Capítulo XXVII

Buenas noches - contestaron todos ante la persona que anteriormente les había saludado.

Veo que esto es... muy agradable y que se divierten... - suelta Niel, de manera ofensiva.

¿Por qué no deberíamos ser agradables Niel? - pregunta William, aceptando que se divertían a pesar de que era una pantalla para distraerlo.

Los italianos nos dedicamos a la familia y las cenas son sagradas señor Leagan - explica mi madre cuando recién entra a la sala.

Sí es lo que veo, nosotros también lo éramos... - susurró con sorna, ya que desde que apareció Candice en la escena, ellos interrumpieron las noches familiares por la desunión.

Pues nosotros lo somos siempre a pesar de personas no tan agradables - refiero sin tener la más mínima cautela de lo dicho.

Terry, ¿aún por aquí? - cuestiona Niel al entender lo que trata de decirle.

Por supuesto, nos quedaremos una temporada. Me disculpas, sí...bueno - me interrumpo al notar su rostro de congoja y en ese justo momento Benedetti me llama para avisarme de algo.

Terry salimos de la operación, estamos vigilándola y te informaré de cualquier cambio, de acuerdo. Nos quedaremos un tiempo por aquí y dejaremos a una enfermera, después nos iremos a descansar y regresaré en un par de horas, ¿de acuerdo? - me cuenta Benedetti mientras un curioso niel se acerca y entonces comenzamos a hablar en sardo, un dialecto italiano.

Si, gracias - respondo en el mismo dialecto.

¿Sucede algo, hijo? - cuestiona mi madre extrañada.

Tía Claire, salió de la operación, nos avisaran si algo ocurre - respondí a mi madre, entendiéndome desde el principio todo lo que le había dicho.

¿Tienes una tía enferma, Terry? - cuestiona William, sorprendido de que ellos no estuvieran en Argentina, si no aquí y deduciendo adivinó por qué él no estaba con ella.

Sí, mi tía Claire, pero imposible visitarla, vive en Argentina. Digo, necesitábamos algún descanso, de cualquier forma mis primos se dedicarán a cuidar a su madre - referí atento al rostro de Niel, que pestañeaba por la información recibida.

Eso es lo bueno de los italianos, todos se ayudan - ironizó Niel, siendo cierto.

Sí, pasamos al comedor, ¡la cena está lista! - solicitó mi madre entusiasta por el motivo, que obviamente no existía.

Terry si quieres puedes irte a Argentina con tu tía, ella estará bien, te lo informaré, de verdad - aseguró William en un susurro.

Mi tía Claire Grandchester, es tía de mi padre y lleva cerca de 20 años en el mismo lugar en donde mi padre la dejó, en el panteón del chalet en Lacio - respondí sonriéndole y guiñándole un ojo para que me siguiera la corriente.

Pero...¡qué buena puntada! - aceptó el señor William.

Afortunadamente dudo que Niel conozca el sardo, ya casi no se utiliza - le aseguré, aclarándole que es la primera vez que lo usaba después de la muerte de mi padre.

Bien, afortunadamente como tú dices, si lo conozco. ¡Bien jugado Terry! - William lo felicitó.

¡Apresúrense, la comida se enfría! - exclamó mi madre, arreándonos. Pueden sentarse - pidió ella de nueva cuenta.

¡Gracias madre, como siempre tus cenas son de excelencia! - la felicité porque la mesa era exquisita, esa era su costumbre.

Tenía que aportar algo hijo, William fue muy amable de invitarnos a pasar unos días aquí en su casa de campo - agradecida mi madre, hizo ese comentario.

Gracias, pero de hecho deberás felicitar a mi nuera, ésta casa era propiedad de Ferrel y creo que ella es la dueña - afirmó William sonriendo.

Sí, en efecto, ella engatusó a mi tío quien sabe con qué tipos de favores y ahí lo tienen, él le dejó toda su fortuna - aseguró el moreno.

¡Niel! - fue reprendido por William.

Bien, siga defendiéndola tío y Anthony, si nos descuidamos también te dejarán sin herencia - murmuró groseramente.

No sabes lo que dices, Niel - aseguró él, sin tomarlo en cuenta.

Entonces William, Candice no usa ésta casa - quiso saber mi madre, que especialmente su curiosidad era innata.

No, no la hemos visto en éstos últimos años - refirió cuando era exactamente lo contrario, pero eso sí que no se lo iba a decir.

No le parece un desperdicio Eleonor, casas, fincas, edificios y nadie sabe nada de la dueña, además todo lo sigue manejando el abogado de la familia Andley - Niel quería lucirse esa noche.

Bien, bueno, no diría un desperdicio, una casa tan grande requiere de muchos servicios, además no sabemos por qué no las utiliza, quizás para ella sean demasiado ostentosas - aseguró ya que conocía un poco más que Niel de su forma de vivir.

Por supuesto que son ostentosas, esto es Rusia, llena de castillos y mansiones - Niel mencionó el lujo como era su costumbre.

Sí, pero entiende Niel, ella es sencilla... - espetó Anthony, se lo había dicho hasta el cansancio.

¿Has visto cómo se viste? ¡Parece pobre! - exclamó mientras tomaba un trozo de pescado de la bandejita de plata que se encontraba al frente de él.

Anda de uniforme por el trabajo - refirió William preocupado por la superficialidad de su sobrino.

¡No necesita trabajar! - exclamó Anthony por décima o diecinueveava vez, realmente había perdido la cuenta.

He oído que de todos los descendientes de tu familia, ella que no pertenece, es la única que trabaja en algo distinto que los negocios familiares y que además es propio de los hombres - sin embargo, las preguntas de mi madre tenían un propósito.

