-¡Bombarda máxima! -escuchó Draco antes de ver un espeso humo que sacudió su entorno y él perdía el equilibrio en su propia oficina mientras cavilaba en el proceder suyo y de Hermione, cuando ella hubo salido, se reprochaba su debilidad al besarla cuando ella le había dicho que no quería saber más de él.

Sus pensamientos se interrumpieron con el nombre de Granger en sus labios y salió inmediatamente para comprobar que la chica no estaba en su lugar y que los demás compañeros habían abandonado minutos antes el lugar.

Trató de buscarla entre todo el desorden, pero siete mortífagos se lo impidieron rodeándolo de un solo movimiento y con las varitas en alto, Draco sacó la suya también dispuesto a defenderse pero eso era demasiado.

-Nos saludamos otra vez, Draco -habló Demian descubriéndose el rostro para que le rubio reconociera directamente a su agresor.

No era necesario eso, Malfoy sabía perfectamente quien era, pero a Demian le gustaba que sus víctimas miraran su cara de regocijo al tenerlas a su merced. Malfoy respondió con una mirada altiva.

-Solamente así puedes enorgullecerte de ser medianamente bueno, Carrow, acompañado de tus cobardes cómplices -asestó el ojigris destilando odio en cada palabra dicha.

-¡Incárcerous! -lanzó Baddock impaciente por ver caer a su enemigo.

El Príncipe de Slytherin se vio rodeado de poderosas cuerdas que lo ataban con fuerza invisible, impidiéndole moverse, Demian se acercó lentamente a él.

-El arrogante Draco Malfoy no tiene salida ésta vez… ¡Estás en nuestras manos, traidor y pronto vas a suplicarme que acabe con tu miserable vida -exclamó al tiempo que lo golpeaba en el rostro y en el abdomen, desquitando en poco su furia para con él.

Draco comenzó a sangrar pero no le quitaba la rabiosa mirada de encima. Goyle tomó la varita del blondo que había caído al suelo y con la mueca retorcida la guardó entre su túnica.

-Me la quedo de recuerdo- apuntó al ver que los demás no interferían en lo que hacía.

-¿Que hacemos con él, Demian? -preguntó Montague sin dejar de apuntarle.

-¡Enfréntate tú solo a mí, Carrow! -vociferó furioso Draco intentando liberarse del hechizo, cosa que sin la varita era prácticamente imposible.

-¡No tardan en llegar los demás! -advirtió Terrence Higgs algo nervioso.

-Largémonos con él! -apoyó Warrington dispuesto a no caer en manos de los aurores, finalmente estaban en sus dominios.

-¡De prisa, Carrow, no nos conviene permanecer más tiempo, la sangre sucia no tardará en venir por su indefenso protegido! -concluyó Pritchard apurando la partida.

Draco se encendió más al escuchar el insulto dirigido a Hermione, mismo insulto que él no cesó de repetir en Howgarts y ahora le resultaba despreciable para ella, pero desde su posición no se atravía a delatar sus sentimientos por la Gryffindor, pues entonces Demian no dudaría en matarla en cuanto la viera, temió por eso y calló sin dejar de ver con creciente rencor a los vengadores, especialmente al cabecilla.

Demian sacó el traslador y sosteniendo abruptamente a Draco desaparecieron sin dejar rastro justamente antes de la entrada desesperada de Hermione para buscarlo. Los vengadores contaban con que los aurores los buscarían en su cuartel general, por lo que se aparecieron en la antigua mansión de Bellatrix Lestrange, en Gloucester, hasta donde también habían trasladado a su castaña prisionera no hace mucho tiempo, encerrándola en las mazmorras de la vieja construcción de Rodolphus Lestrange, era improbable que alguien buscara ahí y ellos lo sabían, además, contaban con que su espía impidiera a como dé lugar que llegaran hasta ahí y permanecían confiados con el rubio botín que traían entre manos.

-¡Llévenlo a su cómoda habitación de lujo que le está esperando! -ordenó el líder y Baddock, junto a Montague obedecieron arrastrando a Draco, quien oponía inútil resistencia en su camino hacia las mazmorras.

-¡Atrévete a liberarme para que acabe contigo con mis propias manos! -rugía el blondo fuera de sí.

-Pronto te haré una grata visita, Malfoy -sentenció irónicamente el mortífago viendo complacido cómo su principal enemigo estaba ya en sus manos.

