el poder de las reliquias nos quema como no lo hace el fuego común, pero yo no puedo usar ni la espada ni el cristal de plata para suicidarme, aunque estaban en mis planes, porque usted y yo sabemos que sólo gente de sangre Igraine en primer grado puede tomar las reliquias y hacerlas reaccionar con el poder de Selene, y dudo mucho que la reina quiera hacerme el favor de asesinarme para probar si funciona o de que yo sea capaz de robar alguna considerando su importancia para el reino. —sonríe la inteligente dama de piel blanquecina, mostrando sus puntiagudos colmillos.

—Sin duda que no, Sere jamás entendería sus motivos, además me consta lo feliz que está por haber descubierto que ustedes son su familia, Ami, sus hijos y usted, lo dice a todos los que la escuchan, que encontró al fin a sus familiares, además su buen corazón no le permitiría siquiera pensarlo. —asegura Rei Lancelot, mostrando lo bien que conoce a su amiga y soberana, Skadi asiente.

—Tampoco tengo pensado someter a la reina a semejante trance, bastante tiene con las responsabilidades que le aguardan, sin embargo, he pensado solicitar la ayuda a alguien más afín con mis finalidades, ya que estas pueden servir a los planes de ambas, las mías y las de usted. —mira la reina de Uppsala directamente las pupilas moradas de la capitana de la reina.

—Honestamente, Lady Skadi, no creo serle de ayuda, aunque quisiera, ya ha visto que no existe algo que pueda matar a un dearg-dul. —asegura Rei.

—De momento no sabemos qué pueda asesinar a un Draugr pero debe existir una manera, la plaga de los Draugr fue sofocada hace muchos años por un antepasado de mi marido y el bisabuelo de la reina, y si ellos encontraron la forma de exterminarlos, significa que existe. —infiere la reina de cabello blanco.

—Ami me contó al respecto cuando la anciana guerrera de la orden del Búho nos informó de su prisión y la de sus hijos, pero también me contó que hace años la biblioteca fue objeto de un atentado y los viejos documentos de la crónica de Tyr Gawain fueron arrancados, también me dijo que encontraron a la bibliotecaria en turno muerta y sin gota de sangre. —recuerda la heredera Lancelot, Skadi asiente.

—Es verdad, ahora hilando los acontecimientos, no tengo duda que Galathine fue quien se deshizo de esa crónica, y si lo hizo fue por su temor a que alguien más encontrara la forma de destruirla, por lo tanto, esa forma existe, tenemos demasiados indicios para ello, y también creo que debe ser una forma accesible para cualquiera, porque los Draugr y su maldad no provienen de la misma fuente del mal de la que provienen los poderes del Reino Oscuro, de Neherenia Le Fay y sus súbditos, es evidente que los afecte el poder de la diosa porque son seres podridos, malvados, crueles, pero estoy segura que esa manera de destruirlos existe, y la clave debe estar en el condado de Valaquia, donde toda esa plaga inició y terminó.

—En las montañas de Valaquia, en el reino de Lady Badevire. —repite atenta Rei, Skadi asiente.

—He recopilado la parte antigua de la crónica de Lord Tyr Gawain, a pesar de las páginas faltantes, y quisiera que la leyera y me dijera honestamente si cree que podamos encontrar alguna pista sobre esos seres en Valaquia, y que me diga también si quiere ayudarme a investigarlo. Yo no puedo ni quiero alejarme de Gawain, no sé si fuera de mi reino y de mi zona segura me sea posible mantenerme controlada como hasta ahora, y si gracias a la reina esta maldición se detuvo y conservo algo de mi humanidad, prefiero no arriesgarme.

—Además tiene la responsabilidad del gobierno del reino que estoy segura la necesitará ahora más que nunca para reconstruirse y reorganizarse después de la guerra, sus hijos son muy pequeños para ocuparse de algo así, y Ami seguramente regresará a Camelot en cuanto la reina se vaya, tiene sus responsabilidades en el gobierno de Albión. —deduce la muchacha, Skadi asiente.

—Sé que usted también tiene muchas responsabilidades, como capitana y mano derecha de la reina, pero también me consta que tiene experiencia en viajar, que se mueve con velocidad por el reino con su gente, que tiene a su disposición medios de información veloz con sus guerreras órnico y que, además, si hay algún peligro en los bosques de Valaquia, podrá enfrentarlo sin dificultades, es una magnífica guerrera. —inquiere Skadi, Rei sonríe.

—No se si eso sea un cumplido o la forma más diplomática que conozco de enviarme a las fauces del lobo. —entiende la joven el sentido de las palabras de la reina, ella sonríe y toma la mano de Rei con la suya.