Por supuesto, a diferencia de Niel por ejemplo, tiene una empresa rentable, trabaja con Kolios y es heredera - responde William con naturalidad.

Sí claro, ¿alguien ya sabe de Ni...? - cuestionó Niel sin querer.

No es asunto tuyo Niel, deja de hablar de Candice y encaminemos la conversación hacia otro lado - zanjó el tema, no era una información que me supiera, quién demonios era Ni.

¡Santa Candice! Si tener hijos por todos lados es lo suyo, sabes que heredará muchas cosas, más de las que Ferrel tenía planeadas para mí - Niel no quitaba el dedo del renglón.

Vaya, eso sí que es difícil de pensarlo - admitió Anthony burlón.

Ya te dije que eso es problema de ella - rebatió William.

¡Quizás sea tu nieto! - aseguró él muy convencido de que ella tenía un hijo en algún lado.

No ha tenido hijos con nadie, ya lo hubiéramos enterado

Si tú lo dices, ese niño de ¿dónde salió? - cuestionó Niel alterado.

¡Niel basta, cenemos! - William tenía que parar ésta discusión; así que mandó a callar a su sobrino y en verdad que zanjó el tema.

Así la cena dejó de ser alegre, para convertirse en algo más de protocolo. Pasaron los minutos y todos pensaron que no podría ponerse más aburrida. Al terminar de cenar, todos pasaron a la sala a tomar el té y comenzaron a hablar de cosas más interesantes, antes de que me pusiera a ver una fotografía que se encontraba delante mío y sobre la chimenea, fue muy alucinante. La fotografía mostraba a una Candice de cabello suelto que corriendo su cabello se encontraba en el aire. Eso me hizo sonreír, porque cada vez que la veía, ella se recogía el cabello para que no se lo viera, de ser posible, nadie.

Candice detesta traerlo suelto... - dijo Anthony.

Por eso se lo recoge, aunque se le vea mejor - admite William haciendo sonreír a su hijo.

Esa foto se la tomamos cuando vivía aquí con Ferrel - explicó Anthony.

Claro, los amantes disfrazaban su amorío de todos, hasta de su esposo - comentó Niel como si pudiera evitarlo.

¡Niel! - advirtió de nueva cuenta William.

Bien, bien me callaré... - prometió él.

Sí quizás algún día, te arrepientas - aseguró su tío.

Hasta no ver cómo me arrepentiré, no lo aceptaré - refunfuñó el joven.

Bueno caballeros, ha llegado hora de ir a dormir - anunció William.

Pienso lo mismo, vamos mamá - la invitó a acompañarme.

Vamos hijo, vi que comenzaste a hablar sardo, ¿alguien inmiscuyéndose? - me cuestiona divertida.

Niel es peligroso mamá, nada de lo que conoces en él es verdadero, quiero que tengas mucho cuidado - le pedí con fervor.

Lo tendré, voy por Marie, debe de estar durmiendo en la cocina - sonrió sabiendo que probablemente así era.

Descansa - le desee.

Tú también hijo - mi madre como siempre, me deseó buenas noches.

Gracias y llévate a Marie a la cama - le pedí.

Lo haré - aceptó y se metió a la cocina.

¡Terry! - Niel se acercaba a despedirse.

Niel, buenas noches - me despedí con cara de buenos amigos aunque eso estaba lejos de sentir.

Igual para ti - deseó Niel dándome un abrazo y saliendo por la puerta.

William - lo llamé atento.

Sí Terry - respondió el hombre acercándose a donde me encontraba.

Le recomiendo que alguno de sus chicos coloque una de sus cámaras con audio en la entrada - sugerí amablemente.

Bien, lo veré. ¿Bajarás? - me preguntó mientras tomaba un mando y comenzaba apagar las luces de todos lados.

Sí, creo que Anthony también - acepté que él me había ganado la decisión de hacerlo.

Bien, descansen y no te preocupes, mi habitación es la única que tiene cámaras de esas aéreas, me enteraré de lo que pasa mientras Benedetti descansa - me aseguró y subió las escaleras lentamente.

Y ¿Flammy? - cuestioné rápidamente antes de que entrara a los pasillos de las habitaciones.

Igual que Benedetti, la única persona ahí serán ustedes y una enfermera, de ahí en fuera el equipo médico descansa en las habitaciones aledañas - me informó.

Bien, descanse William - le deseo dirigiéndome al elevador.

Mientras todos se retiraban a descansar, aproveché para bajar a la sala de espera que se encontraba en el sótano, al salir del elevador me encontré con Anthony, quien se había quedado esperando justo en la puerta de entrada a la sala de recuperación.

Anthony, ¿por qué no entras? - le cuestioné al verlo ahí.

Me dieron órdenes de que esperara - me respondió.

Sí, quizás nos den ropa especial para entrar a la habitación de recuperación - me imaginé y más siendo una operación cerebral.

No había pensado en eso... - admitió el rubio viendo como una enfermera se acercaba.

¿Usted también va a entrar? - cuestionó la enfermera cuando me vio esperando y observando cómo Anthony se enfundaba en una bata, tapabocas, cofia, botas y guantes de quirófano.

Eso intento - admito.

Sólo puede entrar de a uno por vez, tenga usted éste paquete, colóqueselo y vendré después - ella indicó mientras me proporcionaba otro paquete de la misma ropa que a él.

Bien, gracias - agradecí enterándome de como se colocaba la ropa dada.

