Nuevo miembro en el Club de Fans de los Slytherins

Luna fue la primera en tomar asiento. La primera y la única ya que Cho decidió quedarse de pie y calentar sus manos fregándolas contra el terciopelo de los bolsillos de su abrigo.

—Todavía no entiendo cómo es posible que te preocuparas por una profecía de Trelawney —soltó. Agradeció que Luna se levantara para unirse a ella como si fueran pingüinos—. Creo que hay otras cosas que deberían preocuparte más como... —echó un vistazo a la expresión curiosa de Pansy—... ¿ya sabemos si es de fiar o no?

—¿Hablas de Daphne?

—De Parkinson. A Greengrass de por sí ya no la cuento.

—Pansy no dirá nada que no queramos que diga.

—Ya sabes que no estoy de acuerdo con ello, porque de alguna forma u otra vamos a arrepentirnos mucho de haber mantenido contacto con Slytherins, aun así... —se encogió de hombros— yo no me hago responsable de nada.

—Excepto de Haizun y los planes para sacarlo del Bosque Prohibido —añadió Luna, sonriendo.

—Eh, sí, excepto del Abraxan.

Hermione ocultó su cara al notar que iba a reír más de lo esperado.

—¿Podías decirme qué decía Trelawney y...? —tosió para que las dos Ravenclaws dejaran de sonreírse mutuamente y le prestaran atención.

—Mh, nada del otro mundo. Sin adornos ni el teatro de la profesora, la visión se convierte en que las hojas de té formaron un símbolo místico que presagiaba la muerte. O eso decía Lavender al releer lo que ponía en el libro de adivinaciones.

—¿Sólo eso?

—Es Tesomancia, sí, es solo eso: hojas de té creando formas raras y su propia interpretación. Lo único que varia es que el símbolo era un presagio de muerte y el examen que tenía la profesora en sus manos era el de Parkinson. Y ya está.

La Gryffindor asintió un tanto desconforme. Y ese gesto provocó un quejido de cansancio en la mayor de las jóvenes.

—Hermione, entiendo que estés preocupada por Parkinson, pero confiar en la adivinación para asegurarte de si muere pronto o dentro de unos años no es la solución. Ni siquiera esa rama es exacta.

Uff, Cho, no hace falta convencerte de que ya lo sé —murmuró—. E-es solo que... pienso que Pansy todavía no está preparada para afrontar las decisiones y peligros que la otra Parkinson sí podía, y tengo un poco de miedo...

La Slytherin giró su cuello para que sus pupilas conectaran.

—¿A qué te refieres con eso?

Salió un tenue bufido de la Gryffindor.

—Que eres muy inocente. En términos de guerras, planes y astucia. Y no, no me mires así, ahora mismo debes de conocer muy por encima lo que pasa, si es que lo haces, así que no estás tan cualificada como antes en decidir para ti.

—¿Cualificada para decidir? Pfff —se le escaparon varias carcajadas incrédulas—. ¿Ahora he de tener un certificado para morir en una guerra? ¿He de saber la poción milagrosa e histórica que conseguirá quitar toda la grasa del pelo a Snape? ¿O es un certificado que me dirá si estoy cualificada sobre cómo hacer callar al pesado y aburrido de Weasley sin utilizar varita? Me da a mí que da igual cuánto esté de "cualificada" porque, evidentemente, si un Avada Kedavra me da, dará igual las decisiones que haya tomado. Estaré muerta, y seguramente maldiciendo todo lo conocido por no haber hecho lo que yo quería.

—¿Desde cuándo hace bromas sobre Weasley? —los ojos de Cho saltaron de Gryffindor a Ravenclaw.

—¿Cómo que desde cuándo hago bromas sobre Weasley? —repitió Pansy, ofendida—. Llevo toda la maldita vida desde que llegué a Hogwarts riéndome de esa comadreja —frunció el ceño, y agarró la pierna de Granger por la rodilla para moverla y colocarla encima de las suyas.

—¿De-de cuál de los Weasley estás hablando?

—¿Qué ser más pesado existe si no es ese Ronald Weasley?

—¡Te acuerdas de él! —vociferó Hermione, señalándola pese a que prácticamente estaban una encima de la otra.

—Y de toda su estampa familiar —gruñó, recordando. Estuvo un momento en silencio hasta que levantó la vista—. Aunque no sé exactamente por qué me cae mal.

—Tranquila, nosotras nos hacemos una idea —Cho se ajustó el gorro de lana y sonrió a Pansy, quien estaba en sus pensamientos por descubrir el por qué.

—Oh... ¿aquella es Ginny, verdad?

Luna, sin despegarse del calor corporal de su compañera, giró sobre sí misma y se puso de puntillas. A la lejanía podía ver cómo una joven vestida con una sudadera se acercaba corriendo y arrastrando a alguien más.

Cho también se movió para comprobar lo que acababa de escuchar.

—¡Ginny, cuidado! —advirtió Hermione, levantándose de un salto para ponerse a la altura de sus amigas—. ¡Vas a hacerlo caer!

