─ ¿Una copa? ─ preguntó Cadence levantando una botella de vino que guardaba en el refrigerador, Luna asintió con la cabeza, estaba nerviosa, ni siquiera estaba segura de que iba a decir, en parte porque no entendía lo que sentía, pero sabía que sentía algo, algo real. Y necesitaba hablarlo con la causa de toda esa marea de emociones ─ Aquí tienes ─ dijo Cadence extendiéndole una copa y sentándose junto a ella en el sillón.

─ Cadence… ─ murmuró la morena tras darle un buen trago a su copa, no tenía caso alargar las cosas ni andarse con rodeos, pero el miedo y la confusión estaban ahí ─ Hay algo… estoy… ufff, esto es tan difícil… he estado sintiendo algo recientemente… algo que no se supone que debería estar sintiendo porque somos amigas, pero… ni siquiera sé lo que es, no he podido darle una definición o una etiqueta, pero cuando te veo siento un hueco en el estómago… y cuando no te veo no puedo evitar pensar en ti… a veces creo que estoy enloqueciendo, porque te extraño y quiero verte, veo algo lindo y pienso en ti, a veces simplemente despierto preguntándome qué habrás soñado y si en alguno de tus sueños estuve yo… yo… no lo sé, Cadence, no lo sé.

La pelirrosa observaba con detenimiento a la morena, entendía lo que quería decir, era lo mismo que ella sentía, esa confusión, ese no saber qué pasa, despertar pensando en ella… tenía que probar algo, tenía que saber si eso agitaba su corazón tanto como en el sueño que tuvo ayer.

Cadence acortó la distancia que las separaba y posó sus labios sobre los de Luna en un beso lento y dulce, tomándola por sorpresa. Luna se dejó llevar y acarició suavemente la mejilla de Cadence. Dentro de ambas se había desatado una serie de inexplicables, nuevas y emocionantes sensaciones. La pelirrosa había confirmado sus sospechas, en efecto, su corazón se había agitado y ahora latía desbocado dentro de su pecho. La morena en cambio estaba más confundida, una parte de ella esperaba que todo se aclarara con ese beso, darse cuenta que solo eran ideas suyas y no había más que amistad, pero ese beso había despertado en ella ganas de más, un deseo que no se creía capaz de sentir.

─ Lo lamento ─ se disculpó Cadence separándose después de unos segundos ─ no lamento haberte besado, pero lamento hacerlo sin tu permiso. Luna, me estoy enamorando de ti ─ dijo con la certeza recién adquirida ─ No sé cómo pasó, pero me estoy enamorando de ti.

─ Cadence… ─ murmuró Luna sorprendida, sin saber qué responder, y es que aunque la pelirrosa no había tenido problema para ponerle la etiqueta de enamoramiento a aquello, para la morena era mucho más difícil reconocerlo ─ Yo no sé… estoy muy confundida, porque una parte de mí dice que también me estoy enamorando de ti, pero hay otra que se niega a aceptarlo… las veces que me enamoré… no salió bien, nunca sale bien, siempre surge un problema, un obstáculo y la otra persona se marcha, o a veces simplemente no siente lo mismo.

─ Luna ─ dijo Cadence en voz alta, tomó con dulzura el rostro de Luna entre sus manos y juntó su frente con la de la morena ─ Estoy aquí. Mírame. Siento lo mismo que tú y no voy a marcharme. No es que de repente, en los últimos minutos me enamorara de ti, es algo que viene pasando desde que retomamos el contacto tras los Juegos de la Amistad, poco a poco has ido anidando en mi corazón, sólo que no había podido ponerle nombre hasta que Pinkie Pie nos habló de amor con tal franqueza. Yo también estaba asustada por no entender lo que sentía, pero ya no lo estoy, ese chispazo de claridad ahuyentó todas las dudas. Me estoy enamorando de ti, Luna.

Seguir temiendo o dar un salto de fe, a eso se reducía todo, Pinkie Pie había dicho "Pierde el miedo, es normal estar asustada, pero si sonríes y confías en ti, puedes superarlo y vencer el miedo. El miedo nos nubla, no nos permite ver las cosas que son realmente importantes, nos distrae de lo que vale la pena. Una vez que enfrentes ese miedo podrás ver todo más claro y podrás escuchar a tu corazón". Luna miró a Cadence, la determinación en su mirada, la certeza en su sonrisa, la dulzura en su rostro… Luna dio el salto, enfrentó el miedo y pudo escuchar claramente lo que decía su corazón, esta vez fue ella quien besó a la pelirrosa.