Anthony se vistió y después de verificar sí se lo había puesto todo, se dirigió a la habitación donde se encontraba Candice, luego al entrar se quedó mirándola recargándose en el resquicio de la puerta, a sabiendas de que le estaba observando. Era todo muy extraño, él por primera vez estaba admitiendo que el amor por ella era genuino, al ver que una lágrima resbalaba por su rostro y que tampoco tuvo a bien quitársela para dar unos pasos y levantarla cuidadosamente de la cama de hospital para después, abrazarla, haciendo que los brazos de Candice se soltaran hacia atrás, ya que ella no estaba consciente.

Observé cada movimiento, sabía que todo era porque ella se encontraba de ese modo, de no ser por ello, lo más seguro es que se sentiría de diferente forma, me prometí que hablaría con él, pero no estaba seguro de si lo habría hecho o no.

Por un momento interminable, perdí gran información al ver que ella no despertaba, decidí no mirar más y por supuesto deambular por ahí; digamos que le di al güerito cierta privacidad, por el momento. Ya regresaría para saber que le ocurría a Candice, subí por el elevador y al salir me dirigí a la sala.

Caminé y al llegar esa foto me hizo sonreír, pensando que quizás no era porque ella quería vislumbrar su cabello al aire.

Terry ¿aún sigues aquí? - preguntó William al verlo aparecer por la sala, donde me había quedado, observando la foto que anteriormente vi.

Sí, Anthony necesitaba privacidad, así que se la di - respondí explicándole por qué estaba así.

Esa es una de mis fotos favoritas, ¿quieres saber la historia? - preguntó sonriente.

¿Tiene una historia? - cuestioné al mismo tiempo.

Por supuesto, todo en Candy es una historia, sabías que no le gustan las fotos... - explicó conmocionado, es más podría decir que tenía cierta aversión.

En serio, ¿por qué? - quise saber.

No es fotogénica según ella - me respondió con burla, por supuesto que lo era.

Pero solo tienes un par de fotos - rebatí sabiendo que entonces ella no se dejaba tomar fotos.

No, aquí tengo más, luego te las enseño. Por el momento te contaré ésta historia, fue una de las últimas que le hizo y está conectada a los Rocco, así que sentémonos y la escucharás sin interrumpir. ¿Quieres un trago? - me invitó cortésmente a que yo mismo me sirviera.

¿Lo necesitaré? - pregunté ameno.

Probablemente... - aceptó él.

Eso fue lo menos sutil que me hubo dicho, por lo que comencé a servirme el trago de whiskey que me ofreció William, después me lo llevé al sofá y sentándome esperé que comenzara.

Bien, la historia comienza así, Anthony y Candice estaban recostados en los camastros de la alberca en la mansión y yo me encontraba arriba en la terraza de mi habitación descansando. Todo se oye desde mi terraza, así que decidí enterarme de algunas cosas, porque ellos dos, todo se cuentan - comenzó a relatar William, sin cuidado alguno.

Candice, dime - solicitó Anthony dándose vuelta en el camastro para que actuara el sol en su espalda.

¿Qué cosa? - contestó ella con flojera, bostezando.

¿Recuerdas cuando Bert y tú se fueron Cartagena? - cuestionó Anthony, curioso.

¡Oh sí! El miedo al avión… - al parecer Candice es lo único que recordaba.

No me refería a eso, ¡te atreviste a cortarte el cabello! - refiere Anthony con entusiasmo.

Él dijo tácitamente que le encantaba verme el cabello suelto y eso hice, entré a una estética, me hice una cola baja, lo até, lo corté y después le regalé mi cabello en caja dorada - relató ella sonriendo y casi carcajeándose cuando terminó de contarlo.

Sabes que no era eso a lo que se refería... - insinuó el rubio, sabiendo que a ella esa acción le hubo costado su casi casamiento con su hermano.

Para que no es específico, no supe qué cara puso, por qué no contraté a alguien para verlo - susurró más para ella que para él.

Jajajaja yo sí lo vi, me encontraba con él cuando un chico le llevó una caja tipo regalo para rosas con tu larga y rizada cabellera dorada, aunque lo que le enfadó no fue precisamente eso - aseguró el chico, levantándose para imitar a su hermano y su comportamiento.

¡Ah no! Entonces, ¿qué fue? - quiso saber ella.

Sencillo, había una nota en el exterior: "…Para que tengas entre tus dedos mi cabello suelto…". Candice. Esa frase se le quedó grabada, tanto que maldijo en ruso y no te diré lo que dijo - se mofó su amigo, haciendo que la rubia se sonrojara por la burla con la que escribió ese mensaje.

¿En serio? Solamente obedecí sus órdenes y ahora mira qué bonito lo tengo, haberlo llevado de niño fue bueno - se entusiasmo con la idea.

¿Te divertiste? - le cuestionó el rubio.

¡Oh sí! Sobre todo porque esa noche me invitó a cenar y no me reconoció. Estaba súper enfadado.

¡Con que burlándote! - Anthony la retó.

Poquito, además sé que le gustó - exclamó ella.

Por supuesto que no, lo recibió, lo tiró en el bote de la basura y yo lo recogí para unas pelucas para los niños con cáncer. Pero sobretodo porque no se lo esperaba, dio como cien vueltas por la habitación del hotel y tenía un humor de perros - termino por contarle, sorprendiéndola.

¿A poco? - quiso ella saber.

Oh sí, ahí fue el comienzo de todo - recordó Anthony.

No es cierto… - refirió ella sonriéndole.

Sí, desde ahí le comenzaste hacer más cosas - recapituló él.