Pero la pelirroja, todavía corriendo por el camino que llevaba a los Invernaderos, decidió hacer caso omiso a las palabras y tirar más de la túnica de Harry. Empezaron a descender con más agilidad que las Ravenclaws, así que no tardaron en llegar.

Ginny lanzó el trozo de túnica por delante para que Harry imitara el movimiento.

—¿Por qué estás tan enfadada? —inquirió Cho, dando un paso hacia un lado para que el mago no chocara contra ella y Luna.

—Antes de que me ponga a gritar —susurró la pelirroja, conteniéndose el aire—. Necesito que tú y Luna os vayáis, por favor. Es más, yo de vosotras iría a hablar con Dobby porque está desesperado con que queda muy poco tiempo para el trece de febrero y todavía no tiene el material necesario para que nuestro plan de distraer a todos los alumnos funcione.

—¿Qué plan? —interrumpió Pansy sentada en el césped—. ¿Para qué?

Los miembros del Ejército se miraron entre ellos. No hacía falta explicar nada.

—Está bien —afirmó Chang al cabo de unos segundos de sopesar la situación—, iremos a hablar con Dobby. Nos vemos.

—¿Pudiste dar de comer a Hizun, Gin?

La nombrada regaló una mirada fría a Luna. Inmediatamente, sus ojos se endulzaron.

—Sí, tranquila, ya iréis esta noche para la segunda toma.

Después de que las dos Águilas asintieran, estas se retiraron por la colina de hierba y tierra para dirigirse hacia el castillo. Hermione aprovechó ese intervalo de tiempo para conversar con la mirada con Harry.

—No, 'mione, no hace falta —Ginny se interpuso entre los dos—. Debemos de hablar muy seriamente sobre lo que está pasando.

Volvió a dar una profunda bocanada.

—¿Y es suficiente como para arrastrar de tal forma a Harry? ¿Y por qué no te has defendido? —acabó por señalar con la mano al Gryffindor—. ¿Qué es lo que está pasando?

El susodicho se limpió las gafas, un tanto avergonzado.

—¿Que qué pasa? —Weasley obligó a que los tres cerraran más el círculo que ya habían hecho—. Que somos imbéciles, eso es lo que pasa, ¡y encima caéis en sus trampas!

—¿Cómo? —los bucles de Hermione se movieron rápidamente al negar con la cabeza—. ¿Qué trampas?

—¡Los Slytherins nos han hecho una emboscada! Bueno, no —levantó las dos manos para hacer más dramática su burla—, más bien los hijos de papá mortífagos.

Los ojos cargados de extrañeza de Hermione se fijaron en los de Harry.

—¿Qué has hecho ya? —le preguntó, notando que su amigo no estaba tan conversador y a la defensiva como solía—. ¿De qué está hablando Gin?

—Se lo cuentas tú o se lo cuento yo —propuso la menor, cruzándose de brazos. Esperó—. Pues se lo cuento yo: Harry se está viendo con Malfoy. No sé desde cuándo, pero sé lo suficiente como para saber que los Sly- esa Brigada de Mierda —enfatizó, harta—, ha estado jugando con nosotros y nuestra estupidez a la hora de confiar en los demás.

—¿Te has estado viendo con Malfoy? —repitió Granger sin creérselo.

—Y no quieras saber de qué forma —añadió su amiga con un silbido.

—¿Harry?

—Ginny está exagerando, sólo nos vio... justamente en nuestro primer beso.

Hermione boqueó y buscó alguna reacción en sus dos amigos con los ojos desorbitados.

—No puede ser.

—Sí, sí puede —agregó Ginny, asintiendo como su madre—. Y aquí es donde empieza nuestra conversación.

—¿Sobre Malfoy? —respondieron los dos al unísono.

—Sobre la Brigada, idiotas. Porque los dos sois unos idiotas por dejaros engañar, ¡son Slytherins! La regla de oro es no confiar en ellos ni en sus intenciones, ¿y qué hacéis? A la primera que uno de esos prepotentes pone cara de cachorro desamparado, vais corriendo a darle amor y mimos.

—Malfoy no-

—Sí, Malfoy sí, y Parkinson y Greengrass. Los tres han estado tanteando el terreno de juego —bufó observando el cielo, y la mirada cayó en la atenta de Pansy—. Sí, de ti también desconfío, Parkinson.

—¿Por qué de mí si yo no recuerdo nada?

—Precisamente porque quizás ha sido un movimiento planeado por Greengrass.

—¿Por qué Greengrass? —dijo Harry.

—Porque su cerebro siempre está detrás de todo —contestó.

Sus labios se pusieron blancos por la presión.

—¿Soy la única que se acuerda que fui yo la que le lancé la Bludger sin querer? —la mano que levantó Hermione fue bajada por un manotazo de Ginny.

—¡Sí! Al igual que también recuerdo a Greengrass muy concentrada en el partido, ¿quién dice que no hechizó la Bludger?

—Ginny, se entiende que no confíes en Greengrass por A o por B, como yo lo hago, pero afirmar que ella es la que mueve los hilos de todo lo que nos pasa y...