Pinkie Pie acababa de llegar a su casa cuando su teléfono celular sonó con el divertido tono que acababa de configurar. Ella nunca había sido la chica de las comedias románticas que sonríe cuando suena su teléfono porque sabe que es "él", pero esta vez se le iluminó el rostro pensando que sí, tal vez era él, Rutherford, que al final no había terminado odiándola.

"Número desconocido: Hola chica del cabello rosado, soy yo, Rutherford ¿Podemos hablar?" decía el mensaje, Pinkie guardó el numero en su lista de contactos y le respondió.

Pinkie: ¡Hey! Claro chico pelirrojo Y de nuevo, lamento haberte mentido, espero no haberte metido en problemas 😔

Rutherford: Mira, no voy a regañarte ni nada por haberme mentido, supongo que tus profesoras ya te hablaron de los riesgos y todo eso. Pero vamos, yo también me colé en bares un par de veces, ya pasé por ahí. Eso sí, no volverás a entrar al bar, eso es un hecho, no hasta que tengas identificación al menos… Pero, me agradas, chica del cabello rosado, y podemos vernos en otros lugares ¿Aceptarías una invitación a salir conmigo?

Pinkie: Sí, por supuesto, me encantaría 😊 ¿Cuál es el plan?

Rutherford: Hay un evento en la ciudad al que me gustaría ir, es por la mañana.

Pinkie: ¿Un evento? 😮 ¿De qué es? 😛

Rutherford: Es sorpresa, pero te va a encantar. ¿Paso por ti a las 9:00?

Pinkie: Claro, aunque no sabes donde vivo, tontito

Rutherford: Bueno, entonces mándame tu ubicación.

Pinkie: Es cierto, te la mando 😁

Rutherford: Entonces… tu amiga fue a emborracharse por amor

Pinkie: Sí… es la primera vez que siente algo así, no sabe cómo manejarlo 😅

Rutherford: Entiendo… ¿Y tú? ¿Enamorada? ¿Algún novio?

Pinkie: ¡Que sutil! 😂😂 No estoy enamorada, ni tengo novio

Rutherford: Vale, vale… Espera ¿Y novia?

Pinkie: Tampoco tengo novia 😂

Rutherford: Ah, menos mal 😉

Pinkie: ¿Terminarás de contarme la historia de cómo descubriste que tienes sangre noruega?

Rutherford: Oh, sí, es cierto ¿En dónde me quedé? Ah, sí, mi tatarabuelo…

Pinkie se quedó un buen rato mensajeando con Rutherford, hasta que su teléfono se quedó sin batería, no podía negar que el chico la atraía bastante. Pensó en escribirle a alguna de sus amigas para contarle lo nerviosionada que estaba, pero ya había entrado la madrugada, y todas debían estar bastante ocupadas con sus propios asuntos. Ella ya se había dado cuenta de todo de lo de Rainbow Dash y Fluttershy, pero no esperaba que las cosas resultaran así, y sin embargo reconocía que no pudo ser de otra manera, su amiga necesitaba aclarar sus ideas y conocerse a si misma antes de entrar en una relación, pero ¿por qué se complicaba tanto? Solo debía vencer el miedo y reconocer sus sentimientos.


Habían terminado mirando una serie documental que hablaban acerca de bioquímica, cualquier otra persona pensaría que era el plan más aburrido del mundo para una pijamada, más aún para una pijamada con la chica que te gusta, pero Sunset no podía sentirse más feliz, le encantaba mirar a Twilight emocionada por conocer nuevas cosas, un tanto orgullosa de ya saber algunos datos, y motivada a investigar otros tantos.

─ Bueno, creo que son suficientes episodios por hoy ─ dijo Sunset al terminar el cuarto episodio, había visto a Twilight bostezar un par de veces, y de aburrimiento no había sido ─ Si no tienes planes mañana podemos pasar la mañana viendo el resto.

─ No tengo ningún plan, podemos continuar mañana ─ respondió Twilight levantándose del sofá para estirarse un poco.

─ Genial, entonces… tú puedes quedarte en mi cama, yo me quedaré aquí ─ dijo Sunset apagando la televisión.

─ Ay, vamos, tu cama es matrimonial, no hace falta que duermes aquí, las dos cabemos perfectamente bien en ella ─ respondió Twilight.

─ Pero así estarás más cómoda, y a mi no me molesta ─ no era el espacio lo que le preocupaba, sino dormir tan cerca de ella. No es que fuera una pervertida que no pudiera controlar sus impulsos si la tenía cerca. Se trataba más bien de una precaución emocional, porque sabía que al final era lo más cerca que podría estar de ese sueño de estar con ella, y eso le dolía un poco ─ En serio, está bien.