Se lo tenía merecido. Sobre todo en el baile de verano, ¡qué lindo momento! - recordó ella con cierta ensoñación.

¿Por qué lindo? Si lo dejaste en ¡ridículo! - le reclamó con culpa.

No, no, él se dejó en ridículo solito. Le dije que controlara ese maldito genio porque si no iban a suceder cosas impensables, al menos, ahí conocí a Marcello - rememoró.

¿Fue ahí donde lo conociste? - preguntó Anthony con cautela.

Sí, estaba tan guapo y era tan galante, fue bueno que uno tuviese ojos... - explicó ella, sonriendo.

Como los de Bert cuando Marcello intentó besarte - le mencionó a sabiendas que ella no lo aceptaría.

No me besó, era yo la que trataba de encontrar la base del perfume que traía - confesó la rubia, sacándole una sonrisa de desconfianza a Anthony.

A Marcello le encantó esa búsqueda y Bert salió perdiendo, aunque… - se interrumpió su cuñado.

Aunque…bueno, se vengó - admitió cuando recordó ese suceso.

¿Por qué? ¿Cuándo? - ahora era el rubio quien quería saber.

Bueno, tú sabes…entró a mi habitación antes de que Marcello se fuera a la suya y me quiso… - le contó cuando ella se sonrojó.

¿En serio? - le insistió.

Sí, pero no contaba con defensa personal femenina - respondió ella, haciendo una forma de golpe.

¿Fuiste tú? - le preguntó asombrado.

¡No te lo contó! - exclamó la rubia.

No, de hecho no quería ni que le tocáramos ese tema y nunca supimos cuál de nosotros le dio su merecido, ¡golpeas bien! Los cardenales aparecieron a media tarde y aún no me lo puedo creer... - comentó dándole un golpe con el puño, sabiendo que eso significaba que lo había hecho bien.

Hasta esa noche lo supe, no lo había utilizado nunca. En el desayuno ni siquiera me miraba, estaba tan concentrado en su plato y en su té - ella atinó a mofarse.

En serio y ¿cuándo se dio el cambio? - le pregunto entusiasmado con esa idea, observando como ella se metia en la alberca.

No sé, supuse que cuando dejó de ordenarme, después de mi cabello, un ridículo, un paseo con Marcello, una clase de defensa personal, una imposición, creo que no van a alcanzarme los dedos… - se rio de esas anécdotas que nunca, nunca se las había contado.

Espera ¿cuál paseo con Marcello? - inquirió el rubio, extrañado por esa confesión.

¡Ah no sabes esa! Bueno resulta que cuando fuimos a Lisboa nos hospedamos en unas cabañas cerca de la finca del Abuelo Rocco. La primera vez que se enojó fue por una nimiedad, me entretuve en el pueblo cercano y llegué tardísimo, ya sabes que se ponía cómo se ponía de loco el león y que comienza a gritarme. Me quedé calladita - aseguró ella, haciendo una señalización de silencio con el índice en sus labios.

¡Qué raro! - comentó él emocionado y extrañado a la vez.

No dije nada hasta que en la tarde muy alegre y contento, fue a mi habitación y no me encontró, su ayudante de cámara según él, me contó que el señor estaba que echaba chispas porque se me olvidó el celular y después se atrevió a regañarme: "…una señorita decente no llegaba a medianoche de andar por ahí con alguien que él no conocía..." - recapituló, un tanto accidentado, las memorias seguían frescas, pero tan sólo con recordarlas no podía creer que ahí fue donde Bert había perdido la cabeza.

¡Por supuesto que lo conocías! - expresó Anthony emocionado.

Eso lo sabía, entonces simplemente le contesté: pues que yo sepa señorita dejé de serlo hace mucho tiempo y no tienes que estarme cuidando porque mi compañía de esta noche era un hombre que me podía defender de cualquier…a, así que si nos disculpas, voy a cenar con Marcello en su finca y ah no me esperes despierto. Lo malo es que fue delante de Marcello - concluyó la rubia, admitiendo que la sola mención del contrincante de Bert tampoco era muy aceptado.

¡No es cierto! - exclamó Anthony cada vez más sorprendido.

Oh sí, muy, muy cierto. Creo que no tengo que contarte con la bestia con la que me encontré cuando volví de la cena. Para él estaba muerta desde que me di la vuelta y me fui con Marcello; no me preguntó lo esencial, que también su padre y su abuelo estarían ahí - comenzó a contar con más detalle la rubia.

¡Ah sí! Entonces ¿por qué te hablaba cuando aterrizaron? - cuestionó él cuando esa parte no se lo creía.

¡Quién sabe! Tú entendías a tu hermano, eso decía de dientes para afuera, pero en realidad sólo esperaba lo predecible. Te voy a contar esto, pero no debe de pasar de aquí, es muy vergonzoso - susurró como si alguien los estuviese oyendo, era difícil oírlos de esa manera.

¡Te lo juro! - aceptó ella en son de que así lo hacía.

Inicio del flash back

Cuando entré a mi habitación, no me había dado cuenta que él estaba en penumbras cerca de la ventana. Ya sabes que siempre llego, me quito los zapatos, estiro los pies, me quejo del dolor, luego voy al baño y me cambio el pijama. Pues en eso estaba cuando Bert encendió una lamparita que se encontraba en una mesa.

¡Hola! ¡Me esperaste, qué lindo! - espeté haciéndole mofa

¡Qué tiene de lindo este momento! - exclamó Bert, muy molesto.

¿Por qué lo dices? Bert ya es muy tarde, estoy tan cansada, puedes ser breve y salir de aquí - le pidió ella con premura.