—¡Es que los mueve! —alzó de nuevo los brazos y los volvió a cruzar con fuerza.

—¿Y si es así por qué le enseñaste la Sala de los Menesteres? —atacó Hermione—. ¿Te dije que no fue buena idea o no? ¿eh?

—¿QUÉ?! ¿Enseñaste la Sala a una Slytherin?

—Harry no hables que no estás en mejor situación —chistó Ginny.

—Por supuesto que la estoy, aunque estuviera con Malfoy no he puesto en peligro al Ejército y a sus integrantes. Como Umbridge nos atrape...

—Por eso no paro de decir que los tres somos imbéciles —refunfuñó la menor, escondiendo su cabeza en el gorro de la sudadera para ocultar sus mejillas rojas.

No añadieron más palabras durante unos minutos. Los tres estaban en sus pensamientos, y Pansy era la única que se había entretenido en ir a la orilla del lago y lanzar piedras en él para no escuchar lo que discutían.

—No sé cómo lo veis vosotros —Hermione fue la primera en hablar—, pero yo personalmente ni creo que Pansy me haya engañado ni quiero que los del E.D conozcan lo mío con ella. Es más, Pansy me ha dicho que ahora está como enfrentada con Greengrass...

—Yo también confío en Draco. Y añado que ni él me ha preguntado nada del E.D ni yo le he explicado.

—¿Y de qué soléis hablar? —animó Hermione.

—Estamos intentando encontrar nuestros puntos en común.

—Ah, ¿y va bien?

—Sí... parece ser que Malfoy no es el Malfoy que nosotros creemos.

—Por mí que se muera —espetó Ginny, hundiendo sus manos en el bolsillo central de la prenda y comenzando a subir despacio la cuesta—. Estoy muy segura de que estos tres, tan buenos amigos que son entre ellos, tenían planeado acercarse a nosotros sin buenas intenciones. Y siento mucho lo que voy a decir —se desprendió del gorro para girarse y ver mejor a sus dos amigos—, pero os van a traer problemas a vosotros, a vuestros amigos, a los del E.D y a vuestros familiares. Su objetivo es destruir la Orden, sus aliados y en especial a Harry, y sabemos perfectamente que los Slytherins involucrados no van a parar hasta conseguirlo —se encogió de hombros como si el asunto no fuera con ella—. Disfrutad de su compañía mientras podáis, que en cuanto tenga la oportunidad os separaré de ellos.

Hermione se frotó la frente mientras que Harry carraspeaba para disimular el hecho de que no quería contestar.

—Seguramente estas palabras te van a irritar más de lo que estás... —la mayor de los Gryffindors suspiró—... Si intentas separarme de Pansy habrán problemas, y no los quiero contigo, Ginny.

—Mierda, 'mione, ¿no te das cuenta que-

—Sí, Gin, sí que me doy cuenta. Por eso decido lo que decido.

La pelirroja se quedó asintiendo sin parar como si les diera la razón.

—Así que así estamos... Bien, muy bien, haced lo que queráis, pero como destruyáis lo que a nuestros padres y amigos les ha costado tanto construir, os ganaréis la peor enemiga posible. Y digo la peor porque es obvio que conozco todos vuestros puntos débiles y fuertes —respiró por la nariz con ganas y continuó alejándose más y más.

Harry se frotó el puente de la nariz, observando a Hermione quien no dejaba que sus pupilas se desengancharan de la, ahora, diminuta espalda de su amiga.

—No era necesario pelearnos con ella —concluyó el moreno.

—Claro que no, Harry —con un suave movimiento de mano, Hermione llamó a la Slytherin que se entretenía haciendo olas en el lago con las piedras—. ¿No has captado de lo que iba en verdad esta conversación?

Harry atinó a fruncir el ceño y a ladear la cabeza, confuso de la pregunta.

—Ginny estaba probando nuestra tozudez con Parkinson y Malfoy. Es cierto que le hubiera encantado que nos olvidáramos de ellos, pero ella ya sabía desde un principio que no sería así.

—¿Y entonces...?

la risa cristalina de Hermione calmó a su amigo, que se unió.

—Entonces tenemos como resultado a una amiga enfadada que estaba desesperada por hacernos entender que la Brigada está avanzando a grandes pasos y tiene miedo que uno de esos pasos sea Malfoy o Parkinson traicionándonos —enlazó su brazo con el de su amigo—. Gin siempre ha sido muy protectora con nosotros, y nunca nos abandonará por no seguir su opinión.

—Lo sé... —su respiración fue tan profunda que sacó vaho.

Siguieron por el camino de tierra que subía la cuesta hasta que notaron un carraspeo detrás de ellos. Al pararse y mirar, se toparon con el rostro enfurruñado de Pansy.

—¿Qué pasa, Pans?

Harry fue el más rápido en reaccionar y se separó del brazo de Hermione.

—No sé quién es tu amigo, pero me cae bien —halagó Parkinson, aferrándose al brazo que Harry había dejado libre para ella.