Todo era cuestión de tiempo para que los demás, uno a uno, cayeran también y entonces, cuando eso sucediera, él mataría a cada uno en presencia de los demás parta hacer más tortuosa la venganza. Por lo pronto planeaba hacer sufrir a Draco con crucios y golpes sin magia, encontraba real regocijo al lastimarlo con sus propias manos, sediento de venganza en él.

Draco fue llevado a una celda continua a la de la joven que permanecía llorando y lo dejaron ahí, atado de manos, cerrando la puerta, que ahogó sus protestas e intentos de salir, además de insultos a Demian y a los vengadores. Los hechizos silenciadores consumían los rabiosos arranques del rubio, lo mismo que el llanto de la castaña ojiverde. Ninguno se daba cuenta que había otro prisionero al lado a pesar de la cercanía.

Harry Potter y los demás peinaban la casa de Alecto Carrow tratando de encontrar algún indicio que los llevara a algo pero nada, todo parecía intacto, inerte, no había señales de los vengadores y frustrado, desquitaba su ira con lo que encontrara a su paso.

Luna y Ron, lo mismo que Pucey y Greengrass ya estaban con todos ellos, se habían librado de todo porque los Weasley estaban en Sortilegios Weasley, y Daphne con Adrian permanecían en la Mansión de los Pucey.

Hermione Granger, con el corazón en la mano, imploraba a Merlín que esl rubio estuviese bien, necesitaba convencerse de ello o se volvería loca, lo amaba demasiado a pesar de todo y quería verlo a la brevedad posible, rescatarlo de las garras de los vengadores de la sangre. Después de convencerse que no encontrarían nada ahí, ella habló.

-¡Nada, Harry!, parece que se los ha tragado la tierra!

-¡Eso no es posible, Granger, debemos buscar bien!-secundó Pansy al borde de la desesperación por que cada segundo que perdían Draco corría grave peligro.

-No puede ser que los mejores aurores de Kingsley sean tan ineptos! -terció Blaise Zabini, que compartía la preocupación de la pelinegra.

-¡Estamos haciendo lo mejor que podemos! -respondió Neville tratando de conciliar las cosas, pues no convenía una división en esos momentos.

-Busquemos en otro sitio -sugirió Theodore al ver que ahí las pistas no los llevaban a nada

-¿Es dónde se te ocurre? -preguntó Ron sin imaginarse dónde podían estar los vengadores.

-No lo sé, las casas de los demás implicados -propuso nuevamente Theo, los demás estuvieron de acuerdo.

-Nos repartiremos, Henry y Charles a la casa de Baddock, Neville y Zabini a la de Higgs, Pansy y Nott buscarán en la de Montague, Ron y Luna diríjanse a la de Goyle, Daphne y Adrian irán a la de Pritchart y Hermione y yo a la de Warrington, tendremos sumo cuidado y cualquier cosa no duden en convocar la marca de los aurores.

Dijo refiriéndose a un símbolo similar al morsmordre que invocaban los mortífagos pero en forma de ave fénix en honor a Albus Dumbledore que Harry y el Ministro habían creado para esas situaciones de emergencia y que realmente había sido usada muy pocas veces, pero para éste caso se volvía indispensable porque todos estarían repartidos.

-Nos vemos en dos horas en lo queda del Ministerio -concluyó Potter

-No, Harry, el Ministerio no representa seguridad ya, vamos a mi departamento que está cerca de ahí -dijo la castaña y él asintió para después desaparecer con ella en el acto.

Nada, los aurores y protegidos revisaron cada una de las residencias y a pesar de estar abandonadas en su mayoría, tampoco encontraron algo verdaderamente significativo que les diera alguna referencia. Derrotados esperaban afuera del pequeño departamento de Hermione, improvisado como pequeño cuartel de emergencia, una vez adentro, empezaron las discusiones.

-Tal vez están fuera de Londres -empezó Luna al ver las caras de desesperación, sobre todo de Hermione.

-Es bastante improbable -respondió Blaise- necesitan estar cerca para controlarnos.

-Tienes razón -habló Pansy cada vez más nerviosa por Draco, temía por su vida a manos de Demian, lo mismo que Hermione pero por motivos diferentes, ella le quería como amigo, la castaña le amaba con todo su corazón.