Seré breve, pero ¡no saldré de aquí! - le avisó el rubio mayor.

¿Cómo quieras? ¡Buenas noches! - lo saludé y comencé a cepillarse el cabello.

Estuviste despierta hasta las cuatro de la mañana, ahora me vas a escuchar, digo como a eso de las cinco terminaremos - avisó Bert modulando su voz.

¿Seguro? - cuestioné bostezando.

Claro que sí, te lo aseguro. Dime, ¿te divertiste? - preguntó Bert, sabiendo que ella es lo que hacía en cualquier lado.

Estuvo muy amena la cena, Marcello es lindo conmigo cuando no hablamos de dinero, obviamente - referí como si fuese importante.

Ahora dime, ¿por qué te tardaste tanto? - preguntó Bert enfurecido.

El camino hasta aquí es horrible, no quería que nos accidentáramos, venimos despacio - expliqué lo que Bert le pedía.

Ya veo, dime una cosa, ¿te acostaste con él? - cuestionó sin vergüenza.

¿Perdona…? - pregunté sin entender lo que él intentaba decirme.

La pregunta es clara, ¿te acostaste con él? - volvió a increpar.

¡Creo que eso no debe de importarte! - contesté enfadada siquiera por lo que se estaba imaginando.

¡Oh sí que me importa! Crees que me gusta hacer el ridículo delante de la gente, no vienes sola, sino conmigo y Albert Andley no es el estúpido al que tienes que dejar abandonado por un Rocco - me gritó, levantándome y jalándome hasta él.

Pues creo que sí, ahorita mismo estás haciendo el ridículo frente a mí al menos, porque te vas a quedar esperando una respuesta, ¡vete de mi cuarto! - lo corrí, soltándome de su agarre.

¡Contéstame! - me volvió a tomar y jalándome me exigía una respuesta.

Suéltame, no estás hablando con una de tus sirvientas y sin ánimos de ofender, pobrecitas ella que culpa tienen de trabajar para un hombre tan vulgar como tú - muy, muy enojada le contesté, lo primero que quería decirle.

Entonces… ¡me vas a dar lo mismo que le diste a él! - Bert metió la mano debajo de mi pijjama y de un jalón la rompio, evidenciando la playera que siempre llevo debajo del pijama. ¡Vas a ver lo que es un hombre vulgar! - me amenazó empujandome a la cama y asustándome de muerte. ¿Qué partes te tocó para hacerte enloquecer? - él se posicionó arriba de mí. ¡Dímelo! ¡Tal vez así sigas comportándote como una cualquiera! - comenzó a besarme y tocarme por todos lados, sus manos, sus manos me recordaron, me recordaron que alguna vez las sentí, así de esa forma tan asquerosa y morbosa.

¡Estás loco si pretendes que te lo diga! ¡Suéltame, no puedes forzarme! - eso me hizo reaccionar y atacar, le grité y me zafé fe su agarre, saliéndome de debajo de él sobre la espalda.

Pero no te forzaré para nada, ¡si te beso te dejaré queriendo más…! - me garantizó cuando tomó mi pie para que no me escapara y consiguientemente pasó sus dedos sobre uno de mis pezones, levantándolo en un instante.

Recuérdame que soy de palo, todo ser viviente sexuado tiene esas reacciones y sobre todo si hay cierta química entre ellos, acaso ¿no lo sabías? - le respondí y aclaré sinceramente.

¡Mujer, no soy iletrado! - respondió él jalándome para que me quedase quieta.

Pues lo pareces, ahora ¡suéltame o no respondo! - le amenacé con sigilo.

¿Qué harás? ¿Entregarte a mí? - me preguntó altanero.

Ni lo sueñes, haré algo mejor, ¿eso querías no? - le cuestioné después de pegarle en los genitales, saliendo de debajo por completo y sacando algo de ropa de los cajones para luego meterlo en una maleta.

¡Maldita! - vociferó él, agarrándose las partes lastimadas y quejándose al mil por haber sido lastimados.

Nos estamos entendiendo ahora. Bueno…Marcello…puedes darme asilo en la finca, ¡no quiero estar aquí! - le llamé por celular haciendo que desde el fondo, se oyera como chirriaban las llantas en el camino, sonido de que el auto daba vuelta.

¿Ha pasado algo? - quiso saber Marcello sintiendo que algo sucedía con ella, algo por demás grave.

No, sólo ven por mí, por favor - me temblaba la voz, esto, esto ya lo habia vivido aunque de manera diferente.

Como era obvio tu hermano tardó en recuperarse, cuando eso pasó, mi maleta estaba hecha y me puse una gabardina sobre el pijama o lo que quedaba de ella, luego se oyó un toque en la puerta y me acerqué hasta ella. Cuando abrí, el abuelo Rocco me miró estupefacto, estiró la mano y recogio algo de sangre de mi mejilla derecha, la verdad que no sabía que me había pasado. Al verme, me morí de vergüenza, no oí cuando Bert se encontraba detrás de mí, jalándome de la cintura, reaccioné, todo, después fue un desastre.

¿Qué ha sucedido Candice? Acompañé a mi nieto, pero ¿qué sucede? - me pregunto el abuelo Rocco.

Estoy tan cansada abuelo, sólo quiero dormir... - afortunadamente habian llegado y yo, me sentia aliviada aunque fuese por algun momento.

¡Tú no vas a ningún lado zorra! ¡Te quedarás aquí porque lo digo yo y usted abuelo puede retirarse! - exclamó enojado, tirandome al suelo y pegando mi cabeza contra el poste de la cama.