─ ¿Qué ocurre? ¿Roncas demasiado? ¿Pateas al dormir? ─ preguntó Twilight intrigada, no entendía la negativa de su amiga ─ Yo a veces todavía levito cuando duermo, así que no tienes de que preocuparte.

─ No es eso ─ respondió Sunset riendo, la habían dejado sin argumentos ─ está bien, dormiremos en la cama las dos. Sube entonces, yo necesito ir al baño.

Sunset se tardó lo más que pudo en el baño, para evitar pasar por lo del campamento de nueva cuenta, afortunadamente funcionó, cuando Sunset subió, Twilight ya se había puesto el pijama y esperaba a la pelirroja.

─ Ahora voy yo ─ dijo bajando las escaleras para ir al baño.

Sunset suspiró, iba a ser una larga noche.


Rainbow Dash se había acostado a dormir en cuanto Luna la dejó en casa, ni siquiera se había cambiado. Cuando despertó, trató de ponerse en pie, pero una punzada de intenso dolor le perforó la cabeza, tanto que tuvo que volver a recostarse. Sentía el cuerpo cansado, y una terrible sed. Además, toda la noche se había sentido mareada y eso le dificultó dormir bien. Pero esos eran problemas menores, lo que realmente ocupaba su mente en esos momentos era lo que Pinkie Pie le había dicho. Sabía lo que quería, quería a Fluttershy, estaba enamorada de ella, pero eso de los sentimientos no era su fuerte ¿Cómo expresarlos? Era la primera vez que los sentía en realidad, no sabía qué hacer, y aunque algunas ideas pasaban por su cabeza, no la convencían porque no eran su estilo, o no eran el de Fluttershy. Necesitaba ayuda de alguien que supiera del tema… Rarity era la más cursi de sus amigas, y Applejack había tenido esa gran demostración en el baile. Tomó su celular y escribió un mensaje para Applejack, después se levantó como pudo, necesitaba un par de aspirinas.


A pesar de haber dormido apenas unas pocas horas, Pinkie Pie se despertó temprano. Se había dado una ducha y había elegido uno de sus mejores atuendos, un lindo vestido color rosa, y zapatos y suéter azul celeste a juego.

Se preparó una torre de hot cakes para desayunar y esperó pacientemente a que el chico pelirrojo pasara por ella. Estaba nerviosionada, pero más emocionada que nerviosa, nunca se había entusiasmado por salir con un chico, pero ahora lo estaba, y se sentía bien, así que decidió disfrutar cada una de las sensaciones que él le regalara ese día. Sabía bastante del amor, de las emociones y esas cosas, pero en realidad nunca se había enamorado, sabía todas esas cosas por observar a la gente, y por el enorme grado de empatía que podía llegar a sentir. Pero sentirlo en carne propia, una parte de ella llevaba tiempo deseándolo, y por fin estaba pasando.

A las 9:00 am en punto llamaron a su puerta. Al abrir la puerta y encontrarse con él su corazón dio un vuelco. Llevaba unos pantalones de mezclilla oscuros, una camisa blanca y una chaqueta de piel café, el cabello aplanado cubriéndole ligeramente los ojos, Pinkie reparó en que el chico llevaba un casco gris en la mano, que tenía dibujados unos cuernos de vikingo en dorado. Detrás de él esperaba una enorme motocicleta, no como la pequeña motoneta de su amiga, sino un enorme armatoste que parecía tan peligrosa como emocionante.

─ Hola, chica del cabello rosado ─ saludó Rutherford, dudó un poco y finalmente se acercó a darle un beso en la mejilla ─ ¿Estás lista?

─ Por supuesto ─ respondió Pinkie acercándose a la motocicleta ─ ¿Nos iremos en esto? ─ el chico asintió y sacó algo del compartimento del asiento.

─ Es para ti ─ dijo extendiéndole un casco parecido al de él, pero con los cuernos pintados en rosa brillante ─ El casco ya lo tenía, estos se los pinté ayer.

─ Gracias… ─ respondió Pinkie genuinamente sorprendida, una nueva sonrisa apareció en su rostro, no era como las típicas estridentes y radiantes, fue más bien dulce y cálida. Se colocó el casco y lo ajustó bien ─ Lista.

─ Bien, vámonos ─ dijo el chico subiendo a la motocicleta y extendiendo una mano para ayudarle a subir.

─ Y… ¿ya me dirás a dónde vamos? ─ preguntó Pinkie, el chico no respondió, encendió la motocicleta, que soltó un fuerte rugido, Pinkie se abrazó a él imaginando la velocidad que podría alcanzar esa cosa.

─ Es sorpresa ─ respondió con una sonrisa y arrancó.