Capitulo 29: El Diario de Albert

-Pero esta alreves –se quejo él-.

-Lo sé-dijo ella, algo mosqueada-. Ahora hay que repetir el proceso. Es una pequeña pega. Pero primero vamos a desayunar.

Preparo el desayuno para ambos, -tostadas con mermelada, mantequilla o lo que se quisiese con café para él y té para ella- y luego le llevo a Toby el suyo –leche y tostadas (pan y agua xD).

-Bueno, Sr. Todd. Ha llegado el momento –ya habían terminado de darle la vuelta al texto y lo habían dejado reposar toda la mañana. Habian atendido la tienda –bueno, ella, el había estado en la barbería y había afeitado DE VERDAD después de mucho tiempo, aunque seguía dándole grima estar allí arriba, y ella lo sabia- y las habían cerrado-. Y aquí está. Una copia, ahora si, EXACTA de la confesión. Comemos, ¿y nos vamos?

-Vale. No, -dijo al ver como cogía una bandeja- se lo llevo yo –le cogió la bandeja con la comida y se fue a la habitación del chaval-.

Cuando llego, abrió la puerta y le vio sentado en su escritorio leyendo un libro. Se acerco cerrando la puerta detrás de él con un pie y dejo la bandeja en la mesa.

-Muchacho –el muchacho le ignoró-. Toby…

-¿Si, Sr. Todd? –entonces le hizo caso-.

-Veras, creo que tenemos que hablar.

-No, no hay nada de lo que tenga que hablar con usted –y siguió con el libro. Sweeney se lo quito de las manos y lo tiro contra la pared.

-Escuchame bien. Si no queremos hacerle daño a la Sra. Lovett hemos de llevarnos bien.

-Pero es que yo con usted no quiero llevarme.

-¡Pues ignórame! Pero abstente de hacerle daño a ella. ¿Me oyes? Porque, esa vez, mi mano no se controlara y obedecerá a la navaja. ¿Entendido?

-Si, señor.

-Que aproveche –y salió de la habitación cerrándole después. Fuera estaba ella con una sonrisa de oreja a oreja. Le dio un beso en la mejilla, y se fue a la cocina a preparar la comida.

Cuando terminaron de comer –hablando y entre risas (que extraño, ¿verdad?) – se fueron a la casa del Juez Turpin.

Despues de lo mismo de siempre (llamar a la puerta, entrar por la puerta, esperar etc.) empezaron a negociar.

-Hemos vuelto con una propuesta –dijo Sweeney-.

-¿Cuál? –pregunto el Juez-.

-O le da la disolución, o nos veremos obligados a presentar pruebas contra usted, declarando el arresto innecesario de Benjamin Barker –dijo él de nuevo, pronunciar su antiguo nombre ya no le molestaba, pero si que le llamasen por el.

-Eso no puede ser. Ademas, ¿Cuál es? –pregunto nervioso-.

-El Diario de Albert –dijo la Sra. Lovett-. El Diario de mi Difunto Albert. Tiene la confesión de los crímenes –le tendio la hoja.

27 de Mayo



Hoy me he visto obligado a cometer un crimen. He matado a la familia de Bell Yard. Lo hice porque los celos me reconcomen. Ese Benjamin Barker, agh. Tiene enamorada a mi Nellie. Y eso no lo puedo permitir. Lo mejor será que se lo lleven lejos. Seguro que el Juez Turpin vera el caso mas que claro, después de todo, el esta enamorado de la mujer de ese patán.

Te lo confieso a ti, mi fiel diario, que se que nadie leera jamás. Nellie no puede saber esto, si no, seguro que me denunciaría o algo peor. Lo he hecho por protegerla de ese miserable, que con su cara de bueno seguro que la haría muchísimo mas daño del que podría hacerle yo.

Los degollé con una de las navajas de Benjamin, dejar pruebas que sirvan siempre es bueno. Tambien deje una chaqueta de él manchada de sangre.

Ya se lo han llevado. Espero que Nellie y yo por fin seamos felices. Aunque la muy bastarda no puede tener hijos, espero que al final se enamore de mi. Si ya no tiene amigos, ni la persona de la que está enamorada ni a familiares, tendrá que quererme por la fuerza.

Estas son mis reflexiones de hoy.

-No… -solo pudo decir el Juez-.

-Oh, si –dijo ella con una sonrisa y mirada sadicas y maqueabelicas (signo de un trabajo bien hecho)-.

-Voy a por los papeles –se levanto y fue a su escritorio, a por los papeles de la disolución -. Firme aquí, aquí y aquí –le tendio la hoja.

30 minutos después ya estaban de camino a la tienda, y esta vez, era la Sra. Lovett de nuevo.

-Oye, no me has dejado leer la hoja –le dijo Sweeney al llegar a la tienda.

-Toma –le dio el diario- Leetelo entero si quieres. Es interesante –dijo mientras señalaba el diario y subia por las escaleras a la barbería.

Bajó con otro diario en la mano, y se sorprendió al ver a Sweeney leyendo tan enfrascado en la lectura. Se acerco a él por detrás y le bajo el diario enseñándole el otro.

-¿Qué es esto? –pregunto-.

-Es… el diario de Lucy… pensé que querrías leerlo –dijo suavemente, casi susurrando-. Yo no lo he leído. No me pareció conveniente. Es tuyo –él la miro con mirada de profunda tristeza-. Perdona que no te lo diese antes pero… en el estado en que estabas…

Él se levanto y la abrazo.

-No pasa nada –le dio un beso en la sien-. Vete a liberar a Toby –y con una sonrisa, la vió alejarse. Mientras él, seguía con la lectura del Diario de Albert.

Y asi fue, como ella se divorció, Toby fue liberado y Sweeney descubrió varios secretos que Nellie no descubriría porque no leyó el diario.

Aquella tarde, ella decidió no abrir. Deseaba disfrutar de un día de tranquilidad. Sin embargo, nuestro barbero preferido si abrió la suya, y entre cliente y cliente, leia un poco. Asi conseguía distraerse de su necesidad de matar a todo bicho viviente.

La Sra. Lovett se encontraba en ese momento en la tienda, mirando por la ventana con un vaso de su añorada ginebra. Toby tan bien se encontraba allí, pero en la mesa del otro extremo de 

la tienda, con el ceño fruncido. Se mostraba distante y frio, como si no aprobara la relación de los dos adultos.

Observaron como subia un cliente. Ella esbozó una sonrisa cuando vio pasar a un niño pequeño con un perro y como jugaban delante de su tienda.

Entonces, se escuchó un sonido de mecanismo, parecía oxidado. Como algo se movía, y después, caía con gran estrepito en el sótano. La Sra. Lovett puso cara de horror al reconocer el sonido.

Cogió a Toby por los hombros y lo empujo hasta su habitación. El se quejaba, pues sabía que algo pasaba y que no se lo quería contar. Ella le encerró con llave.

Muy preocupada, subió a todo correr a ver lo que había pasado, pero lo que se encontró, le hizo dar un vuelco a su corazón.

Cuando entró en la barbería, lo primero que pensó, es que él había vuelto a las andadas de venganza. Pero, en vez de eso, se lo encontró tirado en una esquina, entre el baúl y la pared, sentado contra ella llorando, y a su lado, el Diario de Albert. Él la miró con cara triste llena de lagrimas y con mucho arrepentimiento. Señalo el diario.

Ella se sentó a su lado, cogió el diario y leyó.

Se quedó de piedra.

Entonces comprendió porque no había podido reprimirse.

En el diario, Albert relataba como planeaba asesinarla.