Señor Andley, ¿qué significa esto? - le exigio saber el abuelo Rocco cuando comenzaba a levantarme y caminaba erraticamente detras de él.

¡Aaayyy, Bert déjame en paz! - exclampe sintiendo su mano aventarme al piso.

Me había tirado a un lado de la cama, sentí un artefacto en una de las bolsas de la gabardina, ahi encontre una navaja, la saqué con apenas una vision borrosa. Tenía que hacerlo, la tomé y lo amenacé.

¡No te atreverás! - exclamó él asustado.

Yo no apostaría mi mal tino, ¡déjame pasar! - esa era una realidad, no era que tuviera mal tino, si no que mi vision por alguna razon no era buena.

Candice, abuelo, Bert, ¿qué haces? - preguntó Marcello alarmado por la escena.

¡Intentaba violarme! – era una mentira, lo sabía.

¿Qué cosa? - ambos exclamaron incrédulos.

¡No es cierto, sólo me cobro lo que te dio a ti, tuvo sexo contigo y no te lo negó! - espetó furioso y rojo de ira.

¿Qué has dicho? ¿Quién te dijo eso? ¿Candice? - preguntó Marcello sin entenderlo completamente.

Me ofendes, acaso crees que soy tan libertina como tú. No quiero volver a verte, esto si no te lo voy a perdonar Albert, eres igual de bestia que Niel, deberías haberme golpeado si querías sexo, al menos así no me hubiese enterado otra vez… ¡te odio! - respondí con todo lo que tenía, estaba harta de que todos pensaran siempre lo peor de mí.

¡No soy Niel! - espetó enojado.

¡Oh sí¡ ¡Por algo son familia! Los dos cortados por la misma tijera, ¡por el mismo corazón! - le arrebaté lo último que poseía, su dignidad masculina.

¡No puedes decir eso! ¡Sabes lo que es hacerme quedar como el estúpido que me has hecho ser! - Bert exigió lo que el suponía su deber.

Estúpido ya er… - grité y luego me desmayé, siendo atrapada por el abuelo Rocco.

Candice, Candice despierta, anda linda - el abuelo Rocco me dio unos golpecitos en la mejilla derecha, justo donde la tenía cortada.

Llévatela al coche, me llevaré la maleta después – ordenó el abuelo Rocco a Marcello.

Candice, ¿está bien? - de pronto el semblante de Bert cambio de uno muy enojado y colérico a uno muy preocupado por mí.

¿Te preocupa? - le preguntó Marcello ironico.

¡Sabes que sí! - afirmó Bert.

Pues no se nota… - ironizó ahora el abuelo Rocco.

¡Imbécil! Aleja tus manos y tú preocupación de aquí, ¡aléjate o te mato! - Bert lo amenazó.

Pues no deberías hacerlo, Marcello al auto. ¿Cómo puedes hacer esto, Bert? - le preguntó de vuelta.

¡Tú defiendes a tu nieto, pero dije la verdad! - se defendió cuando observó como marcello me llevaba hasta el auto en brazos.

¿Sobre quién? ¿Sobre ella o sobre ti? No creas que no sé qué tienes una vida disoluta, pero no pienses que todos tenemos tus principios. Esto va en contra de tus principios morales, tu familia puede estar decepcionada por tu comportamiento porque esto se lo informaré a tu padre - advirtió el anciano, tomando la maleta y saliendo de allí.

No debe meterse en mis asuntos, anciano - advirtió Bert pagado de sí mismo.

Y tú ¿me lo vas a impedir? No eres más que un niño malcriado. Buenas noches y para que lo sepas, ella se tardó mucho porque la cena fue con todos los Rocco - le aclaró tajante haciendo que su semblante cambiara rápidamente. ¿No dices nada? Eso era lo menos que esperaba de ti, buenas noches - el abuelo Rocco se despidió sin cerrar la puerta.

Pero y Candice - cuestionó mientras el abuelo Rocco salió por el pasillo.

Me haré cargo de que vuelva con nosotros - le aseguró.

Pero mi padre la quiere ver cuando aterricemos... - exclamó.

Eso será problema tuyo, no mío, permiso - el abuelo Rocco no estaba para lamentaciones.

El abuelo Rocco se dirigió al auto, realmente había querido fingir que me desmayaba, pero por alguna razón que Paula no me había dicho durante tantos años, mi mente no soportaba las altas tensiones ni las descargas de adrenalina, algo pasaba conmigo, pero ni ella ni Benedetti me querían decirme nada. Tan pronto él abordó la camioneta, nos fuimos de ahí y cuando me encontraba ligeramente despierta sentí los brazos protectores de Marcello cobijándome y llevándome a una habitación, me quedé hasta muy tarde de ese día durmiendo casi hasta la noche. Pero bueno, después se armó lo demás, el abuelo Rocco llamó a tu papá y le contó todo con lujo de detalles, ese día Bert no durmió casi nada, primero por la culpa, después porque tuvo que ir al hospital según él le habia hecho un gran daño a sus genitales, después cuando regresó, se durmió si acaso un par de horas porque tu padre había volado hasta Lisboa muy enojado, lo despertó con un golpe en la mejilla y se quedó escuchándolo muchas horas.

¡El honor de la familia! - exclamó William enojado.

Ya entrada la mañana, le pidió que se lavara o bañara y después lo acompañó donde la finca de los Rocco.