-Si siguen aquí deben tener una guarida y tenemos que descubrirla -Intervino Neville mirando a los Slyhterins.

-Ustedes han sido mortífagos -dijo Harry decididamente- debe haber algún lugar que Voldemort haya utilizado para ocultarse y que ustedes también conozcan, en donde no hayamos buscado hasta ahora.

Los aludidos se miraron entre sí tratando de recordar algo importante. Daphne se apresuró a contestar.

-No, Harry, hemos buscado en todas partes.

-Es cierto, al menos no hay nada más que yo imagine -la apoyó Adrian inmediatamente.

-Ustedes no pueden saberlo, no estuvieron con nosotros -se apresuró Blaise con una pequeña luz de esperanza en el rostro de Hermione, quizá en ellos estaría la respuesta que ella esperaba.

- Es verdad, hay un lugar que es improbable, pero puede ser…-continuó Parkinson mirando a Theodore Nott, quien se esforzaba también por recordar más de su época como obligado servidor oscuro, las miradas continuaban clavadas en ellos.

-Pansy tiene razón -habó el castaño de Slytherin- la mansión Lestrange fue la primera guarida de Voldemort antes de empezar con la batalla…

-No creo que eso resulte, quizá Demian no la conozca -dijo Greengrass sin convencerse de la idea- Demian Carrow aún estaba en Durmstrang cuando Voldemort regresó y no pudo saber la ubicación de la casa.

-Creo que Daphne tiene razón -secundó Adrian. Hermione estalló entonces.

-¡Pues no dejaremos lugar sin revisar, Greengrasss!, ¡hasta bajo de cada piedra soy capaz de buscar para traer a Draco sano y salvo!

Los demás corroboraron otra vez que el sentimiento de la castaña hacia el rubio era más que evidente y Adrian le dirigió una mirada de reproche a su prometida que una vez más anteponía a Draco sobre él, Daphne se dio cuenta de todo y también lo miró con desprecio por su actitud, algo le decía ya que no estaba más interesada en Pucey, pero no dijo nada.

-¡Vamos inmediatamente! -exclamó Potter- ¡Dígannos en dónde es y llegaremos hasta ahí ahora mismo!

Los verde plata tomaron el traslador y Theodore Nott fue el encargado de conjurar el lugar así que irían, cada minuto que permanecieran ahí era tiempo valioso para Draco, Daphne y Adrian también se unieron a ellos, aunque no sin protestar de nuevo argumentando que había otros lugares para buscar y que perderían el tiempo ahí.

Minutos antes, Demian Carrow había disfrutado el placer de lanzarle crucios a Draco. Sin testigos, el joven mortífago asestó letales torturas físicas por medio de la varita al rubio que permanecía atado sin poder defenderse, sacudido por dolorosas descargas que lo hacían sentir reventar de dolor, pero par no darle el gusto a Carrow, no profería más que gemidos ahogados, contrariando al hijo de Alecto, quien esperaba que le suplicara piedad para entonces poder negársela.

-¡Ruégame que me detenga! -exclamó furioso. Draco no respondió.

-¿Muy valiente, Malfoy?, eso debías haber tenido para acabar con Dumbledore y ahora todos estaríamos bien, el Lord habría triunfado y nosotros hubiésemos acabado con los impuros para hacer renacer el esplendor mágico, pera los que en verdad lo merecemos.

El mortio estaba fuera de sí y lo golpeaba ahora sin miramientos, Draco soportaba uno a uno los embates sin proferir palabra. Casi al borde de la inconciencia por los castigos inflingidos, el rubio acertó a decir.

-Eres un maldito cobarde y yo voy a destruirte…

-¿TÚ? -se burló el castaño- ¡Jamás saldrás de ésta mazmorra, Malfoy y el que a terminar con tu asquerosa vida soy yo! -amenazó pateándole las costillas.

-Eres un traidor, el más grande, el que nunca supo corresponder a las preferencias de Lord Voldemort, ¡El que mordió la mano que le dio de comer! -finalizó el torvo sujeto saliendo del sótano con la ira reflejada en el rostro.

Intentó controlarse porque de seguir así lo mataría y quería que todos fueran testigos de eso, que sufrieran al ver el Avada Kedavra salir de su varita cuando el tiempo para eso llegara.

...

Gracias a todos por leer, la verdad me encanta su compañía..

Besos desde México, espero que les agrade este doble capítulo.