—Ambas cosas, Lady Lancelot, yo me comprometo a seguir indagando todo lo que me sea posible sobre esos monstruos, y enviarle información, si usted se compromete a buscar e indagar por mí, además le ofrezco algo que nadie más le puede ofrecer, la posibilidad de probar cada una de las formas de matar a Galathine en mí, si tenemos suerte y resulta, usted tendrá una forma segura de obtener su venganza y yo el descanso que al fin busco. —narra Skadi, un momento Rei se queda en silencio, y también presiona la mano de Skadi.

—Es un trato, pero tengo una condición.

—¿Cuál?

—Que cada año, me reciba aquí una semana, si es posible en el tiempo de invierno, cuando el clima sea más inclemente, y me permita demostrarle los avances de mi entrenamiento como si de verdad estuviera atacando a Galathine, siempre que entreno pienso en ella, en todo lo que los dearg-dul pueden hacer y me superan, porque aunque encontremos la forma de asesinarla, saberlo es una cosa y lograrlo otra, Galathine es una rival formidable…

—Vaya que lo es.

—¿Entonces acepta la condición? Quiero entrenar con usted, una semana al año, y medirme con la única persona igual a Galathine que hay en Albión, y a cambio le prometo hacer todas las indagaciones que necesita para que usted tenga su paz y yo mi venganza, se lo juro por la memoria y honor de mi familia y por el amor que le tengo a mi padre. —firme y decidida Rei Lancelot, sube su mano hasta presionar el brazo de Skadi hasta su codo quien asiente y sonríe conociendo esa manera de cerrar tratos de honor tan propios de las tierras de Benwick.

—Es un trato, que también le juro respetar por la memoria de mi esposo y mi hijo mayor, y la de mis hijos. —imita la reina de Uppsala la presión de Rei Lancelot y ambas asienten. —sobra decirle que este acuerdo debe permanecer únicamente entre nosotros, dudo que Ami o mis hijos comprendan mis motivos.

—Pierda cuidado, nadie más que nosotros y Garuda lo sabremos, y él es tan discreto como yo. —sonríe la guerrera de cabello oscuro, y el ave grazna como afirmando las palabras de su dueña. —ahora nos retiramos, terminó mi entrenamiento y no quiero perturbar su momento de cenar.

—Gracias, Lady Lancelot. —responde Skadi Gawain, mientras la mira alejarse seguida del ave de fuego que se posa en su brazo, y suspira hondo, con sus nuevos dones se habían agudizado sus sentidos y su instinto le daban ahora una nueva dimensión para conocer a las personas, y esa sensación de sentir erizar sus vellos de la espina dorsal cuando estaba cerca algo o alguien peligroso, únicamente le ocurría con Lady Lancelot, ni siquiera con la reina Serena, o con el más feroz oso de las nieves con que se cruzaba en sus cacerías nocturnas, eso debía tener algún significado. —por favor, Serenity, que no me haya equivocado, que sea ella la destinada a acabar con este tormento…porque no creo soportarlo todos los siglos que lo ha hecho Galathine…—ora la sabia reina de Uppsala a su desaparecida y querida tía, y después, mira al zorro blanco muerto a su lado, y aún con la repulsión que aquello le causaba a su parte humana, la sed es demasiada, así que sus ojos azules se tornan rojos y tomando el cuerpo del animal, lo levanta y le clava los colmillos para alimentarse, en la soledad de aquella cueva donde puede dejar libre su lado salvaje sin temor a asustar a quienes ama…

NOTAS FINALES: Aquí dando señales de vida con un capítulo tan largo que espero compense la demora que he tenido en concluir la historia.

Juro que intenté acabarla y cerrarla en uno solo pero no me fue posible, hay demasiados cabos que atar para concluirla y dar paso a la siguiente parte, así que subo el capítulo final y les debo un epílogo próximamente que será también un preludio del segundo libro titulado "LA REINA", es un proyecto personal adaptar todo el ciclo Artúrico con Sailor Moon y a pesar de tener encima tesis doctoral, aquí me verán =) (aunque no prometo cuándo)

Gracias a todos los que se asoman a mi imaginación, en especial a mi amigo Demian, el mayor fan de esta historia, queme dedica reviews cuando me desaparezco…¡No morí! Aunque esté enterrada en montañas de trabajo por la tesis. ¡Gracias por tu apoyo!

"Cuando más complicado, mejor, cuanto más imposible, más bello"

LEONOR DE ÉBOLI.