Tu papá me pidió disculpas por el comportamiento del soquete de tu hermano y la verdad que estaba furiosa, entonces el bruto de Bert me pidió disculpas y como no quise ni escucharlo, me abracé a Marcello y ya no lo solté, estaba diabólicamente celoso y poco me importó. Tu papá lo amenazó con que si no lo disculpaba al menos, no lo quería ver en Francia para nada porque los hombres de su familia no eran tan cobardes como para forzar a una mujer a entregarse, si ella no lo quería.

Fin del flash back

Pero entonces, ¿te quedaste una semana con Marcello? - cuestionó Anthony.

No, fue un mes. La verdad es que Bert se volvía insoportable cuando quería. Tuve que decirle que lo disculpaba, pero que nunca le perdonaría nada de lo sucedido, así pasó una semana, lo tuve que perdonar en serio, porque lo veía hasta en la sopa, era muy chocante - explicó Candice, un poco harta.

Espera, espera, entonces ¿por qué los vi una semana después? Muy acarameladitos - espeté curioso.

No, fue un mes después. La verdad que la vida con los Rocco después de eso fue difícil, el abuelo Rocco cayó enfermo y quise cuidarlo. Claro que eso no lo supo Bert, nunca - refirió la rubia.

Mi papá cuando llegó de Lisboa estaba muy decepcionado, que también enfermó, Bert siempre había sido su hijo predilecto, yo no me enteré de eso, lo tenían muy en secreto; sólo supe que tu debías hacer algo y que hasta que eso no sucediera, él no podía volver a casa. Mi madre lo protegió, pero en una noche en la que mi padre tomaba vodka en la biblioteca, mi madre entró a pedirle y a suplicarle que le retirara el castigo a Bert.

Minutos más tarde, oí decir a mi madre que no podía creerlo, se soltó a llorar cuando mi papá le contó lo de Niel y advirtió: tu hijo adorado iba hacer lo mismo, ¡te lo imaginas! ¡Por supuesto que no! Sabes que es lo que más me duele, soy el padre de esa basura que es mi hijo, no lo he educado así y se lo dije, sabes que me contestó, nada, su maldito mutismo y su estúpido orgullo. Lo peor que podía haberme pasado, he quedado en ridículo ante los Rocco, si Bert quiere que le perdone, ella debe hacerlo primero, puede acusarlo de intento de violación - terminó de contarle a mi madre haciendo que sus sollozos fueran lastimeros.

¡No, él no quería hacerlo! - exclamó mi madre.

Entiende mujer, Candice es extranjera, sabes en el problema legal en el que estaríamos metidos por su maldito carácter, óyeme bien Lucrecia, si tu hijo no cambia y pide perdón hasta arrastrarse si es necesario; lo siento mucho, no lo ayudaré con la afrenta legal que interpongan en su contra - advirtió William muy molesto.

¡Está enamorado! - espetó su madre.

¿Qué has dicho? - William pensó que no había escuchado correctamente.

¡Qué Bert se enamoró de ella! - volvió a confesárselo a su esposo.

Con más razón, ha ido de error en error, se lo tendría bien merecido si no lo perdona - William a pesar de estar enojado, acepta con una sonrisa que el estar enamorado lo hace aun mas estúpido.

Es que la ama demasiado... - susurró ella, acongojada.

Lucrecia, mi amor, dime, tú que hubieras hecho en su lugar, ¿crees que me hubieses perdonado si te hubiese obligado? - decidió hacerle una pregunta, tomándole las manos.

¡Nunca! - Lucrecia retiró las manos de las suyas.

Ahí tienes la respuesta - él se dirigió hacia el escritorio, comenzó a caminar de un lado para el otro.

¿Dónde está Bert? - preguntó ella.

En Lisboa. Espera…bueno, el consulado mexicano…si soy su padre… ¿Cuándo? Gracias - respondió, contestó, aceptó y refirió el día de una cita, agradeciéndolo.

¿Qué sucede? - preguntó Lucrecia, sabiendo que algo malo se avecinaba.

Te lo dije, me puede comunicar con Marcello Rocco, ¿qué ha dicho? Gracias, iré mañana a verlo - hizo lo mismo, que con la anterior llamada.

¿Qué sucede? - increpó Lucrecia, no soportando la tensión.

Está enfermo y Candice no quiere separarse de su lado. Tengo que empacar, debo ir a Lisboa. ¿Me acompañarás? - cuestionó mi padre.

Sí, vamos a preparar las maletas - Lucrecia tomó a su esposo de la mano.

Eso fue un desastre, alguien del hotel se encargó de hablar al consulado mexicano en Lisboa y de pronto todo fue horrible, sobre todo para Bert y tus padres.

Me lo cuentas y no me lo creo. No lo entiendo, si Bert ya estaba enamorado por qué forzarte a lo que claramente era un ruidoso acto…aunque mucho después creo que se desquitó - refirió el medio acordándose de esos sucesos.

Digamos que ciertas partes las había planeado meticulosamente, pero lo estaba soportando tan bien que no me imaginé que fuese acabar así, esto fue una gran prueba para todo, su orgullo, su crianza, su todo, aceptando que no podía hacer su voluntad al menos conmigo. Todo se arregló cuando abuelo Rocco estaba completamente re establecido, cuando eso sucedió ya me había tranquilizado, había aceptado medianamente que me pidiera disculpas y decidí perdonarle, hablé con tu padre que iba a verlo justo cuando me bajase del avión, pero que viajaría con los Rocco.

Desgraciadamente pues no pude cumplir al cien por ciento ese plan, porque tu hermano me abordó justo cuando caminábamos por el hangar de los Rocco, creo que viste esa parte, me enfurecí tanto por sus explicaciones hasta que me confesó que estaba celoso y estúpidamente enamorado y le di mi respuesta.

Una cachetada fue tu respuesta… - chasqueó la lengua, como si nada.

Sí, lo sé, me pasé, pero me estaba sacando de quicio, me di la vuelta sin ver la cara de asombro que tenía, se había dado por vencido y después sin que lo advirtiera regresé a darle un beso - respondió ella emocionada.

En serio, ¿lo besaste? - cuestionó Anthony.

Sí y le dije una sola frase - ella enrojeció hasta la coronilla.

¡Ah sí! ¿Cuál? - preguntó esperando que le confesara una gran verdad.

¡No que no podías ser sencillo! - espetó ella.

¡No lo creo! - aseguró Anthony.

Él tampoco lo creía, pero después de todo lo que hizo ese mes, creo que era todo lo que quería. Así que decidí doblegar mi orgullo ya que él había destruido completamente el suyo - confesó Candice, sonriendo de manera triunfal.

Continuará...

Hola chicas, pues sí, el capítulo anunciado en facebook es de Terry, uno largo, ya que desgraciadamente no lo he podido cortar debido a que la secuencia no me lo permite. Por otro lado, sería bueno que les pasara una dirección de un video para que las que de plano no les agarran ya nada, le entiendan, que bueno, como bien dijo Caro, la novela es completamente lineal y de difícil nada.

Por otro lado, les recomiendo que busquen un canal de youtube llamado Conociendo a las Escritoras del Candymundo y verán cómo soy en una parte. Hay una entrevista para Doncellas Eternas de Terry Grandchester y lo siento chicas, así es uno y no pienso cambiar para que la historia se acople a sus gustos.

Acerca de Terry:

watch?v=-oC8tKSP528&index=12&list=PL4ovPg_rqH533GlLsZaI2oAtlWD3LuFzF

Esta es la primera vez que en Terry llamo la atención y que contesto uno por uno los reviews:

Josie: Lo malo es que la mala leche como se dice en México no es propio de las críticas groseras. Gracias por el apoyo.

Martha: Lo siento, imagínate que tú haces algo para tu familia, que inviertes tiempo, que descuidas el trabajo, tus horas de sueño y que encima te lo critican, que te dicen que es pésimo y de pasada que no te creen la actitud de los protagonistas, ¿qué pensarías?

"Guest": Recuerda que dije y escribí "Fanfiction y Facebook", entonces si has leído los reviews y no has encontrado nada parecido, por lógica es que está en "Facebook".

Vialsi: Hola chica, creo que pocas sabemos leer. El descanso de Terry me ha servido para traerles un buen de actualización, sobre todo por estos capítulos que estoy escribiendo porque no los tenía.

Rosario: Pues porque también trabajo y hago otras actividades, de verdad, que esto lo debieran de ver como un regalo de nosotras mismas, muchas de nosotras nos hemos dado de baja en fanfiction por no tener una angustia más y no menos escribiendo para entretenerlas.

"Guest": Las críticas no las hay buenas ni malas, son criticas finalmente. Una cosa es criticar un trabajo y uno muy distinto ofender a las que nos quemamos las neuronas y las pestañas en la red, escribiendo. Repito: escribí "Fanfiction y Facebook", por lo que si en Fanfiction no lo notaste es por lógica que está en Facebook. Los simples comentarios a todos nos molestan, te pongo un ejemplo, no sé si conozcas a Tuty Pineapple, quizás no porque es Albertfan, uno de sus reviews en una de sus historias le dijeron que era una puerca; ¿qué crees que sintió Tuty? ¿Alegría? ¿Crees que se rió por ese comentario? La chica que la ofendió ¿la conoce? ¿La ha tratado? Tuty desde el inicio te dice, la historia es de: Albert, contenido explicito, por lo tanto, es para gente adulta, es muy religiosa, de su propia invención y los personajes cambiarán de determinada forma. Yo no lo hago porque somos diferentes escritoras; la reacción de todas obviamente de que si no te gusta, no leas; pero no sólo porque afecta a la escritora ya que si el enfado perdura así como suelen ser los ataques, muchas de nosotras damos de baja las historias con tal de no tener más angustias; digo, no nos puedes pedir que aguantemos tanto ataque personal y que no digamos nada, de papel no somos, así que el tacto es fundamental en una crítica. Se aplazan los tiempos de publicación porque es una "adaptación" a una novela que existe, que por alguna razón debo reescribir algunas partes para Candy Candy, pero que no está acabada, no porque las castigue, por Dios, si sólo me dedicara a escribir, moriría de hambre; ustedes deben de considerar que no me mantienen mis padres, que no tengo un marido que me diga anda, escribe y yo me ocupo de los gastos y que yo sólo me dedicaría a escribir. También existo, calzo y como, digo es obvio que ésto lo hago para compartir porque no me pagan para hacerlo. Creo que es la primera vez que lees una novela mía, soy tardada, vaya que lo sé, sino me crees la Dama del Retrato o un Amor que no entiende de Pasiones te lo pueden decir; porque en ocasiones mis trabajos son absorbentes, sí como lo oyes tengo muchos trabajos, no sólo uno. En serio que lo correcto es que suba cada vez que escriba, que mi tiempo me lo permita y sobre todo que exista la inspiración, porque para escribir muletillas, vaya hasta eso me criticarían. Podemos ser honestas dentro de la honestidad y enojada no estoy.

Ahora, espero que eso les haya quedado claro, en otro punto les hago una pregunta a todas mis lectoras:

¿Alguna vez les he dejado inconclusa una historia?

Si es así, díganme cuando que no me acuerdo...

Gracias, Pathya Strovski.